Feminismo institucional. ¿Porqué las españolas no salimos a la calle en la Women March?

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En el mundo del feminismo, en las ideas que muchas personas tenemos sobre el significado de esa palabra, hay un millón de despropósitos que todos los días leemos en cualquier red social. Parece que reivindicar la igualdad o es algo obsoleto o un simple postureo cuando no una batalla campal por parte de quienes a la mínima te califica de feminazi, un término muy de moda y acuñado acorde a los nuevos tiempos de extrema intolerancia verbal y de ideas que parecen flotar en los océanos de internet.

Algunos dan por hecho que la mujer ha alcanzado esa igualdad que aún propugnamos porque, entre otras cosas, hemos asumido roles, trabajos o actitudes que hace unas décadas teníamos completamente vedadas y que por tanto, creen muchos, ya no hay de qué quejarnos salvo por alguna discriminación aislada como la diferencia de salarios o por la violencia machista en la que todo el mundo se aviene a dar la razón al colectivo femenino.

Una de las razones más poderosas para que creamos esto no es sólo la visibilidad que la mujer tiene en campos donde antes brillaba por su ausencia, sino también que el estado ha asumido parte de esas reivindicaciones y, en el intento de lograr una supuesta igualdad, nos ha “quitado” la razón para seguir luchando por ella.

El feminismo institucional nace en los movimientos feministas de la política de la post transición cuando empiezan a ponerse en marcha instituciones de igualdad con personas que habían estado presentes en las luchas feministas y se recogen las propuestas presentadas por ese colectivo.

Desde las instituciones creadas comienza entonces una integración de las mujeres que comienzan a ocupar diferentes puestos en distintos organismos de la administración y que reúnen parte de las reivindicaciones e incorporan nuevos términos y nuevos conceptos feministas.

Con esta absorción se corre el riesgo de que la lucha feminista quede por completo vinculada a instituciones del Estado dejando en manos de los políticos o funcionarios de cargo todo el movimiento político feminista y su mensaje y, también, de perder la independencia, la presencia pública así como su sentido reivindicativo, social y de vanguardia.

Una pérdida de su esencia en realidad

Hagamos un poco de historia institucional.

Desde que las mujeres consiguieron el derecho al voto que fueron unas de las primeras y más claras reivindicaciones con el nacimiento del movimiento sufragista, se comprobó que la igualdad seguía siendo nula en hechos y datos reales. La institución que les permitió equipararse al hombre en ciertos y concretos preceptos seguía basando el sistema social en la familia y por ello, las parcelas de poder femenino, más allá del voto, fueron inexistentes durante muchísimas décadas.

En España, las cuotas de emancipación, igualdad de derechos y empoderamiento que obtuvieron las mujeres en la República fueron completamente anuladas durante la dictadura en donde la figura de la mujer retornó a los más rancios cánones del patriarcado. La mujer volvía a ser la figura sumisa, abnegada, que sólo salía de casa para ir a misa en el caso de las clases pudientes. En el caso de la mujer trabajadora o del campo, puesto que España seguía siendo un país eminentemente rural, la figura femenina, además de marcada por todas las pautas anteriormente nombradas, estaba determinada a no poder ni cobrar su propio salario, no poder firmar contratos o no tener potestad para hacer absolutamente nada sin consentimiento paterno o del marido.

Con el paso de los años éstas leyes se suavizaron pero el régimen, católico y patriarcal a ultranza, siguió con la figura femenina eternamente sumisa, sacrificada, y vinculada a la tutela masculina.

En los años 60 hay una nueva ola de feminismo ya que ha quedado suficientemente claro que la presencia de la mujer sigue siendo insuficiente y desigual. Las nuevas ideas, la liberación sexual, la comercialización de los anticonceptivos que dan la oportunidad de poder decidir la propia maternidad, el cambio en las relaciones, en los conceptos y roles de género dan un empuje imparable que continuamos hasta nuestros días.

Estas mujeres, políticamente comprometidas son las que pasan al formar parte de los primeros gobiernos y a ostentar cargos en las administraciones públicas que abogan por la igualdad de la mujer desde las instituciones.

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Políticas institucionales.

La ONU comienza en 1945 a considerar la igualdad como un objetivo.

En España esto no ocurre hasta 1975, en el que coincide el año internacional de la mujer con el comienzo de la transición.

Si sacamos un cálculo rápido podemos ver que llevamos unos 30 años de retraso institucional. Si miramos la evolución social, la forma de pensar de nuestros ciudadanos, posiblemente sean muchos más.

Desde los años 80 se han seguido por tanto distintas políticas que han intentado buscar esa igualdad por la que siempre se ha luchado. La alternancia de gobiernos no ha modificado las políticas de igualdad pese a haber legislado sobre temas concretos como malos tratos, conciliación familiar, igualdad laboral, aborto…

Crecen el número de ONG y organizaciones inter gubernamentales e internacionales que son auspiciadas por las instituciones y a las que se consideran expertas en temas de género y que van desplazando al movimiento feminista más reivindicativo.

Con la llegada de la crisis económica vemos como se justifica un discurso neoliberal en el que se desmantela el “estado del bienestar” como protección a los ciudadanos y que, junto a las alarmantes cifras de desempleados, hace que la mujer sea la más perjudicada en la incorporación al mercado laboral, volviendo así al modelo familiar de años antes.

Esta política neoliberal, este neoliberalismo a ultranza, que se suele identificar equívoca y exclusivamente con el ámbito financiero, ha reinventado el patriarcado, recodificado las relaciones de género y parece que sólo atiende a las manifestaciones más brutales o extremas del machismo, como puede ser la violencia machista. En ella, los malos tratos son más bien considerados una patología o un problema psicológico de cada uno en lugar de considerarlo una clara manifestación de machismo.

Tenemos la falsa convicción de que como el estado protege estas políticas de igualdad, nosotros como ciudadanos, tenemos tan sólo la misión de votar cada 4 años y por tanto, podemos abandonar cualquier lucha o reivindicación.

Las campañas de igualdad por parte de los gobiernos se han equiparado a las campañas publicitarias sobre reciclaje, ecologismo o prevención de accidentes de tráfico cuando lo más necesario sería por ejemplo multar a las empresas que paguen menos salario a las mujeres por realizar el mismo trabajo que los hombres, prohibir reclamos sexuales tal como se prohíben anuncios de tabaco o alcohol, no utilizar el feminismo como arma arrojadiza entre políticos, desvincularse totalmente de las normas morales impuestas por la iglesia ya que en teoría vivimos en un país laico, y comenzar a legislar sobre una educación no sexista y de calidad en los colegios donde se ha llegado a tener la idea el sesgo por sexo.

Se ha llegado a institucionalizar el día 8 de Marzo como una fiesta de la igualdad al estilo del Día por la tierra, Día mundial del cáncer o Día de las enfermedades raras. Para toda esta miríada de Días Internacionales valdría más que nunca la máxima feminista victoriana de “Hechos, no palabras”

Si puedo incidir en algo que me parece primordial es la educación. Hasta ahora en este país cada gobierno ha hecho una ley de educación distinta según ha convenido a su ideología y parece haber olvidado que estamos formando a los adultos del mañana y que por tanto, su educación tendría que ser de mucho más alto nivel académico y menos adoctrinadora de costumbres. Un educador o un director de colegio no tiene más remedio que hacer lo que el inspector de zona le dicta según la ley de educación en ese momento, viéndose a veces imposibilitado para fomentar la igualdad o el pensamiento crítico en sus alumnos.

Una educación severamente inclinada hacia el machismo hace que en la edad adulta, estos ciudadanos confunda poder con empoderamiento y que crean que cualquier parcela de poder público ostentado por una mujer o cualquier reivindicación fuera de las instituciones es un ataque a su masculinidad, una muestra de hembrismo o feminazismo, cuando en realidad tan sólo se vindica una equiparación de derechos que nos permita tener poder sobre nuestras propias vidas y cuerpos, sobre nuestro destino.

Esa misma educación machista en la ciudadana hace que muchas mujeres inviertan todas esas conductas negativas que nosotras hemos tenido que soportar de los hombres y que son precisamente las que queremos erradicar. Cosificar a un hombre o devaluarlo no nos hace más libres ni más feministas.

Hay un largo trecho que recorrer, todavía queda mucho por hacer, y lo tenemos que hacer nosotras, no el estado, así que considero que ser feminista tiene que seguir siendo prioritario en la vida de cualquier mujer. Educar desde la igualdad y promover comportamientos de igualdad con miles de gestos diarios que parecen no tener importancia pero que son los que a la larga nos han ido llevando al lugar en el que estamos ahora.

Gestos que ya hicieran nuestras abuelas. Gestos que harán nuestras hijas.

La lucha sin duda continua.

 

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7 comentarios en “Feminismo institucional. ¿Porqué las españolas no salimos a la calle en la Women March?

  1. Aún no somos conscientes en el valor de la educación de los niños en todos los aspectos de la vida. Ellos son el futuro y de nosotros depende formar seres con grandes convicciones y valores.
    Respecto al papel de la mujer totalmente cierto lo que dices y comulgo con ello. Pero ¿no crees que parte de la culpa la tenemos las propias mujeres? Adoptamos las actos y formas masculinas, cuando deberíamos distinguirnos, y hacernos valer.

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  2. En Argentina ya hubo algunas marchas. Se calcula que el año pasado hubo mas de 250 femicidios. Sumados a todos los que ya hubo este año. Que en promedio cada 30 horas muere una mujer por violencia de genero. No se. Me da escalofrios semejantes cifras. Una masacre silenciosa. Me averguenza que ocurra y seguira ocurriendo en mi pais. Esta semana tambien hubo un “tetazo” . Las mujeres con las tetas descubiertas en los centros de las principales ciudades de Argentina. A raiz de un episodio en una localidad turistica donde querian llevarse presas a una chicas que hacian topless en la arena. Mientras tanto la tv amarillista muestra modelos desnudas, programas de “entretenimiento” donde las hacen hacer bailes eroticos, las tratan como un pedazo de carne, etc

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    1. Las cifras en Argentina por violencia machista son un clamor y me enteré de algunas de las marchas, incluida “el tetazo” que me dices… es curioso pero la prensa sacaba a un hombre agredido diciendo que lo habían agredido las mujeres que estaban allí concentradas. Es increíble todo cuanto está pasando. Hay mucho que cambiar todavía en la mentalidad retrógrada de nuestros países. Un salud Gustavo, y gracias por tu comentario.

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  3. En mi país natal (Venezuela), los índices de violencia machista y de discriminación a lo femenino como tal son terroríficas. Lo peor son las denominadas “cifras negras”, aquellas que no se conocen por quedarse la violencia en el ámbito de lo privado-familiar, o incluso por considerar la dominación de lo masculino sobre lo femenino como algo total y absolutamente “normal”. ¿Así cómo se puede conocer, con meridiana certeza, la cifra real de semejante lacra? Es muy difícil.
    Se trata, a mi modo de ver, de un problema cultural complejo que requiere de un cambio profundo en la forma de pensar de sociedades completas. Allí está el ejemplo de las telenovelas latinoamericanas, todas ellas con más o menos el mismo patrón de dominación y subyugación, del complejo del príncipe azul, la cenicienta, el amor eterno, la fidelidad al hombre y no así a la mujer, etc.
    Se agradecen blogs como este en el que se exponen al mundo los avances en esta materia. Ojalá no avanzáramos tan lento.

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    1. Muchísimas gracias por tus palabras. Lo cierto es que las cifras, en toda América latina son alarmantes, y además, si me lo permites, las propias mujeres son machistas.. es muy complicado, la verdad. Yo creo que la respuesta está en la educación, en la cultura, en no perpetuar esos estereotipos tan comunes que tú mencionas, príncipes azules, amor eterno, cenicientas…. hay una gran labor por delante y está en las manos de las personas que educan, para que lo hagan desde la igualdad. Aún queda tantísimo por hacer…
      Encantada de tenerte por aquí cerquita Franklin. Un saludo desde el otro lado del charco.

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