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Año nuevo ¿vida nueva?

nina peña - año nuevo - agenda

En teoría hay que comenzar con nuevos propósitos, con nuevas metas y con los ímpetus renovados. Pero no todo depende de nosotros. Este año pasado me demostró que el ·”destino” manda, que hay cosas que no podemos evitar, dolores que no hay forma de esquivar, situaciones que nos superan.

El peor año de mi vida se acaba y el 2019 se planta ante mi como un libro en blanco, dispuesto a ser escrito día a día. Lo malo es que no siempre seré yo quien lo escriba, no dependen de mi muchas de las vivencias y de las cosas que pueden ocurrirme. Lo que sí dependerá de mí es la actitud con la que puedo enfrentarlo, eso siempre. Y aunque me rompa puedo reconstruirme día a día también.
“Baste a cada día su afán”, dijo alguien una vez.

No sé si eso de “año nuevo, vida nueva” es cierto. La vida sigue de la misma forma, fluye por sí misma, avanza sin que las cosas cambien de un momento a otro hasta que, de repente, todo cambia. Y no podemos preverlo ni evitarlo. Hay cosas, simplemente, que se escapan a nuestro poder.
Solo me queda desear que este año nuevo sea feliz, que no me dé tantas lecciones como el anterior porque aún tengo remanentes por ahí que debo asimilar, y que la gente a la que quiero esté siempre a mi lado. Bueno, algo más de pelas tampoco estaría mal, ¡joder ya!
Un besazo y feliz año nuevo a todos.

 

 

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El fascismo es el vómito de una sociedad enferma.

nina peña - saramago

Me planteo si desde aquí, una don nadie como yo que pretende escribir y vender libros, debe meterse en política con lo radicalizado que está el temita. Alguien me dijo una vez que de política no hablara porque nunca podía saber quiénes iban a leer mis libros. Una especie de pacto silencioso con el puto diablo, porque oye, si eres ultraderechista, me la pela que leas mis libros o no, es más, no los leas, no te van a gustar. Te lo aseguro.
Predije el encarcelamiento de los independentistas catalanes y se me rieron en la cara, aunque ahí están, encarcelados todos excepto Pugi, que se escapó por los pelos.
Predije que la ultraderecha estaba ganando demasiado terreno… y me quedé muy corta. Ahora me veo en la tesitura de seguir hablando o de callar tras los varapalos de aquel octubre, de anunciar la próxima “CEDA” poselectoral, es decir, que la derecha no pactará antes sino después de las elecciones que nos vienen (europeas, municipales y autonómicas), pactar antes sería declarar demasiado el juego y quizá perder algún voto…

Entre la caterva de politólogos que han salido como setas desde el domingo, se echa la culpa a todo quisiquie del desaguisado actual sin darse cuenta de que esto no viene de ahora, viene de la falta de memoria, de la falta de educación, de testimonios, de intransigencia, de políticos corruptos y nefastos, de la falta de ética, del oscurantismo de otras épocas, de la libertad y la tolerancia mal entendidas. De políticas ideológicas que buscan solo el poder. De quiénes se meten en política para medrar y enriquecerse sin tener ni un mínimo exigible de servicio al ciudadano que pretenden representar y a los que muchos disculpan en nombre de la picaresca española tan tradicional con esa consabida frase de “yo haría lo mismo”.
No hay que mirar buscando culpables porque todos, como sociedad, con nuestro voto o nuestra indiferencia, hemos aportado ese granito de arena para hacer esta montaña que ahora tenemos que escalar.
Poco examen de conciencia y mucho slogan publicitario.
Sobra recordar, como todos hacen ahora, que Hitler ganó unas elecciones, el Abascal no tiene ese carisma…pero ahí está, con eslóganes de fácil calado en mentes poco pensantes, dando respuestas nefastas pero únicas a problemas que, como sociedad del llamado primer mundo, tenemos. La izquierda hace gritos mudos y batucadas en vez de gritar a voz en cuello. Una izquierda que arrastra todavía la mala prensa de aquellos comunismos del pasado, como si no hubiera evolucionado y se siguiera comiendo a los niños. Los medios de des-comunicación dando pábulo a personajes que no merecen ni un minuto televisivo solo por ganar audiencia. Los tibios que no se enteran de que desde el sofá y twiteando no se cambia nada… sino yendo a votar porque, aunque no nos lo creamos, cada voto cuenta.
Presumíamos de democracia madura ya con cuarenta añitos…maduros son los franceses que con un salario mínimo de 1400€ se echan a la calle a liarla parda por 0,5 cms de subida de carburantes. Un pueblo que no se defiende de los atropellos no es maduro, no sabe cual es su sitio.

La derecha más extrema no se basa en razones, no mira el motivo por el cual estamos en la situación que estamos, por eso en países tan democráticos como Dinamarca se quiere enviar a los inmigrantes a una isla y formar allí una especie de Guantánamo o la extrema derecha se mezcla con la clase trabajadora en Francia para reclamar y armar gresca en las manifestaciones. El fascismo ataca desde las vísceras, desde los sentimientos, desde esa parte que no atiende a razones y que es la misma que está plagada de prejuicios, que añora ese poder absoluto y ese orden fingido de cuando las cosas parecen ir bien porque no se puede decir lo contrario, esa calma chicha de que “quien esté bien que no se mueva”.  El fascismo da soluciones “fáciles” a problemas muy complejos que no estarían ahí si no los hubiéramos creado nosotros mismo en la mayoría de ocasiones.

El fascismo es el vómito de una sociedad enferma.
Más de cuarenta años de dictadura, sin poder expresar ideas, sin poder abrir el pico, sin elecciones… y ahora que tenemos esa arma de la democracia, nos quedamos en casita o nos vamos al campo a hacernos una paella. Todos los de izquierdas tenemos una especie de anarquista dentro, está comprobado.
Lo que nos va es la protesta, eso sí, la polémica, por eso estos meses serán interesantes, porque vamos a estar rabiando, echando espumarajos por la boca unos de otros y luego a la hora de la verdad, nadie hará nada salvo la derecha, que irá a votar en manada antes del aperitivo del domingo.

Poco nos pasa pá lo tontos que somos.

Ídolos con pies de barro

nina peña - barro - muñeco

¿Se puede admirar y detestar a una misma persona? Normalmente admiramos a personas que, bien por su trabajo, su obra o sus características, llegan a nuestros ojos como casi perfectas. Actores, escritores, cantantes, poetas, directores de cine, políticos… la lista puede ser inmensa según cada cuál, pero, ¿y si esa persona a la que admiramos tuviera un lado oscuro, un pasado deleznable, un secreto oculto que, al salir a la luz, nos  mostrara lo más infame de su carácter, su vicio más inconfesable, su más negro carácter o pensamiento?

Hoy las redes sociales se deshacen en loas a Bertolucci, a sus filmes, su carisma como director, sus obras maestras… pocas personas (solo cuatro locas feminazis, como siempre) recordamos El último tango en París no por la tremendísima película que es sino por a tremendísima escena de la violación, antes llamada de la mantequilla.

La sensación es similar a la que siento por Neruda, otro violador que tapaba sus miserias con bellísimos poemas que ahora, me cuesta creer. Podemos citar a Polanski, a Chaplin o Woody Allen, William S. Burroughs o (guardando la distancia) Sánchez Dragó, Picasso, Dali…

Es una pena que tengamos ídolos con pies de barro. Lástima que existan personas que en nombre de su arte o de su fama  se crean más allá del bien y del mal, que sean capaces de justificar una violación por mor de la realidad escénica o que oculten un hijo por vergüenza de una discapacidad o que sean capaces de describir a una mujer violada como “Una belleza fría como la piedra” (algo similar dijo Neruda y en este instante no quiero ni buscarlo ni leerlo).

Es una lástima que las personas que, por su grandísimo talento, su impecable trabajo o sus medios para enamorarnos, sea en la disciplina que sea, no tengan la virtud necesaria para dilucidar cuándo el genio ha de pararse, cuando plasmar la realidad es un delito y una infamia, que el precio de ese genio es demasiado alto si lo ha de pagar otra persona que, oh casualidad, suele ser una mujer.

No. No volvemos a mirarlos de la misma forma. Se nos caen de los pedestales y se hacen añicos estrepitosamente en el suelo, quedando solo como muestra y una huella rota y el pensamiento de que nada cuanto hicieron es ya legitimo ni honorable.

Lástima.

Cuando la tierra habla

nina peña - fosas franquistas - castellon

 

Jamás pensé, cuando comencé a escribir “La memoria de las palabras”, que un libro me podía llevar tan lejos. Al principio se trató de documentarme como hice para otros libros, como “Las sufragistas” en donde podía sacar extensos pdf de internet y ver documentales en YouTube. Era la única forma que tuve entonces para poder bucear en un tiempo que ha quedado muy atrás y del que apenas nos quedan testimonios gráficos puesto que no se disponía de tecnología suficiente.

Con “La memoria de las palabras” los testimonios y los vídeos o reportajes eran más actuales, todavía hay gente superviviente de la guerra que nos ha podido contar en primera persona todo cuanto vivió, hay cientos de libros que nos hablan de aquella época, las fuentes pueden ser tremendamente copiosas, incluso se puede ir descubriendo un tema tras otro, datos desconocidos, historias silenciadas…

También me puse en contacto con el grupo para Recuperación de la Memoria Histórica. Lo primero que se salió de lo normal fue poder asistir a conferencias, una de ellas tan inocente como sobre pedagogía durante la II República. Ya sabéis, Montesori, Freinet, realmente interesante y esclarecedora. Me dejaron libros, charlé con muchos de ellos, he recorrido páginas de sus libros y de sus documentaciones…

Hace tan solo unos días en el cementerio civil de Castellón han comenzado a abrirse las fosas de las personas represaliadas durante la dictadura, y sin pensarlo, le comenté a mi amiga Queta Ródenas, si podía visitarlas. De ahí que diga que nunca imaginé hasta dónde me iba a llevar la documentación de mi libro.

nina peña - fosas franquistas - castellon

 

El impacto fue brutal.

Pero no sé qué me impactó más, si poder ver los restos humanos enterrados de aquella forma en una fosa o poder hablar con las nietas de aquellos hombres que, ahora sí, podrán descansar con su familia.

Sus testimonios, sus lágrimas, su miedo (todavía), sus esperanzas, sus historias, me van a servir para rectificar ciertos capítulos, para añadir instantes concretos, para acercarme más aún a la realidad de aquel momento histórico. Cuando algunos hablan de abrir heridas, de no remover el pasado, no se dan cuenta de que hay heridas que no cierran, duelos que se van heredando, dolores que se quedan crónicos de generación en generación. Hablan de abrir heridas quienes no las tienen. Los demás quieren cerrarlas de una vez por todas, y en ese afán se impone saber la verdad, devolver la dignidad a todas esas personas, reivindicar sus nombres y su verdadera lucha lejos de las proclamas altisonantes y de las frases hechas que a algunos les resultan fáciles de creer porque es más cómodo no plantearse nada.

Cuando me acerqué a la fosa yo solo vi un hombre, una persona, enterrada entre la tierra como si no lo fuera. Vi una vida truncada por la guerra y la sinrazón. Eso vi. No vi venganza ni rabia, vi muerte.

Ahora tengo la tarea de actualizar mi libro, de ponerlo al día con todo lo que me contaron, con todos los sentimientos a flor de piel que aquellas mujeres me hicieron sentir, con las lágrimas que no podían evitar, con los pormenores de una excavación que hasta entonces solo había visto en vídeo, con los detalles sueltos que tratarán de hacer más creíble y real aquellos capítulos que parecen irreales por los acontecimientos que narran.

Lo que sí puedo decir es que, pese a se una novela de ficción y a que los personajes no sean reales, la dura realidad está impregnada en cada línea, dolorosamente plasmada… y quizá hasta me he quedado corta.

Quiero agradecer a todos mis amigos del Grupo por la Recuperación de la Memoria Histórica esta oportunidad, en concreto a Queta Ródenas por su complicidad y a Juan Luis Porcar por sus libros. Al grupo de Whassap y a la web Memoria Histórica por todos los artículos, documentos, opiniones y conversaciones que tenemos con alevosía y nocturnidad. Sois increíbles.

 

Prostituir la vida

refugio de guerra - nina peña

Trabajar, sin ningún beneficio personal, salvo el puramente económico, nos convierte en máquinas.

Nos deshumaniza.
No se vive, no hay tiempo para los sueños ni para las metas personales o los esfuerzos de superación. No cabe el afán de mejorar o de crecer.
Es estar en escaleras que descienden , es dejar el alma en un sórdido refugio de guerra diaria desde donde se escuchan los bombardeos cercanos y aún se siente el miedo que nos ha llevado hasta allí.
Trabajar, solo por dinero, es más que hipotecar el tiempo, es prostituir la vida.

Domingo

nina peña - literatura - libros - mujer

 

Los domingos tienen una pereza intrínseca, navegable a ciertas horas del día, nubosa en la mañana, cuando al levantarme me desperezo frente a la ventana y veo la bruma inexistente sobre los tejados, humedeciendo las calles, como si un velo cubriera el mundo.

El domingo es la duda entre lo que quiero hacer, lo que debo hacer y lo que de verdad me apetece hacer. Lucho durante todo el día por tratar de sacarle partido a las horas de descanso mientras mi “lado oscuro” quiere que sean horas improductivas. La conciencia me dicta todo lo que puedo lleva a cabo mientras mi cuerpo me pide descanso, siesta, palomitas y sofá frente al televisor.

El domingo tiene algo de negligente. Se escaquea del trabajo sabiendo lo necesario de esas horas y de esos momentos sin afanes, de tener todo el día por delante.

El domingo es ese día que ya tiene algo de final aun cuando está comenzando. Tiene algo de tregua. De entre-guerras.

El domingo, se recoge en sí mismo esperando ser moldeado.