Literatura para mujeres

 

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Hace poco leí que no hay literatura para hombres y literatura para mujeres, si no buena y mala literatura.

No sé hasta que punto es cierta esa afirmación. Quizá es un intento de condenar al ostracismo a la típica novela romántica que durante muchísimos años es prácticamente lo único que han leído muchas mujeres. Desde las antiguas novelas que leía mi madre de Corin Tellado, que hoy serían superventas y Best Sellers, aquellas de Jazmin que regalaban en las revistas de pop en mi juventud, hasta las colecciones de Guerreras Maxwel que hacen furor en este siglo.

Se podría adivinar todo un cambio en la mentalidad y el rol que han jugado las mujeres en cada una de las épocas… de hecho las Guerreras de Maxwel poco o nada tienen que ver con las comedidas criaturas inocentes y recatadas que retrataba Tellado… así como tampoco los hombres que las protagonizan.

El cambio de rol y la asunción de género ha ido evolucionando, y hace que ya no nos veamos retratadas en ciertas novelas que eran un retrato de los usos y costumbres de otras épocas y sobre todo de la visión que las mujeres tenían de sí mismas. Puede que tampoco nos veamos unas Guerreras porque quien más y quien menos lleva una vida mucho más reposada, con menos aventuras y lee los libros desde el sofá de su casa mientras su marido ve un partido de futbol, pero, si tenemos que buscar un identificador, o si tuviéramos que volver a empezar ( sabiendo lo que ahora, sé diría mi madre) preferiríamos ser guerreras que otra cosa.

Lo cierto es que la imagen de la mujer, o el concepto “mujer” ha sido tocado por miles de autores de forma directa o indirecta aunque a veces no se haya entendido de esa forma y quizá la educación patriarcal recibida tenga muchísimo que ver en ello.

Cualquier mujer en la época de mi abuela que leyera Anna Kareninna, Madame Bobary o La Regenta, haría una lectura muy diferente de la que hoy en día podemos hacer de estas obras que son un referente internacional en la literatura.

Voy a intentar comparar el papel de la mujeres estas obras no el tipo de literatura. No os rasguéis las vestiduras.

Aquellas mujeres que cometían pecados imperdonables y que, a veces, acababan muriendo por ellos ahora tienen dos lecturas posibles. La de toda la vida, la que el patriarcado ha querido, es decir, que quien la hace la paga y que un temperamento apasionado es lamentablemente pecaminoso y por tanto hay una penitencia que cumplir o una dura lección que aprender, o la que a mi me gusta, que la sociedad de entonces , empeñada en mostrar a la mujer como santa o pecadora sin un término medio, no permitía ni la libertad de acción o pensamiento y que esas mujeres malas eran en realidad autenticas guerreras que por lo que luchaban era por su felicidad, sin importarles las convenciones sociales y estaban dispuestas a enfrentarlo todo con tal de ser ellas mismas, ser mujeres, en todo el sentido de la palabra y lo que esto conlleva, es decir, aceptar su feminidad, buscar el amor, vivir con pasión, encontrarse a sí mismas, no sentirse objetos en la vida de los demás ni creerse aperos de distintos usos, tener su autonomía, como Jeane Eyre, aunque sea renunciando a lo que pueda ser más cómodo o ventajoso, o a lo que es considerado una obligación propia de su condición.

Puede que el tipo de literatura femenina que nos guste leer sea el de Maxwel o el de Allende, el de Robin Shone o el de Zoe Valdés, pero lo que sí esta claro es que las mujeres nunca han dejado de ser guerreras aunque sólo ahora lo parezca y sólo ahora deje de estar mal visto serlo.

Que las mujeres dejen de creer en si mismas como objetos en la vida de los hombres o que dejen de seguir las normas impuestas en una moral patriarcal que nos lleva dominando 2000 años es algo que me parece más que perfecto y la verdad, es que poco me importa si esto se hace a través de un tipo de literatura u otro, porque el kiz de la cuestión, es que en el fondo, ya podemos leer o escribir, en primera persona, lo que a las mujeres realmente nos interesa y no lo que creen que debe interesarnos.

Que alguien aprenda a ser ella misma y sea capaz de modificar su vida buscando la felicidad de encontrarse porque se ha sentido identificada con una guerrera Maxwel es tan válido como que lo haya hecho a través de Retrato en sepia.

Y es que hay algo más importante que esa buena o mala literatura, y es que tras ella, siempre esta la historia de una mujer que merece ser contada porque alguien, en algún lugar, necesita leerla.

 

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