La visión de Virginia Woolf en la sociedad actual.

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Hoy sería el cumpleaños de una de las novelistas más conocidas y que si duda han marcado el pensamiento feminista durante los últimos años; Virginia Woolf.

La importancia de Virginia Woolf no se debe solo a que sus libros contengan teorías feministas o a que su narrativa fuera de una técnica modernista o a la ironía que exhala de sus líneas, sino más bien a que ella adaptó su pensamiento a la integración de este con sus personajes, logrando que estos tuvieran un impacto emocional y una visión particular y compleja de las cosas. Su reducida pero importante aportación al pensamiento feminista se debe principalmente a dos obras: Una habitación propia y Tres guineas.

La autora, como respuesta a una polémica sobre el bagaje literario y creativo de la mujer en la literatura, cayó en la cuenta de que no podía responder con criterio a ciertas preguntas y teorías sin antes analizar de fondo las cuestiones principales y que nadie, sin embargo, quería ver.

Las mujeres necesitaban independencia económica y personal para poder desarrollarse a nivel propio e intelectual.

O sea: Una habitación propia.

La obra de Virginia Woolf se ha convertido en imprescindible si queremos entender las dificultades por las que las mujeres de cualquier época y a lo largo de la historia han tenido para poder desarrollar su capacidad intelectual y creativa.

Se necesita, según Woolf, una habitación con un buen cerrojo para poder dejar fuera todo lo demás y que la mujer se pueda sentar frente al reto del folio en blanco en total libertad e intimismo para vivir ese instante de creación.

Sin limitaciones ni domesticación. Partiendo de una igual educación y formación y con independencia.

Me pregunto cómo sería ahora la visión de Woolf en la sociedad actual.

En teoría partimos de una misma educación, hemos conseguido independencia económica de los hombres, nuestro medio ya no es exclusivamente doméstico y, en vista de la libertad de expresión de la que se hace gala en las calles o en redes sociales, estamos lejos de sentir cualquier limitación. (Esto, de por sí, merece un artículo aparte)

Pero entonces llega un momento en que la política nacional e internacional vira hacía la derecha y las mujeres que ocupan puestos de responsabilidad o de mayor visibilidad social comienzan a mostrar aquellos signos de desprecio por el feminismo que ya mostraran sus homólogos masculinos.

En la globalidad de las redes sociales el grito de un hashtag, #nomásfeminismo, se llena de niñas de dieciséis  años llamando a las mujeres “malfolladas” por ser feministas y la proclama de la supremacía del hombre por mandato divino vuelve a romper de frente con aquellas leyes que tras siglos de lucha nos equiparan como iguales ante la ley de los hombres, que no de dios.

Nos quedamos en medio unas mujeres con edades comprendidas entre los treinta y tantos y los cincuenta y pocos que vemos como las mayores han capitulado ante las enseñanzas del nacional catolicismo que les inculcaron en su niñez y las jóvenes que involucionan al ritmo de reguetón y cuyo mayor conflicto parece ser cómo combinar el color rosa de su ropa con el morado de su pelo.

Y por si esto fuera poco, muchas de nosotras, las que estamos en esa horquilla de edades en que no somos mayores ni somos jóvenes nos dedicamos a empedrarnos el camino unas a otras.

Ahora, parece que todo vale.

Los conceptos de feminismo se han desvirtuado hasta el punto de que no todas las feministas parecemos luchar por lo mismo.

Y además se ha ido llenando de estereotipos.

Hoy, parece que si te tiñes el pelo tapándote las canas o llevas tacones no puedes ser feminista.

Si reclamas derechos que van más allá de lo que figura en las leyes, eres feminazi.

Si no perteneces al colectivo LGTB, no eres una verdadera feminista tampoco.

Muchas se creen feministas solo porque salen a desfilar a ritmo de zumba el 8 de marzo en una institucionalidad que cada día pesa más y hace menos.

Las escritoras ya tenemos habitación propia, todas las mujeres deberían tenerla, pero cuando la consigues, hay que amueblarla, no dejarla vacía ni poner cualquier cosa que la llene y con lo que nos conformemos.

Creo que Virginia Woolf se sorprendería al ver como esa habitación propia que tanto nos ha costado tener a las mujeres, está sucia y mal amueblada, sin practicidad ni un uso consciente de lo qué hacer en la intimidad de esas cuatro paredes.

El feminismo no termina en la consecución de unas leyes porque queda lo más difícil todavía, la igualdad real en la sociedad.

Y por eso hay que seguir luchando día tras día, aunque parezca una lucha perdida de antemano.

La lucha de los colectivos LGTB es mi lucha porque ellos han sufrido la misma discriminación y opresión por parte del patriarcado.

La lucha contra el racismo es mi lucha porque hay mujeres que son doblemente oprimidas; por ser mujeres y ser negras.

La lucha de clases también es mi lucha porque hay mujeres que son triplemente oprimidas; por ser mujeres, negras y pobres.

Mi lucha es lograr la igualdad de todos los seres porque si creo en algo es en la humanidad. Aunque cada día cueste un poco más no perder la fe.

El derecho a llevar el pelo teñido y tacones no me hace menos feminista que el de una mujer que se niega a tapar sus canas para no ser cosificada por el sistema. Ella está siendo más consecuente que yo con sus pensamientos, es cierto, pero no me hace menos feminista que ella.

El que yo escriba libros y pueda poner negro sobre blanco mis pensamientos no me hace más feminista que a aquella mujer que está trabajando desde las seis de la mañana en tres trabajos precarios para sacar a su familia adelante en una callada labor que miles y miles de mujeres han hecho a lo largo de la historia.

El que mujeres de Estados Unidos y media Europa hayan salido a la calle a protestar contra Trump no las convierte en más feministas que aquellas que callaron con Obama y su gabinete mientras firmaron tratados en los cuales pensaban muy poco en las mujeres de países como Siria o Emiratos Árabes, donde la mujer importa menos que un mueble.

Creo que nos olvidamos que el feminismo es un largo camino que busca un fin; la igualdad. En ningún caso ser feminista es la meta, si no el modo de llegar.

No nos pongamos piedras unas a otras, no nos juzguemos, no nos creamos más o menos feministas por tener un aspecto o tener una habitación más grande o mejor amueblada que las de las demás.

La lucha ha de ser colectiva y global porque afecta a todas las mujeres sin excepción.

La lucha ha de ser privada y personal porque cada gesto que hagamos, cada enseñanza que perpetuemos, cada pierda que quitemos del camino, abrirá las puertas de la justicia por donde algún día pasará la mujer libre.

La lucha ha de ser de mujeres, con todas las mujeres… o simplemente no será.

 

 

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Esta estatua, situada en NY, se titula Los derechos de la mujer, y me sirvió de portada en la primera edición del libro Las sufragistas.

 

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5 comentarios en “La visión de Virginia Woolf en la sociedad actual.

  1. Totalmente de acuerdo. En menos de una década los logros que se obtuvieron tanto del feminismo como de otros colectivos discriminados se ha enviado al fondo del mar, por la falta de conciencia social y moral de una sociedad que se precipita al abismo y la confusión.
    Gran artículo Nina.

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  2. Leí hace poco Una habitación propia y me encantó. Sin duda, mucho de lo que habla la autora sigue muy vigente en nuestros días. Coincido en que actualmente existe un intento muy fuerte por desacreditar el feminismo y plagarlo de clichés, y creo que más que nunca la sociedad debe actuar para combatir estos prejuicios que por desgracia tienen los y las jóvenes. No obstante, creo que también se ha llegado muy lejos y que cada vez el feminismo es un movimiento con más adeptos, que cobra más fuerza.
    Es una lucha lenta y dolorosa, pero merecerá la pena.
    Muy buen post.
    Saludos.

    Le gusta a 1 persona

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