El cuento de la criada. Trasfondo.

nina peña - el cuento de la criada - feminismo- mujeres

Este jueves termina la segunda temporada de El cuento de la criada y más de una estamos aguantando la respiración.

Me he tomado la libertad de hacer una reseña, algo casi inédito en mí que no me atrevo a juzgar libros ajenos, porque creo que el libro y la serie, ambos devorados con fruición, tienen un trasfondo en el que más de una/o no ha reparado, y es que no todos llevamos las gafas moradas puestas y para muchos esto no ha dejado de ser o bien una serie de ficción  un libro distópico.

Nada más lejos.

El fondo, las entretelas de serie y libro es una distopia tan brutal, tan verosímil y tan posible que da miedo y asco a partes iguales.

Tanto el libro como la serie inducen a la reflexión, a pensar , a asfixiarnos en su atmosfera irrespirable llena de leyes retrógradas, silencios, soledades, injusticias y brutalidad.  Ambos formatos son fáciles. El libro se lee muy bien, narrado en primera persona, lleno de pensamientos que nos acercan a la vida y a la intimidad de la protagonista y con una cierta dosis de sutil sarcasmo que a veces provoca una sonrisita mal disimulada. En la serie ocurre igual. Esos pensamientos escuchados en off de la protagonista a veces sorprenden por su realismo, por su rebeldía callada, por su forma de intentar mantener la cordura en un mundo que se ha vuelto muy loco.

“Todo lo que tienes que hacer -se dice Defred- es mantener la boca cerrada y parecer estúpida. No puede ser tan difícil”

Hay que conocer el momento histórico en que fue escrito el libro y el momento en que ha sido realizada la serie para entender toda su dimensión.

Cuando Margaret Atwood lo escribió corría el año 1984 y ella vivía en Berlín Oeste. Es imposible no pensar en Orwell y en su novela. En la caída del telón de acero ya tan próxima pero teniendo en cuenta que todavía existían personas que se jugaban la vida tratando de escapar por la frontera, que eran perseguidos por perros y militares armados. Berlín estaba desabastecida.  En el 79 aconteció el accidente nuclear de Three Mile Island y faltaban tan solo dos años para el de Chernóbil… los lugares comunes del libro y la realidad son abrumadores. Es como si Margaret se hubiera inspirado en esa realidad física para situarnos en Gilead. La ficción, menos tangible, sin embargo, también es espeluznante.

“Creo en la resistencia del mismo modo que creo que no puede haber luz sin sombra o, mejor dicho, no hay sombra a menos que también haya luz.”

El cambio climático ha dejado a la mayoría de la población estéril. Los ataques terroristas sumen al país en una dictadura opresiva y paranoica. Así mismo hay un enorme vuelco hacia el fundamentalismo religioso que pretende liberarse de aquellas cosas que considera pecado convirtiendo en leyes todo aquello que no esté en las Sagradas Escrituras,  uniendo, de ese modo, lo que el estado necesita con lo que la religión exige. La sociedad esta profundamente cosificada, los habitantes son silenciosos cumplidores de su deber, sin emociones, reducidos a un engranaje social que ha perdido su humanidad. Hay enfermedades, pobreza, castigos divinos. Nuevas leyes de pureza y de sacrificio… y , como siempre cuando se habla de ello, los ojos de todas las sociedades del mundo a través de la historia miran a la mujer.

Lo que ahora tenemos asumido como libertades o derechos pasan a ser obligaciones. Las mujeres se dividen en castas, diferenciadas por estatus social y  por fertilidad. Dejan de ser libres para convertirse en lo que las mentes pensantes del movimiento quieran.  Hay esposas, criadas, Marthas, Jezabeles, Tías… todas bajo la opresión de los machos alfa, los adinerados hombres que rigen las directrices del nuevo país. La maternidad es obligatoria y se le exige a la mujer el sacrificio por el bien de la República de Gilead. Las sumisas esposas, vestidas de azul, serán las dueñas del bebé que las criadas, vestidas de rojo, alumbren. Pureza y pecado. María y Eva. El binomio favorito de las religiones monoteístas. Las tías se encargaran de los lavados de cerebro, harán de matronas, adoctrinarán en la nueva religión a las mujeres, impondrán castigos para quienes no se sometan.

“Me gustaría creer que esto no es más que un cuento que estoy contando. Necesito creerlo. Debo creerlo. Los que pueden creer que estas historias son sólo cuentos tienen mejores posibilidades”

Lo que resulta espeluznante de este relato es la certeza de que hay temas que en el fondo ya están sucediendo. Si bien la autora del libro conocía a la perfección algunas dictaduras y se basó en ellas para escribir ciertas “leyes”, como la de la maternidad obligatoria que impuso Ceaucescu en Rumanía, el resto nos ofrece temas de candente actualidad: los vientres de alquiler, las mujeres como puro objeto, las violaciones o la imposición social. Estos temas de por sí ya merecerían un trato aparte aunque no tal vez en este artículo. Todos quienes han hecho una reseña del libro o la serie lo han recalcado pero yo quiero ir a unos conceptos que tal vez puedan pasar más desapercibidos.

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Las mujeres son violadas una vez al mes para tratar de concebir un hijo para la pareja estéril y de clase acomodada. Su labor es solo la de ser una vasija, un útero que conciba, geste y alumbre. ¿De qué me suena eso?

Uno es el ecologismo. Todo este deterioro social y la infertilidad es producido por el cambio climático. En el libro las personas a las que no se les puede dar utilidad en la sociedad que pretenden construir son enviados a las colonias, auténticos campos de concentración en los que trabajan para limpiar el país de residuos tóxicos y que suponen la muerte segura en un plazo corto de tiempo. El plantearnos qué estamos haciendo con nuestro planeta y no saber las consecuencias de ello es algo en lo que habría que recapacitar.

Otro punto de vista que me gustaría recalcar es la imposición de miedo, los mecanismos en los que muchos políticos, de hoy y de siempre, se basan para ganar adeptos y hacer leyes que coartan las libertades. Quienes vimos caer en directo las Torres Gemelas somos testigos de como el caos y la sinrazón se puede apoderar del pensamiento de las personas a través de estos mecanismos. De ahí a la xenofobia, al racismo, a la discriminación y a las leyes que coartan la libertad en pos de la seguridad hay solo un paso.

Aprendimos a susurrar casi sin hacer ruido…Aprendimos a leer el movimiento de los labios: con la cabeza pegada a la cama, tendidas de costado, nos observábamos mutuamente.

Y el último es la forma en que el capitalismo y el patriarcado de Gilead consigue enfrentar a las mujeres entre sí para conseguir sus objetivos. Algo que sucede hoy mismo. La gran victoria de este tipo de hombres es lograr que sean las mujeres las que pongan en funcionamiento y obliguen a cumplir las leyes por ellos diseñadas. Son las mismas mujeres las que someten a otras, las que las castigan, las que apedrean a las rebeldes, las que se vigilan, las que se echan culpas unas a otras consiguiendo que las victimas estén de esa forma del lado del opresor… nada de sororidad.  Tanto en el libro como en la serie y en la vida real, el mayor triunfo del machismo es poner a las mujeres unas contra otras.

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El círculo de la culpa. Una mujeres acusan a otras del pecado cometido, la juzgan como culpable y posteriormente también son las mujeres quienes la castigan. El mayor triunfo del patriarcado, tener de su parte a las propias víctimas defendiendo el sistema.

 

Desde mi opinión personal todos deberíamos ver la serie o el leer el libro. Algunos harán como yo las dos cosas. Y cuando lo hagamos deberemos tener la mente en la ficción y los pies en la tierra para poder darnos cuenta de que muchas de las cosas que parecen ficción pueden ser reales, de hecho lo son en muchos lugares y por eso es más terrible e impresiona más todavía, porque como bien dice la tía Lidia “Ahora mismo esto no os parece lo normal, pero dentro de un tiempo lo será”, como si esa frase y esos acontecimientos fueran el presagio de un futuro cercano e inminente.

 

 

 

 

 

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5 comentarios en “El cuento de la criada. Trasfondo.”

  1. Uno de los puntos principales que se pasa por alto es la relación entre el trato a esas mujeres recipiente y el uso que se hace de las hembras, en general. Me refiero a vacas (violadas, obligadas a parir, despojadas de su bebé, “ordeñadas” con máquinas”) y a las gallinas (ciclo alterado de forma brutal obligándolas a poner 1 huevo mínimo al día en lugar de 1 al mes: ciclo acelerado de forma que la producción sea mayor, usadas como mera maquinaria). Hay momentos de la serie en las que aparecen comparaciones con mataderos, y es el paralelismo más evidente.

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