Todo cuanto hice

 

nina peña - mujer - triste - espalda

Crecí hacia adentro
rebosando de aguas no potables
que empozoñan el alma de quien intenta beberlo.
Me enredé en los caminos polvorientos del estío,
que rompiendo y serpenteando
llevan de ninguna parte a ningún sitio.
Me inflé de velas llevadas por los vientos
arrastrando la humilde barcaza de mi cuerpo
por los mares truculentos y profundos de mi cerebro.
Crucé los caminos de pinos que tienen los cementerios
para enterrar allí los restos de cuanto me despojé en silencio.
Para dejarlos allí y que descansen
o que tal vez jamás descansen, pero dejarlos allí, como muertos.
Anduve por mis adentros sepultando cuanto creí bueno,
dejando salir de mi vida todo cuanto luego no pudiera echar de menos.
Crecí para adentro, porque afuera la oscuridad reinaba
y gritaba el silencio,
dolía con dolores propios y ajenos la luz de tantos tormentos que
maté y sepulté entre lágrimas,
mientras la vida mecía mis cabellos.

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