Verano sin vacaciones.

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Habitualmente el verano es una época de vacaciones, de relax y de tratar de descansar de aquellos trabajos que llevamos meses desempeñando y de los que ya necesitamos tomar distancia y recargar las pilas.

Yo, por el contrario, es cuando más trabajo me impongo.

Este mes de julio ni siquiera había hecho una entrada en el blog… y eso es algo muy pero que muy raro en mí.

Por mis circunstancias personales, en verano no trabajo fuera del hogar, lo cual me debería permitir tener tiempo libre, pero ocurre que es cuando más tiempo tengo para escribir y estudiar, algo que durante el resto de año tengo que ir compaginando con ese otro trabajo menos creativo y que me ayuda a pagar las facturas como a todo hijo de vecino.

Para estos meses me he impuesto dos cursillos online que aún no he podido terminar, sigo de lleno metida en la redacción de mi novela y además estoy metida de lleno en un ensayo el cual, si todo va bien, quiero presentar a concurso, con lo que, me urge terminar su estudio, su redacción y corrección antes de que el tiempo se me eche encima y no llegue a los plazos estipulados.

No es que tenga el blog abandonado…sino que tooooda mi persona esta abandonada, soy una maquinita de escribir y de pensar y creedme que aunque es agotador, también es muy gratificante. Diría que proporcionalmente gratificante.

Prometo tratar de hacer nuevas entradas en cuanto tenga un poquito de tiempo… el problema es que el tiempo es algo tan relativo….

 

19J. Día de protesta.

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Hoy era un día de protesta.

Más de 200 ayuntamientos, 20 capitales de provincia y 500 plataformas habían elegido el día de hoy para hacer concentraciones en las plazas y reclamar el aumento de una partida económica para la lucha contra los asesinatos machistas.

Bien. Que en ciudades como Madrid o Valencia la asistencia fuera de apenas 200 personas o que en capitales de provincia el seguimiento llegara apenas a 50 personas, habla poco y muy mal de la conciencia que existe en este país sobre el tema.

Si habláramos de 60 muertos de terrorismo posiblemente nos llevaríamos las manos a la cabeza y llenaríamos plazas para luchar contra esa lacra.

Si habláramos de una catástrofe como la que esta asolando Portugal con 63 muertos en esos pavorosos incendios, hablaríamos de ello en la oficina y desearíamos que algo así nunca hubiera ocurrido.

Pero resulta que no, que hablamos de violencia machista, algo que de por sí ya es una lacra y que además se le une la hipocresía de una sociedad que aún parece creer que es algo barriobajero y que solo ocurre en según qué ambientes y escalas sociales.

Algo lumpen. Algo digno de salir en aquel periódico llamado “El caso”.

Las cifras.

En los últimos 15 años los asesinatos machistas han provocado 885 muertas, superando por ejemplo al número de víctimas de ETA que asciende a 829.

No voy a preguntar la suma de dinero que los gobiernos han dedicado a la lucha contra el terrorismo de ETA porque posiblemente no logre saberlo, pero sí sé que contra la violencia machista ese número asciende a tan solo un 0´01% del presupuesto en gastos no financieros, de un total de 310.000 millones. Hoy se solicitaba un aumento en la partida de 120 millones, algo que de todas formas es insuficiente.

En lo que llevamos de 2017 ya hay 28 mujeres asesinadas, en 2016, 53 mujeres, en 2015 la cifra se disparó a 60 y el récord lo batimos en el 2010 con un total de 79 mujeres asesinadas.

Desde que entró la ley contra la violencia de género en 2014 se han producido 377 con lo cual tal vez esa ley necesite una revisión urgente.

Estos asesinatos han producido un total de 161 huérfanos.

El 65% de las mujeres asesinadas aún convivían con su asesino y tan solo el 21% de las victimas había presentado denuncia.

Estas son las cifras de la vergüenza.

Porque debería dar vergüenza que en un país con este grave problema se siga teniendo un presupuesto público tan escaso y una participación/concienciación social tan baja.

Por qué

No cabe pensar de otra forma.

He intentado buscar una respuesta a por qué de todo esto, a la falta de implicación por parte de los gobiernos y de las personas. He intentado encontrar los motivos por los cuales las asesinadas por violencia machista son víctimas de segunda clase, muy por debajo de las victimas de cualquier acto terrorista o cualquier catástrofe.

Lo único que he llegado a pensar y que me parece coherente es que es un problema de ideología.

Las mujeres no somos una amenaza para la unidad del país como lo era ETA, no somos una amenaza para la forma de vida occidental como el terrorismo islámico ni somos víctimas de inocentes de una catástrofe porque, en esa ideología, nosotras somos parte fundamental de una sociedad que se desmorona y que deja con las vergüenzas al aire lo que algunos consideran su pilar básico; la familia.

En esa forma patriarcal de afrontar el problema de la violencia machista, nosotras llegamos a perder hasta la presunción de inocencia que sí tienen los muertos en accidentes o los muertos de cualquier desastre natural.

Nosotras somos parte del problema por lo tanto, no nos dejan erigirnos en jueces y condenar nada, no nos ayudan ni nos respaldan ni nos tienen en cuenta.

El problema no es el machismo. Para ellos el problema somos nosotras. Y nuestra forma de pensar. Y nuestro feminismo que está socavando los tradicionales pactos de poder que hasta ahora ostentaban los hombres y que al parecer no están dispuestos a compartir.

Por eso no nos hacen caso.

Por eso no les importa.

Por eso destinan más dinero a cualquier otra cosa que a luchar contra los asesinatos machistas.

Por eso, aunque cuando en las noticias vemos un nuevo asesinato, durante un segundo pensamos en la víctima pero no llegamos a condenar, en el fuero interno, al asesino. Todo se queda como emborronado, como difuminado, con una escasa visibilidad real en la que en medio flota, lacónico, un número de teléfono…016.

La forma de enfocar este problema esta sesgada, es ideológica y además fomenta la incomprensión e invisibilidad social al respecto.

La lucha contra la violencia machista no puede seguir siendo manifestada por “cuatro locas feministas”, debe ser una lucha de toda la sociedad, porque nos incumbe a todos.

También a los hombres. También a las mujeres que no han sido maltratadas, a la infancia que se les educa ya en estereotipos que perpetúan esa imagen de superioridad en ellos y de inferioridad en ellas, ha de ser una lucha de todos, no de unos cuantos.

Mientras los gobiernos miran hacia otro lado y las personas lo sigan viendo como algo lejano, será imposible ganarle la guerra al machismo.

Mientras unos ponen palabras vacías e ideologías, nosotras seguimos poniendo las muertas.

La pregunta es ¿cuántas mujeres muertas más hay que poner en esta guerra para que nos comiencen a tomar todas en serio?

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Con tacones y a lo loco. (La noche los confunde…)

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Que en el tema de feminismo se necesita mucha pedagogía social es algo evidente en cuanto te paras un momento a analizar frases, comportamientos y conversaciones en redes sociales o en TV en donde parece que todo tiene cabida.

En mis años de estudiante no había ninguna asignatura similar a la controvertida Educación para la ciudadanía ni mucho menos se podía realizar un máster en estudios sobre el feminismo, en el que ahora se especializan muchas carreras o grados universitarios.

Las de mi época, o hemos sido subversivas a conciencia o nos hemos tenido que buscar la vida para tener una base filosófica o académica a la que poder echar mano en el momento de explicar ciertas cosas.

Es complicado escribir o hablar de un tema que sientes pero del que no tienes unas nociones fundamentales, y es que hasta hace pocas décadas ni siquiera se podía acceder a una bibliografía o a unos ensayos que tuvieran una perspectiva moderna y actual.

Cuando comenzó lo que se ha denominado como la tercera ola del feminismo allá por los años 60, aquí, en esta España de mantilla y peineta las mujeres teníamos en el DNI una frase famosa en el apartado profesión: sus labores.

Y aunque muchas ya estaban metidas de lleno en el mundo laboral las costumbres del día a día, la falta de preparación o simplemente la costumbre y la inercia de tantísimos años de tradicionalismo, nos dejaban apartadas de la profesionalidad y de los cargos de responsabilidad.

En los años sesenta, las mujeres eran las secretarias no las directoras. Las enfermeras no las médicos y así en una larga lista que formaba lo que ahora se denomina el techo de cristal que parece haberse elevado un poco pero en el que se sigue tropezando una y otra vez aunque te avale una hoja académica o laboral impecable.

Aún hay que justificar ciertas protestas como la de hoy mismo, porque todos los días sale algo nuevo, en la que hablan del espacio público que ocupan los hombres o de los anuncios en los que se buscan camareras que no tengan novio y que usen tacones. Ambos requisitos imprescindibles.

Os he puesto como foto el anuncio que hoy corre como la pólvora para que podáis saber de qué estoy hablando e concreto.

Tras lo brutal que ya es el anuncio por sí solo, hay que ver en las noticias de TV al empresario en cuestión explicándolo , diciendo que se nos ha ido la olla, que estamos todas locas, que es de lógica requerir esas condiciones específicas porque, palabras textuales; “Si tienes un novio celoso, que viene a buscarte para llevarte en coche a casa o se queda toda la noche en la barra controlando…” o al socio acabando de rematar el tema con “es que es lo que hay, a ti te van a llamar guapa, “guapa ponme una copa”, “guapa ¿a qué hora sales?” y eso es normal”

Lo del tonito de autoridad lo dejamos para otra ocasión.

Que esas personas vean como normal el acoso tanto por parte del novio como por parte de los clientes es realmente algo que me hace plantearme en qué clase de sociedad vivimos y hasta qué punto se necesita que sigamos en la brecha, porque mientras se sigan normalizando esas actitudes vamos a tener que seguir protestando por lo que otros consideran “tonterías”.

images0T69ENTT¿Qué somos unas exageradas? Bueno… eso se resuelve con algo tan simple como la pedagogía.

Hay que tener claro que el feminismo ha evolucionado con la sociedad y si alguien sigue teniendo la imagen obsoleta de la sufragista que se ataba a las rejas de Buckingham Place y no entiende cómo ahora seguimos protestando, es más, según ellos protestando por todo, es que no entienden que, al igual que evoluciona toda la sociedad, los movimientos filosóficos y políticos también evolucionan.

El feminismo actual, que algunos ven exagerado y pasado de moda puesto que ya tenemos los derechos que exigían nuestras abuelas, no trata de seguir obteniendo esa igualdad legal, laboral o social que nos equipare a los hombres, sino que trata de encontrar una voz propia, recuperar el poder propio y la identidad femenina huyendo de la subordinación y del discurso el patriarcado, que ha creído, equivocadamente, que dándoos tres metros de cuerda es suficiente para hacer que nos sintamos libres.

Ese tipo de feminismo posmoderno y radical, trata de visibilizar todo tipo de discriminación, de denunciar esas miles de cosas que callamos día a día y que aguantamos con estoicismo y que va desde los piropos hasta que un tío se espatarre en el metro o que te obliguen a maquillarte o llevar tacones en el trabajo.

Es ese mundo de micro-machismos diarios que parecen normales…y no lo son.

Hace falta educar de otra forma con vistas al futuro, y a los que en nuestra época no nos educaron así, en lugar de despotricar tanto contra las feministas, buscar, leer, ilustrarse y mantener la mente abierta a nuevos conceptos en lugar de sentarse a despotricar sin camiseta al borde de una piscina presumiendo de bíceps para decir las macahadas de turno.

Sí, lo cómodo es no buscar ni saber ni intentar superarse, sobre todo porque a muchos conviene que las cosas no cambien y sigan siendo como son, pero eso no es más que la postura defensiva de cuatro aprensivos que se niegan a progresar y sus exabruptos son como cantos de cisne, porque afortunadamente, cada vez quedan menos hombres que piensen como ellos.

 

 

 

Recuperando buenas costumbres: La virgulilla, tertulia literaria.

Hace unos meses, con la publicación de mi segundo libro Rosa de los vientos, conocí a un grupo de gente increíble; lectores, escritores, poetas, bohemios, librepensadores… ellos, desde hacía tiempo querían recuperar las tertulias literarias y llevaban años reuniéndose en una cafetería que ya es como la segunda casa de todos.

En una nueva etapa de las reuniones, hemos abierto un blog, estamos recuperando palabras obsoletas, apostamos por los relatos y ediciones en grupo, y vamos a tratar de movilizarnos y dinamizar los actos culturales de nuestra ciudad asistiendo a distintos eventos.

Os presento el blog de La virgulilla, tertulias literarias.

Espero que os guste la idea y nos honréis con vuestra virtual presencia además de participar en estas locuras nuestras.

Os dejo el enlace para que podáis conocernos personalmente en plena faena.

Origen: Quiénes somos

No todo cabe en un libro.

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En ocasiones, la vida te inspira de la forma más inoportuna.

Una foto ajada por el tiempo, una historia que alguien de repente te recuerda, una persona que hacía años que no veías, un aroma, una lluvia a tiempo, un viento…

La vida escribe libros enteros en el devenir de las personas que somos simples personajes en una historia de la que no siempre conocemos su final.

En una misma historia, si seguimos el hilo conductor de las personas que entran y salen, hay mil historias más, mil vivencias, mil vidas que, como en la técnica de matrioscas, podríamos ir contando hasta el infinito.

Hay historias que se niegan a ser contadas, es cierto, otras que nos lo ponen difícil porque hay que hacer ejercicios mentales y espirituales antes de comenzar a contar aquello que en un principio parecía tan fácil, las hay que simplemente no caben en un libro por más páginas que este tenga.

La vida es una tragicomedia con tintes rosa o negros, con finales inesperados, con villanos y héroes anónimos, con finales felices, tristes, abiertos, fabulosos o inesperados, con capítulos gloriosos o miserables, con portadas más o menos decentes y sinopsis crueles que nunca cuentan todas las verdades.

La vida es literatura en estado puro, pero hay que saber contarla, tal como hay que saber vivirla, que es lo complicado.

 

 

1º de Mayo. Aún reivindicando derechos.

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Hoy es el día del trabajo, el 1º de Mayo, y como cada año, los curritos de este país y de muchos, salimos a la calle para reivindicar los derechos laborales que nos corresponden y que, con la excusa de la crisis, hemos ido perdiendo.

Mi pregunta es por qué a estas alturas del s. XXI tenemos que seguir reclamando derechos como si fuéramos los obreros textiles de la Revolución industrial, por qué tenemos que seguir peleando por un trabajo y salario dignos…

Los que tenemos un trabajo, que somos la inmensa mayoría, no siempre somos conscientes de a qué clase social nos empuja ese trabajo realizado y no siempre somos conscientes de que, en el fondo, pertenecemos a ella.

Podemos mirar a otros países (suelen ser nórdicos) en que la clase trabajadora tiene cubiertos esos derechos y buscar las diferencias entre ellos y nosotros; horarios, conciliación familiar, sueldos, condiciones: y la pregunta sigue siendo la misma aquí y ahora.

Si tenemos necesidad de reclamar ciertos derechos es porque se nos priva de ellos, ¿cierto? ¿y por qué?

En mi vida laboral he conocido a varios empresarios, unos más implicados que otros con el tema, unas más grandes o medianas empresas o simplemente que cumplían con lo acordado en los convenios.

Hace algunos años conocí y trabajé por una corta temporada para un señor, por decirlo elegantemente, que no pertenecía a ninguna clasificación anterior y al mismo tiempo era empresario… por decirlo también de forma elegante.

Este señor me dio la clave de la que aún no me he podido desprender; conciencia de clase.

Los curritos de este país y creo que de muchos, no tenemos conciencia de clase porque, simplemente, no queremos pertenecer a esta clase y francamente, no hay nada más patético que no saber el lugar del mundo que ocupas.

Es imprescindible para cualquier persona tener aspiraciones, querer mejorar y querer alcanzar metas, pero no hay que perder de vista el suelo en el que te estás apoyando y desde el que tienes que tomar ese impulso.

Así, con esa falta de concienciación, nos encontramos con los típicos palmeros, con los pelotas, con los trepas, con los obreros que votan políticas neoliberales, con los caciques, con los ignorantes y los presuntuosos, con los explotadores, con los cínicos… con personajes variopintos que a un lado u otro del mercado laboral van mermando la fuerza de la reivindicación y que explotan las necesidades de unos para lograr fines distintos.

Aquí estamos acostumbrados a eso, al amiguismo, al “qué hay de lo mío”, al “lo tomas o lo dejas porque como tú hay miles en la cola del paro”. No nos hemos desprendido del caciquismo en donde una sola persona detenta un poder enorme en varias esferas sociales ni nos hemos desprendido tampoco de creer que votando a los que tienen dinero nos va a ir mejor porque son ellos los que nos dan trabajo o bien usamos inconscientemente el llamado voto aspiracional que nos lleva a creer que votándoles somos sus iguales.

Ellos tienen clara esa conciencia de clase que nosotros hemos perdido. Nadie quiere ser de clase obrera, está mal visto.

Que tras tantos años tengamos que seguir pidiendo derechos y lo peor, que sigan sin ser reconocidos, solo puede obedecer a un largo plan de adoctrinamiento que comienza por los colegios, sigue en las universidades y se confirma cuando comienzas a trabajar.

Tanto si eres empresario como de clase obrera, no reconocer esos derechos se debe a que no te han dejado pensar, no te han educado para hacerlo, no se ha despertado en ti el espíritu crítico tan necesario como para tomar decisiones por ti mismo, por encima de las ideologías de las clases sociales y de los prejuicios que venimos arrastrando desde tiempos inmemorables.

La educación es la base de toda la sociedad, y sin ella o con una educación que adoctrina en filosofías de vida muy concretas y que te marca una línea clara a seguir, no avanzamos, no progresamos.

Un empresario no debe cuestionar los derechos de sus trabajadores ni creer que él está por encima de ellos. Un trabajador no debe conformarse con las migajas del mercado laboral y debe ser consciente de su puesto de trabajo y su valía profesional.

Una persona que, posiblemente, tenga una carrera universitaria y varios masters y que está arriesgando su dinero y su patrimonio, obviamente ha de tener beneficios mayores que aquel que solo cumple un trámite de ocho horas laborales, pero este beneficio no debe ni puede ser a costa de recortar derechos y salarios sino gracias a una estrategia de mercado que le permita optimizar sus recursos.

No se puede recortar en derechos para obtener privilegios.

La base: la educación y el respeto.

Todos estamos en ese mercado, desde una posición u otra y nos necesitamos mutuamente. Pero ante todo somos personas que si trabajamos es para cubrir nuestras necesidades básicas y conseguir ese estado de bienestar en el que es posible crecer y desarrollarse como individuo y como parte de la sociedad a cualquier nivel.

Que hoy, en el año 2017, se trabaje por un sueldo mísero que no nos permite cubrir nada de eso es realmente espeluznante y demuestra que no progresamos en absoluto, sino más bien, seguimos en punto donde nuestros abuelos estaban a mediados del s. XIX.

Doscientos años después de la revolución industrial la lucha debe continuar. Qué remedio.

Aquellas clases privilegiadas que ostentaban tal poder que condenaban a la clase obrera a la más absoluta pobreza siguen encastilladas en lo suyo; solo hay que ver los poderes de las multinacionales y de los gobiernos que aplican políticas neoliberales en donde ya ni el propio estado tiene fuerza para lucha por la igualdad que promete en su constitución, abocándose a un suicidio en donde pierde hasta el poder legislativo (art.135 de la Constitución) en favor de leyes impuestas por mercados económicos superiores como por ejemplo el europeo.

Nosotros seguimos haciendo uso del derecho a la pataleta hasta que alguna ley también nos lo impida.

Al final va a ser cierto aquello de que “quien paga, manda” pero lo peor es que quienes mandan son otros mientras que quienes pagamos somos los de siempre.

Entrevista con Rosa Ochoa; una charla entre amigas.

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Hacer entrevistas la verdad no es mi fuerte, soy algo tímida aunque cuando la entrevistadora o la persona que tengo delante es alguien tan sumamente encantador como Rosa Ochoa, puedo charlar largo rato sin darme cuenta.

Os dejo esta entrevista que me hizo Rosa para la plataforma Wishars donde hablamos no solo de mis libros si no de la escritura, de mis sueños, de mis metas, de parte de mi pasado… vamos, un poquito de todo. Espero que os guste.

 

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Viernes Santo y 14 de Abril, ¡Qué Dios nos pille confesados!

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Hoy es Viernes Santo, y para los más desmemoriados, os recuerdo que también es 14 de Abril, el aniversario de la proclamación de la II República, con lo cual, las redes sociales están que echan humo. Más que nada porque aquí, en esta piel de toro, somos muy aficionados a confundir “la magnesia con la gimnasia” y el “culo con las témporas”, como diría mi adorado Gabo, y claro, uno, por lo visto, no puede estar “en misa y repicando…”

Vayamos por partes y sin dejar a un lado las frases fáciles, que hoy estoy retozona.

Uno puede ser laico y salir a ver una procesión sin que “se le caigan los anillos” porque puede ser que hay un componente cultural que le guste, por ejemplo a mi me encanta la “Rompida de la Hora” que es una tradición cultural que llega de épocas medievales y que sí, se celebra en Jueves Santo, pero cuando voy a verlo, estoy viendo cultura no religión.

Lo cual no quiere decir que en el momento en que un gobierno, de un país supuestamente laico como este, impone en la ley de educación una obligatoriedad para la enseñanza de religión en los colegios públicos, uno se muestre contrario a ella porque, hay que legislar para todos, y quien quiera algo especial, llámese religión o ballet, que se lo pague, porque “con su dinero cada uno hace lo que quiere”.

La muletilla de que si no eres religioso y no crees en Dios no tienes porque hacer vacaciones también es una frase largamente machacada en redes para lo cual me remito a un estudio, de los muchos que existen, sobre los periodos vacacionales en Europa.

En el resto de países europeos, existen las llamadas vacaciones de invierno que pueden o no coincidir con Navidad, las de verano, y luego, hay salpicadas varias semanas en el calendario que pueden o no coincidir con fiestas religiosas. A saber; 2 semanas a finales de Octubre, 2semanas a finales de Febrero o las llamadas de primavera y lo habitual es que al menos los estudiantes tengan una semana libre por trimestre.

Y sí, queridos, a todos los que criticáis el para mi sagrado oficio del Magisterio, en Europa tienen más vacaciones y días de fiesta que aquí.

Con lo cual, que sea o no sea religiosa una persona, tiene derecho a descansar “porque se lo pide el cuerpo”.

Que este año el aniversario de la República coincida con Viernes Santo, es una jugosa casualidad porque se ven asomar caritas y pensamientos rancios por doquier, frases de intolerancia y chistes de mal gusto que hacen las delicias de unos y otros.

Os recuerdo a todos que República es un sistema organizativo del Estado donde el ejercicio del gobierno recae sobre una o varias personas, elegidas mediante voto popular o parlamentario, por periodos de tiempo limitados, para representar los intereses de los ciudadanos. La palabra proviene del latín res publica, que significa ‘la cosa pública’, ‘lo que es común’.

El sistema republicano nace como expresión alternativa al de tipo monárquico, donde todo el poder es ejercido por una persona, generalmente el rey, de manera indefinida y hereditaria.

Así que dejar de “haceros los suecos” y vayamos al meollo de la cuestión.

La II República llegó a España por aclamación popular, surgiendo de las urnas de unas elecciones municipales el 12 de Abril de 1931, su proclamación, como modo de gobierno fue el día 14 y esto significó que el bisabuelo de nuestro actual rey se marchó “entre gallos y medianoche” obedeciendo así el clamor popular.

Para los republicanos, simplemente, nadie está por encima de nadie por el simple hecho de nacer en una cuna o en otra, por tanto, la monarquía, como tal, es una forma de discriminación que está obsoleta en un mundo que intenta ser justo, por tanto, aunque la monarquía sea parlamentaria… la desigualdad y los privilegios siguen existiendo.

Es muy legítimo celebrarlo, tanto como celebrar la constitución o celebrar cualquier día que para un grupo de personas tenga un significado especial y concreto, sin que nadie tenga que “rasgarse las vestiduras” por ello.

La base de cualquier sociedad debería ser el respeto y tan libres son unos en mostrar su fe como otros en mostrar su falta de fe. Tan libres son aquellos que salen a la calle en procesiones como aquellos que enarbolan una bandera. Tan libres son aquellos que se visten de nazarenos como aquellos que se calzan una tricolor.

En otros países, la fe se vive en casa o en los templos y en lugares como Finlandia, donde a una diputada por comprar un Toblerone con su tarjeta de crédito adjunta a su cargo y no con la personal, le valió un enjuiciamiento y una destitución, deben estar flipando con las historias rancias y fratricidas de los españolitos de a pie que no perdonamos ni una por más que nos digan que “hay que poner siempre la otra mejilla”.

Somos muy dados a confundir, a dar por hecho que unas cosas son excluyentes de otras, de que uno puede no querer una cosa de forma oficial por tanto no hacerla de forma privada porque, no parece congruente aunque uno lo sea consigo mismo.

Quizá la clase política nos ha ido moldeando de esta forma para poder beneficiarse del famoso “divide y vencerás”.

Ante todo, si yo convierto algo intimo en público, estoy autorizando a que todo el mundo participe o por el contrario, “me crucifique” por ello.

A cualquiera le puede parecer mal que se den clases de religión en colegios públicos y sin embargo desfilar en la procesión de su pueblo. O puede ir a ver a la Legión cantando “Soy el novio de la muerte”, que se le ponga “la piel de gallina” y “los pelos como escarpias”, pero no parecerle bien que estos vayan a un centro oncológico infantil a cantarla.

Ambas cosas no son excluyentes sino que cada una está en un sitio distinto, en una esfera social diferente y es ahí donde debe permanecer.

En el interior de cada persona es donde sí deben ir juntas.

Uno puede ser republicano y creer en Dios y sin ir más lejos Dolores Ibarruri fue comunista, republicana y creía en Dios y en las tradiciones hasta el punto de ir a misa o no quitarse jamás el luto, tal como mandaban los cánones de su época.

La lucha social debe ser una imperativo para toda la sociedad dejando a un lado los preceptos religiosos de cada cual de forma que, aunque juntos, no se mezclen, que cada uno pueda tener claro cuáles son sus prioridades y el lugar que estas ocupan, aunque parezca contradictorio, porque “lo cortés no quita lo valiente” tal como hacían los sacerdotes de los años 70.

Lo personal no es lo social, las ideas no pueden ser impuestas, ni la fe o el agnosticismo, porque entonces deja de ser una idea personal para ser una adoctrinamiento nacional y este, sea del signo que sea, coarta la libertad de aquellos que tenemos derecho a creer o hacer o pensar como mejor nos parezca.

Pero aquí no… aquí hay que “comulgar con ruedas de molino” y “procurar no sacar los pies fuera del tiesto” porque entonces eres un reaccionario y un fanático seas del signo que seas…

Como siempre y para casi todo en este país, “que Dios nos pille confesados”.

 

 

 

 

 

 

Rosa de los vientos. Presentación

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En principio, Rosa de los vientos es un libro complicado de etiquetar, no es fácil resumir su argumento aunque una vez leído, puede ser muy simple.

En el libro narro la historia de una mujer que tras una ruptura sentimental, decide apartarse del mundo, huir de la ciudad, y tratar de cumplir el sueño de escribir su primer libro.

En esos días conoce a Marcel, un hombre también maltratado por el destino que le abre los ojos a una realidad que ella desconoce o que nunca ha visto desde esa perspectiva que él le va mostrando.

Ella, que trabaja como documentalista y lee muchos libros y poemarios, descubre hasta qué punto todo lo que nos han contado sobre el amor y sobre las relaciones, son una especie de norma que ha ido dictando la sociedad. Los ideales románticos que ella ve incumplidos se van cayendo uno a uno a medida que comprende que las ideas sobre cómo ha de ser una relación y como escribir sobre ello, toman un cariz más natural, sin imposiciones ni normativas sociales.

Creo que el libro es un poco el liberarse los personajes de todo aquello que nos han ido imponiendo, de todo aquello que nos han hecho creer y que ha esclavizado tanto a los hombres como a las mujeres y que nos han tenido durante siglos buscando un amor ideal y una relación perfecta que tanto a unos como a otros no puede llegar a constreñir y asfixiar.

El destino juega un papel fundamental en el libro.

Por un lado está el concepto de que el destino marca la vida de estos personajes y al mismo tiempo, ellos no creen en tal destino.

A lo largo de la narración, Marcel va descubriendo como Lara entra y sale de su vida en el pasado, como sin conocerse tienen vínculos comunes y han vivido situaciones similares que él va a tratar de ocultarle.

El padre de Marcel, Salvador, que es un abuelito encantador, cultiva el arte de las cabañuelas, que es la predicción del clima a través de señales en la naturaleza. Durante el mes de agosto, un grupo de abuelos amigos suyos, se dedican a observar el cielo, los amaneceres, los cambios de colores y de viento, el comportamiento de los animales y con ello predicen el clima de todo el año.

La pregunta es si el destino está regido por esas directrices, si se puede adivinar por las señales que la vida nos va dando, si tener la sabiduría para ver más allá y poder darnos cuenta de qué va a ocurrir probablemente puede hacer que logremos modificar aquello que nos impide ser felices y vivir en plenitud.

Por otro lado, el libro habla de las dificultades con las que muchos autores nos encontramos cuando nos sentamos a escribir.

La protagonista, cuando tras muchos años de rutina literaria se sienta a escribir, se da cuenta de sus carencias, de que todo lo que ella creía que podía contar no es suficiente porque hay muchos ángulos desde los cuales ver las cosas y que no todos son hechos simples.

Yo, para poder escribir, he tenido que leer mucho, bucear en ensayos, buscar corrientes distintas de pensamiento. No es fácil.

Este libro, en parte es una muestra de todo eso, de las distintas fuentes de las que se puede beber para inspirarse o para encontrar aquello que quereos decir.

En la última página hay una nota bibliográfica en la que os doy los datos de todo aquello que yo he usado, de las pinceladas de poemas y de frases que usa la protagonista y que es solo una pequeña muestra de lo que a veces tenemos que hacer los autores para documentarnos.

Espero haber despertado vuestro interés y espero que os guste leerlo y disfrutéis tanto de su lectura como yo disfruté al escribirlo.

 

CAPTADOS EN AMAZON, ESCLAVOS DE LA PLUMA. Artículo de Mercedes Pinto

En esta reflexión os cuento las razones para publicar tu libro en Amazon antes que en una editorial. Basadas en mi experiencia, la experiencia de Mercedes Pinto Maldonado.   He estado dándole …

Origen: CAPTADOS EN AMAZON, ESCLAVOS DE LA PLUMA