El fluir de los libros

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Muy a menudo me ocurre que veo listas de libros y hay algunos que sigo teniendo en pendientes, que llevan ahí desde hace mucho tiempo, que llevo quizá años pensando en ellos y sé que, sí o sí, me los tengo que leer alguna vez.

Yo, que no es que sea supersticiosa, pero que hago caso de las señales del universo, los dejo correr, dejo que fluyan y sé que llegarán a mí algún día, cuando esté preparada para ellos, porque no nos equivoquemos, por más que nos hayan recomendado libros y autores, por más que una sepa que los hay imprescindibles y más si pretendes ser escritora, el libro también nos elige a nosotros.

Hoy tenía preparada una lista de diez libros imprescindibles, pero lo que son las cosas, con los textos que escribimos pasa como con los libros, nos eligen ellos.

Os voy a contar una anécdota.

Corría el año 1984,  mis papis eran socios de Círculo de lectores y yo era una pitufa que miraba con avidez las páginas de su catálogo y copiaba las listas de éxitos de la súper-pop porque soñaba con ser escritora.

Sí, un sueño largamente acariciado, como veis.

Entre las páginas de aquellos catálogos había un libro que me llamaba poderosamente la atención: “El tambor de hojalata” de Günter Grass.

Por supuesto se me quedó clavado en algún sitio de la memoria, pero como no tenía por aquel entonces ni derecho a opinar sobre libros ni claras las prioridades, estuvo años en el catálogo sin que me decidiera a comprarlo ni a leerlo.

Pasó el tiempo. El libro siguió en el limbo de los libros nunca comprados pero siempre queridos, me alejé y me acerqué a mi sueño un millón de veces, dejé que el destino marcara mis influencias lectoras y tras muchos años, por fin pude escribir y publicar mi primer libro.

Lo curioso es que siempre lo tuve en la memoria, siempre se quedó ahí dentro.

Luego comenzó lo extraño.

Lo buscaba y no lo encontraba. Os vais a reír, pero es cierto.

Entraba en librerías y no lo veía, aunque tampoco se me ocurrió pedirlo para que me lo trajeran, soy así de trasto.

En el catálogo de Círculo de lectores, del que ahora soy socia yo, ha dejado de salir hace tiempo.

Hasta hace bien poco en mi ciudad no había ni una sola librería de libros de segunda mano en la que localizar algún ejemplar perdido.

El libro se esfumó, simplemente. Me huía.

Y de repente un día me voy con mi primer libro publicado debajo del brazo a hacer los madriles, casi ná.

Iba a presentar mi primer libro en la capital. Yo, una desconocida, solita por Madrid, con una bolsa de piel roja en la que llevaba todos mis sueños en formato papel y que pesaban como una cruz.

Fui, presenté mi libro, del que vendí tres ejemplares, con un público reducido a tres personas en una mesa tomando una copa de vino y charlando de gatos y sin perder la sonrisa, porque a positiva a mí no me gana nadie y la verdad es que lo pasé muy bien, me volví arrastrando la bolsa casi tan pesada como lo había sido en la caminata de ida.

Por el camino, la provinciana que llevo dentro y que siempre aflora cuando estoy en grandes ciudades, divisó, oh maravilla, una librería de segunda mano en la calle Princesa y ante mí, en primera línea de exposición callejera estaba él.

“El tambor de hojalata” de Günter Grass y a un módico precio de tres euros.

Por supuesto entré y lo compré.

Lo tomé como una buena señal, de esas que a veces nos da el universo cuando “conspira para que nuestros sueños se hagan realidad”.

No podía ser casualidad encontrarlo en ese momento, a esas alturas de mi vida, después de la primera bofetada que el mundo literario me daba en toda la cara.

Ya os he dicho que a positiva no me gana ni Dios.

Ahora sé que el libro me eligió a mí porque desde luego no habría estado preparada para él si lo hubiera leído antes, si lo hubiera comprado con 14 años o con 25.

Hay cosas para las que una solo está preparada cuando le han llovido bastantes ostias y puede tomarse la vida con ironía, reírse del dolor y empatizar con los seres más extraños porque sientes que hay algo, no sabes el qué, que te une a ellos.

Creo que no hubiera podido ni siquiera entenderlo antes y la narrativa de Grass, que sigue siendo complicada, me hubiera espantado para siempre mi sueño de escribir.

Hay autores que tienen tal maestría, que resulta imposible no darte cuenta de que nunca llegarás hasta ahí. Que te muestran tus propias limitaciones y que te hunden en la mediocridad, en saberte mediocre, en aceptar que vaya, nunca te van a dar el Nobel.

Pero al mismo tiempo, te influyen para ser mejor, para superarte, para estudiar, investigar, leer, crecer. Escribir, romper y seguir escribiendo. Tratar de salir de esa imperfección que te han mostrado que posees, mejorar, tratar de excederte a ti misma, no dejarte vencer ni sentirte derrotada.

Y no porque a base de superarte logres grandes metas, tengas éxito y hagas realidad tus sueños, que pueden ser muy locos e improbables, sino porque el mayor éxito que puedes tener, es superarte, mejorarte, aprender a vencer los obstáculos que la vida ha ido poniendo entre tú y tus sueños, y que de esa forma, aunque no se obtenga un reconocimiento público, el éxito personal y con él la felicidad, está asegurado.

Este verano leí “El rodaballo” y me convenzo que nunca estaré a esas alturas, pero todo lo que aprendo y todo lo que disfruto es ya, para mí, un exitazo.

Bueno, el artículo con los diez  libros imprescindibles, tendrá que esperar. Los textos, como los libros, no tienen dueño y fluyen, para aparecer en el momento menos pensado… y quizá el más necesario.

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Autoedición, coedición y edición. ¿De qué va esto?

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Bueno, ya tienes tu libro terminado y ahora se abre ante ti un mundo infinito de formas de publicarlo.
Las editoriales florecen por doquier, nunca ha sido más fácil que ahora publicar un libro y la posibilidad de los eBooks te permiten llegar a lugares donde ni siquiera te habías imaginado… pero, realmente, ¿sabes qué hacer con tu libro?
Lo que haces es plantearte cómo lo quieres publicar, si en formato tradicional o en electrónico o quizá en ambos, pero te encuentras que, en todo caso, hay cientos de editoriales que, ¡oh sorpresa! están dispuestas a publicarlo, a correr el riesgo, a apostar por ti y por tu talento.
Bueno, voy a ponerte los pies en la tierra y a desentrañar cómo funcionan esas editoriales que se están pegando por publicar tu libro y esos métodos nuevos de publicación que están a tu alcance.
Primero que nada mira el nombre de la editorial. Si es Planeta adelante… si no es Planeta pero su sello está en todas las librerías que has visitado, está publicando con escritores que ya se han hecho un hueco y van adquiriendo prestigio, también adelante. Si no es así, probablemente, te conviene seguir leyendo.
Has de tener en cuenta de que el mundo editorial ha evolucionado y la versión romántica y bohemia del editor y del escritor es algo que se ha quedado en la literatura. Ahora las editoriales son negocios, son empresas que quieren obtener beneficios, algo que es obvio, y que aunque creas que apuestan por el arte, no publican por amor al arte.
Es lo que yo llamo vivir del cuento y no de la literatura.
Esas editoriales te proponen un modelo de publicación que, ante la disyuntiva de tener que hacerlo tú casi todo, comienzas a pensar si no sería mejor autopublicarse.
Por eso, porque posiblemente ante tanta información cruzada, tanta promesa y al mismo tiempo tantos comentarios como lees en redes sociales sobre casos “extraños” la autopublicación te parece un buen recurso.
Voy a desgranarte en qué consiste todo eso.

AUTOPUBLICACIÓN

Como su propio nombre indica, te lo vas a tener que publicar tú mismo. Buscar una imprenta, maquetar el libro, corregirlo, hacer la portada, revisar las pruebas de imprenta, hacerte cargo del IBSN y del DL, asumiendo los costes de todo.
Si has pedido presupuestos sabrás cuánto cuesta una buena corrección, una buena portada y maquetación, cuanto es el coste por libro en una imprenta. Si tienes cash, perfecto, adelante.
Pero antes piensa que cuando esté el libro impreso, ya en tus manos deberás asumir la distribución, el marketing, la promoción… ahí es donde puede que tengas dificultades si pretendes hacerlo tú todo y solito, porque posiblemente no tengas los contactos necesarios, no conozcas los canales de distribución ni sepas de marketing como para tener una buena estrategia. (No, tres spam en Facebook no es marketing)

 

COEDICIÓN

Bien, visto que autopublicar en formato tradicional no es tan fácil como lo pintan comienzas a barajar la posibilidad de la coedición.
La coedición consiste en publicar tu libro corriendo a medias con los gastos tu y la editorial maravillosa con la que te pusiste en contacto vía email una vez y te ha llamado trescientas veces para ver si cerráis el contrato.
La coedición te ofrece la impresión, el trámite de IBSN y DL, la promoción del libro, la distribución en librerías y la venta en su extenso catálogo de libros online. Ellos ponen una parte del dinero y tú la otra, en concreto tú pondrás un 50%, pero posiblemente en el contrato te ofrezcan un 45% de los beneficios, con lo cual las cifras comienzan a no cuadrarte.
Además, la portada, la maquetación y sobre todo la corrección te las van a querer cobrar aparte porque eso ya no pertenece propiamente a la parte editorial sino que debería llegar el libro ya corregido, bien maquetado y a poder ser con una portada fantástica en la que ellos se van a limitar a poner su sello.
Pero bueno, como te prometen una buena distribución, aún sopesas esa posibilidad. Te prometen también una cantidad increíble de libros, tal vez 500 en la primera edición.
Piensa. Si tienen tan gran distribución, si llegan a 300 librerías de forma presencial más su web… ¿cuántos libros van a dejar en ellas? ¿Dos ejemplares? Algo no concuerda.
Lo más posible es que no te impriman esos 500 libros o que no tengan esa inmensa red que dicen tener. Quizá ambas cosas.
La coedición es, para mí, la peor opción de todas, porque tú vas a poner no solo el libro del que eres autor sino un inmenso trabajo (recuerda que te vas a encontrar con 500 libros para vender) para tener que dividir las ganancias.

 

EDITORIALES

Aquí hay partes muy diferenciadas. Porque aunque sean editoriales no todas funcionan de la misa forma.
Ante todo, una editorial va a correr con todos los gastos del libro, va a apostar por ti pero no todas las que te dicen eso van a cumplirlo del todo, así que por experiencia propia, voy a darte las claves para que sepas con quien te puedes encontrar.
– Desconfía de aquellas que te pidan dinero, eso sería coedición aunque no te lo digan.
– Desconfía de aquellas que te dicen que vas a estar en toda España, en las mejores redes de librerías y en las más conocidas. No suele ser así.
– Desconfía si te ponen un número elevado de ejemplares para la primera edición y en el contrato te ponen clausulas como que tú has de hacer frente al pago de los ejemplares devueltos de depósito o del stock.
– Desconfía si te hacen firmar un contrato sin fecha de finalización en los derechos de autor.
– Desconfía si el pago de los derechos de autor no es en dinero contante y sonante y pretenden pagarte con ejemplares de tu propio libro del que, por cierto, no contemplan ofrecerte ningún ejemplar de cortesía.
– Desconfía si te están prometiendo todo aquello que soñaste alguna vez. Posiblemente no sea cierto y estén jugando con tus ilusiones.
– Desconfía si no te preparan presentaciones en tu ciudad o sí te exigen que estas no sean en ninguna librería de prestigio para poder tener más margen de beneficios.
Y a estas alturas te estarás preguntando en quién puedes confiar, y hasta tal vez comiences a mirar tu libro con rencor.
Confía en ti y en tu instinto. Si en una entrevista ves algo raro o detectas una adulación o grandilocuencia que no corresponde, posiblemente te están dorando la píldora.
Confía en una editorial que te desgrane punto por punto los gastos que ellos asumen y los porcentajes de beneficios para todas las partes, eso incluye la imprenta que se lleva ya un 30% del precio del libro y las librerías que se llevan otro 30%, lo cual deja apenas un 40% de beneficio para ti, para la editorial y al que hay que restar los gastos de editorial, tales como la obtención de IBSN y DL, maquetación, portada, una última corrección y edición. He dicho última corrección, el libro ha de estar corregidísimo cuando llegue o ningún editor lo leerá.
Puedes confiar en quien te hable de lo difícil que es vender, en quien te proponga un número concreto de ejemplares que como mucho serán 100, en quién te proponga librerías con nombre y dirección aunque sean pocas, y sobre todo, confía en quien te diga que va a trabajar contigo codo a codo, proponiéndote presentaciones, charlas, acciones concretas donde tú puedes ir con tus libros, quédate con quien te diga que vas a tener que mover el culo y promocionar tu propio libro, que vas a estar en las ferias del libro de tu ciudad y en los pueblos colindantes pero no en el Retiro ni en las Ramblas.
Todo eso es el mundo real y así están funcionando pequeñas editoriales que apuestan por autores noveles, casi desconocidos en sus propias ciudades, desconocidos por completo para el resto del mundo.
Es el primer paso para publicar, para darte a conocer y para tener tu libro en las manos.
Que vayas a más va a depender de ti, de tu talento y de tu trabajo, pero esa editorial, es el mejor trampolín que tienes para comenzar a publicar en papel y cumplir el sueño de ver tu nombre en las estanterías de tu librería favorita.

Articulo publicado en la web de la editorial Acen Editorial, desde la cual puedes adquirir mis libros en el formato tradicional de papel.

https://aceneditorial.es/autoedicion-coedicion-edicion-va/#.WXcwaqfk5Mg.facebook

https://aceneditorial.es/libro/rosa-los-vientos/

https://aceneditorial.es/libro/huelen-las-nubes/

 

El concurso Amazon y el sueño americano.

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Que los escritores, o autores, somos personas que vivimos en nuestro mundo peculiar en el que nos sumergimos constantemente, no es nada nuevo.

Al margen de peculiaridades y excentricidades que solo los grandes se pueden permitir porque para ellos es parte de su genialidad mientras que para el resto sería síntoma de enfermedad mental, hay algo que nos une a todos, o a casi todos: el ego.

Tenemos un ego exacerbado, nos encanta mirarnos el ombligo, acariciarlo, y ser nosotros mismos quienes se empeñen en sacar sus pelusitas, algo que si hacen los demás nos hace entrar en cólera o en pánico, dependiendo del tamaño del ego en cuestión.

Lo del concurso Amazon es una muestra de ego descomunal donde quién más y quién menos, está metido hasta las trancas por el simple hecho de opinar o de comprar determinado libro. En mi vida había visto zancadillas, groserías, maldades, pleitos, envidias, puñaladas traperas, comentarios malintencionados y mala baba como la que estoy viendo en el concurso de este año.

Hasta la misma plataforma Amazon está tocando las “webs” de sus autores quitando ediciones en papel, comentarios de compras verificadas, ha tardado más de 15 días en completar la lista de concursantes, anunciaba preventas que luego quedaban fuera de concurso…

Autores que no tienen en común ni siquiera el género, se enzarzan en disputas por un comentario, por una estrella, por una promo o por una portada.

Ni decir tiene que estoy tan ojipláctica que no me presento a ese concurso en mi vida.

Se puede ganar visibilidad, cierto, y me consta (de hecho lo sé cierto porque tengo a muchos amigos que llevan tiempo publicando, escriben de perlas y están concursando), que muchos autores lo hacen exclusivamente por eso, por visibilidad y ganar lectores, para que sus libros sean leídos, porque, como todos sabemos, los concursos son de todo menos justos y aunque su base sea tan frívola y objetiva como las ventas, ganar uno es harto difícil.

¿Y todo por qué? Porque priman las ventas, los números, las cifras.

Lo que está ocurriendo en este concurso obedece a un patrón de competitividad tan exacerbado que en nada beneficia a nadie salvo a Amazon, que este mes de julio y agosto, cuando ningún autor ni librero se come un colín, ellos siguen vendiendo más que nunca, así que como estrategia de marketing es perfecta.

De nuevo una editorial se aprovecha de la ilusión y del trabajo de los autores y aunque reporte pingües comisiones a estos en derechos de autor y les permita publicar, no hay que perder de vista que al fin y al cabo, están cumpliendo con algo tan simple como es la consecución de beneficios empresariales en un sector y en un momento concreto de año en que apenas se venden libros. No, no es casual que el concurso Amazon sea en julio y agosto.

En ningún momento se tiene en cuenta la calidad de los trabajos, ni hay un jurado que lea los libros y que puntúe, ni se valora la calidad artística, la originalidad, el mensaje, el lenguaje o la intención de comunicar que todo libro que se precie tendría que tener.

Pero además este patrón comercial obliga a vender para tener visibilidad en el concurso, a escalar posiciones, ya que, como todos los autores auto-publicados sabemos, si estás mejor situado vendes más porque, simplemente, se te ve antes. Nadie se espera a la página 60 de Amazon para comprar, la compra por impulso en internet es otra de las bazas fundamentales con las que juegan, y saben que te matarías (y matarías) por vender más y estar en esas posiciones que te permiten seguir vendiendo más.

¿Y qué es lo que realmente hace que todo esto ocurra? El ego del escritor.

Una carrera editorial no se hace en un año ni en cuatro, y ¡ostras! Si ganas este concurso te coronas, te evitas pasar por lo que han pasado todos los autores, te evitas la crítica veraz, te evitas tener que leer y leer para aprender, evitas pasar por los trámites de crecimiento personal que te da el escribir y tener que reescribir, el escribir y borrar, el volver a empezar.

De pronto, se te ofrece la posibilidad de vivir de la escritura, algo de lo que nos podría hablar mucho Juan Goytisolo si aún viviera, de tener regalías y, coño, ¡si te estás viendo ya como ponente y contertulio en los talleres de auto-publicación que monta Amazon cada verano, con tu imagen en el fondo de pantalla gigante y siendo entrevistado por El país cultural…!

Te has pasado por alto unas pocas cosas.

Las pocas personas que viven de sus libros desde plataformas como Amazon, no llevan ni uno ni dos ni cinco años escribiendo y publicando sino como mínimo diez, y han trabajado por ello todos y cada uno de los días de su vida compaginándolo con otros trabajos que les permitieran pagar las facturas como a todo hijo de vecino.

En ese empeño estamos, yo incluida, muchos compañeros que participan y para los cuales este concurso es solo uno más de los medios, pero no el fin en sí mismo.

Este concurso, su finalidad, no es más que una revisión del sueño americano llevado al mundo editorial, donde todo es posible y donde triunfar es algo que siempre está a la vuelta de la esquina, pero Sunset Boulevard también tiene muchas esquinas, así que quizá sea mejor ponerse a trabajar de verdad, no mirarnos tanto el ombligo y menos aún prostituir la literatura de esta forma.

Ojo, no quiero decir con ello que no sea lícito presentarse o que los libros presentados no sean buenos y tengan calidad, pero sí hay que darnos cuenta de que una vez más nos están utilizando, de que otros están ganando dinero con nuestras ilusiones y sueños, nos están vendiendo ellos a nosotros para reportarse beneficios de los que tú vas a ver tan solo un porcentaje y vas a ser un número en una larga lista.

Este concurso es nefasto y deja un sabor de boca negativo a todos aquellos que, apostando por la literatura independiente, lectores que siguen buscando calidad en los libros no convencionales, se convierten de repente en simples compradores de objetos de consumo en cuyas cinco estrellitas hay un poder exacerbado, además de aumentar la mala fama de los libros y autores que, de por sí, ya tenemos los auto-publicados.

A ver, no somos genios (sí, ya sé que tú sí). Si una editorial nos rechaza un manuscrito puede que debamos revisarlo, analizarlo, buscar opiniones, tratar de encontrar en qué hemos fallado o si de verdad es que no encajamos en la línea editorial de la empresa concreta a la que lo enviamos.

Si tenemos en cuenta que la gran mayoría de editoriales también se guían por criterios comerciales puede ser que nuestro libro, aún con calidad, no sea vendible.

Hay muchas razones por las cuales recurrir a Amazon, incluso la legítima razón de no querer estar en las editoriales tradicionales, y es cierto que esta plataforma ha democratizado la literatura que siempre ha sido muy elitista y “amiguista”, pero el escalar posiciones, el conseguir altos objetivos sin antes haber currado y estudiado como un auténtico cabrón, es tratar de construir la casa por el tejado.

La calidad es lo que de verdad va a garantizar poder publicar dentro y fuera de Amazon, pero requiere su tiempo y sus plazos, y es ahí donde tienen que ir todos nuestros esfuerzos, sin importarte las ventas porque, una cosa te voy a decir, si de verdad eres escritor, lo que menos te va a importar es vender, lo que sí quieres es que te lean.

Cuando en el pasado se empezaron a publicar libros de forma independiente, cuando autores hoy legendarios comenzaron a auto-publicarse, lo que primaba era la rebeldía contra el sistema establecido, la visión de una obra, el tener que decir lo que nadie había dicho hasta entonces, ser independiente era mantener la fe en uno mismo y luchar contra el mundo, creer en valores por los que nadie apostaba, alejarse del orden impuesto, saltarse las reglas de lo convencional.

Ese es el espíritu que tendría que tener Amazon y el que tendríamos que tener todos los escritores independientes, y no dejarlo todo a un lado por la consecución de un número determinado de ejemplares vendidos y pasarnos la vida contando más de lo mismo porque es lo que más se vende.

 

(Y digo esto sin haber leído aún ningún libro, con lo cual estoy lejos de saber la calidad que pueden o no tener, pero si Amazon valora solo las cifras de ventas eso es un criterio tan claro y válido como el mío.

Por supuesto voy a comparar libros del concurso, ya llevo dos y tengo pendientes varios más, y con ello trato de apoyar a mis compañer@s, pero me voy a abstener de hacer cualquier comentario y de decir ni una sola palabra. Priman las cifras y mi apoyo se va a basar en ayudar a que esas cifras sean buenas para los autores a los que aprecio.

Y sí, una vez también se me pasó por la mente sacar un libro a concurso en Amazon, pero una buena y sabia amiga me dijo, “Che boluda, olvidálo”)

 

 

 

 

¿Soñamos?

nina peña - libros - escribir - personajes

Ay sí. Conozco la sensación.

Sea el primer libro, el segundo o el décimo que escribes, cuando pones la palabra “fin”, ante ti se despliega un mundo de posibilidades, de sueños, de planes. Comienza la ilusión, el ensueño…

Si es del décimo posiblemente te permitas soñar un instante y luego te pongas manos a la obra, que aquí hay que trabajar mucho y muy duro, y lo primero que harás será dejarlo reposar unas semanas antes de comenzar a pasar la primera corrección. Sí primero que nada hay que corregirlo. Tú un par de veces, luego tu amigo el que es licenciado en letras, y tu otro amigo que es un lector empedernido, y si tienes suerte aún tendrás otro amigo que te lo corrija por cuarta vez antes de mandarlo a cualquier lado.

¿No te lo habían dicho? Pues ve tomando nota. La corrección es imprescindible y aunque sea cara, es la mejor inversión que puedes hacer por tu libro si de verdad quieres hacer algo con él. Si no puedes acudir a un corrector profesional, HE DICHO PROFESIONAL, trata de que haya como mínimo cinco filtros de corrección, lo que son diez ojazos que ven más que dos.

Mientras el libro está en proceso de corrección, si es el décimo libro como ya tienes el “culo pelado” o bien hablas con tu editora de confianza o bien comienzas a currar en la portada, en la pre-promoción en redes sociales, en sinopsis, estrategias de marketing que no te funcionan posiblemente pero que igual haces, notas de prensa para blogs…

Pero si es el primero, incluso el segundo o tercer libro y no estás muy seguro de cómo editarlo porque hasta ahora has tenido un éxito moderado, ante ti se abre la tentación de buscar editorial.

¡Dios! ¡Y hay tantas!

Y muchas de ellas te prometen tiradas de 500 ejemplares, libros en FNAC, Casa del libro, presentaciones en El corte inglés…

Voy a ser muy sincera, tanto que nos va a doler, a ti y a mí.

No somos nadie, no somos nada. No vamos a ganar el Planeta, no vamos a ir al retiro a firmar ejemplares y si vamos, posiblemente, no firmemos ni uno a no ser que paremos al lado del Rubius y nos toque algo así de pasada, como la estela de un cometa que va dejando polvo estelar.

No nos conoce nadie más allá de nuestra ciudad, de nuestros amigos y lectores con los que hemos podido tener contacto, de los libreros que se mojan y echan un cable a nuevos autores, los últimos románticos de este país…

Y de repente… ¡zas! una editorial te propone editar tu libro.

En medio del solar abandonado, solitario y en ruinas que es la literatura de este país una editorial, pequeñita pero con visibilidad en el ciberespacio, te quiere publicar.

Y vuelven los sueños, las quimeras, el Planeta o el Nadal ¡qué coño! Te ves firmando libros a porrillo, siendo entrevistado por la Milá y saliendo en las páginas centrales del suplemento de cultura de El País.

Bueno… quizá esté exagerando un poco… quizá te conformes con un premio literario en tu comunidad o provincia y las páginas, en blanco y negro, del periódico local.

Plantéate para qué escribes.

Soñar es bello y ¿por qué no se puede soñar?

Los sueños no son imposibles. No es imposible que un sueño se haga realidad, pero es bastante improbable, en eso estarás de acuerdo conmigo.

Y a mí no me ganas a soñar, que conste, pero la realidad es la que es y eso no lo podemos cambiar ni tú ni yo.

Llevo dos libros publicados en papel y cuatro en Ebook y si algo he aprendido es a trabajar, estudiar, no soñar más que en lo que sé que está en mis manos alcanzar y disfrutar del viaje.

Publicar un libro es una aventura increíble, pero sólo si disfrutas el presente, si te diviertes en los intentos, si te das cuenta de que estás encontrando nuevos compañeros que te hacen mejorar, si aprovechas bien el camino, si sumas, si aportas, si valoras lo positivo por pequeño que sea como un éxito personal e íntimo y tienes claro para qué estás escribiendo.

Si tus metas son tan altas que no tienes o pierdes perspectiva de la realidad, posiblemente no las alcances nunca.

Plantéate si lo que buscas es éxito o reconocimiento público porque son dos cosas distintas.

Plantéate si de verdad quieres publicar y trabajar como un burro para lograr menos de la cuarta parte de lo que estás soñando.

Plantéate si estás aportando algo a este mundo literario y qué es lo que quieres aportar.

Plantéate si estás dispuesto a caer 100 veces y a levantarte 101.

Plantéate si quieres seguir estudiando y estás dispuesto a reconocer tus carencias, tus limitaciones y a ponerles remedio cueste lo que cueste.

Plantéate si estás dispuesto a ofrecer tu obra al escrutinio público y a aceptar críticas que te van a doler. Sí, el mundo está lleno de genios incomprendidos.

Plantéate si podrás soportar que tus compañeros de taller o de fábrica (vas a tardar mucho en vivir de esto) se burlen de ti llamándote escritor y te den nuevos argumentos absurdos para tus novelas.

Plantéate si quieres correr el riesgo de descubrir que quiénes creías tus mejores amigos no van a ir a tus presentaciones y además no te van a comprar ni un solo ejemplar. No, los que Amazon 0´99€ tampoco.

Si tu respuesta es sí, adelante.

Si has dudado, piénsalo mejor, valora tu obra, lo que haces y reevalúa tu escala de prioridades.

Si de verdad eres escritor no habrás dicho que no a nada.

Así que… a trabajar. Ponte manos a la obra que esto es un arduo camino que vamos a tener que recorrer y si es en buena compañía, mucho mejor.

Pero eso sí… nunca dejes de soñar.

 

 

 

 

 

La creación de un personaje a partir de la asociación de ideas.

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Hace unos días os comentaba mi dificultad para crear un personaje que, a todas luces y por el argumento del libro, debía ser el malo de la novela.

Los personajes malos, los villanos, son quizás para muchos, los más jugosos, los más carismáticos, aquellos que se pueden permitir ser malos de verdad y ofrecerse al juicio público sabiendo que van a ser exonerados de sus maldades porque estas son necesarias para que, al final, triunfe la virtud, la bondad o cualquier sentimiento considerado correcto socialmente.

Es la contraposición de aquello que nos obligan a ser cuando, tal vez, tendríamos ganas de ponernos el mundo por montera y, por unas cuantas veces, ser los malos.

El malo, para ser carismático ha de poseer dos virtudes, a saber; no sentirse malo sino creerse en posesión de la verdad y de la virtud, y tener una filosofía de vida coherente con sus acciones, que pueda explicarlas.

No tener esas dos cosas lo convertiría en malo de todas formas, sí, pero no tendría esas dimensiones necesarias para ser un malo, muy malo de verdad.

Dos ejemplos de lo que es ser malo, pero con un carisma, una personalidad clara y coherente que se me ocurren a bote pronto, podrían ser el inspector Javert de Los miserables o Mr. Heathcliff en Cumbres borrascosas.

Es innegable que ambos son los personajes “malos” de esas novelas… pero conociendo sus pensamientos, su pasado, su filosofía, su vida, ¿quién puede juzgarlos con la simple palabra malo?

Malo, a secas, sin ninguna doblez en la expresión, serían aquellos personajes de las novelas de Marcial La fuente en que el pistolero era malo de por sí, por naturaleza, sin ningún atisbo de redención posible, sin remordimientos y sin un “live motive” que justifique sus acciones.

Así que, tras pensar en los malos épicos de varios libros, quise que ese personaje que tanto se me resistía tuviera una parte de humanidad, y que esa humanidad, mal entendida o llevada hasta las últimas consecuencias de una forma severa, fuera la que marcara sus malas acciones.

Los personajes son hijos de su tiempo también, y la coyuntura social que los envuelve nos puede marcar qué tipo de maldad es la que estos pueden realizar.

La asociación de ideas me surgió casi sin querer.

Mi personaje ha de ser un fascista militante en una España de postguerra.

Mi cabeza se fue a buscar ejemplos visuales que me parecieran ajustados a esa imagen mental que tengo del miliar fascista y fanático e irremediablemente me vino a la cabeza el papel de Sergi Lopez en El laberinto del fauno. Ahí esta el malo, malo, muy malo.

Con la facilidad de las redes sociales busqué hasta encontrar una crítica que me hizo ver que no todos los malos deben ser tan claramente malos, tan crueles y provocar tanta repulsión en el espectador/lector.

La primera asociación de ideas, que fue Sergi Lopez, me llevó a buscar la filosofía, la ideología de su personaje.

Me metí de lleno en política. Fascismo, nacismo, nacionalsocialismo, nacionalcatolicismo.

Lo sé, tengo un estómago a prueba de bombas.

Necesitaba comprender de dónde viene esa forma de pensar.

Al mismo tiempo, con la cabeza bullendo de información, había estado buscando una parte humana con la cual dotarle de algún refinamiento, de alguna característica que le diera contraste a la crueldad necesaria de la que va a hacer gala el personaje, algo que pudiera conmoverle y que por un momento mostrara su lado más amable y sentimental.

Y, para mi, si hay algo humano que muestra a sensibilidad de cualquier persona, son las artes. La expresión más refinada de nuestro ser, la que más dice de nosotros mismos, la que nos puede hacer sentir y nos puede provocar emociones.

La música era lo ideal.

¿Y qué tipo de música escucharía un militar fascista? Mira, de verdad que a veces me superan estas cosas… pero yo juraría que no a Puccini precisamente.

Una persona con esa fuerza intrínseca, con rango abolengo,con esos valores tan marcados escucharía música culta pero fuerte, una música rotunda; Wagner.

La suma de Wagner y la filosofía fascista, me llevó a Alemania.

Posiblemente, como hijo de su época, mi militar tendría cierta germanofilia. (Los amos del cotarro en aquel momento que tenían a las potencias europeas tan asustaditas que ni se atrevieron a ayudar a la república electa en España y transigieron con las primeras anexiones territoriales de la expansión que Hitler soñaba, en pos de evitar un conflicto que de todas formas acabó estallando)

Y si hay que buscar en el fascismo alemán, en la filosofía alemana de aquel momento, podría haberme hundido en un montón de mierda, con perdón de la expresión y haberme quedado en la forma sin llegar al fondo.

Una ideología tan brutal, inhumana y cruel como el fascismo, el nacionalsocialismo, para mi tiene la base en la falta de cultura de las personas que la ostentaban, en los prejuicios y en los rencores históricos. Eso ya es una marca a seguir.

Pero, ¿cómo puedo llamar “incultos” a personas que han escrito libros, que han montado todo un movimiento social alrededor de una idea o que, yendo más allá, han sido creadores de toda una filosofía que llegó a tener y sigue teniendo miles de adeptos en el mundo? Esas personas se formaron en universidades, tenían sus títulos académicos, pertenecían de nacimiento a círculos de poder y círculos de pensamiento, por tanto incultos no eran, pero sí hacen gala de unas premisas políticas populistas que son las que, aquellas personas con menos nivel cultural, siguieron y siguen.

Por tanto hay un fondo que buscar.

Recapitulando: tenemos a Alemania, tenemos una filosofía fascista y un militar español.

Necesitamos enlazar todo eso de alguna forma para que el resultado sea armonioso y el personaje tenga una psique, una ideología y que esta pueda tener coherencia con sus actos.

Me fui a dos grandes pensadores alemanes; Nietzsche y Schopenhauer.

De verdad que lo mío es vicio.

La filosofía de ambos es completamente contraria a cualquier fascismo. Hay que ser muy retorcido para creer que el súper hombre que menciona Nietzsche signifique la supremacía de la raza aria, pero así fue. Además era ateo y culpaba a la religión de muchos de los males que asolan al hombre (adoro a Nietzsche) y yo lo que necesitaba era una filosofía dentro del fascismo que casara con el catolicismo español imperante en el bando nacional.

Descubro que Nietzsche es de los filósofos más mal interpretados gracias en parte a su propia hermana, Elizabeth Forster Nietzsche que, antisemita de vocación, manipuló su obra cuando este sufrió un colapso que lo dejo convertido en vegetal durante doce largos años. Quién haya leído sus teorías sobre la eutanasia no podrá menos que notar la broma del destino.

La idea reprobable de Nietzsche sobre las clases sociales y la primacía de la clase aristocrática sin embargo me va a venir muy bien.

Todas esas pesquisas me llevan a un tal Alfred Beaumuler, filosofo alemán fascista que publicó un libro titulado Nietzsche, el filosofo y político y que manipuló a su gusto algunas teorías para adaptarlas a la filosofía nazi que por lo visto era necesaria. Obviamente no pienso leerme ese libro, pero los datos me llevan a ese fondo que yo buscaba, a esa filosofía de vida interior que necesita un malo muy malo para no ser un personaje plano y poseer, sino alma, al menos un cerebro que justifique sus actos.

Lo siguiente era unir todo eso con la religión católica , y sabemos que el fascismo era ateo…

Para unirlo lo que he hecho es separarlo.

He separado Dios de religión. Espiritualidad de Iglesia.

Si tenemos en cuenta que el fascismo español, basado muchas veces en el catolicismo tradicional se apoya  en dogmas y leyes dictadas más por la iglesia que por la propia biblia, si tenemos en cuenta de que todo nace de una filosofía judeo-cristiana que ha imperado durante miles de años en el sentimiento y pensamiento sobre la culpa, el pecado, el bien y el mal o en los juicios finales, al separar ambas cosas, si la mente de mi personaje separa ambas cosas, obtenemos a un militar que cree en Dios pero que repele la imagen del sacerdote como modelo político y su influencia en las leyes civiles del momento, que a su parecer han de ser dictadas por poderes terrenales y no divinos.

Et voilá! Ahí tenemos a mi malo malísimo.

Un personaje refinado, culto, que lee libros filosóficos, que escucha a Wagner, que cree de forma íntima en todo lo que hace porque para él no es hacer o no hacer, sino vivir o no vivir de la forma adecuada. Sus actos van a tener una justificación porque ya sé como piensa, sus maldades van a tener una veta de bondad porque creerá estar haciendo lo correcto y lo moralmente necesario aun cuando esto sea reprobable. Un personaje que tratará de destruir todo aquello que él crea necesario destruir en pos de una sociedad correcta  y tradicional.

Y ahora viene lo más difícil; escribir.

Deseadme suerte.

 

Un reto.

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Sin duda escribir sobre algo que no conoces en profundidad o sobre épocas que no has vivido y sobre las que tienes que documentarte hasta que llegas a soñar con ellas es un reto.

Y es un reto al que me estoy enfrentando en estos momentos.

No solo he salido de mi zona de confort al escribir con personajes masculinos que tienen un peso específico en la trama sino que además, he de ponerme en la piel de ellos para tratar de explicar una filosofía, un carácter y una ideología política que es completamente contraria a la mía.

Hay cientos de ensayos, documentales, testimonios y libros que hablan de ello, y me he leído y visto bastantes porque de una forma u otra todos me van a ayudar a sumergirme en esa coyuntura, pero tratar de meterme en una piel, en unos sentimientos o tratar de interiorizar en pensamientos toda esa carga política que, además, transforma por completo el modo de vida de las personas que siguen su filosofía, es un arduo trabajo no de imaginación sino de una empatía que no sé si voy a lograr.

Un reto. Salir de mi zona confortable y hablar de cosas que no son ni cómodas ni agradables, pero sí son necesarias para el argumento de mi libro y que por tanto voy a tener que enfrentar.

Es algo que va mucho más allá de describir un físico o una imagen aunque estas sean también necesarias. Es toda una forma de moverse, de mirar, de hablar, de ser, de estar en los lugares lo que han de marcar esa personalidad y ese carácter que además tiene que ir en consonancia con su forma de entender la vida, con las reglas por las cuales se rige su comportamiento.

Y… ¿Cómo lo hago si ese tipo de persona me produce repulsión? ¿Cómo describo a un personaje de forma que sea coherente y no quede patente mi opinión personal al respecto de su ideología y de sus prácticas? ¿Cómo me mantengo al margen de los hechos para simplemente relatarlos, contarlos?

Es un reto del que no sé como voy a salir…ya me lo diréis cuando leáis el libro…que a este paso será dentro de mucho tiempo. (Ains)

Fin de feria (del libro)

Hoy ha sido la última presentación de todas las que llevo este mes y el anterior que son los meses de los libros por excelencia.

Comencé la andadura de mi nuevo libro el 31 de marzo y hoy creo que es el día en que termino de ferias, de entrevistas, de firmas y todas esas cositas que nos ocupan (y preocupan) a los autores.

El balance no puede ser mejor. Creo que con mi segundo libro he llegado a más lectores, he estado con más librerías y he conocido a mucha gente interesante que estoy segura de que han llegado a mi vida para quedarse. Más o menos cerca, pero para quedarse al fin y al cabo.

Ahora, sin perder de vista las ventas ni las promociones, me vuelvo a sentar a escribir, a seguir con mi siguiente libro y con el plazo de cuatro meses para volcar lo que son dos años de documentación y estudio.. a ver qué tal se me da….

Os dejo con la entrevista de esta misma tarde en la feria del libro de Castellón.

https://www.facebook.com/plugins/video.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2FFiraDelLlibreCastello%2Fvideos%2F1792907294263111%2F&show_text=0&width=560

Mes del libro; feria y fiestas

feria del libro - nina peña - rosa de los vientos - mujeres - libros

Bueno…. ya terminó Abril que es el mes del libro, lleno de ferias en los pueblos, en las librerías y con un siempre extraordinario y entrañable Sant Jordi que es, por excelencia, el día más bonito del año para los amantes de la lectura y la escritura.

Llamadme romántica, pero es un día que a mi me emociona….

Quizá por aquello de ser una lectora voraz que siempre ha visto estas fechas desde el lado de la lectura, estar ahora al otro lado de las mesas, firmando libros, es algo que me hace sentir que vivo algo especial.

Recuerdo pasar por escaparates, visitar librerías, casetas  y tenderetes y pensar “ojalá algún día pueda estar yo aquí” mientras mis libros aún dormitaban en cajones oscuros, esos en los que guardamos los sueños sin cumplir y los deseos más pudorosos.

No es fácil. La imagen que guardamos de estos días en la retina son autores firmando libros mientras una larga cola espera pacientemente. Vemos las sonrisas en televisión, las firmas, las bellas portadas, la multitud de gente en las casetas y cuando somos recién llegados a esto, nos da la impresión de que va a ser así.

Es una doble sensación extraña porque aunque sabes que tú eres una recién aparecida en este mundillo, donde no te conoce nadie y donde casi nadie te ha leído y por tanto, no te esperas precisamente una larga cola pidiendo tu firma, crees que los autores cercanos sí la van a tener… y tampoco es así.

Ayer mismo, Pere Cervantes, con quién pude compartir mesa en Benicasim, me comentaba que en Barcelona, para Sant Jordi, había autores buenísimos, que venden y son leídos y que, sin embargo, firmaban pocos ejemplares, por no hablar de aquellos que se iban sin haber firmado ni uno.

La batalla de muchos escritores se pierde ante los “no escritores” pero con poder mediático y comercial como para convertir cualquier cosa en Best Seller, que publican sus libros justo para esta fecha en un intrusismo laboral del que no nos queda a muchos más desahogo y remedio que aguantarnos y ejercer nuestro derecho a la pataleta.

Si, la apuesta de las grandes firmas editoriales por la cultura y no por los beneficios es abrumadora….

Nosotros coincidimos con un festival de flamenco que nos amenizó la tarde y comprobamos que, cervecita en mano, el festival de flamenquito lo petaba mientras en las paradas de libros pasaba la gente de largo o se acercaban unos pocos. La diferencia era brutal.

Si, en este país se lee poco y mira que nos hace falta…..

De todas formas los que amamos los libros, convertimos la feria en una fiesta porque para nosotros lo es. Una fiesta de la lectura, de los libros y las letras. No es una fiesta tan concurrida como debería; el fútbol, los toros, los conciertos…ya era mala suerte que hasta el Madrid-Barça coincidiera con el día del libro…

Yo, personalmente, me quedo con los ratos buenos que son muchos, con la experiencia de los compañeros de los que siempre aprendo, con el apoyo de los libreros que están ahí al quite, y sobre todo con la oportunidad de hablar con los lectores, de poder presentarles mi libro y explicarles cuáles fueron mis motivaciones al escribirlo.

Para mi, estar en la Feria del libro de cualquier pueblo o ciudad es un sueño hecho realidad y solo puedo tener sentimientos de agradecimiento a todos aquellos que han comprado mi libro y a todos aquellos con los que he podido amenizar las tardes de feria y fiestas.

PD. Y conste que no se me han dado mal las ventas, jajaja y que aunque parezca un paisaje oscuro el que describo es muy luminoso… pero debería serlo todavía más.

 

 

Vivir de la literatura o vivir del cuento.

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Que este es un país que vive mucho del cuento y poco de la literatura es algo que se puede comprobar muy fácilmente en estos días.

Solo hay que comprobar que en Sant Jordi, un día, dos a lo sumo, se venden el 50% de los libros de todo el año.

Y que vivimos del cuento también es comprobable cualquier otro día del año en el que dejas caer la vista sobre un periódico y te duelen los ojos ante titulares sobre corrupción y sobre frivolidades.

Seamos un poco serios.

Autores que llevan cincuenta años publicando, escribiendo, que son licenciados e incluso que ostentan cátedras sobre literatura en distintas universidades, son echados a un lado ante youtubers que no se han leído un libro entero en su vida pero que tienen un gran poder de convocatoria.

O sea, vivir de la literatura no es lo mismo que vivir del cuento.

Sin que parezca rencoroso por mi parte y tratando de no caer en la demagogia, un país en el que la autora que más vende es Belén Esteban y que los que siguen en la lista sean personajes televisivos, tiene un serio problema.

Que una editorial como Planeta, ofrezca un contrato millonario a un youtuber y no se moleste en buscar nuevos talentos en los cientos de escritores independientes, tiene un serio problema.

Que las grandes editoriales solo te llamen cuando, a base de trabajo impenitente, has logrado vender más de 3.000 libros y que solo sea para quitarte de en medio, tienen un serio problema.

Pero en realidad, sus problemas solo tienen un nombre: dinero.

El problema real lo tenemos los que intentamos escribir bien, los que invertimos tiempo, recursos y dinero propios en correcciones, en ediciones, en ilustradores, los que nos pasamos años estudiando para escribir, los que tratamos de superar nuestras propias limitaciones, los que intentamos mejorar constantemente… para que luego prime la comercialidad en lugar del talento.

Y también lo tienen los lectores ya que van a dejarse un dinerito en libros que seguramente no son lo que están buscando.

Hay un problema real y más importante de fondo que es la mediocridad mental de muchos, el pensar en cifras, el que prime más las ventas que la cultura y sobre todo que esto se institucionalice a través de un sistema de educación en el que se hacen a un lado las asignaturas de humanidades.

Tenemos un grave problema como sociedad, como educadores, como personas interesadas en la cultura, porque vivimos en una época en que solo se le rinde culto al dinero… y eso es un serio inconveniente.

Y por eso, desde este blog, rompo una lanza por las editoriales pequeñas, las que leen tus libros y te aconsejan, las que buscan la calidad y el talento.

Rompo una lanza por los libreros que han hecho hueco en sus estanterías a editoriales modestas y te ponen una mesa para que puedas firmar, puedas presentar tus obras y se involucran en el mundo cultural de su provincia.

Rompo una lanza por los soñadores que seguimos pese a todo escribiendo y tratando de ser leídos sin caer en el verso fácil y la prosa comercial.

Rompo una lanza por los lectores que buscan y rebuscan y apuestan por autores noveles en lugar de Best Sellers de grandes firmas.

Rompo una lanza por los docentes que luchan para que sus asignaturas, esas que hacen pensar y forman un espíritu crítico, no sean apartadas de las carreras y se les reconozca su importancia.

Porque si no hubiera entre todos nosotros una “resistencia” a esta guerra de cifras, entonces sí tendríamos un grave problema; habríamos perdido la esperanza.

 

 

 

Inspiración.

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Llevo todo el fin de semana escribiendo sin parar… y hace un mes apenas, estaba bloqueada, con mi libro apenas comenzado y sin saber hacía dónde tirar…

No es que me haya llegado la inspiración divina, ni que un ángel me haya tocado con su gracia o que las musas vengan a verme: es trabajo.

Y el duro debo añadir.

Llevo casi dos años documentándome para este libro; el tema, los personajes, toda la trama, la parte real que hay en él está en mi cabeza. Los sentimientos, las sensaciones,  están en mi alma o en mi corazón… pero yo soy de las que a veces hace las cosas al revés y comienza por los finales, que sí, que queda muy hollywoodiense si se trata de un periódico y comienzas por la sección de cartelera, pero no siempre es aplicable para un libro.

Y ese ha sido mi caso. Al final, tras meses de bloqueo, he decidido comenzar por el principio y ahora va todo con una finura y un fluir que me resulta hasta sospechoso, pero eso también es una de mis manías, cuando algo me resulta fácil creo que lo estoy haciendo mal por aquello de que “al revés todo el mundo sabe”

¿Conocéis libros que hayan comenzado contando el final? A mi me viene a la mente la película El crepúsculo de los dioses en que el protagonista aparece muerto en la piscina y sin embargo es él quien cuenta la historia.

¿Se puede comenzar por el final? ¿Se puede escribir de tal forma que el pasado y el presente o el futuro puedan existir en el mismo plano y la acción se sitúe en los tres sitios a la vez? Pienso en el libro “La noche de los tiempos” y sí que se puede hacer, Muñoz Molina domina esa técnica con verdadera maestría pero es harto difícil ponerla en práctica.

¿Lo habéis hecho vosotros? ¿Qué opináis?