La feminista coñazo.

 

15871451_170488373428658_8259028248096123611_n

Creo que ya no es un secreto, porque lo he comentado aunque sea de pasada en redes sociales, que uno de los trabajos que me ocupa ahora, y que me está produciendo muchísima satisfacción personal, es un ensayo sobre feminismo.

Embarcarme en un proyecto así, además, me ha hecho entrar en discusiones y corrientes filosóficas que van más allá de lo puramente coloquial y de las frases hechas, me ha permitido ver el fondo de muchas cosas y de muchos conceptos, algo que realmente es fascinante porque sientes, a medida que escribes, cómo tu mente se va abriendo y absorbiendo todo ese caudal de información.

Pero hay una faceta en concreto que me preocupa.

En los temas de feminismo en redes sociales, la aceptación por parte de muchas mujeres es escasa, por parte de los hombres suele ser nula y en muchos casos es realmente aberrante. Las fotos que he seleccionado de distintos medios son explícitas en el sentido al que me quiero referir.

Y ya no es eso solo, es que a veces se llega a ciertos enfrentamientos verbales, sobre todo en Twitter, o a conversaciones surrealistas, en las que se manifesta una opinión que claramente no es feminista y de forma realmente agresiva por parte de muchas mujeres, sobre todo jóvenes que es lo más preocupante, en la que se rechaza cualquier tipo de feminismo.

Yo misma me he convertido en la feminista coñazo.

He mirado y buscado en todos los foros de internet y en distintas redes sociales, y, generalizando, vamos desde la discusión sobre si hay mujeres que también asesinan a sus maridos, (6 en el año 2013) el famoso “yo no soy machista ni feminista, creo en la igualdad” o desde el ya tan traído y llevado caso de las denuncias falsas (0,010%), con los que las mujeres se empeñan en defender la inocencia del hombre a capa y espada, convirtiéndolos en víctimas, contradiciendo desde a las estadísticas hasta al sentido común, como si ellos no se defendieran bien solitos. Las reacciones de muchas mujeres me han sorprendido, porque soy tan sumamente tonta que doy por hecho que todas las mujeres son feministas.

nina peña - feminismo - libros - mujeres

Al comenzar a estudiar y a preparar el ensayo puedo darme a mí misma la respuesta de por qué.

Una de las razones principales es que muchas creen haber conseguido ya esa igualdad social y no se sienten para nada discriminadas o bien, creen que ya se ha conseguido todo y que estamos yendo demasiado lejos pidiendo cosas que “discriminan” a los hombres.

Creo que el discurso feminista actual debe renovarse y adaptarse a los nuevos tiempos y la forma en que nos expresamos es una de ellas.

nina peña - feminismo - libros - mujeres

Si los derechos humanos de la primera ola feminista y los derechos sociales de la segunda ola ya han sido logrados, a nostras nos queda un trabajo tan arduo como el anterior al convertir lo personal en político, algo que ya comenzó en los años sesenta y que sigue en evolución tal como sigue evolucionando la sociedad.

Quizá para muchas mujeres el feminismo está obsoleto porque creen que se han conseguido todos los derechos, que ante la ley es así, lo que no se ha conseguido es tener  ni las mismas oportunidades ni las mismas características para poder ejercerlos por tanto deberíamos pasar ya de la igualdad a la equidad, al equilibrio, cambiando el discurso para hacerlo más acorde con los tiempos que corren.

Otra es la educación. Me sorprende que muchas mujeres no sepan qué es el feminismo.

Brutal pero cierto. No saben qué es y lo asocian a una especie de aquelarre en el que las brujas coñazo como yo quieren quemar a los hombres en piras sociales que nosotras mismas construimos para ello.

Lo peor es que creen que no necesitan saber qué es, no quieren saberlo ni leer a fondo y seguramente si lo hicieran entenderían las cosas al revés porque ahí entra otra cuestión; tienen tan asumido ese rol patriarcal que ellas mismas dan explicaciones post-machistas a las cuestiones que puedan ir surgiendo. Un ejemplo claro, por poner a alguien sobradamente conocido en los medios, es el de Paula Echeverria hace muy poco diciendo que ella no es ni feminista ni machista.

A ver, alma de cántaro, si no eres feminista, eres machista, si no crees en la equidad y la igualdad que es lo que propugna el feminismo, eres machista.

14963146_116125558864940_86968895779698032_n

 

Imagino que las mujeres que ahora no hacen nada por el feminismo, y para prueba me remito a la movilización contra los presupuestos del estado por parte de colectivos feministas que apenas tuvo eco en muchas mujeres, o las mismas que nos llaman exageradas cuando salen las Femen gritando con las tetas al aire, son las mismas que hace dos siglos se escandalizaban cuando las mujeres pedían el voto o cuando se ataban a las rejas del parlamento británico.

Imagino que tal como ha pasó en aquellos tiempos, serán sus nietas las que se beneficien con la obtención de derechos por los que ellas no han movido ni un solo dedo, tal como ahora nos beneficiamos todas de aquello que nuestras bisabuelas, las locas sufragistas, hicieron en su momento.

16174722_182956368848525_5066007439374956816_n

 

Nos queda un enorme trayecto que recorrer porque no solo hay que pelear porque los hombres cambien de mentalidad, que esa es otra, sino que además hay que reeducar a muchas mujeres en el feminismo en el que parecen no sentirse representadas del todo quizá porque nos miramos demasiado el ombligo y estamos en disputa constante con nosotras mismas sin atacar los problemas sociales que de vedad son una gran amenaza como pueda ser ese cambio social al neoliberalismo que sí nos está machacando y devolviéndonos a etapas que ya creíamos superadas.

El reto continúa, esta lucha nunca ha sido fácil y ahora disponemos de medios globales y de una mayor educación para poder lanzar ideas al viento y que sean recogidas por miles de personas, lo que hay que saber es cómo lanzarlas, como desarrollarlas para que la implicación de las mujeres sea real y no nos quedemos el resto en feministas coñazo pasadas de moda o por lo memos que no nos boicoteen desde dentro, si no es su lucha que nos dejen a nosotras luchar en paz. Sus nietas se lo agradecerán.

14591769_102552163555613_5983975746766414988_n

 

Anuncios

Los desafios del feminismo ante el siglo XXI. Amelia Valcárcel y Rosalia Romero

nina peña - amelia valcarcel - feminismo - retos - mujeres

Amelia Valcárcel (Madrid, 1950) es catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, miembro del Consejo de Estado, vicepresidenta del Real Patronato del Museo del Prado y patrona de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

 

nina peña - rosario romero - feminismo - mujeres - retos

 

 

 

Rosario Romero es odontóloga y especialista en Gerencia en Salud de la Universidad de Cartagena; también especialista en Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad de los Andes; sumado a lo anterior, es candidata a magister en Conflicto Social y Construcción de Paz de la Universidad de Cartagena.

EL PRESENTE Y LOS RETOS DE FUTURO

Del mismo modo que a la obtención de las conquistas sufragistas le siguió la mística de la feminidad, los ochenta vieron aparecer una formación conservadora reactiva que intentó volver a poner las cosas en su lugar a fin de deflactar las vías abiertas por los nuevos espacios legales. Se produjo durante la vigencia del conservadurismo Regan-Thacher. Ha sido perfecta y admirablemente descrita por S. Faludi en su libro Reacción. De nuevo la maniobra fue orquestada en sinergia por los poderes públicos la industria de los medios y la moda y la red asociativa conservadora de la sociedad civil. Sin embargo tuvo mucha menos capacidad que su predecesora. Por una parte el panorama internacional no era homogéneo y por otra el feminismo en los ochenta se estaba transformando en una masa de acciones individuales no dirigidas.

Mientras que en algunos países se intentó suprimir o reconducir a los organismos de igualdad a fin de que contribuyeran a positivar un modelo femenino conservador, en otros, por su distinto signo político, el pequeño feminismo presente en los poderes públicos reclamó la visibilidad mediante el sistema de cuotas y la paridad por medio de la discriminación positiva. Internacionalmente el feminismo, que de suyo siempre ha sido un internacionalismo, llegó a lugares antes impensables, las sociedades en vías de desarrollo, y se encarnó en prácticas “de género” que nunca habían existido, reclamando su entrada en la construcción de las democracias. El feminismo de los últimos años ochenta y la década del noventa encontró en el sistema de cuotas el útil que permitía a las mujeres adquirir visibilidad en el seno de lo público y, previamente, había diagnosticado que la visibilidad social estaba interrumpida precisamente porque sus nuevas habilidades y posiciones no tenían reflejo en los poderes explícitos y legítimos. En los hechos esto significaba el fin de la dinámica de las excepciones.

Los repasos cuantitativos se afirmaron como perentorios. Cuántas mujeres había en cada sector relevante y encontrar el porqué de su escaso número fue la tarea de conteo que se emprendió. El diagnóstico fue que existía un “techo de cristal” en todas las escalas jerárquicas y organizacionales, puesto que, a medida que se subía de nivel, con formación equivalente, la presencia de las mujeres iba reduciéndose. Avanzaba el convencimiento de que los mecanismos de selección sólo eran aparentemente neutrales. Entonces comenzó a pensarse en la conveniencia de promover medidas que aseguraran la presencia y visibilidad femeninas en todos los tramos: discriminación positiva y cuotas.

En este terreno los mejores resultados se han obtenido por ahora en el seno de los poderes públicos, pero queda el reto de trasladar este tipo de acciones al mercado, lo que exigiría acuerdos políticos y sindicales bastante amplios. Ambos mecanismos, discriminación positiva y cuotas, pertenecen de suyo a las democracias cuando éstas prefieren incrementar los saldos igualitarios; por lo mismo suelen quedar fuera de los contextos liberales o ultraliberales. Son instrumentos, en el caso de las cuotas, para asegurar la llegada a los lugares seleccionados de aquellos colectivos que son sistemáticamente preteridos; es decir, imponen por cuota el cumplimiento de la meritocracia cuando la cooptación pura y simple no la asegura. La discriminación positiva, a su vez, intenta la imparcialidad en el punto de salida en lugar de en el de llegada; individuos afines pueden no ser tratados de modo afín para asegurarles un pequeño margen a favor en el inicio de la competición.

El feminismo de los noventa se ve abocado a estudiar la dinámica organizacional, lo que no quiere decir que abandone los temas de filosofía política general, sino que tiene la necesidad de iluminar, cada vez con instrumentos más finos, la micro política sexual. Nódulos y puntos de los poderes efectivamente existentes, formas económicas y relacionales, auto presentaciones y capacidad de expresar autoridad, etc, se convierten en parte de sus análisis, lo que da origen a trabajos minuciosos y sumamente informativos. Por este expediente el feminismo consolida su complejidad, al continuar siendo en esencia un igualitarismo doblado de una teoría de las élites. Por lo mismo, continúa siendo un resorte agitativo global que al mismo tiempo se está convirtiendo en una teoría política experta.

LOS RETOS DEL DOS MIL

Para dar entrada a las demandas de paridad planteadas parece claro que el marco teórico actual, todavía a grandes rasgos naturalista, debe cambiar. El naturalismo presente en la escena ideática de fin de siglo lo hemos heredado sin duda del pensamiento ilustrado como reacción al espiritualismo previo. Pero ha sufrido suficientes avatares como para haber cambiado varias veces de rostro: positivismo, eugenismo, sociobiologismo, etc. Sin embargo no es el paisaje corriente de las ideas globales y las concepciones del mundo de la Modernidad porque dé mejores explicaciones de algunos fenómenos que las explicaciones espiritualistas anteriores a él. El naturalismo corriente es sobre todo fundamento y resultado de las prácticas sociales corrientes, como ha demostrado cumplidamente M. Douglas. Si sobre tales prácticas -como ejemplo sobresaliente las que aseguran la jerarquía sexual- existe el disenso suficiente, tenemos al menos una buena razón para confiar en la decadencia futura del reduccionismo naturalista. Con todo, es tal su peso en la cosmogonía moderna que se necesitará un gran esfuerzo conceptual para cambiar de fondo y dejarlo atrás. Si el marco global continúa su iniciado giro hacia el dialogismo y la hermenéutica las posibilidades ya abiertas se ampliarán.

Por lo que toca a las sociedades políticas dentro del mismo marco de globalización, es evidente que las oportunidades y libertades de las mujeres aumentan allí donde las libertades generales estén aseguradas y un estado previsor garantice unos mínimos adecuados. El feminismo, que es en origen un democratismo, depende para alcanzar sus objetivos del afianzamiento de las democracias. Aunque en situaciones extremas la participación activa de algunas mujeres en los conflictos civiles parezca hacer adelantar posiciones, lo cierto es que éstas sólo se consolidan en situaciones libres y estables. Bastantes mujeres han descubierto en su propia carne que el hecho de arriesgar su seguridad o sus vidas para derrocar una tiranía no las pone a salvo de padecer las consecuencias de su victoria si el régimen que tras ella se instala es otra tiranía. Cualquier totalitarismo y cualquier fundamentalismo refuerza el control social y, desgraciadamente, eso significa sobre todo el control normativo del colectivo femenino. Por eso las medidas de decoro que toma una insurrección triunfante, -vestimentarias, de reforma de costumbres, de protección de la familia, de “limpieza moral”- siempre son significativas y nunca deber ser consideradas meros detalles accidentales. Montesquieu escribió que la medida de la libertad que tenga una sociedad depende de la libertad de que disfruten las mujeres de esa sociedad. Sólo la democracia, y más cuanto más profunda y participativa sea, asegura el ejercicio de las libertades y el disfrute de los derechos adquiridos. Por imperfecta que pueda ser, siempre es mejor que una dictadura de cualquier tipo, social, religiosa, carismática. En una democracia los cauces para la resolución de las demandas han de estar abiertos y por ello su presentación pública -aunque ello no signifique inmediato acuerdo- es condición previa de viabilidad y consenso. Los derechos adquiridos incluso en una situación tiránica se pierden, lo que indica el escaso consenso que habían logrado suscitar. Precisamente porque ninguna ley histórica necesaria rige los acontecimientos sociales, las involuciones siempre son posibles y nada queda asegurado definitivamente, la democracia es un tipo político que exige su constante defensa y perfeccionamiento, lo que puede hacerse desde las más variadas instancias, individuales o asociativas. Incrementar los flujos de participación -lo que supone favorecer la contrastación, el debate y el afinamiento argumental- siempre favorece la presentación en la esfera pública de los excluidos y sus demandas. Feminismo, democracia y desarrollo económico industrial funcionan en sinergia, de modo que incluso la comparecencia de feminismo explícito en sociedades que no lo habían tenido con anterioridad, es un índice de que están emprendiendo el camino hacia el desarrollo. El feminismo está comprometido con el fortalecimiento de las democracias y a su vez contribuye a fortalecerlas.

La entrada en las instancias de poder explícito sigue siendo una tarea en curso. Los sistemas de cuotas -formales en unas fuerzas políticas e informales en otras- han contribuido a que todas las listas presenten un número mayor de mujeres que el que habría producido una cooptación sesgada. A pesar de sus defectos, y los tienen evidentes deben seguir aplicándose precisamente porque hasta el momento presente no se puede asegurar la imparcialidad en los mecanismos de la cooptación.

No existen para colocar mujeres donde no las hay -eso sería discriminación positiva- sino para evitar que la cooptación sesgue en función del sexo. El poder explícito y legítimo, cuyo primer analogado es el poder político dentro de las democracias, sirve sobre todo al objetivo de la visibilidad. Hace visible la calidad real de los logros curriculares alcanzados. El sufragismo, en su empeño por los derechos educativos, cubrió el tramo más fuerte y decisivo del camino a la paridad. La visibilidad sólo intenta que ese hecho antes impensable, la educación igual y los resultados con medida meritocrática de las mujeres, sea sistemáticamente obliterado u ocultado “como si todo siguiera igual”. Las cuotas sirven para atajar dos conductas recurrentes por las cuales el privilegio masculino se reproduce: la invisibilización de logros y la discriminación de élites.

El feminismo es también un internacionalismo y también lo ha sido desde sus orígenes, como aplicador que es de la universalidad ilustrada en su doble vertiente, como panmovimiento y como universalismo político-moral. Esto requiere al menos tres instancias de acción dentro del progreso hacia un mundo globalizado. Debe entrar en el debate del multiculturalismo. Debe buscar presencia en los organismos internacionales. Y debe apoyar la posibilidad de una buena rápida acción internacional.

El multiculturalismo, que se acoge fundamentalmente al concepto de diferencia y al derecho a exigir el respeto por esa diferencia, cuando se alía con el comunitarismo puede pretender hacer legítimos y argumentables rasgos sociales de opresión y exclusión contra los que el feminismo se ha visto obligado a luchar en el pasado. Para prestar asentimiento a las posiciones multiculturalistas el feminismo puede y debe cerciorase del respeto de éstos a la tabla de mínimos constituida por la Declaración Universal de Derechos Humanos, a poder ser complementada por las declaraciones actualmente en curso de derechos de las mujeres.

Del mismo modo la presencia y visibilidad de las mujeres en los organismos internacionales debe aumentarse, así como la capacidad de acción de las propias instancias internacionales de mujeres, ya sean partidarias o foros generales. Las experiencias habidas en conferencias internacionales, declaraciones y foros indican la voluntad de presencia en el complejo proceso de globalización, así como la capacidad de marcarle objetivos generales ético, políticos y poblacionales. Por otra parte la presencia del feminismo en las mismas instituciones internacionales asegura también la adecuación de los programas de ayuda en función del género, así como su eficacia. En un momento en que los estados nacionales no son ya el marco adecuado para resolver gran parte de los problemas porque éstos se plantean a nivel mundial por encima de su capacidad de acción individual, el contribuir a la capacitación, mejora y empoderamiento de las instituciones internacionales contribuye a la causa general de la libertad femenina.

El asunto de la buena y rápida acción internacional se vincula, además, con el escabroso tema de la violencia. Las mujeres no están esencialmente comprometidas con la paz. Aunque hasta una filósofa tan crítica e ilustrada como Beauvoir haya llamado al varonil el sexo que mata y al femenino el sexo que da la vida, eso no pasan de ser apelaciones retóricas que sólo cierta mística diferencialista puede tomar como si fueran conceptos. Pero, aunque no sean esencialmente pacíficas ni tampoco lo sean funcionalmente en un sistema jerárquico patriarcal -porque cada mujer usa su capacidad de violencia con quienes sean débiles aunque de su mismo sexo y porque la disposición atomizada hace que cada una, con independencia de su voluntad, apoye la violencia de los varones propios- en una sociedad imparcial las mujeres nada tienen que ganar con la violencia. La democracia, que es ella misma una manera de evitar la violencia y remitir al principio de mayorías éticamente guiado las decisiones, que en ocasiones puede y debe ser violenta hacia el exterior, tiene que deflactar al máximo la violencia interna. Y no termina su acción cuando evita la violencia política y civil, sino que está obligada a preservar a sus ciudadanos lo más posible de su capacidad de violencia mutua. Esto es, tiene el deber de ser segura. Por otra parte, el florecimiento de formas suaves de vida es sólo esperable allí donde la violencia externa e interna del estado no ocupe demasiado lugar en el imaginario colectivo. La paz vuelve “femeninos” a los pueblos, decían ya los historiadores romanos conservadores, Y esto que ellos escribían como una severa crítica, podemos afirmarlo como una firme convicción de las democracias avanzadas. Los valores que la paz promueve, la convivencia, el cuidado, los placeres..no son esencialmente femeninos, sino que son apetencia común en sociedades que pueden permitírselos. Dejo para mejor ocasión profundizar este tema porque, por su enjundia, no cabe despacharlo sin más. Pero adelanto que el feminismo puede constituirse en garantía de paz, del mismo modo que está absolutamente empeñado en la desaparición de la violencia de género y las violencias individuales. Pueden las mujeres libremente reclamar las armas dentro de los ejércitos y puede el feminismo colectivamente exigir una sociedad pacífica e internamente desarmada. Allí donde la capacidad de ejercer violencia es todavía un valor, las mujeres tienen muy poco y son sus víctimas.

Gran parte de los tramos de acción presente y futura hasta ahora enumerados se dejan resumir en tres: variación de marco conceptual, aumento de la capacidad de acción y reparación de los déficits cuantitativos. Quisiera, por último, señalar algunos objetivos inmediatos que despejen en efecto el camino a la paridad. Enumeraré al menos tres de ellos. El primero es solventar también el déficit cualitativo. No podemos pensar que la discriminación de élites no forma parte de los déficits cuantitativos, aunque de suyo es un déficit cualitativo. Y en este momento en particular fortísimo. Dado el actual nivel de formación y preparación curricular de la población femenina, su fracaso masivo -y en esto los números que se comenzaron a hacer en la década anterior son rotundos- no puede producirse sin voluntad expresa de que ocurra ni sin voluntades operativas que lo persigan. El techo de cristal se sigue produciendo y reproduciendo en el conjunto completo de los sectores profesionales.

El segundo iluminar la ginofobia del mercado y desactivarla. Las mujeres resultan ser los sujetos peor parados en el sistema del mercado -en apariencia indiferente- con menores posibilidades de empleo, con peores empleos y con tareas a menudo muy por debajo de su capacidad individual. Ajustar el mercado a la meritocracia para el caso de las mujeres es una tarea primordial. La actual generación de mujeres de treinta años soporta, como ninguna en el pasado, una discriminación continua que, además, tiene muy poco de sutil. Esa generación, la de mayores logros y mejores tasas educativas que hayamos tenidos nunca, está sufriendo, por el momento, un auténtico desastre.

Y, en tercer lugar, hay todavía un grave déficit de voluntad común. El feminismo no es sólo una teoría ni tampoco un movimiento, ni siquiera una política experta. Siendo todo eso, ha sido y es también, lo digo a riesgo de repetirme, una masa de acciones, a veces en apariencia pequeñas o poco significativas. Cada vez que una mujer individualmente se ha opuesto a una pauta jerárquica heredada o ha aumentado sus expectativas de libertad en contra de la costumbre común, se ha producido y se produce lo que podríamos llamar un “infinitésimo moral” de novedad. El feminismo ha sido y es esa suma de acciones contra corriente, rebeldías y afirmaciones, que tantas mujeres han hecho y hacen sin tener para nada la conciencia de ser feministas. Esto es, tales acciones se realizan sin la conciencia de una voluntad común.

Creo que en este momento y en esta tercera ola del feminismo al que pertenecemos , que es la que da paso a un tercer milenio, las mujeres pueden ser ya capaces de forjar una voluntad común relativamente homogénea en su fines generales: conservar lo ya hecho y seguir avanzando en sus libertades. Pertenezcan a la parte del espectro político que pertenezcan, las mujeres presentes en lo público tienen el deber y la capacidad de elaborar una agenda de mínimos consensuados. Si se esfuerzan por lograr fraguar esa voluntad común, todas las mujeres lograremos nuestros fines con mucho menor esfuerzo -aunque sólo sea emocional- del que hasta ahora a nuestras predecesoras les costó conseguir lo que nosotras tenemos.

Pienso que cada tiempo cubre su etapa y nosotras, que vivimos de lo que otras y otros nos consiguieron, tenemos que cubrir la nuestra. Tenemos por delante el reto general de la paridad que implica resolver varios desafíos parciales: La formación de una voluntad común bien articulada que sabe de sí, de su memoria y de los fines que persigue. La iluminación de los mecanismos sexistas -cuando no ginófobos- de la sociedad civil, el mercado y la política. La elaboración común de una agenda de mínimos que evite pérdidas de lo ya conseguido y refuerce el asentamiento de logros. Y la resolución del déficit cualitativo que, en el momento presente, es una vergüenza para la razón.

Para tal resolución los mecanismos de paridad son condición necesaria, pero no suficiente. El salto cualitativo, tan habitual en el discurso dialéctico de los setenta, necesita de los acúmulos cuantitativos, que ahora suelen llamarse “masa crítica”, pero no se resume en ellos. Finalizada la dinámica de las excepciones, sería una trampa caer en patentizaciones exclusivamente cuantitativas. Estas dejan incólume el principio de excelencia que es, bien al contrario, un valor del que hay que apropiarse.

*Este Artículo forma parte del libro Los desafios del feminismo ante el siglo XXI (Amelia Valcárcel y Rosalia Romero (eds.), col. Hypatia, Instituto Andaluz de la mujer, Sevilla, 2000,pags.19-54). Fuente: PoliticasNet

 

Seneca Falls: la primera convención feminista

Sandra Ferrer Valero

cartell.seneca-falls2

En un pueblo cercano a Nueva York, en su capilla metodista, un 19 de julio de 1848 se reunieron mujeres y hombres para debatir sobre la situación civil y legal de las primeras. Una reunión que concluyó al día siguiente con una declaración que se convertiría en el primer documento en favor del feminismo en los Estados Unidos de América.

El anuncio

En el periódico local Seneca County Courier se publicaba este anuncio:

cartell.seneca-falls3Convención sobre los derechos de las mujeres. Una conveción para discutir las condiciones legales y los derechos sociales, civiles y religiosos de las mujeres. Tendrá lugar en la Capilla Metodista de Seneca Falls, Nueva York, el miércoles y el jueves 19 y 20 de julio a las 10 de la mañana.

Durante el primer día, el encuentro será exclusivamente para mujeres, a las que se invita cordialmente. El público en general está invitado a la segunda sesión…

Ver la entrada original 300 palabras más

Charlas de feminismo y literatura. Parte I Protofeminismo

Cuando hablamos de feminismo y literatura, lo primero que hay que tener en cuenta es el hecho de que la mujer ha permanecido apartada de la cultura y ha sido invisibilizada socialmente durante siglos, incluso en ciertos momentos históricos, les ha sido negada la educación superior o cualquier tipo de alternativa cultural.

El posicionamiento dentro de la literatura universal de las mujeres es relativamente reciente y obedece a cambios sociales y a la evolución lógica del pensamiento, eso sí, auspiciada por movimientos feministas que tratando de dar respuestas concretas a los problemas sociales fueron abriendo puertas.

Para comprender la evolución de la mujer dentro de la literatura hay que revisar los movimientos feministas en cada momento de la historia.

Los estudios de las mujeres han de cubrir, necesariamente, una información que complete la historia de la humanidad ya que la mujer siempre ha quedado fuera del discurso histórico y ha estado subordinada legal e ideológicamente al hombre o bien, ha sido constantemente omitida.

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - agatha christie
Agatha Christie, quien, obviamente, no necesita presentación.

 

 

 

 

nina peña - mujeres - literatura - feminismo - danielle steel
Danielle Steel, con cientos de novelas románticas que además son Best Sellers.
nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - stephanie meyer
Stephanie Meyer autora de la saga Crepúsculo
nina peña - literatura - feminista - mujeres - e l james
E. L- James, autora de la famosísima saga “50 sombras de Grey”

Incluso hoy en día, en que las mujeres tienen mucha más presencia literaria siguen existiendo casos de cierta discriminación considerando que el discurso femenino no forma parte de las  grandes obras y sí de aquellos géneros narrativos que pueden ser considerados menores como es el caso del policiaco donde siempre ha reinado Agatha Christie, el fantástico como Crepúsculo que lo escribió Stephanie Meyer, erótico como las famosísimas 50 sombras de Grey escrito por E. L. James, o romántico como Danielle Steele .

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - j k rowlingTomando como ejemplo uno muy conocido, J. K Rowlling, hay que destacar que en primer lugar, la escritora firmó con sus iníciales para que el hecho de ser mujer no lastrara el libro, en segundo, que el género es considerado un género menor, fantástico y juvenil, y tercero que incluso siendo Best Seller, cuando se habla de su enorme éxito se hace desde una perspectiva de excepcionalidad. Cuando hablamos de Best Sellers escritos por hombres suena muy normal mientras que si está escrito por una mujer se recalca que lo ha escrito una mujer, como si eso no fuera algo reglamentario y posible.

Dentro de la literatura escrita por mujeres se dan dos casos concretos y diferenciados. Uno es que la mujer adopte un discurso femenino y otro es que no se posicione en absoluto y escriba desde la misma perspectiva que pueda hacerlo un hombre y que cultive un género literario que no busque ninguna voz femenina, como podría ser Agatha Christie o J.K Rowling creando una literatura universal y un lenguaje ya utilizado por los hombres desde siempre.

Sin embargo, en otros géneros, las escritoras tratan de encontrar una voz propia, un discurso para el que no siempre vale el vocabulario ni la voz prestada, que no trata de aunar o igualar algo que ya hicieron otros sino posicionarse como mujer, legitimar una propia voz y un discurso propio que aborde las experiencias, los aspectos psicológicos, sociales, espirituales o políticos que nos importan realmente.

La estrategia literaria de esas mujeres es revisar los conceptos comúnmente aceptados, destruir y reconstruir imágenes o estereotipos que hemos ido heredando de la literatura masculina.

La voz propia de muchas escritoras actuales no sería posible sin la voz de sus predecesoras, de otras mujeres que en distintas oleadas de pensamiento, fueron a su vez escribiendo. Formando en un millón de gestos y palabras, las corrientes de pensamiento que en una revolución lenta pero constante nos han llevado hasta nuestros días.

Según Samara de las Heras, “el feminismo es toda teoría, pensamiento y práctica social o jurídica que tiene por objetivo hacer evidente y terminar con la situación de opresión que soportan las mujeres y lograr así, una sociedad más justa que reconozca y garantice la igualdad plena y efectiva para todos los seres humanos”.

 

Antes del feminismo. Empezamos por el principio.

Incluso antes de que el feminismo existiera como tal, hubo escritoras que manifestaron su malestar por la situación de la mujer en la sociedad y trataron de denunciar su discriminación, si bien, casi todas ellas fueron casos excepcionales y pertenecieron a los dos únicos grupos sociales que tenían cierta oportunidad de acceder a la cultura; las religiosas y las aristócratas.

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - hildegrandaSanta Hildebranda de Bigen cultivó casi todas las artes además de la literatura sacra y se considera protofeminista al escribir allá por el año 1100 sobre su visión y actitud práctica del papel de la mujer en la sociedad. Como curiosidad hay que recordar que fue la inventora del esperanto y se considera la primera persona que describió un orgasmo al hablar de sus visiones místicas.

Hacía 1405, es publicada La ciudad de las damas, de Cristina de Pizán que dio pie a los conocidos debates de la querella de las mujeres.

 

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - teresa de jesus

En el s. XVI tenemos a nuestra más célebre santa, Teresa de Jesús, que es considerada la primera feminista de la historia de la iglesia, aunque esta imagen fue tapada durante siglos por la curia. Teresa fue una mujer libre, independiente, fuerte y emprendedora de reformas eclesiásticas, crítica con la posición de la mujer desde afirmaciones en sus libros como “el mundo nos tiene acorraladas”. Fundó 17 conventos con sus reglas particulares y 2 escuelas para niñas, las carmelitas descalzas.

 

 

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - maria de zayasEn pleno siglo de oro, compañera de Quevedo, Góngora y Lope, María de Zayas fue una célebre dramaturga de la que hoy pocos hablan.

Cultivó la picaresca y en sus obras hay un claro componente de denuncia social, una desenvoltura muy liberal de sus personajes femeninos.

Crítica con la moral y la virtud impuesta, denunció la falta de estudios en las mujeres de la época. Cabe decir que sus escritos fueron condenados por la inquisición.

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - juana ines de la cruzUna de las protofeministas más reconocidas es Sor Juana Inés de la cruz, nacida en México y de familia aristocrática formó parte de la corte del virrey de México hasta que al no poder estudiar en la universidad como ella pretendía, le propusieron tomar los hábitos, la única alternativa posible al matrimonio. Cultivó el teatro, la comedia, poesía, compuso villancicos, y autos sacramentales. Algunos estudiosos dicen que no es posible hablar de feminismo en su obra y que la monja, simplemente, trataba de defenderse en sus versos, otros hablan de que utilizó una voz neutra que le permitiera expresarse pero la mayoría de estudiosos, sabiendo que el feminismo es más que lo que decimos, sino también lo que hacemos y lo que pensamos, ven en Juana las pinceladas de feminismo necesarias. En la obra lírica de Sor Juana, por primera vez, la mujer deja de ser el elemento pasivo de la relación amorosa y recupera su derecho, usurpado por los hombres. Habló levemente de la menstruación y de la lactancia recalcando el papel de la mujer en el proceso del ciclo de la vida que consideraba un bien divino, rompe con los cánones establecidos para la literatura femenina y logra crear un universo literario y filosófico donde la mujer adquiere mayor protagonismo y donde ella puede disertar sobre el rol social de las mujeres, aunque siempre pegada al momento histórico en el que vive. Según Octavio Paz, “gracias a su inteligencia, usando las mismas armas que sus detractores, acusa a los hombres de los mismos vicios que ellos achacan a las mujeres”.

Sus versos feministas más famosos:

Hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón/ sin ver que sois la acción/ de lo mismo que culpáis.

La frases menos “afortunadas” de las mentes más “brillantes”.

nina peña - libros para mujeres - filosofos - historia

Los grandes pensadores de todos los tiempos, no dejan de ser hijos de su época y de responder con frases que hoy serían consideradas de políticamente incorrectas, a los movimientos feministas de su momento.

En ocasiones, sus perlas dialécticas, dichas en periodos en los que el feminismo ni siquiera existía, se pueden considerar no una respuesta a ningún movimiento, si no la contestación al por qué de preguntas que nadie les hizo y que eran para ellos una realidad tan patente y obvia que no merecía siquiera un leve pensamiento de su bien pensante y privilegiada mente.

En su libro La arquitectura del patriarcado (Ed. Bellaterra 2016) Yadira Calvo repasa las frases que han legitimado la misoginia encadenando una tras otra las citas cumbre de las autoridades máximas en la cultura y la filosofía, abarcando periodos muy distintos de la historia y repasando disciplinas muy diversas.

Desde Aristóteles hasta Kant, Yadira ha seleccionado las frases que, a lo largo de la humanidad, han influido en el pensamiento y que en muchas ocasiones todavía arrastramos como un lastre.

Para Hegel, las mujeres “no están hechas para las ciencias más elevadas”.

Auguste Comte habló de la “debilidad intrínseca de su raciocinio”

Fichte afirmó que “en el matrimonio, la mujer expresa libremente su voluntad de ser anulada ante el Estado por amor al marido”.

Para Pierre Joseph Proudhon, el impulso sexual femenino era “lo más bajo y repugnante que existe en la naturaleza”.

Otto Weininger, autor de Sexo y carácter, equiparó el feminismo con la prostitución.

Arthur Schopenhauer dijo que: “Solo infundiéndoles temor puede mantenerse a las mujeres dentro de los límites de la razón”. Según Schopenhauer, ellas “se quedan niñas toda la vida”, solo resultan atractivas hasta los 28 años y nunca poseen inteligencia.

Robert A. Wilson, animaba a consumir estrógenos para combatir “la miseria indecible del alcoholismo, la drogadicción, el divorcio y los hogares rotos” derivados del fin de la edad fértil.

El naturalista Ernest Haeckel también afirmó que las mujeres y los hombres negros representaban el mismo estado evolutivo “que los niños varones blancos”.

Para el paleontólogo E. D. Cope, las características de las mujeres eran similares a las de “los hombres durante el estadio inicial de su desarrollo”.

Para no quedarme solo con el libro de Yadira, he rebuscado y he localizado unas cuantas perlas más en el libro Antología del machismo ilustrado, de Marco Litico (Grupo editorial 2002) que a continuación dejo para vuestro deleite.

“Los fundamentos de la casa son la mujer y el buey: el buey para que are y la mujer para que guarde”. Fray Luis de León.

“Todo en la mujer es un enigma, y todo en la mujer tiene una solución: se llama embarazo”. Nietzsche.

“El fuerte de la mujer no es saber sino sentir. Saber las cosas es tener conceptos y definiciones, y esto es obra del varón”. Ortega y Gasset.

“Al seguir una vocación masculina, estudiar y trabajar como un hombre, la mujer hace algo que no corresponde del todo con su naturaleza femenina, sino que es perjudicial”. Karl G. Jung.

“Aborrezco a la mujer sabia. Que no viva bajo mi techo la que sepa más que yo, y más de lo que conviene a una mujer. Porque Venus hace a las doctas las más depravadas”. Eurípides.

“La mujer no necesita escritorio, tinta, papel ni plumas. Entre gente de buenas costumbres el único que debe escribir en la casa es el marido”. Moliere.

“Debéis retrasar lo más que os sea posible el momento en que vuestra mujer os pida un libro”. Balzac

“Es orden natural entre los humanos que las mujeres estén sometidas al hombre, porque es de justicia que la razón más débil se someta a la más fuerte”. San Agustín

“La mujer no se traiciona fácilmente a sí misma y por eso no se emborracha. Como es débil tiene que ser astuta”. Kant.

“La anatomía es el destino. Las niñas sufren toda la vida el trauma de la envidia del pene tras descubrir que están anatómicamente incompletas”. Freud.

Que pensadores y filósofos de distintas épocas se hayan dado al libre albedrío de lanzar esas frases de semejante calado misógino nos debería hacer dudar de muchas de sus obras y de algunas de sus teorías que también tenemos comúnmente aceptadas de la misma forma en que todas estas lo fueron en su momento.

Quiero pensar que esos hombres eran hijos de su tiempo y que venían de una tradición mucho más antigua que incluía corrientes de pensamiento que, tras miles de años impuestas, ellos no lograron dejar atrás y que solo con mucho tesón y fuerza estamos tratando ahora de romper.

Acabar con miles de años de pensamientos y tradiciones brutales, que están tan arraigadas en la conciencia colectiva de los hombres que hasta incluso las mujeres las creen, no es algo fácil ni algo que se pueda realizar en un corto plazo de tiempo, por tanto la lucha del feminismo ha de continuar y ha de hacerse de forma lineal, implicando a hombres y mujeres en ella y aprovechando un acceso que pocas veces en estos milenios ha sido tan común para todas las partes y que forma la base principal de toda la sociedad: la educación.

PD. Si alguien se pregunta por qué sale Mafalda en la foto… es que nunca he leído sus viñetas.

 

 

 

 

Libros para y sobre mujeres. Cómo hacer la lectura correcta.

La vida de las mujeres ha sido y es retratada en miles de libros a lo largo de la historia de la literatura con mayor o menor acierto y cayendo más o menos en estereotipos que retratan de forma verosímil las normas sociales de la época en que fueron escritos.

Dramas que nos hablan de mujeres y que por un motivo u otro, lo que entonces se consideró una lectura, una novela, ahora nosotras vemos como un reflejo de lucha que, mezclado en una historia, nos habla de una mujer concreta, de un momento concreto y de una posición concreta ante la vida.

La novela, al ser un género ficción, puede darse el lujo de ser interpretada o simplemente leída, de maneras muy distintas, aplicándole al mismo acto muy distinto significado.

Tomemos el ejemplo de una heroína de novela, Madame Bovary , de vida trágica y en ciertos momentos incomprensible proceder.

La primera lectura, si no es profunda, nos deja ver a una mujer, Emma, que se casa por puro convencionalismo, y que a lo largo de la narración tiene una sucesión de amantes por los cuales, además de sumirse en depresiones continuas, acaba endeudando a la familia completa. Emma lee novelitas románticas que la llevan a buscar esos amores apasionados. Al final, la pobre y casquivana Emma, se suicida tomando arsénico y dejando huérfana a su hija y hundido en la más absoluta miseria a su marido que muere también. Un drama fabuloso.

Si hacemos una lectura más profunda, vemos a una mujer que no tiene otra alternativa que casarse porque la sociedad imperante del momento no la educa para absolutamente nada más que para sumir su rol correspondiente dentro de la sociedad y moral imperante en esa época.

Podemos leer también que no es que ella sea una cabeza loca en busca de emociones fuertes sino que es utilizada constantemente como objeto de deseo y triunfo del “maromo” en cuestión… si te cae bien el personaje de León, por favor, replantéate las nociones de feminismo de nuevo que se te han ido torciendo por el camino.

También podemos ver a una mujer eternamente insatisfecha, buscando no solo emociones y aventuras, sino objetos y posesiones que la hagan sentir mejor hecho por el cual se endeuda hasta la ruina.

El término Bovarismo existe precisamente para describir a personas cuyo estado es de un continuo malestar e insatisfacción. Pero también hay que recalcar que las insatisfacciones y los desengaños, nos llegan por el contraste de todo aquello que nos han prometido, de las expectativas que nos han ido creando, con la más pura realidad.

Si lo miramos con ese análisis, Emma Bovary es una hija de su tiempo, y actúa de la forma en que la sociedad le empuja a actuar.

Tomemos ahora a Ana Ozores como ejemplo en la magnifica obra La regenta de Clarín.

Para empezar, cambia el contexto de forma brutal al encontrarnos de golpe en Vetusta, una ciudad imaginaria de España que según dicen está inspirada en Oviedo.

El clima de “beatismo” y de religiosidad es, de verdad, asfixiante. Algo que no se da en otras novelas del mismo género porque, simplemente, transcurren en países menos sometidos a la religión y a sus directrices morales.

A las normas sociales que imperan en Madame Bobary, hay que sumar por tanto las normas morales de una sociedad profundamente católica y con una visión de la mujer igual en muchos aspectos pero que además, la juzga también como pecadora.

Aquí Ana Ozores no lee novelitas románticas ni tiene sueños de grandeza personal ni trata de desafiar nada, al contrario, vive sometida acatando todas y cada una de las leyes impuestas. Criada brutalmente por una niñera, por su padre y por unas tías despóticas, Ana es la suma de traumas y miedos propios de una vida reprimida, llena de miedos que ella vive en pesadillas continuas, postraciones, en una observancia total de sus preceptos religiosos y es cuidada con esmero por un marido muchos años mayor que ella que está más pendiente de su colección de coleópteros que de las necesidades reales de su esposa .

Se entrega a las lecturas de las Confesiones de san Agustín, san Juan de la Cruz, fray Luis de León, y otros textos religiosos que enriquecen su visión del mundo y la incitan a escribir, pero su inquietud literaria se ve frustrada por los convencionalismos ortodoxos del medio social, que ven mal que una mujer sea literata. Siente frustración respecto de la maternidad, vive en la reclusión de la castidad: ya que su marido no logra verla como mujer, sino como a una hija. Ante este panorama, Ana busca en la religión un medio de purificación espiritual y de sublimizar sus necesidades sexuales y reproductivas

Clarín nos describe a Ana como un ser puro, sin maldad, propio de esa virtud que también parece ser congénita en las mujeres de esa época y lo cual, es precisamente, el motivo de su perdición.

Dos hombres, un eclesiástico con ínfulas de obispo y un Don Juan mediocre de provincias, se disputarán el favor de Ana, uno como su confesor y otro como su seductor. Ana se ve por tanto atrapada entre dos corrientes muy distintas; el misticismo y el erotismo.

Al final la única culpable y la única que paga por su culpa es ella, aunque parezca perverso.

Una lectura más profunda de estos libros, no solo nos llevan a entender mejor la sociedad de aquel entonces, sino a ver los conceptos que una mujer debía asumir como forma de vida y por los cuales, si se revela, ha de pagar las consecuencias.

Os invito a hacer lo mismo con los otros libros.

De los libros sobre mujeres que os indico, solo Ana Ozores logra sobrevivir. Quizá porque el concepto religioso que la condena al pecado también asume el concepto de perdón. La otras pagarán con su vida el intento de ser libres.

 

 

La dama de las camelias. nina peña- libros para mujeres - dumas

Inspirándose en un personaje real, Alexandre Dumas (hijo) dio vida a una de las heroínas más célebres de la literatura romántica, Marguerite Gautier. Entre el romanticismo final y los comienzos de la novela realista, La dama de las camelias narra los trágicos amores de la bella cortesana y Armand Duval, un joven de familia respetable. Los convencionalismos sociales y la hipócrita moral imperantes constituirán un obstáculo que ni siquiera el apasionado y sincero amor de los protagonistas logrará derribar.

Ana Karenina. nina peña - libros para mujeres

Entre los grandes escritores del siglo XIX, Lev Nicoláievich Tolstói (1828-1910) ha sido calificado como «genio único, sin equivalente en ningún otro país». Aparecida en su versión definitiva en 1877, Ana Karenina es la obra más ambiciosa y de mayor trascendencia del escritor ruso, una novela de corte realista y psicológico que describe con enorme agudeza la sociedad rusa de la época a la vez que plantea una feroz crítica hacia la aristocracia en declive, su falta de valores y la cruel hipocresía imperante. La profunda crisis moral de Tolstói en la época en la que concibió la novela le llevó a construir esta estremecedora historia de adulterio en la que la protagonista principal, Ana Karenina, se ve abocada a un trágico final como resultado de un conflicto—psicológico y social—que va in crescendo desde la primera página. La culpa, la redención, la búsqueda del bien y la caída en el pecado, el rechazo social y el trastorno interno que dicho rechazo provoca en quien lo padece…Todos estos temas aparecen magistralmente engarzados en Ana Karenina, una obra clave de la literatura universal cuya lectura sigue siendo imprescindible

 

Cumbres borrascosas. nina peña - libros para mujeres

El ambiente cultural que se respiró en la casa de los Brontë desde época temprana condujo a la precocidad literaria de las tres hermanas. Emily Brontë, a pesar de su corta existencia, está considerada como una artista consumada y muy por encima de su época. Hoy en día se considera” Cumbres Borrascosas” como una de las grandes novelas inglesas entre los clásicos de la literatura. En su época produjo un profundo asombro ante el espectáculo de una historia de amor tan apasionada, que al parecer rebasaba los límites impuestos por la moral ortodoxa reinante. Sus protagonistas, unos seres implacables con espíritus depravados, reflejan el temperamento de su autora, una muchacha audaz y apasionada.

 

Madame Bovary.nina peña - libros para mujeres

Gustave Flaubert (1821-1880) está considerado como uno de los más grandes novelistas de todos los tiempos. Figura puente entre el romanticismo y el realismo, dio una estructura definitiva a la novela, género todavía vacilante y ambiguo, elevándola a la categoría de los géneros clásicos. «Madame Bovary» es, sin lugar a dudas, una de las novelas más importantes de la literatura universal. Su publicación en 1856 suscitó un proceso por ofensa a la moral pública y a la religión, del que Flaubert salió absuelto. Favorecida por el escándalo, la novela inició a partir de ahí su camino a la gloria, que el paso del tiempo no hace sino acrecentar.

 

La regenta.nina peña - libros para mujeres

Decir que «La Regenta» es la historia de cómo unos personajes, inconformes con su mundo, anhelan trascenderlo y son vencidos en el intento es tan cierto como insuficiente porque, en el fondo, este conflicto se halla en todas las novelas del realismo europeo. Lo verdaderamente singular en «La Regenta» es la inmensa complejidad y riqueza de matices con que el conflicto se produce.

Escrita entre 1883 y 1885, fue un éxito desde el primer momento, a pesar del silencio o la reacción negativa de buena parte de la crítica periodística. Consciente de la plenitud y madurez de su novela, el propio Clarín en una carta a un amigo confesaba su emoción por haber acabado “a los treinta y tres años una obra de arte”.

 

 

Judith Butler y la filosofía Queer.

nina peña - mujeres - libros - judith butler - queer

Judith Butler es una filósofa post-estructuralista que actualmente ocupa la cátedra Maxine Elliot de Retórica, Literatura comparada y Estudios de la mujer, en la Universidad de California, Berkeley, tras haber sido profesora en la Universidad de Wesleyan de Ohio y Johns Hopkins.

Esta teórica ha realizado importantes aportaciones en el campo del feminismo, la Teoría Queer, la filosofía política y la ética.

Es autora de dos de los libros más influyentes del s.XX “El Género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad” (1990) y “ Cuerpos que importan. El límite discursivo del sexo” (1993). Traducida a 20 idiomas, ambos libros describen lo que hoy se conoce como Teoría Queer y son básicos en el pensamiento moderno y las nuevas teorías sobre género y sexualidad.

En estos libros Butler pone en tela de juicio la idea de que el sexo es algo natural mientras que el género se construye socialmente más allá de una anatomía. Así como el sexo nunca se cuestiona puesto que todos nacemos con unos atributos sexuales definidos (sistema binario hombre –mujer) el género es un concepto subjetivo que se da dentro de un sistema social ya marcado con unas pautas y normas y que por tanto está siempre en creación o construcción continua, y al tener que ser aceptado por el resto de sociedad, en disputa.

Este pensamiento obliga a replantearse la perspectiva feminista y sus teorías y así entender que las mujeres es más que un colectivo físico adquiriendo un significado político.

Esta teoría será abrazada entonces por colectivos denominados como “minorías” y que son discriminados por la norma social binaria suponiendo un gran empuje al denominado Movimiento Queer.

El género, por tanto, esta siempre expresándose, mostrándose y construyéndose en un contexto social en el que puede aceptar o transgredir las normas impuestas y hacer legible a la persona socialmente. Es una negociación constante con esa normativa o bien una transgresión de esas leyes aceptadas y consideradas como políticamente correctas.

Estos ideales o normas o leyes sociales de masculinidad y feminidad han sido configurados desde la heterosexualidad. Se parte de una idea en que la identificación con un género se opone y excluye el deseo hacia ése mismo género y por tanto implica que debe orientarse hacia el sexo contrario. Idea a mi parecer un tanto religiosa en la que el sexo entre personas está encaminado exclusivamente hacia la procreación y en ningún caso hacia el crecimiento personal, relaciones afectivas o simplemente búsqueda del placer.

Desde el punto de vista de Butler, deseo e identificación no tienen porque ser excluyentes mutuamente ni existe ninguna razón por la cual una persona deba orientar su deseo hacia un género u otro completa y totalmente.

Para la filósofa, no hay encarnaciones de feminidad o masculinidad que sean más auténticas unas que otras, puesto que todas parten de la subjetividad del individuo. Lo que sí existe es una continua negociación de los ideales de acuerdo a una normativa social que los vuelve “respetables” de acuerdo a un imaginario social plenamente aceptado que continua siendo mayoritariamente heterocéntrico.

Conocer las teorías de Judith Butler me ha ayudado muchísimo a la hora de amueblar la mente de cara a escribir mi libro, puesto que me he planteado cuestiones que nunca antes me había planteado, como puedan ser la construcción y asunción del género, la identidad o el concepto “mujer”.

La protagonista asume su identidad, construye su género a través de unas vivencias que le abren la mente y le obligan a aceptarse, rehacerse a sí misma en un proceso que dura varios años y en el que mantiene una relación bisexual que está en constante tela de juicio por ser algo que transgrede esas leyes aceptadas socialmente, así como en una lucha constante de poder entre ella y su pareja masculina.

Judith

Judith Butler entrevistada por Milagros Belgrano Rawson

La invención de la palabra

¿Cómo ve el devenir de la potencia de lo que usted llamó la “matriz heterosexual” en las últimas cinco décadas? ¿Qué cambios han ocurrido y a qué cree que se deben?

–Pienso que tenemos que asumir que “la matriz heterosexual” es una manera de intentar describir las cambiantes operaciones de la heterosexualidad hegemónica y obligatoria, y que esta “matriz” no tiene una única formulación. A veces, una construcción teórica como “matriz heterosexual” actúa como punto de partida para un análisis pero no es en sí misma descriptiva. Podríamos hablar sobre cambios producidos en las últimas cinco décadas dentro de ciertos contextos geopolíticos y seguramente notaremos que hay más espacio para otros modos de la sexualidad –gay, lesbiana, bisexual–, pero también tendríamos que advertir los nuevos métodos de normalización que emergieron en las mismas décadas. Lo que podría ser importante de considerar es la manera en que la separación entre reproducción y sexualidad es evidente para gente de cualquier orientación sexual. Aunque también habría que recordar que el funcionamiento de la matriz heterosexual no sólo impone heterosexualidad sino que también controla los términos del género. Por lo tanto, es importante también hacer un seguimiento de cómo los modos de presentación de las cuestiones de género ya no están vinculadas con la orientación sexual de manera clara o previsible. Hay, por supuesto, lugares en el globo donde es más difícil seguir el “progreso”, así que probablemente necesitemos desarrollar un mapa dinámico y complejo para ensayar y pensar más cuidadosamente cuándo y dónde opera la matriz heterosexual.

¿Cómo imagina un futuro donde la norma binaria se haya diluido?

–No es necesario imaginarse un futuro en este sentido porque la impugnación del sistema binario de géneros ya ha sucedido. De alguna manera, ha sucedido. El desafío es encontrar un mejor vocabulario para las maneras de vivir el género y la sexualidad que no encaje tan fácilmente en la norma binaria. De esta manera, el futuro está en el pasado y en el presente, pero necesitamos producir la palabra en la que la complejidad existente pueda ser reconocida y en donde el miedo a la marginación, patologización y la violencia sea radicalmente eliminado. Tal vez nuestra lucha sea menos para producir nuevas formulaciones del género que para construir un mundo en el que la gente pueda vivir y respirar dentro de la sexualidad y el género que ya viven.

¿Qué consecuencias políticas traen aparejadas estas nuevas perspectivas?

–Algunas son claras: la oposición en la calle a la violencia médica y policial contra la gente transgénero, la conformación de nuevas alianzas entre feministas, lesbianas, gays y bisexuales, queer, genderqueer, transgéneros, intersex; la despatoligización de la homosexualidad y la transexualidad dentro de los manuales y prácticas médicas, la producción de espacios culturales donde a través del arte es posible explorar las luchas y los placeres de estas vidas particulares, el desarrollo de formas de activismo basadas menos en una identidad estricta que en una forma de afiliación donde la diferencia tenga más valor que la superación de ésta.

¿Es posible adaptar su trabajo teórico, sobre todo el vinculado con los temas de género, a la vida cotidiana?

–Hay varias formas de responder esa pregunta. Mi primera respuesta es decir que el trabajo y el amor están relacionados, y con eso quiero decir que amo mi trabajo y que mi trabajo proviene en parte de reflexiones sobre las condiciones del amor. Pero más que eso, creo que el género tiene mucho que ver con las relaciones que mantenemos en la vida. No siempre es el aspecto más importante de toda relación, pero el género es una forma de relacionarse. Pienso que la gente, en todo el mundo, está confundida con el género, incluso cuando lo están disfrutando, así que miran los recursos culturales que tienen a su disposición para que estas cuestiones tengan sentido. La teoría académica es sólo un recurso entre otros.

Pero dado que usted teoriza sobre el amor, la sexualidad, el deseo y el género, ¿hay alguna forma de aplicar algunos de sus postulados?

–No pienso que la teoría deba ser aplicada. No se trata de un conjunto de prescripciones abstractas aplicables a la vida práctica. La teoría no te dice cómo hacer las cosas, pero abre posibilidades. En un mundo que constantemente cierra posibilidades, es importante abrirlas. Una vez, Nancy Fraser (filósofa feminista norteamericana) me preguntó cómo se podía distinguir entre las posibilidades que había que valorar y las que no. Ella quería una forma de medir normas. Pero yo creo que se trata de maximizar las posibilidades de vivir la vida, aunque ésta sea precaria. De todos modos, cuando la gente toma una teoría y luego hace su propio análisis sobre una práctica social determinada –algo que yo no podría hacer– es algo maravilloso. Porque esa teoría sale del contexto en el que fue creada y entra en otro y se convierte en algo diferente. Para mí, la teoría es un gesto insuficiente. Hay que retomarla en distintos contextos para que se convierta en algo diferente. Y recién cuando esto ocurre la teoría es exitosa.

¿Y entonces es posible dejar una marca en el mundo?

–Cuando estaba en la facultad, yo formaba parte de un emergente movimiento gay y lésbico (por entonces no existía lo “queer”) y era una feminista comprometida. Lo que no entendía era cómo iba a poder juntar todos estos mundos diferentes. Parecían separados y que habría riesgos si intentaba unirlos. Pero, de a poco, de alguna forma se unieron, y yo me encontré en una posición afortunada. No estoy segura de que, como persona, yo pueda hacer una diferencia. Pero formo parte de un movimiento de pensamiento más grande que ha hecho y hace una diferencia.

Usted apoyó a Obama antes de su elección. Hasta ahora, ¿está satisfecha con sus primeros meses en el gobierno?

–Es verdad que voté a Obama en las primarias demócratas y en la elección final, pero tenía algunas dudas sobre sus posiciones. Es un demócrata centrista y es importante saber que la “izquierda” consiste en movimientos sociales radicales que no siempre están bien representados por Obama o sus funcionarios. Mi esperanza es que surja una práctica de la crítica en la izquierda. Por supuesto que estamos aliviados ahora que Bush se fue y que Obama está en el poder. Pero hay que recordar que Obama nunca apoyó el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo y que tenía el poder para influenciar en la votación de California que anuló el matrimonio gay. Pero, por razones tácticas, eligió no hacer nada. Y estuvo dolorosamente callado durante el ataque a Gaza, incluso cuando debería ser claro para él que los judíos progresistas ahora están preparados para criticar la violencia del Estado israelí. También eligió en su gabinete a gente que es muy conocida por su misoginia y racismo, como Lawrence Summers (N. de la R: profesor en Harvard y director del Consejo Nacional Económico). Así que veamos cuán lejos está dispuesto a ir con respecto a las decisiones más difíciles. Debo decir que luego de sus primeros tres meses en el gobierno estoy más contenta de lo que había pensado. Cuando fue electo, me preocupaba que tanta gente estuviera enamorada de él y lo idealizara y que luego se decepcionara por completo o que “disculpara” sus numerosos compromisos con fuerzas más conservadoras. Pero creo que Obama hizo un buen trabajo al asegurarse de que la gente no lo viera como un Mesías. Ofrece esperanza, pero no redención, lo que para mí es un alivio. Ya veremos qué posición tomará su gobierno en cuanto al aborto. En mi opinión, ésta es una pregunta abierta.

¿Le resulta llamativo que en este momento se discuta en distintos lugares del mundo –con el apoyo de múltiples personalidades públicas– la legalización del matrimonio gay y que el aborto, a su vez, siga siendo un tema tabú o defendido sólo por grupos de mujeres militantes?

–Es importante considerar cómo el movimiento “pro-matrimonio” ha limpiado las relaciones homosexuales y neutralizando el radicalismo sexual. Ahora gira alrededor de imágenes de monogamia y propiedad. Y, sin embargo, la práctica del aborto es muchas veces presentada como una opción socialmente condenable o estigmatizada por la pérdida de status de clase. Así que me parece que necesitamos repensar el feminismo y los movimientos sexuales radicales para tomar en cuenta formas de filiación que no son conyugales y que no siempre se basan en derechos de propiedad. Y también habría que volver a aliar al movimiento gay y lésbico (y a los bisexuales) con el feminismo y la crítica de la opresión de clase. Mi temor es que en los Estados Unidos estemos aceptando los términos de la democracia liberal participativa en el sentido amplio del compromiso político. Por supuesto, quiero esa democracia, pero quiero que sigamos preguntándonos qué es lo que la democracia radical nos pide ahora.

¿Cómo ingresa el concepto de familia en esta historia? ¿Cree que se ha modificado?

–Creo que tenemos que distinguir “familia” de “parentesco”, pensando parentesco como ese grupo de personas de las que dependemos y que dependen de nosotros, una comunidad que participa de las mayores celebraciones y pérdidas de nuestras vidas. Creo que es un error restringir la idea de parentesco a la familia nuclear. Creo que todos necesitamos producir y sostener este tipo de comunidades. Demasiado peso emocional se deposita sobre la familia y la pareja, y encima estas instituciones deben abrirse a mundos más amplios. No es necesario estar unidos por la sangre o por el matrimonio para convertirse en esenciales unos para los otros. No solamente tenemos que imaginarnos más allá de estas maneras de relacionarnos sino también cómo podríamos vivir en ellas.

 

 

Libros

  • ‘’Sujetos de deseo: Reflexiones Hegelianas en la Francia del siglo XX”(1987)
  • ‘’El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad”(1990)
  • ‘’Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del sexo” (1993)
  • ‘’Lenguaje poder e identidad” (1977)
  • ‘’Mecanismos psíquicos del poder: teorías sobre la sujeción” (1997)
  • ‘’El grito de Antígona” (2000)

.         Artículos

  • ‘’El marxismo y lo meramente cultural”
  • ‘Variaciones sobre sexo y género”
  • 2012: ‘’Afirmo un judaísmo no asociado a la violencia del Estado”
  • 2011: La alianza de los cuerpos y las políticas de la calle”
  • 2011: ‘’ Informe Amicus Curiae’’
  • 2009: ‘’Performatividad, precariedad y políticas sexuales’’
  • 2008: Euforia acrítica”
  • 2006: Relaciones género”
  • 2003: Violencia, luto y política’’
  • 1998: Merely Cultural’’
  • 1995: ‘’Los usos de igualdad’’
  • 1988: Actos performativos y constitución del género: un ensayo en fenomenología y la teoría feminista

 

 

De la amistad romántica al pensamiento Queer.

mujeres - nina peña - sufragistas - amor - libros

 

Breve historia de las leyes contra las lesbianas.

En la edad media la condición homosexual fue reprimida y ocultada por lo que apenas quedan referencias históricas sobre relaciones entre mujeres. Existen, eso sí, novelas cortas que hablan de relaciones lésbicas y es conocida incluso forma parte de la mitología colectiva las relaciones las relaciones entre religiosas dentro de los conventos católicos.

En esa época existían leyes que condenaban el lesbianismo, como el código de Orleans en el que la ley que castigaba a los hombres homosexuales se amplió para poder ser aplicada a las mujeres. La ley consistía en una especie de reprimenda y castigo por plazos; en un primer aviso el hombre era desprovisto de sus testículos, en el segundo aviso se procedía a la castración del pena y en el tercer aviso directamente era quemado en la hoguera. Ignoramos qué miembros eran amputados a las mujeres al serles aplicada esa misma ley.

En 1314 se impuso una libre interpretación de otra ley anterior, del año 287, que condenaba la prostitución y el lesbianismo y en 1400 aún se amplió más al añadir la pena de muerte.

 

Amistad romántica

El estigma impuesto al amor lésbico es una poderosa arma para confinar a las mujeres en la heterosexualidad que garantiza una base social basada en la familia y en las tradiciones. Muchas mujeres optaron por mantener una amistad romántica hubiera o no sexo entre ellas al margen de sus matrimonios. Esta amistad, disimulada la relación amorosa, era aceptada tácitamente por la sociedad victoriana, dominada por las apariencias y vinculada siempre a la asunción del matrimonio como una cuestión puramente económica en que primaba el interés el patrimonio y los negocios por encima del amor.

El deseo de libertad de las mujeres, las leyes que las privaban de propiedades y que las consideraban como seres inferiores al mismo nivel de tutela que los niños en las que el hombre ya fuera padre, marido, hermano o hijo tenían la potestad sobre ellas, junto con las nuevas ideas que el socialismo iba abriendo en sus mentes, produjo los primeros movimientos feministas y de sufragio pero no acabó con los estereotipos lésbicos y ni siquiera supuso en muchos países algún avance en ese pensamiento, ya que la mayoría de aquellas mujeres lucharon por sí mismas y por mantener una nueva posición en su clase social olvidando la lucha de miles de mujeres tanto de clases sociales inferiores como vinculadas al amor lésbico, quedando éstas aprisionadas por los roles de género imperantes en su época en los que las lesbianas eran mujeres masculinizadas y las heterosexuales completamente sumisas, entregadas al hombre a través del dominio que éste ejerce sobre ellas en el momento de la penetración y del placer que pueda proporcionarle.

mujeres - nina peña - sufragistas - amor - libros - queer

Discriminación e identidad

La discriminación está sostenida por el sistema de opresión sexual en el que se basan las estructuras sociales patriarcales que fijan en las personas determinadas normas que se deben seguir de por vida.

La identidad sexual se aferra a esa forma del “debe”, siempre vinculado a la heterosexualidad y que condiciona a cada ser humano a ser excluido o admitido en la normativa binaria. Además, precisamente con las mujeres, los roles basados en la inferioridad y en la maternidad nos definen como meros instrumentos reproductores en un rol pasivo.

Esta concepción de la mujer se ha visto reforzada por el papel de las religiones y sus normas morales capaces de mutilar y asesinar a multitud de mujeres a lo largo de la historia, y se perpetua hoy en día con el capitalismo en el cual la familia es la base del mercado de consumo aunque cada vez más, ese capitalismo que siempre se reinventa a sí mismo, comienza a aceptar como válido otro tipo menos tradicional de familia, ya sean del mismo sexo o monoparentales, con tal de que sigan siendo sectores de población con alto nivel de consumo.

El lesbianismo, ha sido tratado incluso como una patología e identificado como una homosexualidad femenina y era tratado clínicamente por psiquiatras y psicólogos e incluso “curado” con el matrimonio heterosexual.

 

Pensamiento Queer

En distintos tiempos, sociedades y culturas las relaciones las relaciones también han sido en ocasiones consideradas variaciones válidas de la sexualidad humana, aunque también es cierto que han sido los menos casos y siempre en personas librepensadoras.

El movimiento Queer se basa en que las distintas identidades sexuales están condicionadas por estereotipos de género construidos por los pensamientos tradicionales de cada sociedad y normativamente basadas en el patriarcado.

Judith Butler, filosofa y madre de este pensamiento Queer, aboga por la creencia de que esta filosofía puede ser abrazada por cualquier persona, hombre, mujer, homosexual, bisexual, transexual, heterosexual, alejándolo así de su uso específico para las lesbianas y para una identidad sexual concreta, exponiéndolo también como un pensamiento universal y progresista sobre la sexualidad más allá de los roles de género.

Esta teoría es la que yo asumo porque me permite escribir sobre relaciones lésbicas u homosexuales pese a mi heterosexualidad, buscando e intentando con ello no el simple morbo grafomaníaco o el homoerotismo tan presente en muchas publicaciones sino la libertad a ser cada uno, en su libre elección, dueño de su propia identidad sexual. Creo que en el instante en que el sexo, tanto el normativo como el alternativo, sea liberado de los complejos, culpas, estereotipos y pecados que llevamos siglos arrastrando, las personas se acercarán a la verdadera libertad de poder ser ellas mismas por encima de todas las cosas y obtener así la plenitud y la felicidad completas sin el sufrimiento que moralmente nos ha supuesto estar durante miles de años viviendo el sexo como pecado, como arma, como objeto de consumo y como algo que el lugar de ser vivido desde la naturalidad y la integridad ha sido siempre propósito de domino y de represión condicionando la convivencia de la estructura social en la que nos han educado.

Simplemente, conocernos es aceptarnos, y esa aceptación conlleva a la paz con uno mismo y a la felicidad y el amor.

Algo a lo que todos tenemos derecho.

 

 

 

Cuestión de pantalones.

 

nina peña - pantalones - lucha feminista

En 1920 cuando los dirigentes del movimiento socialista francés reprocharan a su camarada Madeleine Pelletier que llevara el pelo corto y pantalones de hombre, la gran figura del feminismo radical respondió: Yo soy tu igual.

La cuestión de llevar pantalones se convirtió, ya desde entonces, en un problema político.

El pantalón es el sucesor de las “bragas”, unos calzones que las clases populares utilizaron hasta el s. XVII y simboliza masculinidad y poder, como lo demuestra la expresión “llevar los pantalones”.

Tras varios modelos más o menos afortunados y usados en distintas épocas, el pantalón entró por la puerta grande en la historia social y política a partir de la Revolución Francesa. De la mano del populacho quienes derrocaron la monarquía en 1789, el pantalón fue usado por solidaridad revolucionaria y comunión de ideales.

Los aristócratas franceses cambiaron las “culottes” por pantalones. Los hombres permitieron a las revolucionarias usar uniforme y renunciaron a la costumbre de mostrar las piernas. Eso unió los ideales d igualdad y libertad, aunque, para la mujer, el uso del pantalón y de sus derechos como ciudadana, siguió siendo una quimera.

Para el socialismo y el feminismo el pantalón, comenzó a ser un arma de lucha.

Mujeres como Catherine Bamby, Louise Michel, Colette o Madeleine Pelletier, defendieron el uso del pantalón y comenzaron a usarlo ellas mismas ante el escándalo público.

Bard recuerda que en 1970 los ordenanzas de la Asamblea Nacional francesa niegan la entrada a Denise Cacheux (socialista) y Michèle Alliot-Marie (gaullista) por llevar pantalones. Esta última, consejera del gabinete de Edgar Faure explica a este ministro que si lo que les molesta es el pantalón, ella estaría dispuesta a quitárselo sin ningún problema. Y solo a través de esta pequeña irreverencia consigue doblegar al ordenanza y sentar precedente para el resto de políticas.
                              – Carmen Mañana, El País, abril 2012-

e49f8f77592f58cedaf4cafad8f22b62

A partir de 1850 el pantalón fue utilizado como arma política para desafiar la dominación masculina.

Amelia Bloomer popularizó lo que en castellano llamamos pantalones bombachos, los Bloomers, y la escritora George Sand, desde su tierna infancia, saltó de un género a otro sin problema y sin autorización familiar, esgrimiendo, ya de adulta, la libertad de movimientos y convicciones políticas. Solo tengo una pasión: la igualdad.

Tampoco puede pasar por alto la vanguardia artística en París, donde las mujeres habían dejado de ocultar sus relaciones lésbicas y asumían esa prenda como algo acorde a su identidad de género.

El proceso de aceptación del pantalón, aumentó de forma vertiginosa por dos razones que, curiosamente, nada tienen que ver con la lucha feminista: el uso popular de la bicicleta y la incorporación a filas de muchas mujeres durante la 1ª Guerra Mundial. Su utilización por parte de las mujeres de fue extendiendo a las fábricas, a los talleres, al campo de batalla y por tanto, a la calle.

Marlene Dietrich vestía uniforme en sus visitas patrióticas a los cuarteles y hasta Isabel II se dejó fotografiar en pantalón al lado de un coche.

La iglesia, siempre conservadora en cuanto a las apariencias, multiplicó sus condenas al uso de la prenda.
Benedicto XV declaró: “Es un deber grave y urgente condenar las exageraciones de la moda. Nacidas de la corrupción de quienes la lanzan, esas toilettes inapropiadas son uno de los fermentos más poderosos de la corrupción moral”.
El catolicismo practicante estigmatiza las frivolidades, los trajes de playa, el deporte, el maquillaje, las joyas, los escotes, los vestidos cortos, los brazos desnudos, las danzas modernas, el mal teatro y el mal cine.
                                                     – Luisa Corradini-

 

Después del 68, tras la revolución de aquellos años y en plena época de reivindicación feminista, las niñas seguían teniendo prohibido el pantalón en los colegios. Incluso en el 76, Alice Saumier-Seité, provocó un escándalo cuando asistió a su presentación como secretaria de estado de enseñanza y fue reprendida por Chirac, quien le dijo que vestida así degradaba la función y la imagen de Francia.

El uso de esta prenda demuestra la democratización del mundo y la lucha por la igualdad.

Una anécdota; En Francia una ley antigua ordenaba a todas las mujeres parisinas a pedir permiso al gobierno para poder vestirse como hombre, lo que incluía llevar pantalones. Dicha regla fue finalmente eliminada… en el año 2013.

El cine no ignoró el auge del pantalón sobre la silueta femenina y, en el filme ‘La Costilla de Adán’, aparece una bellísima Katharine Hepburn vestida con pantalón de mujer. Antes, la actriz Marlene Dietrich fue capaz de desprender erotismo y sensualidad en pantalón, además de ofrecer una imagen de mujer fatal ultrafemenina. La actriz Audrey Hepburn fue, sin embrago, quién mejor encarnó el nuevo estilo de mujer moderna, capaz de conjugar la elegancia parisina con las líneas más ‘casual’, un estilo que la convirtió en la embajadora del pantalón de mujer. Y otro icono femenino de la modernización fue Brigitte Bardot, actriz que lució como nadie el pantalón pirata de ‘vichy’ de Givenchy.
                                                                           -Inarkadia, Bilbao, julio 2016-

nina peña - pantalones - jeans - lucha feminista -

La visión de Virginia Woolf en la sociedad actual.

nina peña - virginia woolf - feminismo actual - visión

Hoy sería el cumpleaños de una de las novelistas más conocidas y que si duda han marcado el pensamiento feminista durante los últimos años; Virginia Woolf.

La importancia de Virginia Woolf no se debe solo a que sus libros contengan teorías feministas o a que su narrativa fuera de una técnica modernista o a la ironía que exhala de sus líneas, sino más bien a que ella adaptó su pensamiento a la integración de este con sus personajes, logrando que estos tuvieran un impacto emocional y una visión particular y compleja de las cosas. Su reducida pero importante aportación al pensamiento feminista se debe principalmente a dos obras: Una habitación propia y Tres guineas.

La autora, como respuesta a una polémica sobre el bagaje literario y creativo de la mujer en la literatura, cayó en la cuenta de que no podía responder con criterio a ciertas preguntas y teorías sin antes analizar de fondo las cuestiones principales y que nadie, sin embargo, quería ver.

Las mujeres necesitaban independencia económica y personal para poder desarrollarse a nivel propio e intelectual.

O sea: Una habitación propia.

La obra de Virginia Woolf se ha convertido en imprescindible si queremos entender las dificultades por las que las mujeres de cualquier época y a lo largo de la historia han tenido para poder desarrollar su capacidad intelectual y creativa.

Se necesita, según Woolf, una habitación con un buen cerrojo para poder dejar fuera todo lo demás y que la mujer se pueda sentar frente al reto del folio en blanco en total libertad e intimismo para vivir ese instante de creación.

Sin limitaciones ni domesticación. Partiendo de una igual educación y formación y con independencia.

Me pregunto cómo sería ahora la visión de Woolf en la sociedad actual.

En teoría partimos de una misma educación, hemos conseguido independencia económica de los hombres, nuestro medio ya no es exclusivamente doméstico y, en vista de la libertad de expresión de la que se hace gala en las calles o en redes sociales, estamos lejos de sentir cualquier limitación. (Esto, de por sí, merece un artículo aparte)

Pero entonces llega un momento en que la política nacional e internacional vira hacía la derecha y las mujeres que ocupan puestos de responsabilidad o de mayor visibilidad social comienzan a mostrar aquellos signos de desprecio por el feminismo que ya mostraran sus homólogos masculinos.

En la globalidad de las redes sociales el grito de un hashtag, #nomásfeminismo, se llena de niñas de dieciséis  años llamando a las mujeres “malfolladas” por ser feministas y la proclama de la supremacía del hombre por mandato divino vuelve a romper de frente con aquellas leyes que tras siglos de lucha nos equiparan como iguales ante la ley de los hombres, que no de dios.

Nos quedamos en medio unas mujeres con edades comprendidas entre los treinta y tantos y los cincuenta y pocos que vemos como las mayores han capitulado ante las enseñanzas del nacional catolicismo que les inculcaron en su niñez y las jóvenes que involucionan al ritmo de reguetón y cuyo mayor conflicto parece ser cómo combinar el color rosa de su ropa con el morado de su pelo.

Y por si esto fuera poco, muchas de nosotras, las que estamos en esa horquilla de edades en que no somos mayores ni somos jóvenes nos dedicamos a empedrarnos el camino unas a otras.

Ahora, parece que todo vale.

Los conceptos de feminismo se han desvirtuado hasta el punto de que no todas las feministas parecemos luchar por lo mismo.

Y además se ha ido llenando de estereotipos.

Hoy, parece que si te tiñes el pelo tapándote las canas o llevas tacones no puedes ser feminista.

Si reclamas derechos que van más allá de lo que figura en las leyes, eres feminazi.

Si no perteneces al colectivo LGTB, no eres una verdadera feminista tampoco.

Muchas se creen feministas solo porque salen a desfilar a ritmo de zumba el 8 de marzo en una institucionalidad que cada día pesa más y hace menos.

Las escritoras ya tenemos habitación propia, todas las mujeres deberían tenerla, pero cuando la consigues, hay que amueblarla, no dejarla vacía ni poner cualquier cosa que la llene y con lo que nos conformemos.

Creo que Virginia Woolf se sorprendería al ver como esa habitación propia que tanto nos ha costado tener a las mujeres, está sucia y mal amueblada, sin practicidad ni un uso consciente de lo qué hacer en la intimidad de esas cuatro paredes.

El feminismo no termina en la consecución de unas leyes porque queda lo más difícil todavía, la igualdad real en la sociedad.

Y por eso hay que seguir luchando día tras día, aunque parezca una lucha perdida de antemano.

La lucha de los colectivos LGTB es mi lucha porque ellos han sufrido la misma discriminación y opresión por parte del patriarcado.

La lucha contra el racismo es mi lucha porque hay mujeres que son doblemente oprimidas; por ser mujeres y ser negras.

La lucha de clases también es mi lucha porque hay mujeres que son triplemente oprimidas; por ser mujeres, negras y pobres.

Mi lucha es lograr la igualdad de todos los seres porque si creo en algo es en la humanidad. Aunque cada día cueste un poco más no perder la fe.

El derecho a llevar el pelo teñido y tacones no me hace menos feminista que el de una mujer que se niega a tapar sus canas para no ser cosificada por el sistema. Ella está siendo más consecuente que yo con sus pensamientos, es cierto, pero no me hace menos feminista que ella.

El que yo escriba libros y pueda poner negro sobre blanco mis pensamientos no me hace más feminista que a aquella mujer que está trabajando desde las seis de la mañana en tres trabajos precarios para sacar a su familia adelante en una callada labor que miles y miles de mujeres han hecho a lo largo de la historia.

El que mujeres de Estados Unidos y media Europa hayan salido a la calle a protestar contra Trump no las convierte en más feministas que aquellas que callaron con Obama y su gabinete mientras firmaron tratados en los cuales pensaban muy poco en las mujeres de países como Siria o Emiratos Árabes, donde la mujer importa menos que un mueble.

Creo que nos olvidamos que el feminismo es un largo camino que busca un fin; la igualdad. En ningún caso ser feminista es la meta, si no el modo de llegar.

No nos pongamos piedras unas a otras, no nos juzguemos, no nos creamos más o menos feministas por tener un aspecto o tener una habitación más grande o mejor amueblada que las de las demás.

La lucha ha de ser colectiva y global porque afecta a todas las mujeres sin excepción.

La lucha ha de ser privada y personal porque cada gesto que hagamos, cada enseñanza que perpetuemos, cada pierda que quitemos del camino, abrirá las puertas de la justicia por donde algún día pasará la mujer libre.

La lucha ha de ser de mujeres, con todas las mujeres… o simplemente no será.

 

 

c2ukdufxaaaekyf-2
Esta estatua, situada en NY, se titula Los derechos de la mujer, y me sirvió de portada en la primera edición del libro Las sufragistas.