Cuando el día del libro era día de hogueras

 

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En el bando republicano también hubo cierta quema de libros aunque en menor medida, pero esta pretendía atacar la propiedad privada no la propiedad intelectual o la difusión de las ideas. La barbarie no conoce bandos.

Un 30 de abril de 1939, apenas un mes de finalizada la guerra, el Sindicato Español Universitario, SEU, celebró con una quema pública de libros el Día del Libro en el año I de la victoria. Miles de ejemplares fueron arrojados al fuego por ser considerados malignos o no exaltar los valores morales del nacionalsocialismo.
El diario ABC publicaba el 2 de mayo sobre la quema de libros en la universidad de Madrid que “El Sindicato Español Universitario celebró el domingo la Fiesta del Libro con un simbólico y ejemplar auto de fe. En el viejo huerto de la Universidad Central –huerto desolado y yermo por la incuria y la barbarie de tres años de oprobio y suciedad –se alzó una humilde tribuna, custodiada por dos grandes banderas victoriosas. Frente a ella, sobre la tierra reseca y áspera, un montón de libros torpes y envenenados (…) Y en torno a aquella podredumbre, cara a las banderas y a la palabra sabia de las Jerarquías, formaron las milicias universitarias, entre grupos de muchachas cuyos rostros y mantillas prendían en el conjunto viril y austero una suave flor de belleza y simpatía. Prendido el fuego al sucio montón de papeles, mientras las llamas subían al cielo con alegre y purificador chisporroteo, la juventud universitaria, brazo en alto, cantó con ardimiento y valentía el himno Cara al sol”.
En el puerto de A Coruña, frente al Club Náutico, los autos de fe, como los llamaban, tuvieron lugar el 19 de agosto. Títulos como Germinal de Zola o La regenta de Clarín fueron confiscados de la biblioteca personal de Casares Quiroga, diputado de Izquierda Republicana, de las bibliotecas públicas, de las escuelas o de otras bibliotecas privadas.
En las zonas conquistadas por los sublevados la quema de libros se impuso de forma violenta y se ordenaba mediante bandos y consignas que llamaban a la condena de los “libros marxistas, los pesimistas, los pornográficos, los de un modernismo exacerbante, los cursis…”. Falange se erigió como órgano censor e impuso sus criterios que fueron mucho más allá de los libros políticos, alcanzando la literatura universal, la poesía o la filosofía y todo aquel libro “pernicioso y envenenador del alma” como eran los libros de pensadores de Rousseau, Marx, Freud o Voltaire.

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EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL SE HA CELEBRADO UN ACTO EN EL QUE SE HAN HECHO LA QUEMA SIMBÓLICA DE LIBROS

En Córdoba el 22 de septiembre se quemaron 5.544 libros. Miles de libros fueron sacados de las imprentas y editoriales, así como revistas o cuadernos literarios. El pensamiento fue clausurado, los editores depurados, los periódicos no afines al nuevo régimen dejaron de existir y las librerías fueron expurgadas, asesoradas sobre los libros que sí estaba permitido poner a la venta y aconsejadas en las directrices a seguir o en la forma en que los libros debían ponerse en los escaparates. Con motivo de la Semana del Libro de 1939 la Cámara del Libro de Barcelona recibió una circular de la Jefatura Provincial de Propaganda de Barcelona, donde se recomendaba los libros que debían exponerse en los escaparates y que decía : “En dichos puestos deberán dar preferencia de colocación a las publicaciones sobre temas del Glorioso Movimiento y singularmente a las de este carácter editadas por el Estado Español en sus distintas denominaciones: Delegación del Estado de Prensa y Propaganda, Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de FET y de las JONS, Ediciones Jerarquía, Ediciones FE, Ediciones Libertad, Ediciones Arriba, Ediciones Destino y Ediciones del Servicio Nacional de Propaganda (…) y será especial cuidado de los libreros, el mantener en sus escaparates estrictamente obras de tipo político, militar, social, etc. Referentes a nuestra Cruzada”. El incumplimiento de dichas normas acarreaba una multa de 500 pesetas de la época.
En Tolosa y en Guipúzcoa la purga tuvo lugar el 11 de agosto del 36. En Sevilla, Queipo de Llano publicó dos bandos, uno el 6 de septiembre y el otro un 23 de diciembre en los que acusaba a los libros de ser marxistas y propagar ideas peligrosas. Mies fueron quemados a raíz de esos dos bandos además de imponer la censura y fuertes multas a los libreros que escondieran “lecturas subversivas”.
L´Ateneu Enciclopédic de Barcelona fue asaltado y más de 6.000 libros en catalán fueron quemados en la plaza pública. En Valencia ordenaron la quema de 50.000 libros, entre ellos una edición no comercializada de Miguel Hernández de la que lograron escapar dos volúmenes gracias a los cuales pudo ser reeditada en 1981. La biblioteca Pompeu i Fabra fue quemada entera en una plaza de Badalona. En el día del libro de los años posteriores a la guerra, se celebraba una misa por el alma de Cervantes y por “los gloriosos escritores españoles caídos en la Santa Cruzada”

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La Comisión Depuradora de San Sebastián en su informe sobre el expurgo de libros señalaba de Pío Baroja que sus libros “constituyen uno de los más mortíferos venenos intelectuales”, de Pérez Galdós que “con su espíritu liberal y con su mal reprimido odio a la Iglesia, mayores estragos ha causado en la sociedad española del pasado siglo y todavía sigue causando”, y del valenciano Blasco Ibáñez decía “que con facultades extraordinarias de escribir ha realizado una labor demoledora e inmoral con todas las producciones”. Fueron retirados títulos como El Libro del buen amor del Arcipreste de Hita, La Celestina de Fernando de Rojas, Diablo mundo de Espronceda, La educación sentimental de Flaubert, Werther de Goethe, Artículos de costumbres de Larra, La rebelión de las masas de Ortega y Gasset, Papa Goriot de Balzac, Sonata de otoño de Valle-Inclán, Poesías completas de Antonio Machado, Nuestro padre San Daniel de Gabriel Miró, La hermana San Sulpicio de Palacio Valdés, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, Los miserables o Nuestra Señora de París de Víctor Hugo, Los pazos de Ulloa de Emilia Pardo Bazán, El fuego de Barbusse, Sin novedad en el frente de Remarque, Los siete ahorcados de Andreiev, Las almas muertas de Gogol, Crimen y castigo de Dostoiewski, Cómo enseña Gertrudis a sus hijos de Pestalozzi, Guerra y paz de Tolstói, o Historia de la civilización española de Rafael Altamira. Todos los de Blasco Ibáñez, varios títulos de Azorín y numerosos de Pérez Galdós y Pío Baroja. El Corsario Negro de Emilio Salgari, Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas, Platero y yo de Juan Ramón Jiménez, Los cuentos de Andersen, o Los viajes de Gulliver de J. Swift. El cuento de Perrault, Caperucita roja se convirtió en Caperucita azul y más tarde, Caperucita encarnada.
Dionisio Ridruejo, escritor de la llamada generación del 36 y jefe de la propaganda fascista durante la guerra, expuso que: “la novela era un género que sólo merecía la publicación si marido y mujer, en un matrimonio legítimamente constituido, podían leérsela el uno al otro sin ruborizarse mutuamente y, sobre todo, sin excitarse”.

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Niños alemanes quemando libros en una plaza de Colonia. 1945-1948. (Photo by European/FPG/Getty Images)

Luego nos preguntamos porque España es uno de los países en que menos se lee…hay una especie de prevención hacia las ideas, de recelo o prejuicio ante el pensamiento desconocido. Nos cuesta abrir la mente a otros conceptos u otras realidades. Durante cuarenta años la mente debía estar cerrada, los pensamientos, los criterios propios y la crítica abolidos y considerados innecesarios para el vulgo que se debía conformar con aquellas enseñanzas que era imprescindibles para su labor y su clase social. El adoctrinamiento religioso en los colegios no pretendía abrir al alma a la fe, si no cerrarla a cualquier otro sentimiento o emoción que no fuera la estrictamente religiosa. Las consecuencias de esto se mantuvieron durante los años inmediatos a la muerte del dictador. La ignorancia, y lo que es peor, ese especie de soberbia que muestra el ignorante sobre su propia cultura, se deja ver todavía en cientos de detalles de los que a este país le cuesta desprenderse. La inteligencia, el criterio, el pensamiento crítico, tanto tiempo cercenado, nos ha dejado la incultura general como parte de nuestra cultura, esa a la que muchos se aferran orgullosos y llaman tradición.

http://www.represura.es/represura_8_febrero_2013_articulo2.html

https://blogdehistoriaderafa.wordpress.com/2017/04/29/la-quema-de-libros-durante-la-guerra-civil-y-la-dictadura-book-burning-during-the-spanish-civil-war-and-the-dictatorship/

 

*Fe de erratas. En mi primera publicación hay un error en la fecha, obviamente, la guerra finalizó en el 39, no en 1936, como puse por equivocación. Disculpadme.

 

Musas: la mujer silenciada.

 

picasso - nina peña - pintorLas musas son unas divinidades griegas que protegían las artes y las ciencias. El término ha seguido actualizándose hasta el punto de que cualquier inspiración que pueda sentir un artista y que favorezca la creación o la composición de una obra parece provenir de ese ser mágico y mitológico. Cuando estamos con la mano rota decimos que nos han abandonado las musas; así de coloquial es el término. Pero además de ese concepto popular hay otro mucho más terrenal, y es el concepto de la mujer como inspiración, como musa de un pintor, un escultor, un escritor…

Su nombre es Dulcinea… su hermosura sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los Imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a las damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos de cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve.
Miguel de Cervantes, Don Quijote, 1,13

 

Puede ser que para muchos una musa sea el principio, el hilo que tomamos con dos dedos y del cual tiramos para desembrollar la madeja del pensamiento. Desde la creación más sentimental y puestos a que casi todas las creaciones tengan como punto de partida la emocionalidad de una forma u otra, hasta las mujeres al escribir podemos tener una musa que nos inspire, sin embargo, este personaje dista mucho de ser ideal e incorpóreo  cuando es el inspirador  en la obra de muchos hombres. Desde Botticelli a Picasso, desde Dalí a Matisse. Desde Dante a Petrarca o Edgar Allan Poe todos han tenido mujeres que han inspirado su obra  que incluso han pasado a la posteridad solo por ese hecho; Gala, Beatriz, Virginia Clemm, Laura de Noves…

simoneta de vespucci - nina peña - musas
Simoneta de Vespucci. Modelo del renacimiento inmortalizada en varias obras.

La mujer podía ser la que inspiraba, la que atraía al hombre para luego destruirlo o salvarlo. La que lo sostenía o lo condenaba. La que lo enviaba a los infernos o le podía mostrar la gloria. En todo caso era el sujeto pasivo que con un gesto leve, con una conducta acorde a su tiempo o a la moral imperante, sin que ella misma fuera libre para tomar un partido u otro, era la que tenia en su mano el extraño poder de dar o quitar glorias, de inspirar grandes obras ya fuera por su amor o por su negación al mismo, ya fuera por su belleza o por su castidad, por su maldad, por sus virtudes o por sus peores defectos.

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Gala, musa inspiradora de Salvador Dalí

Era la actitud pasiva ante la vida, asumida de antemano su nulidad para cualquier otra cosa. La que esperaba a ser pintada o escrita, a verse inmortal a través de una mirada que no es la propia. A construirse según los deseos o las necesidades de los demás, nunca de las suyas. Solo así se explica que durante siglos la mujer haya tenido, también en el arte, la negación rotunda de quien cree dominarlo todo, de quien se cree con poder y autoridad suficiente como para re-crear con su mirada a otro ser.

La mujer, silenciada a lo largo de la historia, se queda inmortalizada en las palabras y en las miradas de otros. Salvadoras de la locuras de los genios. Sumisas mujeres que soportaban la miseria a veces y las humillaciones o infidelidades por mor de un arte supremo. La mujer siempre como centro de las manías, de los traumas, de la “genialidad”. La mujer que puede salvar al genio de sí mismo, diluyéndose en sus pinceles, en su arcilla, en sus músicas o sus palabras.

Mujeres con talento que se quedaban a la sombra, como Camille Claudet tras Rodín y Debussy  o eclipsadas por la envidia, como Eileen Gray arquitecta y feminista cercenada por Le Courbusier. Mujeres sacrificadas como Camille Dondieux, musa, esposa y mantenedora económica en su época más humilde de Monet. Picasso llega a decir  “Yo soy un pintor eterno y para mí la mujer es una máquina de sufrir”. María Teresa de León, escritora, poeta y la primera mujer doctorada en Filosofía y Letras en España, se definía a sí misma como la “cola de cometa de Alberti” mientras que él ni siquiera la nombra en sus poemas. Mujeres como Virginia Wolf o Silvia Plath, con sobrado talento en un momento en que la mujer todavía no podía desarrollar toda su valía pese a intentarlo, ambas prefiriendo el suicidio a la vida terrible de la lucha sin tregua y la enfermedad, algo esto último, que de haber sido hombres, quizá sería llamado genialidad.

virginia clemm poe - nina peña -tumbaEdgar Allan Poe, se enamoró de su prima Virginia Clemm, de tan solo trece años y cuando él contaba con veintisiete. Según dicen fue un enamoramiento más bien fraternal y puramente inspirador que jamás tuvo nada de carnal ya que no consumaron el matrimonio, cosa de lo que más me alegro porque últimamente se me caen mitos en forma de pederastas y es una sensación de lo más desagradable. En todo caso, puedo dar por buena esa inspiración que forjó uno de sus poemas más bellos.

 

Annabel Lee

Hace muchos, muchos años,
en un reino junto al mar,
vivía una doncella
cuyo nombre era Annabel Lee;
y vivía esta doncella sin otro pensamiento
que amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño, una niña ella,
en ese reino junto al mar,
pero nos queríamos con un amor que era más que amor,
yo y mi Annabel Lee,
con un amor que los serafines del cielo
nos envidiaban a ella y a mí.

Tal fue esa la razón de que hace muchos años,
en ese reino junto al mar,
soplara de pronto un viento, helando
a mi hermosa Annabel Lee.
Sus deudos de alto linaje vinieron
y se la llevaron apartándola de mí,
para encerrarla en una tumba
en ese reino junto al mar.

Los ángeles, que no eran ni con mucho tan felices en el Cielo,
nos venían envidiando a ella y a mí…
Sí: tal fue la razón (como todos saben
en ese reino junto al mar)
de que soplara un viento nocturno
congelando y matando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era mucho más fuerte
que el amor de nuestros mayores,
de muchos que eran más sabios que nosotros,
y ni los ángeles arriba en el Cielo,
ni los demonios abajo en lo hondo del mar,
pudieron jamás separar mi alma
del alma de la hermosa Annabel Lee.

Pues la luna jamás brilla sin traerme sueños
de la bella Annabel Lee;
ni las estrellas se levantan sin que yo sienta los ojos luminosos
de la bella Annabel Lee.
Así, durante toda la marea de la noche, yazgo al lado
de mi adorada -mi querida- mi vida y mi prometida,
en su tumba junto al mar,
en su tumba que se eleva a las orillas del mar.

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Petrarca y su amada Laura de Noves

También daremos por buena la inspiración de Garcilaso de la Vega en Isabel Freyre ya que nos ha permitido poseer en lengua castellana uno de los más bellos sonetos de amor del Siglo de Oro.

Soneto V
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

A pesar de que las mujeres somos la mitad de la humanidad hay una mitad de historia de la que estamos exiliadas, de la que formamos parte como meras espectadoras.

“Las obras de Camille Claudel reflejaban la otra mitad de la historia… son obras que probablemente no haría un hombre” nos dice Pilar de Foronda, escultora y directora del ciclo ‘Ni ellas musas ni ellos genios’ que tuvo lugar en el año 2015.

Mujeres que vivieron a la sombra de hombres que las usaron, las eclipsaron, las sedujeron y, en todo caso, formaron una especie de imagen colectiva que iba siempre afirmando la evolución social de la mujer en cada época. Tal vez sea el momento de sacar a la mujer de esa griego pedestal otorgado a las musas y dar luz a su verdadera personalidad, a su verdadera valía y corporeidad.

 

 

Mujeres escritoras. Ernestina de Champourcin

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Ernestina de Champourcin es una de esas poetas casi olvidadas de la generación del 27, ocultas por la oscuridad de toda una época y que no ha tenido el reconocimiento merecido por parte de la sociedad lectora.

Su poesía es sencilla y bella, sosegada, natural. Esencialista y vital dentro de una especie de tristeza que lo envuelve todo. Además de poemas de amor, Ernestina, escribió poemas de contenido social en los que habla de la soledad, de la nostalgia y se acerca de esa forma a la cantidad de poetas que mueren o viven en el exilio. Su labor fue reconocida con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, pero los años de oscuridad e la dictadura, que ocultó a varias generaciones de mujeres ha hecho que su nombre y su obra no sea recordado de la forma que merece por la mayoría de lectores.

 

CARTA AL VACÍO

Es escribir a alguien
o lanzarse al silencio,
a nadar en lo oscuro,
a encender una llama
aunque ahoguen las dudas.
¿Carta a lo que no existe?
Hay buzones alados
que se disparan solos
y un correo sin pistas
ni trayecto seguro.

Eludir el camino
que todos conocemos.
Seguir hacia adelante
ruta de los que intentan
lo que nunca pensaron
y se sienten felices
porque hay algo distinto,
porque se desvanece
de pronto lo que sobra
y no existe el vacío
si queremos colmarlo.

 

AL FINAL DE LA TARDE

Al final de la tarde
dime tú ¿qué nos queda?
El zumo del recuerdo
y la sonrisa nueva
de algo que no fue
y hoy se nos entrega.

Al final de la tarde
las rosas siguen lentas
abriéndose y cerrándose
sin caer aún en tierra.

Al final de la tarde
no vale lo que queda
sino el impulso mágico
de la verdad completa.

 

LA VOZ DEL VIENTO

Búscame en ti. La flecha de mi vida
ha clavado sus rumbos en tu pecho
y esquivo entre tus brazos el acecho
de las cien rutas que mi paso olvida.

Despójame del ansia desmedida
que abrasaba mi espíritu en barbecho.
El roce de tus manos ha deshecho
la audacia de mi frente envanecida.

Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte
del silencio total. Ávida muerte
donde renacen, tuyos, mis sentidos.

Ahoga entre tus labios mi tristeza,
y esta inquietud punzante que ya empieza
a taladrar mi sien con sus latidos.

 

SERÉ TUYA SIN TI

Seré tuya sin ti el día que los sueños
alejen de mi senda tu mente creadora,
el día que tu sed
no pueda limitarse al hueco de mis manos.

¡Seré tuya aún sin ti! Dejaré de merecerte
en la cuna encendida que tejieron mis besos.
Se borrará en tus labios la forma de los míos,
y el cielo de tu vida
tendrá un color distinto al de mi corazón.

Pero sabré ser tuya sin nublar tu camino
con la huella indecisa de mi andar solitario.
Me ceñiré a tu sombra, y anudada por ella,
te iré dando en silencio lo más puro de mí.

¡Con qué amarga dulzura repetiré, ya sola,
esos gestos antiguos que pulió tu mirada!
Me seguirás teniendo igual que me quisiste
y acunaré en secreto tu amor eternizado.

 

SI DERRIBAS EL MURO

¡Si derribas el muro
qué gozo en todas partes!
¡Qué lazo de palabras
se sentirá en la tierra!
Y todo será nuevo,
como recién nacido…
Si derribas el muro
de todas las mentiras
¡Qué júbilo de amor
abierto sobre el mundo!
¡Qué horizonte sin nubes
en la curva del cielo!

Durante la guerra civil española  escribe:
“La noche se hizo carne en tus ojos heridos. ¡Carne de soledad! Qué angustia de caminos empañados en niebla, de sones desvaídos que a nada se refieren, de inútiles designios que tu pupila, inmóvil, no abarcará, vencidos. ¡Qué amanecer a oscuras en tierras sin sentido donde todo es volumen, donde el silencio mismo se hace duro y compacto, donde el roce más nimio desgarra y estremece como un inmenso grito de luz y primavera! –¡Qué sombra de martirio en tu mirar enhiesto que cercaba al destino rompiendo sus contornos, destrozando sus mitos, dejándolo desnudo, sin farsas ni egoísmos!…– La noche para siempre, la noche con su esquivo y vacilante rumbo. Nada puede ya el lino de mis manos abiertas ni su apoyo tendido en el rastro borroso de tu andar indeciso. Nada puede mi voz contra el áspero frío que inundando tus ojos te aísla de lo vivo y te roba la gracia del paisaje encendido del horizonte en fiesta donde todo es camino. ¡No te queda más ruta que la que va a ti mismo!”.

Tres novelas con nombre de mujer.

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La narrativa contemporánea se denomina al tipo de literatura que comprende un periodo de entre mediados del s. XIX hasta nuestros días. Son periodos sin duda cargados de importantes cambios sociales y de grandes acontecimientos históricos, comprendiendo desde la Revolución Industrial, las dos Guerras Mundiales, en España la Guerra Civil, la caída del comunismo, el auge del capitalismo…
La narrativa ha de reflejar necesariamente los cambios sociales, políticos y culturales acaecidos en tan gran periodo de tiempo convirtiéndose en una forma de resaltar las desigualdades sociales y poner en duda todo un sistema comúnmente aceptado hasta entonces. Se busca romper con los conceptos y modelos utilizados y mostrar una realidad objetiva.
La mujer, en esta etapa está representada en innumerables obras, pero en todas ellas desde la mirada del hombre, desde su posición social o su pensamiento, con lo que parece carecer de voz propia hasta llegar al siglo XX en que las mujeres comienzan a acceder a la publicación de sus propias obras. Si hay tres novelas con nombre de mujer en la historia de la literatura universal son, sin duda, Ana Karenina (1877), Madame Bovary (1856) y La regenta (1885). Para mí, personalmente, son obras cumbre de sus autores y de su pensamiento además de un claro reflejo de la sociedad de la época, y sin embargo, arrastran tras de sí el hecho de ser escritas por hombres en una momento en que el feminismo estaba todavía en pañales. Sus autores, nacidos entre 1821 y 1852 retratan a una mujer que no es dueña de su destino, que no tiene poder de decisión sobre su vida y que está sumergida de una forma u otra en lo que la sociedad espera de ella en distintas facetas de su existencia. Salvo Tolstoi, de clara ideología anarquista, tanto Flaubert como Clarín están a salvo de cualquier tipo de idea feminista entre otras cosas porque el feminismo como tal todavía no estaba asentado. La única obra que pudieron conocer fue la Vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft, escrita en 1792.
Cabe resaltar que estos autores se mueven en un espacio tiempo literario formado por el realismo, naturalismo y romanticismo, algo que a priori parece difícil de combinar. Quizá por ello en sus obras hay una mezcla de realidad, pensamiento quimérico e imposible de sus protagonistas y al mismo tiempo la objetividad social más dura sin caer en ninguna contradicción porque si bien el realismo está considerado padre del naturalismo, ambas corrientes se dan de bofetadas con el romanticismo, caracterizado en estas obras por esa lucha que las protagonistas tienen al tratar de encontrar su libertad y el amor por encima de una realidad obtusa que las condena a ser infelices en pos de una conveniencia social o de un estatus al que pertenecen o al que quieren pertenecer.
Ana Karenina se nos muestra como una mujer de gran integridad moral, mártir de un tiempo y de un mundo injusto. Quizá Tolstoi la quiso describir como una heroína capaz de desafiar al mundo y de dar la vida por su pretensión de ser libres y de poder elegir a quien amar y quizá se puede hacer la lectura contraria y ver a Ana como una mujer infiel que necesita ser castigada por ello con el dolor de perder a su hijo, al que abandona, y de dar la vida como castigo supremo al pecado de dejarlo todo para poder vivir un amor a plenitud en brazos de un amante. Cualquier interpretación puede ser considerada correcta dependiendo de quien la lea y de su pensamiento. Lo que es obvio es que Karenina desafía a la moral y a la sociedad de una época defendiendo que el amor y la libertad está por encima de cualquier convencionalismo social impuesto.
Clarín, en La regenta, retrata la moral de una España católica y conservadora en la que la mujer está manipulada por la iglesia y por la sociedad, además con el mito del amor romántico y del conquistador que ve a la mujer como un trofeo a conseguir. Por otro lado, el rol de la madre de don Fermín, doña Paula, se muestra como la mujer codiciosa, la madre abnegada y estandarte de la moral católica femenina que usa como arma que le otorga poder; ese poder moral y religioso que era el único poder que una mujer podía ostentar sobre los demás, cumpliendo casi a rajatabla el concepto que años después postuló Simone de Beauvoir en su concepto de misticismo.
Clarín, pese a tener textos verdaderamente misóginos, cabe recordar que estuvo en una relación, polémica en su momento, con Pardo Bazán que quizá le pudo abrir esas compuertas mentales. En La regenta plantea determinismos biológicos, como la maternidad frustrada de Ana Ozores, para justificar su caída en desgracia y ese comportamiento adúltero, convirtiendo lo que en realidad son conflictos sociales y personales de la protagonista en una suerte de enfermedad mental.
En Madame Bovary, una lectura rápida nos puede mostrar a una mujer egoísta, llena de imaginaciones pueriles sobre el amor, capaz de manipular y utilizar a su marido para lograr sus fines, una especie de “Antoñita, la fantástica” a la francesa.
Emma Bovary acumula amantes y deudas. Se casa por interés con un hombre fácil de manejar, inocente hasta el punto de ser estúpido y que, sin embargo, pese a su inutilidad, es el valedor moral de la novela. Emma desprecia el sistema que le impide vivir a su manera sin darse cuenta de que es ese mismo sistema el que le ha puesto en su mente tanto las barreras que ella pretende saltar como las ideas que sueña con cumplir.
La libertad sexual, la lucha por pertenecer a las clases sociales altas que ya estaban desarrolladas en aquel momento, el consumo masivo, la abundancia económica y la multitud de libros románticos que lee y que le crean una visión distorsionada de sí misma, es, con pocas diferencias tecnológica, lo mismo a lo que muchas mujeres se enfrentan en el s.XXI aunque esta obra fuera escrita en 1856.
Quizá porque la sociedad se sigue enfrentando a problemas muy similares y porque la situación de la mujer, aunque mucho más mejorada y ampliada en derechos, sigue siendo desigual en cuanto a avances sociales de fondo, estas obras siguen teniendo vigencia hoy en día. Quizá sean clásicos de la literatura porque su filosofía más profunda sigue siendo actual aunque haya cambiado la coyuntura social de la época.