Adelante.

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Cuando me vengo abajo, cuando la vida me da un golpe fuerte, cuando creo que las cosas no pueden ir más que a peor… suelo fijarme en todas aquellas personas que tengo tras de mí, aquellas para las que la vida puede ser una carga insoportable, para las que no hay paz sino treguas, aquellas que aún trabajan todavía más para conseguir la mitad, aquellas que sufren golpes serios e irreparables…

Luego pienso en todas mis metas, en mis hijos, en mi familia, en mis libros y en todos mis sueños que, aunque con mucho esfuerzo, sé que se irán cumpliendo porque no me rindo..
Y sé que no puedo quejarme, que no puedo pararme ni venirme abajo, que tengo que ser fuerte y tenaz, que el mañana está ahí al alcance de la mano, que habrán tiempos mejores y que todo esto solo sirve para hacerme mejor persona de lo que antes era.

Aprendo la lección, aprieto los dientes y tiro para adelante. Creo que llevo toda la vida luchando, por unas cosas u otras, así que.. sigo en la pelea del día a día, en la de superar no solo los obstáculos que la vida puede ponerme sino en superarme a mí misma. El mayor de todos los retos.

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El feminismo como crítica social.

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Cartel conmemorativo de la primera convención por los derechos de la mujer en Seneca Falls, 1848. Aunque se ha avanzado mucho desde entonces en materia de igualdad, la sociedad sigue la misma estructura patriarcal que es lo que de verdad se debe cambiar para que los pilares que nos sustenten sean firmes en justicia y equitativos.

Que los sistemas democráticos en el mundo no son perfectos, es algo que todos, en mayor o menos medida, podemos afirmar, y si no lo son es porque alguien se está quedando al margen de ese sistema que hasta el momento parece ser el único que garantiza una mayor igualdad entre ciudadanos pero que al mismo tiempo, envía a unas minorías a medrar como pueden en la escala social que él mismo crea.

El feminismo se impone no solo como un movimiento de reclamo de los derechos de las mujeres ante la coyuntura actual.

Si en los siglos pasados, en las primeras olas feministas, se abogaba por los derechos de las mujeres, en el nuevo orden mundial, con el viraje a la derecha de la mayoría de políticas y la implantación de un neoliberalismo brutal por parte de los estados cuyo poder se va diluyendo en los consejos de administración de empresas privatizadas y multinacionales, el feminismo se convierte en  necesario como crítica a ese sistema.

El hecho de sacar los trapos sucios a la calle, de convertir en público lo que hace algunas décadas pertenecía al mundo personal e íntimo, nos hace ver no solo la discriminación disimulada hacia las mujeres disfrazada de libertad de elección, sino que nos convierte en las grandes perjudicadas al mantenernos, cómo no, en inferioridad de condiciones.

La crisis social y económica en la que llevamos años sumidos debería dejar paso a una sociedad transformada profundamente en sus bases, sin embargo, el binomio patriarcado-neoliberalismo, deja a un lado a todas las mujeres que volvemos a ser las grandes traicionadas, como en casi todos los movimientos históricos.

Cuando en medio de todo este desastre nacional e internacional las mujeres ocupan mayores porcentajes de paro, desocupación, marginación social y pobreza, se nos habla de libertad sexual cuando se refieren a la prostitución y algunos comienzan a darle vueltas al tema de la gestación subrogada (por decirlo fino) hasta el punto de que muchos utilizan la palabra feminismo y liberación femenina para poder justificar lo que no es sino un uso del cuerpo por parte o bien de los hombres o bien de empresas multinacionales en que la mujer es tratada como un producto de consumo, mercantilizando la maternidad al más puro estilo de la novela distópica de “Criadas y señoras”.

Se impone el feminismo como una crítica a ese sistema, en el que todos somos objetos de consumo o consumidores, en donde todo es factible de comprarse y venderse, en donde no importan más que los balances económicos de las grandes corporaciones y donde las injusticias son disfrazadas de libertades personales.

Se impone un viraje a lo femenino, a abandonar de una vez por todas esta carrera o competición que los hombres llevan manteniendo desde que salieron de las cavernas y en las que las mujeres no tenemos por qué participar de la forma en que ellos nos proponen desde el patriarcado, sino crear una nueva forma, más humana,  de entender el mundo.

Como diría Ana de Miguel, “sin conocer ni debatir la visión feminista del ser humano, no puede haber una transformación profunda capaz de cambiar el rumbo de esta crisis social.”

Tirando del hilo.

nina peña - acoso sexal - mujeres - violencia

Hace unos días comencé este hilo en Twitter sobre la violencia machista y el acoso.

Me costó un esfuerzo comenzarlo, en principio porque era reconocer cosas y hechos que siempre había callado, pero por otro lado, supe que hacer visible esto, hablar de forma coloquial y airear, a los cuatro vientos, situaciones que tantas mujeres hemos vivido, podía ser, a estas alturas de movilización social sobre el tema, algo necesario, algo que alguien debía hacer… y yo, que soy defensora de todas las causas perdidas, me lancé a por una de las más perdidas de todas; la mía.

 

Mi causa perdida es poner siempre la cara para que en muchas ocasiones me la partan… nací yunque.

En esta ocasión no ha sido así.

Ha pasado una semana justa, tal día como hoy comenzaba este hilo, y siguen llegándome comentarios, testimonios y conversaciones por privado en las que me dan las gracias por atreverme a hacer esto y me cuentan su caso.

Casos que no se atreven a contar a nadie.

Porque mis traumas de acosos recibidos, que por otro lado tengo tan superados como para poder contarlos en público y quedarme tan ancha, son casi pueriles si los comparo con hechos escalofriantes, duros, crueles y brutales como me han ido llegando.

Se puede decir que lo mío es tan solo la punta del iceberg y que muchas mujeres, por desgracia, aún no se atreven a contar nada de todo aquello que les sucedió.

Algunas mujeres contaron su historia en el mismo hilo, ampliando así los testimonios.

Y hay una pequeña excepción. Una dolorosísima excepción.

Que alguien se atreva a relatar su agresión, a reconocer una violación, a contar en un relato sencillo y con palabras simples aquellos hechos que la han perseguido de por vida y por los que sigue atormentada sí es una forma de dar la cara, de exponerse, que requiere una valentía excepcional.

Sin duda hay que ser muy valiente.

Os voy a dejar el relato, para que podáis leerlo y para mostraros un alma, pese a todo lo que cuenta, pura y llena de amor.

Pocas personas me han impactado tanto como ella desde el momento que la conocí.

Recuerdo que cuando la abracé me pareció una mujer frágil… y ha resultado ser la mujer más fuerte que he conocido en mi vida.

Estoy deseando darle otro abrazo.

http://laprincesayaseve.com/2017/02/24/tarde-de-domingo/

Mi hilo en Twitter terminó sin que yo acabara de contar todo lo que en un principio me había propuesto contar, pero tras tantos mensajes, tras tantos casos, tanta violencia y tanto dolor, supe que debía dejarlo. No pensé que iba a necesitar tanta fuerza mental para terminar lo que había comenzado.

Hay cosas que duelen demasiado.

Pero sobre todo lo dejé porque lo mío o es nada comparado con todo lo que he sabido, con todo lo que me han contado estos días.

Si al menos pude ayudar a alguien, si hubo mujeres que se sintieron apoyadas o identificadas, si hubo un solo caso de futuros abusos que pude evitar, me doy por satisfecha.

Gracias a todos por haber estar leyendo mi hilo, por ampliarlo, engrandecerlo y por vuestro apoyo.

Necesitamos abrazos.

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Necesitamos abrazos.

Abrazos de esos que hace tiempo que no damos ni recibimos, de aquellos que recordamos con cierto punto de añoranza y que no nos atrevemos a pedir… ni a dar.

Abrazos apretados, muy apretados.

Abrazos de esos que nos alinean las vértebras, de esos abrazos que nos mueven el alma y el cuerpo, de los que van acompañados de pequeños bailes, de besos que hacen ruido, de besos que se repiten y se repiten en las mejillas y que nunca dejan de hacer ese mismo ruido.

Abrazos de madres a hijas, de nietas a abuelas, de padres a hijos, de abuelos a padres, de tias a sobrinos, de primos a primos, entre amigos de verdad.

Abrazos familiares en los que las almas se reconocen.

En silencios que no necesitan palabras porque hablan solos.

Abrazos apretados, de esos en los que no sabes si soltarte o dejarte anclar por la sensación de sentirte querida y en el sitio correcto.

Necesitamos abrazos.

Porque cada día tenemos más miedo al roce, al cariño, a mostrar sentimientos, y dejamos que los días y los meses y los años pasen sin abrazar ni ser abrazados, sin los te quiero silenciosos de los abrazos de verdad, sin reconocer el espíritu bueno de quien nos está abrazando, sin cerrar la herida del alma que no supo abrazar a tiempo.

Necesitamos abrazos. Y silencios.

Para que sea el alma la que hable, para que seamos nosotros quienes escuchemos.

Acoso sexual y violencia.

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También es casualidad que el mismo día que comienzo un hilo sobre acoso sexual y violencia machista, haya un programa en la TV pública que trate este tema y que encima tenga invitados tan, ¿como llamarlo?, “objetivos” como Salvador Sostres, un conocido misógino cuyas parrafadas corren de forma viral por las redes sociales.

También es de narices que en un tema en que las mujeres somos las principales víctimas hayan hombres hablando de él como si tuvieran la más mínima idea de lo que se siente o de lo que significa ser acosada sexulamente.

Me repatea que por el hecho de ser hombres crean saberlo todo incluso lo que en su vida han experimentado. Sobre todo escuchando las perlas como las que el mismo Sostres ha dicho en alguna ocasión.

Aquí os las dejo.