Maifa Rieseberg y el mar.

nina peña - maifa rieseberg - mar - poemaEl mar teje un velo de bruma en el horizonte donde navegan grandes albatros nubes hacia el infinito.

Y en una sinfonía de rosas nace el sol, brasa tímido detrás de su muselina gaseosa. Delicadamente pinta una tela puntillista de rosa tierno y cálido, mientras la plata blanquecina del mar va sonrojándose de susurrante enamoramiento.

Prepara un lecho suave y brillante en que el sol pueda recostar suavemente su mirada cálida.

El mar se mece y ondula su vientre como una hetaira, con lentitud calculada, con suavidad lasciva, cantando bajito eróticas pasiones por una mirada rosa y una caricia incendiaria de pasión efímera.

Cada amanecer es distinto, no hay dos iguales.

19732315_10207687004288046_2091684990748299566_nCada onda de luz, cada nube, cada brisa y fragancia cada detalle que puede ser visto, sentido.

Como cada día, como cada instante, nada es igual en la naturaleza. Madrugar y ver salir el sol, ir a buscar su nacimiento, en la ciudad, o fuera de ella, me ayuda a recordar que cada momento es único y singular, y que la vida es una sucesión de amaneceres y ocasos en todas las dimensiones de lo humano, permanentemente.

Detenernos aquí, ahora, en el instante presente a captar el amanecer de lo que sea: un saludo, un latido, la luz que entra por la ventana, el aire que nos alimenta en este momento, lo que sea que viene a decirnos hola.

Grises antracita, grises ratón, grises perla, grises blancos, blancos grises. Sinfonía gris. Aguas expectantes y mansas, de caricia cálida para pasear acompañada por una chica grande. Que extraño y precioso es ver crecer a las personas y adivinar un largo recorrido interno hacia un abanico de plenitud.

A salto de mata, ver cómo evoluciona con un alma cada vez más luminosa. Gris está el día que sonríe entre nubes y juega con la luz haciendo senderos, guiños, surcos, explosiones amarillas.

Grises que se vuelven blancos de sal y luminosidad, blancos de calor, blancos que conquistan el cielo en un alarde de poderío. Y en la arena dorada y sucia pasan las almas transeúntes mañaneras en busca de paz y de inconfesados objetivos

18557496_10207324471864962_2258776440410961104_nRoja bola entre seda de bruma sale del mar susurrante y tierno, lánguido y delicado. Líquida plata orlada de puntadas azuladas murmura la balada de los enamorados de la paz y el silencio.

Rosada mañana de luz tamizada por una muselina delicada donde vagan extraños pájaros de nubes mullidas e inciertas a ras de agua en la precaria raya del horizonte.

Baladas de agua cálida y mimosa surcan la brisa.

El mar ofrenda a la arena posidonias, rayas esmeraldas para que luzca joyas brillantes de perlas de sal. Pero la arena ya no mira las ofrendas, tiene la espalda erizada de cañas y de dolor de la soberbia del pescador. En la escollera conquistada, lucen picas, banderas y sombrilla en el contraluz de la mañana.

Sombras chinescas en el aire tenue y salado auscultando el mar que gluglutea entre piedras para solaz de pulpitos y cangrejos tímidos, mientras las rayas plateadas de algunos peces se burlan del pescador. Dos gaviotas pelean por unos despojos mientras empieza para la playa el sufrimiento del verano, pies y toallas, picadura de parasol y gritos de alborozo.

15202650_10206118366273076_8252149351764845466_nRumorea sin tregua con rabiosa constancia bajo un dosel de nubarrones grises que se pavonean en el agua ora de gris morado ora verde hosco. El mar le ha robado tanta arena a la playa que va empachado; se ha preparado una larga cama plana donde desenrollar sus encajes de espumajos chulescos. Está ufano el mar de sus hazañas de ayer, invadió la playa y dejo charcos que se bebe la arena con paciencia donde revientan burbujas salobres en un glup suave y estirado y las nubes se hacen selfies en sus espejos. Las olas suben en alardes de matón de verano con ímpetu de película mala dejando figuras de fieras antediluvianas que se escurren cobardes hacia su guarida eterna.

Entre nubes se asoma el sol haciendo poses, en estrella, en raya, en punto y coma, en exclamación.

El sol está jugando con las nubes, mientras el mar, en el horizonte humea, caliente de rabia, caliente de verano contra la brisa matutina.15179117_10206118364113022_2681530507568806355_n

PD. Muchas gracias Maifa por permitirme compartir tus escritos. Es un placer y un honor tenerte en mi blog.

 

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Los clásicos y la dignidad de un pueblo.

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Los acontecimientos de los últimos tiempos, y en concreto de los últimos días, me hacen pensar que los españoles somos una sombra de aquello que una vez creímos que nos representaba como carácter nacional y que se ha quedado presente en la literatura; de aquel Quijote que luchaba contra las injusticias, desfaciendo agravios y enderezando entuertos o de aquellos habitantes de Fuenteovejuna que, todos a una, acabaron con la arbitrariedad del comendador, sus injusticias y sus abusos.

Tendríamos que recurrir a los clásicos para tratar de animar el espíritu patrio de buscadores de justicia, algo soñadores, que siempre hemos tenido.

En apenas un par de días, hemos tenido que ver al presidente del gobierno declarando en la audiencia por corrupción y nos hemos quedado tan anchos.

Sí, algunos hemos protestado, hemos puesto un tweet, un mensaje en Facebook y nos hemos quedado tan tranquilos con nuestra protesta, porque, ¿qué más se puede hacer salvo ejercer el derecho a la pataleta?

También estamos inundando las redes con mensajes de apoyo a Juana Rivas, una masa de gente que ha conseguido convertir el drama de esta señora en Trending Topic mientras ella, en unas pocas horas, pasará a ser fugitiva de la justicia y estará en busca y captura como una delincuente.

Estamos tan acostumbrados al horror que ya nada nos espanta.

Los cientos de casos juzgados por corrupción y los miles de casos de malos tratos machistas en lugar de rebelarnos nos dividen porque siempre hay quienes se quedan en la forma y no en el fondo de estas cuestiones.

Siempre hay quienes son más papistas que el Papa.

Volviendo a los clásicos, nuestro “comendador” particular, como si de Fuenteovejuna se tratara, no ha hecho sino burlarse de nosotros en un esperpento de testimonio y de declaraciones de amnesia que a cualquiera le valdrían una pensión de invalidez, y de paso, pone en duda la honestidad de los ciudadanos como si solo él y su ralea fueran los poseedores del honor y la verdad; es decir, nos ha dejado a todos como tontos al creer que cualquier cosa que diga nos la vamos a tragar, insultando, de paso, la inteligencia de todos quienes vimos aquel simulacro.

Juana Rivas, nuestra Laurencia particular, nos ha restregado por las narices la ley injusta que, a falta de leer y entender todo el proceso judicial, le obliga a poner su vida y la de sus hijos en peligro por el simple hecho de rebelarse contra la violencia y pretender vivir en paz. Nos ha echado en cara la falta de coraje que tienen las instituciones en todo aquello que signifique proteger a las mujeres de la violencia machista y en muy poquitas palabras, de hecho ninguna, está demostrando que aquello que la justicia no es capaz de hacer, lo vamos a tener que hacer las mujeres de la forma que sea y por nuestra cuenta.

La gente, el pueblo, los villanos de Fuenteovejuna, nos hemos quedado tan tranquilos con todo esto porque ¿qué podemos hacer?

Nos conformamos con posicionarnos a favor o en contra de las cosas, de hablar acodados en la barra del bar, o dar “me gusta” en las redes sociales.

No vemos el fondo.

Hasta los seguidores más acérrimos de Rajoy deberían tener en cuenta de que no se puede soportar tener un presidente que es llamado a declarar como testigo en un juicio por corrupción y en el que además dice no acordarse de nada ni saber nada. Las opciones son dos; o lo sabía todo y es un corrupto o no sabía nada y es un incompetente, lo cual en ambos casos le incapacita para seguir ostentando el cargo.

Y seas del partido que seas deberías pensar así.

Que existan personas que justifiquen esta corruptela, que la nieguen a estas alturas, o que te digan tan campantes, “si yo estuviera ahí haría lo mismo” es de una necedad tan brutal que parece mentira que no hayamos evolucionado en nada nuestro espíritu democrático, es más, muestra una involución casi feudal.

Que otros se escuden en frases sin sentido, en denuncias falsas o en lo que sea para defender el derecho de un maltratador a ver a sus hijos negando la evidencia de que ese hombre al que defienden es un tipo con una sentencia firme por violencia machista y que eso lo inhabilita para tener la custodia de los niños, es querer ver solo lo que a uno le conviene y muestra una misoginia brutal no solo a nivel personal sino también a nivel institucional.

El hecho de que quienes mandan, de quienes poseen el poder ya sea democrático o judicial, nos exhorten a cumplir con preceptos y leyes de las que ellos están por encima es no solo injusto, sino que además es una clara muestra de su pensamiento elitista, de su convicción de que están por encima del bien y del mal, de que son una clase privilegiada y llamada a dirigir los designios de una nación, de que estamos para servirlos, para pagar impuestos y callar, de que el pueblo es ignorante, y como tal, se puede abusar o se puede utilizar a su conveniencia.

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Cuando la ley es injusta, todos deberíamos rebelarnos contra ella. Como hizo el pueblo de Fuenteovejuna.

Contra la corrupción, contra la arbitrariedad, contra la violencia, contra las leyes que no protegen pero sí condenan, contra aquello establecido tantos años atrás que se ha quedado anticuado y ya no responde a las necesidades y a la filosofía actual de una nación, contra la degradación de un sistema que nos está oprimiendo como personas, contra la vergüenza de ser un país que solo sale en la prensa extranjera por crisis, escándalos, casos de corrupción, o violencia.

Creo que la mayoría de españoles no nos merecemos esto, de verdad. No nos merecemos la vergüenza que nos toca pasar día sí y día también.

Si de verdad quisiéramos cambiar las cosas, si no estuviéramos tan “aborregados”, solo tendríamos que levantarnos, salir a la calle, declarar huelgas generales indefinidas o desobediencias civiles para tratar de recuperar la dignidad que esta gente nos está quitando, para acabar con todas las injusticias y con todos los fraudes que, como si fuéramos tontos, nos están haciendo tragar, y entonces, como en la obra de teatro, solo cabrían dos posibilidades, o dar por buenos nuestros hechos o matarnos a todos, algo que ya intentaron allá por el 36 y casi consiguieron a partir del 39.

 

 

 

 

 

 

 

 

Reseña de la web “Algunos libros buenos”.

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Una historia vital y amena de fácil lectura que logra su autora con unos diálogos absolutamente fantásticos, reales, normales y cotidianos.

Narrada a cuatro voces por cada una de sus protagonistas, llegaremos a conocerlas como a alguien cercano, familiar, y compartiremos su experiencia vital acompañándolas en un viaje vital que supondrá para ñas cuatro el viaje de su vida.

Si queréis leer la reseña completa os dejo el enlace a la web de Algunos libros buenos, que además os recomiendo encarecidamente porque es de las más completas en temáticas distintas, siempre está a la última en publicaciones y con unas reseñas de calidad.

https://algunoslibrosbuenos.com/como-que-a-que-huelen-las-nubes

El concurso Amazon y el sueño americano.

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Que los escritores, o autores, somos personas que vivimos en nuestro mundo peculiar en el que nos sumergimos constantemente, no es nada nuevo.

Al margen de peculiaridades y excentricidades que solo los grandes se pueden permitir porque para ellos es parte de su genialidad mientras que para el resto sería síntoma de enfermedad mental, hay algo que nos une a todos, o a casi todos: el ego.

Tenemos un ego exacerbado, nos encanta mirarnos el ombligo, acariciarlo, y ser nosotros mismos quienes se empeñen en sacar sus pelusitas, algo que si hacen los demás nos hace entrar en cólera o en pánico, dependiendo del tamaño del ego en cuestión.

Lo del concurso Amazon es una muestra de ego descomunal donde quién más y quién menos, está metido hasta las trancas por el simple hecho de opinar o de comprar determinado libro. En mi vida había visto zancadillas, groserías, maldades, pleitos, envidias, puñaladas traperas, comentarios malintencionados y mala baba como la que estoy viendo en el concurso de este año.

Hasta la misma plataforma Amazon está tocando las “webs” de sus autores quitando ediciones en papel, comentarios de compras verificadas, ha tardado más de 15 días en completar la lista de concursantes, anunciaba preventas que luego quedaban fuera de concurso…

Autores que no tienen en común ni siquiera el género, se enzarzan en disputas por un comentario, por una estrella, por una promo o por una portada.

Ni decir tiene que estoy tan ojipláctica que no me presento a ese concurso en mi vida.

Se puede ganar visibilidad, cierto, y me consta (de hecho lo sé cierto porque tengo a muchos amigos que llevan tiempo publicando, escriben de perlas y están concursando), que muchos autores lo hacen exclusivamente por eso, por visibilidad y ganar lectores, para que sus libros sean leídos, porque, como todos sabemos, los concursos son de todo menos justos y aunque su base sea tan frívola y objetiva como las ventas, ganar uno es harto difícil.

¿Y todo por qué? Porque priman las ventas, los números, las cifras.

Lo que está ocurriendo en este concurso obedece a un patrón de competitividad tan exacerbado que en nada beneficia a nadie salvo a Amazon, que este mes de julio y agosto, cuando ningún autor ni librero se come un colín, ellos siguen vendiendo más que nunca, así que como estrategia de marketing es perfecta.

De nuevo una editorial se aprovecha de la ilusión y del trabajo de los autores y aunque reporte pingües comisiones a estos en derechos de autor y les permita publicar, no hay que perder de vista que al fin y al cabo, están cumpliendo con algo tan simple como es la consecución de beneficios empresariales en un sector y en un momento concreto de año en que apenas se venden libros. No, no es casual que el concurso Amazon sea en julio y agosto.

En ningún momento se tiene en cuenta la calidad de los trabajos, ni hay un jurado que lea los libros y que puntúe, ni se valora la calidad artística, la originalidad, el mensaje, el lenguaje o la intención de comunicar que todo libro que se precie tendría que tener.

Pero además este patrón comercial obliga a vender para tener visibilidad en el concurso, a escalar posiciones, ya que, como todos los autores auto-publicados sabemos, si estás mejor situado vendes más porque, simplemente, se te ve antes. Nadie se espera a la página 60 de Amazon para comprar, la compra por impulso en internet es otra de las bazas fundamentales con las que juegan, y saben que te matarías (y matarías) por vender más y estar en esas posiciones que te permiten seguir vendiendo más.

¿Y qué es lo que realmente hace que todo esto ocurra? El ego del escritor.

Una carrera editorial no se hace en un año ni en cuatro, y ¡ostras! Si ganas este concurso te coronas, te evitas pasar por lo que han pasado todos los autores, te evitas la crítica veraz, te evitas tener que leer y leer para aprender, evitas pasar por los trámites de crecimiento personal que te da el escribir y tener que reescribir, el escribir y borrar, el volver a empezar.

De pronto, se te ofrece la posibilidad de vivir de la escritura, algo de lo que nos podría hablar mucho Juan Goytisolo si aún viviera, de tener regalías y, coño, ¡si te estás viendo ya como ponente y contertulio en los talleres de auto-publicación que monta Amazon cada verano, con tu imagen en el fondo de pantalla gigante y siendo entrevistado por El país cultural…!

Te has pasado por alto unas pocas cosas.

Las pocas personas que viven de sus libros desde plataformas como Amazon, no llevan ni uno ni dos ni cinco años escribiendo y publicando sino como mínimo diez, y han trabajado por ello todos y cada uno de los días de su vida compaginándolo con otros trabajos que les permitieran pagar las facturas como a todo hijo de vecino.

En ese empeño estamos, yo incluida, muchos compañeros que participan y para los cuales este concurso es solo uno más de los medios, pero no el fin en sí mismo.

Este concurso, su finalidad, no es más que una revisión del sueño americano llevado al mundo editorial, donde todo es posible y donde triunfar es algo que siempre está a la vuelta de la esquina, pero Sunset Boulevard también tiene muchas esquinas, así que quizá sea mejor ponerse a trabajar de verdad, no mirarnos tanto el ombligo y menos aún prostituir la literatura de esta forma.

Ojo, no quiero decir con ello que no sea lícito presentarse o que los libros presentados no sean buenos y tengan calidad, pero sí hay que darnos cuenta de que una vez más nos están utilizando, de que otros están ganando dinero con nuestras ilusiones y sueños, nos están vendiendo ellos a nosotros para reportarse beneficios de los que tú vas a ver tan solo un porcentaje y vas a ser un número en una larga lista.

Este concurso es nefasto y deja un sabor de boca negativo a todos aquellos que, apostando por la literatura independiente, lectores que siguen buscando calidad en los libros no convencionales, se convierten de repente en simples compradores de objetos de consumo en cuyas cinco estrellitas hay un poder exacerbado, además de aumentar la mala fama de los libros y autores que, de por sí, ya tenemos los auto-publicados.

A ver, no somos genios (sí, ya sé que tú sí). Si una editorial nos rechaza un manuscrito puede que debamos revisarlo, analizarlo, buscar opiniones, tratar de encontrar en qué hemos fallado o si de verdad es que no encajamos en la línea editorial de la empresa concreta a la que lo enviamos.

Si tenemos en cuenta que la gran mayoría de editoriales también se guían por criterios comerciales puede ser que nuestro libro, aún con calidad, no sea vendible.

Hay muchas razones por las cuales recurrir a Amazon, incluso la legítima razón de no querer estar en las editoriales tradicionales, y es cierto que esta plataforma ha democratizado la literatura que siempre ha sido muy elitista y “amiguista”, pero el escalar posiciones, el conseguir altos objetivos sin antes haber currado y estudiado como un auténtico cabrón, es tratar de construir la casa por el tejado.

La calidad es lo que de verdad va a garantizar poder publicar dentro y fuera de Amazon, pero requiere su tiempo y sus plazos, y es ahí donde tienen que ir todos nuestros esfuerzos, sin importarte las ventas porque, una cosa te voy a decir, si de verdad eres escritor, lo que menos te va a importar es vender, lo que sí quieres es que te lean.

Cuando en el pasado se empezaron a publicar libros de forma independiente, cuando autores hoy legendarios comenzaron a auto-publicarse, lo que primaba era la rebeldía contra el sistema establecido, la visión de una obra, el tener que decir lo que nadie había dicho hasta entonces, ser independiente era mantener la fe en uno mismo y luchar contra el mundo, creer en valores por los que nadie apostaba, alejarse del orden impuesto, saltarse las reglas de lo convencional.

Ese es el espíritu que tendría que tener Amazon y el que tendríamos que tener todos los escritores independientes, y no dejarlo todo a un lado por la consecución de un número determinado de ejemplares vendidos y pasarnos la vida contando más de lo mismo porque es lo que más se vende.

 

(Y digo esto sin haber leído aún ningún libro, con lo cual estoy lejos de saber la calidad que pueden o no tener, pero si Amazon valora solo las cifras de ventas eso es un criterio tan claro y válido como el mío.

Por supuesto voy a comparar libros del concurso, ya llevo dos y tengo pendientes varios más, y con ello trato de apoyar a mis compañer@s, pero me voy a abstener de hacer cualquier comentario y de decir ni una sola palabra. Priman las cifras y mi apoyo se va a basar en ayudar a que esas cifras sean buenas para los autores a los que aprecio.

Y sí, una vez también se me pasó por la mente sacar un libro a concurso en Amazon, pero una buena y sabia amiga me dijo, “Che boluda, olvidálo”)

 

 

 

 

A veces.

 

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A veces me gustaría ser tal como es el resto del mundo.

Ser como esos que nunca piensan antes de hablar y que dicen las cosas sin saber, sin afectarles el hecho de producir dolor. O ser de los que no lo sienten, de la gente a la que nunca le duele ni le importa nada.

Ser de los que no se sienten incómodos en los largos silencios.

De los que miran sin sonreír.

De los que guardan sus palabras pese a mostrar en su frente el oscuro mecanismo de sus pensamientos.

Ser de los que no miran los amaneceres ni los atardeceres ni cuentan las olas en el mar.

De los que siempre tienen un juicio justo e ineludible que emitir y una sospecha que confirmar.

De los que no dudan, de los que no se plantean nunca no tener la razón.

Ser de los que se quejan de las hojas caídas de los árboles sobre el cemento sin ver el otoño.

De los que se quejan de los pétalos de flores en las aceras sin ver las primaveras.

De los que se quejan de la lluvia sin escuchar la música de sus gotas sobre los cristales cerrados tras los que hay un calor de hogar que no existiría sin ella.

Ser de los que gritan en los semáforos porque son incapaces de reconocerse como peatones.

Ser como aquellos que siempre tienen una opinión para todo aunque se la guarden tras el oscuro túnel de los ojos.

De los que no se enfadan con las injusticias ni le gritan al presentador de los noticiarios.

De los que siempre encuentran algo, por pequeño que sea, con lo que pueden justificar un acto de maldad o un atropello.

De quienes saben buscar culpas a víctimas inocentes para que el culpable no lo sea tanto y el inocente lo sea menos.

De los que no lloran escuchando el Adagio de Albinoni o el Oblivion de Piazzola.

Ser de los que hablan como si conocieran el mundo entero, como si es perteneciera, como si no hubiera ningún lugar al que no hubieran viajado.

Como los que nombran menús y restaurantes, y aviones y tiendas y hoteles de ciudades lejanas pero que no han paseado por ningún parque de la ciudad en la que viven, ni se han perdido en ningún bosque ni en ninguna calle sin nombre.

De aquellos que no viven aventuras de las que puedan salir heridos.

De los que son capaces de reír en los entierros y no emborracharse en las bodas.

De los que cuelgan cd´s en las ventanas para que los pájaros no se acerquen a sus balcones.

De los que podan los rosales sin pincharse y de los que ponen las rosas en un jarrón sin pararse a oler su perfume.

De los que ordenan los libros en los estantes con gusto estético o de aquellos que no tienen libros porque no les parece decorativo.

Ser como esos que no conocen los nombres de los árboles ni la forma de sus hojas, pero devoran sus frutos.

De esa gente que no siente el aroma del viento ni el punto cardinal del que sopla, de esos que odian la Tramontana porque es fría y el Poniente porque es demasiado cálido.

Me gustaría tener el don de ver solo aquello que mis ojos ven, de reconocer y formar las imágenes exactas en un cerebro matemático ante las cuales no cabria ni un ápice de duda o incertidumbre. No ver nunca ese otro lado de las cosas.

Creo que, si fuera como ellos, sufriría menos.

Por eso, a veces, me gustaría ser como el resto del mundo.

Pero solo a veces.

Las sufragistas.

Las sufragistas estrenan vídeo nuevo con imágenes reales e históricas que muestran cómo fue su lucha, por todo aquello que pasaron y todo aquello que soportaron para que hoy tengamos los derechos que tenemos, algo que ya nadie parece recordar.

No es solo un vídeo de promoción del libro, eso lo podría haber hecho de cualquier otra forma… teniendo en cuenta que es una historia de amor con capítulos eróticos y con un fondo Queer podría haber jugado con más temas y más fotos, pero creo que era necesario hacerlo así.

Espero que el video os guste y que os animéis a leer el libro.

 

La feminista coñazo.

 

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Creo que ya no es un secreto, porque lo he comentado aunque sea de pasada en redes sociales, que uno de los trabajos que me ocupa ahora, y que me está produciendo muchísima satisfacción personal, es un ensayo sobre feminismo.

Embarcarme en un proyecto así, además, me ha hecho entrar en discusiones y corrientes filosóficas que van más allá de lo puramente coloquial y de las frases hechas, me ha permitido ver el fondo de muchas cosas y de muchos conceptos, algo que realmente es fascinante porque sientes, a medida que escribes, cómo tu mente se va abriendo y absorbiendo todo ese caudal de información.

Pero hay una faceta en concreto que me preocupa.

En los temas de feminismo en redes sociales, la aceptación por parte de muchas mujeres es escasa, por parte de los hombres suele ser nula y en muchos casos es realmente aberrante. Las fotos que he seleccionado de distintos medios son explícitas en el sentido al que me quiero referir.

Y ya no es eso solo, es que a veces se llega a ciertos enfrentamientos verbales, sobre todo en Twitter, o a conversaciones surrealistas, en las que se manifesta una opinión que claramente no es feminista y de forma realmente agresiva por parte de muchas mujeres, sobre todo jóvenes que es lo más preocupante, en la que se rechaza cualquier tipo de feminismo.

Yo misma me he convertido en la feminista coñazo.

He mirado y buscado en todos los foros de internet y en distintas redes sociales, y, generalizando, vamos desde la discusión sobre si hay mujeres que también asesinan a sus maridos, (6 en el año 2013) el famoso “yo no soy machista ni feminista, creo en la igualdad” o desde el ya tan traído y llevado caso de las denuncias falsas (0,010%), con los que las mujeres se empeñan en defender la inocencia del hombre a capa y espada, convirtiéndolos en víctimas, contradiciendo desde a las estadísticas hasta al sentido común, como si ellos no se defendieran bien solitos. Las reacciones de muchas mujeres me han sorprendido, porque soy tan sumamente tonta que doy por hecho que todas las mujeres son feministas.

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Al comenzar a estudiar y a preparar el ensayo puedo darme a mí misma la respuesta de por qué.

Una de las razones principales es que muchas creen haber conseguido ya esa igualdad social y no se sienten para nada discriminadas o bien, creen que ya se ha conseguido todo y que estamos yendo demasiado lejos pidiendo cosas que “discriminan” a los hombres.

Creo que el discurso feminista actual debe renovarse y adaptarse a los nuevos tiempos y la forma en que nos expresamos es una de ellas.

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Si los derechos humanos de la primera ola feminista y los derechos sociales de la segunda ola ya han sido logrados, a nostras nos queda un trabajo tan arduo como el anterior al convertir lo personal en político, algo que ya comenzó en los años sesenta y que sigue en evolución tal como sigue evolucionando la sociedad.

Quizá para muchas mujeres el feminismo está obsoleto porque creen que se han conseguido todos los derechos, que ante la ley es así, lo que no se ha conseguido es tener  ni las mismas oportunidades ni las mismas características para poder ejercerlos por tanto deberíamos pasar ya de la igualdad a la equidad, al equilibrio, cambiando el discurso para hacerlo más acorde con los tiempos que corren.

Otra es la educación. Me sorprende que muchas mujeres no sepan qué es el feminismo.

Brutal pero cierto. No saben qué es y lo asocian a una especie de aquelarre en el que las brujas coñazo como yo quieren quemar a los hombres en piras sociales que nosotras mismas construimos para ello.

Lo peor es que creen que no necesitan saber qué es, no quieren saberlo ni leer a fondo y seguramente si lo hicieran entenderían las cosas al revés porque ahí entra otra cuestión; tienen tan asumido ese rol patriarcal que ellas mismas dan explicaciones post-machistas a las cuestiones que puedan ir surgiendo. Un ejemplo claro, por poner a alguien sobradamente conocido en los medios, es el de Paula Echeverria hace muy poco diciendo que ella no es ni feminista ni machista.

A ver, alma de cántaro, si no eres feminista, eres machista, si no crees en la equidad y la igualdad que es lo que propugna el feminismo, eres machista.

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Imagino que las mujeres que ahora no hacen nada por el feminismo, y para prueba me remito a la movilización contra los presupuestos del estado por parte de colectivos feministas que apenas tuvo eco en muchas mujeres, o las mismas que nos llaman exageradas cuando salen las Femen gritando con las tetas al aire, son las mismas que hace dos siglos se escandalizaban cuando las mujeres pedían el voto o cuando se ataban a las rejas del parlamento británico.

Imagino que tal como ha pasó en aquellos tiempos, serán sus nietas las que se beneficien con la obtención de derechos por los que ellas no han movido ni un solo dedo, tal como ahora nos beneficiamos todas de aquello que nuestras bisabuelas, las locas sufragistas, hicieron en su momento.

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Nos queda un enorme trayecto que recorrer porque no solo hay que pelear porque los hombres cambien de mentalidad, que esa es otra, sino que además hay que reeducar a muchas mujeres en el feminismo en el que parecen no sentirse representadas del todo quizá porque nos miramos demasiado el ombligo y estamos en disputa constante con nosotras mismas sin atacar los problemas sociales que de vedad son una gran amenaza como pueda ser ese cambio social al neoliberalismo que sí nos está machacando y devolviéndonos a etapas que ya creíamos superadas.

El reto continúa, esta lucha nunca ha sido fácil y ahora disponemos de medios globales y de una mayor educación para poder lanzar ideas al viento y que sean recogidas por miles de personas, lo que hay que saber es cómo lanzarlas, como desarrollarlas para que la implicación de las mujeres sea real y no nos quedemos el resto en feministas coñazo pasadas de moda o por lo memos que no nos boicoteen desde dentro, si no es su lucha que nos dejen a nosotras luchar en paz. Sus nietas se lo agradecerán.

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