Soy de una tierra…

casa

 

Soy de una tierra que ve florecer los naranjos cada primavera, en donde el tiempo se despereza entre amaneceres de bruma y rocío, entre mares y playas, entre montes de genista amarilla, entre tonos morados y rosas de los atardeceres del Mediterráneo.

Soy de una tierra en donde la palabra y el estrechar de unas manos aún tiene validez y es ley.

De donde se arrancan los frutos de la tierra entre el sudor de mañanas soleadas, en donde el trabajo aún conserva la cierta dignidad que ha sucumbido en otros lugares y donde se buscan las sombras al amparo de los árboles para detenerse un momento y reposar.

En cada recodo de cada camino, por donde serpentean hierbas salvajes, hay una higuera o un olivo centenario. En cada huerta hay una alquería y en cada acequia un rescoldo de agua fresca y cristalina.

En cada rincón hay una historia que ha quedado en el olvido y que clama por ser recordada. Piedras que hablan silenciosas de un pasado que muchos prefieren olvidar y que seguirán impertérritas cuando nosotros también caigamos en su silencioso extravío.  Una memoria que se pierde aunque las palabras repitan aquellos hechos, aunque los gestos sean los mismos, aunque las expresiones y las caras y los cansancios se renueven siglo tras siglo en la reminiscencia de un pasado que nunca se queda atrás.

Vivo en una tierra en que el progreso se queda en el limite de las huertas y el futuro es como una nostalgia de lo que nunca sucederá.

Manos similares a las de hace cien años, repiten los mismos movimientos y los mismos trabajos con similar afán. El aire sigue teniendo el mismo perfume de azahar y de tierra mojada, el sol sigue saliendo por la misma orilla y poniéndose sobre los mismos campanarios que siguen repicando a misa por donde ya no van mujeres con mantillas negras sobre la cabeza pero que rememora aquella actitud.

El tiempo parece detenido cuando no se oyen los ruidos del progreso y de la civilización. Cuando solo se escucha el correr del agua en las acequias y el silbido de los pájaros en las ramas. Cuando se siente la calidez de la luz acariciando tu piel con dedos de amante o la brisa fresca de las mañanas de Abril cayendo sobre la espalda ya machacada por los años. El tiempo se detiene cuando trina un jilguero o cuando se descubre un nido entre las ramas de un árbol. Se detiene cuando el mundo parece recién inventado en las luces grises de un amanecer, el los naranjas de un cielo lleno de promesas y de veranos y de estaciones que seguirán naciendo aún cuando todo haya muerto.

Soy de un lugar que lucha por no quedarse atrás mientras el resto del mundo sigue corriendo hacia adelante.

 

naranjas

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2 comentarios en “Soy de una tierra…

  1. Precioso homenaje Nina. Estos días mis sentimientos comulgan con los tuyos. A veces es necesario volver a nuestras raíces para tocar con los pies en el suelo. Desde la humildad valorar quienes somos, de donde venimos y a dónde vamos. Me ha encantado.

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