Alice Guy, la primera cineasta de la historia

En primer lugar quiero hablaros de un blog recién descubierto para mí, pero que ya tiene una larga andadura y muy buenos artículos en su haber, se trata de Mamitech, un blog especializado en mujeres y tecnología, dedicado especialmente a madres, y que todos los meses dedica un espacio a los logros científicos o tecnológicos de una mujer, dirigido por Ángela S. Aragón y perteneciente a la empresa blogs family de Maria José Cayuela,

Ella me ha dado permiso para que pueda compartir este artículo sobre Alice Guy, la primera mujer cineasta de la historia.

Os dejo un enlace para que podáis leer el contenido íntegro y leer más artículos, todos tan interesantes como este.

http://mamitech.com/mujeres-y-cine-alice-guy-la-primera-cineasta-de-la-historia/

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Alice nació en Francia en 1873, pero vivió también en Chile y Suiza. Sus padres eran editores, y no tenían miedo a viajar por el mundo. Así, los libros y la ficción era parte esencial de su entorno, tan natural como comer, beber, hablar o abrazar. Con todo ese bagaje en las entrañas, hizo un curso de secretariado que la llevó a la Compañía General de Fotografía.
Su jefe, Léon Gaumont, le pidió que lo acompañase a una de las proyecciones privadas que los Lumière organizaban. Estos querían que las personalidades más influyentes supieran lo que era capaz de hacer su cinematógrafo: inmortalizar la vida real.

Como diríamos hoy, el evento fue todo un éxito. Gaumont se quedó estupefacto ante la máquina, peo la reacción de Alice Guy fue diferente. Esta se dio cuenta de que el aparato podía convertirse en algo mucho más importante. Lo vio al instante: gracias al cinematógrafo, podrían contarse un sinfín de historias de ficción.

No dudó en hablar de sus conclusiones. La misma noche y en el mismo recinto, se lo contó a su jefe. Incluso, y lo que es más importante, le pidió que se hiciera con uno para que ella pudiera demostrarle el potencial de la máquina. Tras la insistencia de Alice Guy, Gaumont aceptó, a condición de que aquella intuición no la distrajera de su palabra.
Alice Guy: de secretaria a cineasta
Tan insistente fue con su jefe como con el compromiso adquirido.

Tardo todo un año, pero lo consiguió. Alice Guy fue la primera cineasta de la historia, gracias a El hada de los repollos. Una película de un minuto, donde se recreaba la creencia tradicional francesa, en la que se explica el origen de los niños y las niñas. Según esta, los niños salen de los repollos y las niñas de las rosas.
La experiencia le pareció tan apasionantes que no se quedó aquí, sino que se dedicó de lleno a la creación cinematográfica. Tanto es así que se habla de que filmó alrededor de mil obras, aunque el porcentaje que ha llegado a nosotros es muy pequeño, pero ¿creéis que se conformó con la modesta historia de un minuto?
Aquello no había hecho más que empezar. Experimentó con la toda la tecnología que iba saliendo, para hacer trucos que mejoraran sus películas y sus montajes. Todo ello llegó a su máximo esplendor con La vida de Cristo, ya en 1906. Este filme contó con un gran plantel de actores, incluyendo extras, pero, además, supo crear expectación sobre la misma. Convocó a los principales medios de comunicación, y convirtió la proyección en todo un acontecimiento. Así, no solo se fue la primera persona que supo crear ficciones. También fue la iniciadora de una industria.
De hecho, su éxito la llevó a mudarse a EEUU, junto con su marido, Herbert Blanché. Allí, fundaron Solax, una de las productoras más importantes de la época. Los dos hacían sus propias películas. Pero el carácter innovador de Guy seguía brillando, como demuestra que fuera la primera en incluir protagonistas negros en las cintas.
Lamentablemente, su carrera se frenó con su divorcio. Sin estar ligada ya un hombre, la confianza en la empresa se desplomó y, por tanto, sus ingresos.

Los proyectos se iban cayendo y su nombre comenzó a perderse, hasta que prácticamente se olvidó.

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Cine y libros: ¿La realidad supera la ficción?

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En unos días se estrena una película esperada por mi (la hace mi actor favorito) y como muchas de las pelis que se hacen últimamente, esta basada en un libro, Brain on fire, de Susannah Cahalan, en la que cuenta una experiencia real y biográfica.

Sin querer me ha venido a la mente otra película que quiero ver de las muchas que, previo a los Oscars, se están estrenando en España, Figuras ocultas.

Y con ambas cosas he caído en la cuenta de que hoy, para ver una buena película, tienes que caer sin duda en adaptaciones cinematográficas de libros o de vidas reales.

Frente a los blokbusters, los Marvel,  el sin fin de películas fantásticas que acaparan la cartelera y la falta de originalidad de los guionistas, la realidad, en ocasiones, supera la ficción y hace que podamos conocer historias reales que de otra forma pasarían inadvertidas.

Los libros, por otra parte, aunque sean de temas fantásticos o no sean biográficos, son una gran baza con la que también pueden jugar. Adaptaciones como El hobbit, El señor de los anillos, por hablar de género fantástico actual, o las clásicas adaptaciones de libros como El color púrpura, Memorias de África, La historia interminable, La lista de Schindler… la lista sería demasiado larga… me hace pensar también en que pese a los esfuerzos por lograr taquillas abultadas y grandes beneficios, hay gente de la industria que se moja y que quiere comunicar algo además de contribuir al séptimo arte haciendo auténticas bellezas.

Hace poco me dijeron que tanto en el cine como en los libros está todo contado, que los argumentos son los mismos y que lo único que cambia es la forma de contarlo.

Pero mi pensamiento va un poquito más allá.

¿La forma de contarlo va en función de aquello que en el fondo queremos contar o simplemente lo contamos de otra forma para hacerlo un mejor producto de consumo?

Cuando se escribe un libro o se hace una película queremos tener lectores y espectadores, pero ¿a qué precio? Al precio de ¿voy a hacer lo que está funcionando y así seguro que acierto o voy a contar lo que de verdad quiero contar y confío en mi buen hacer?

¿Me dan igual las malas criticas con tal de vender? ¿Puedo hacer una película cargada de estereotipos, sin mensaje, que no cuenta nada, puedo escribir un libro en el que cuente más de lo mismo que es lo que la gente demanda y con ello me doy por satisfecha?

¿Se puede seguir protestando, haciendo criticas a la sociedad actual, reflejar la realidad, sacudir conciencias, mostrar ideales,  contar bellas historias y ser superventas, best seller o un taquillazo?

No esperéis que yo conteste a mis propias preguntas. Si tuviera esas respuestas no tendría por qué formularlas…lo malo es que como autora esas preguntas me acosan siempre, porque aunque quiero vender libros y quiero que la gente los lea, intento contar aquello que para mi es importante y que puede que no lo sea para nadie más.

El cine y la literatura ya es industria, como casi todas las expresiones culturales contemporáneas, con lo cual, ¿Se puede hacer arte e industria a la vez?

Dudas existenciales de autora novata posiblemente.

Yo me sigo quedando, pese a lo lúdico que es fundamental y también me gusta, con todo aquello que me haga pensar, que me traiga una reflexión, que me aporte belleza y que me emocione… y si es todo a la vez mucho mejor.

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La La Land o la nostalgia hecha cine.

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Hacía mucho, muchísimo tiempo, que tras ver una película en el cine, se me quedaba esa grandiosa sensación de no poder dejar de pensar en ella. Esa dulce sensación de dormirme arropada por las imágenes y por la historia… y en este caso también por la música.

Anoche fui al cine. Una sana costumbre que tengo de vez en cuando, sobre todo cuando está recién ingresada la nómina y puedo deshacerme de unos cuantos euros que cubran toda la parafernalia de los que somos amantes del cine. Ir al cine en familia es lo que tiene… que suele salir caro.

Ante nosotros la cartelera, con un montón de películas. Nuestro propósito era ver Asassins Creed en 3D, pero a veces los planetas se alinean, hay constelaciones que te favorecen y quiso el destino que el 3D solo estuviera la semana del estreno, así que ante la expectativa de ver una película de videojuegos más, por mucho que me tentara Fassbender, mis ojos se fueron directamente a La La Land.

Críticas excelentes, 7 Globos de Oro y records de audiencia la avalaban. Además es un musical… con eso ya me tienen en el bolsillo, lo reconozco.

La primera pieza musical, esa preciosa canción con baile sobre los coches en un atasco monumental ya me preparó para lo que iba a venir. Recuerdo que pensé que retrataba muy bien la multiculturalidad imperante en USA, incluida la bailarina de flamenco.

Pero lo bueno estaba por venir…

El guion, chico que quiere ser músico de Jazz y chica que quiere ser actriz, parece el más manido de la historia, pero a medida que avanza la película te das cuenta de que eso no es lo que se pretende contar, ni mucho menos.

La escena en que Ryan Gosling le habla a Emma Stone de cómo se ha de vivir el Jazz me puso los pelos como escarpias. No hay que oírlo ni escucharlo… hay que sentirlo. Pura pasión.

La escena en que el compañero de orquesta le habla de cómo tiene que evolucionar el Jazz para llegar a las nuevas generaciones es apabullante.

La letra de la canción de Emma Stone, Audiction, es realmente un canto al romanticismo de todos aquellos que perseguimos nuestros sueños, y sí, me humedeció los ojos.

La La Land podría parecer una historia de amor más, pero no lo es.

Es una historia sobre los sueños, sobre el esfuerzo, sobre cómo ha cambiado el mundo en el que los valores ya no son los mismos que antes. Me viene a la cabeza aquello de la sociedad líquida en la que se habla de cuanto nos cuesta comprometernos, en la que se echa de menos algo en lo que creer y por lo que luchar, ideales que nos ayuden a crecer como personas y como sociedad.

Es una historia que destila nostalgia de otros tiempos, de otro cine, de otra música. Que habla de que los sueños se pueden llegar a cumplir siempre que nos esforcemos y seamos constantes. Habla de algo tan complicado como compatibilizar los sueños con la vida real, dejar que aquello que quieres ser no te impida vivir el momento en que ya estás siendo.

El musical, con una preciosa banda sonora llena guiños al más puro musical de siempre y al Jazz, recuerda momentos y lugares clásicos de Hollywwod. El planetario de Rebelde sin causa donde tiene lugar un precioso baile en las estrellas, es la excusa perfecta para mostrarnos no solo ese regusto por el cine clásico contemporáneo, sino para darnos a entender que, (esto lo entenderéis cuando veáis la peli) las salas de cine Rialto de todo el mundo, las que hacían pases de ese tipo de cine han cerrado y se han convertido en algo del pasado. Y también los lugares con el sabor de los clubes de música en directo, esos clubes que ya han pasado a mejor vida y en los que ahora o bien hay un karaoke o se sirven tapas o se escucha reggaetón.

Es un lamento a aquel sabor, a aquellos momentos, a las matinés, a poder ver un día cualquiera una bella y gran película. Es un lamento del cine y de la música, del arte, de la profundidad del arte. Un canto de cisne. Un canto a los años  dorados de Hollywood y a la música.

Un canto a la nostalgia.

Hace muchos años, en concreto el 29 de Noviembre de 1981, el mismo día que murió Natalie Wood, cuando en las noticias anunciaron su muerte, mi padre, como homenaje, nos llevó al cine Rialto de Castellón en donde había, casualmente, un pase nocturno de West Side Story.

Ahora ya no hay cines Rialto donde ver películas que se estrenaron veinte años atrás, y menos aún musicales. Esta película es un homenaje a todo aquello que hemos ido perdiendo.

Así que.. con nostalgia, brindemos por los rebeldes, por los pintores, por los poetas,  por los locos que tienen un sueño…aunque, como diría John Steinbeck, “LAS FRESAS NUNCA TENDRÁN EL SABOR DE ANTAÑO”

 

 

 

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