Musas: la mujer silenciada.

 

picasso - nina peña - pintorLas musas son unas divinidades griegas que protegían las artes y las ciencias. El término ha seguido actualizándose hasta el punto de que cualquier inspiración que pueda sentir un artista y que favorezca la creación o la composición de una obra parece provenir de ese ser mágico y mitológico. Cuando estamos con la mano rota decimos que nos han abandonado las musas; así de coloquial es el término. Pero además de ese concepto popular hay otro mucho más terrenal, y es el concepto de la mujer como inspiración, como musa de un pintor, un escultor, un escritor…

Su nombre es Dulcinea… su hermosura sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los Imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a las damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos de cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve.
Miguel de Cervantes, Don Quijote, 1,13

 

Puede ser que para muchos una musa sea el principio, el hilo que tomamos con dos dedos y del cual tiramos para desembrollar la madeja del pensamiento. Desde la creación más sentimental y puestos a que casi todas las creaciones tengan como punto de partida la emocionalidad de una forma u otra, hasta las mujeres al escribir podemos tener una musa que nos inspire, sin embargo, este personaje dista mucho de ser ideal e incorpóreo  cuando es el inspirador  en la obra de muchos hombres. Desde Botticelli a Picasso, desde Dalí a Matisse. Desde Dante a Petrarca o Edgar Allan Poe todos han tenido mujeres que han inspirado su obra  que incluso han pasado a la posteridad solo por ese hecho; Gala, Beatriz, Virginia Clemm, Laura de Noves…

simoneta de vespucci - nina peña - musas
Simoneta de Vespucci. Modelo del renacimiento inmortalizada en varias obras.

La mujer podía ser la que inspiraba, la que atraía al hombre para luego destruirlo o salvarlo. La que lo sostenía o lo condenaba. La que lo enviaba a los infernos o le podía mostrar la gloria. En todo caso era el sujeto pasivo que con un gesto leve, con una conducta acorde a su tiempo o a la moral imperante, sin que ella misma fuera libre para tomar un partido u otro, era la que tenia en su mano el extraño poder de dar o quitar glorias, de inspirar grandes obras ya fuera por su amor o por su negación al mismo, ya fuera por su belleza o por su castidad, por su maldad, por sus virtudes o por sus peores defectos.

gala - dalí - nina peña
Gala, musa inspiradora de Salvador Dalí

Era la actitud pasiva ante la vida, asumida de antemano su nulidad para cualquier otra cosa. La que esperaba a ser pintada o escrita, a verse inmortal a través de una mirada que no es la propia. A construirse según los deseos o las necesidades de los demás, nunca de las suyas. Solo así se explica que durante siglos la mujer haya tenido, también en el arte, la negación rotunda de quien cree dominarlo todo, de quien se cree con poder y autoridad suficiente como para re-crear con su mirada a otro ser.

La mujer, silenciada a lo largo de la historia, se queda inmortalizada en las palabras y en las miradas de otros. Salvadoras de la locuras de los genios. Sumisas mujeres que soportaban la miseria a veces y las humillaciones o infidelidades por mor de un arte supremo. La mujer siempre como centro de las manías, de los traumas, de la “genialidad”. La mujer que puede salvar al genio de sí mismo, diluyéndose en sus pinceles, en su arcilla, en sus músicas o sus palabras.

Mujeres con talento que se quedaban a la sombra, como Camille Claudet tras Rodín y Debussy  o eclipsadas por la envidia, como Eileen Gray arquitecta y feminista cercenada por Le Courbusier. Mujeres sacrificadas como Camille Dondieux, musa, esposa y mantenedora económica en su época más humilde de Monet. Picasso llega a decir  “Yo soy un pintor eterno y para mí la mujer es una máquina de sufrir”. María Teresa de León, escritora, poeta y la primera mujer doctorada en Filosofía y Letras en España, se definía a sí misma como la “cola de cometa de Alberti” mientras que él ni siquiera la nombra en sus poemas. Mujeres como Virginia Wolf o Silvia Plath, con sobrado talento en un momento en que la mujer todavía no podía desarrollar toda su valía pese a intentarlo, ambas prefiriendo el suicidio a la vida terrible de la lucha sin tregua y la enfermedad, algo esto último, que de haber sido hombres, quizá sería llamado genialidad.

virginia clemm poe - nina peña -tumbaEdgar Allan Poe, se enamoró de su prima Virginia Clemm, de tan solo trece años y cuando él contaba con veintisiete. Según dicen fue un enamoramiento más bien fraternal y puramente inspirador que jamás tuvo nada de carnal ya que no consumaron el matrimonio, cosa de lo que más me alegro porque últimamente se me caen mitos en forma de pederastas y es una sensación de lo más desagradable. En todo caso, puedo dar por buena esa inspiración que forjó uno de sus poemas más bellos.

 

Annabel Lee

Hace muchos, muchos años,
en un reino junto al mar,
vivía una doncella
cuyo nombre era Annabel Lee;
y vivía esta doncella sin otro pensamiento
que amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño, una niña ella,
en ese reino junto al mar,
pero nos queríamos con un amor que era más que amor,
yo y mi Annabel Lee,
con un amor que los serafines del cielo
nos envidiaban a ella y a mí.

Tal fue esa la razón de que hace muchos años,
en ese reino junto al mar,
soplara de pronto un viento, helando
a mi hermosa Annabel Lee.
Sus deudos de alto linaje vinieron
y se la llevaron apartándola de mí,
para encerrarla en una tumba
en ese reino junto al mar.

Los ángeles, que no eran ni con mucho tan felices en el Cielo,
nos venían envidiando a ella y a mí…
Sí: tal fue la razón (como todos saben
en ese reino junto al mar)
de que soplara un viento nocturno
congelando y matando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era mucho más fuerte
que el amor de nuestros mayores,
de muchos que eran más sabios que nosotros,
y ni los ángeles arriba en el Cielo,
ni los demonios abajo en lo hondo del mar,
pudieron jamás separar mi alma
del alma de la hermosa Annabel Lee.

Pues la luna jamás brilla sin traerme sueños
de la bella Annabel Lee;
ni las estrellas se levantan sin que yo sienta los ojos luminosos
de la bella Annabel Lee.
Así, durante toda la marea de la noche, yazgo al lado
de mi adorada -mi querida- mi vida y mi prometida,
en su tumba junto al mar,
en su tumba que se eleva a las orillas del mar.

petrarca - nina peña
Petrarca y su amada Laura de Noves

También daremos por buena la inspiración de Garcilaso de la Vega en Isabel Freyre ya que nos ha permitido poseer en lengua castellana uno de los más bellos sonetos de amor del Siglo de Oro.

Soneto V
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

A pesar de que las mujeres somos la mitad de la humanidad hay una mitad de historia de la que estamos exiliadas, de la que formamos parte como meras espectadoras.

“Las obras de Camille Claudel reflejaban la otra mitad de la historia… son obras que probablemente no haría un hombre” nos dice Pilar de Foronda, escultora y directora del ciclo ‘Ni ellas musas ni ellos genios’ que tuvo lugar en el año 2015.

Mujeres que vivieron a la sombra de hombres que las usaron, las eclipsaron, las sedujeron y, en todo caso, formaron una especie de imagen colectiva que iba siempre afirmando la evolución social de la mujer en cada época. Tal vez sea el momento de sacar a la mujer de esa griego pedestal otorgado a las musas y dar luz a su verdadera personalidad, a su verdadera valía y corporeidad.

 

 

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