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No fue el mar

 

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No fue el mar
con su monotonía y sus lamentos
ni con sus espumas doradas
ni con su salitre de cemento.
No fue el mar
con sus largos días parados,
ni con sus ausencias nocturnas
ni con su caminar eterno.
No fue el mar
con su estela de espuma blanca
ni con su canto de sirenas al viento,
ni con la bravura de sus aguas
ni con su, a veces, eterno silencio.
No fue el mar
con ese azul infinito
rompiendo en verde marino,
ni con su aroma a pez, brea o estío.
No fue el mar
con su lento caminar tardío,
ni el crepúsculo sobre sus aguas
ni el amanecer en su ombligo.
No fue el mar, créeme,
quien me trajo tu olvido,
quien me susurró palabras nuevas
y con acento dulce en mí oído.
No fue el mar
quien dio a mi vida este giro
ni quien me convenció para hacer
lo que siempre soñé y he querido.
No fue el mar
quien me lanzó a la playa del hastío,
quien me tomó en sus brazos
quien durmió conmigo.
No fue este mar
quien meció los sueños
ni quien provocó este cataclismo,
quien rompió en pedazos las verdades en que creímos.
No fue el mar,
aunque lleve su fuerza en la sangre
y su aliento cálido tenga su aroma
y en su piel se reflejen los mares.
No es este mar
el que lo vio nacer, crecer, formarse,
pero tiene algo de él, es cierto,
algo de su mar, el que lo posee,
y que ya corre por mi sangre.

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No todo es poesía

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De verdad que no puedo con ello. Es algo que me vence. Por más que se diga que ahora hay más cultura, más librepensamiento y más medios para llegar a la literatura, hay cosas, escritas, que por más que se empeñen no son poesía. Los poemas tienen la virtud de chirriar enseguida, de producir dentera. Y además por muy diversos motivos.

Uno de ellos es el exceso de azúcar, esa dulzura empalagosa e increíble que acaba produciéndote arcadas y subiéndote la glucosa en sangre. Esos textos almibarados, pegajosos, tan dulces que te producen caries mental a poco que leas unos cuantos.

Otro podría ser el trasfondo anticuado, los conceptos trasnochados, las ideas precarias y mal entendidas de conceptos que ya deberían estar más que superados. El ejemplo, para una feminista es claro; esos textos en que somos ángeles, en que somos puras, en que somos todas amor, seres delicados, volubles, etéreos… y sus metáforas, por dios, esa metáforas de flores que se abren, de pétalos que rezuman humedad, de terciopelos rosas, cimas de montañas a escalar y cuevas cálidas en las que adentrarse. De verdad, ya está bien, ¿no?

Otra sería la forma, esa rima fácil, esa rimita asonante en endecasílabos ¡por dios! esas rimas estilo Bécquer pero sin arte y sin que sea su coetáneo, porque lo que estaba muy bien en la época del romanticismo, y que sigue gustando leer de vez en cuando, ahora como que no…no, simplemente no.

A ver que no, que no todo es poesía por más que escribas y claves en mi pupila tu pupila azul. Cuando veo a esos aprendices de poetas, que te piden amistad en las redes sociales colgándote fotos de rosas brillantes, corazones rosas, ángeles con alas, y rimas fáciles de temas arcaicos y anticuados, no puedo evitar mirar el perfil y decir casi en voz alta “Poesía eres tú”.

 

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Reseña de Rosa de los vientos.

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Una nueva reseña de mi libro Rosa de los vientos por el escritor Francisco Pérez Benedicto. He de decir que pocas veces me quedo sin palabras, pero leer esta crónica literaria en su blog, lo consiguió.. me quedé sin saber qué responderle.

Pocas veces he recibido unos elogios de este tipo y la verdad, no estoy muy acostumbrada a ellos, y aunque es cierto que no está teniendo malas críticas el libro, que un compañero te dedique estas palabras es algo que cuesta digerir. Sí, las cosas buenas también hay que saber digerirlas…

Os dejo con un retazo de su reseña, pero podéis leerla completa en este enlace.

https://loabsolutonoexiste.blogspot.com.es/2017/12/rosa-de-los-vientos-mi-cronica-de.html

Apenas puedo escribir con claridad esta crónica de lectura, pues he terminado de leer Rosa de los vientos, de Nina Peña en una vorágine de sentimientos, sorpresa, emociones catapultadas al infinito y pensamientos embarullados que me llevan flotando a un mundo extrasensorial en el que me encuentro en este instante, decidiendo qué voy a contar de esta experiencia tan fuerte.

No recuerdo un efecto tan profundo en mí tras leer un libro desde hace mucho tiempo. Y quizá sea así porque nunca ningún libro ha generado un efecto tan devastador, tan placentero y tan a la totalidad como este.

He pensado mucho rato cómo definir lo que ha supuesto la lectura de esta magnífica novela y soy incapaz de sintetizarlo en pocas líneas. Y es que deambular el pensamiento a través de la prosa que Nina Peña ha tejido con maestría, con barroquismo preciosista, con amor por las palabras lentas, por escribir las emociones, por crear un mundo en torno a cada frase, a cada descripción o sentimiento, por diseñar una arquitectura perfecta de cada pequeño avance en una trama que parece no avanzar pero que sin embargo te acuna y te baña de cercanía, de realidad, ha sido lo más próximo que he vivido a la contemplación de una obra de arte per se, por ella misma, no por querer saber qué sucede en la trama, qué le ocurre a sus personajes, cuáles son los elementos que confluyen o determinan los acontecimientos. La lectura de Rosa de los vientos es, en sí misma, el puro placer por leerla, sin más, por deleitarse en cada frase, en cada recoveco adjetivado, en cada ligazón de sentimientos con olores, con ambientes y luces que escenifican instantes que vives, que percibes y en los que simplemente quieres quedarte. No necesitas avanzar, porque lo que vaya a suceder es incluso quizá menos importante que lo que está ocurriendo, pero a la vez sí quieres hacerlo para continuar con el placer inconmensurable de llevarlo a cabo, de recorrer palabras, adverbios, preposiciones y conjuntos verbales que configuran un conjunto artístico.

Reseña de Rosa de los vientos.

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Que una buena amiga te haga una reseña es siempre de agradecer, pero cuando se trata de una personita tan especial, con una visión del mundo y un alma también especiales y sus palabras son así de bellas… no hay palabras para describir esa sensación.

Dolors es esa personita muy muy especial para mí a la que tuve el inmenso placer de abrazar hace un par de semanas en Barcelona y se me quedó ese regusto amargo de las palabras no dichas, de todo aquello que piensas y no te atreves a decir, el calor de la amistad interrumpido por las prisas de un reloj que marca los tiempos en una presentación, en una librería llena de gente.

Hay palabras que no nos hemos dicho, conversaciones de amigas que me gustaría tener con ella y que la distancia impide porque el calor de la amistad no se propaga bien a través de redes sociales. No hay nada como un abrazote bien apretado y creo que me quedé con las ganitas…

Espero que hayan muchas ocasiones y que en la próxima podamos sentarnos frente a un café y charlar con esa sensación de conocernos desde siempre que siempre he sentido por ella.

Os dejo su reseña. Podéis leerla completa en este enlace.

http://laprincesayaseve.com/2017/11/20/resena-rosa-los-vientos-nina-pena/

Y si os gusta lo que dice y queréis leer el libro solo tenéis que preguntar por él en vuestra librería y ACEN Editorial os lo lleva a vuestra ciudad.

 

 

ROSA DE LOS VIENTOS es una conversación en voz baja con sus protagonistas. Sientes el dolor de la traición, el miedo de estar desubicado en sentimientos, la rabia que se acumula al saber la verdad, la posibilidad de empezar de nuevo, la libertad de decidir, la sumisión al maltratador, la falta de coraje, el sacrificio por defender lo que está muerto, la protección a quién merece afectos, el desencanto y la desilusión y, la esperanza de volver a amar. Remordimientos acumulados e identidades descubiertas. Desamor en poesía y la tragedia del amor en un libro. La libertad de encontrar la brújula de la vida

Nina Peña te enamora con la palabra, metáforas que te trasladan a otro tiempo que has vivido y cuyo escenario se acerca a tu encuentro. Candidez alrededor de la brutalidad del destino para no agredir la conciencia de quién resulte culpable. Símiles identificando emociones en la poesía de escritores víctimas de su tiempo. La disociación de la persona engalanada de adjetivos sutiles. El dominio del vocabulario sin la necesidad de diálogos superfluos entre protagonistas que conversan en pausas y silencios. Debate interior con la complicidad de los sentimientos y, el concepto de imaginar y reinventarse. La muerte en la continuidad de la vida dictando momentos.

De mayor

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Cuando sea mayor quiero ser como tú.

Con la cara arrugada de reír tanto por las cosas malas de la vida, con la frente alta de saberme a salvo de todo y de todos, al otro lado de la desidia y de la ambición.

Quiero ser como tú en los vicios que a los que la vida me tiene mal acostumbrada, a dormir a horas intempestivas y despertarme de madrugada cansada de soñar.

Quiero pintar mis ojos de azul, las uñas de rojo, llevar zapatos de tacón y que las niñas me miren asombradas porque crean que no tengo edad.

No vestir de luto jamás.

Llevar colores en las faldas y en la memoria, gafas de sol que regulen mi vista ante lo que es importante ver.

Quiero tener las mismas manchas en las manos que denoten mi edad sin fisuras, como si fueran las medallas que he ido ganándole a la vida cuando esta pretendía vencerme, cuando lo arduo era vivir sin caer, manteniéndome en un precario equilibrio entre el ser y mi ser, entre el estar y saber estar, entre mi yo y el yo que veían los demás.

Quiero alcanzar el momento de hablar desde la paz de las opiniones reposadas y de la experiencia, sin apasionamientos que nublen mi entender, sin los conflictos que ahora me asolan y que duelen tanto.

De mayor quiero ser como tú, con toda una vida a la espalda, repleta de dolor y de amor, de contrastes de luz y sombras, repleta de momentos cumbre y de bajadas al infierno.

Quiero ser la mujer solitaria que habita en la casa de la esquina, la que viste estrafalaria y le habla a los perros, la que cría gatos y silva canciones de otra época mientras tiende la ropa en el tejado desde donde se vislumbra un mundo que cada vez me pertenece menos pero al que puedo mirar sin rencor.

De mayor quiero ser como tú, libre de cargas impuestas, al otro lado de la lucha diaria que hoy me agota pero con luchas todavía; al otro lado del mal, jamás del bien, al otro lado de mí misma.

Quiero ser la mujer que ya nadie desea para nada pero con la que quieren estar.

Quiero ser como tú, con tu pelo perfecto de peluquería, con la coquetería necesaria para reconocerme en el espejo y con la que dar instrucciones para que me amortajen, pero sobre todo reconocerme cada mañana como la mujer que me fui construyendo a lo largo de mi vida.

Quiero ser como tú, como tantas mujeres que han vivido sin dejar que el mundo las rompa. Como tantas mujeres que han roto con el mundo antes de romperse a sí mismas.

 

Reseña de A. V. San Martín ¿Cómo que a qué huelen las nubes?

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Si alguien me preguntara que es lo más tedioso de un libro y tuviera que elegir entre confesarlo o morir, sería el momento de reconocer que a veces leo las primeras páginas con ansiedad, en busca de la trama y esas hojas que me encarrilen de lleno en la historia. Sin embargo, no es eso lo que ocurrió con este libro. Su título me llamó la atención en un post de su autora, y eché un vistazo a sus primeras páginas, quedando completamente enganchada a él. Comienza con tanta fuerza y de manera tan contundente que es difícil poder soltarlo.

¿A quién narices se le podía ocurrir una pregunta semejante? Es una de esas preguntas tipo incontestable que suenan bien en según qué contexto y que todo el mundo termina por utilizar en plan cachondeo para no decir absolutamente nada. El quid de la cuestión no es si alguien en realidad sabe a qué huelen, sino el porqué y con qué intención han hecho esa pregunta en un anuncio de compresas. Se supone que es una forma de decir que si usas esa marca determinada de compresas, la regla pasa odoríferamente desapercibida para propios y extraños, sobre todo para extraños, y comparar la suavidad de la compresa o la de un sexo femenino con una nube hasta parece acogedor y delicado, pero la cuestión sigue siendo la misma: ¿Qué intenciones se esconden tras algo tan inocente como una nubecilla?

No es una novela al uso con una historia trepidante, mucha acción y diálogos. Es de carácter intimista, nos sumergiremos en la vida de sus cuatro protagonistas como si estuviéramos leyendo sus diarios o nos estuvieran contando sus sentimientos tras un café una tarde en una terraza cualquiera. Y vaya forma de trasmitir esos sentimientos. Creo que es lo que más me ha sorprendido del libro, ese desgarro emocional que Nina nos hará sentir hasta la punta de los dedos de los pies. Tiene el don de poner en palabras los pensamientos de una forma soberbia y certera de tal forma que a medida que leía el libro, sentía que estaba en mi cabeza, poniendo orden al desbarajuste que debe haber ahí dentro. Son muchas las frases que he ido subrayando, que me han sorprendido, llegado e incluso con las que me he identificado.

Esa tonta costumbre que tengo de hacer siempre lo que la gente espera y no lo que de verdad quiero hacer, porque si de verdad hubiera hecho lo que me apetecía me hubiera reservado una estancia en el SPA para mí sola durante todo el fin de semana, perdiendo de vista a mi marido, a mis dos hijos, a mi jefe y a las cifras negativas de ventas de ese mes.

Me ha gustado y sorprendido mucho. Una joya, con un estilo narrativo muy bueno, de esas que estaba deseando descubrir. Lo recomiendo, sobretodo, a lectores a los que no asuste la narrativa intimista y sentimental. Pese al humor ácido e irónico, que incluye en algunos momentos, no es una historia sencilla, remueve todo por dentro e incluso enfada. No es una lectura ligera, sino reflexiva.

 

Podéis leer la reseña completa aquí, en este enlace a su blog, solo os he dejado los primeros párrafos.

http://www.avsanmartin.com/2017/06/resena-como-que-que-huelen-las-nubes-de.HTML

“Esto trata de apoyar a todos esos autores independientes, que con valentía y mucho esfuerzo, se lanzan a autopublicar sus obras sin el respaldo de una editorial ni grandes campañas de marketing que los avalen.

También trata de demostrar que la calidad literaria no solo se esconde tras el telón de una gran empresa y bajo los hilos de una gran marca comercial.
Trataré de rastrear y mostraros grandes obras entre la literatura independiente.
Quédate a descubrir dónde se esconden las joyas indie”
                                                                                                      
                                                                                          -A.V. San Martín-

 

Espero que os guste tanto la reseña como su blog.

 

El soldado.

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Si mañana moría en la primera batalla, lo último que vería, sería en la imagen que tenía frente a él.

Si la revolución no triunfaba y tenía que morir días más tarde frente a un pelotón de fusilamiento, su último pensamiento sería para ellos que, ajenos a esas funestas reflexiones, dormían abrazados sin el miedo que a él lo recorría por entero, sin la desazón que perturbaba su alma y que le imposibilitaba el sueño.

Cómo sería estar muerto.

Cómo sería no volver a sentir esas pieles, esos besos, esos cuerpos que tanto amaba, cómo sería estar perdido en la eternidad y solo.

Cómo sería no verlos nunca más.

Los miraba dormir y el dolor se mezclaba con el amor y el deseo. A partes iguales.

Había tenido que salir de la cama, sin vestirse, sentir el frio de abril clavándose en su piel desnuda sin llegar a aliviar el fuego de su sangre, tomar la distancia de unos metros que le permitiera no sentir las respiraciones ni las pieles, poder observarlos de lejos, desde fuera, acariciando con la mirada los cuerpos que un rato antes había acariciado con sus dedos y saboreado con su boca, que había sentido en su propia piel, con los que se había fundido en una abrazo pecador y lascivo que condenaba su alma al infierno para toda la eternidad.

Supo que había vendido su alma a cambio de amor.

Y supo que había valido la pena.

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Que volvería a hacerlo mañana mismo, sin arrepentimientos ni pesadumbres, porque cada instante, cada segundo vivido con ellos, bien valía ese pasaporte, ese billete sin regreso al círculo más profundo de todos los infiernos posibles.

Dormir abrazado a sus cuerpos sin pudor y sin los remordimientos que lo acosaban, sin esos pensamientos de culpa que el catolicismo le había impuesto a través de tantos años de adoctrinamiento y rezos. Sin tener ni una sola duda de si estaban obrando correctamente o si el pecado los consumiría en el otra orilla de la vida.

Sin arrepentirse de nada en absoluto.

Ese abandono en brazos de su amante, era el mismo que en los suyos y también era como su propio abandono. Abrazos adúlteros que tenían el sabor de la gloria, la intensidad del momento, la energía de saberse transgresor de unas leyes morales impuestas por personas que tal vez ni siquiera sabían qué era el amor y por eso lo confundían con el pecado.

Quién era el mundo para juzgar el abrazo que él contemplaba absorto en la belleza de un instante efímero.

Quién era Dios para imponerle la obligación de no amarles o de amarles en silencio.

Quién era nadie para juzgar aquello que no conocían.

Si al día siguiente moría, si le esperaba el fuego intenso del infierno, con gusto dejaría que su piel ardiera y que su alma se condenara a cambio de haber tenido la felicidad de estar con ellos, la plenitud de sus gestos y de sus abrazos, el placer de sus cuerpos enlazados en el amor más intenso.

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Ella, la primera vez, era casi una desconocida que le tentaba más de lo que nunca le había tentado ninguna mujer, y lo increíble es que no hacía nada para ser tentadora. Solo existir.

Él era el hombre que siempre quiso tener cerca, el que rezaba por volver a encontrar en su camino y resarcirse de un pasado que no pudo ser.

Los amaba.

Por primera vez entendió aquellos conceptos sobre el pecado que le habían explicado tantas veces en el pasado. Casi podía recordar palabra por palabra; “el pecado, la tentación, está siempre en los ojos de quien mira y juzga, al igual que la belleza y el amor. Podemos ver lo que queramos ver según sean nuestros pensamientos y nuestros prejuicios”

Y era cierto, donde él veía belleza muchos habrían visto sordidez. Donde él veía amor otros verían pecado. Donde él veía refugio y paz otros verían desabrigo y hostilidad.

Había luchado toda su vida por entender eso y seguía perdiendo cada batalla.

Cómo un cuerpo podía ser todo eso a la vez

-Os he echado de menos aun cuando no os conocía. He echado de menos vuestra boca, vuestra voz, vuestros cuerpos. Reconozco sin pudor que me doléis. Me doléis de una forma que ni yo logro entender, y no sé qué puede significar que nos hayamos encontrado ahora, tras tanto tiempo, como si hubierais llegado para cumplir todos mis sueños, para darme el amor por el que tanto supliqué.

Y sé que, esta vez, vais a quedaros en mi vida para siempre o soy capaz de morir en ese intento.

Quería volver al lecho, despertarles, comenzar de nuevo el juego amoroso del que descansaban, adentrarse en ellos, penetrar con la misma pasión de los últimos días que tenía algo de despedida y de reencuentro, de descubrimiento y de confirmación, apresar esos bellos y amados cuerpos en un abrazo que para algunos sería pecador pero para él era salvación, y dejar de existir en el instante que lograra alcanzar esa pequeña muerte que solo está al alcance de quienes aman amando.

Si al día siguiente moría no importaba. Había comenzado a morir en el mismo instante en que ellos entraron en su vida. Había muerto entre sus brazos muchas veces.

Acaso ese morir que le esperaba no era sino otra forma de seguir viviendo y el infierno que las escrituras le pronosticaban no era peor que tener que pasar la eternidad sin su amor.

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