Cuando la tierra habla

nina peña - fosas franquistas - castellon

 

Jamás pensé, cuando comencé a escribir “La memoria de las palabras”, que un libro me podía llevar tan lejos. Al principio se trató de documentarme como hice para otros libros, como “Las sufragistas” en donde podía sacar extensos pdf de internet y ver documentales en YouTube. Era la única forma que tuve entonces para poder bucear en un tiempo que ha quedado muy atrás y del que apenas nos quedan testimonios gráficos puesto que no se disponía de tecnología suficiente.

Con “La memoria de las palabras” los testimonios y los vídeos o reportajes eran más actuales, todavía hay gente superviviente de la guerra que nos ha podido contar en primera persona todo cuanto vivió, hay cientos de libros que nos hablan de aquella época, las fuentes pueden ser tremendamente copiosas, incluso se puede ir descubriendo un tema tras otro, datos desconocidos, historias silenciadas…

También me puse en contacto con el grupo para Recuperación de la Memoria Histórica. Lo primero que se salió de lo normal fue poder asistir a conferencias, una de ellas tan inocente como sobre pedagogía durante la II República. Ya sabéis, Montesori, Freinet, realmente interesante y esclarecedora. Me dejaron libros, charlé con muchos de ellos, he recorrido páginas de sus libros y de sus documentaciones…

Hace tan solo unos días en el cementerio civil de Castellón han comenzado a abrirse las fosas de las personas represaliadas durante la dictadura, y sin pensarlo, le comenté a mi amiga Queta Ródenas, si podía visitarlas. De ahí que diga que nunca imaginé hasta dónde me iba a llevar la documentación de mi libro.

nina peña - fosas franquistas - castellon

 

El impacto fue brutal.

Pero no sé qué me impactó más, si poder ver los restos humanos enterrados de aquella forma en una fosa o poder hablar con las nietas de aquellos hombres que, ahora sí, podrán descansar con su familia.

Sus testimonios, sus lágrimas, su miedo (todavía), sus esperanzas, sus historias, me van a servir para rectificar ciertos capítulos, para añadir instantes concretos, para acercarme más aún a la realidad de aquel momento histórico. Cuando algunos hablan de abrir heridas, de no remover el pasado, no se dan cuenta de que hay heridas que no cierran, duelos que se van heredando, dolores que se quedan crónicos de generación en generación. Hablan de abrir heridas quienes no las tienen. Los demás quieren cerrarlas de una vez por todas, y en ese afán se impone saber la verdad, devolver la dignidad a todas esas personas, reivindicar sus nombres y su verdadera lucha lejos de las proclamas altisonantes y de las frases hechas que a algunos les resultan fáciles de creer porque es más cómodo no plantearse nada.

Cuando me acerqué a la fosa yo solo vi un hombre, una persona, enterrada entre la tierra como si no lo fuera. Vi una vida truncada por la guerra y la sinrazón. Eso vi. No vi venganza ni rabia, vi muerte.

Ahora tengo la tarea de actualizar mi libro, de ponerlo al día con todo lo que me contaron, con todos los sentimientos a flor de piel que aquellas mujeres me hicieron sentir, con las lágrimas que no podían evitar, con los pormenores de una excavación que hasta entonces solo había visto en vídeo, con los detalles sueltos que tratarán de hacer más creíble y real aquellos capítulos que parecen irreales por los acontecimientos que narran.

Lo que sí puedo decir es que, pese a se una novela de ficción y a que los personajes no sean reales, la dura realidad está impregnada en cada línea, dolorosamente plasmada… y quizá hasta me he quedado corta.

Quiero agradecer a todos mis amigos del Grupo por la Recuperación de la Memoria Histórica esta oportunidad, en concreto a Queta Ródenas por su complicidad y a Juan Luis Porcar por sus libros. Al grupo de Whassap y a la web Memoria Histórica por todos los artículos, documentos, opiniones y conversaciones que tenemos con alevosía y nocturnidad. Sois increíbles.

 

2 comentarios en “Cuando la tierra habla”

  1. Nina, me alegro que hayas podido estar entre los familiares de estas victimas del fascismo atroz que padeció este país, me alegro porque te acerca más a la historia de tu libro, me alegro porque nadie mejor que tu para estar allí, por tu sensibilidad y empatia, por tu solidaridad y esfuerzo a que las victimas de hoy en día que no tuvieron la suerte de abrazar a los que están enterrados de semejante forma, indigna y despreciable, denigrante, infame e inhumana, tengan el reconocimiento que merecen en un libro que se acerca tanto a la crónica familiar, estoy segura, de muchos de ellos. Toda mi solidaridad y fuerza para todos ellos. En cuanto a tu libro, creo que todo lo escrito en el esta narrado desde el corazón y de ninguna manera parecen irreales, si es cierto que te puedes haber quedado corta, pero es que debe de ser tan infinitamente duro, tanto más cruel de lo que describes, que a veces no hace falta recrearse tanto en el dolor, sufrimiento y crueldad de los hechos mas deleznables para intuir que aún falta mucho para llegar a la realidad de lo que desgraciadamente sucedió. Un beso guapa, y eres increíble conforme estas y no te resta un ápice de energía y ganas de trabajar. Haber cuando un cafenet en la esquina.

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    1. Ains, cariñet, muchas gracias por tu comentario. La realidad es brutal que te partes en dos; si contarlo todo o dejar que se intuya. Puedes pecar tanto de una cosa como de otra… dicen que la realidad supera la ficción y este es uno de esos casos. Se impone el retoque y el añadido porque los testimonios han sido brutales y hay cosas que no se pueden dejar en el tintero. A ver cuando nos tomamos ese café y te pongo al día… Un besazo.

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