Archivo de la etiqueta: cuentos

El cuento de la criada; curiosidades en las que tal vez no has caído.

 

nina peña- el cuento de la criada- serie - mujeres

Lleva ya más de un año siendo la serie de la que todos hablan y que todos ven. Aclamada por critica y público El cuento de la criada se ha convertido en un icono de la lucha feminista y el libro, publicado en los años 80, es ya un Best Seller.

Aquí te explico detalles, curiosidades y cositas en las que tal vez no has caído.

  1. La serie ha ganado ocho premios Emmy, dos Globos de Oro, fue nominada a un BAFTA Award y logró poner de acuerdo a público y critica nombrándola Mejor Serie del año 2017. Su segunda parte, estrenada este mismo año, lleva camino de hacer casi lo mismo.
  2. La directora de la serie, Reed Morano, se ha convertido en la 1ª mujer en ganar un Emmy como mejor dirección en veintidós años de historia.
  3. Durante el rodaje las criadas no veían nada debido al tocado característico que llevaban. Se tenían que guiar por la voz de sus compañeros de rodaje para poder orientarse en el set.
  4. La ambientación esta rodada en distintos tonos de azul y verde para aportar  sensación de frialdad a la fotografía y que el espectador pueda introducirse  en un ambiente opresor y lúgubre como es Gilead.
  5. La escritora, Margaret Atwood realizó un cameo en el episodio piloto. Esla mujer que abofetea a June cuando esta se niega a culpar a un personaje de haber sido violada. (Sí, has leído bien).nina peña- el cuento de la criada- serie - mujeres
  6. Margaret Atwood se inspiró para el libro en la América puritana del s.XVII, en la Rumanía de Ceaucescu donde el parto era obligatorio y en el retroceso del movimiento feminista en los años 80, momento en que fue publicado el libro.
  7. Su titulo original era Offred. La autora cambió el titulo del libro en honor a Los cuentos de Canterbury  y en homenaje a los cuentos de hadas.
  8. Atwood no considera que su novela sea una distopia o un libro de ficción: todo lo que ha escrito estaba sucediendo o sigue sucediendo ya de una forma u otra.
  9. El cuento de la criada se ha traducido a más de cuarenta idiomas.
  10. Todas las abusivas leyes por las que se rige Gilead existen de verdad (y por desgracia) en diversos países del mundo.
  11. Los pensamientos en voz alta de Deffred, tanto en el libro como en la serie son reflexiones que obligan al espectador y al lector a plantearse teas sociales o filosóficos. Por ejemplo, en el primer capitulo Deffred dice “Estaba dormida. Así sucedió todo” y eso nos hace pensar en el retroceso que sufrió el feminismo en los años 80, (tal vez 70 y principios delos 90 también) momento en que fue publicado el libro.
  12. La imagen de las criadas se ha convertido en un icono de la lucha feminista en USA, donde se pudieron ver mujeres desfilando vestidas de esa forma en la memorable Women March de 2017 en Washington.nina peña- el cuento de la criada- serie - mujeres
  13. Para convencernos de que hasta lo más inverosímil se puede hacer realidad, la escena de la serie donde hay una manifestación de mujeres contra el poder  patriarcal de Gilead fue rodada años antes de que Trump fuera elegido presidente y de la  March en los mismos escenarios. Yo ahí lo dejo… pero empieza a acojonar.
  14. En el libro, al contrario que en la serie, no se desvela el nombre verdadero de Deffred. June es uno de los personajes que menciona Atwood en la narración.
  15. En el libro Serena Joy y el comandante son bastante más mayores que la protagonista, pero en la serie creyeron oportuno cambiarles la edad para que aumentara la sensación de rivalidad y competencia éntrelas dos mujeres.
  16. Los nombres de las criadas, a las que se despoja de su verdadera identidad, indican su pertenencia y sumisión al comandante. Deffred/ Offred.
  17. Margaret Atwood es canadiense, pero prefirió ambientar su libro en USA porque su países mucho más tranquilo y menos conservador y es el lugar al que los estadounidenses huyen cuando las cosas se les ponen feas. Era una forma de marcar el exilio y la resistencia de algunos personajes.
  18. Los trajes que llevan en la serie y en el libro las criadas, de rojo, son un homenaje a María Magdalena y al rojo de la sangre menstrual.
  19. Al contrario, los azules que llevan las esposas son un homenaje a la virgen que suele aparecer de azul en muchas obras artísticas y que es considerado por la iglesia símbolo de virginidad y pureza.
  20. Los pasajes de la biblia en la que se basa la nueva sociedad fundamentalista de Gilead son reales y sus frases las puedes encontrar en los libros más antiguos como el Éxodo o el Génesis, de hecho la frase que sirve para esclavizar a las criadas en Gilead y comenzar esta distopía esta en el Genesis 30: 3-5 «Ahí tienes a mi sierva Bala; entra a ella, que para sobre mis rodillas y tenga yo prole por ella». Diole, pues, su sierva por mujer, y Jacob entró a ella. Concibió Bala, y parió a Jacob un hijo.

 

 

Anuncios

El monte de las ánimas. Gustavo A. Becquér.

nina peña - cementerio - halloween - becquer - animas
La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las
campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición
que oí hace poco en Soria.
Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación
es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el
rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.
Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas
veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón,
estremecidos por el aire frío de la noche.
Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

 

I
–Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los
cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos
los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
–¡Tan pronto!
–A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las
nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible.
Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los
difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
–¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
–No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no
hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo
también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa
historia.
Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges
y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a
sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.
Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida
historia:
–Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios,
cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y
religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de
lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en
ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido
defenderla como solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la
ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los
primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para
satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos
determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas
prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía
de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición
se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente
tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue
una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de
cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento
festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de
tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada
en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos,
comenzó a arruinarse.
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar
sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en
jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las
breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las
culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la
nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le
llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que
cierre la noche.
La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban
al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron
al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se
perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.

 

II
Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica
del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando
algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre
conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las
ojivas del salón.
Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y
Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los
caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las
azules pupilas de Beatriz.
Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.
Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos
tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal
papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido
monótono y triste.
–Hermosa prima –exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que
se encontraban–; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas
llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y
patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por
algún galán de tu lejano señorío.
Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se
reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.
–Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido –se
apresuró a añadir el joven–. De un modo o de otro, presiento que no tardaré
en perderte… Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía… ¿Te
acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la
salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi
gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu
oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a
la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar… ¿Lo quieres?
–No sé en el tuyo –contestó la hermosa–, pero en mi país una prenda
recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe
aceptarse un presente de manos de un deudo… que aún puede ir a Roma sin
volver con las manos vacías.
El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un
momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:
–Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos;
hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?
Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la
joya, sin añadir una palabra.
Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada
voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que
hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las
campanas.
Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de
este modo:
–Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el
tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo,
¿no lo harás? –dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como
un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.
–¿Por qué no? –exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como
para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo
bordado de oro… Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:
–¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé
qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?
–Sí.
–Pues… ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un
recuerdo.
–¡Se ha perdido!, ¿y dónde? –preguntó Alonso incorporándose de su
asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.
–No sé…. en el monte acaso.
–¡En el Monte de las Ánimas –murmuró palideciendo y dejándose caer
sobre el sitial–; en el Monte de las Ánimas!
Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:
–Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda
Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar
mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta
diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor,
hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras
que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he
combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y
nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche
volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta
noche… esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas
doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte
comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas
que cubren sus fosas… ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la
sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el
torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin
que se sepa adónde.
Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los
labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono
indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la
leña, arrojando chispas de mil colores:
–¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante
friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de
lobos!
Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso
no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un
resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el
miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó,
dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar
entreteniéndose en revolver el fuego:
–Adiós Beatriz, adiós… Hasta pronto.
–¡Alonso! ¡Alonso! –dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso
o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.
A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope.
La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus
mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía,
que se desvaneció por último.
Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el
aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a
lo lejos.

nina peña - cementerio - halloween - becquer - animas

III
Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto de sonar,
y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos
de una hora pudiera haberlo hecho.
–¡Habrá tenido miedo! –exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y
encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente
murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a
los que ya no existen.
Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de
seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.
Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las
vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos.
Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y
por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.
–Será el viento –dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró
tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas
de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo
prolongado y estridente.
Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban
paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y
grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio
lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo
monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas,
palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se
arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten,
estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se
ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.
Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y
escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la
frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.
Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como
bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en
un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.
–¡Bah! –exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la
almohada de raso azul del lecho–; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres
gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja
de aparecidos?
Y cerrando los ojos intentó dormir…; pero en vano había hecho un esfuerzo
sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más
aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían
rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el
rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a
su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se
acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz
lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la
cabeza y contuvo el aliento.
El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía
con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en
las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras
distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.
Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció
eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los
ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de
terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de
seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de
repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez
mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y
desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a
buscar Alonso.
Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del
primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los
lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil,
crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho,
desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los
miembros, muerta; ¡muerta de horror!

 

IV
Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que
pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al
otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles.
Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de
los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de
la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de
corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y
desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de
horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.

FIN

nina peña - cementerio - halloween - becquer - animas

Ana María Rodas. Un acercamiento a su poesía.

nina peña - poemas - libros - mujeres - ana maria rodas

 

Reseña biográfica

Poeta, cuentista y periodista guatemalteca nacida en Ciudad de Guatemala en 1937. Es una figura destacada del panorama intelectual centroamericano. Inició su carrera poética con la publicación de «Poemas de la izquierda erótica» en 1973, seguida luego de «Cuatro esquinas del juego de una muñeca» en 1975, «El fin de los mitos y los sueños» en 1984 y «La insurrección de Mariana» en 1993. Ha sido distinguida con importantes galardones, entre los que se cuentan: Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” 2000,  Premio Libertad de Prensa 1974, otorgado por  la Asociación de periodistas de Guatemala, Primer Premio en el Certamen de Cuento de Juegos Florales México en 1990 y  Primer Premio de Poesía en el Certamen de Juegos Florales México, Centroamérica y el Caribe en 1990.

 

Emerjo

Emerjo  de las profundidades

Huelo a sangre y a sal Soy el océano que se mueve crujiendo arrastrando deseos  temores visiones entre los dedos

Soy un pantano humeante lleno de sensuales animales viscosos Soy el calor el agua el trueno  esta jungla prehistórica este bosque tropical Me hundo en lo desconocido

No sé  a dónde regreso Al resurgir sólo experimento La certeza triunfal de haber sobrevivido el viaje.

 

 

La luna, siempre

Redonda, hinchada de frotarse contra el cielo rasga mi piel con su delgada luz

Cae sobre mi pelo con la levedad de una sirena que no se hubiera dado cuenta que no posee piernas

Solivianta mi sangre me enciende de locura me regala una piel fosforescente y me convierte aceite hirviendo en fauna (cascos y cuernos y cabello desbocado bajo el lúbrico soplo de lo oscuro)

 

 

Amante nuevo:
quiero explicarte bien que entre tus ojos
y mis ojos
sólo hay deseo.
Que tu piel blanca a veces se oscurece
porque aquél que me marcó sigue aquí dentro.

Que quisiera decir tu nombre y no puedo
porque al abrir la boca yo recuerdo
una cama distinta
otros labios bebiéndose mis pechos

Y cuando lloro
y me prendo a ti con tanta fuerza
no es de alegría, amante.
Es de recuerdo

 

Vivir de la literatura o vivir del cuento.

literatura - libros - nina peña - cuentos

Que este es un país que vive mucho del cuento y poco de la literatura es algo que se puede comprobar muy fácilmente en estos días.

Solo hay que comprobar que en Sant Jordi, un día, dos a lo sumo, se venden el 50% de los libros de todo el año.

Y que vivimos del cuento también es comprobable cualquier otro día del año en el que dejas caer la vista sobre un periódico y te duelen los ojos ante titulares sobre corrupción y sobre frivolidades.

Seamos un poco serios.

Autores que llevan cincuenta años publicando, escribiendo, que son licenciados e incluso que ostentan cátedras sobre literatura en distintas universidades, son echados a un lado ante youtubers que no se han leído un libro entero en su vida pero que tienen un gran poder de convocatoria.

O sea, vivir de la literatura no es lo mismo que vivir del cuento.

Sin que parezca rencoroso por mi parte y tratando de no caer en la demagogia, un país en el que la autora que más vende es Belén Esteban y que los que siguen en la lista sean personajes televisivos, tiene un serio problema.

Que una editorial como Planeta, ofrezca un contrato millonario a un youtuber y no se moleste en buscar nuevos talentos en los cientos de escritores independientes, tiene un serio problema.

Que las grandes editoriales solo te llamen cuando, a base de trabajo impenitente, has logrado vender más de 3.000 libros y que solo sea para quitarte de en medio, tienen un serio problema.

Pero en realidad, sus problemas solo tienen un nombre: dinero.

El problema real lo tenemos los que intentamos escribir bien, los que invertimos tiempo, recursos y dinero propios en correcciones, en ediciones, en ilustradores, los que nos pasamos años estudiando para escribir, los que tratamos de superar nuestras propias limitaciones, los que intentamos mejorar constantemente… para que luego prime la comercialidad en lugar del talento.

Y también lo tienen los lectores ya que van a dejarse un dinerito en libros que seguramente no son lo que están buscando.

Hay un problema real y más importante de fondo que es la mediocridad mental de muchos, el pensar en cifras, el que prime más las ventas que la cultura y sobre todo que esto se institucionalice a través de un sistema de educación en el que se hacen a un lado las asignaturas de humanidades.

Tenemos un grave problema como sociedad, como educadores, como personas interesadas en la cultura, porque vivimos en una época en que solo se le rinde culto al dinero… y eso es un serio inconveniente.

Y por eso, desde este blog, rompo una lanza por las editoriales pequeñas, las que leen tus libros y te aconsejan, las que buscan la calidad y el talento.

Rompo una lanza por los libreros que han hecho hueco en sus estanterías a editoriales modestas y te ponen una mesa para que puedas firmar, puedas presentar tus obras y se involucran en el mundo cultural de su provincia.

Rompo una lanza por los soñadores que seguimos pese a todo escribiendo y tratando de ser leídos sin caer en el verso fácil y la prosa comercial.

Rompo una lanza por los lectores que buscan y rebuscan y apuestan por autores noveles en lugar de Best Sellers de grandes firmas.

Rompo una lanza por los docentes que luchan para que sus asignaturas, esas que hacen pensar y forman un espíritu crítico, no sean apartadas de las carreras y se les reconozca su importancia.

Porque si no hubiera entre todos nosotros una “resistencia” a esta guerra de cifras, entonces sí tendríamos un grave problema; habríamos perdido la esperanza.

 

 

 

Palabras que sanan. Cita.

nina peña palabras que sanan - poesia - terapias alternativas - palabras

Según la teoría catártica de Aristóteles, el valor terapéutico de la poesía reside en su poder de estimular y descargar la fuerza emocional de una manera segura, a través de pasiones como el miedo, la piedad o el fervor religioso, con menos probabilidades de un desequilibrio de la razón.

A través de la poesía, muchas personas han logrado describir sus experiencias y sentimientos de una manera profunda. Consecuentemente, otras personas, al leer esos poemas pueden verse reflejados en ellos o relacionarse con el contendido creando un sentimiento de alivio, según establecen los expertos.

 

 “Una bien seleccionada antología es un dispensario completo de medicina contra los trastornos mentales más comunes, pudiendo emplearse lo mismo para prevenirlos que para curarlos”.

Robert Graves

 

Taller de palabras.

terapia - palabras - grafología - arquetipos - poesia

Os comenté que este libro, Palabras que sanan, era un libro vivo, que seguía expandiéndose y creciendo… bueno, pues os presento una nueva forma de crecer.

He abierto la inscripción a unos talleres donde la palabra es terapia. En ellos pondremos en práctica todas las pautas marcadas en grafología, viajaremos a nuestro lado inconsciente haciendo aflorar esas imágenes que vamos guardando en modo de palabras, y aprenderemos a escribir desde un punto de vista holístico, teniendo en cuenta no solo aquello que somos y queremos expresar, sino también todo cuanto nos rodea, todo cuanto pensamos o sentimos, a estar en armonía con nuestro medio.

De momento las inscripciones estás abiertas en Castellón y Villarreal, pero si estás interesado en venir o en promover un taller solo tienes que escribirme un correo.

 

Palabras que sanan. Un libro vivo

nina peña palabras que sanan - poesia - terapias alternativas - palabras

Con la publicación de Palabras que sanan, culminan unos meses de arduo trabajo de investigación y estudio, pero este no es un libro que haya terminado de escribirse, más bien al contrario, es un libro que va a seguir expandiéndose y creciendo a medida que yo también lo haga.

Mi intención es seguir recopilando datos, estudiando e investigando el mundo de la palabra porque es realmente fascinante el poder que esta tiene.

La comunicación es realmente maravillosa.

La conexión entre personas, el fluir de las ideas, poder compartir emociones y sentimientos, comunicar con una perfecta oratoria, crear vínculos y crecer con todo ello, es algo que, a mi parecer, no está valorado.

Quedan  muchas cosas en el tintero, mucho por contar y por aprender así que este libro nace con la sana intención de seguir creciendo.

Si adquieres el libro en Kindle posiblemente en unos meses recibas alguna actualización porque hay temas en los que quiero profundizar y además hay datos que también quiero aportar, gráficos, terapias…

Por otro lado mi intención es hacer talleres, interactuar con el libro, poner en práctica los ejercicios que os recomiendo y comenzar a escribir con todos vosotros.

Si estáis interesados en promover o participar de estos talleres o jornadas, no dudéis en  poneros en contacto conmigo.

Como veis, el libro acaba de nacer, pero le falta crecer y eso es algo que poco a poco irá haciendo. Y nosotros con él, esa es la mejor parte.