Reseña de Rosa de los vientos.

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Una nueva reseña de mi libro Rosa de los vientos por el escritor Francisco Pérez Benedicto. He de decir que pocas veces me quedo sin palabras, pero leer esta crónica literaria en su blog, lo consiguió.. me quedé sin saber qué responderle.

Pocas veces he recibido unos elogios de este tipo y la verdad, no estoy muy acostumbrada a ellos, y aunque es cierto que no está teniendo malas críticas el libro, que un compañero te dedique estas palabras es algo que cuesta digerir. Sí, las cosas buenas también hay que saber digerirlas…

Os dejo con un retazo de su reseña, pero podéis leerla completa en este enlace.

https://loabsolutonoexiste.blogspot.com.es/2017/12/rosa-de-los-vientos-mi-cronica-de.html

Apenas puedo escribir con claridad esta crónica de lectura, pues he terminado de leer Rosa de los vientos, de Nina Peña en una vorágine de sentimientos, sorpresa, emociones catapultadas al infinito y pensamientos embarullados que me llevan flotando a un mundo extrasensorial en el que me encuentro en este instante, decidiendo qué voy a contar de esta experiencia tan fuerte.

No recuerdo un efecto tan profundo en mí tras leer un libro desde hace mucho tiempo. Y quizá sea así porque nunca ningún libro ha generado un efecto tan devastador, tan placentero y tan a la totalidad como este.

He pensado mucho rato cómo definir lo que ha supuesto la lectura de esta magnífica novela y soy incapaz de sintetizarlo en pocas líneas. Y es que deambular el pensamiento a través de la prosa que Nina Peña ha tejido con maestría, con barroquismo preciosista, con amor por las palabras lentas, por escribir las emociones, por crear un mundo en torno a cada frase, a cada descripción o sentimiento, por diseñar una arquitectura perfecta de cada pequeño avance en una trama que parece no avanzar pero que sin embargo te acuna y te baña de cercanía, de realidad, ha sido lo más próximo que he vivido a la contemplación de una obra de arte per se, por ella misma, no por querer saber qué sucede en la trama, qué le ocurre a sus personajes, cuáles son los elementos que confluyen o determinan los acontecimientos. La lectura de Rosa de los vientos es, en sí misma, el puro placer por leerla, sin más, por deleitarse en cada frase, en cada recoveco adjetivado, en cada ligazón de sentimientos con olores, con ambientes y luces que escenifican instantes que vives, que percibes y en los que simplemente quieres quedarte. No necesitas avanzar, porque lo que vaya a suceder es incluso quizá menos importante que lo que está ocurriendo, pero a la vez sí quieres hacerlo para continuar con el placer inconmensurable de llevarlo a cabo, de recorrer palabras, adverbios, preposiciones y conjuntos verbales que configuran un conjunto artístico.

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Reseña de Rosa de los vientos.

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Que una buena amiga te haga una reseña es siempre de agradecer, pero cuando se trata de una personita tan especial, con una visión del mundo y un alma también especiales y sus palabras son así de bellas… no hay palabras para describir esa sensación.

Dolors es esa personita muy muy especial para mí a la que tuve el inmenso placer de abrazar hace un par de semanas en Barcelona y se me quedó ese regusto amargo de las palabras no dichas, de todo aquello que piensas y no te atreves a decir, el calor de la amistad interrumpido por las prisas de un reloj que marca los tiempos en una presentación, en una librería llena de gente.

Hay palabras que no nos hemos dicho, conversaciones de amigas que me gustaría tener con ella y que la distancia impide porque el calor de la amistad no se propaga bien a través de redes sociales. No hay nada como un abrazote bien apretado y creo que me quedé con las ganitas…

Espero que hayan muchas ocasiones y que en la próxima podamos sentarnos frente a un café y charlar con esa sensación de conocernos desde siempre que siempre he sentido por ella.

Os dejo su reseña. Podéis leerla completa en este enlace.

http://laprincesayaseve.com/2017/11/20/resena-rosa-los-vientos-nina-pena/

Y si os gusta lo que dice y queréis leer el libro solo tenéis que preguntar por él en vuestra librería y ACEN Editorial os lo lleva a vuestra ciudad.

 

 

ROSA DE LOS VIENTOS es una conversación en voz baja con sus protagonistas. Sientes el dolor de la traición, el miedo de estar desubicado en sentimientos, la rabia que se acumula al saber la verdad, la posibilidad de empezar de nuevo, la libertad de decidir, la sumisión al maltratador, la falta de coraje, el sacrificio por defender lo que está muerto, la protección a quién merece afectos, el desencanto y la desilusión y, la esperanza de volver a amar. Remordimientos acumulados e identidades descubiertas. Desamor en poesía y la tragedia del amor en un libro. La libertad de encontrar la brújula de la vida

Nina Peña te enamora con la palabra, metáforas que te trasladan a otro tiempo que has vivido y cuyo escenario se acerca a tu encuentro. Candidez alrededor de la brutalidad del destino para no agredir la conciencia de quién resulte culpable. Símiles identificando emociones en la poesía de escritores víctimas de su tiempo. La disociación de la persona engalanada de adjetivos sutiles. El dominio del vocabulario sin la necesidad de diálogos superfluos entre protagonistas que conversan en pausas y silencios. Debate interior con la complicidad de los sentimientos y, el concepto de imaginar y reinventarse. La muerte en la continuidad de la vida dictando momentos.

De mayor

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Cuando sea mayor quiero ser como tú.

Con la cara arrugada de reír tanto por las cosas malas de la vida, con la frente alta de saberme a salvo de todo y de todos, al otro lado de la desidia y de la ambición.

Quiero ser como tú en los vicios que a los que la vida me tiene mal acostumbrada, a dormir a horas intempestivas y despertarme de madrugada cansada de soñar.

Quiero pintar mis ojos de azul, las uñas de rojo, llevar zapatos de tacón y que las niñas me miren asombradas porque crean que no tengo edad.

No vestir de luto jamás.

Llevar colores en las faldas y en la memoria, gafas de sol que regulen mi vista ante lo que es importante ver.

Quiero tener las mismas manchas en las manos que denoten mi edad sin fisuras, como si fueran las medallas que he ido ganándole a la vida cuando esta pretendía vencerme, cuando lo arduo era vivir sin caer, manteniéndome en un precario equilibrio entre el ser y mi ser, entre el estar y saber estar, entre mi yo y el yo que veían los demás.

Quiero alcanzar el momento de hablar desde la paz de las opiniones reposadas y de la experiencia, sin apasionamientos que nublen mi entender, sin los conflictos que ahora me asolan y que duelen tanto.

De mayor quiero ser como tú, con toda una vida a la espalda, repleta de dolor y de amor, de contrastes de luz y sombras, repleta de momentos cumbre y de bajadas al infierno.

Quiero ser la mujer solitaria que habita en la casa de la esquina, la que viste estrafalaria y le habla a los perros, la que cría gatos y silva canciones de otra época mientras tiende la ropa en el tejado desde donde se vislumbra un mundo que cada vez me pertenece menos pero al que puedo mirar sin rencor.

De mayor quiero ser como tú, libre de cargas impuestas, al otro lado de la lucha diaria que hoy me agota pero con luchas todavía; al otro lado del mal, jamás del bien, al otro lado de mí misma.

Quiero ser la mujer que ya nadie desea para nada pero con la que quieren estar.

Quiero ser como tú, con tu pelo perfecto de peluquería, con la coquetería necesaria para reconocerme en el espejo y con la que dar instrucciones para que me amortajen, pero sobre todo reconocerme cada mañana como la mujer que me fui construyendo a lo largo de mi vida.

Quiero ser como tú, como tantas mujeres que han vivido sin dejar que el mundo las rompa. Como tantas mujeres que han roto con el mundo antes de romperse a sí mismas.

 

Reseña de A. V. San Martín ¿Cómo que a qué huelen las nubes?

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Si alguien me preguntara que es lo más tedioso de un libro y tuviera que elegir entre confesarlo o morir, sería el momento de reconocer que a veces leo las primeras páginas con ansiedad, en busca de la trama y esas hojas que me encarrilen de lleno en la historia. Sin embargo, no es eso lo que ocurrió con este libro. Su título me llamó la atención en un post de su autora, y eché un vistazo a sus primeras páginas, quedando completamente enganchada a él. Comienza con tanta fuerza y de manera tan contundente que es difícil poder soltarlo.

¿A quién narices se le podía ocurrir una pregunta semejante? Es una de esas preguntas tipo incontestable que suenan bien en según qué contexto y que todo el mundo termina por utilizar en plan cachondeo para no decir absolutamente nada. El quid de la cuestión no es si alguien en realidad sabe a qué huelen, sino el porqué y con qué intención han hecho esa pregunta en un anuncio de compresas. Se supone que es una forma de decir que si usas esa marca determinada de compresas, la regla pasa odoríferamente desapercibida para propios y extraños, sobre todo para extraños, y comparar la suavidad de la compresa o la de un sexo femenino con una nube hasta parece acogedor y delicado, pero la cuestión sigue siendo la misma: ¿Qué intenciones se esconden tras algo tan inocente como una nubecilla?

No es una novela al uso con una historia trepidante, mucha acción y diálogos. Es de carácter intimista, nos sumergiremos en la vida de sus cuatro protagonistas como si estuviéramos leyendo sus diarios o nos estuvieran contando sus sentimientos tras un café una tarde en una terraza cualquiera. Y vaya forma de trasmitir esos sentimientos. Creo que es lo que más me ha sorprendido del libro, ese desgarro emocional que Nina nos hará sentir hasta la punta de los dedos de los pies. Tiene el don de poner en palabras los pensamientos de una forma soberbia y certera de tal forma que a medida que leía el libro, sentía que estaba en mi cabeza, poniendo orden al desbarajuste que debe haber ahí dentro. Son muchas las frases que he ido subrayando, que me han sorprendido, llegado e incluso con las que me he identificado.

Esa tonta costumbre que tengo de hacer siempre lo que la gente espera y no lo que de verdad quiero hacer, porque si de verdad hubiera hecho lo que me apetecía me hubiera reservado una estancia en el SPA para mí sola durante todo el fin de semana, perdiendo de vista a mi marido, a mis dos hijos, a mi jefe y a las cifras negativas de ventas de ese mes.

Me ha gustado y sorprendido mucho. Una joya, con un estilo narrativo muy bueno, de esas que estaba deseando descubrir. Lo recomiendo, sobretodo, a lectores a los que no asuste la narrativa intimista y sentimental. Pese al humor ácido e irónico, que incluye en algunos momentos, no es una historia sencilla, remueve todo por dentro e incluso enfada. No es una lectura ligera, sino reflexiva.

 

Podéis leer la reseña completa aquí, en este enlace a su blog, solo os he dejado los primeros párrafos.

http://www.avsanmartin.com/2017/06/resena-como-que-que-huelen-las-nubes-de.HTML

“Esto trata de apoyar a todos esos autores independientes, que con valentía y mucho esfuerzo, se lanzan a autopublicar sus obras sin el respaldo de una editorial ni grandes campañas de marketing que los avalen.

También trata de demostrar que la calidad literaria no solo se esconde tras el telón de una gran empresa y bajo los hilos de una gran marca comercial.
Trataré de rastrear y mostraros grandes obras entre la literatura independiente.
Quédate a descubrir dónde se esconden las joyas indie”
                                                                                                      
                                                                                          -A.V. San Martín-

 

Espero que os guste tanto la reseña como su blog.

 

El soldado.

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Si mañana moría en la primera batalla, lo último que vería, sería en la imagen que tenía frente a él.

Si la revolución no triunfaba y tenía que morir días más tarde frente a un pelotón de fusilamiento, su último pensamiento sería para ellos que, ajenos a esas funestas reflexiones, dormían abrazados sin el miedo que a él lo recorría por entero, sin la desazón que perturbaba su alma y que le imposibilitaba el sueño.

Cómo sería estar muerto.

Cómo sería no volver a sentir esas pieles, esos besos, esos cuerpos que tanto amaba, cómo sería estar perdido en la eternidad y solo.

Cómo sería no verlos nunca más.

Los miraba dormir y el dolor se mezclaba con el amor y el deseo. A partes iguales.

Había tenido que salir de la cama, sin vestirse, sentir el frio de abril clavándose en su piel desnuda sin llegar a aliviar el fuego de su sangre, tomar la distancia de unos metros que le permitiera no sentir las respiraciones ni las pieles, poder observarlos de lejos, desde fuera, acariciando con la mirada los cuerpos que un rato antes había acariciado con sus dedos y saboreado con su boca, que había sentido en su propia piel, con los que se había fundido en una abrazo pecador y lascivo que condenaba su alma al infierno para toda la eternidad.

Supo que había vendido su alma a cambio de amor.

Y supo que había valido la pena.

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Que volvería a hacerlo mañana mismo, sin arrepentimientos ni pesadumbres, porque cada instante, cada segundo vivido con ellos, bien valía ese pasaporte, ese billete sin regreso al círculo más profundo de todos los infiernos posibles.

Dormir abrazado a sus cuerpos sin pudor y sin los remordimientos que lo acosaban, sin esos pensamientos de culpa que el catolicismo le había impuesto a través de tantos años de adoctrinamiento y rezos. Sin tener ni una sola duda de si estaban obrando correctamente o si el pecado los consumiría en el otra orilla de la vida.

Sin arrepentirse de nada en absoluto.

Ese abandono en brazos de su amante, era el mismo que en los suyos y también era como su propio abandono. Abrazos adúlteros que tenían el sabor de la gloria, la intensidad del momento, la energía de saberse transgresor de unas leyes morales impuestas por personas que tal vez ni siquiera sabían qué era el amor y por eso lo confundían con el pecado.

Quién era el mundo para juzgar el abrazo que él contemplaba absorto en la belleza de un instante efímero.

Quién era Dios para imponerle la obligación de no amarles o de amarles en silencio.

Quién era nadie para juzgar aquello que no conocían.

Si al día siguiente moría, si le esperaba el fuego intenso del infierno, con gusto dejaría que su piel ardiera y que su alma se condenara a cambio de haber tenido la felicidad de estar con ellos, la plenitud de sus gestos y de sus abrazos, el placer de sus cuerpos enlazados en el amor más intenso.

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Ella, la primera vez, era casi una desconocida que le tentaba más de lo que nunca le había tentado ninguna mujer, y lo increíble es que no hacía nada para ser tentadora. Solo existir.

Él era el hombre que siempre quiso tener cerca, el que rezaba por volver a encontrar en su camino y resarcirse de un pasado que no pudo ser.

Los amaba.

Por primera vez entendió aquellos conceptos sobre el pecado que le habían explicado tantas veces en el pasado. Casi podía recordar palabra por palabra; “el pecado, la tentación, está siempre en los ojos de quien mira y juzga, al igual que la belleza y el amor. Podemos ver lo que queramos ver según sean nuestros pensamientos y nuestros prejuicios”

Y era cierto, donde él veía belleza muchos habrían visto sordidez. Donde él veía amor otros verían pecado. Donde él veía refugio y paz otros verían desabrigo y hostilidad.

Había luchado toda su vida por entender eso y seguía perdiendo cada batalla.

Cómo un cuerpo podía ser todo eso a la vez

-Os he echado de menos aun cuando no os conocía. He echado de menos vuestra boca, vuestra voz, vuestros cuerpos. Reconozco sin pudor que me doléis. Me doléis de una forma que ni yo logro entender, y no sé qué puede significar que nos hayamos encontrado ahora, tras tanto tiempo, como si hubierais llegado para cumplir todos mis sueños, para darme el amor por el que tanto supliqué.

Y sé que, esta vez, vais a quedaros en mi vida para siempre o soy capaz de morir en ese intento.

Quería volver al lecho, despertarles, comenzar de nuevo el juego amoroso del que descansaban, adentrarse en ellos, penetrar con la misma pasión de los últimos días que tenía algo de despedida y de reencuentro, de descubrimiento y de confirmación, apresar esos bellos y amados cuerpos en un abrazo que para algunos sería pecador pero para él era salvación, y dejar de existir en el instante que lograra alcanzar esa pequeña muerte que solo está al alcance de quienes aman amando.

Si al día siguiente moría no importaba. Había comenzado a morir en el mismo instante en que ellos entraron en su vida. Había muerto entre sus brazos muchas veces.

Acaso ese morir que le esperaba no era sino otra forma de seguir viviendo y el infierno que las escrituras le pronosticaban no era peor que tener que pasar la eternidad sin su amor.

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Seis poemas de Gloria Fuertes que no son para niños.

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En los bosques de Pennsylvania

Cuando un árbol gigante se suicida,

harto de estar ya seco y no dar pájaros,

sin esperar al hombre que le tale,

sin esperar al viento,

lanza su última música sin hojas

sinfónica explosión donde hubo nidos,

crujen todos sus huecos de madera,

caen dos gotas de savia todavía

cuando estalla su tallo por el aire,

ruedan sus toneladas por el monte,

lloran los lobos y los ciervos tiemblan,

van a su encuentro las ardillas todas,

presintiendo que es algo de belleza que muere.

 

Nací para poeta o para muerto.

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.

Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.

Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.

 

Al borde

Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.

He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

 

Amor que libera.

Ya no soy la niña amarga
que tenía un mar de llanto
y alta ortiga por el alma.

Ya no soy la niña enferma
que al oír risas lloraba,
ya salí del solitario
bosque que me acorralaba.

Ahora soy la niña verde,
porque floreció mi calma.
Ya no soy la loca triste,
ya no soy la niña blanca,
nuevo amor ha traspasado
con el nardo de su lanza
mi corazón, que ahora tiene
un nombre de menta y ámbar.

¡Ay cuánta sonrisa noto
que trepa por mis espaldas!
¡Qué brillo tienen mis ojos
viudos de siete mil lágrimas!
La vida me sabe a verso
y los besos a manzana.

El monte arregla sus pinos,
por las rocas el mar baila.
El amor danza en mi pecho.
¡Ya me quiere! ¡Ya me aguarda!

Ya no soy la loca triste,
que al oír risas gritaba,
ahora soy la niña dulce,
ya no soy mujer amarga.

 

Siempre con los colores a cuestas

No olvido cuando rojos y negros
Corríamos delante de los grises
Poniéndoles verdes.
Cuando rojos y verdes
Temblábamos bajo los azules (de camisa)
Bordada en rojo ayer.
Asco color marrón
Que siempre huele a pólvora.
Páginas amarillas leo hoy
Para encontrar a un fontanero
Que no me clave.
Siempre con los colores a cuestas.
Siempre con los colores en la cara
Por la vergüenza de ser honesta.
Siempre con los colores en danza.
Azul contra rojo
Negro contra marrón
Como si uno fuera Dalí o Miró.

 

 

Ya ves qué tontería,

me gusta escribir tu nombre,

llenar papeles con tu nombre,

llenar el aire con tu nombre;

decir a los niños tu nombre,

escribir a mi padre muerto y

y contarle que te llamas así.

Me creo que siempre que lo digo me oyes.

Me creo que da buena suerte:

voy por las calles tan contenta

y no llevo encima nada más que tu nombre.

 

 

Los cabellos de tu sexo,

los caballos de tu sexo galopando,

galopando por las ensortijadas crines del bosque.

Mis versos se perdieron en tu pelo,

entre tus dedos olvidé mi sortija,

entre tu espalda mí sonrisa

y mi ayer se extravió

en el laberinto de tu mañana.

Como un tigre-pájaro,

mañana de mañana saltaré del lecho,

y marcaré tu número

para decirte gracias, ven pronto y todo eso

Cinco libros para regalar en el día de la madre.

Se acerca el día de la madre y es el momento ideal para regalar libros, escritos por mujeres y en donde domine un universo femenino en el que nuestras madres puedan disfrutar de las letras y se reconozcan en ellos de una forma u otra.

Vidas de mujeres, historias excepcionales, belleza de palabras y otros de tono desenfadado que harán las delicias bibliográficas de las autoras de nuestros días.

Esta es mi selección, espero que os guste.

 

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Suite Francesa. Irène Némirovsky

Este libro es un manuscrito que se encontró por casualidad muchos años después de terminar la guerra que en él se describe y fue toda una revolución editorial en Francia donde le entregaron por primera vez de forma póstuma el premio Renaudot.

Su autora deja en él tintes autobiográficos y describe a la perfección la sociedad del s. XX, la guarra, las penurias, el hambre, los miedos de la sociedad burguesa ante la invasión Nazi, la soledad de los ancianos, la esperanza y la desesperación.

Una obra que no deben perderse y que por cierto fue adaptada a la gran pantalla de forma brillante.

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El abanico de seda. Lisa See

El “nu shu” es una forma de comunicación entre las mujeres de la antigua China. Con él, un idioma que es una milenaria escritura fonética,  bien en bordados de telas, en abanicos y en distintos medios, desarrollaron una forma de comunicación  que les permitía comunicarse entre ellas, escapando así del férreo control masculino y de la férrea autoridad a la que estaban sometidas.

Lisa See concibió esta conmovedora historia sobre la amistad entre dos mujeres, Lirio Blanco y Flor de Nieve tras años de investigación y de vivir inmersa en la sociedad china.

Las dos mujeres, de muy distinta escala social, se comunican durante años a través de este medio creando un universo femenino de apoyo, confianza y cariño que un error de escritura esta a punto de truncar.

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La ridícula idea de no volver a verte. Rosa Montero

Cuando Rosa Montero leyó el  diario que Marie Curie comenzó tras la muerte de su esposo, y que se incluye al final de este libro, sintió que la historia de esa mujer fascinante que se enfrentó a su época le llenaba la cabeza de ideas y emociones. La ridícula idea de no volver a verte nació de ese incendio de palabras, de ese vertiginoso torbellino.

Rosa Montero construye una narración a medio camino entre el recuerdo personal y la memoria de todos, entre el análisis de nuestra época y la evocación íntima. Son páginas que hablan de la superación del dolor, de las relaciones entre hombres y mujeres, del esplendor del sexo, de la buena muerte y de la bella vida, de la ciencia y de la ignorancia, de la fuerza salvadora de la literatura y de la sabiduría de quienes aprenden a disfrutar de la existencia con plenitud y con ligereza.

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El jardín olvidado. Kate Morton

Un precioso libro que ha encandilado a muchísimos lectores por su forma de ser narrado, por su carácter casi victoriano y por su magistral forma de convertir la historia de una niña perdida en un barco con rumbo a Australia, en una historia llena de misterio y de intriga cuasi gótica.

Una narradora impecable y preciosista que te conquista párrafo a párrafo, Kate Morton parece tener una especial habilidad para saltar épocas y manejar los tempos de la narración en una especia de viaje continuo del tiempo y el espacio.. y todos sabemos lo complicado que es hacer eso.

Aunque hay personas que esa forma de “viaje” las hace perder el hilo de la narración o que la cantidad de personajes que saltan en las distintas generaciones puede hacerle un poco de lio a una lectora no avezada ni curtida en mil lecturas, lo normal es que este libro les encante.

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Mujeres de agua. Antonia J. Corrales

¿Y como no poner un  libro de Antonia J. Corrales? Si nos gustan las historias de amistad entre mujeres, Antonia en este libro, se apoya de  Mena, Remedios y Amanda  para demostrarnos que la amistad, el amor, la superación personal y las ganas de seguir adelante son la clave de la felicidad.

En este libro trata un tema que a mi parecer en vital; ese apoyo que las mujeres nos hemos dado unas a otras a través de generaciones y de épocas a veces muy difíciles. El compañerismo, a conciencia de género al reconocernos como iguales, la ayuda de las palabras y la compañía, el coraje… todo eso está en este libro.

Espero que vuestras mamis disfruten de estos títulos tanto como os disfruté yo y que les aporten una gratificante lección de vida femenina. Y si queréis un titulo más… siempre podéis preguntar a vuestro librero por mi nuevo libro Rosa de los vientos, que habla de la forma en que una mujer necesita reinventar y reedificar el concepto de amor a través de la literatura para poder ser libre y tomar las riendas de su vida. Solo tenéis que preguntar a vuestro librero por él. Gracias!!

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De la amistad romántica al pensamiento Queer.

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Breve historia de las leyes contra las lesbianas.

En la edad media la condición homosexual fue reprimida y ocultada por lo que apenas quedan referencias históricas sobre relaciones entre mujeres. Existen, eso sí, novelas cortas que hablan de relaciones lésbicas y es conocida incluso forma parte de la mitología colectiva las relaciones las relaciones entre religiosas dentro de los conventos católicos.

En esa época existían leyes que condenaban el lesbianismo, como el código de Orleans en el que la ley que castigaba a los hombres homosexuales se amplió para poder ser aplicada a las mujeres. La ley consistía en una especie de reprimenda y castigo por plazos; en un primer aviso el hombre era desprovisto de sus testículos, en el segundo aviso se procedía a la castración del pena y en el tercer aviso directamente era quemado en la hoguera. Ignoramos qué miembros eran amputados a las mujeres al serles aplicada esa misma ley.

En 1314 se impuso una libre interpretación de otra ley anterior, del año 287, que condenaba la prostitución y el lesbianismo y en 1400 aún se amplió más al añadir la pena de muerte.

 

Amistad romántica

El estigma impuesto al amor lésbico es una poderosa arma para confinar a las mujeres en la heterosexualidad que garantiza una base social basada en la familia y en las tradiciones. Muchas mujeres optaron por mantener una amistad romántica hubiera o no sexo entre ellas al margen de sus matrimonios. Esta amistad, disimulada la relación amorosa, era aceptada tácitamente por la sociedad victoriana, dominada por las apariencias y vinculada siempre a la asunción del matrimonio como una cuestión puramente económica en que primaba el interés el patrimonio y los negocios por encima del amor.

El deseo de libertad de las mujeres, las leyes que las privaban de propiedades y que las consideraban como seres inferiores al mismo nivel de tutela que los niños en las que el hombre ya fuera padre, marido, hermano o hijo tenían la potestad sobre ellas, junto con las nuevas ideas que el socialismo iba abriendo en sus mentes, produjo los primeros movimientos feministas y de sufragio pero no acabó con los estereotipos lésbicos y ni siquiera supuso en muchos países algún avance en ese pensamiento, ya que la mayoría de aquellas mujeres lucharon por sí mismas y por mantener una nueva posición en su clase social olvidando la lucha de miles de mujeres tanto de clases sociales inferiores como vinculadas al amor lésbico, quedando éstas aprisionadas por los roles de género imperantes en su época en los que las lesbianas eran mujeres masculinizadas y las heterosexuales completamente sumisas, entregadas al hombre a través del dominio que éste ejerce sobre ellas en el momento de la penetración y del placer que pueda proporcionarle.

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Discriminación e identidad

La discriminación está sostenida por el sistema de opresión sexual en el que se basan las estructuras sociales patriarcales que fijan en las personas determinadas normas que se deben seguir de por vida.

La identidad sexual se aferra a esa forma del “debe”, siempre vinculado a la heterosexualidad y que condiciona a cada ser humano a ser excluido o admitido en la normativa binaria. Además, precisamente con las mujeres, los roles basados en la inferioridad y en la maternidad nos definen como meros instrumentos reproductores en un rol pasivo.

Esta concepción de la mujer se ha visto reforzada por el papel de las religiones y sus normas morales capaces de mutilar y asesinar a multitud de mujeres a lo largo de la historia, y se perpetua hoy en día con el capitalismo en el cual la familia es la base del mercado de consumo aunque cada vez más, ese capitalismo que siempre se reinventa a sí mismo, comienza a aceptar como válido otro tipo menos tradicional de familia, ya sean del mismo sexo o monoparentales, con tal de que sigan siendo sectores de población con alto nivel de consumo.

El lesbianismo, ha sido tratado incluso como una patología e identificado como una homosexualidad femenina y era tratado clínicamente por psiquiatras y psicólogos e incluso “curado” con el matrimonio heterosexual.

 

Pensamiento Queer

En distintos tiempos, sociedades y culturas las relaciones las relaciones también han sido en ocasiones consideradas variaciones válidas de la sexualidad humana, aunque también es cierto que han sido los menos casos y siempre en personas librepensadoras.

El movimiento Queer se basa en que las distintas identidades sexuales están condicionadas por estereotipos de género construidos por los pensamientos tradicionales de cada sociedad y normativamente basadas en el patriarcado.

Judith Butler, filosofa y madre de este pensamiento Queer, aboga por la creencia de que esta filosofía puede ser abrazada por cualquier persona, hombre, mujer, homosexual, bisexual, transexual, heterosexual, alejándolo así de su uso específico para las lesbianas y para una identidad sexual concreta, exponiéndolo también como un pensamiento universal y progresista sobre la sexualidad más allá de los roles de género.

Esta teoría es la que yo asumo porque me permite escribir sobre relaciones lésbicas u homosexuales pese a mi heterosexualidad, buscando e intentando con ello no el simple morbo grafomaníaco o el homoerotismo tan presente en muchas publicaciones sino la libertad a ser cada uno, en su libre elección, dueño de su propia identidad sexual. Creo que en el instante en que el sexo, tanto el normativo como el alternativo, sea liberado de los complejos, culpas, estereotipos y pecados que llevamos siglos arrastrando, las personas se acercarán a la verdadera libertad de poder ser ellas mismas por encima de todas las cosas y obtener así la plenitud y la felicidad completas sin el sufrimiento que moralmente nos ha supuesto estar durante miles de años viviendo el sexo como pecado, como arma, como objeto de consumo y como algo que el lugar de ser vivido desde la naturalidad y la integridad ha sido siempre propósito de domino y de represión condicionando la convivencia de la estructura social en la que nos han educado.

Simplemente, conocernos es aceptarnos, y esa aceptación conlleva a la paz con uno mismo y a la felicidad y el amor.

Algo a lo que todos tenemos derecho.

 

 

 

Rosa de los vientos. Presentación

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En principio, Rosa de los vientos es un libro complicado de etiquetar, no es fácil resumir su argumento aunque una vez leído, puede ser muy simple.

En el libro narro la historia de una mujer que tras una ruptura sentimental, decide apartarse del mundo, huir de la ciudad, y tratar de cumplir el sueño de escribir su primer libro.

En esos días conoce a Marcel, un hombre también maltratado por el destino que le abre los ojos a una realidad que ella desconoce o que nunca ha visto desde esa perspectiva que él le va mostrando.

Ella, que trabaja como documentalista y lee muchos libros y poemarios, descubre hasta qué punto todo lo que nos han contado sobre el amor y sobre las relaciones, son una especie de norma que ha ido dictando la sociedad. Los ideales románticos que ella ve incumplidos se van cayendo uno a uno a medida que comprende que las ideas sobre cómo ha de ser una relación y como escribir sobre ello, toman un cariz más natural, sin imposiciones ni normativas sociales.

Creo que el libro es un poco el liberarse los personajes de todo aquello que nos han ido imponiendo, de todo aquello que nos han hecho creer y que ha esclavizado tanto a los hombres como a las mujeres y que nos han tenido durante siglos buscando un amor ideal y una relación perfecta que tanto a unos como a otros no puede llegar a constreñir y asfixiar.

El destino juega un papel fundamental en el libro.

Por un lado está el concepto de que el destino marca la vida de estos personajes y al mismo tiempo, ellos no creen en tal destino.

A lo largo de la narración, Marcel va descubriendo como Lara entra y sale de su vida en el pasado, como sin conocerse tienen vínculos comunes y han vivido situaciones similares que él va a tratar de ocultarle.

El padre de Marcel, Salvador, que es un abuelito encantador, cultiva el arte de las cabañuelas, que es la predicción del clima a través de señales en la naturaleza. Durante el mes de agosto, un grupo de abuelos amigos suyos, se dedican a observar el cielo, los amaneceres, los cambios de colores y de viento, el comportamiento de los animales y con ello predicen el clima de todo el año.

La pregunta es si el destino está regido por esas directrices, si se puede adivinar por las señales que la vida nos va dando, si tener la sabiduría para ver más allá y poder darnos cuenta de qué va a ocurrir probablemente puede hacer que logremos modificar aquello que nos impide ser felices y vivir en plenitud.

Por otro lado, el libro habla de las dificultades con las que muchos autores nos encontramos cuando nos sentamos a escribir.

La protagonista, cuando tras muchos años de rutina literaria se sienta a escribir, se da cuenta de sus carencias, de que todo lo que ella creía que podía contar no es suficiente porque hay muchos ángulos desde los cuales ver las cosas y que no todos son hechos simples.

Yo, para poder escribir, he tenido que leer mucho, bucear en ensayos, buscar corrientes distintas de pensamiento. No es fácil.

Este libro, en parte es una muestra de todo eso, de las distintas fuentes de las que se puede beber para inspirarse o para encontrar aquello que quereos decir.

En la última página hay una nota bibliográfica en la que os doy los datos de todo aquello que yo he usado, de las pinceladas de poemas y de frases que usa la protagonista y que es solo una pequeña muestra de lo que a veces tenemos que hacer los autores para documentarnos.

Espero haber despertado vuestro interés y espero que os guste leerlo y disfrutéis tanto de su lectura como yo disfruté al escribirlo.

 

Ser libre.

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Y mirarte y no sentir que me traiciono.

Desearte sin que se suponga un torcer mi brazo ante ti.

Abarcarte como hombre sin dejar que lo que me enseñaron sobre cómo ser mujer salga a la superficie.

Cambiar el final de todas las historias, de todos los cuentos, de todas las canciones, cambiar esa especie de atadura por libertad para amarte, libremente, atada a ti por sentimientos y no por obligaciones.

Ser libre para amarte desde mi libertad.

Elegir encadenarme al deseo, a tu cuerpo, a mi propio deseo y mi propio cuerpo, más yo que nunca cuando estás en mí.

Ser libre para elegir amarte sin que tu presencia sea una imposición o que tu cuerpo se convierta en mi sombra, libre para retener tu reflejo y tu luz sin que yo misma deje de ser reflejo y luz.

Elegir libremente apasionarme, ser libre para mostrar pasión.

Ser libre para amarte y para amarme.

Ser libre.

Ser yo.