Los clásicos y la dignidad de un pueblo.

nina peña - politica - articulos

Los acontecimientos de los últimos tiempos, y en concreto de los últimos días, me hacen pensar que los españoles somos una sombra de aquello que una vez creímos que nos representaba como carácter nacional y que se ha quedado presente en la literatura; de aquel Quijote que luchaba contra las injusticias, desfaciendo agravios y enderezando entuertos o de aquellos habitantes de Fuenteovejuna que, todos a una, acabaron con la arbitrariedad del comendador, sus injusticias y sus abusos.

Tendríamos que recurrir a los clásicos para tratar de animar el espíritu patrio de buscadores de justicia, algo soñadores, que siempre hemos tenido.

En apenas un par de días, hemos tenido que ver al presidente del gobierno declarando en la audiencia por corrupción y nos hemos quedado tan anchos.

Sí, algunos hemos protestado, hemos puesto un tweet, un mensaje en Facebook y nos hemos quedado tan tranquilos con nuestra protesta, porque, ¿qué más se puede hacer salvo ejercer el derecho a la pataleta?

También estamos inundando las redes con mensajes de apoyo a Juana Rivas, una masa de gente que ha conseguido convertir el drama de esta señora en Trending Topic mientras ella, en unas pocas horas, pasará a ser fugitiva de la justicia y estará en busca y captura como una delincuente.

Estamos tan acostumbrados al horror que ya nada nos espanta.

Los cientos de casos juzgados por corrupción y los miles de casos de malos tratos machistas en lugar de rebelarnos nos dividen porque siempre hay quienes se quedan en la forma y no en el fondo de estas cuestiones.

Siempre hay quienes son más papistas que el Papa.

Volviendo a los clásicos, nuestro “comendador” particular, como si de Fuenteovejuna se tratara, no ha hecho sino burlarse de nosotros en un esperpento de testimonio y de declaraciones de amnesia que a cualquiera le valdrían una pensión de invalidez, y de paso, pone en duda la honestidad de los ciudadanos como si solo él y su ralea fueran los poseedores del honor y la verdad; es decir, nos ha dejado a todos como tontos al creer que cualquier cosa que diga nos la vamos a tragar, insultando, de paso, la inteligencia de todos quienes vimos aquel simulacro.

Juana Rivas, nuestra Laurencia particular, nos ha restregado por las narices la ley injusta que, a falta de leer y entender todo el proceso judicial, le obliga a poner su vida y la de sus hijos en peligro por el simple hecho de rebelarse contra la violencia y pretender vivir en paz. Nos ha echado en cara la falta de coraje que tienen las instituciones en todo aquello que signifique proteger a las mujeres de la violencia machista y en muy poquitas palabras, de hecho ninguna, está demostrando que aquello que la justicia no es capaz de hacer, lo vamos a tener que hacer las mujeres de la forma que sea y por nuestra cuenta.

La gente, el pueblo, los villanos de Fuenteovejuna, nos hemos quedado tan tranquilos con todo esto porque ¿qué podemos hacer?

Nos conformamos con posicionarnos a favor o en contra de las cosas, de hablar acodados en la barra del bar, o dar “me gusta” en las redes sociales.

No vemos el fondo.

Hasta los seguidores más acérrimos de Rajoy deberían tener en cuenta de que no se puede soportar tener un presidente que es llamado a declarar como testigo en un juicio por corrupción y en el que además dice no acordarse de nada ni saber nada. Las opciones son dos; o lo sabía todo y es un corrupto o no sabía nada y es un incompetente, lo cual en ambos casos le incapacita para seguir ostentando el cargo.

Y seas del partido que seas deberías pensar así.

Que existan personas que justifiquen esta corruptela, que la nieguen a estas alturas, o que te digan tan campantes, “si yo estuviera ahí haría lo mismo” es de una necedad tan brutal que parece mentira que no hayamos evolucionado en nada nuestro espíritu democrático, es más, muestra una involución casi feudal.

Que otros se escuden en frases sin sentido, en denuncias falsas o en lo que sea para defender el derecho de un maltratador a ver a sus hijos negando la evidencia de que ese hombre al que defienden es un tipo con una sentencia firme por violencia machista y que eso lo inhabilita para tener la custodia de los niños, es querer ver solo lo que a uno le conviene y muestra una misoginia brutal no solo a nivel personal sino también a nivel institucional.

El hecho de que quienes mandan, de quienes poseen el poder ya sea democrático o judicial, nos exhorten a cumplir con preceptos y leyes de las que ellos están por encima es no solo injusto, sino que además es una clara muestra de su pensamiento elitista, de su convicción de que están por encima del bien y del mal, de que son una clase privilegiada y llamada a dirigir los designios de una nación, de que estamos para servirlos, para pagar impuestos y callar, de que el pueblo es ignorante, y como tal, se puede abusar o se puede utilizar a su conveniencia.

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Cuando la ley es injusta, todos deberíamos rebelarnos contra ella. Como hizo el pueblo de Fuenteovejuna.

Contra la corrupción, contra la arbitrariedad, contra la violencia, contra las leyes que no protegen pero sí condenan, contra aquello establecido tantos años atrás que se ha quedado anticuado y ya no responde a las necesidades y a la filosofía actual de una nación, contra la degradación de un sistema que nos está oprimiendo como personas, contra la vergüenza de ser un país que solo sale en la prensa extranjera por crisis, escándalos, casos de corrupción, o violencia.

Creo que la mayoría de españoles no nos merecemos esto, de verdad. No nos merecemos la vergüenza que nos toca pasar día sí y día también.

Si de verdad quisiéramos cambiar las cosas, si no estuviéramos tan “aborregados”, solo tendríamos que levantarnos, salir a la calle, declarar huelgas generales indefinidas o desobediencias civiles para tratar de recuperar la dignidad que esta gente nos está quitando, para acabar con todas las injusticias y con todos los fraudes que, como si fuéramos tontos, nos están haciendo tragar, y entonces, como en la obra de teatro, solo cabrían dos posibilidades, o dar por buenos nuestros hechos o matarnos a todos, algo que ya intentaron allá por el 36 y casi consiguieron a partir del 39.

 

 

 

 

 

 

 

 

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4 comentarios en “Los clásicos y la dignidad de un pueblo.

  1. Buenísimo, Nina. Pero habiendo tanta gente aún que los vota y los justifica, ¿qué hacer? Fuenteovejuna fue un éxito porque eran todos contra el comendador. Ahora solo seríamos una minoría… Un saludo

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  2. Es complicado.. muy complicado. Llevamos tanto tiempo de adoctrinamiento y tenemos tan poca madurez democrática que no vemos más allá. Me da miedo pensar lo que un día dirán los libros de historia sobre nosotros…cómo nos juzgarán en el futuro al permitir todo lo que estamos permitiendo no solo en España, sino en Siria, en Venezuela, en Palestina, que dirán de nosotros cuando se hable de refugiados, de guerras y armas… cómo permitimos tanta barbarie y cómo nos quedamos callados ante tantas injusticias. Ya no hay héroes en nuestra sociedad. Lo que pasa aquí es una muestra más de la situación en el mundo y realmente es preocupante. Un besazo Mayte.

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  3. En mi país, este tipo de corruptos se postulan nuevamente, con vía libre para aparecer en listas cuando están procesados por asociación ilícita, negociaciones incompatibles y lavado de dinero. Pero todavía existe gente (mucha) que los sigue, los vota y son parte del sistema como si nada hubiera ocurrido. Esa impotencia que expresas es la que siento al vivir en uno de los países más corruptos del mundo. Pero… ¿qué hacer? Acá sí se sale a las calles, sí se grita y sí se levanta la voz. El problema es el que tú bien planteas: cuando la justicia existe a medias o mira para un solo lado, ¿qué hacemos “aquí abajo”?. Es complicado; por lo menos aquí, “con el poder no se jode” (ya hay varios que han desaparecido solo por revelarse, como si la democracia fuera solo una broma para algunos inocentes que algún día confiamos).
    Iba a plantear lo mismo que ha dicho Mayte. Sigo creyendo que el problema es la materia prima (nosotros, en general). Llegan al poder porque han recibido votos, por el fanatismo, porque no todos tiramos hacia el bien común y la unión sincera. Creo que en vez de avanzar, estamos todos retrocediendo, y me pregunto lo mismo que tú: ¿qué dirán de nuestra época en unos cuantos años? ¿qué les contarán los manuales a nuestros niños y jóvenes?
    Muy buena reflexión, gracias por compartirla.
    Abrazo!

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  4. Gracias por tu comentario Poli. Sin duda estamos en una sociedad donde hay pocos valores en todos sus estratos, pero los que se creen “próceres de las patrias” tienen todavía menos.
    Hay una terrible falta de humanidad y parece que solo vale el capital. De verdad que mires a dónde mires, estamos involucionando en muchos aspectos y el futuro no se plantea mucho mejor… creo que estamos frente a nuevos paradigmas sociales que de momento no tienen respuestas. Un besote.

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