El arte de escribir: estructuras narrativas

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Estructuras narrativas

Si vamos a utilizar la palabra y la escritura como una forma de comunicarnos con nosotros mismos, de conocernos o de tratar de manifestar públicamente aquello que queremos comunicar, debemos tener claro en qué formato vamos a desarrollar nuestra creatividad.

No tenemos porque escribr una novela para contar una historia. Tal vez nuestro interés no esté en la literatura en sí, sino en el acto de comunicación de esta y,  por tanto, escribir novela  puede no adaptarse a nuestras necesidades terapéuticas.

Dependiendo de nuestra intención, de nuestra necesidad o de nuestros gustos, que de por sí ya dicen algo de nosotros mismos, podemos escribir recurriendo a distintos géneros literarios.

A continuación os voy a resumir los conceptos y la forma más elemental de desarrollarlos.

 

Oraciones y mantras

Los mantras y las oraciones son palabras que emiten una serie de energías que, si son positivas como suele ser habitual, van elevando nuestra espiritualidad y nos permiten entrar en contacto con las fuerzas positivas que nos rodean.

Cuando escribimos u oramos debemos expresar amor, confianza, respeto y gratitud, sintiendo profundamente aquello que estamos diciendo, invocando ese positivismo.

Podemos construir nuestras propias oraciones sin tener que recurrir a las ya existentes y que pueden entrar de lleno en el campo de una religión concreta y que puede no ser el mensaje exacto que represente nuestro sentir en ese instante o que cubra nuestras necesidades espirituales.

Si vamos a escribir una oración, procuraremos que siempre sea en positivo, que tenga un carácter lo más genuino posible y que realmente nos represente en ese instante.

Vamos a huir de la culpa y del pecado, puesto que esos conceptos se alejan del amor universal, del perdón y de lo positivo, creándonos  ya de por sí, sentimientos negativos y complejos que, llevan demasiado tiempo asentados en la mente de la sociedad y por lo tanto en la nuestra, que muchas veces forman parte de ese inconsciente colectivo del que ya hemos hablado, y que en multitud de casos, son un lastre que no nos deja salir a la superficie, que ahoga nuestro yo más auténtico y personal, incluso quizá nuestra propia espiritualidad.

Hay que dirigirnos a una conciencia superior, sin ponerle un nombre concreto si no queremos ponérselo, o llamándolo como queramos, pero que sea una forma elevada de pensamiento.

No hay que pedir, y menos cosas materiales. Si solo oramos para pedir estamos de nuevo canalizando negatividad en forma de necesidades, insatisfacciones y ansiedad. Además, hay que tener confianza en el futuro y pensar que tal vez aquello que pedimos no sea en realidad lo que necesitemos. Siempre hay una causa para todo, aunque no lo podamos ver o entender en ese instante, pero las casualidades no existen.

Hay que agradecer en lugar de pedir. Hay que reconocer todo lo bueno que hay en nuestras vidas, agradecer la belleza, o efímero, lo sencillo, aquello que está siendo bueno para nosotros.

El mantra suele ser una sola palabra o un grupo de palabras que crean tonos musicales simples pero bien definidos y que crean fuerzas positivas para nuestra vida personal y nuestro desarrollo anímico.

Nos sirven para apaciguar nuestra alma y nuestra mente, para concentrarnos en la repetición de su sonido y dejar la mente clara.

La palabra mantra viene del sánscrito y significa mente (man) y protección (tra).

No es necesario conocer en profundidad todos los mantras para poder utilizarlos ni es necesario convertirse a ninguna religión para poder recibir sus beneficios ni es necesario ponerse en la postura del loto.

El ritmo sonoro funciona en el plano inconsciente anteponiéndose al plano consciente y produciendo esas vibraciones positivas que necesitamos.

Los mantras se pueden expresar de forma interior en el pensamiento o bien en voz alta y repetitiva. En ciertas culturas se utiliza el Mala o lo que se conoce como rosario budista que consta de de ciento ocho bolas y se repite ocho veces, y os cuento, a modo de anécdota, que el número ocho está relacionado con las energías positivas que se concentran para la resolución de problemas y la consecución del éxito tanto material como espiritual.

Como veis, nada es casualidad, todo tiene un porqué.

AOM- Sonido originario a partir del cual se creó el universo. Simboliza la unión de todos los sonidos y es quizá el mantra más conocido.

OH AH HUM – Purifica la atmósfera antes de comenzar la meditación.

OH MANI PADME HUM – La joya del loto que me habita.

OH KLIM CRISTANAE NA MA HA – En el nombre de todo, que mi presencia crística venga a mí.

Estas composiciones son sin duda las más espirituales que podemos escribir, pero quizá nos inclinemos por algo más prosaico.

 

Relatos y microrrelatos

Son textos cortos y en algunos casos, muy cortos.

El microrrelato más famoso está compuesto por una sola frase y pertenece al escritor guatemalteco Augusto Monterroso: “Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”

Quizá es uno de los textos más estudiados, más citados y a la vez más parodiados de la historia de la literatura, pero es que tiene todos los ingredientes necesarios que componen el microrrelato perfecto.

El relato, aún siendo corto, tiene mayor extensión, pero aún así, no estamos hablando de muchas más de mil palabras mientras que el microrrelato oscilará entre las cien.

A continuación voy a enumerar unas pocas reglas que valen para escribir estas composiciones teniendo en cuenta que el microrrelato necesita ser mucho más conciso y por lo tanto necesitamos ir más directamente a la acción.

En ambos textos vamos a tener que comenzar la narración sin preámbulos, yendo directamente al grano, a la acción de la historia, al nudo o a la trama sin pasar por presentaciones, adornos  ni introducciones de ningún tipo. No podemos perdernos en la retórica puesto que la extensión del texto nos lo impide.

Hay que tener una idea muy concreta de los hechos que queremos escribir. Si tenemos una idea muy general o si la acción debe ser explicada de forma pormenorizada vamos a perder frescura y nitidez. Más vale ir directos a la parte del tema que queremos transmitir y no a la idea general, sería como narrar la vivencia de un soldado durante un minuto de una gran batalla en medio de una gran guerra… lo dejaríamos todo excepto ese preciso minuto que es donde va a ocurrir la acción o que es lo que nos interesa contar.

Para escribir microrrelato hay que utilizar imágenes que sitúen al lector en medio del argumento a través de un espacio concreto de forma que inmediatamente ubique dónde está transcurriendo la acción.

Podemos comenzar el microrrelato cuando la acción y el tiempo ya han transcurrido y mostrar tan solo las consecuencias.

Jugar con los finales, dejar siempre una puerta abierta a la imaginación o al misterio y que se el lector el que lo continúe en su mente. Si decidimos dejar un final cerrado, es importante añadir un ingrediente de sorpresa, una conclusión inesperada, un giro insospechado de los acontecimientos.

El microrrelato perfecto, como el del dinosaurio, debe tener un significado oculto para remarcar que lo verdaderamente importante es la idea no su desarrollo puesto que el formato del texto nos impide desarrollar más. Debe quedar una idea sugerida, dejada como al descuido para que sea el lector quien la complete.

Debe haber pocos personajes, tres a lo sumo.

Tampoco podemos usar muchas mudas temporales ni espaciales puesto que no tenemos tiempo ni espacio para desarrollarlas.

Tenemos que procurar hacer mayor hincapié en lo que de verdad queremos contar, en aquello que queremos dejar como significativo en el relato.

Dada su brevedad, el relato no puede tener más de un narrador, con lo cual, hay que plasmar claramente la voz de la narración, guardar el mismo estilo y personalidad durante toda la descripción.

Simplificar. No relatar ni describir en exceso seguimos sin tener espacio ni tiempo para detenernos en los detalles concretos.

Más que contar debemos mostrar. No estamos escribiendo un resumen o una sinopsis por tanto debemos centrarnos en la inmediatez de un solo instante y de un hecho concreto, narrando la historia a través de su acción.

Hay que aprovechar cada palabra, cada frase. Tenemos que aprende a tachar lo superfluo y lo que no aporta contenido de valor a la historia.

Podemos recurrir a la simbología o a los arquetipos para lanzar ideas de carácter general que todos puedan entender. Volviendo al ejemplo el dinosaurio, comprobad como cumple con todas estas características anteriormente citadas, incluso la de la simbología porque, ¿acaso habéis dudado de que quien estaba durmiendo era la humanidad y que el dinosaurio no es más que la sinrazón y la materialidad, ese monstruo que gobierna el mundo?

 

Cuentos y fábulas

Para escribir los cuentos y las fábulas vamos a seguir los mismos pasos que en el relato en el momento de sentarnos a redactarlo pero hay que tener en cuenta unas pocas variables.

Por ejemplo el cuento suele tener un argumento fantástico, en él caben personajes de todo tipo que no tienen que ser personas reales sino que pueden pertenecer al mundo de las tradiciones populares o de la mitología. Hay sirenas, enanos, gnomos, hadas, elfos…el ejemplo que me viene a la cabeza es sin duda “El Hobbit”, que comenzó siendo un cuento que Tolkien le contó a sus hijos y que desembocó al final no solo en un libro novelado sino posteriormente en “El señor de los anillos”, una de las mayores epopeyas literarias.

En la fábula además podemos personalizar animales y que estos adquieran propiedades tales como el habla, el pensamiento y raciocinio.

Hay que tener en cuenta que la argumentación del cuento y de la fábula ha de ser poco compleja y contener un número pequeño de personajes.

Sobre un personaje principal girará toda la acción del cuento que suele estar situada en un solo plano temporal.

Muchas fábulas terminan con una moraleja, una lección. Para poder aplicarla correctamente debemos preguntarnos, de nuevo, ¿qué es lo que de verdad queremos contar?

 

Ensayo

 Cuando hablamos de ensayo, a nuestra mente acuden los grandes filósofos, los grandes pensadores y las obras de divulgación científica, médica o matemática. Cierto.

Pero no es menos cierto que cualquier opinión bien desarrollada, razonada, y explicada es de por sí un ensayo.

El ensayo es un tipo de redacción en estilo libre y de no ficción con la que se expresan ideas, pensamientos, emociones, logros científicos, resoluciones…es complicado presentar un resumen concreto de tipos de ensayos; argumentativos, expositivos, científicos, y que pueden haber tantos como necesidades de plasmar ideas o ratificar opiniones sobre temas concretos, sin embargo, basta con decir que nosotros, si nos decidimos por este tipo de redacción, estaremos escribiendo un ensayo denominado narrativo pero que aún así debe seguir con las pautas de lo que se considera una buena exposición y debe contar con unas características concretas ya tratemos temas íntimos, pensamientos propios o experiencias así  como opiniones meramente frívolas y de actualidad.

Para ello vamos a buscar el tema apropiado, aquello sobre lo que de verdad queramos escribir, aquello que de verdad nos interesa contar. Puede ser el comentario de una noticia,  la reseña de un libro o una crítica a la última película que hemos visto.

La documentación es importantísima e imprescindible. Podemos acudir a bibliotecas, internet, páginas web especializadas, por supuesto libros… cualquier fuente de información veraz.

Tomar notas de todo aquello que nos parezca importante o significativo.

No ignorar nunca los datos, las posiciones encontradas y contrarias a la nuestra, los distintos puntos de vista y si puede ser, utilizarlos para reforzar nuestras ideas y nuestra exposición del tema.

Anotar las fuentes consultadas para poder guardar una bibliografía completa de todo lo que hayamos investigado sobre el tema.

Analizar bien los escritos, fijarse si suena convincente en las formas, en el uso del lenguaje, en la lógica, si el autor de lo que leemos respalda bien sus opiniones.

Haz una lista con las ideas y los conceptos que te interesa desarrollar.

Recapacita sobre el tema y sobre la forma en que quieres presentarlo y desarrollarlo. Debes estar en condiciones de defender tus ideas y conceptos.

Debes tener clara cuál va a ser tu posición y saber proponerla al lector, de forma que en la presentación o en la introducción, este ya sepa qué tema vas a desarrollar.

Plantéate tus pensamientos en forma de frases preliminares que den una idea de la argumentación. Puedes hacer un esquema de los puntos concretos a tocar y tener así un hilo conductor que ponga orden tanto en tu mente como en el ensayo. Lo ideal es que por cada frase de pensamiento tengas varios argumentos disponibles para desarrollar.

Evita generalizar o personalizar. Los dos extremos restan credibilidad. No puedes incluir a todo el mundo en un concepto como tampoco puedes hablar en primera persona.

Intenta que la voz de la narración sea afirmativa y coherente con los pensamientos. Decir “creo” o “yo pienso” da una imagen muy poco seria del estudio que has realizado. Hay que intentar afirmar nuestros pensamientos con frases concretas y afirmaciones serias y a poder ser documentadas. No es lo mismo decir, por ejemplo,  “Yo creo que Freud tiene ideas misóginas” que decir “Freud expresa ideas misóginas en su teoría sobre la histeria”.

Elige el tono de la narración. Si va a ser un ensayo informal, académico, coloquial, lirico… debe tener un estilo propio y una voz concreta que se ha de mantener a lo largo de toda la narración.

El ensayo narrativo, que es el que esteremos usando, ha de huir de las palabras académicas y de aquellos vocablos “rimbombantes”, utilizando siempre un tono natural y personal.

En nuestro ensayo, nuestro pensamiento y nuestras opiniones girarán en torno a experiencias, emociones y pensamientos propios y ajenos, a un incidente concreto o a una acción concreta.

Debemos incluir todos los elementos propios de una buena historia: introducción, contexto, trama, personajes, clímax y desenlace o conclusión.

Hay que tener cierto cuidado en la persona del texto. La escritura de los ensayos narrativos deben estar escritos desde el punto de vista del narrador pero  como hemos dicho antes, esto no debe hacer que en la exposición del tema hablemos de forma personalizada.

Hay que buscar un punto concreto sobre el cual queramos incidir. Estamos escribiendo una historia, es cierto, pero al hacerlo en forma de ensayo necesitamos llegar a un punto concreto, a una idea principal, y debemos cuidar que todos los elementos lleguen a ese punto concreto que nos interesa. Debemos preguntarnos: “¿Qué es lo que de verdad quiero contar?”

Siempre que puedas, utiliza palabras que despierten emociones, no dejes que el texto sea plano y sin alma

Escribe un titulo y una introducción que sean apetecibles, interesantes, que llamen la atención y animen a su lectura.

Cuando hay que concluir el ensayo se pueden sugerir reflexiones en sentidos más amplios, abiertos a nuevas ideas o corrientes de pensamiento. Deben ser los argumentos que hemos dado los que lleven al lector a una conclusión propia y lógica.

Cuando hayas terminado de escribir tu ensayo, o más bien creas que has terminado porque te aseguro que no es así, déjalo reposar. Dale tiempo de maceración. Tras unos días vuelve y relee todo aquello que has escrito. Entonces comienza la segunda parte y quizá la más ardua; la corrección. Debes pulir el texto, depurarlo, identificar los posibles fallos tanto en la argumentación como en la forma de exposición, debes cambiar lo que creas que no ha quedado bien pero al mismo tiempo ha de conservar la frescura y su carácter innato.

Por supuesto presta especial atención a la gramática, a la ortografía, la puntuación, el estilo de la escritura… Evita tanto como puedas los signos de interrogación y exclamación.

Quita las palabras que se repitan muchas veces o aquellas que suenen redundantes. Busca los significados concretos y para ello es imprescindible un diccionario de sinónimos. Por ponerte un ejemplo; no es lo mismo estar, simplemente triste, que es un concepto general, que estar deprimido, melancólico, desconsolado, amargado, desamparado, mohíno, pesimista, abatido, apático, pensativo, hundido en la miseria… el matiz es muy importante y tenemos un rico vocabulario para ser utilizado. Abusa de él.

Los mejores ensayos son aquellos fáciles de leer, claros, concisos y comprensibles.

Concéntrate en los verbos de las frases. Los verbos, en cualquier escrito, son los que llevan el peso de la narración y del ritmo.

Elimina todo aquello que sea superfluo, toda aquella información que suene excesiva o que no esté relacionada con el tema a tratar. Todo lo que escribas ha de servir para respaldar el pensamiento que estás exponiendo.

Léelo en voz alta. Esto puede ser divertido y además es válido para cualquier tipo de narración. Autores tan distintos como Charles Baudelaire o Gustav Flaubert, en poesía y novela, leían todo en voz alta frente a un espejo desechando así aquellos términos que les resultaban defectuosos al oído. De esa forma nosotros detectaremos y desecharemos también los posibles fallos, errores, la falta del ritmo adecuado, las palabras que no son las justas y necesarias… Todo en la narración debe ser fluido y comprensible.

Si algún párrafo o alguna parte de la escritura te resulta problemática o poco entendible, reescríbelo. Si tú que lo has escrito no lo entiendes imagina los demás.

El final es importantísimo. Si con el titulo y la introducción hemos logrado que nos lean, con el final debemos conseguir que nos recuerden. Hay que dejar buen sabor de boca.

 

El aula invertida

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El aula invertida es una modalidad de formación consistente en el aprendizaje por proyectos con os que se pone en práctica los conocimientos adquiridos. Es una metodología en la que el protagonista del proceso de aprendizaje y enseñanza es el alumnado, contando con las dinámicas necesarias para producir un cambio de rol en los alumnos, fomentar la participación y e intercambio de conocimientos así como proporcionar una nueva forma de transmisión de contenidos que suele beneficiarse de un nuevo método de acercamiento a ellos.
Hay varias razones que fomentan este recurso educativo del aula invertida. Por un lado la democratización de Internet y todos sus recursos, permite un cambo de modelo de aprendizaje, en muchas ocasiones informal, basado en intereses reales del alumnado y no en materias rígidas de memorización.
Por otro, la proliferación de distintos dispositivos por los cuales tenemos acceso a la información permite que cualquier momento sea el ideal para el aprendizaje y no solo los horarios lectivos oficiales.
El cambio del modelo de consumo de información produce una especie de adecuación de los contenidos generados por parte de muy variados productos para ser consumidos desde un simple móvil.
La combinación de estas nuevas tecnologías junto a la toma de conciencia en la importancia de la formación y auto-formación hace posible esa especie de aula invertida en la que el aprendizaje es mucho más dinámico, basado en experiencias y con un ambiente de participación positivo a través del cual definir los conceptos que deben ser aprendidos.
El docente deja de ser el centro del aula y permite que el alumnado la ocupe de forma práctica.
La mecánica del aula se invierte precisamente en la forma en que se adquieren los conocimientos. En un aula tradicional los docentes instruyen, los alumnos escuchan y aprenden, y posteriormente, asimilan los conceptos y los contenidos.
En el aula invertida los alumnos adquieres los conocimientos desde los accesos a la información antes de llegar a clase. Una vez allí, comparten la información mediante dinámicas de grupo y solo al final, el docente consolida ese aprendizaje con la resolución de dudas o con las explicaciones necesarias para poder afianzar todo ese caudal informativo. En el aula invertida se transfiere parte del proceso de aprendizaje fuera del aula con el fin de que el tiempo pasado en ella sea un tiempo que favorezca el desarrollo cognitivo de mayor complejidad y que así se vea favorecido el aprendizaje, facilitando la aplicación de los conceptos y su involucración creativa.

Este modelo de aula invertida comprende todas las fases de aprendizaje según la dimensión cognitiva de la taxonomía de Bloom que consiste en tres modelos jerárquicos utilizados para clasificar los objetivos del aprendizaje según los niveles y dificultades; dimensión afectiva, psicomotora y cognitiva.

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Fundamentos en el aula invertida

Entorno. Se deben crear entornos flexibles y adaptables donde los alumnos van a dirigir su propio aprendizaje. En edades muy tempranas este entorno estará muy condicionado por el rol de las familias que van a sostener desde casa parte del aprendizaje de los hijos yendo más allá de “ayudar a hacer los deberes”.
Cultura. Este modelo de aprendizaje, basado deliberadamente en el intercambio de roles, se centra en el alumno que debe tener una cultura del aprendizaje consolidada para poder participar de manera activa. El alumnado deberá ser responsable y trabajar de forma autónoma con los materiales, asimilar la información y transformarla en conocimiento.
Contenido. Aunque el aula invertida parezca estar al albur de las preferencias del alumnado, los educadores deben emplear el contenido para dirigir continuamente a los estudiantes, adoptado métodos estratégicos activos de aprendizaje, comprensión conceptual y fluidez de procesamiento.
Educador. Los educadores deben estar observando al alumnado de forma continua, retroalimentando y evaluando su trabajo, reflexionando en su práctica e interactuando desde la crítica constructiva y el “caos controlado” de su aula. Esto les ayuda a detectar el potencial de cada alumno, a darles autonomía y aprendizaje por proyectos o descubrimientos, identificar obstáculos y evaluar a cada alumno desde otra perspectiva a la tradicional.

Qué es el Sistema Nacional de Cualificaciones

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El mercado de trabajo, en la actualidad, se convulsiona, amplia y modifica de forma constante.

Trabajos impensables hace una década son ahora una realidad entre otras cosas debido a la evolución digital e informática en la era de Internet. Un 35% de los trabajos del futuro ni siquiera están inventados todavía, según dicen. Por ello la transformación de la población trabajadora requiere un continuo aprendizaje y actualización constante.

El Sistema Nacional de Cualificaciones promueve y desarrolla la evaluación y la acreditación de las competencias profesionales no tituladas hasta ese momento, de forma que se pueda favorecer el desarrollo laboral y social de los trabajadores y que se cubran las necesidades, siempre cambiantes, del tejido productivo.

Sus principios son claros. Se trata de que todos los ciudadanos puedan acceder en condiciones de igualdad a las distintas formas de formación profesional en el ejercicio de su derecho al trabajo y de libre elección de profesión u oficio. Al mismo tiempo trata de cubrir las necesidades de un sistema de producción y empleo con la cooperación de agentes sociales y empresas.

Los fines del Sistema Nacional de Cualificaciones son varios:

  • Adecuar la formación profesional a los requerimientos laborales del sistema
  • Integrar las distintas ofertas de Formación Profesional
  • Ser el órgano de evaluación y reconocimiento de competencias adquiridas por vías informales o laborales
  • Promover la formación constante de los trabajadores a lo largo de su vida laboral
  • Fomentar una mejor cualificación de la población activa así
  • Potenciar la calidad y evaluación de las distintas familias profesionales y distintos niveles de cualificación

Según la ley 5/2002 de las Cualificaciones y Formación Profesional, las competencias son ” el conjunto de conocimientos y capacidades que permiten el ejercicio de la actividad profesional conforme a las exigencias de la producción y el empleo” .

El Estado y las Comunidades Autónomas deben garantizar la convocatoria de evaluación y acreditación de competencias y fomentar la evaluación de aquellas profesiones relacionadas con la creación de empleo y con los sectores que impulsan esta creación.

Esta evaluación va dirigida especialmente a personas sin cualificaciones acreditadas, desempleados y a aquellos sectores laborales que necesiten poseer una acreditación formal de sus conocimientos, adquiridos por medio de la experiencia laboral.

Puedes tener una información más precisa en este enlace sobre la acreditación de competencias