El concurso Amazon y el sueño americano.

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Que los escritores, o autores, somos personas que vivimos en nuestro mundo peculiar en el que nos sumergimos constantemente, no es nada nuevo.

Al margen de peculiaridades y excentricidades que solo los grandes se pueden permitir porque para ellos es parte de su genialidad mientras que para el resto sería síntoma de enfermedad mental, hay algo que nos une a todos, o a casi todos: el ego.

Tenemos un ego exacerbado, nos encanta mirarnos el ombligo, acariciarlo, y ser nosotros mismos quienes se empeñen en sacar sus pelusitas, algo que si hacen los demás nos hace entrar en cólera o en pánico, dependiendo del tamaño del ego en cuestión.

Lo del concurso Amazon es una muestra de ego descomunal donde quién más y quién menos, está metido hasta las trancas por el simple hecho de opinar o de comprar determinado libro. En mi vida había visto zancadillas, groserías, maldades, pleitos, envidias, puñaladas traperas, comentarios malintencionados y mala baba como la que estoy viendo en el concurso de este año.

Hasta la misma plataforma Amazon está tocando las “webs” de sus autores quitando ediciones en papel, comentarios de compras verificadas, ha tardado más de 15 días en completar la lista de concursantes, anunciaba preventas que luego quedaban fuera de concurso…

Autores que no tienen en común ni siquiera el género, se enzarzan en disputas por un comentario, por una estrella, por una promo o por una portada.

Ni decir tiene que estoy tan ojipláctica que no me presento a ese concurso en mi vida.

Se puede ganar visibilidad, cierto, y me consta (de hecho lo sé cierto porque tengo a muchos amigos que llevan tiempo publicando, escriben de perlas y están concursando), que muchos autores lo hacen exclusivamente por eso, por visibilidad y ganar lectores, para que sus libros sean leídos, porque, como todos sabemos, los concursos son de todo menos justos y aunque su base sea tan frívola y objetiva como las ventas, ganar uno es harto difícil.

¿Y todo por qué? Porque priman las ventas, los números, las cifras.

Lo que está ocurriendo en este concurso obedece a un patrón de competitividad tan exacerbado que en nada beneficia a nadie salvo a Amazon, que este mes de julio y agosto, cuando ningún autor ni librero se come un colín, ellos siguen vendiendo más que nunca, así que como estrategia de marketing es perfecta.

De nuevo una editorial se aprovecha de la ilusión y del trabajo de los autores y aunque reporte pingües comisiones a estos en derechos de autor y les permita publicar, no hay que perder de vista que al fin y al cabo, están cumpliendo con algo tan simple como es la consecución de beneficios empresariales en un sector y en un momento concreto de año en que apenas se venden libros. No, no es casual que el concurso Amazon sea en julio y agosto.

En ningún momento se tiene en cuenta la calidad de los trabajos, ni hay un jurado que lea los libros y que puntúe, ni se valora la calidad artística, la originalidad, el mensaje, el lenguaje o la intención de comunicar que todo libro que se precie tendría que tener.

Pero además este patrón comercial obliga a vender para tener visibilidad en el concurso, a escalar posiciones, ya que, como todos los autores auto-publicados sabemos, si estás mejor situado vendes más porque, simplemente, se te ve antes. Nadie se espera a la página 60 de Amazon para comprar, la compra por impulso en internet es otra de las bazas fundamentales con las que juegan, y saben que te matarías (y matarías) por vender más y estar en esas posiciones que te permiten seguir vendiendo más.

¿Y qué es lo que realmente hace que todo esto ocurra? El ego del escritor.

Una carrera editorial no se hace en un año ni en cuatro, y ¡ostras! Si ganas este concurso te coronas, te evitas pasar por lo que han pasado todos los autores, te evitas la crítica veraz, te evitas tener que leer y leer para aprender, evitas pasar por los trámites de crecimiento personal que te da el escribir y tener que reescribir, el escribir y borrar, el volver a empezar.

De pronto, se te ofrece la posibilidad de vivir de la escritura, algo de lo que nos podría hablar mucho Juan Goytisolo si aún viviera, de tener regalías y, coño, ¡si te estás viendo ya como ponente y contertulio en los talleres de auto-publicación que monta Amazon cada verano, con tu imagen en el fondo de pantalla gigante y siendo entrevistado por El país cultural…!

Te has pasado por alto unas pocas cosas.

Las pocas personas que viven de sus libros desde plataformas como Amazon, no llevan ni uno ni dos ni cinco años escribiendo y publicando sino como mínimo diez, y han trabajado por ello todos y cada uno de los días de su vida compaginándolo con otros trabajos que les permitieran pagar las facturas como a todo hijo de vecino.

En ese empeño estamos, yo incluida, muchos compañeros que participan y para los cuales este concurso es solo uno más de los medios, pero no el fin en sí mismo.

Este concurso, su finalidad, no es más que una revisión del sueño americano llevado al mundo editorial, donde todo es posible y donde triunfar es algo que siempre está a la vuelta de la esquina, pero Sunset Boulevard también tiene muchas esquinas, así que quizá sea mejor ponerse a trabajar de verdad, no mirarnos tanto el ombligo y menos aún prostituir la literatura de esta forma.

Ojo, no quiero decir con ello que no sea lícito presentarse o que los libros presentados no sean buenos y tengan calidad, pero sí hay que darnos cuenta de que una vez más nos están utilizando, de que otros están ganando dinero con nuestras ilusiones y sueños, nos están vendiendo ellos a nosotros para reportarse beneficios de los que tú vas a ver tan solo un porcentaje y vas a ser un número en una larga lista.

Este concurso es nefasto y deja un sabor de boca negativo a todos aquellos que, apostando por la literatura independiente, lectores que siguen buscando calidad en los libros no convencionales, se convierten de repente en simples compradores de objetos de consumo en cuyas cinco estrellitas hay un poder exacerbado, además de aumentar la mala fama de los libros y autores que, de por sí, ya tenemos los auto-publicados.

A ver, no somos genios (sí, ya sé que tú sí). Si una editorial nos rechaza un manuscrito puede que debamos revisarlo, analizarlo, buscar opiniones, tratar de encontrar en qué hemos fallado o si de verdad es que no encajamos en la línea editorial de la empresa concreta a la que lo enviamos.

Si tenemos en cuenta que la gran mayoría de editoriales también se guían por criterios comerciales puede ser que nuestro libro, aún con calidad, no sea vendible.

Hay muchas razones por las cuales recurrir a Amazon, incluso la legítima razón de no querer estar en las editoriales tradicionales, y es cierto que esta plataforma ha democratizado la literatura que siempre ha sido muy elitista y “amiguista”, pero el escalar posiciones, el conseguir altos objetivos sin antes haber currado y estudiado como un auténtico cabrón, es tratar de construir la casa por el tejado.

La calidad es lo que de verdad va a garantizar poder publicar dentro y fuera de Amazon, pero requiere su tiempo y sus plazos, y es ahí donde tienen que ir todos nuestros esfuerzos, sin importarte las ventas porque, una cosa te voy a decir, si de verdad eres escritor, lo que menos te va a importar es vender, lo que sí quieres es que te lean.

Cuando en el pasado se empezaron a publicar libros de forma independiente, cuando autores hoy legendarios comenzaron a auto-publicarse, lo que primaba era la rebeldía contra el sistema establecido, la visión de una obra, el tener que decir lo que nadie había dicho hasta entonces, ser independiente era mantener la fe en uno mismo y luchar contra el mundo, creer en valores por los que nadie apostaba, alejarse del orden impuesto, saltarse las reglas de lo convencional.

Ese es el espíritu que tendría que tener Amazon y el que tendríamos que tener todos los escritores independientes, y no dejarlo todo a un lado por la consecución de un número determinado de ejemplares vendidos y pasarnos la vida contando más de lo mismo porque es lo que más se vende.

 

(Y digo esto sin haber leído aún ningún libro, con lo cual estoy lejos de saber la calidad que pueden o no tener, pero si Amazon valora solo las cifras de ventas eso es un criterio tan claro y válido como el mío.

Por supuesto voy a comparar libros del concurso, ya llevo dos y tengo pendientes varios más, y con ello trato de apoyar a mis compañer@s, pero me voy a abstener de hacer cualquier comentario y de decir ni una sola palabra. Priman las cifras y mi apoyo se va a basar en ayudar a que esas cifras sean buenas para los autores a los que aprecio.

Y sí, una vez también se me pasó por la mente sacar un libro a concurso en Amazon, pero una buena y sabia amiga me dijo, “Che boluda, olvidálo”)

 

 

 

 

La feminista coñazo.

 

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Creo que ya no es un secreto, porque lo he comentado aunque sea de pasada en redes sociales, que uno de los trabajos que me ocupa ahora, y que me está produciendo muchísima satisfacción personal, es un ensayo sobre feminismo.

Embarcarme en un proyecto así, además, me ha hecho entrar en discusiones y corrientes filosóficas que van más allá de lo puramente coloquial y de las frases hechas, me ha permitido ver el fondo de muchas cosas y de muchos conceptos, algo que realmente es fascinante porque sientes, a medida que escribes, cómo tu mente se va abriendo y absorbiendo todo ese caudal de información.

Pero hay una faceta en concreto que me preocupa.

En los temas de feminismo en redes sociales, la aceptación por parte de muchas mujeres es escasa, por parte de los hombres suele ser nula y en muchos casos es realmente aberrante. Las fotos que he seleccionado de distintos medios son explícitas en el sentido al que me quiero referir.

Y ya no es eso solo, es que a veces se llega a ciertos enfrentamientos verbales, sobre todo en Twitter, o a conversaciones surrealistas, en las que se manifesta una opinión que claramente no es feminista y de forma realmente agresiva por parte de muchas mujeres, sobre todo jóvenes que es lo más preocupante, en la que se rechaza cualquier tipo de feminismo.

Yo misma me he convertido en la feminista coñazo.

He mirado y buscado en todos los foros de internet y en distintas redes sociales, y, generalizando, vamos desde la discusión sobre si hay mujeres que también asesinan a sus maridos, (6 en el año 2013) el famoso “yo no soy machista ni feminista, creo en la igualdad” o desde el ya tan traído y llevado caso de las denuncias falsas (0,010%), con los que las mujeres se empeñan en defender la inocencia del hombre a capa y espada, convirtiéndolos en víctimas, contradiciendo desde a las estadísticas hasta al sentido común, como si ellos no se defendieran bien solitos. Las reacciones de muchas mujeres me han sorprendido, porque soy tan sumamente tonta que doy por hecho que todas las mujeres son feministas.

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Al comenzar a estudiar y a preparar el ensayo puedo darme a mí misma la respuesta de por qué.

Una de las razones principales es que muchas creen haber conseguido ya esa igualdad social y no se sienten para nada discriminadas o bien, creen que ya se ha conseguido todo y que estamos yendo demasiado lejos pidiendo cosas que “discriminan” a los hombres.

Creo que el discurso feminista actual debe renovarse y adaptarse a los nuevos tiempos y la forma en que nos expresamos es una de ellas.

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Si los derechos humanos de la primera ola feminista y los derechos sociales de la segunda ola ya han sido logrados, a nostras nos queda un trabajo tan arduo como el anterior al convertir lo personal en político, algo que ya comenzó en los años sesenta y que sigue en evolución tal como sigue evolucionando la sociedad.

Quizá para muchas mujeres el feminismo está obsoleto porque creen que se han conseguido todos los derechos, que ante la ley es así, lo que no se ha conseguido es tener  ni las mismas oportunidades ni las mismas características para poder ejercerlos por tanto deberíamos pasar ya de la igualdad a la equidad, al equilibrio, cambiando el discurso para hacerlo más acorde con los tiempos que corren.

Otra es la educación. Me sorprende que muchas mujeres no sepan qué es el feminismo.

Brutal pero cierto. No saben qué es y lo asocian a una especie de aquelarre en el que las brujas coñazo como yo quieren quemar a los hombres en piras sociales que nosotras mismas construimos para ello.

Lo peor es que creen que no necesitan saber qué es, no quieren saberlo ni leer a fondo y seguramente si lo hicieran entenderían las cosas al revés porque ahí entra otra cuestión; tienen tan asumido ese rol patriarcal que ellas mismas dan explicaciones post-machistas a las cuestiones que puedan ir surgiendo. Un ejemplo claro, por poner a alguien sobradamente conocido en los medios, es el de Paula Echeverria hace muy poco diciendo que ella no es ni feminista ni machista.

A ver, alma de cántaro, si no eres feminista, eres machista, si no crees en la equidad y la igualdad que es lo que propugna el feminismo, eres machista.

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Imagino que las mujeres que ahora no hacen nada por el feminismo, y para prueba me remito a la movilización contra los presupuestos del estado por parte de colectivos feministas que apenas tuvo eco en muchas mujeres, o las mismas que nos llaman exageradas cuando salen las Femen gritando con las tetas al aire, son las mismas que hace dos siglos se escandalizaban cuando las mujeres pedían el voto o cuando se ataban a las rejas del parlamento británico.

Imagino que tal como ha pasó en aquellos tiempos, serán sus nietas las que se beneficien con la obtención de derechos por los que ellas no han movido ni un solo dedo, tal como ahora nos beneficiamos todas de aquello que nuestras bisabuelas, las locas sufragistas, hicieron en su momento.

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Nos queda un enorme trayecto que recorrer porque no solo hay que pelear porque los hombres cambien de mentalidad, que esa es otra, sino que además hay que reeducar a muchas mujeres en el feminismo en el que parecen no sentirse representadas del todo quizá porque nos miramos demasiado el ombligo y estamos en disputa constante con nosotras mismas sin atacar los problemas sociales que de vedad son una gran amenaza como pueda ser ese cambio social al neoliberalismo que sí nos está machacando y devolviéndonos a etapas que ya creíamos superadas.

El reto continúa, esta lucha nunca ha sido fácil y ahora disponemos de medios globales y de una mayor educación para poder lanzar ideas al viento y que sean recogidas por miles de personas, lo que hay que saber es cómo lanzarlas, como desarrollarlas para que la implicación de las mujeres sea real y no nos quedemos el resto en feministas coñazo pasadas de moda o por lo memos que no nos boicoteen desde dentro, si no es su lucha que nos dejen a nosotras luchar en paz. Sus nietas se lo agradecerán.

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Verano sin vacaciones.

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Habitualmente el verano es una época de vacaciones, de relax y de tratar de descansar de aquellos trabajos que llevamos meses desempeñando y de los que ya necesitamos tomar distancia y recargar las pilas.

Yo, por el contrario, es cuando más trabajo me impongo.

Este mes de julio ni siquiera había hecho una entrada en el blog… y eso es algo muy pero que muy raro en mí.

Por mis circunstancias personales, en verano no trabajo fuera del hogar, lo cual me debería permitir tener tiempo libre, pero ocurre que es cuando más tiempo tengo para escribir y estudiar, algo que durante el resto de año tengo que ir compaginando con ese otro trabajo menos creativo y que me ayuda a pagar las facturas como a todo hijo de vecino.

Para estos meses me he impuesto dos cursillos online que aún no he podido terminar, sigo de lleno metida en la redacción de mi novela y además estoy metida de lleno en un ensayo el cual, si todo va bien, quiero presentar a concurso, con lo que, me urge terminar su estudio, su redacción y corrección antes de que el tiempo se me eche encima y no llegue a los plazos estipulados.

No es que tenga el blog abandonado…sino que tooooda mi persona esta abandonada, soy una maquinita de escribir y de pensar y creedme que aunque es agotador, también es muy gratificante. Diría que proporcionalmente gratificante.

Prometo tratar de hacer nuevas entradas en cuanto tenga un poquito de tiempo… el problema es que el tiempo es algo tan relativo….

 

Con tacones y a lo loco. (La noche los confunde…)

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Que en el tema de feminismo se necesita mucha pedagogía social es algo evidente en cuanto te paras un momento a analizar frases, comportamientos y conversaciones en redes sociales o en TV en donde parece que todo tiene cabida.

En mis años de estudiante no había ninguna asignatura similar a la controvertida Educación para la ciudadanía ni mucho menos se podía realizar un máster en estudios sobre el feminismo, en el que ahora se especializan muchas carreras o grados universitarios.

Las de mi época, o hemos sido subversivas a conciencia o nos hemos tenido que buscar la vida para tener una base filosófica o académica a la que poder echar mano en el momento de explicar ciertas cosas.

Es complicado escribir o hablar de un tema que sientes pero del que no tienes unas nociones fundamentales, y es que hasta hace pocas décadas ni siquiera se podía acceder a una bibliografía o a unos ensayos que tuvieran una perspectiva moderna y actual.

Cuando comenzó lo que se ha denominado como la tercera ola del feminismo allá por los años 60, aquí, en esta España de mantilla y peineta las mujeres teníamos en el DNI una frase famosa en el apartado profesión: sus labores.

Y aunque muchas ya estaban metidas de lleno en el mundo laboral las costumbres del día a día, la falta de preparación o simplemente la costumbre y la inercia de tantísimos años de tradicionalismo, nos dejaban apartadas de la profesionalidad y de los cargos de responsabilidad.

En los años sesenta, las mujeres eran las secretarias no las directoras. Las enfermeras no las médicos y así en una larga lista que formaba lo que ahora se denomina el techo de cristal que parece haberse elevado un poco pero en el que se sigue tropezando una y otra vez aunque te avale una hoja académica o laboral impecable.

Aún hay que justificar ciertas protestas como la de hoy mismo, porque todos los días sale algo nuevo, en la que hablan del espacio público que ocupan los hombres o de los anuncios en los que se buscan camareras que no tengan novio y que usen tacones. Ambos requisitos imprescindibles.

Os he puesto como foto el anuncio que hoy corre como la pólvora para que podáis saber de qué estoy hablando e concreto.

Tras lo brutal que ya es el anuncio por sí solo, hay que ver en las noticias de TV al empresario en cuestión explicándolo , diciendo que se nos ha ido la olla, que estamos todas locas, que es de lógica requerir esas condiciones específicas porque, palabras textuales; “Si tienes un novio celoso, que viene a buscarte para llevarte en coche a casa o se queda toda la noche en la barra controlando…” o al socio acabando de rematar el tema con “es que es lo que hay, a ti te van a llamar guapa, “guapa ponme una copa”, “guapa ¿a qué hora sales?” y eso es normal”

Lo del tonito de autoridad lo dejamos para otra ocasión.

Que esas personas vean como normal el acoso tanto por parte del novio como por parte de los clientes es realmente algo que me hace plantearme en qué clase de sociedad vivimos y hasta qué punto se necesita que sigamos en la brecha, porque mientras se sigan normalizando esas actitudes vamos a tener que seguir protestando por lo que otros consideran “tonterías”.

images0T69ENTT¿Qué somos unas exageradas? Bueno… eso se resuelve con algo tan simple como la pedagogía.

Hay que tener claro que el feminismo ha evolucionado con la sociedad y si alguien sigue teniendo la imagen obsoleta de la sufragista que se ataba a las rejas de Buckingham Place y no entiende cómo ahora seguimos protestando, es más, según ellos protestando por todo, es que no entienden que, al igual que evoluciona toda la sociedad, los movimientos filosóficos y políticos también evolucionan.

El feminismo actual, que algunos ven exagerado y pasado de moda puesto que ya tenemos los derechos que exigían nuestras abuelas, no trata de seguir obteniendo esa igualdad legal, laboral o social que nos equipare a los hombres, sino que trata de encontrar una voz propia, recuperar el poder propio y la identidad femenina huyendo de la subordinación y del discurso el patriarcado, que ha creído, equivocadamente, que dándoos tres metros de cuerda es suficiente para hacer que nos sintamos libres.

Ese tipo de feminismo posmoderno y radical, trata de visibilizar todo tipo de discriminación, de denunciar esas miles de cosas que callamos día a día y que aguantamos con estoicismo y que va desde los piropos hasta que un tío se espatarre en el metro o que te obliguen a maquillarte o llevar tacones en el trabajo.

Es ese mundo de micro-machismos diarios que parecen normales…y no lo son.

Hace falta educar de otra forma con vistas al futuro, y a los que en nuestra época no nos educaron así, en lugar de despotricar tanto contra las feministas, buscar, leer, ilustrarse y mantener la mente abierta a nuevos conceptos en lugar de sentarse a despotricar sin camiseta al borde de una piscina presumiendo de bíceps para decir las macahadas de turno.

Sí, lo cómodo es no buscar ni saber ni intentar superarse, sobre todo porque a muchos conviene que las cosas no cambien y sigan siendo como son, pero eso no es más que la postura defensiva de cuatro aprensivos que se niegan a progresar y sus exabruptos son como cantos de cisne, porque afortunadamente, cada vez quedan menos hombres que piensen como ellos.

 

 

 

La frases menos “afortunadas” de las mentes más “brillantes”.

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Los grandes pensadores de todos los tiempos, no dejan de ser hijos de su época y de responder con frases que hoy serían consideradas de políticamente incorrectas, a los movimientos feministas de su momento.

En ocasiones, sus perlas dialécticas, dichas en periodos en los que el feminismo ni siquiera existía, se pueden considerar no una respuesta a ningún movimiento, si no la contestación al por qué de preguntas que nadie les hizo y que eran para ellos una realidad tan patente y obvia que no merecía siquiera un leve pensamiento de su bien pensante y privilegiada mente.

En su libro La arquitectura del patriarcado (Ed. Bellaterra 2016) Yadira Calvo repasa las frases que han legitimado la misoginia encadenando una tras otra las citas cumbre de las autoridades máximas en la cultura y la filosofía, abarcando periodos muy distintos de la historia y repasando disciplinas muy diversas.

Desde Aristóteles hasta Kant, Yadira ha seleccionado las frases que, a lo largo de la humanidad, han influido en el pensamiento y que en muchas ocasiones todavía arrastramos como un lastre.

Para Hegel, las mujeres “no están hechas para las ciencias más elevadas”.

Auguste Comte habló de la “debilidad intrínseca de su raciocinio”

Fichte afirmó que “en el matrimonio, la mujer expresa libremente su voluntad de ser anulada ante el Estado por amor al marido”.

Para Pierre Joseph Proudhon, el impulso sexual femenino era “lo más bajo y repugnante que existe en la naturaleza”.

Otto Weininger, autor de Sexo y carácter, equiparó el feminismo con la prostitución.

Arthur Schopenhauer dijo que: “Solo infundiéndoles temor puede mantenerse a las mujeres dentro de los límites de la razón”. Según Schopenhauer, ellas “se quedan niñas toda la vida”, solo resultan atractivas hasta los 28 años y nunca poseen inteligencia.

Robert A. Wilson, animaba a consumir estrógenos para combatir “la miseria indecible del alcoholismo, la drogadicción, el divorcio y los hogares rotos” derivados del fin de la edad fértil.

El naturalista Ernest Haeckel también afirmó que las mujeres y los hombres negros representaban el mismo estado evolutivo “que los niños varones blancos”.

Para el paleontólogo E. D. Cope, las características de las mujeres eran similares a las de “los hombres durante el estadio inicial de su desarrollo”.

Para no quedarme solo con el libro de Yadira, he rebuscado y he localizado unas cuantas perlas más en el libro Antología del machismo ilustrado, de Marco Litico (Grupo editorial 2002) que a continuación dejo para vuestro deleite.

“Los fundamentos de la casa son la mujer y el buey: el buey para que are y la mujer para que guarde”. Fray Luis de León.

“Todo en la mujer es un enigma, y todo en la mujer tiene una solución: se llama embarazo”. Nietzsche.

“El fuerte de la mujer no es saber sino sentir. Saber las cosas es tener conceptos y definiciones, y esto es obra del varón”. Ortega y Gasset.

“Al seguir una vocación masculina, estudiar y trabajar como un hombre, la mujer hace algo que no corresponde del todo con su naturaleza femenina, sino que es perjudicial”. Karl G. Jung.

“Aborrezco a la mujer sabia. Que no viva bajo mi techo la que sepa más que yo, y más de lo que conviene a una mujer. Porque Venus hace a las doctas las más depravadas”. Eurípides.

“La mujer no necesita escritorio, tinta, papel ni plumas. Entre gente de buenas costumbres el único que debe escribir en la casa es el marido”. Moliere.

“Debéis retrasar lo más que os sea posible el momento en que vuestra mujer os pida un libro”. Balzac

“Es orden natural entre los humanos que las mujeres estén sometidas al hombre, porque es de justicia que la razón más débil se someta a la más fuerte”. San Agustín

“La mujer no se traiciona fácilmente a sí misma y por eso no se emborracha. Como es débil tiene que ser astuta”. Kant.

“La anatomía es el destino. Las niñas sufren toda la vida el trauma de la envidia del pene tras descubrir que están anatómicamente incompletas”. Freud.

Que pensadores y filósofos de distintas épocas se hayan dado al libre albedrío de lanzar esas frases de semejante calado misógino nos debería hacer dudar de muchas de sus obras y de algunas de sus teorías que también tenemos comúnmente aceptadas de la misma forma en que todas estas lo fueron en su momento.

Quiero pensar que esos hombres eran hijos de su tiempo y que venían de una tradición mucho más antigua que incluía corrientes de pensamiento que, tras miles de años impuestas, ellos no lograron dejar atrás y que solo con mucho tesón y fuerza estamos tratando ahora de romper.

Acabar con miles de años de pensamientos y tradiciones brutales, que están tan arraigadas en la conciencia colectiva de los hombres que hasta incluso las mujeres las creen, no es algo fácil ni algo que se pueda realizar en un corto plazo de tiempo, por tanto la lucha del feminismo ha de continuar y ha de hacerse de forma lineal, implicando a hombres y mujeres en ella y aprovechando un acceso que pocas veces en estos milenios ha sido tan común para todas las partes y que forma la base principal de toda la sociedad: la educación.

PD. Si alguien se pregunta por qué sale Mafalda en la foto… es que nunca he leído sus viñetas.

 

 

 

 

La creación de un personaje a partir de la asociación de ideas.

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Hace unos días os comentaba mi dificultad para crear un personaje que, a todas luces y por el argumento del libro, debía ser el malo de la novela.

Los personajes malos, los villanos, son quizás para muchos, los más jugosos, los más carismáticos, aquellos que se pueden permitir ser malos de verdad y ofrecerse al juicio público sabiendo que van a ser exonerados de sus maldades porque estas son necesarias para que, al final, triunfe la virtud, la bondad o cualquier sentimiento considerado correcto socialmente.

Es la contraposición de aquello que nos obligan a ser cuando, tal vez, tendríamos ganas de ponernos el mundo por montera y, por unas cuantas veces, ser los malos.

El malo, para ser carismático ha de poseer dos virtudes, a saber; no sentirse malo sino creerse en posesión de la verdad y de la virtud, y tener una filosofía de vida coherente con sus acciones, que pueda explicarlas.

No tener esas dos cosas lo convertiría en malo de todas formas, sí, pero no tendría esas dimensiones necesarias para ser un malo, muy malo de verdad.

Dos ejemplos de lo que es ser malo, pero con un carisma, una personalidad clara y coherente que se me ocurren a bote pronto, podrían ser el inspector Javert de Los miserables o Mr. Heathcliff en Cumbres borrascosas.

Es innegable que ambos son los personajes “malos” de esas novelas… pero conociendo sus pensamientos, su pasado, su filosofía, su vida, ¿quién puede juzgarlos con la simple palabra malo?

Malo, a secas, sin ninguna doblez en la expresión, serían aquellos personajes de las novelas de Marcial La fuente en que el pistolero era malo de por sí, por naturaleza, sin ningún atisbo de redención posible, sin remordimientos y sin un “live motive” que justifique sus acciones.

Así que, tras pensar en los malos épicos de varios libros, quise que ese personaje que tanto se me resistía tuviera una parte de humanidad, y que esa humanidad, mal entendida o llevada hasta las últimas consecuencias de una forma severa, fuera la que marcara sus malas acciones.

Los personajes son hijos de su tiempo también, y la coyuntura social que los envuelve nos puede marcar qué tipo de maldad es la que estos pueden realizar.

La asociación de ideas me surgió casi sin querer.

Mi personaje ha de ser un fascista militante en una España de postguerra.

Mi cabeza se fue a buscar ejemplos visuales que me parecieran ajustados a esa imagen mental que tengo del miliar fascista y fanático e irremediablemente me vino a la cabeza el papel de Sergi Lopez en El laberinto del fauno. Ahí esta el malo, malo, muy malo.

Con la facilidad de las redes sociales busqué hasta encontrar una crítica que me hizo ver que no todos los malos deben ser tan claramente malos, tan crueles y provocar tanta repulsión en el espectador/lector.

La primera asociación de ideas, que fue Sergi Lopez, me llevó a buscar la filosofía, la ideología de su personaje.

Me metí de lleno en política. Fascismo, nacismo, nacionalsocialismo, nacionalcatolicismo.

Lo sé, tengo un estómago a prueba de bombas.

Necesitaba comprender de dónde viene esa forma de pensar.

Al mismo tiempo, con la cabeza bullendo de información, había estado buscando una parte humana con la cual dotarle de algún refinamiento, de alguna característica que le diera contraste a la crueldad necesaria de la que va a hacer gala el personaje, algo que pudiera conmoverle y que por un momento mostrara su lado más amable y sentimental.

Y, para mi, si hay algo humano que muestra a sensibilidad de cualquier persona, son las artes. La expresión más refinada de nuestro ser, la que más dice de nosotros mismos, la que nos puede hacer sentir y nos puede provocar emociones.

La música era lo ideal.

¿Y qué tipo de música escucharía un militar fascista? Mira, de verdad que a veces me superan estas cosas… pero yo juraría que no a Puccini precisamente.

Una persona con esa fuerza intrínseca, con rango abolengo,con esos valores tan marcados escucharía música culta pero fuerte, una música rotunda; Wagner.

La suma de Wagner y la filosofía fascista, me llevó a Alemania.

Posiblemente, como hijo de su época, mi militar tendría cierta germanofilia. (Los amos del cotarro en aquel momento que tenían a las potencias europeas tan asustaditas que ni se atrevieron a ayudar a la república electa en España y transigieron con las primeras anexiones territoriales de la expansión que Hitler soñaba, en pos de evitar un conflicto que de todas formas acabó estallando)

Y si hay que buscar en el fascismo alemán, en la filosofía alemana de aquel momento, podría haberme hundido en un montón de mierda, con perdón de la expresión y haberme quedado en la forma sin llegar al fondo.

Una ideología tan brutal, inhumana y cruel como el fascismo, el nacionalsocialismo, para mi tiene la base en la falta de cultura de las personas que la ostentaban, en los prejuicios y en los rencores históricos. Eso ya es una marca a seguir.

Pero, ¿cómo puedo llamar “incultos” a personas que han escrito libros, que han montado todo un movimiento social alrededor de una idea o que, yendo más allá, han sido creadores de toda una filosofía que llegó a tener y sigue teniendo miles de adeptos en el mundo? Esas personas se formaron en universidades, tenían sus títulos académicos, pertenecían de nacimiento a círculos de poder y círculos de pensamiento, por tanto incultos no eran, pero sí hacen gala de unas premisas políticas populistas que son las que, aquellas personas con menos nivel cultural, siguieron y siguen.

Por tanto hay un fondo que buscar.

Recapitulando: tenemos a Alemania, tenemos una filosofía fascista y un militar español.

Necesitamos enlazar todo eso de alguna forma para que el resultado sea armonioso y el personaje tenga una psique, una ideología y que esta pueda tener coherencia con sus actos.

Me fui a dos grandes pensadores alemanes; Nietzsche y Schopenhauer.

De verdad que lo mío es vicio.

La filosofía de ambos es completamente contraria a cualquier fascismo. Hay que ser muy retorcido para creer que el súper hombre que menciona Nietzsche signifique la supremacía de la raza aria, pero así fue. Además era ateo y culpaba a la religión de muchos de los males que asolan al hombre (adoro a Nietzsche) y yo lo que necesitaba era una filosofía dentro del fascismo que casara con el catolicismo español imperante en el bando nacional.

Descubro que Nietzsche es de los filósofos más mal interpretados gracias en parte a su propia hermana, Elizabeth Forster Nietzsche que, antisemita de vocación, manipuló su obra cuando este sufrió un colapso que lo dejo convertido en vegetal durante doce largos años. Quién haya leído sus teorías sobre la eutanasia no podrá menos que notar la broma del destino.

La idea reprobable de Nietzsche sobre las clases sociales y la primacía de la clase aristocrática sin embargo me va a venir muy bien.

Todas esas pesquisas me llevan a un tal Alfred Beaumuler, filosofo alemán fascista que publicó un libro titulado Nietzsche, el filosofo y político y que manipuló a su gusto algunas teorías para adaptarlas a la filosofía nazi que por lo visto era necesaria. Obviamente no pienso leerme ese libro, pero los datos me llevan a ese fondo que yo buscaba, a esa filosofía de vida interior que necesita un malo muy malo para no ser un personaje plano y poseer, sino alma, al menos un cerebro que justifique sus actos.

Lo siguiente era unir todo eso con la religión católica , y sabemos que el fascismo era ateo…

Para unirlo lo que he hecho es separarlo.

He separado Dios de religión. Espiritualidad de Iglesia.

Si tenemos en cuenta que el fascismo español, basado muchas veces en el catolicismo tradicional se apoya  en dogmas y leyes dictadas más por la iglesia que por la propia biblia, si tenemos en cuenta de que todo nace de una filosofía judeo-cristiana que ha imperado durante miles de años en el sentimiento y pensamiento sobre la culpa, el pecado, el bien y el mal o en los juicios finales, al separar ambas cosas, si la mente de mi personaje separa ambas cosas, obtenemos a un militar que cree en Dios pero que repele la imagen del sacerdote como modelo político y su influencia en las leyes civiles del momento, que a su parecer han de ser dictadas por poderes terrenales y no divinos.

Et voilá! Ahí tenemos a mi malo malísimo.

Un personaje refinado, culto, que lee libros filosóficos, que escucha a Wagner, que cree de forma íntima en todo lo que hace porque para él no es hacer o no hacer, sino vivir o no vivir de la forma adecuada. Sus actos van a tener una justificación porque ya sé como piensa, sus maldades van a tener una veta de bondad porque creerá estar haciendo lo correcto y lo moralmente necesario aun cuando esto sea reprobable. Un personaje que tratará de destruir todo aquello que él crea necesario destruir en pos de una sociedad correcta  y tradicional.

Y ahora viene lo más difícil; escribir.

Deseadme suerte.

 

Crítica a “Las sufragistas”, de Nina Peña

La primera reseña de LAS SUFRAGISTAS, no podía ser de otra persona más que de Miriam. Gracias Miriam, tomo nota de todo lo que me dices para mejorarla en el futuro, de cara a otra edición en formato tradicional. Saber nuestros errores, esos que no vemos porque estamos muy metidas en la narración,  es siempre una gran ayuda no solo para el libro que nos ocupa sino para seguir mejorando. Y gracias también por tus palabras, y sí, disfruté como una enana escribiendo sobre el feminismo más real y más de base, ese feminismo que ahora parece desvirtuado. Un beso y de nuevo gracias.

 

 

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A Librería

Título: Las sufragistas
Autor: Nina Peña Pitarch
Género: Biografía – Histórica
Fecha de su composición: 2016
Edición: Digital
Editorial: Autopublicado
Número de páginas: 684 páginas

Lo cierto es que lo que a mí me resulta sarcástico es ver cómo mujeres de una posición social elevada se inflaman en discursos épicos sobre sufragios y sobre los derechos de la mujer pero no hacen nada por mejorar las condiciones de trabajo de sus compañeras de sexo. ¿Sabe usted que en este país las mujeres cobran mucho menos que los hombres por realizar exactamente la misma labor?

Nina Peña me ofreció leer y reseñar alguna de sus obras. Y, dado que no puedo rechazar la oportunidad de sumergirme en una novela histórica con aires feministas, el título elegido es el que ocupa esta crítica. Con la presión que siempre es leer y hablar de una amiga, a ello voy.

La protagonista

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Un reto.

nina peña - libros - escribir

Sin duda escribir sobre algo que no conoces en profundidad o sobre épocas que no has vivido y sobre las que tienes que documentarte hasta que llegas a soñar con ellas es un reto.

Y es un reto al que me estoy enfrentando en estos momentos.

No solo he salido de mi zona de confort al escribir con personajes masculinos que tienen un peso específico en la trama sino que además, he de ponerme en la piel de ellos para tratar de explicar una filosofía, un carácter y una ideología política que es completamente contraria a la mía.

Hay cientos de ensayos, documentales, testimonios y libros que hablan de ello, y me he leído y visto bastantes porque de una forma u otra todos me van a ayudar a sumergirme en esa coyuntura, pero tratar de meterme en una piel, en unos sentimientos o tratar de interiorizar en pensamientos toda esa carga política que, además, transforma por completo el modo de vida de las personas que siguen su filosofía, es un arduo trabajo no de imaginación sino de una empatía que no sé si voy a lograr.

Un reto. Salir de mi zona confortable y hablar de cosas que no son ni cómodas ni agradables, pero sí son necesarias para el argumento de mi libro y que por tanto voy a tener que enfrentar.

Es algo que va mucho más allá de describir un físico o una imagen aunque estas sean también necesarias. Es toda una forma de moverse, de mirar, de hablar, de ser, de estar en los lugares lo que han de marcar esa personalidad y ese carácter que además tiene que ir en consonancia con su forma de entender la vida, con las reglas por las cuales se rige su comportamiento.

Y… ¿Cómo lo hago si ese tipo de persona me produce repulsión? ¿Cómo describo a un personaje de forma que sea coherente y no quede patente mi opinión personal al respecto de su ideología y de sus prácticas? ¿Cómo me mantengo al margen de los hechos para simplemente relatarlos, contarlos?

Es un reto del que no sé como voy a salir…ya me lo diréis cuando leáis el libro…que a este paso será dentro de mucho tiempo. (Ains)

 

Judith Butler y la filosofía Queer.

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Judith Butler es una filósofa post-estructuralista que actualmente ocupa la cátedra Maxine Elliot de Retórica, Literatura comparada y Estudios de la mujer, en la Universidad de California, Berkeley, tras haber sido profesora en la Universidad de Wesleyan de Ohio y Johns Hopkins.

Esta teórica ha realizado importantes aportaciones en el campo del feminismo, la Teoría Queer, la filosofía política y la ética.

Es autora de dos de los libros más influyentes del s.XX “El Género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad” (1990) y “ Cuerpos que importan. El límite discursivo del sexo” (1993). Traducida a 20 idiomas, ambos libros describen lo que hoy se conoce como Teoría Queer y son básicos en el pensamiento moderno y las nuevas teorías sobre género y sexualidad.

En estos libros Butler pone en tela de juicio la idea de que el sexo es algo natural mientras que el género se construye socialmente más allá de una anatomía. Así como el sexo nunca se cuestiona puesto que todos nacemos con unos atributos sexuales definidos (sistema binario hombre –mujer) el género es un concepto subjetivo que se da dentro de un sistema social ya marcado con unas pautas y normas y que por tanto está siempre en creación o construcción continua, y al tener que ser aceptado por el resto de sociedad, en disputa.

Este pensamiento obliga a replantearse la perspectiva feminista y sus teorías y así entender que las mujeres es más que un colectivo físico adquiriendo un significado político.

Esta teoría será abrazada entonces por colectivos denominados como “minorías” y que son discriminados por la norma social binaria suponiendo un gran empuje al denominado Movimiento Queer.

El género, por tanto, esta siempre expresándose, mostrándose y construyéndose en un contexto social en el que puede aceptar o transgredir las normas impuestas y hacer legible a la persona socialmente. Es una negociación constante con esa normativa o bien una transgresión de esas leyes aceptadas y consideradas como políticamente correctas.

Estos ideales o normas o leyes sociales de masculinidad y feminidad han sido configurados desde la heterosexualidad. Se parte de una idea en que la identificación con un género se opone y excluye el deseo hacia ése mismo género y por tanto implica que debe orientarse hacia el sexo contrario. Idea a mi parecer un tanto religiosa en la que el sexo entre personas está encaminado exclusivamente hacia la procreación y en ningún caso hacia el crecimiento personal, relaciones afectivas o simplemente búsqueda del placer.

Desde el punto de vista de Butler, deseo e identificación no tienen porque ser excluyentes mutuamente ni existe ninguna razón por la cual una persona deba orientar su deseo hacia un género u otro completa y totalmente.

Para la filósofa, no hay encarnaciones de feminidad o masculinidad que sean más auténticas unas que otras, puesto que todas parten de la subjetividad del individuo. Lo que sí existe es una continua negociación de los ideales de acuerdo a una normativa social que los vuelve “respetables” de acuerdo a un imaginario social plenamente aceptado que continua siendo mayoritariamente heterocéntrico.

Conocer las teorías de Judith Butler me ha ayudado muchísimo a la hora de amueblar la mente de cara a escribir mi libro, puesto que me he planteado cuestiones que nunca antes me había planteado, como puedan ser la construcción y asunción del género, la identidad o el concepto “mujer”.

La protagonista asume su identidad, construye su género a través de unas vivencias que le abren la mente y le obligan a aceptarse, rehacerse a sí misma en un proceso que dura varios años y en el que mantiene una relación bisexual que está en constante tela de juicio por ser algo que transgrede esas leyes aceptadas socialmente, así como en una lucha constante de poder entre ella y su pareja masculina.

Judith

Judith Butler entrevistada por Milagros Belgrano Rawson

La invención de la palabra

¿Cómo ve el devenir de la potencia de lo que usted llamó la “matriz heterosexual” en las últimas cinco décadas? ¿Qué cambios han ocurrido y a qué cree que se deben?

–Pienso que tenemos que asumir que “la matriz heterosexual” es una manera de intentar describir las cambiantes operaciones de la heterosexualidad hegemónica y obligatoria, y que esta “matriz” no tiene una única formulación. A veces, una construcción teórica como “matriz heterosexual” actúa como punto de partida para un análisis pero no es en sí misma descriptiva. Podríamos hablar sobre cambios producidos en las últimas cinco décadas dentro de ciertos contextos geopolíticos y seguramente notaremos que hay más espacio para otros modos de la sexualidad –gay, lesbiana, bisexual–, pero también tendríamos que advertir los nuevos métodos de normalización que emergieron en las mismas décadas. Lo que podría ser importante de considerar es la manera en que la separación entre reproducción y sexualidad es evidente para gente de cualquier orientación sexual. Aunque también habría que recordar que el funcionamiento de la matriz heterosexual no sólo impone heterosexualidad sino que también controla los términos del género. Por lo tanto, es importante también hacer un seguimiento de cómo los modos de presentación de las cuestiones de género ya no están vinculadas con la orientación sexual de manera clara o previsible. Hay, por supuesto, lugares en el globo donde es más difícil seguir el “progreso”, así que probablemente necesitemos desarrollar un mapa dinámico y complejo para ensayar y pensar más cuidadosamente cuándo y dónde opera la matriz heterosexual.

¿Cómo imagina un futuro donde la norma binaria se haya diluido?

–No es necesario imaginarse un futuro en este sentido porque la impugnación del sistema binario de géneros ya ha sucedido. De alguna manera, ha sucedido. El desafío es encontrar un mejor vocabulario para las maneras de vivir el género y la sexualidad que no encaje tan fácilmente en la norma binaria. De esta manera, el futuro está en el pasado y en el presente, pero necesitamos producir la palabra en la que la complejidad existente pueda ser reconocida y en donde el miedo a la marginación, patologización y la violencia sea radicalmente eliminado. Tal vez nuestra lucha sea menos para producir nuevas formulaciones del género que para construir un mundo en el que la gente pueda vivir y respirar dentro de la sexualidad y el género que ya viven.

¿Qué consecuencias políticas traen aparejadas estas nuevas perspectivas?

–Algunas son claras: la oposición en la calle a la violencia médica y policial contra la gente transgénero, la conformación de nuevas alianzas entre feministas, lesbianas, gays y bisexuales, queer, genderqueer, transgéneros, intersex; la despatoligización de la homosexualidad y la transexualidad dentro de los manuales y prácticas médicas, la producción de espacios culturales donde a través del arte es posible explorar las luchas y los placeres de estas vidas particulares, el desarrollo de formas de activismo basadas menos en una identidad estricta que en una forma de afiliación donde la diferencia tenga más valor que la superación de ésta.

¿Es posible adaptar su trabajo teórico, sobre todo el vinculado con los temas de género, a la vida cotidiana?

–Hay varias formas de responder esa pregunta. Mi primera respuesta es decir que el trabajo y el amor están relacionados, y con eso quiero decir que amo mi trabajo y que mi trabajo proviene en parte de reflexiones sobre las condiciones del amor. Pero más que eso, creo que el género tiene mucho que ver con las relaciones que mantenemos en la vida. No siempre es el aspecto más importante de toda relación, pero el género es una forma de relacionarse. Pienso que la gente, en todo el mundo, está confundida con el género, incluso cuando lo están disfrutando, así que miran los recursos culturales que tienen a su disposición para que estas cuestiones tengan sentido. La teoría académica es sólo un recurso entre otros.

Pero dado que usted teoriza sobre el amor, la sexualidad, el deseo y el género, ¿hay alguna forma de aplicar algunos de sus postulados?

–No pienso que la teoría deba ser aplicada. No se trata de un conjunto de prescripciones abstractas aplicables a la vida práctica. La teoría no te dice cómo hacer las cosas, pero abre posibilidades. En un mundo que constantemente cierra posibilidades, es importante abrirlas. Una vez, Nancy Fraser (filósofa feminista norteamericana) me preguntó cómo se podía distinguir entre las posibilidades que había que valorar y las que no. Ella quería una forma de medir normas. Pero yo creo que se trata de maximizar las posibilidades de vivir la vida, aunque ésta sea precaria. De todos modos, cuando la gente toma una teoría y luego hace su propio análisis sobre una práctica social determinada –algo que yo no podría hacer– es algo maravilloso. Porque esa teoría sale del contexto en el que fue creada y entra en otro y se convierte en algo diferente. Para mí, la teoría es un gesto insuficiente. Hay que retomarla en distintos contextos para que se convierta en algo diferente. Y recién cuando esto ocurre la teoría es exitosa.

¿Y entonces es posible dejar una marca en el mundo?

–Cuando estaba en la facultad, yo formaba parte de un emergente movimiento gay y lésbico (por entonces no existía lo “queer”) y era una feminista comprometida. Lo que no entendía era cómo iba a poder juntar todos estos mundos diferentes. Parecían separados y que habría riesgos si intentaba unirlos. Pero, de a poco, de alguna forma se unieron, y yo me encontré en una posición afortunada. No estoy segura de que, como persona, yo pueda hacer una diferencia. Pero formo parte de un movimiento de pensamiento más grande que ha hecho y hace una diferencia.

Usted apoyó a Obama antes de su elección. Hasta ahora, ¿está satisfecha con sus primeros meses en el gobierno?

–Es verdad que voté a Obama en las primarias demócratas y en la elección final, pero tenía algunas dudas sobre sus posiciones. Es un demócrata centrista y es importante saber que la “izquierda” consiste en movimientos sociales radicales que no siempre están bien representados por Obama o sus funcionarios. Mi esperanza es que surja una práctica de la crítica en la izquierda. Por supuesto que estamos aliviados ahora que Bush se fue y que Obama está en el poder. Pero hay que recordar que Obama nunca apoyó el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo y que tenía el poder para influenciar en la votación de California que anuló el matrimonio gay. Pero, por razones tácticas, eligió no hacer nada. Y estuvo dolorosamente callado durante el ataque a Gaza, incluso cuando debería ser claro para él que los judíos progresistas ahora están preparados para criticar la violencia del Estado israelí. También eligió en su gabinete a gente que es muy conocida por su misoginia y racismo, como Lawrence Summers (N. de la R: profesor en Harvard y director del Consejo Nacional Económico). Así que veamos cuán lejos está dispuesto a ir con respecto a las decisiones más difíciles. Debo decir que luego de sus primeros tres meses en el gobierno estoy más contenta de lo que había pensado. Cuando fue electo, me preocupaba que tanta gente estuviera enamorada de él y lo idealizara y que luego se decepcionara por completo o que “disculpara” sus numerosos compromisos con fuerzas más conservadoras. Pero creo que Obama hizo un buen trabajo al asegurarse de que la gente no lo viera como un Mesías. Ofrece esperanza, pero no redención, lo que para mí es un alivio. Ya veremos qué posición tomará su gobierno en cuanto al aborto. En mi opinión, ésta es una pregunta abierta.

¿Le resulta llamativo que en este momento se discuta en distintos lugares del mundo –con el apoyo de múltiples personalidades públicas– la legalización del matrimonio gay y que el aborto, a su vez, siga siendo un tema tabú o defendido sólo por grupos de mujeres militantes?

–Es importante considerar cómo el movimiento “pro-matrimonio” ha limpiado las relaciones homosexuales y neutralizando el radicalismo sexual. Ahora gira alrededor de imágenes de monogamia y propiedad. Y, sin embargo, la práctica del aborto es muchas veces presentada como una opción socialmente condenable o estigmatizada por la pérdida de status de clase. Así que me parece que necesitamos repensar el feminismo y los movimientos sexuales radicales para tomar en cuenta formas de filiación que no son conyugales y que no siempre se basan en derechos de propiedad. Y también habría que volver a aliar al movimiento gay y lésbico (y a los bisexuales) con el feminismo y la crítica de la opresión de clase. Mi temor es que en los Estados Unidos estemos aceptando los términos de la democracia liberal participativa en el sentido amplio del compromiso político. Por supuesto, quiero esa democracia, pero quiero que sigamos preguntándonos qué es lo que la democracia radical nos pide ahora.

¿Cómo ingresa el concepto de familia en esta historia? ¿Cree que se ha modificado?

–Creo que tenemos que distinguir “familia” de “parentesco”, pensando parentesco como ese grupo de personas de las que dependemos y que dependen de nosotros, una comunidad que participa de las mayores celebraciones y pérdidas de nuestras vidas. Creo que es un error restringir la idea de parentesco a la familia nuclear. Creo que todos necesitamos producir y sostener este tipo de comunidades. Demasiado peso emocional se deposita sobre la familia y la pareja, y encima estas instituciones deben abrirse a mundos más amplios. No es necesario estar unidos por la sangre o por el matrimonio para convertirse en esenciales unos para los otros. No solamente tenemos que imaginarnos más allá de estas maneras de relacionarnos sino también cómo podríamos vivir en ellas.

 

 

Libros

  • ‘’Sujetos de deseo: Reflexiones Hegelianas en la Francia del siglo XX”(1987)
  • ‘’El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad”(1990)
  • ‘’Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del sexo” (1993)
  • ‘’Lenguaje poder e identidad” (1977)
  • ‘’Mecanismos psíquicos del poder: teorías sobre la sujeción” (1997)
  • ‘’El grito de Antígona” (2000)

.         Artículos

  • ‘’El marxismo y lo meramente cultural”
  • ‘Variaciones sobre sexo y género”
  • 2012: ‘’Afirmo un judaísmo no asociado a la violencia del Estado”
  • 2011: La alianza de los cuerpos y las políticas de la calle”
  • 2011: ‘’ Informe Amicus Curiae’’
  • 2009: ‘’Performatividad, precariedad y políticas sexuales’’
  • 2008: Euforia acrítica”
  • 2006: Relaciones género”
  • 2003: Violencia, luto y política’’
  • 1998: Merely Cultural’’
  • 1995: ‘’Los usos de igualdad’’
  • 1988: Actos performativos y constitución del género: un ensayo en fenomenología y la teoría feminista

 

 

No todo cabe en un libro.

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En ocasiones, la vida te inspira de la forma más inoportuna.

Una foto ajada por el tiempo, una historia que alguien de repente te recuerda, una persona que hacía años que no veías, un aroma, una lluvia a tiempo, un viento…

La vida escribe libros enteros en el devenir de las personas que somos simples personajes en una historia de la que no siempre conocemos su final.

En una misma historia, si seguimos el hilo conductor de las personas que entran y salen, hay mil historias más, mil vivencias, mil vidas que, como en la técnica de matrioscas, podríamos ir contando hasta el infinito.

Hay historias que se niegan a ser contadas, es cierto, otras que nos lo ponen difícil porque hay que hacer ejercicios mentales y espirituales antes de comenzar a contar aquello que en un principio parecía tan fácil, las hay que simplemente no caben en un libro por más páginas que este tenga.

La vida es una tragicomedia con tintes rosa o negros, con finales inesperados, con villanos y héroes anónimos, con finales felices, tristes, abiertos, fabulosos o inesperados, con capítulos gloriosos o miserables, con portadas más o menos decentes y sinopsis crueles que nunca cuentan todas las verdades.

La vida es literatura en estado puro, pero hay que saber contarla, tal como hay que saber vivirla, que es lo complicado.