Viajes de ida.

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Los viajes de ida siempre están llenos de expectativas.

Me he dado cuenta de que pese a ser la hora intempestiva de las 7 de la mañana, las personas que toman el mismo tren que yo van arregladas, recién peinadas, maquilladas…

En el tren de vuelta de Barcelona, el vagón volvía con gente que arrastraba su cansancio igual que su trolley, se quitaban botas, zapatos, se extendían los asientos y se preparaban para recuperarse de un fin de semana de agotador turismo por la ciudad.

Ahora es diferente. Las idas están repletas de emoción y de planes.

Yo me he propuesto escribir.

Siempre me pareció muy bucólico el estar sentada en un tren, viendo pasar distintos paisajes, diferentes estaciones pequeñas, antiguas, de blancas paredes y pasos a nivel con barreras y sacar un cuaderno de esos bonitos con páginas en color crema, suaves líneas en tonos grises, tapas con hojas naturales o arabescos y simplemente escribir.

Tal vez un excesivo pudor me ha impedido siempre escribir en público, y, aunque me sigue resultando extraño hacerlo, también pienso que, bueno, ya es sabido que escribo, ya hay un libro que constata ese hecho, así que… ¿Por qué seguir con ese pudor?

Tal vez porque el hecho de escribir tiene algo de acto íntimo. En parte y por momentos, uno vuelca un trocito de su alma, desnuda el pensamiento, Se entrega absolutamente al acto de escribir y hasta en la cara tal vez se refleja algún pensamiento.

A nadie le gusta quedarse desnudo y desprotegido en público, tal vez por eso, por esa desnudez y esas barreras que se bajan en ese instante, he estado escondiéndome toda mi vida al escribir, buscando la soledad y a veces la nocturnidad.

Escribir es como una especie de quebrantamiento en que los agravantes son la nocturnidad y la alevosía.

Y no es solo la necesidad de concentración, sino la soledad con uno mismo lo que se busca.

Yo me he propuesto escribir sin importarme si me mira alguien o lo que pueda pensar.

Es algo que siempre he hecho mentalmente, ir escribiendo, imaginando, creando historias o fijando detalles en mi mente para luego poder describirlos o plasmarlos de forma muy similar, solo que ahora lo voy dictando directamente al papel.

La gente se arremolina en su asiento y se prepara para un viaje de tres horas. Sacan sus tablets y se conectan los auriculares mientras buscan el enchufe para poder consultar su móvil sin gastar la batería que ha de durarles todo un día.

Yo apago el mío y saco mi libreta nueva con una hoja dibujada en negro sobre la tapa verde.

El tren comienza a moverse.

La aventura no ha hecho más que empezar.

 

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2 comentarios en “Viajes de ida.

  1. Jajajaja, nada desencaminada, ni te imaginas lo que me costó encontrar el enchufe en el Alvia de vuelta, menos mal que como soy tan “desahogada” lo comenté así al aire, para todos y para nadie mientras nos sentábamos, y un buen samaritano me indicó que lo tenia debajo del asiento… Es que gente buena hay en todas partes. Gracias Oscar!! Un besazo.

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