Os envidio.

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No puedo evitarlo, os tengo envidia.

Pero envidia de la buena, envidia cochina, como se suele decir.

Llevo desde mediados de agosto sin poder escribir ni una sola palabra, de hecho, esto es lo primero que publico en el blog desde hace quince días.

Y trato de hacerlo, de verdad; trato de escribir, de corregir, de meterme en materia, pero no puedo, me cuesta mucho, tanto, que no escribo nada.

Tal vez sea que mi incorporación al mercado laboral es inmediata y ello significa que las metas que me planteé para este verano se quedan sin cumplir, será que sé lo que me espera en un invierno crudo y de duro trabajo en el que he de aparcar los sueños para ir muriendo en realidades y sin querer he comenzado ya la etapa de duelo por adelantado.

Será que desde el atentado de Las Ramblas y con la vista puesta en el 1 de octubre, Cataluña me está doliendo en un rinconcito del alma, y el miedo al futuro, no de Cataluña, que también, sino al futuro de España sin esa parte de lo que yo siento tan cerca y tan mía, me esta comenzando a doler.

Puede que sea tener que estar constantemente en las RRSS leyendo barbaridades y tragando veneno lo que esté callando mi voz.

No lo sé.

Solo sé que me cuesta escribir, que no hay forma de acabar aquello que comencé dos años atrás aunque también es cierto que un libro como el que me ocupa no se escribe fácil ni rápidamente, aunque mientras digo esto me suene a excusa barata.

Me voy diluyendo poco a poco en realidades grotescas, en necesidades que me obligan a ir contra mí misma, en silencios que guardan palabras que necesitan ser gritadas.

No puedo evitar sentir envidia de los que seguís escribiendo, de los que manifestáis opiniones y sois leídos, de los que podéis conciliar vuestra vocación con vuestro trabajo, de los que vivís en esa paz de saber que estáis donde queréis estar haciendo lo que queréis hacer y lo que os hace felices.

Tengo envidia de esas vidas que no son renuncias.

De esas voces que o callan aunque sientan dolor. De quienes hacen de su dolor, voz.

Yo enmudezco como esos pequeños ríos a los que les cierran las presas y se quedan en riachuelos que, más que correr, se arrastran por entre las piedras, acumulando todo su caudal en algo material y útil, algo que solo sirve para generar bienes y servicios y no para fluir naturalmente tal como dicta su propia naturaleza.

No puedo evitarlo. Os envidio.

Pero seguid fluyendo, por favor…a ver si vuestro ruido rompe mis presas.

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Antología benéfica de fantasía y ciencia ficción

Me parece una excelente causa y como sé que casi todos sois amantes de las letras, os animo a participar en este precioso proyecto.

Libros, lectores, escritores y una taza de café

Tal y como anunciamos en el grupo, después de las antologías de Terror y Amor, llegan los 40 relatos de fantasía y ciencia ficción.

Sí, sí, como lo estáis leyendo. Hemos regresado de las vacaciones con las pilas muy cargadas y tenemos muchas sorpresas preparadas para vosotros.

Seguro que ya estáis ardiendo en deseos de saber cómo participar con un relato en este proyecto solidario. Pues aquí os lo explicamos todo:

Esta antología, como las otras, será benéfica y todos los beneficios irán a la Fundación “Hospital amic” de Sant Joan de Déu de Barcelona para la humanización y apoyo del tratamiento de cáncer y la leucemia infantil. El plazo de recepción de relatos se abrirá el 1 de setiembres y finalizará el 30 del mismo mes a las 12 de la noche.

La extensión de los relatos debe oscilar entre: 500 y 3000 palabras e ir acompañados con…

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“Cuentos Perdidos” de Nina Peña

He tenido reseñas bonitas, de verdad, y emotivas, pero esta me ha llegado al alma…Gracias Raquel.

El gato de Ligeia

Si algo tienen las historias de Nina Peña que tanto nos encandilan es esa peculiar manera de expresar el amor en unas líneas. Reconozco estar iniciándome todavía en el universo de los autores independientes, pero hacerlo de la mano de Nina y sus Cuentos Perdidosha resultado ser todo un placer. Autora de libros como Las sufragistas, ¿Cómo que a qué huelen las nubes?, Rosa de los vientos yPalabras que sanan, que todavía tengo pendientes en mi lista de lecturas, recita a la perfección las frustraciones, los deseos, las pasionesy las preocupaciones del ser humano desde el interior.

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Los clásicos y la dignidad de un pueblo.

nina peña - politica - articulos

Los acontecimientos de los últimos tiempos, y en concreto de los últimos días, me hacen pensar que los españoles somos una sombra de aquello que una vez creímos que nos representaba como carácter nacional y que se ha quedado presente en la literatura; de aquel Quijote que luchaba contra las injusticias, desfaciendo agravios y enderezando entuertos o de aquellos habitantes de Fuenteovejuna que, todos a una, acabaron con la arbitrariedad del comendador, sus injusticias y sus abusos.

Tendríamos que recurrir a los clásicos para tratar de animar el espíritu patrio de buscadores de justicia, algo soñadores, que siempre hemos tenido.

En apenas un par de días, hemos tenido que ver al presidente del gobierno declarando en la audiencia por corrupción y nos hemos quedado tan anchos.

Sí, algunos hemos protestado, hemos puesto un tweet, un mensaje en Facebook y nos hemos quedado tan tranquilos con nuestra protesta, porque, ¿qué más se puede hacer salvo ejercer el derecho a la pataleta?

También estamos inundando las redes con mensajes de apoyo a Juana Rivas, una masa de gente que ha conseguido convertir el drama de esta señora en Trending Topic mientras ella, en unas pocas horas, pasará a ser fugitiva de la justicia y estará en busca y captura como una delincuente.

Estamos tan acostumbrados al horror que ya nada nos espanta.

Los cientos de casos juzgados por corrupción y los miles de casos de malos tratos machistas en lugar de rebelarnos nos dividen porque siempre hay quienes se quedan en la forma y no en el fondo de estas cuestiones.

Siempre hay quienes son más papistas que el Papa.

Volviendo a los clásicos, nuestro “comendador” particular, como si de Fuenteovejuna se tratara, no ha hecho sino burlarse de nosotros en un esperpento de testimonio y de declaraciones de amnesia que a cualquiera le valdrían una pensión de invalidez, y de paso, pone en duda la honestidad de los ciudadanos como si solo él y su ralea fueran los poseedores del honor y la verdad; es decir, nos ha dejado a todos como tontos al creer que cualquier cosa que diga nos la vamos a tragar, insultando, de paso, la inteligencia de todos quienes vimos aquel simulacro.

Juana Rivas, nuestra Laurencia particular, nos ha restregado por las narices la ley injusta que, a falta de leer y entender todo el proceso judicial, le obliga a poner su vida y la de sus hijos en peligro por el simple hecho de rebelarse contra la violencia y pretender vivir en paz. Nos ha echado en cara la falta de coraje que tienen las instituciones en todo aquello que signifique proteger a las mujeres de la violencia machista y en muy poquitas palabras, de hecho ninguna, está demostrando que aquello que la justicia no es capaz de hacer, lo vamos a tener que hacer las mujeres de la forma que sea y por nuestra cuenta.

La gente, el pueblo, los villanos de Fuenteovejuna, nos hemos quedado tan tranquilos con todo esto porque ¿qué podemos hacer?

Nos conformamos con posicionarnos a favor o en contra de las cosas, de hablar acodados en la barra del bar, o dar “me gusta” en las redes sociales.

No vemos el fondo.

Hasta los seguidores más acérrimos de Rajoy deberían tener en cuenta de que no se puede soportar tener un presidente que es llamado a declarar como testigo en un juicio por corrupción y en el que además dice no acordarse de nada ni saber nada. Las opciones son dos; o lo sabía todo y es un corrupto o no sabía nada y es un incompetente, lo cual en ambos casos le incapacita para seguir ostentando el cargo.

Y seas del partido que seas deberías pensar así.

Que existan personas que justifiquen esta corruptela, que la nieguen a estas alturas, o que te digan tan campantes, “si yo estuviera ahí haría lo mismo” es de una necedad tan brutal que parece mentira que no hayamos evolucionado en nada nuestro espíritu democrático, es más, muestra una involución casi feudal.

Que otros se escuden en frases sin sentido, en denuncias falsas o en lo que sea para defender el derecho de un maltratador a ver a sus hijos negando la evidencia de que ese hombre al que defienden es un tipo con una sentencia firme por violencia machista y que eso lo inhabilita para tener la custodia de los niños, es querer ver solo lo que a uno le conviene y muestra una misoginia brutal no solo a nivel personal sino también a nivel institucional.

El hecho de que quienes mandan, de quienes poseen el poder ya sea democrático o judicial, nos exhorten a cumplir con preceptos y leyes de las que ellos están por encima es no solo injusto, sino que además es una clara muestra de su pensamiento elitista, de su convicción de que están por encima del bien y del mal, de que son una clase privilegiada y llamada a dirigir los designios de una nación, de que estamos para servirlos, para pagar impuestos y callar, de que el pueblo es ignorante, y como tal, se puede abusar o se puede utilizar a su conveniencia.

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Cuando la ley es injusta, todos deberíamos rebelarnos contra ella. Como hizo el pueblo de Fuenteovejuna.

Contra la corrupción, contra la arbitrariedad, contra la violencia, contra las leyes que no protegen pero sí condenan, contra aquello establecido tantos años atrás que se ha quedado anticuado y ya no responde a las necesidades y a la filosofía actual de una nación, contra la degradación de un sistema que nos está oprimiendo como personas, contra la vergüenza de ser un país que solo sale en la prensa extranjera por crisis, escándalos, casos de corrupción, o violencia.

Creo que la mayoría de españoles no nos merecemos esto, de verdad. No nos merecemos la vergüenza que nos toca pasar día sí y día también.

Si de verdad quisiéramos cambiar las cosas, si no estuviéramos tan “aborregados”, solo tendríamos que levantarnos, salir a la calle, declarar huelgas generales indefinidas o desobediencias civiles para tratar de recuperar la dignidad que esta gente nos está quitando, para acabar con todas las injusticias y con todos los fraudes que, como si fuéramos tontos, nos están haciendo tragar, y entonces, como en la obra de teatro, solo cabrían dos posibilidades, o dar por buenos nuestros hechos o matarnos a todos, algo que ya intentaron allá por el 36 y casi consiguieron a partir del 39.

 

 

 

 

 

 

 

 

Verano sin vacaciones.

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Habitualmente el verano es una época de vacaciones, de relax y de tratar de descansar de aquellos trabajos que llevamos meses desempeñando y de los que ya necesitamos tomar distancia y recargar las pilas.

Yo, por el contrario, es cuando más trabajo me impongo.

Este mes de julio ni siquiera había hecho una entrada en el blog… y eso es algo muy pero que muy raro en mí.

Por mis circunstancias personales, en verano no trabajo fuera del hogar, lo cual me debería permitir tener tiempo libre, pero ocurre que es cuando más tiempo tengo para escribir y estudiar, algo que durante el resto de año tengo que ir compaginando con ese otro trabajo menos creativo y que me ayuda a pagar las facturas como a todo hijo de vecino.

Para estos meses me he impuesto dos cursillos online que aún no he podido terminar, sigo de lleno metida en la redacción de mi novela y además estoy metida de lleno en un ensayo el cual, si todo va bien, quiero presentar a concurso, con lo que, me urge terminar su estudio, su redacción y corrección antes de que el tiempo se me eche encima y no llegue a los plazos estipulados.

No es que tenga el blog abandonado…sino que tooooda mi persona esta abandonada, soy una maquinita de escribir y de pensar y creedme que aunque es agotador, también es muy gratificante. Diría que proporcionalmente gratificante.

Prometo tratar de hacer nuevas entradas en cuanto tenga un poquito de tiempo… el problema es que el tiempo es algo tan relativo….

 

19J. Día de protesta.

nina peña - feminismo - mujeres

Hoy era un día de protesta.

Más de 200 ayuntamientos, 20 capitales de provincia y 500 plataformas habían elegido el día de hoy para hacer concentraciones en las plazas y reclamar el aumento de una partida económica para la lucha contra los asesinatos machistas.

Bien. Que en ciudades como Madrid o Valencia la asistencia fuera de apenas 200 personas o que en capitales de provincia el seguimiento llegara apenas a 50 personas, habla poco y muy mal de la conciencia que existe en este país sobre el tema.

Si habláramos de 60 muertos de terrorismo posiblemente nos llevaríamos las manos a la cabeza y llenaríamos plazas para luchar contra esa lacra.

Si habláramos de una catástrofe como la que esta asolando Portugal con 63 muertos en esos pavorosos incendios, hablaríamos de ello en la oficina y desearíamos que algo así nunca hubiera ocurrido.

Pero resulta que no, que hablamos de violencia machista, algo que de por sí ya es una lacra y que además se le une la hipocresía de una sociedad que aún parece creer que es algo barriobajero y que solo ocurre en según qué ambientes y escalas sociales.

Algo lumpen. Algo digno de salir en aquel periódico llamado “El caso”.

Las cifras.

En los últimos 15 años los asesinatos machistas han provocado 885 muertas, superando por ejemplo al número de víctimas de ETA que asciende a 829.

No voy a preguntar la suma de dinero que los gobiernos han dedicado a la lucha contra el terrorismo de ETA porque posiblemente no logre saberlo, pero sí sé que contra la violencia machista ese número asciende a tan solo un 0´01% del presupuesto en gastos no financieros, de un total de 310.000 millones. Hoy se solicitaba un aumento en la partida de 120 millones, algo que de todas formas es insuficiente.

En lo que llevamos de 2017 ya hay 28 mujeres asesinadas, en 2016, 53 mujeres, en 2015 la cifra se disparó a 60 y el récord lo batimos en el 2010 con un total de 79 mujeres asesinadas.

Desde que entró la ley contra la violencia de género en 2014 se han producido 377 con lo cual tal vez esa ley necesite una revisión urgente.

Estos asesinatos han producido un total de 161 huérfanos.

El 65% de las mujeres asesinadas aún convivían con su asesino y tan solo el 21% de las victimas había presentado denuncia.

Estas son las cifras de la vergüenza.

Porque debería dar vergüenza que en un país con este grave problema se siga teniendo un presupuesto público tan escaso y una participación/concienciación social tan baja.

Por qué

No cabe pensar de otra forma.

He intentado buscar una respuesta a por qué de todo esto, a la falta de implicación por parte de los gobiernos y de las personas. He intentado encontrar los motivos por los cuales las asesinadas por violencia machista son víctimas de segunda clase, muy por debajo de las victimas de cualquier acto terrorista o cualquier catástrofe.

Lo único que he llegado a pensar y que me parece coherente es que es un problema de ideología.

Las mujeres no somos una amenaza para la unidad del país como lo era ETA, no somos una amenaza para la forma de vida occidental como el terrorismo islámico ni somos víctimas de inocentes de una catástrofe porque, en esa ideología, nosotras somos parte fundamental de una sociedad que se desmorona y que deja con las vergüenzas al aire lo que algunos consideran su pilar básico; la familia.

En esa forma patriarcal de afrontar el problema de la violencia machista, nosotras llegamos a perder hasta la presunción de inocencia que sí tienen los muertos en accidentes o los muertos de cualquier desastre natural.

Nosotras somos parte del problema por lo tanto, no nos dejan erigirnos en jueces y condenar nada, no nos ayudan ni nos respaldan ni nos tienen en cuenta.

El problema no es el machismo. Para ellos el problema somos nosotras. Y nuestra forma de pensar. Y nuestro feminismo que está socavando los tradicionales pactos de poder que hasta ahora ostentaban los hombres y que al parecer no están dispuestos a compartir.

Por eso no nos hacen caso.

Por eso no les importa.

Por eso destinan más dinero a cualquier otra cosa que a luchar contra los asesinatos machistas.

Por eso, aunque cuando en las noticias vemos un nuevo asesinato, durante un segundo pensamos en la víctima pero no llegamos a condenar, en el fuero interno, al asesino. Todo se queda como emborronado, como difuminado, con una escasa visibilidad real en la que en medio flota, lacónico, un número de teléfono…016.

La forma de enfocar este problema esta sesgada, es ideológica y además fomenta la incomprensión e invisibilidad social al respecto.

La lucha contra la violencia machista no puede seguir siendo manifestada por “cuatro locas feministas”, debe ser una lucha de toda la sociedad, porque nos incumbe a todos.

También a los hombres. También a las mujeres que no han sido maltratadas, a la infancia que se les educa ya en estereotipos que perpetúan esa imagen de superioridad en ellos y de inferioridad en ellas, ha de ser una lucha de todos, no de unos cuantos.

Mientras los gobiernos miran hacia otro lado y las personas lo sigan viendo como algo lejano, será imposible ganarle la guerra al machismo.

Mientras unos ponen palabras vacías e ideologías, nosotras seguimos poniendo las muertas.

La pregunta es ¿cuántas mujeres muertas más hay que poner en esta guerra para que nos comiencen a tomar todas en serio?

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Con tacones y a lo loco. (La noche los confunde…)

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Que en el tema de feminismo se necesita mucha pedagogía social es algo evidente en cuanto te paras un momento a analizar frases, comportamientos y conversaciones en redes sociales o en TV en donde parece que todo tiene cabida.

En mis años de estudiante no había ninguna asignatura similar a la controvertida Educación para la ciudadanía ni mucho menos se podía realizar un máster en estudios sobre el feminismo, en el que ahora se especializan muchas carreras o grados universitarios.

Las de mi época, o hemos sido subversivas a conciencia o nos hemos tenido que buscar la vida para tener una base filosófica o académica a la que poder echar mano en el momento de explicar ciertas cosas.

Es complicado escribir o hablar de un tema que sientes pero del que no tienes unas nociones fundamentales, y es que hasta hace pocas décadas ni siquiera se podía acceder a una bibliografía o a unos ensayos que tuvieran una perspectiva moderna y actual.

Cuando comenzó lo que se ha denominado como la tercera ola del feminismo allá por los años 60, aquí, en esta España de mantilla y peineta las mujeres teníamos en el DNI una frase famosa en el apartado profesión: sus labores.

Y aunque muchas ya estaban metidas de lleno en el mundo laboral las costumbres del día a día, la falta de preparación o simplemente la costumbre y la inercia de tantísimos años de tradicionalismo, nos dejaban apartadas de la profesionalidad y de los cargos de responsabilidad.

En los años sesenta, las mujeres eran las secretarias no las directoras. Las enfermeras no las médicos y así en una larga lista que formaba lo que ahora se denomina el techo de cristal que parece haberse elevado un poco pero en el que se sigue tropezando una y otra vez aunque te avale una hoja académica o laboral impecable.

Aún hay que justificar ciertas protestas como la de hoy mismo, porque todos los días sale algo nuevo, en la que hablan del espacio público que ocupan los hombres o de los anuncios en los que se buscan camareras que no tengan novio y que usen tacones. Ambos requisitos imprescindibles.

Os he puesto como foto el anuncio que hoy corre como la pólvora para que podáis saber de qué estoy hablando e concreto.

Tras lo brutal que ya es el anuncio por sí solo, hay que ver en las noticias de TV al empresario en cuestión explicándolo , diciendo que se nos ha ido la olla, que estamos todas locas, que es de lógica requerir esas condiciones específicas porque, palabras textuales; “Si tienes un novio celoso, que viene a buscarte para llevarte en coche a casa o se queda toda la noche en la barra controlando…” o al socio acabando de rematar el tema con “es que es lo que hay, a ti te van a llamar guapa, “guapa ponme una copa”, “guapa ¿a qué hora sales?” y eso es normal”

Lo del tonito de autoridad lo dejamos para otra ocasión.

Que esas personas vean como normal el acoso tanto por parte del novio como por parte de los clientes es realmente algo que me hace plantearme en qué clase de sociedad vivimos y hasta qué punto se necesita que sigamos en la brecha, porque mientras se sigan normalizando esas actitudes vamos a tener que seguir protestando por lo que otros consideran “tonterías”.

images0T69ENTT¿Qué somos unas exageradas? Bueno… eso se resuelve con algo tan simple como la pedagogía.

Hay que tener claro que el feminismo ha evolucionado con la sociedad y si alguien sigue teniendo la imagen obsoleta de la sufragista que se ataba a las rejas de Buckingham Place y no entiende cómo ahora seguimos protestando, es más, según ellos protestando por todo, es que no entienden que, al igual que evoluciona toda la sociedad, los movimientos filosóficos y políticos también evolucionan.

El feminismo actual, que algunos ven exagerado y pasado de moda puesto que ya tenemos los derechos que exigían nuestras abuelas, no trata de seguir obteniendo esa igualdad legal, laboral o social que nos equipare a los hombres, sino que trata de encontrar una voz propia, recuperar el poder propio y la identidad femenina huyendo de la subordinación y del discurso el patriarcado, que ha creído, equivocadamente, que dándoos tres metros de cuerda es suficiente para hacer que nos sintamos libres.

Ese tipo de feminismo posmoderno y radical, trata de visibilizar todo tipo de discriminación, de denunciar esas miles de cosas que callamos día a día y que aguantamos con estoicismo y que va desde los piropos hasta que un tío se espatarre en el metro o que te obliguen a maquillarte o llevar tacones en el trabajo.

Es ese mundo de micro-machismos diarios que parecen normales…y no lo son.

Hace falta educar de otra forma con vistas al futuro, y a los que en nuestra época no nos educaron así, en lugar de despotricar tanto contra las feministas, buscar, leer, ilustrarse y mantener la mente abierta a nuevos conceptos en lugar de sentarse a despotricar sin camiseta al borde de una piscina presumiendo de bíceps para decir las macahadas de turno.

Sí, lo cómodo es no buscar ni saber ni intentar superarse, sobre todo porque a muchos conviene que las cosas no cambien y sigan siendo como son, pero eso no es más que la postura defensiva de cuatro aprensivos que se niegan a progresar y sus exabruptos son como cantos de cisne, porque afortunadamente, cada vez quedan menos hombres que piensen como ellos.

 

 

 

Recuperando buenas costumbres: La virgulilla, tertulia literaria.

Hace unos meses, con la publicación de mi segundo libro Rosa de los vientos, conocí a un grupo de gente increíble; lectores, escritores, poetas, bohemios, librepensadores… ellos, desde hacía tiempo querían recuperar las tertulias literarias y llevaban años reuniéndose en una cafetería que ya es como la segunda casa de todos.

En una nueva etapa de las reuniones, hemos abierto un blog, estamos recuperando palabras obsoletas, apostamos por los relatos y ediciones en grupo, y vamos a tratar de movilizarnos y dinamizar los actos culturales de nuestra ciudad asistiendo a distintos eventos.

Os presento el blog de La virgulilla, tertulias literarias.

Espero que os guste la idea y nos honréis con vuestra virtual presencia además de participar en estas locuras nuestras.

Os dejo el enlace para que podáis conocernos personalmente en plena faena.

Origen: Quiénes somos

No todo cabe en un libro.

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En ocasiones, la vida te inspira de la forma más inoportuna.

Una foto ajada por el tiempo, una historia que alguien de repente te recuerda, una persona que hacía años que no veías, un aroma, una lluvia a tiempo, un viento…

La vida escribe libros enteros en el devenir de las personas que somos simples personajes en una historia de la que no siempre conocemos su final.

En una misma historia, si seguimos el hilo conductor de las personas que entran y salen, hay mil historias más, mil vivencias, mil vidas que, como en la técnica de matrioscas, podríamos ir contando hasta el infinito.

Hay historias que se niegan a ser contadas, es cierto, otras que nos lo ponen difícil porque hay que hacer ejercicios mentales y espirituales antes de comenzar a contar aquello que en un principio parecía tan fácil, las hay que simplemente no caben en un libro por más páginas que este tenga.

La vida es una tragicomedia con tintes rosa o negros, con finales inesperados, con villanos y héroes anónimos, con finales felices, tristes, abiertos, fabulosos o inesperados, con capítulos gloriosos o miserables, con portadas más o menos decentes y sinopsis crueles que nunca cuentan todas las verdades.

La vida es literatura en estado puro, pero hay que saber contarla, tal como hay que saber vivirla, que es lo complicado.

 

 

1º de Mayo. Aún reivindicando derechos.

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Hoy es el día del trabajo, el 1º de Mayo, y como cada año, los curritos de este país y de muchos, salimos a la calle para reivindicar los derechos laborales que nos corresponden y que, con la excusa de la crisis, hemos ido perdiendo.

Mi pregunta es por qué a estas alturas del s. XXI tenemos que seguir reclamando derechos como si fuéramos los obreros textiles de la Revolución industrial, por qué tenemos que seguir peleando por un trabajo y salario dignos…

Los que tenemos un trabajo, que somos la inmensa mayoría, no siempre somos conscientes de a qué clase social nos empuja ese trabajo realizado y no siempre somos conscientes de que, en el fondo, pertenecemos a ella.

Podemos mirar a otros países (suelen ser nórdicos) en que la clase trabajadora tiene cubiertos esos derechos y buscar las diferencias entre ellos y nosotros; horarios, conciliación familiar, sueldos, condiciones: y la pregunta sigue siendo la misma aquí y ahora.

Si tenemos necesidad de reclamar ciertos derechos es porque se nos priva de ellos, ¿cierto? ¿y por qué?

En mi vida laboral he conocido a varios empresarios, unos más implicados que otros con el tema, unas más grandes o medianas empresas o simplemente que cumplían con lo acordado en los convenios.

Hace algunos años conocí y trabajé por una corta temporada para un señor, por decirlo elegantemente, que no pertenecía a ninguna clasificación anterior y al mismo tiempo era empresario… por decirlo también de forma elegante.

Este señor me dio la clave de la que aún no me he podido desprender; conciencia de clase.

Los curritos de este país y creo que de muchos, no tenemos conciencia de clase porque, simplemente, no queremos pertenecer a esta clase y francamente, no hay nada más patético que no saber el lugar del mundo que ocupas.

Es imprescindible para cualquier persona tener aspiraciones, querer mejorar y querer alcanzar metas, pero no hay que perder de vista el suelo en el que te estás apoyando y desde el que tienes que tomar ese impulso.

Así, con esa falta de concienciación, nos encontramos con los típicos palmeros, con los pelotas, con los trepas, con los obreros que votan políticas neoliberales, con los caciques, con los ignorantes y los presuntuosos, con los explotadores, con los cínicos… con personajes variopintos que a un lado u otro del mercado laboral van mermando la fuerza de la reivindicación y que explotan las necesidades de unos para lograr fines distintos.

Aquí estamos acostumbrados a eso, al amiguismo, al “qué hay de lo mío”, al “lo tomas o lo dejas porque como tú hay miles en la cola del paro”. No nos hemos desprendido del caciquismo en donde una sola persona detenta un poder enorme en varias esferas sociales ni nos hemos desprendido tampoco de creer que votando a los que tienen dinero nos va a ir mejor porque son ellos los que nos dan trabajo o bien usamos inconscientemente el llamado voto aspiracional que nos lleva a creer que votándoles somos sus iguales.

Ellos tienen clara esa conciencia de clase que nosotros hemos perdido. Nadie quiere ser de clase obrera, está mal visto.

Que tras tantos años tengamos que seguir pidiendo derechos y lo peor, que sigan sin ser reconocidos, solo puede obedecer a un largo plan de adoctrinamiento que comienza por los colegios, sigue en las universidades y se confirma cuando comienzas a trabajar.

Tanto si eres empresario como de clase obrera, no reconocer esos derechos se debe a que no te han dejado pensar, no te han educado para hacerlo, no se ha despertado en ti el espíritu crítico tan necesario como para tomar decisiones por ti mismo, por encima de las ideologías de las clases sociales y de los prejuicios que venimos arrastrando desde tiempos inmemorables.

La educación es la base de toda la sociedad, y sin ella o con una educación que adoctrina en filosofías de vida muy concretas y que te marca una línea clara a seguir, no avanzamos, no progresamos.

Un empresario no debe cuestionar los derechos de sus trabajadores ni creer que él está por encima de ellos. Un trabajador no debe conformarse con las migajas del mercado laboral y debe ser consciente de su puesto de trabajo y su valía profesional.

Una persona que, posiblemente, tenga una carrera universitaria y varios masters y que está arriesgando su dinero y su patrimonio, obviamente ha de tener beneficios mayores que aquel que solo cumple un trámite de ocho horas laborales, pero este beneficio no debe ni puede ser a costa de recortar derechos y salarios sino gracias a una estrategia de mercado que le permita optimizar sus recursos.

No se puede recortar en derechos para obtener privilegios.

La base: la educación y el respeto.

Todos estamos en ese mercado, desde una posición u otra y nos necesitamos mutuamente. Pero ante todo somos personas que si trabajamos es para cubrir nuestras necesidades básicas y conseguir ese estado de bienestar en el que es posible crecer y desarrollarse como individuo y como parte de la sociedad a cualquier nivel.

Que hoy, en el año 2017, se trabaje por un sueldo mísero que no nos permite cubrir nada de eso es realmente espeluznante y demuestra que no progresamos en absoluto, sino más bien, seguimos en punto donde nuestros abuelos estaban a mediados del s. XIX.

Doscientos años después de la revolución industrial la lucha debe continuar. Qué remedio.

Aquellas clases privilegiadas que ostentaban tal poder que condenaban a la clase obrera a la más absoluta pobreza siguen encastilladas en lo suyo; solo hay que ver los poderes de las multinacionales y de los gobiernos que aplican políticas neoliberales en donde ya ni el propio estado tiene fuerza para lucha por la igualdad que promete en su constitución, abocándose a un suicidio en donde pierde hasta el poder legislativo (art.135 de la Constitución) en favor de leyes impuestas por mercados económicos superiores como por ejemplo el europeo.

Nosotros seguimos haciendo uso del derecho a la pataleta hasta que alguna ley también nos lo impida.

Al final va a ser cierto aquello de que “quien paga, manda” pero lo peor es que quienes mandan son otros mientras que quienes pagamos somos los de siempre.