Ídolos con pies de barro

nina peña - barro - muñeco

¿Se puede admirar y detestar a una misma persona? Normalmente admiramos a personas que, bien por su trabajo, su obra o sus características, llegan a nuestros ojos como casi perfectas. Actores, escritores, cantantes, poetas, directores de cine, políticos… la lista puede ser inmensa según cada cuál, pero, ¿y si esa persona a la que admiramos tuviera un lado oscuro, un pasado deleznable, un secreto oculto que, al salir a la luz, nos  mostrara lo más infame de su carácter, su vicio más inconfesable, su más negro carácter o pensamiento?

Hoy las redes sociales se deshacen en loas a Bertolucci, a sus filmes, su carisma como director, sus obras maestras… pocas personas (solo cuatro locas feminazis, como siempre) recordamos El último tango en París no por la tremendísima película que es sino por a tremendísima escena de la violación, antes llamada de la mantequilla.

La sensación es similar a la que siento por Neruda, otro violador que tapaba sus miserias con bellísimos poemas que ahora, me cuesta creer. Podemos citar a Polanski, a Chaplin o Woody Allen, William S. Burroughs o (guardando la distancia) Sánchez Dragó, Picasso, Dali…

Es una pena que tengamos ídolos con pies de barro. Lástima que existan personas que en nombre de su arte o de su fama  se crean más allá del bien y del mal, que sean capaces de justificar una violación por mor de la realidad escénica o que oculten un hijo por vergüenza de una discapacidad o que sean capaces de describir a una mujer violada como “Una belleza fría como la piedra” (algo similar dijo Neruda y en este instante no quiero ni buscarlo ni leerlo).

Es una lástima que las personas que, por su grandísimo talento, su impecable trabajo o sus medios para enamorarnos, sea en la disciplina que sea, no tengan la virtud necesaria para dilucidar cuándo el genio ha de pararse, cuando plasmar la realidad es un delito y una infamia, que el precio de ese genio es demasiado alto si lo ha de pagar otra persona que, oh casualidad, suele ser una mujer.

No. No volvemos a mirarlos de la misma forma. Se nos caen de los pedestales y se hacen añicos estrepitosamente en el suelo, quedando solo como muestra y una huella rota y el pensamiento de que nada cuanto hicieron es ya legitimo ni honorable.

Lástima.

Anuncios

2 comentarios en “Ídolos con pies de barro”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s