Rosa de los vientos. Presentación

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En principio, Rosa de los vientos es un libro complicado de etiquetar, no es fácil resumir su argumento aunque una vez leído, puede ser muy simple.

En el libro narro la historia de una mujer que tras una ruptura sentimental, decide apartarse del mundo, huir de la ciudad, y tratar de cumplir el sueño de escribir su primer libro.

En esos días conoce a Marcel, un hombre también maltratado por el destino que le abre los ojos a una realidad que ella desconoce o que nunca ha visto desde esa perspectiva que él le va mostrando.

Ella, que trabaja como documentalista y lee muchos libros y poemarios, descubre hasta qué punto todo lo que nos han contado sobre el amor y sobre las relaciones, son una especie de norma que ha ido dictando la sociedad. Los ideales románticos que ella ve incumplidos se van cayendo uno a uno a medida que comprende que las ideas sobre cómo ha de ser una relación y como escribir sobre ello, toman un cariz más natural, sin imposiciones ni normativas sociales.

Creo que el libro es un poco el liberarse los personajes de todo aquello que nos han ido imponiendo, de todo aquello que nos han hecho creer y que ha esclavizado tanto a los hombres como a las mujeres y que nos han tenido durante siglos buscando un amor ideal y una relación perfecta que tanto a unos como a otros no puede llegar a constreñir y asfixiar.

El destino juega un papel fundamental en el libro.

Por un lado está el concepto de que el destino marca la vida de estos personajes y al mismo tiempo, ellos no creen en tal destino.

A lo largo de la narración, Marcel va descubriendo como Lara entra y sale de su vida en el pasado, como sin conocerse tienen vínculos comunes y han vivido situaciones similares que él va a tratar de ocultarle.

El padre de Marcel, Salvador, que es un abuelito encantador, cultiva el arte de las cabañuelas, que es la predicción del clima a través de señales en la naturaleza. Durante el mes de agosto, un grupo de abuelos amigos suyos, se dedican a observar el cielo, los amaneceres, los cambios de colores y de viento, el comportamiento de los animales y con ello predicen el clima de todo el año.

La pregunta es si el destino está regido por esas directrices, si se puede adivinar por las señales que la vida nos va dando, si tener la sabiduría para ver más allá y poder darnos cuenta de qué va a ocurrir probablemente puede hacer que logremos modificar aquello que nos impide ser felices y vivir en plenitud.

Por otro lado, el libro habla de las dificultades con las que muchos autores nos encontramos cuando nos sentamos a escribir.

La protagonista, cuando tras muchos años de rutina literaria se sienta a escribir, se da cuenta de sus carencias, de que todo lo que ella creía que podía contar no es suficiente porque hay muchos ángulos desde los cuales ver las cosas y que no todos son hechos simples.

Yo, para poder escribir, he tenido que leer mucho, bucear en ensayos, buscar corrientes distintas de pensamiento. No es fácil.

Este libro, en parte es una muestra de todo eso, de las distintas fuentes de las que se puede beber para inspirarse o para encontrar aquello que quereos decir.

En la última página hay una nota bibliográfica en la que os doy los datos de todo aquello que yo he usado, de las pinceladas de poemas y de frases que usa la protagonista y que es solo una pequeña muestra de lo que a veces tenemos que hacer los autores para documentarnos.

Espero haber despertado vuestro interés y espero que os guste leerlo y disfrutéis tanto de su lectura como yo disfruté al escribirlo.

 

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De mujer a mujer: Emily Davidson

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Emily Davidson ha pasado a la historia como una de las mártires del movimiento sufragista. Su historia, que relato en el libro Las sufragistas, es desconocida, sin embargo, para muchas mujeres de la actualidad.

Emily no pudo terminar sus estudios al enviudar su madre y tener que ayudar a la penosa economía familiar en donde proliferaban los hermanos pequeños y verse así impedida a poder pagar las cuotas necesarias.

Pese a todo, consiguió ahorrar lo suficiente trabajando de maestra, para sufragarse los estudios de “Inglés, lengua y literatura” en el colegio St. Hugh´s perteneciente a la universidad de Oxford.

Se licenció con honores, pero ahí terminó toda la carrera que cualquier mujer pudiera realizar entonces, ya que no eran admitidas en ninguna universidad y no podían cursar estudios superiores y no les era permitido el acceso.

En 1906 Emily se afilia al partido sufragista de UPSM y se compromete con la lucha sufragista y la reivindicación de los derechos de la mujer. Producto de sus actos de protesta, fue detenida y encarcelada en numerosas ocasiones.

En la prisión de Holloway, como un acto más de protesta, se tiró por las escaleras de la prisión sufriendo graves daños en la espalda y la columna vertebral. Emily era sin duda una de las más apasionadas mujeres sufragistas, tal como años más tarde contarían en sus necrológicas.

(Abc, 6 de junio de 1913, pág. 14).
“Los diarios de esta capital [Londres] publican pormenores de la vida de la sufragista que ayer promovió tan grave incidente en el Hipódromo de Epsom. Tiene 35 años de edad, y desde 1906 hace de la política feminista su único ideal. Ella fue la que dirigió el movimiento sufragista hacia la acción violenta; ella la que entró por tres veces en la Cámara de los Comunes. La última vez se quedó escondida entre los aparatos de calefacción y poco le faltó para perecer abrasada. Además, tiene la manía de los incendios y ella ha sido la que prendió varias veces fuego en la oficina central de Correos y Telégrafos. (…) Esta temible sufragista ha sido detenida nueve veces; pero siempre ha tenido que ser puesta en libertad, porque acude cuando está en prisión al procedimiento de la huelga de hambre”

 

El 4 de junio de 1913 asistió al Derby de Epsom con varias sufragistas para realizar un acto de protesta. Sabían que este Derby iba a tener un importante seguimiento pues a él acudiría el rey de Inglaterra, Jorge V, y sus imágenes serían grabadas por las cámaras de cine Pathé, para ser emitidas en los documentales que emitían las salas de cine de aquella época.

La creencia más extendida es la de que Emily trató de ponerle una bandera sufragista al caballo del monarca, Anmer, como acto reivindicativo. Fue arrollada por el caballo que no se detuvo y la lanzó al suelo dejándola inconsciente.

Murió 4 días después en el hospital de Epsom por una fractura craneal.

En su lápida figura el lema feminista “Hechos, no palabras”

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Su entierro fue uno de los acontecimientos más importantes para el sufragismo británico en donde todas las compañeras desfilaron vestidas con uniforme blanco, con las insignias de sus partidos, las bandas que las acreditaban como sufragistas y portando coronas de flores mientras acompañaban su féretro.
Fue considerado un acto de reivindicación y lucha feminista.

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Curiosamente, su acto fue contraproducente para el movimiento sufragista ya que muchos se preguntaban que si una persona como Emily, ilustrada y con estudios era capaz de cometer semejante locura, qué no serían capaces de hacer otras mujeres menos preparadas y con menos educación.

Las personas que se hallaban en el Derby, se preocuparon mucho más, tal como se aprecia en las imágenes grabadas por Pathé, por la suerte que había corrido el jinete e incluso el caballo, que por los posibles daños sufridos por la sufragista.

Años más tarde, Herberth Jones, el joker, durante el entierro de Emmeline Pankhurst , le rindió homenaje depositando una corona de flores en sus tumbas como homenaje a dos de las protagonistas más importantes en la lucha por los derechos de la mujer.

 

 

 

 

 

 

 

 

Memorial a ellas. Alicia Domínguez. Mis mujeres.

Decía Alphonse Bertillon: ‘Solo se ve lo que se mira y solo se mira lo que se está preparado para ver’. Algo así ocurre con la historia en femenino: no nos han enseñado a ver lo mucho que han aportado las mujeres a la historia de la humanidad.

Y no hablo solamente de aquellas que han hecho cosas por las que debieran estar en los libros aunque, lamentablemente, no lo estén —tan sólo el 7,5% de los referentes culturales y científicos que aparecen en los libros de texto de la ESO son mujeres—, sino a aquellas que, aparentemente, no han hecho nada para ocupar un lugar en el imaginario colectivo, pero que han sido la columna vertebral del mundo: las que han sostenido el hogar, las que han estado siempre a la sombra, las que han tenido que sacar adelante solas a los hijos, las que han sido capaces de transgredir las normas para poder vivir como su conciencia les dictaba, no sin tener que pagar por ello un alto precio… Las mujeres invisibles sin las que hoy no seríamos lo que somos, para lo bueno y para lo malo.

Pensando en ellas se me ocurrió el Memorial a ELLAS. Un proyecto que me gustaría que tuviese un largo recorrido y que contase con vuestra participación. Muchos de vosotros y vosotras ya lo hacéis día a día leyendo las historias de las que nos hacemos eco, interactuando a través de vuestros comentarios y vuestros ‘me gusta’.

Ahora os pido una cosa más: os pido que aportéis la historia de alguna mujer que haya sido importante en vuestra vida (aclaro que puede estar viva.

No es solo un recuerdo a las que nos dejaron, sino que también puede ser un homenaje a las que aún nos rodean). No os importe si lo escribís bien o mal. Eso da igual. Escribid lo que salga, que ya le daremos forma, pero escribidlo. O llamadme para contármela (si preferís hacer eso, enviadme un mensaje privado y os facilito mi teléfono).

No dejéis que la historia de esas mujeres humildes, luchadoras y sabias que nos enseñaron lo que, a su vez, aprendieron de la vida se borre.

Ellas os lo agradecerán. Y vosotros y vosotras, también.

No imagináis el bien que nos hacemos cuando recordamos, reconocemos y, en algunos casos, perdonamos.

Podéis colaborar con vuestras historias en su blog:

http://alicia-dominguez.com/memorial-a-ellas/

Taller de palabras.

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Os comenté que este libro, Palabras que sanan, era un libro vivo, que seguía expandiéndose y creciendo… bueno, pues os presento una nueva forma de crecer.

He abierto la inscripción a unos talleres donde la palabra es terapia. En ellos pondremos en práctica todas las pautas marcadas en grafología, viajaremos a nuestro lado inconsciente haciendo aflorar esas imágenes que vamos guardando en modo de palabras, y aprenderemos a escribir desde un punto de vista holístico, teniendo en cuenta no solo aquello que somos y queremos expresar, sino también todo cuanto nos rodea, todo cuanto pensamos o sentimos, a estar en armonía con nuestro medio.

De momento las inscripciones estás abiertas en Castellón y Villarreal, pero si estás interesado en venir o en promover un taller solo tienes que escribirme un correo.

 

CAPTADOS EN AMAZON, ESCLAVOS DE LA PLUMA. Artículo de Mercedes Pinto

En esta reflexión os cuento las razones para publicar tu libro en Amazon antes que en una editorial. Basadas en mi experiencia, la experiencia de Mercedes Pinto Maldonado.   He estado dándole …

Origen: CAPTADOS EN AMAZON, ESCLAVOS DE LA PLUMA

Escribir desde el feminismo. Alaide Foppa

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Ella se siente a veces

como cosa olvidada

en el rincón oscuro de la casa

como fruto devorado adentro

por los pájaros rapaces,

como sombra sin rostro y sin peso.

Su presencia es apenas

vibración leve

en el aire inmóvil.

Siente que la traspasan las miradas

y que se vuelve niebla

entre los torpes brazos

que intentan circundarla.

Quisiera ser siquiera

una naranja jugosa

en la mano de un niño

-no corteza vacía una

imagen que brilla en el espejo

-no sombra que se esfuma y

una voz clara

-no pesado silencio alguna

vez escuchada.

 

Alaíde Foppa , Barcelona, 3 de diciembre de 1914 de fue una poetisa, escritora, activista feminista, crítica de arte, profesora y traductora de ascendencia guatemalteca por parte de madre y argentina por la vía paterna. Vivió como exiliada en México  donde escribió gran parte de su obra poética. En 1976 fue cofundadora de la revista feminista Fem con importante repercusión en América Latina. Desapareció en Guatemala en 1980

Pionera en el feminismo, en 1976 fundó la revista Fem, tal vez la primera revista semanal feminista de México. Colaboró también en el Foro de la Mujer, programa radiofónico transmitido por Radio Universidad en México durante varios años y se integró activamente a la Agrupación Internacional de Mujeres contra la Represión.

Poesía

  • El ave Fénix: Las palabras y el tiempo. España.
  • Poesías. México.
  • La sin ventura. México.
  • Los dedos de mi mano. México.
  • Aunque es de noche. México.
  • Guirnalda de primavera. México.
  • Elogio de mi cuerpo. México.
  • Poesía. Guatemala: serviprensa centroamericana.

Ensayo

  • La poesía de Miguel Ángel. México.
  • Confesiones de José Luis Cuevas. México.

 

Clara Campoamor. Discurso íntegro.

Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.

Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Qué cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿Quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?

¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis -fijaos bien- afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.

No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto -que en España existe- no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio -cosa dolorosa para un abogado-, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.

Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.

Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer.

A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.

Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.

Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.

No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.

Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.

Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española