El feminismo como crítica social.

nina peña - mujeres - feminismo - historia
Cartel conmemorativo de la primera convención por los derechos de la mujer en Seneca Falls, 1848. Aunque se ha avanzado mucho desde entonces en materia de igualdad, la sociedad sigue la misma estructura patriarcal que es lo que de verdad se debe cambiar para que los pilares que nos sustenten sean firmes en justicia y equitativos.

Que los sistemas democráticos en el mundo no son perfectos, es algo que todos, en mayor o menos medida, podemos afirmar, y si no lo son es porque alguien se está quedando al margen de ese sistema que hasta el momento parece ser el único que garantiza una mayor igualdad entre ciudadanos pero que al mismo tiempo, envía a unas minorías a medrar como pueden en la escala social que él mismo crea.

El feminismo se impone no solo como un movimiento de reclamo de los derechos de las mujeres ante la coyuntura actual.

Si en los siglos pasados, en las primeras olas feministas, se abogaba por los derechos de las mujeres, en el nuevo orden mundial, con el viraje a la derecha de la mayoría de políticas y la implantación de un neoliberalismo brutal por parte de los estados cuyo poder se va diluyendo en los consejos de administración de empresas privatizadas y multinacionales, el feminismo se convierte en  necesario como crítica a ese sistema.

El hecho de sacar los trapos sucios a la calle, de convertir en público lo que hace algunas décadas pertenecía al mundo personal e íntimo, nos hace ver no solo la discriminación disimulada hacia las mujeres disfrazada de libertad de elección, sino que nos convierte en las grandes perjudicadas al mantenernos, cómo no, en inferioridad de condiciones.

La crisis social y económica en la que llevamos años sumidos debería dejar paso a una sociedad transformada profundamente en sus bases, sin embargo, el binomio patriarcado-neoliberalismo, deja a un lado a todas las mujeres que volvemos a ser las grandes traicionadas, como en casi todos los movimientos históricos.

Cuando en medio de todo este desastre nacional e internacional las mujeres ocupan mayores porcentajes de paro, desocupación, marginación social y pobreza, se nos habla de libertad sexual cuando se refieren a la prostitución y algunos comienzan a darle vueltas al tema de la gestación subrogada (por decirlo fino) hasta el punto de que muchos utilizan la palabra feminismo y liberación femenina para poder justificar lo que no es sino un uso del cuerpo por parte o bien de los hombres o bien de empresas multinacionales en que la mujer es tratada como un producto de consumo, mercantilizando la maternidad al más puro estilo de la novela distópica de “Criadas y señoras”.

Se impone el feminismo como una crítica a ese sistema, en el que todos somos objetos de consumo o consumidores, en donde todo es factible de comprarse y venderse, en donde no importan más que los balances económicos de las grandes corporaciones y donde las injusticias son disfrazadas de libertades personales.

Se impone un viraje a lo femenino, a abandonar de una vez por todas esta carrera o competición que los hombres llevan manteniendo desde que salieron de las cavernas y en las que las mujeres no tenemos por qué participar de la forma en que ellos nos proponen desde el patriarcado, sino crear una nueva forma, más humana,  de entender el mundo.

Como diría Ana de Miguel, “sin conocer ni debatir la visión feminista del ser humano, no puede haber una transformación profunda capaz de cambiar el rumbo de esta crisis social.”

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