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Cistina García Rodero. Una mirada en blanco y negro

Muy a menudo se nos olvida de qué España venimos. Se nos olvidan los años en que caminábamos por los senderos tortuosos de una transición que vibraba entre lo que se creía moderno y las tradiciones ancladas en un pasado anacrónico que durante cuarenta años nos habían obligado a observar con la prudencia y el rigor del nacional catolicismo. Muchas veces, de lleno en el siglo XXI nos creemos muy modernos y avanzados como para echar la vista atrás o, por lo contrario, nos aferramos a esas costumbres como tradiciones irrompibles, como seña de identidad de nuestros pueblos, de nuestras fiestas populares o creencias.
Se impone una mirada al pasado desde ese ángulo de visión humanista que la fotógrafa Cristina García Rodero nos muestra en sus últimas exposiciones ofrecidas dentro del marco del Festival de Formentera Fotográfica el pasado mes de abril, en Huesca, durante el mes de mayo y en Puertollano, su pueblo natal, en donde la exposición ha tenido que ampliar las fechas hasta el presente mes de junio.

Garcia Rodero - Nina Peña - España - mujer - paraguas
En su colección La España oculta, nos muestra esa España ya desconocida y lejana en una amplia muestra antropológica y social que transcurre desde 1974 hasta 1989. Para ella, el fotógrafo ha de captar lo máximo posible y la fotografía ser lo más expresiva posible aunque tenga pocos elementos. Es por tanto la regla de oro de la llamada fotografía humanista, que trata de remarcar la figura del ser humano, sus momentos diarios, su vida cotidiana sin artificios que distraigan la mirada. Es ofrecer una visión del mundo, a veces crítica, a veces dura desde un punto de vista estético. Impactante en su simplicidad. Rodero piensa que en realidad hay poca política en sus fotos porque ella lo que pretende mostrar es la realidad de la situación, pero al mostrarla, esa realidad ya está contando muchísimas cosas. Las muestra en toda su vehemencia, en toda su crudeza, en todo su entorno social y pocas cosas hay tan políticas como mostrar esas circunstancias y contextos que pocos quieren ver.
Desde la prestigiosa agencia Magnum, Cristina nos recuerda una época de la España profunda y religiosa, llena de procesiones y tradiciones religiosas que parecen sacadas de una etapa que no reconocemos nuestra. Nos recuerdan a las épocas oscuras del pasado y sin embargo, apenas tienen cincuenta años. No hace tanto tiempo que éramos así aunque no queramos recordarlo, aunque la memoria sea frágil y aunque muchos traten de idealizar un pasado que para nada fue mejor pero que es, como toda niñez, la verdadera patria de muchos y a la que algunos, mal llamados nostálgicos, querrían volver.

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garcía rodero - nina peña - mujeres

Mujeres con mantillas y peinetas llaman la atención no por los atuendos cañis, si no por las expresiones de sus rostros: los cruces de brazos, los mohines de sus bocas, las expresiones cerradas, duras de sus ojos y su seriedad. Mujeres cuyo único poder era el ser abanderadas de la moral. Mujeres con cántaros en la cabeza. Niños pelones descalzos en las puertas de sus casas desvencijadas, obradas con barro y palma, blanqueadas con cal. Procesiones y tradiciones marcadas por la iglesia donde lo común era peregrinar de rodillas en pago a alguna gracia obtenida. Era toda una España que vivía de rodillas. La sumisa, la creyente y temerosa no tanto de Dios como de las leyes y sus alargados brazos. Hombres de rodillas en procesiones, en peregrinajes. Mujeres arrodilladas en los reclinatorios, en las aceras laborando trabajos ya perdidos, modos de supervivencia en las zonas rurales que se han extinguido.

garcia rodero - nina peña - mujeres - de rodillas
De las fotos de Cristina García Rodero llama la atención su mirada silenciosa y a la vez critica. Haciendo de las personas el centro de la imagen vemos un modo de vida que parece mentira que fuera el nuestro no hace tanto tiempo. Nos remontamos sin querer, confundidos por el blanco y negro, a otros años todavía más oscuros. Las vestimentas de las mujeres engañan y sus actitudes todavía más. En las fotografías sientes la falta de poder propio. Las personas interactúan con el medio, viven, sienten, pero al mismo tiempo muestran una ausencia de empoderamiento personal que subraya el servilismo de toda una época, la cerrazón de las costumbres, la aceptación callada como forma de supervivencia social.garcia rodero - nina peña - mujeres

Las mujeres llaman la atención porque sus imágenes varían de modo más ostentoso. Mujeres con niños enganchados a sus pechos, con la cabeza tapada por pañuelos negros sobre los que portan cestos, atadillos de ropa, lecheras enormes, ataúdes, haces de leña y el peso de la moral vigente. Ante los ritos eclesiásticos mantienen la única forma posible de poder personal: las guardianas de la moral, los pilares básicos de la familia y mantenedoras de costumbres tradicionales. Los hombres se muestran menos orgullosos. No les hace falta. Su poder personal, aunque minimizado por la obediencia a la ley y a la iglesia, se mantiene por el mero hecho de ser hombres, quienes solo se arrodillan ante Dios.

garcia rodero - nina peña - penitente

Han pasado ochentaydos años desde que en la carta colectiva de los obispos españoles se diera legitimidad a una guerra y a un golpe de estado que nos sumió en casi medio siglo de dictadura. Estas fotos, a medio camino en el tiempo, nos muestran no solo el grado de adhesión del pueblo hacia la iglesia sino también el enorme calado popular del nacionalcatolicismo que se mostró como defensor de la tradición, de las costumbres españolas y el arraigo en el tiempo que este tuvo.
La carta que legitima esta forma de vida reza que tras los “continuos atropellos de los súbditos españoles en el orden religioso y social puso en gravísimo peligro la existencia misma del bien público y produjo enorme tensión en el espíritu del pueblo español… no había más recurso que el de la fuerza para sostener el orden y la paz; que poderes extraños a la autoridad tenida por legítima decidieron subvertir el orden constituido e implantar violentamente el comunismo; y, que por lógica fatal de los hechos no le quedaba a España más que esta alternativa: o sucumbir en la embestida definitiva del comunismo destructor… o intentar, en esfuerzo titánico de resistencia, librarse del terrible enemigo y salvar los principio fundamentales de su vida social y de sus características nacionales”. La Iglesia muestra su adhesión al levantamiento y lo legitima como única vía posible de supervivencia para sí misma y para los valores morales que defiende. Califica de enemigos de Dios y de la Patria a todos aquellos que no comulgan con su fe y hunde sus garras en dos términos distintos pero complementarios. El de salvar a España de una ruina definitiva y el de reducir a los enemigos de Dios, de la fe católica y de la práctica de la religión. Para ellos la justicia y la paz llegaba de las manos de los sublevados y no del libre ejercicio y del libre pensamiento que proclamó la República.

Cristina Garcia Rodero. Peregrinación. Agencia Magnum
Hay todo un proceso mental en el que los españoles asumen los ritos y la pompa eclesiástica como forma de vida y la unen a la grandeza de la patria. Los primeros años de la dictadura como método vital de supervivencia, luego como forma de no estar apartado socialmente y de vivir sin dilemas de conciencia, haciendo lo que todos consideraban correcto, siguiendo los cauces marcados. Años de Acción Católica, Opus Dei y Sección Femenina. Años de ver a Franco desfilando bajo palio rodeado de las más altas esferas religiosas, de tener como escudo una réplica adaptada a las circunstancias de lo que fue bandera de los Reyes Católicos. Años en los que para no ser tildado de fascista en Europa tras la II Guerra Mundial, el régimen tuvo que virar a la llamada Democracia Cristiana pese a mantener una dictadura. Lustros, décadas que no se borran de un plumazo y que cuentan con un arraigo brutal sobre todo en poblaciones rurales.

garcia rodero - nina peña

Hoy estas fotos nos hunden en una especie de vergüenza no exenta de frivolidad. Mantenemos una mirada antropológica para no reconocernos en ellas, para no ver que se siguen alargando aquellos brazos de la moral más férrea impuesta por ese nacionalcatolicismo que en el momento de hacer estas fotos ya estaba herido y agonizante. Seguimos viendo manifestaciones religiosas de alto voltaje en los noticiarios, seguimos viendo desfilar procesiones, romerías y aglomeraciones públicas, muestras de fervor popular y nos tranquilizamos con la teoría de la libertad de culto dentro de un país cuya Constitución dice ser laico. Nos escudamos con la libertad y miramos esas demostraciones de exaltación con pasividad y tolerancia, sin creernos que todavía exista tanta gente temerosa de Dios. Hay un rito festivo en todo ello que confunde la celebración de fiestas patronales tradicionales con las señas de modernismo alcohólico y taurino, de peñas y asociaciones, de mujeres que se visten con trajes tradicionales, mantilla y peineta por la mañana y que por la noche se sacuden la modorra corriéndose la fiesta del siglo. Hombres que pagan religiosamente las cuotas de socios de cualquier asociación cultural para tener la patente de corso necesaria con la que no perderse ni un día de fiesta. Algo legítimo, por supuesto.

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Hemos vestido de modernidad y de transgresión aquello que los abuelos de estas imágenes vestían de fiesta religiosa. Hemos avanzado sin memoria por el discurrir de los tiempos porque hay cosas que no queremos ver ni recordar. Cosas que mantienen a generaciones enteras sin saber la realidad de la que provienen porque nadie las ha contado. Hemos hecho una transición piadosa de las normas, una evolución social sin la profundidad necesaria porque partimos de la falta de memoria o peor, de una memoria selectiva. Hemos matado a Dios para ocupar nosotros su puesto y con él aquello que creemos que debe reinar sobre la voluntad y la moral humana. La costumbre tergiversada de modernidad y la tradición mutada en transgresión. Hemos matado al dios del nacionalcatolicismo para poner el su trono al capitalismo que compra voluntades, personas, que consume todo tipo de bienes y servicios, todo tipo de cosas que nos hagan creer que somos modernos, libres, que somos en efecto los reyes del mambo, que ya no somos aquella España en blanco y negro, inculta, hambrienta, tradicional que, sin embargo, Cristina nos muestra en sus fotos de no hace tanto tiempo.

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Defendemos ritos sangrientos y antiguos escudándonos en tradiciones y perpetuamos así la infamia de creernos los reyes de la creación cuando en realidad solo estamos en lo alto de una pirámide alimenticia. Seguimos desfilando en fiestas patrias, en procesiones y romerías. Seguimos marchando tras imágenes sagradas bañadas en oropeles y terciopelos, delante de bandas de música que tocan el himno nacional a la salida de los templos y circundadas por Guardia Civiles con tricornios que ahora solo usan en los uniformes de gala. Seguimos eligiendo año tras año a las reinas de las fiestas, mujeres objetos que obvian el hecho actual de que la mujer no necesita ser reina de nada por un día para brillar en sociedad. Seguimos cruzando ríos y saltando verjas para acunar imágenes de Vírgenes y santas. Nos hipotecamos para pagar bodas eclesiásticas, bautizos y comuniones.
Seguimos arrodillados, salvo que en otros altares.

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Humanidad

Artículo 1. Declaración universal de los derechos humanos.

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

 

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A veces siento vergüenza de llamarme a mí misma humana.

Otras me alegro de no encajar perfectamente en eso que llaman humanidad.

Maternidad

 

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Pintura de Ana Lamelas. Embarazo

El estereotipo es la percepción exagerada y al mismo tiempo simple que se tiene de una persona o de un grupo de personas que comparten características comunes. Representar a alguien por medio de un estereotipo manifiesta cierta dosis de desprecio y está íntimamente ligado a los prejuicios, lo que finalmente puede desencadenar la discriminación.

Los estereotipos femeninos suelen ajustarse a cánones de belleza o a roles concretos de género. Hay todo un imaginario que hace que las mujeres seamos en general más sensibles, cálidas, dependientes, sumisas, pasivas, inclinadas a la ternura y a lo doméstico. También podemos ser pérfidas, malvadas u objetos de deseo. Al responder a una imagen mental, a menudo colectiva, esta imagen puede verse representada en el mundo del arte bien como arquetipos, como personajes o como modelos de conducta.

Las mujeres a lo largo de la historia hemos cumplido el rol de ser cortesanas, vírgenes, princesas, madres, santas, putas… en un mundo donde la mujer ha tenido denegado el acceso durante siglos, ese imaginario está compuesto principalmente por el hombre, quien desde su mirada o desde sus experiencias personales o sus creencias políticas, religiosas o sociales, nos ha descrito como ha creído oportuno.

El hombre al describir a la mujer y sus funciones sociales o biológicas, no tiene en cuenta los sentimientos ni las vivencias de la mujer, si no las suyas. A menudo trata de explicar el mundo femenino desde una perspectiva que no se ajusta a la realidad y que está llena de los prejuicios adquiridos a través de los estereotipos que se arrastran desde la antigüedad.

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Pintura de Amanda Greavette. Parto

Falta la mirada femenina en el arte. Falta la mirada que solo nosotras podemos entender. Desembarazándonos de esos estereotipos, que muchas mujeres también tienen asumidos, podemos completar el mapa de las emociones, de las vivencias y de las experiencias desde la voz y la mirada propia y transformar de realidad el mundo del arte, tantísimas veces lleno de mujeres utilizadas, explicadas desde la alteridad y el desconocimiento.

Hoy es el día de la madre. El estereotipo más al uso porque es el lugar común de todos. Sin embargo la mirada de la maternidad no siempre es esa muestra de amor incondicional con la que se representa. Ha hecho falta que sean las mujeres las que representen el miedo, el dolor, la angustia que puede suponer ser madre. Hace falta que sean las mujeres las que reivindiquen su feminidad, su derecho a ser personas y seres humanos además de madres y que la maternidad no sea el fin, en sí mismo, de la vida de cualquier mujer. Hace falta que la maternidad deje de estar idealizada y pase al lugar que le corresponde, porque aunque ser madre sea una experiencia vital que nos marca para siempre y aunque los hijos sean para las madres lo más grande, también tiene una carga mental de la que no se habla y de la que muchas mujeres se sienten culpables.

Hace falta la mirada femenina para ver la realidad de nuestros propios procesos vitales y la reivindicación del dolor, el miedo y de la angustia como parte fundamental del sentimiento de amor que nos une a los hijos.

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Pintura de Montserrat Gaudiol titulada “Madre e hijo”

Cuando el día del libro era día de hogueras

 

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En el bando republicano también hubo cierta quema de libros aunque en menor medida, pero esta pretendía atacar la propiedad privada no la propiedad intelectual o la difusión de las ideas. La barbarie no conoce bandos.

Un 30 de abril de 1939, apenas un mes de finalizada la guerra, el Sindicato Español Universitario, SEU, celebró con una quema pública de libros el Día del Libro en el año I de la victoria. Miles de ejemplares fueron arrojados al fuego por ser considerados malignos o no exaltar los valores morales del nacionalsocialismo.
El diario ABC publicaba el 2 de mayo sobre la quema de libros en la universidad de Madrid que “El Sindicato Español Universitario celebró el domingo la Fiesta del Libro con un simbólico y ejemplar auto de fe. En el viejo huerto de la Universidad Central –huerto desolado y yermo por la incuria y la barbarie de tres años de oprobio y suciedad –se alzó una humilde tribuna, custodiada por dos grandes banderas victoriosas. Frente a ella, sobre la tierra reseca y áspera, un montón de libros torpes y envenenados (…) Y en torno a aquella podredumbre, cara a las banderas y a la palabra sabia de las Jerarquías, formaron las milicias universitarias, entre grupos de muchachas cuyos rostros y mantillas prendían en el conjunto viril y austero una suave flor de belleza y simpatía. Prendido el fuego al sucio montón de papeles, mientras las llamas subían al cielo con alegre y purificador chisporroteo, la juventud universitaria, brazo en alto, cantó con ardimiento y valentía el himno Cara al sol”.
En el puerto de A Coruña, frente al Club Náutico, los autos de fe, como los llamaban, tuvieron lugar el 19 de agosto. Títulos como Germinal de Zola o La regenta de Clarín fueron confiscados de la biblioteca personal de Casares Quiroga, diputado de Izquierda Republicana, de las bibliotecas públicas, de las escuelas o de otras bibliotecas privadas.
En las zonas conquistadas por los sublevados la quema de libros se impuso de forma violenta y se ordenaba mediante bandos y consignas que llamaban a la condena de los “libros marxistas, los pesimistas, los pornográficos, los de un modernismo exacerbante, los cursis…”. Falange se erigió como órgano censor e impuso sus criterios que fueron mucho más allá de los libros políticos, alcanzando la literatura universal, la poesía o la filosofía y todo aquel libro “pernicioso y envenenador del alma” como eran los libros de pensadores de Rousseau, Marx, Freud o Voltaire.

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EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL SE HA CELEBRADO UN ACTO EN EL QUE SE HAN HECHO LA QUEMA SIMBÓLICA DE LIBROS

En Córdoba el 22 de septiembre se quemaron 5.544 libros. Miles de libros fueron sacados de las imprentas y editoriales, así como revistas o cuadernos literarios. El pensamiento fue clausurado, los editores depurados, los periódicos no afines al nuevo régimen dejaron de existir y las librerías fueron expurgadas, asesoradas sobre los libros que sí estaba permitido poner a la venta y aconsejadas en las directrices a seguir o en la forma en que los libros debían ponerse en los escaparates. Con motivo de la Semana del Libro de 1939 la Cámara del Libro de Barcelona recibió una circular de la Jefatura Provincial de Propaganda de Barcelona, donde se recomendaba los libros que debían exponerse en los escaparates y que decía : “En dichos puestos deberán dar preferencia de colocación a las publicaciones sobre temas del Glorioso Movimiento y singularmente a las de este carácter editadas por el Estado Español en sus distintas denominaciones: Delegación del Estado de Prensa y Propaganda, Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de FET y de las JONS, Ediciones Jerarquía, Ediciones FE, Ediciones Libertad, Ediciones Arriba, Ediciones Destino y Ediciones del Servicio Nacional de Propaganda (…) y será especial cuidado de los libreros, el mantener en sus escaparates estrictamente obras de tipo político, militar, social, etc. Referentes a nuestra Cruzada”. El incumplimiento de dichas normas acarreaba una multa de 500 pesetas de la época.
En Tolosa y en Guipúzcoa la purga tuvo lugar el 11 de agosto del 36. En Sevilla, Queipo de Llano publicó dos bandos, uno el 6 de septiembre y el otro un 23 de diciembre en los que acusaba a los libros de ser marxistas y propagar ideas peligrosas. Mies fueron quemados a raíz de esos dos bandos además de imponer la censura y fuertes multas a los libreros que escondieran “lecturas subversivas”.
L´Ateneu Enciclopédic de Barcelona fue asaltado y más de 6.000 libros en catalán fueron quemados en la plaza pública. En Valencia ordenaron la quema de 50.000 libros, entre ellos una edición no comercializada de Miguel Hernández de la que lograron escapar dos volúmenes gracias a los cuales pudo ser reeditada en 1981. La biblioteca Pompeu i Fabra fue quemada entera en una plaza de Badalona. En el día del libro de los años posteriores a la guerra, se celebraba una misa por el alma de Cervantes y por “los gloriosos escritores españoles caídos en la Santa Cruzada”

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La Comisión Depuradora de San Sebastián en su informe sobre el expurgo de libros señalaba de Pío Baroja que sus libros “constituyen uno de los más mortíferos venenos intelectuales”, de Pérez Galdós que “con su espíritu liberal y con su mal reprimido odio a la Iglesia, mayores estragos ha causado en la sociedad española del pasado siglo y todavía sigue causando”, y del valenciano Blasco Ibáñez decía “que con facultades extraordinarias de escribir ha realizado una labor demoledora e inmoral con todas las producciones”. Fueron retirados títulos como El Libro del buen amor del Arcipreste de Hita, La Celestina de Fernando de Rojas, Diablo mundo de Espronceda, La educación sentimental de Flaubert, Werther de Goethe, Artículos de costumbres de Larra, La rebelión de las masas de Ortega y Gasset, Papa Goriot de Balzac, Sonata de otoño de Valle-Inclán, Poesías completas de Antonio Machado, Nuestro padre San Daniel de Gabriel Miró, La hermana San Sulpicio de Palacio Valdés, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, Los miserables o Nuestra Señora de París de Víctor Hugo, Los pazos de Ulloa de Emilia Pardo Bazán, El fuego de Barbusse, Sin novedad en el frente de Remarque, Los siete ahorcados de Andreiev, Las almas muertas de Gogol, Crimen y castigo de Dostoiewski, Cómo enseña Gertrudis a sus hijos de Pestalozzi, Guerra y paz de Tolstói, o Historia de la civilización española de Rafael Altamira. Todos los de Blasco Ibáñez, varios títulos de Azorín y numerosos de Pérez Galdós y Pío Baroja. El Corsario Negro de Emilio Salgari, Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas, Platero y yo de Juan Ramón Jiménez, Los cuentos de Andersen, o Los viajes de Gulliver de J. Swift. El cuento de Perrault, Caperucita roja se convirtió en Caperucita azul y más tarde, Caperucita encarnada.
Dionisio Ridruejo, escritor de la llamada generación del 36 y jefe de la propaganda fascista durante la guerra, expuso que: “la novela era un género que sólo merecía la publicación si marido y mujer, en un matrimonio legítimamente constituido, podían leérsela el uno al otro sin ruborizarse mutuamente y, sobre todo, sin excitarse”.

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Niños alemanes quemando libros en una plaza de Colonia. 1945-1948. (Photo by European/FPG/Getty Images)

Luego nos preguntamos porque España es uno de los países en que menos se lee…hay una especie de prevención hacia las ideas, de recelo o prejuicio ante el pensamiento desconocido. Nos cuesta abrir la mente a otros conceptos u otras realidades. Durante cuarenta años la mente debía estar cerrada, los pensamientos, los criterios propios y la crítica abolidos y considerados innecesarios para el vulgo que se debía conformar con aquellas enseñanzas que era imprescindibles para su labor y su clase social. El adoctrinamiento religioso en los colegios no pretendía abrir al alma a la fe, si no cerrarla a cualquier otro sentimiento o emoción que no fuera la estrictamente religiosa. Las consecuencias de esto se mantuvieron durante los años inmediatos a la muerte del dictador. La ignorancia, y lo que es peor, ese especie de soberbia que muestra el ignorante sobre su propia cultura, se deja ver todavía en cientos de detalles de los que a este país le cuesta desprenderse. La inteligencia, el criterio, el pensamiento crítico, tanto tiempo cercenado, nos ha dejado la incultura general como parte de nuestra cultura, esa a la que muchos se aferran orgullosos y llaman tradición.

http://www.represura.es/represura_8_febrero_2013_articulo2.html

https://blogdehistoriaderafa.wordpress.com/2017/04/29/la-quema-de-libros-durante-la-guerra-civil-y-la-dictadura-book-burning-during-the-spanish-civil-war-and-the-dictatorship/

 

*Fe de erratas. En mi primera publicación hay un error en la fecha, obviamente, la guerra finalizó en el 39, no en 1936, como puse por equivocación. Disculpadme.

 

Musas: la mujer silenciada.

 

picasso - nina peña - pintorLas musas son unas divinidades griegas que protegían las artes y las ciencias. El término ha seguido actualizándose hasta el punto de que cualquier inspiración que pueda sentir un artista y que favorezca la creación o la composición de una obra parece provenir de ese ser mágico y mitológico. Cuando estamos con la mano rota decimos que nos han abandonado las musas; así de coloquial es el término. Pero además de ese concepto popular hay otro mucho más terrenal, y es el concepto de la mujer como inspiración, como musa de un pintor, un escultor, un escritor…

Su nombre es Dulcinea… su hermosura sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los Imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a las damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos de cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve.
Miguel de Cervantes, Don Quijote, 1,13

 

Puede ser que para muchos una musa sea el principio, el hilo que tomamos con dos dedos y del cual tiramos para desembrollar la madeja del pensamiento. Desde la creación más sentimental y puestos a que casi todas las creaciones tengan como punto de partida la emocionalidad de una forma u otra, hasta las mujeres al escribir podemos tener una musa que nos inspire, sin embargo, este personaje dista mucho de ser ideal e incorpóreo  cuando es el inspirador  en la obra de muchos hombres. Desde Botticelli a Picasso, desde Dalí a Matisse. Desde Dante a Petrarca o Edgar Allan Poe todos han tenido mujeres que han inspirado su obra  que incluso han pasado a la posteridad solo por ese hecho; Gala, Beatriz, Virginia Clemm, Laura de Noves…

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Simoneta de Vespucci. Modelo del renacimiento inmortalizada en varias obras.

La mujer podía ser la que inspiraba, la que atraía al hombre para luego destruirlo o salvarlo. La que lo sostenía o lo condenaba. La que lo enviaba a los infernos o le podía mostrar la gloria. En todo caso era el sujeto pasivo que con un gesto leve, con una conducta acorde a su tiempo o a la moral imperante, sin que ella misma fuera libre para tomar un partido u otro, era la que tenia en su mano el extraño poder de dar o quitar glorias, de inspirar grandes obras ya fuera por su amor o por su negación al mismo, ya fuera por su belleza o por su castidad, por su maldad, por sus virtudes o por sus peores defectos.

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Gala, musa inspiradora de Salvador Dalí

Era la actitud pasiva ante la vida, asumida de antemano su nulidad para cualquier otra cosa. La que esperaba a ser pintada o escrita, a verse inmortal a través de una mirada que no es la propia. A construirse según los deseos o las necesidades de los demás, nunca de las suyas. Solo así se explica que durante siglos la mujer haya tenido, también en el arte, la negación rotunda de quien cree dominarlo todo, de quien se cree con poder y autoridad suficiente como para re-crear con su mirada a otro ser.

La mujer, silenciada a lo largo de la historia, se queda inmortalizada en las palabras y en las miradas de otros. Salvadoras de la locuras de los genios. Sumisas mujeres que soportaban la miseria a veces y las humillaciones o infidelidades por mor de un arte supremo. La mujer siempre como centro de las manías, de los traumas, de la “genialidad”. La mujer que puede salvar al genio de sí mismo, diluyéndose en sus pinceles, en su arcilla, en sus músicas o sus palabras.

Mujeres con talento que se quedaban a la sombra, como Camille Claudet tras Rodín y Debussy  o eclipsadas por la envidia, como Eileen Gray arquitecta y feminista cercenada por Le Courbusier. Mujeres sacrificadas como Camille Dondieux, musa, esposa y mantenedora económica en su época más humilde de Monet. Picasso llega a decir  “Yo soy un pintor eterno y para mí la mujer es una máquina de sufrir”. María Teresa de León, escritora, poeta y la primera mujer doctorada en Filosofía y Letras en España, se definía a sí misma como la “cola de cometa de Alberti” mientras que él ni siquiera la nombra en sus poemas. Mujeres como Virginia Wolf o Silvia Plath, con sobrado talento en un momento en que la mujer todavía no podía desarrollar toda su valía pese a intentarlo, ambas prefiriendo el suicidio a la vida terrible de la lucha sin tregua y la enfermedad, algo esto último, que de haber sido hombres, quizá sería llamado genialidad.

virginia clemm poe - nina peña -tumbaEdgar Allan Poe, se enamoró de su prima Virginia Clemm, de tan solo trece años y cuando él contaba con veintisiete. Según dicen fue un enamoramiento más bien fraternal y puramente inspirador que jamás tuvo nada de carnal ya que no consumaron el matrimonio, cosa de lo que más me alegro porque últimamente se me caen mitos en forma de pederastas y es una sensación de lo más desagradable. En todo caso, puedo dar por buena esa inspiración que forjó uno de sus poemas más bellos.

 

Annabel Lee

Hace muchos, muchos años,
en un reino junto al mar,
vivía una doncella
cuyo nombre era Annabel Lee;
y vivía esta doncella sin otro pensamiento
que amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño, una niña ella,
en ese reino junto al mar,
pero nos queríamos con un amor que era más que amor,
yo y mi Annabel Lee,
con un amor que los serafines del cielo
nos envidiaban a ella y a mí.

Tal fue esa la razón de que hace muchos años,
en ese reino junto al mar,
soplara de pronto un viento, helando
a mi hermosa Annabel Lee.
Sus deudos de alto linaje vinieron
y se la llevaron apartándola de mí,
para encerrarla en una tumba
en ese reino junto al mar.

Los ángeles, que no eran ni con mucho tan felices en el Cielo,
nos venían envidiando a ella y a mí…
Sí: tal fue la razón (como todos saben
en ese reino junto al mar)
de que soplara un viento nocturno
congelando y matando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era mucho más fuerte
que el amor de nuestros mayores,
de muchos que eran más sabios que nosotros,
y ni los ángeles arriba en el Cielo,
ni los demonios abajo en lo hondo del mar,
pudieron jamás separar mi alma
del alma de la hermosa Annabel Lee.

Pues la luna jamás brilla sin traerme sueños
de la bella Annabel Lee;
ni las estrellas se levantan sin que yo sienta los ojos luminosos
de la bella Annabel Lee.
Así, durante toda la marea de la noche, yazgo al lado
de mi adorada -mi querida- mi vida y mi prometida,
en su tumba junto al mar,
en su tumba que se eleva a las orillas del mar.

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Petrarca y su amada Laura de Noves

También daremos por buena la inspiración de Garcilaso de la Vega en Isabel Freyre ya que nos ha permitido poseer en lengua castellana uno de los más bellos sonetos de amor del Siglo de Oro.

Soneto V
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

A pesar de que las mujeres somos la mitad de la humanidad hay una mitad de historia de la que estamos exiliadas, de la que formamos parte como meras espectadoras.

“Las obras de Camille Claudel reflejaban la otra mitad de la historia… son obras que probablemente no haría un hombre” nos dice Pilar de Foronda, escultora y directora del ciclo ‘Ni ellas musas ni ellos genios’ que tuvo lugar en el año 2015.

Mujeres que vivieron a la sombra de hombres que las usaron, las eclipsaron, las sedujeron y, en todo caso, formaron una especie de imagen colectiva que iba siempre afirmando la evolución social de la mujer en cada época. Tal vez sea el momento de sacar a la mujer de esa griego pedestal otorgado a las musas y dar luz a su verdadera personalidad, a su verdadera valía y corporeidad.

 

 

Domingo

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Los domingos tienen ese algo indefinido que vive en la pereza, en las sábanas calientes ocupadas durante más horas de las permitidas.
Los domingos de invierno portan temperaturas frías que de niños no sentíamos aunque percibamos todavía el ruido de la lluvia en los cristales y el de aquellos escasos coches de entonces pisando los charcos entre los adoquines.
Ese color del cielo limpio, fresco, portador de nieve y montaña. Un gris claro entraba por la ventana junto con el silencio de una fiesta de guardar o las campanas que llamaban a misa.
Los domingos me recuerdan siempre esa negligencia permitida, ese escaso deseo de hacer nada o de salir a pasear y sentarme en el escaparate del Casino Antiguo. De comer pasteles a media tarde.
Todo huele distinto, incluso vuelven aromas olvidados en la infancia, cuando a finales de enero todavía olían a fresa las cabezas de las muñecas regaladas en la noche de Reyes.
Huele a vaqueros y botas o a vestido de domingo. Al uniforme doblado y planchado en el armario esperando el lunes.

El domingo huele a tregua.
Huele a casa. Huele a todo lo perdido en años, a lo irrecuperable, a lo lejano que, sin embargo, sigue dentro.

Año nuevo ¿vida nueva?

nina peña - año nuevo - agenda

En teoría hay que comenzar con nuevos propósitos, con nuevas metas y con los ímpetus renovados. Pero no todo depende de nosotros. Este año pasado me demostró que el ·”destino” manda, que hay cosas que no podemos evitar, dolores que no hay forma de esquivar, situaciones que nos superan.

El peor año de mi vida se acaba y el 2019 se planta ante mi como un libro en blanco, dispuesto a ser escrito día a día. Lo malo es que no siempre seré yo quien lo escriba, no dependen de mi muchas de las vivencias y de las cosas que pueden ocurrirme. Lo que sí dependerá de mí es la actitud con la que puedo enfrentarlo, eso siempre. Y aunque me rompa puedo reconstruirme día a día también.
“Baste a cada día su afán”, dijo alguien una vez.

No sé si eso de “año nuevo, vida nueva” es cierto. La vida sigue de la misma forma, fluye por sí misma, avanza sin que las cosas cambien de un momento a otro hasta que, de repente, todo cambia. Y no podemos preverlo ni evitarlo. Hay cosas, simplemente, que se escapan a nuestro poder.
Solo me queda desear que este año nuevo sea feliz, que no me dé tantas lecciones como el anterior porque aún tengo remanentes por ahí que debo asimilar, y que la gente a la que quiero esté siempre a mi lado. Bueno, algo más de pelas tampoco estaría mal, ¡joder ya!
Un besazo y feliz año nuevo a todos.