Adelante.

nina peña - mujeres - libros - adelante

Cuando me vengo abajo, cuando la vida me da un golpe fuerte, cuando creo que las cosas no pueden ir más que a peor… suelo fijarme en todas aquellas personas que tengo tras de mí, aquellas para las que la vida puede ser una carga insoportable, para las que no hay paz sino treguas, aquellas que aún trabajan todavía más para conseguir la mitad, aquellas que sufren golpes serios e irreparables…

Luego pienso en todas mis metas, en mis hijos, en mi familia, en mis libros y en todos mis sueños que, aunque con mucho esfuerzo, sé que se irán cumpliendo porque no me rindo..
Y sé que no puedo quejarme, que no puedo pararme ni venirme abajo, que tengo que ser fuerte y tenaz, que el mañana está ahí al alcance de la mano, que habrán tiempos mejores y que todo esto solo sirve para hacerme mejor persona de lo que antes era.

Aprendo la lección, aprieto los dientes y tiro para adelante. Creo que llevo toda la vida luchando, por unas cosas u otras, así que.. sigo en la pelea del día a día, en la de superar no solo los obstáculos que la vida puede ponerme sino en superarme a mí misma. El mayor de todos los retos.

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Tirando del hilo.

nina peña - acoso sexal - mujeres - violencia

Hace unos días comencé este hilo en Twitter sobre la violencia machista y el acoso.

Me costó un esfuerzo comenzarlo, en principio porque era reconocer cosas y hechos que siempre había callado, pero por otro lado, supe que hacer visible esto, hablar de forma coloquial y airear, a los cuatro vientos, situaciones que tantas mujeres hemos vivido, podía ser, a estas alturas de movilización social sobre el tema, algo necesario, algo que alguien debía hacer… y yo, que soy defensora de todas las causas perdidas, me lancé a por una de las más perdidas de todas; la mía.

 

Mi causa perdida es poner siempre la cara para que en muchas ocasiones me la partan… nací yunque.

En esta ocasión no ha sido así.

Ha pasado una semana justa, tal día como hoy comenzaba este hilo, y siguen llegándome comentarios, testimonios y conversaciones por privado en las que me dan las gracias por atreverme a hacer esto y me cuentan su caso.

Casos que no se atreven a contar a nadie.

Porque mis traumas de acosos recibidos, que por otro lado tengo tan superados como para poder contarlos en público y quedarme tan ancha, son casi pueriles si los comparo con hechos escalofriantes, duros, crueles y brutales como me han ido llegando.

Se puede decir que lo mío es tan solo la punta del iceberg y que muchas mujeres, por desgracia, aún no se atreven a contar nada de todo aquello que les sucedió.

Algunas mujeres contaron su historia en el mismo hilo, ampliando así los testimonios.

Y hay una pequeña excepción. Una dolorosísima excepción.

Que alguien se atreva a relatar su agresión, a reconocer una violación, a contar en un relato sencillo y con palabras simples aquellos hechos que la han perseguido de por vida y por los que sigue atormentada sí es una forma de dar la cara, de exponerse, que requiere una valentía excepcional.

Sin duda hay que ser muy valiente.

Os voy a dejar el relato, para que podáis leerlo y para mostraros un alma, pese a todo lo que cuenta, pura y llena de amor.

Pocas personas me han impactado tanto como ella desde el momento que la conocí.

Recuerdo que cuando la abracé me pareció una mujer frágil… y ha resultado ser la mujer más fuerte que he conocido en mi vida.

Estoy deseando darle otro abrazo.

http://laprincesayaseve.com/2017/02/24/tarde-de-domingo/

Mi hilo en Twitter terminó sin que yo acabara de contar todo lo que en un principio me había propuesto contar, pero tras tantos mensajes, tras tantos casos, tanta violencia y tanto dolor, supe que debía dejarlo. No pensé que iba a necesitar tanta fuerza mental para terminar lo que había comenzado.

Hay cosas que duelen demasiado.

Pero sobre todo lo dejé porque lo mío o es nada comparado con todo lo que he sabido, con todo lo que me han contado estos días.

Si al menos pude ayudar a alguien, si hubo mujeres que se sintieron apoyadas o identificadas, si hubo un solo caso de futuros abusos que pude evitar, me doy por satisfecha.

Gracias a todos por haber estar leyendo mi hilo, por ampliarlo, engrandecerlo y por vuestro apoyo.

Necesitamos abrazos.

abrazos - nina peña - poemas

Necesitamos abrazos.

Abrazos de esos que hace tiempo que no damos ni recibimos, de aquellos que recordamos con cierto punto de añoranza y que no nos atrevemos a pedir… ni a dar.

Abrazos apretados, muy apretados.

Abrazos de esos que nos alinean las vértebras, de esos abrazos que nos mueven el alma y el cuerpo, de los que van acompañados de pequeños bailes, de besos que hacen ruido, de besos que se repiten y se repiten en las mejillas y que nunca dejan de hacer ese mismo ruido.

Abrazos de madres a hijas, de nietas a abuelas, de padres a hijos, de abuelos a padres, de tias a sobrinos, de primos a primos, entre amigos de verdad.

Abrazos familiares en los que las almas se reconocen.

En silencios que no necesitan palabras porque hablan solos.

Abrazos apretados, de esos en los que no sabes si soltarte o dejarte anclar por la sensación de sentirte querida y en el sitio correcto.

Necesitamos abrazos.

Porque cada día tenemos más miedo al roce, al cariño, a mostrar sentimientos, y dejamos que los días y los meses y los años pasen sin abrazar ni ser abrazados, sin los te quiero silenciosos de los abrazos de verdad, sin reconocer el espíritu bueno de quien nos está abrazando, sin cerrar la herida del alma que no supo abrazar a tiempo.

Necesitamos abrazos. Y silencios.

Para que sea el alma la que hable, para que seamos nosotros quienes escuchemos.

El monte de las ánimas. Gustavo A. Becquér.

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La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las
campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición
que oí hace poco en Soria.
Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación
es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el
rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.
Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas
veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón,
estremecidos por el aire frío de la noche.
Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

 

I
–Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los
cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos
los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
–¡Tan pronto!
–A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las
nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible.
Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los
difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
–¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
–No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no
hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo
también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa
historia.
Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges
y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a
sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.
Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida
historia:
–Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios,
cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y
religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de
lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en
ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido
defenderla como solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la
ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los
primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para
satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos
determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas
prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía
de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición
se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente
tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue
una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de
cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento
festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de
tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada
en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos,
comenzó a arruinarse.
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar
sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en
jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las
breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las
culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la
nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le
llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que
cierre la noche.
La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban
al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron
al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se
perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.

 

II
Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica
del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando
algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre
conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las
ojivas del salón.
Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y
Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los
caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las
azules pupilas de Beatriz.
Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.
Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos
tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal
papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido
monótono y triste.
–Hermosa prima –exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que
se encontraban–; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas
llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y
patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por
algún galán de tu lejano señorío.
Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se
reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.
–Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido –se
apresuró a añadir el joven–. De un modo o de otro, presiento que no tardaré
en perderte… Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía… ¿Te
acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la
salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi
gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu
oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a
la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar… ¿Lo quieres?
–No sé en el tuyo –contestó la hermosa–, pero en mi país una prenda
recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe
aceptarse un presente de manos de un deudo… que aún puede ir a Roma sin
volver con las manos vacías.
El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un
momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:
–Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos;
hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?
Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la
joya, sin añadir una palabra.
Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada
voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que
hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las
campanas.
Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de
este modo:
–Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el
tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo,
¿no lo harás? –dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como
un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.
–¿Por qué no? –exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como
para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo
bordado de oro… Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:
–¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé
qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?
–Sí.
–Pues… ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un
recuerdo.
–¡Se ha perdido!, ¿y dónde? –preguntó Alonso incorporándose de su
asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.
–No sé…. en el monte acaso.
–¡En el Monte de las Ánimas –murmuró palideciendo y dejándose caer
sobre el sitial–; en el Monte de las Ánimas!
Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:
–Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda
Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar
mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta
diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor,
hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras
que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he
combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y
nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche
volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta
noche… esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas
doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte
comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas
que cubren sus fosas… ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la
sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el
torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin
que se sepa adónde.
Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los
labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono
indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la
leña, arrojando chispas de mil colores:
–¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante
friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de
lobos!
Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso
no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un
resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el
miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó,
dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar
entreteniéndose en revolver el fuego:
–Adiós Beatriz, adiós… Hasta pronto.
–¡Alonso! ¡Alonso! –dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso
o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.
A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope.
La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus
mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía,
que se desvaneció por último.
Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el
aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a
lo lejos.

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III
Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto de sonar,
y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos
de una hora pudiera haberlo hecho.
–¡Habrá tenido miedo! –exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y
encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente
murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a
los que ya no existen.
Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de
seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.
Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las
vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos.
Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y
por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.
–Será el viento –dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró
tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas
de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo
prolongado y estridente.
Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban
paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y
grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio
lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo
monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas,
palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se
arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten,
estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se
ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.
Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y
escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la
frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.
Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como
bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en
un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.
–¡Bah! –exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la
almohada de raso azul del lecho–; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres
gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja
de aparecidos?
Y cerrando los ojos intentó dormir…; pero en vano había hecho un esfuerzo
sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más
aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían
rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el
rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a
su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se
acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz
lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la
cabeza y contuvo el aliento.
El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía
con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en
las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras
distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.
Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció
eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los
ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de
terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de
seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de
repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez
mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y
desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a
buscar Alonso.
Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del
primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los
lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil,
crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho,
desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los
miembros, muerta; ¡muerta de horror!

 

IV
Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que
pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al
otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles.
Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de
los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de
la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de
corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y
desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de
horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.

FIN

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Hagamos una bandera.

nina peña - paz - bandera - politica

Vamos a hacer una bandera.
Para los que no estamos dispuestos a callar ni a hablar debajo de las que ya hay y que cada vez nos representan menos.
Una bandera que no tenga el color de la sangre o el d.el dinero, una bandera por la que no haya muerto nadie y por la que nadie tenga que morir, una bandera limpia de pasado y de dolor.
Que no sea blanca, porque no nos rendimos.
Que no sea verde, porque nuestras esperanzas son distintas.
Que no sea azul como el cielo, porque así no se oscurecerá con las tormentas.
Que no sea roja como la sangre ni amarilla como el oro ni morada como la de los nacionalismos.
Que no tenga huesos de piratas ni coronas de reyes ni columnas ni cadenas.
Que no tenga estrellas ni soles, que no pretenda ser tan ilustre y grande como para estar por encima de nuestras cabezas.
Una bandera en la que quepamos todos, que nos represente a todos los que no queremos ser representados por personas que se erigen no en cargos electos, sino en garantes de unas leyes que solo cumplen cuando les conviene y que no obedecen al pensar del pueblo.
Hagamos una bandera, para ti, para mí, para quién se sienta ciudadano de un mundo que lo está dejando de lado, para quién quiera vivir en paz, en libertad, en pluralidad, en armonía y sensatez.
Una bandera para los que no vitorean los golpes, para los que creen que la palabra es el arma más efectiva y la única posible. Una bandera para los que piensan antes de actuar, para los que reconocen errores estén del lado que estén, para los dialogantes, para los que saben que las cosas siempre se pueden hacer de otra forma.
Una bandera para las personas de paz, que no olvidan el pasado porque así aprenden de él, pero que quieren mirar adelante con fe en la humanidad porque nunca la han perdido.
Hagamos una bandera de utopía y salgamos a la calle con ella hasta que la utopía sea realidad.

Entrevista Nina Peña: “Es labor de las feministas actuales recuperar la memoria de las mujeres que nos precedieron y lo tuvieron más difícil que nosotras”

Una de las entrevistas que más me ha gustado responder y que al mismo tiempo, más me han hecho pensar en las respuestas. ¡Gracias Lecturafilia!

Lecturafilia

Nina Peña, autora de "Las sufragistas" Nina Peña, autora de “Las sufragistas”

“Se ha conseguido mucho, sin duda, pero todavía queda mucho más”. De esta forma analiza Nina Peña Pitarch la situación de las mujeres y sus derechos en la actualidad, a raíz de la publicación de su libro Las sufragistas. En él recupera la voz de las conocidas como “sufragettes”, unas mujeres británicas que en el siglo XX lucharon por la consecución del sufragio femenino.

Nacida a orillas del Mediterráneo, esta mujer escribe sobre todo libros con protagonistas femeninas, quizás porque lo tiene más a mano aunque también con el objetivo de dar mayor visibilidad a una causa que sigue siendo prioritaria.

Con cuatro novelas ya a sus cuestas, está actualmente inmersa en la escritura de la quinta, que estará protagonizada por Clara, una maestra depurada en la época franquista. Como le está costando un poco, aprovechamos esta entrevista para infundirle ánimos.

Pregunta (P):…

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Patria y Matria.

nina peña - patria - matria

Hace unos días, en el trabajo, alguien me contaba un chiste.

El médico le dice al padre:

– Los niños le han salido un poco feos y algo tontos.

– Me da igual, los quiero pá trabajar.

Sí, no es que tenga gracia, la verdad, pero resume a la perfección mi pensamiento.

España es como ese padre, y hoy quizá lo es más que nunca.

Hoy, 1 de Octubre de 2017, pasará a la historia como el día que España se fracturó, se rompió, de dividió en las famosas dos Españas de Machado, en los hunos y los hotros de Unamuno, en la España profunda y negra, de la sinrazón y el autoritarismo, la España de Puerto Hurraco.

Hoy estamos viviendo historia, por si alguien no se ha dado cuenta todavía.

Y a mí no me sirve de consuelo saber que algún día la historia será quién juzgue a los actores políticos de todo este drama; pero a ellos debería aterrarles.

Aquí, hoy, con banderas distintas se ha salido a defender la Patria, o al menos esa es la excusa que ponen unos y otros. La patria.

Patria, que etimológicamente viene de la palabra padre y que una vez aplicada viene a significar la tierra del padre, la de los antepasados.

Ello implica una carga brutal de defensa de la tierra, de autoritarismo y leyes, de tradiciones que deben perpetuarse y también con ello, nos llegan sus figuraciones, las banderas, los himnos…nos llegan las nacionalidades, los conflictos, la defensa de unos códigos morales y culturales frente a los nuevos códigos mucho más globales.

Patria nos habla de poder; Pater, patriarcal. Patria.

Frente a ello, como el médico o el padre del chiste, incluso como la persona que lo cuenta, quién menos importa es la Matria.

Madre, matriz, útero. Un lugar cálido y acogedor, feminizado, donde lo importante no es la tierra en sí, sino los sentimientos.

Donde no importa el poder, si no el ser.

El lugar íntimo al que pertenece  cada uno y la forma en que a través de él nos creamos un espacio en el mundo. Un lugar feminizado, visto por los ojos de la madre tierra, que da, que acoge, que crea y hace crecer.

Los hombres y sus patrias llevan miles de años gobernando el mundo en unos conflictos de intereses y en unas luchas de poder que nos han llevado a las barbaries más grandes, a las guerras más cruentas, a la sin razón y el odio.

Hace unos días Manuela Carmena y Ada Colau, decían que había que feminizar la política.

Hoy se ha demostrado que sí, que hay que comenzar a poner sentimiento frente al poder.

Ese poder que creen poseer los ciudadanos que vitorean contra otros ciudadanos en las calles de toda España, y que no es más que el apego de un niño con ese padre que, “total, los quiere pá trabajar”.

No están defendiendo nada, ni un trozo de tela ni un himno ni una tierra en la que caernos muertos. Están defendiendo que los mismos de siempre tengan el poder que han tenido siempre.

Los patriotas y los nacionalistas que se enfundan en banderas no parecen entender que no es cuestión de unos y de otros, ni de los fascistas ni de los contrarios; aquí no se trata de defender una patria, se trata de defender una democracia, unos sentimientos, un hogar, una matria que nos acoja y nos haga sentir que estamos en casa.

España, es un lugar en el que a muchos nos cuesta pensarnos porque ejerce de padre autoritario, que dicta las leyes que él mismo se salta, que es inflexible cuando ha de tratarnos pero es laxo con sus propios defectos, es ese padre que te dice siempre que “cuando serás mayor comerás huevos”, recordándote una y otra vez que tú, no eres nadie.

A España le cuesta ser Matria. Le costó siempre.

Mientras en Europa se asentaban las democracias aquí teníamos dictaduras, mientras el mundo se abría a reformas, aquí existían contra-reformas, cuando el mundo luchaba por la libertad aquí vivíamos en pleno franquismo… la parte sensitiva, la parte acogedora y creadora apenas nos ha abrazado o nos ha acunado.

Esa Matria que piensa en sus hijos, que reclama sanidad, educación y trabajo digno, se acalla ante el autoritarismo en el que los Paters se envuelven y nos dictan los caminos justos que hemos de seguir, sin importarle en realidad más que su propio beneficio o su comodidad.

Y nosotros, un grupo muy nutrido de hijos, seguimos la corriente por apego a las ideas que nos han inculcado desde siempre.

La paradoja es que los que queremos vivir en una democracia real, tener un futuro digno, una pluralidad, los que queremos aceptarnos unos a otros tal como somos y no como quieren que seamos, resulta que somos antipatriotas porque no nos colgamos banderas, porque no queremos que nuestros hermanos se callen, porque respetamos el derecho a ser mayores e independizarse de la casa paterna, porque creemos que el concepto de Patria, en un mundo cada vez más global, debe sustituirse por Matria, y construir así un lugar común donde todos seamos iguales, donde todos seamos libres, donde imperen los sentimientos y no las lealtades o los poderes, donde los de arriba no sean más que los de abajo, donde poder sentirnos españoles sin sentir la vergüenza que ese padre autoritario que nos trata a ostias, nos hace sentir cada vez que no estamos de acuerdo con él ni con su forma de tratarnos.

¿Cómo no vamos a querer salir de la tutela de un padre que solo “nos quiere pá trabajar”?

Si el médico del chiste le hubiera preguntado a la madre, seguramente la madre habría contestado: “me da igual, los voy a querer igual sean como sean.”

 

 

 

 

 

 

 

A patadas con el diccionario.

nina peña - diccionario - patadas - articulos

En estos días de turbulencias y palabras gruesas dichas por personas que hasta hace poco permanecían calladitas y expectantes, o que solo se indignaban con los resultados de partidos de fútbol o por las polémicas de Gran Hermano, de repente, el ultraje al diccionario y con ello los nuevos significados, nos sorprenden a más de uno.

A más de uno que tratamos de decir las cosas por su nombre y no caer en despoblado.

La palabra Sedición, Golpistas, Represión, Patria o Fascista nos han atacado con nocturnidad y alevosía, y en concreto la última que he leído esta misma mañana y que ya me ha indignado por completo: Represaliados.

Yo que, inocente de mí, llevo dos añitos documentando un libro y que trato de no usar el él todas esa palabras que pertenecen a un pasado que, por desgracia, nos sigue perteneciendo y que está más presente que nunca, no puedo evitar rasgarme las vestiduras ante el uso fraudulento que se está haciendo del diccionario, al que llevan a patadas desde hace tanto tiempo  que ya nos parece normal, (RAE, nunca os perdonaré lo de papichulo).

La gente se acusan unos a otros de fascista sin tener ni zorra idea de lo que es en realidad el fascismo, y así, de esa manera nos vemos a personas de derechas acusando de ser fascistas a los de izquierdas, como si los de izquierdas no tuviéramos bastante con nuestros propios monstruos para además cargar con los suyos.

Al bueno de Serrat se han atrevido a decirle fascista en la cara, a él, que se ha partido la misma, luchando por la democracia en la época en que esta no existía y te salía caro de verdad alzar la voz.

Se acusa de sedición a gente que hace exactamente lo mismo que otros hicieron en otras manifestaciones públicas en donde no pasó nada.  A ver; la sedición es un alzamiento colectivo y violento contra la autoridad y el orden público, por tanto los movimientos del 15 M en Madrid o las revueltas de los 80 con el “cojo manteca” rompiendo semáforos con la muleta, por ejemplo, donde a nadie se le ocurrió detener a nadie ni acusar a nadie de sedición, también estarían incluidos.

Se habla de golpistas y quienes lo dicen son muchos de aquellos que se asustaron de verdad allá por el 81 y hoy, que ya ni se acuerdan de aquel dolor repentino de barriga y creyendo que su causa es la justa,  vitorean a la Guardia Civil con gritos de “a por ellos” como si estuvieran en un partido de fútbol.

Se habla de defender la Patria, ahora, cuando estamos a expensas de cortes europeas que nos han obligado a hacer recortes en un “austericidio” que nos tiene sumidos en la miseria y que nos han hecho modificar la Constitución, sí esa que es sagrada, para poner los pagos de deuda por delante de todo. Me pregunto donde estaban todos estos patriotas cuando había que defender la sanidad y la educación patria.

Se habla de república en voz de la gente que es monárquica solo para recordarnos que allá por el 34 se decretó el estado de guerra por culpa (siempre buscando culpas no podemos negar que esto es un país católico) del Estatut y de Companys, aunque pasan de puntillas por el hecho de que en el 34 gobernaba la CEDA, tan de derechas que parecen ser los mismos de hoy, incluso con ilustres apellidos que se repiten y se repiten desde la dictadura de Primo de Rivera.

Y  que me faltaba por ver; un abogado publicitando sus servicios en Twitter para aquellos que tras el 1,O sean represaliados por la Generalitat. Y yo, gilipollas de mí, que estoy inmersa en un texto donde hablo de los maestros republicanos represaliados y depurados durante más de cuarenta años por el franquismo, me hago cruces con la facilidad y la impunidad con que la gente dice todo lo que dice.

Que sí, que hay libertad de expresión, que cada uno es muy libre de decir lo que le salga de las narices… PERO HABLEN CON PROPIEDAD, SEÑORES Y SEÑORAS.

La palabra, que sirve para comunicarse, para entendernos, para crear lazos de unión y puentes de entendimiento es la primera que debemos respetar, no se puede ir por ahí haciendo demagogia, nombrando situaciones que ni siquiera sabemos en qué consisten porque no las hemos vivido, juzgando sin saber.

Las cosas parecen no existir hasta que las nombramos, así que pongámosle el significado verdadero, no el que nosotros queramos, ni aquel que nos haga caer en el populismo barato, que saque lo peor de cada uno o nos granjee votos y lealtades.

Seriedad, por favor. Que la palabra es muy sagrada y si no tienen nada que decir, si no se les ocurren argumentos válidos para defender sus ideas, a unos y a otros, podrían estarse calladitos, que como ya hemos visto, están más guapos.

 

Os envidio.

chica- autobun- pensamiento- asiento- horas- nina peña

No puedo evitarlo, os tengo envidia.

Pero envidia de la buena, envidia cochina, como se suele decir.

Llevo desde mediados de agosto sin poder escribir ni una sola palabra, de hecho, esto es lo primero que publico en el blog desde hace quince días.

Y trato de hacerlo, de verdad; trato de escribir, de corregir, de meterme en materia, pero no puedo, me cuesta mucho, tanto, que no escribo nada.

Tal vez sea que mi incorporación al mercado laboral es inmediata y ello significa que las metas que me planteé para este verano se quedan sin cumplir, será que sé lo que me espera en un invierno crudo y de duro trabajo en el que he de aparcar los sueños para ir muriendo en realidades y sin querer he comenzado ya la etapa de duelo por adelantado.

Será que desde el atentado de Las Ramblas y con la vista puesta en el 1 de octubre, Cataluña me está doliendo en un rinconcito del alma, y el miedo al futuro, no de Cataluña, que también, sino al futuro de España sin esa parte de lo que yo siento tan cerca y tan mía, me esta comenzando a doler.

Puede que sea tener que estar constantemente en las RRSS leyendo barbaridades y tragando veneno lo que esté callando mi voz.

No lo sé.

Solo sé que me cuesta escribir, que no hay forma de acabar aquello que comencé dos años atrás aunque también es cierto que un libro como el que me ocupa no se escribe fácil ni rápidamente, aunque mientras digo esto me suene a excusa barata.

Me voy diluyendo poco a poco en realidades grotescas, en necesidades que me obligan a ir contra mí misma, en silencios que guardan palabras que necesitan ser gritadas.

No puedo evitar sentir envidia de los que seguís escribiendo, de los que manifestáis opiniones y sois leídos, de los que podéis conciliar vuestra vocación con vuestro trabajo, de los que vivís en esa paz de saber que estáis donde queréis estar haciendo lo que queréis hacer y lo que os hace felices.

Tengo envidia de esas vidas que no son renuncias.

De esas voces que o callan aunque sientan dolor. De quienes hacen de su dolor, voz.

Yo enmudezco como esos pequeños ríos a los que les cierran las presas y se quedan en riachuelos que, más que correr, se arrastran por entre las piedras, acumulando todo su caudal en algo material y útil, algo que solo sirve para generar bienes y servicios y no para fluir naturalmente tal como dicta su propia naturaleza.

No puedo evitarlo. Os envidio.

Pero seguid fluyendo, por favor…a ver si vuestro ruido rompe mis presas.

Antología benéfica de fantasía y ciencia ficción

Me parece una excelente causa y como sé que casi todos sois amantes de las letras, os animo a participar en este precioso proyecto.

Libros, lectores, escritores y una taza de café

Tal y como anunciamos en el grupo, después de las antologías de Terror y Amor, llegan los 40 relatos de fantasía y ciencia ficción.

Sí, sí, como lo estáis leyendo. Hemos regresado de las vacaciones con las pilas muy cargadas y tenemos muchas sorpresas preparadas para vosotros.

Seguro que ya estáis ardiendo en deseos de saber cómo participar con un relato en este proyecto solidario. Pues aquí os lo explicamos todo:

Esta antología, como las otras, será benéfica y todos los beneficios irán a la Fundación “Hospital amic” de Sant Joan de Déu de Barcelona para la humanización y apoyo del tratamiento de cáncer y la leucemia infantil. El plazo de recepción de relatos se abrirá el 1 de setiembres y finalizará el 30 del mismo mes a las 12 de la noche.

La extensión de los relatos debe oscilar entre: 500 y 3000 palabras e ir acompañados con…

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