De la amistad romántica al pensamiento Queer.

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Breve historia de las leyes contra las lesbianas.

En la edad media la condición homosexual fue reprimida y ocultada por lo que apenas quedan referencias históricas sobre relaciones entre mujeres. Existen, eso sí, novelas cortas que hablan de relaciones lésbicas y es conocida incluso forma parte de la mitología colectiva las relaciones las relaciones entre religiosas dentro de los conventos católicos.

En esa época existían leyes que condenaban el lesbianismo, como el código de Orleans en el que la ley que castigaba a los hombres homosexuales se amplió para poder ser aplicada a las mujeres. La ley consistía en una especie de reprimenda y castigo por plazos; en un primer aviso el hombre era desprovisto de sus testículos, en el segundo aviso se procedía a la castración del pena y en el tercer aviso directamente era quemado en la hoguera. Ignoramos qué miembros eran amputados a las mujeres al serles aplicada esa misma ley.

En 1314 se impuso una libre interpretación de otra ley anterior, del año 287, que condenaba la prostitución y el lesbianismo y en 1400 aún se amplió más al añadir la pena de muerte.

 

Amistad romántica

El estigma impuesto al amor lésbico es una poderosa arma para confinar a las mujeres en la heterosexualidad que garantiza una base social basada en la familia y en las tradiciones. Muchas mujeres optaron por mantener una amistad romántica hubiera o no sexo entre ellas al margen de sus matrimonios. Esta amistad, disimulada la relación amorosa, era aceptada tácitamente por la sociedad victoriana, dominada por las apariencias y vinculada siempre a la asunción del matrimonio como una cuestión puramente económica en que primaba el interés el patrimonio y los negocios por encima del amor.

El deseo de libertad de las mujeres, las leyes que las privaban de propiedades y que las consideraban como seres inferiores al mismo nivel de tutela que los niños en las que el hombre ya fuera padre, marido, hermano o hijo tenían la potestad sobre ellas, junto con las nuevas ideas que el socialismo iba abriendo en sus mentes, produjo los primeros movimientos feministas y de sufragio pero no acabó con los estereotipos lésbicos y ni siquiera supuso en muchos países algún avance en ese pensamiento, ya que la mayoría de aquellas mujeres lucharon por sí mismas y por mantener una nueva posición en su clase social olvidando la lucha de miles de mujeres tanto de clases sociales inferiores como vinculadas al amor lésbico, quedando éstas aprisionadas por los roles de género imperantes en su época en los que las lesbianas eran mujeres masculinizadas y las heterosexuales completamente sumisas, entregadas al hombre a través del dominio que éste ejerce sobre ellas en el momento de la penetración y del placer que pueda proporcionarle.

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Discriminación e identidad

La discriminación está sostenida por el sistema de opresión sexual en el que se basan las estructuras sociales patriarcales que fijan en las personas determinadas normas que se deben seguir de por vida.

La identidad sexual se aferra a esa forma del “debe”, siempre vinculado a la heterosexualidad y que condiciona a cada ser humano a ser excluido o admitido en la normativa binaria. Además, precisamente con las mujeres, los roles basados en la inferioridad y en la maternidad nos definen como meros instrumentos reproductores en un rol pasivo.

Esta concepción de la mujer se ha visto reforzada por el papel de las religiones y sus normas morales capaces de mutilar y asesinar a multitud de mujeres a lo largo de la historia, y se perpetua hoy en día con el capitalismo en el cual la familia es la base del mercado de consumo aunque cada vez más, ese capitalismo que siempre se reinventa a sí mismo, comienza a aceptar como válido otro tipo menos tradicional de familia, ya sean del mismo sexo o monoparentales, con tal de que sigan siendo sectores de población con alto nivel de consumo.

El lesbianismo, ha sido tratado incluso como una patología e identificado como una homosexualidad femenina y era tratado clínicamente por psiquiatras y psicólogos e incluso “curado” con el matrimonio heterosexual.

 

Pensamiento Queer

En distintos tiempos, sociedades y culturas las relaciones las relaciones también han sido en ocasiones consideradas variaciones válidas de la sexualidad humana, aunque también es cierto que han sido los menos casos y siempre en personas librepensadoras.

El movimiento Queer se basa en que las distintas identidades sexuales están condicionadas por estereotipos de género construidos por los pensamientos tradicionales de cada sociedad y normativamente basadas en el patriarcado.

Judith Butler, filosofa y madre de este pensamiento Queer, aboga por la creencia de que esta filosofía puede ser abrazada por cualquier persona, hombre, mujer, homosexual, bisexual, transexual, heterosexual, alejándolo así de su uso específico para las lesbianas y para una identidad sexual concreta, exponiéndolo también como un pensamiento universal y progresista sobre la sexualidad más allá de los roles de género.

Esta teoría es la que yo asumo porque me permite escribir sobre relaciones lésbicas u homosexuales pese a mi heterosexualidad, buscando e intentando con ello no el simple morbo grafomaníaco o el homoerotismo tan presente en muchas publicaciones sino la libertad a ser cada uno, en su libre elección, dueño de su propia identidad sexual. Creo que en el instante en que el sexo, tanto el normativo como el alternativo, sea liberado de los complejos, culpas, estereotipos y pecados que llevamos siglos arrastrando, las personas se acercarán a la verdadera libertad de poder ser ellas mismas por encima de todas las cosas y obtener así la plenitud y la felicidad completas sin el sufrimiento que moralmente nos ha supuesto estar durante miles de años viviendo el sexo como pecado, como arma, como objeto de consumo y como algo que el lugar de ser vivido desde la naturalidad y la integridad ha sido siempre propósito de domino y de represión condicionando la convivencia de la estructura social en la que nos han educado.

Simplemente, conocernos es aceptarnos, y esa aceptación conlleva a la paz con uno mismo y a la felicidad y el amor.

Algo a lo que todos tenemos derecho.

 

 

 

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