De mujer a mujer: Eileen Gray

 

Photograph

Si se busca a Eileen Gray en, por ejemplo, Wikipedia, nos encontramos con un enunciado tan simple como que era una artista de la laca.

Luego ya especifican que fue diseñadora de interiores y de muebles y, en último lugar, que fue arquitecta.

En realidad Eileen Gray fue una de las primeras mujeres reconocidas internacionalmente en una actividad puramente masculina hasta entonces: la del diseño industrial.

Irlandesa de origen, vivió y estudió en Londres, fue conductora de ambulancias en la 1ª Guerra Mundial y se estableció en París donde desarrolló su trabajo.

En 1913 participó en su primera exposición pero n fue hasta 1922 que abrió la galería de Jean Desert donde comenzó a vender sus propios diseños en muebles y alfombras.

En 1926 se convirtió en colaboradora y amante de Jean Badovici comenzando una intermitente relación y al mismo tiempo, creando un vínculo con la arquitectura.

Su vida personal, marcada por una profunda timidez y por su condición de bisexual, aunque frecuentara los círculos lésbicos del París de aquellos años, hizo que muchas veces pasara desapercibida, hasta el punto de que ella misma negó alguna de sus obras y su trabajo para evitar el reconocimiento público.

Aunque su impronta, su estilo y su maestría en diseño de muebles y de interiores, es algo por lo que fue reconocida en su momento, hay un pasaje de su vida que sigue creando polémica tras tantos años, y es su enfrentamiento con uno de los más conocidos y aclamados arquitectos de todos los tiempos, Le Corbusier. Y en el centro de la polémica se halla la conocida casa E1027, considerada un icono dentro del Movimiento moderno de arquitectura.

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Eileen, amante de las formas puras, de la luz, el aire y la funcionalidad, edificó esta casa sobre una colina frente al mar en la Costa Azul francesa, con líneas rectas, espacios abiertos, muebles funcionales empotrados y espacios amplios, situando muebles de su propio diseño en lugares donde se podía apreciar el mar desde grandes ventanales.

Le Corbusier, que en principio se declaró admirador de Gray y era amigo de su amante, Badovici, se paseaba muchas veces por allí no solo admirando la obra, si no que “molesto por el hecho de que una mujer que ni siquiera tenía los estudios de arquitectura, pudiera crear una obra racionalista tan refinada” intentó comprarla varias veces a cualquier precio y sin éxito.

Cuando Badovici, años después y ya separado de Eileen, invitó a Le Corbusier a pasar unos días en la casa, este decidió pinar las paredes con murales que representaban escenas sáficas y además, se hizo fotografiar desnudo mientras los pintaba.

La crítica de la época, ante sus fotos, le acusó de “marcar territorio como los perros” en un acto de misógina venganza.

Para rematar la leyenda Le Corbusier murió ahogado mientras nadaba en las aguas azules del mar frente a la misma casa en 1965.

La mayoría de enseres fueron adquiridos por el Centro Pompidou, los muebles empotrados que se conservan son aún los originales de Gray y también se mantienen cinco de los ocho murales pintados por Le Corbusier.

Eileen Gray creó obras de tal belleza e intensidad que cuesta creer que esta mujer fuera tan ignorada en su momento y tan olvidada en nuestros días, aunque, bien es cierto que como arquitecta permaneció, como tantas mujeres a lo largo de la historia, bajo la sombra alargada de los hombres.

Eileen murió en Octubre de 1976 a la edad de noventa y dos años y con más de un proyecto inacabado.

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La actitud de los cuerpos

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Es la actitud de tu cuerpo junto al mío lo que más amo de ti.

Somos como figuras de piedra unidas en lúbricos abrazos; los contornos borrados, las formas gastadas, pero aún unidas en la actitud que los define.

La actitud de tus piernas entre las mías.

La actitud de tus manos abriéndome.

La actitud con que golpeas, acaricias, gritas, inundas.

Tu voz, tu mirada o tus gestos.

No somos piedra, no estamos quietos ante el mundo, no nos rompemos al golpearnos piel con piel, carne con carne, y no cabemos en nuestras manos.

No nos resquebrajamos ni permanecemos imperturbables ante las mareas que corren por nuestra sangre. No me asfixia la pleamar con la que me inundas y de la que te desprendes con un jadeo que lleva mi nombre.

Morimos un poco pero resucitamos ante el milagro de la transubstantación, yo en ti, tú en mí, devorándonos con las bocas, creándonos con nuestros dedos, consumiéndonos en el fuego lento de nuestras pieles, preservándonos del olvido al que estamos condenados y del que no podemos salvarnos salvo en estos momentos en los que vencemos a la muerte.

Seríamos como aquellos amantes de los que el tiempo ha borrado los nombres y que reposan en lápidas abandonadas sin que en ellas se muestre nada de aquello que vivieron.

Como héroes recluidos en páginas doradas, borradas por los años y de los que ya nadie habla, como las hojas de todos los árboles que vuelan silenciosas en todos los otoños.

Seríamos parte de una historia que no contaría nuestra verdad, ni nuestro amor, ni nuestra pasión cegadora, ni nuestra locura de no ser por los momentos en que el mundo, recluido en nuestra cama, gira al compás de tus caderas marcando las estaciones del mundo, las eras en las que vamos a vivir cuando ya no estemos.

Seríamos solo huesos, piel, sangre, penetración y rendición si no fuera por las mareas que nos hacen amar y burlar la muerte.

¡Qué bello que no seamos piedras ni se borren nuestros contornos con el paso de los siglos! ¡Qué bello saber que, aunque nos tallaran en jade, nuestra actitud sería de amantes!

Es la actitud de tu cuerpo junto al mío, lo que más amo de ti.

La cualidad de amante que tiene tu corazón.

Es la actitud de los cuerpos quien define las almas.

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