Seneca Falls: la primera convención feminista

Sandra Ferrer Valero

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En un pueblo cercano a Nueva York, en su capilla metodista, un 19 de julio de 1848 se reunieron mujeres y hombres para debatir sobre la situación civil y legal de las primeras. Una reunión que concluyó al día siguiente con una declaración que se convertiría en el primer documento en favor del feminismo en los Estados Unidos de América.

El anuncio

En el periódico local Seneca County Courier se publicaba este anuncio:

cartell.seneca-falls3Convención sobre los derechos de las mujeres. Una conveción para discutir las condiciones legales y los derechos sociales, civiles y religiosos de las mujeres. Tendrá lugar en la Capilla Metodista de Seneca Falls, Nueva York, el miércoles y el jueves 19 y 20 de julio a las 10 de la mañana.

Durante el primer día, el encuentro será exclusivamente para mujeres, a las que se invita cordialmente. El público en general está invitado a la segunda sesión…

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Charlas de feminismo y literatura. Parte I Protofeminismo

Cuando hablamos de feminismo y literatura, lo primero que hay que tener en cuenta es el hecho de que la mujer ha permanecido apartada de la cultura y ha sido invisibilizada socialmente durante siglos, incluso en ciertos momentos históricos, les ha sido negada la educación superior o cualquier tipo de alternativa cultural.

El posicionamiento dentro de la literatura universal de las mujeres es relativamente reciente y obedece a cambios sociales y a la evolución lógica del pensamiento, eso sí, auspiciada por movimientos feministas que tratando de dar respuestas concretas a los problemas sociales fueron abriendo puertas.

Para comprender la evolución de la mujer dentro de la literatura hay que revisar los movimientos feministas en cada momento de la historia.

Los estudios de las mujeres han de cubrir, necesariamente, una información que complete la historia de la humanidad ya que la mujer siempre ha quedado fuera del discurso histórico y ha estado subordinada legal e ideológicamente al hombre o bien, ha sido constantemente omitida.

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Agatha Christie, quien, obviamente, no necesita presentación.

 

 

 

 

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Danielle Steel, con cientos de novelas románticas que además son Best Sellers.
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Stephanie Meyer autora de la saga Crepúsculo
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E. L- James, autora de la famosísima saga “50 sombras de Grey”

Incluso hoy en día, en que las mujeres tienen mucha más presencia literaria siguen existiendo casos de cierta discriminación considerando que el discurso femenino no forma parte de las  grandes obras y sí de aquellos géneros narrativos que pueden ser considerados menores como es el caso del policiaco donde siempre ha reinado Agatha Christie, el fantástico como Crepúsculo que lo escribió Stephanie Meyer, erótico como las famosísimas 50 sombras de Grey escrito por E. L. James, o romántico como Danielle Steele .

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - j k rowlingTomando como ejemplo uno muy conocido, J. K Rowlling, hay que destacar que en primer lugar, la escritora firmó con sus iníciales para que el hecho de ser mujer no lastrara el libro, en segundo, que el género es considerado un género menor, fantástico y juvenil, y tercero que incluso siendo Best Seller, cuando se habla de su enorme éxito se hace desde una perspectiva de excepcionalidad. Cuando hablamos de Best Sellers escritos por hombres suena muy normal mientras que si está escrito por una mujer se recalca que lo ha escrito una mujer, como si eso no fuera algo reglamentario y posible.

Dentro de la literatura escrita por mujeres se dan dos casos concretos y diferenciados. Uno es que la mujer adopte un discurso femenino y otro es que no se posicione en absoluto y escriba desde la misma perspectiva que pueda hacerlo un hombre y que cultive un género literario que no busque ninguna voz femenina, como podría ser Agatha Christie o J.K Rowling creando una literatura universal y un lenguaje ya utilizado por los hombres desde siempre.

Sin embargo, en otros géneros, las escritoras tratan de encontrar una voz propia, un discurso para el que no siempre vale el vocabulario ni la voz prestada, que no trata de aunar o igualar algo que ya hicieron otros sino posicionarse como mujer, legitimar una propia voz y un discurso propio que aborde las experiencias, los aspectos psicológicos, sociales, espirituales o políticos que nos importan realmente.

La estrategia literaria de esas mujeres es revisar los conceptos comúnmente aceptados, destruir y reconstruir imágenes o estereotipos que hemos ido heredando de la literatura masculina.

La voz propia de muchas escritoras actuales no sería posible sin la voz de sus predecesoras, de otras mujeres que en distintas oleadas de pensamiento, fueron a su vez escribiendo. Formando en un millón de gestos y palabras, las corrientes de pensamiento que en una revolución lenta pero constante nos han llevado hasta nuestros días.

Según Samara de las Heras, “el feminismo es toda teoría, pensamiento y práctica social o jurídica que tiene por objetivo hacer evidente y terminar con la situación de opresión que soportan las mujeres y lograr así, una sociedad más justa que reconozca y garantice la igualdad plena y efectiva para todos los seres humanos”.

 

Antes del feminismo. Empezamos por el principio.

Incluso antes de que el feminismo existiera como tal, hubo escritoras que manifestaron su malestar por la situación de la mujer en la sociedad y trataron de denunciar su discriminación, si bien, casi todas ellas fueron casos excepcionales y pertenecieron a los dos únicos grupos sociales que tenían cierta oportunidad de acceder a la cultura; las religiosas y las aristócratas.

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - hildegrandaSanta Hildebranda de Bigen cultivó casi todas las artes además de la literatura sacra y se considera protofeminista al escribir allá por el año 1100 sobre su visión y actitud práctica del papel de la mujer en la sociedad. Como curiosidad hay que recordar que fue la inventora del esperanto y se considera la primera persona que describió un orgasmo al hablar de sus visiones místicas.

Hacía 1405, es publicada La ciudad de las damas, de Cristina de Pizán que dio pie a los conocidos debates de la querella de las mujeres.

 

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En el s. XVI tenemos a nuestra más célebre santa, Teresa de Jesús, que es considerada la primera feminista de la historia de la iglesia, aunque esta imagen fue tapada durante siglos por la curia. Teresa fue una mujer libre, independiente, fuerte y emprendedora de reformas eclesiásticas, crítica con la posición de la mujer desde afirmaciones en sus libros como “el mundo nos tiene acorraladas”. Fundó 17 conventos con sus reglas particulares y 2 escuelas para niñas, las carmelitas descalzas.

 

 

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - maria de zayasEn pleno siglo de oro, compañera de Quevedo, Góngora y Lope, María de Zayas fue una célebre dramaturga de la que hoy pocos hablan.

Cultivó la picaresca y en sus obras hay un claro componente de denuncia social, una desenvoltura muy liberal de sus personajes femeninos.

Crítica con la moral y la virtud impuesta, denunció la falta de estudios en las mujeres de la época. Cabe decir que sus escritos fueron condenados por la inquisición.

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - juana ines de la cruzUna de las protofeministas más reconocidas es Sor Juana Inés de la cruz, nacida en México y de familia aristocrática formó parte de la corte del virrey de México hasta que al no poder estudiar en la universidad como ella pretendía, le propusieron tomar los hábitos, la única alternativa posible al matrimonio. Cultivó el teatro, la comedia, poesía, compuso villancicos, y autos sacramentales. Algunos estudiosos dicen que no es posible hablar de feminismo en su obra y que la monja, simplemente, trataba de defenderse en sus versos, otros hablan de que utilizó una voz neutra que le permitiera expresarse pero la mayoría de estudiosos, sabiendo que el feminismo es más que lo que decimos, sino también lo que hacemos y lo que pensamos, ven en Juana las pinceladas de feminismo necesarias. En la obra lírica de Sor Juana, por primera vez, la mujer deja de ser el elemento pasivo de la relación amorosa y recupera su derecho, usurpado por los hombres. Habló levemente de la menstruación y de la lactancia recalcando el papel de la mujer en el proceso del ciclo de la vida que consideraba un bien divino, rompe con los cánones establecidos para la literatura femenina y logra crear un universo literario y filosófico donde la mujer adquiere mayor protagonismo y donde ella puede disertar sobre el rol social de las mujeres, aunque siempre pegada al momento histórico en el que vive. Según Octavio Paz, “gracias a su inteligencia, usando las mismas armas que sus detractores, acusa a los hombres de los mismos vicios que ellos achacan a las mujeres”.

Sus versos feministas más famosos:

Hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón/ sin ver que sois la acción/ de lo mismo que culpáis.

La frases menos “afortunadas” de las mentes más “brillantes”.

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Los grandes pensadores de todos los tiempos, no dejan de ser hijos de su época y de responder con frases que hoy serían consideradas de políticamente incorrectas, a los movimientos feministas de su momento.

En ocasiones, sus perlas dialécticas, dichas en periodos en los que el feminismo ni siquiera existía, se pueden considerar no una respuesta a ningún movimiento, si no la contestación al por qué de preguntas que nadie les hizo y que eran para ellos una realidad tan patente y obvia que no merecía siquiera un leve pensamiento de su bien pensante y privilegiada mente.

En su libro La arquitectura del patriarcado (Ed. Bellaterra 2016) Yadira Calvo repasa las frases que han legitimado la misoginia encadenando una tras otra las citas cumbre de las autoridades máximas en la cultura y la filosofía, abarcando periodos muy distintos de la historia y repasando disciplinas muy diversas.

Desde Aristóteles hasta Kant, Yadira ha seleccionado las frases que, a lo largo de la humanidad, han influido en el pensamiento y que en muchas ocasiones todavía arrastramos como un lastre.

Para Hegel, las mujeres “no están hechas para las ciencias más elevadas”.

Auguste Comte habló de la “debilidad intrínseca de su raciocinio”

Fichte afirmó que “en el matrimonio, la mujer expresa libremente su voluntad de ser anulada ante el Estado por amor al marido”.

Para Pierre Joseph Proudhon, el impulso sexual femenino era “lo más bajo y repugnante que existe en la naturaleza”.

Otto Weininger, autor de Sexo y carácter, equiparó el feminismo con la prostitución.

Arthur Schopenhauer dijo que: “Solo infundiéndoles temor puede mantenerse a las mujeres dentro de los límites de la razón”. Según Schopenhauer, ellas “se quedan niñas toda la vida”, solo resultan atractivas hasta los 28 años y nunca poseen inteligencia.

Robert A. Wilson, animaba a consumir estrógenos para combatir “la miseria indecible del alcoholismo, la drogadicción, el divorcio y los hogares rotos” derivados del fin de la edad fértil.

El naturalista Ernest Haeckel también afirmó que las mujeres y los hombres negros representaban el mismo estado evolutivo “que los niños varones blancos”.

Para el paleontólogo E. D. Cope, las características de las mujeres eran similares a las de “los hombres durante el estadio inicial de su desarrollo”.

Para no quedarme solo con el libro de Yadira, he rebuscado y he localizado unas cuantas perlas más en el libro Antología del machismo ilustrado, de Marco Litico (Grupo editorial 2002) que a continuación dejo para vuestro deleite.

“Los fundamentos de la casa son la mujer y el buey: el buey para que are y la mujer para que guarde”. Fray Luis de León.

“Todo en la mujer es un enigma, y todo en la mujer tiene una solución: se llama embarazo”. Nietzsche.

“El fuerte de la mujer no es saber sino sentir. Saber las cosas es tener conceptos y definiciones, y esto es obra del varón”. Ortega y Gasset.

“Al seguir una vocación masculina, estudiar y trabajar como un hombre, la mujer hace algo que no corresponde del todo con su naturaleza femenina, sino que es perjudicial”. Karl G. Jung.

“Aborrezco a la mujer sabia. Que no viva bajo mi techo la que sepa más que yo, y más de lo que conviene a una mujer. Porque Venus hace a las doctas las más depravadas”. Eurípides.

“La mujer no necesita escritorio, tinta, papel ni plumas. Entre gente de buenas costumbres el único que debe escribir en la casa es el marido”. Moliere.

“Debéis retrasar lo más que os sea posible el momento en que vuestra mujer os pida un libro”. Balzac

“Es orden natural entre los humanos que las mujeres estén sometidas al hombre, porque es de justicia que la razón más débil se someta a la más fuerte”. San Agustín

“La mujer no se traiciona fácilmente a sí misma y por eso no se emborracha. Como es débil tiene que ser astuta”. Kant.

“La anatomía es el destino. Las niñas sufren toda la vida el trauma de la envidia del pene tras descubrir que están anatómicamente incompletas”. Freud.

Que pensadores y filósofos de distintas épocas se hayan dado al libre albedrío de lanzar esas frases de semejante calado misógino nos debería hacer dudar de muchas de sus obras y de algunas de sus teorías que también tenemos comúnmente aceptadas de la misma forma en que todas estas lo fueron en su momento.

Quiero pensar que esos hombres eran hijos de su tiempo y que venían de una tradición mucho más antigua que incluía corrientes de pensamiento que, tras miles de años impuestas, ellos no lograron dejar atrás y que solo con mucho tesón y fuerza estamos tratando ahora de romper.

Acabar con miles de años de pensamientos y tradiciones brutales, que están tan arraigadas en la conciencia colectiva de los hombres que hasta incluso las mujeres las creen, no es algo fácil ni algo que se pueda realizar en un corto plazo de tiempo, por tanto la lucha del feminismo ha de continuar y ha de hacerse de forma lineal, implicando a hombres y mujeres en ella y aprovechando un acceso que pocas veces en estos milenios ha sido tan común para todas las partes y que forma la base principal de toda la sociedad: la educación.

PD. Si alguien se pregunta por qué sale Mafalda en la foto… es que nunca he leído sus viñetas.

 

 

 

 

La creación de un personaje a partir de la asociación de ideas.

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Hace unos días os comentaba mi dificultad para crear un personaje que, a todas luces y por el argumento del libro, debía ser el malo de la novela.

Los personajes malos, los villanos, son quizás para muchos, los más jugosos, los más carismáticos, aquellos que se pueden permitir ser malos de verdad y ofrecerse al juicio público sabiendo que van a ser exonerados de sus maldades porque estas son necesarias para que, al final, triunfe la virtud, la bondad o cualquier sentimiento considerado correcto socialmente.

Es la contraposición de aquello que nos obligan a ser cuando, tal vez, tendríamos ganas de ponernos el mundo por montera y, por unas cuantas veces, ser los malos.

El malo, para ser carismático ha de poseer dos virtudes, a saber; no sentirse malo sino creerse en posesión de la verdad y de la virtud, y tener una filosofía de vida coherente con sus acciones, que pueda explicarlas.

No tener esas dos cosas lo convertiría en malo de todas formas, sí, pero no tendría esas dimensiones necesarias para ser un malo, muy malo de verdad.

Dos ejemplos de lo que es ser malo, pero con un carisma, una personalidad clara y coherente que se me ocurren a bote pronto, podrían ser el inspector Javert de Los miserables o Mr. Heathcliff en Cumbres borrascosas.

Es innegable que ambos son los personajes “malos” de esas novelas… pero conociendo sus pensamientos, su pasado, su filosofía, su vida, ¿quién puede juzgarlos con la simple palabra malo?

Malo, a secas, sin ninguna doblez en la expresión, serían aquellos personajes de las novelas de Marcial La fuente en que el pistolero era malo de por sí, por naturaleza, sin ningún atisbo de redención posible, sin remordimientos y sin un “live motive” que justifique sus acciones.

Así que, tras pensar en los malos épicos de varios libros, quise que ese personaje que tanto se me resistía tuviera una parte de humanidad, y que esa humanidad, mal entendida o llevada hasta las últimas consecuencias de una forma severa, fuera la que marcara sus malas acciones.

Los personajes son hijos de su tiempo también, y la coyuntura social que los envuelve nos puede marcar qué tipo de maldad es la que estos pueden realizar.

La asociación de ideas me surgió casi sin querer.

Mi personaje ha de ser un fascista militante en una España de postguerra.

Mi cabeza se fue a buscar ejemplos visuales que me parecieran ajustados a esa imagen mental que tengo del miliar fascista y fanático e irremediablemente me vino a la cabeza el papel de Sergi Lopez en El laberinto del fauno. Ahí esta el malo, malo, muy malo.

Con la facilidad de las redes sociales busqué hasta encontrar una crítica que me hizo ver que no todos los malos deben ser tan claramente malos, tan crueles y provocar tanta repulsión en el espectador/lector.

La primera asociación de ideas, que fue Sergi Lopez, me llevó a buscar la filosofía, la ideología de su personaje.

Me metí de lleno en política. Fascismo, nacismo, nacionalsocialismo, nacionalcatolicismo.

Lo sé, tengo un estómago a prueba de bombas.

Necesitaba comprender de dónde viene esa forma de pensar.

Al mismo tiempo, con la cabeza bullendo de información, había estado buscando una parte humana con la cual dotarle de algún refinamiento, de alguna característica que le diera contraste a la crueldad necesaria de la que va a hacer gala el personaje, algo que pudiera conmoverle y que por un momento mostrara su lado más amable y sentimental.

Y, para mi, si hay algo humano que muestra a sensibilidad de cualquier persona, son las artes. La expresión más refinada de nuestro ser, la que más dice de nosotros mismos, la que nos puede hacer sentir y nos puede provocar emociones.

La música era lo ideal.

¿Y qué tipo de música escucharía un militar fascista? Mira, de verdad que a veces me superan estas cosas… pero yo juraría que no a Puccini precisamente.

Una persona con esa fuerza intrínseca, con rango abolengo,con esos valores tan marcados escucharía música culta pero fuerte, una música rotunda; Wagner.

La suma de Wagner y la filosofía fascista, me llevó a Alemania.

Posiblemente, como hijo de su época, mi militar tendría cierta germanofilia. (Los amos del cotarro en aquel momento que tenían a las potencias europeas tan asustaditas que ni se atrevieron a ayudar a la república electa en España y transigieron con las primeras anexiones territoriales de la expansión que Hitler soñaba, en pos de evitar un conflicto que de todas formas acabó estallando)

Y si hay que buscar en el fascismo alemán, en la filosofía alemana de aquel momento, podría haberme hundido en un montón de mierda, con perdón de la expresión y haberme quedado en la forma sin llegar al fondo.

Una ideología tan brutal, inhumana y cruel como el fascismo, el nacionalsocialismo, para mi tiene la base en la falta de cultura de las personas que la ostentaban, en los prejuicios y en los rencores históricos. Eso ya es una marca a seguir.

Pero, ¿cómo puedo llamar “incultos” a personas que han escrito libros, que han montado todo un movimiento social alrededor de una idea o que, yendo más allá, han sido creadores de toda una filosofía que llegó a tener y sigue teniendo miles de adeptos en el mundo? Esas personas se formaron en universidades, tenían sus títulos académicos, pertenecían de nacimiento a círculos de poder y círculos de pensamiento, por tanto incultos no eran, pero sí hacen gala de unas premisas políticas populistas que son las que, aquellas personas con menos nivel cultural, siguieron y siguen.

Por tanto hay un fondo que buscar.

Recapitulando: tenemos a Alemania, tenemos una filosofía fascista y un militar español.

Necesitamos enlazar todo eso de alguna forma para que el resultado sea armonioso y el personaje tenga una psique, una ideología y que esta pueda tener coherencia con sus actos.

Me fui a dos grandes pensadores alemanes; Nietzsche y Schopenhauer.

De verdad que lo mío es vicio.

La filosofía de ambos es completamente contraria a cualquier fascismo. Hay que ser muy retorcido para creer que el súper hombre que menciona Nietzsche signifique la supremacía de la raza aria, pero así fue. Además era ateo y culpaba a la religión de muchos de los males que asolan al hombre (adoro a Nietzsche) y yo lo que necesitaba era una filosofía dentro del fascismo que casara con el catolicismo español imperante en el bando nacional.

Descubro que Nietzsche es de los filósofos más mal interpretados gracias en parte a su propia hermana, Elizabeth Forster Nietzsche que, antisemita de vocación, manipuló su obra cuando este sufrió un colapso que lo dejo convertido en vegetal durante doce largos años. Quién haya leído sus teorías sobre la eutanasia no podrá menos que notar la broma del destino.

La idea reprobable de Nietzsche sobre las clases sociales y la primacía de la clase aristocrática sin embargo me va a venir muy bien.

Todas esas pesquisas me llevan a un tal Alfred Beaumuler, filosofo alemán fascista que publicó un libro titulado Nietzsche, el filosofo y político y que manipuló a su gusto algunas teorías para adaptarlas a la filosofía nazi que por lo visto era necesaria. Obviamente no pienso leerme ese libro, pero los datos me llevan a ese fondo que yo buscaba, a esa filosofía de vida interior que necesita un malo muy malo para no ser un personaje plano y poseer, sino alma, al menos un cerebro que justifique sus actos.

Lo siguiente era unir todo eso con la religión católica , y sabemos que el fascismo era ateo…

Para unirlo lo que he hecho es separarlo.

He separado Dios de religión. Espiritualidad de Iglesia.

Si tenemos en cuenta que el fascismo español, basado muchas veces en el catolicismo tradicional se apoya  en dogmas y leyes dictadas más por la iglesia que por la propia biblia, si tenemos en cuenta de que todo nace de una filosofía judeo-cristiana que ha imperado durante miles de años en el sentimiento y pensamiento sobre la culpa, el pecado, el bien y el mal o en los juicios finales, al separar ambas cosas, si la mente de mi personaje separa ambas cosas, obtenemos a un militar que cree en Dios pero que repele la imagen del sacerdote como modelo político y su influencia en las leyes civiles del momento, que a su parecer han de ser dictadas por poderes terrenales y no divinos.

Et voilá! Ahí tenemos a mi malo malísimo.

Un personaje refinado, culto, que lee libros filosóficos, que escucha a Wagner, que cree de forma íntima en todo lo que hace porque para él no es hacer o no hacer, sino vivir o no vivir de la forma adecuada. Sus actos van a tener una justificación porque ya sé como piensa, sus maldades van a tener una veta de bondad porque creerá estar haciendo lo correcto y lo moralmente necesario aun cuando esto sea reprobable. Un personaje que tratará de destruir todo aquello que él crea necesario destruir en pos de una sociedad correcta  y tradicional.

Y ahora viene lo más difícil; escribir.

Deseadme suerte.

 

Reseña de Las sufragistas.

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Allá por el mes de septiembre, antes de cambiar la portada por esta que conocéis ahora y con el libro recién publicado en Amazon, mi querida amiga Conchi hizo una reseña en su blog.

Conchi es, aparte de una buena amiga, la correctora ortotipográfica y de estilo de este libro, o sea, la madrina de la criatura. En aquel momento el libro estaba bajo seudónimo y no pude publicar aquí su reseña, pero me ha parecido oportuno publicarla en este momento. Espero que os guste y que os anime a leerlo.

http://cosasmias-cosesmeues.blogspot.com.es/2016/09/las-sufragistas.html
Podéis leer la entrada completa en su propio blog, Cosas mías.

 

Sinopsis:
¿Puede una mujer amar a dos personas a la vez? 
Grace, una activista perteneciente al grupo de las Suffragettes londinenses, y en un momento histórico en la lucha por los derechos de la mujer, sufre una grave crisis de identidad tras conocer a James y a Ingrid, las dos personas que cambiarán su mundo para siempre. 
Conocerles a ellos y sus ideas, así como la revolución ideológica que está a punto de sacudir al mundo previo a la 1º guerra mundial, hace que Grace se plantee temas profundos que desde su posición acomodada nunca antes siquiera llegó a pensar. Los ideales de sufragio para las mujeres, que es algo que por lo que lleva años luchando, comienzan a parecerle efímeros frente a novedosas ideas promulgadas por las feministas europeas. El amor libre, las opciones de identidad sexual, la elección libre de la maternidad o el socialismo, irrumpen fuerte en su vida volcando todo lo que una vez creyó. 
Con Ingrid y James, Grace comienza un cambio drástico en su vida, asumiendo su verdadera identidad sexual, cambiando los valores en los que la habían educado y comienza a ser una mujer libre. 
Basado en hechos históricos y con personajes reales, como Emmeline o Sylvia Pankhurst, Emily Davidson, Ethel Smyth o Madame Pelletier, que se entremezclan en la narración, Grace comienza un viaje interior del que saldrá una mujer nueva, quizá el precedente de cómo somos muchas mujeres actuales. 

Quizá hayáis notado la escasez de lecturas de este verano. Os aseguro que he leído, y mucho. Pasé varias semanas leyendo y retocando en las formas (nunca en el fondo, que para mí la creatividad del autor es sagrada) esta novela de mi amiga Erin Greene de quien ya os puse una poesía.

Dos temas principales vertebran esta novela, intrincados ambos en la esencia de ser mujer. Por un lado, la lucha de la protagonista, junto a un grupo de pioneras sufragistas, por conseguir el voto para las mujeres además de unas leyes menos discriminatorias. Los derechos que quizá hoy damos por sentados se cobraron la sangre de valientes mujeres que sacrificaron su estabilidad, su posición, su salud física y mental por intentar lograrlos. Nunca les estaremos lo bastante agradecidas. Por otro lado, la liberación del yugo legal masculino debía ir acompañada del descubrimiento de su sexualidad, hasta entonces mayoritariamente reprimida. Por ambos procesos transita Grace, la protagonista en principio, aunque más tarde veremos que es el vértice de un triángulo de pasiones y de ideologías.

Hay que agradecer a la autora el repaso histórico de la época convulsa que precede la Primera Guerra Mundial y que nos recuerde los sacrificios de aquellas mujeres, en efecto, aunque no quiero obviar su talento para la narración erótica. Las escenas de sexo están impecable y elegantemente descritas sin que ello les haga perder efectividad. Que me hayan recordado la mejor novela erótica de Robin Schone, El tutor, ha de interpretarse como un halago por mi parte. De hecho, me he quedado con las ganas de leer más episodios de ese cariz. Como me conocéis, ya no os escandalizan mis preferencias de lecturas sicalípticas. Y, amigas mías, ese James os va a volver locas. Puede que tenga una idea de en quién ha pensado la autora para describirlo pero no pienso revelarlo. La imaginación al poder, chicas, y vuestras parejas (o vosotras mismas, qué caray) lo agradecerán.

Sea por un tema o por el otro, os recomiendo su lectura. De momento, solo está disponible en formato digital y lo podéis adquirir baratito en Amazon.

Crítica a “Las sufragistas”, de Nina Peña

La primera reseña de LAS SUFRAGISTAS, no podía ser de otra persona más que de Miriam. Gracias Miriam, tomo nota de todo lo que me dices para mejorarla en el futuro, de cara a otra edición en formato tradicional. Saber nuestros errores, esos que no vemos porque estamos muy metidas en la narración,  es siempre una gran ayuda no solo para el libro que nos ocupa sino para seguir mejorando. Y gracias también por tus palabras, y sí, disfruté como una enana escribiendo sobre el feminismo más real y más de base, ese feminismo que ahora parece desvirtuado. Un beso y de nuevo gracias.

 

 

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A Librería

Título: Las sufragistas
Autor: Nina Peña Pitarch
Género: Biografía – Histórica
Fecha de su composición: 2016
Edición: Digital
Editorial: Autopublicado
Número de páginas: 684 páginas

Lo cierto es que lo que a mí me resulta sarcástico es ver cómo mujeres de una posición social elevada se inflaman en discursos épicos sobre sufragios y sobre los derechos de la mujer pero no hacen nada por mejorar las condiciones de trabajo de sus compañeras de sexo. ¿Sabe usted que en este país las mujeres cobran mucho menos que los hombres por realizar exactamente la misma labor?

Nina Peña me ofreció leer y reseñar alguna de sus obras. Y, dado que no puedo rechazar la oportunidad de sumergirme en una novela histórica con aires feministas, el título elegido es el que ocupa esta crítica. Con la presión que siempre es leer y hablar de una amiga, a ello voy.

La protagonista

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Un reto.

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Sin duda escribir sobre algo que no conoces en profundidad o sobre épocas que no has vivido y sobre las que tienes que documentarte hasta que llegas a soñar con ellas es un reto.

Y es un reto al que me estoy enfrentando en estos momentos.

No solo he salido de mi zona de confort al escribir con personajes masculinos que tienen un peso específico en la trama sino que además, he de ponerme en la piel de ellos para tratar de explicar una filosofía, un carácter y una ideología política que es completamente contraria a la mía.

Hay cientos de ensayos, documentales, testimonios y libros que hablan de ello, y me he leído y visto bastantes porque de una forma u otra todos me van a ayudar a sumergirme en esa coyuntura, pero tratar de meterme en una piel, en unos sentimientos o tratar de interiorizar en pensamientos toda esa carga política que, además, transforma por completo el modo de vida de las personas que siguen su filosofía, es un arduo trabajo no de imaginación sino de una empatía que no sé si voy a lograr.

Un reto. Salir de mi zona confortable y hablar de cosas que no son ni cómodas ni agradables, pero sí son necesarias para el argumento de mi libro y que por tanto voy a tener que enfrentar.

Es algo que va mucho más allá de describir un físico o una imagen aunque estas sean también necesarias. Es toda una forma de moverse, de mirar, de hablar, de ser, de estar en los lugares lo que han de marcar esa personalidad y ese carácter que además tiene que ir en consonancia con su forma de entender la vida, con las reglas por las cuales se rige su comportamiento.

Y… ¿Cómo lo hago si ese tipo de persona me produce repulsión? ¿Cómo describo a un personaje de forma que sea coherente y no quede patente mi opinión personal al respecto de su ideología y de sus prácticas? ¿Cómo me mantengo al margen de los hechos para simplemente relatarlos, contarlos?

Es un reto del que no sé como voy a salir…ya me lo diréis cuando leáis el libro…que a este paso será dentro de mucho tiempo. (Ains)

 

Radclyffe Hall. El pozo de la soledad.

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El pozo de la soledad es un libro publicado en el año 1928 que trata el tema de las relaciones lésbicas y que ya fue controvertido en su época por escandaloso y ahora por insuficiente, y cuya autora Radclyffe Hall, sigue siendo un icono para quién ha tratado de encontrar en la literatura seria un referente como modelo de vida, como ejemplo aspiracional a seguir o a no imitar.

La novela trata la vida de una mujer cuya “inversión sexual” se manifiesta desde su más tierna infancia y en cuyos datos, desgranados poco a poco en capítulos donde trata la relación con sus padres o con el medio que la rodea, van dejando un dialogo íntimo en el que muchas mujeres pueden verse reflejadas.

Desde el principio ya nos enfrentamos a una paradoja: los padres, pertenecientes a la clase aristocrática inglesa, querían y deseaban tener un varón, un heredero, pero en su lugar llega ella tras lo cual, deciden ponerle el mismo nombre que le pondrían a un varón; Stephen.“Una criatura de hombros anchos y caderas estrechas que parecía un renacuajo”

Es chocante para mí como lectora, comprobar que Hall hace hincapié en la masculinidad de su padre y en la belleza y fragilidad femenina de su madre, ante la cual ella se muestra completamente indefensa y apartada, tanto de uno como de otro ya que no puede verse reflejada en ninguno de ellos. En uno por no pertenecer a su mismo género y de la otra por no ser sexualmente “mujer” a pesar de sí pertenecer a ese mismo género.

La contradicción, la falta de identificación sexual que entra en disputa directa con la construcción de su propia sexualidad, es una constante en la primera parte del libro.

Pese a ello, Stephen adora a sus progenitores, identificándose con su padre en casi todo su comportamiento y teniendo una relación bucólica pero distante con su madre.

La paradoja es que en el libro, Lady Ana, depositaria de todo lo femenino de la belleza, de la delicadeza y la moral victoriana y femenina de la época, incumple precisamente en lo más intrínsecamente femenino, en el instinto más achacado a nuestro género; rechaza a su propia hija, a la que ve como una “reproducción imperfecta, indigna, defectuosa” de sir Phillip.

A lo largo de la narración Stephen pasa por distintas fases de enamoramiento. La primera de ellas con una criada, Collins por la que siente un platónico amor cuando es tan solo una niña. La segunda, Angela Crosby, es la esposa americana de un adinerado y noble vecino que la utiliza como un mero entretenimiento para pasar las noches en la aburrida campiña inglesa, y por último Mery Llewellyn, con quien Stephen tiene una relación madura y duradera, con un final predecible, en su etapa de escritora en Paris.

 

Lady Anna, en uno de los capítulos, refiriéndose a su relación con Ángela acusa a Stephen de tener “el descaro de usar la palabra amor para describir esta… estas ansias repulsivas y antinaturales de tu mente desequilibrada y de tu indisciplinado cuerpo”. Stephen responde: “como mi padre te amó, así he amado yo… Y ha sido un sentimiento puro, puro y bueno; mil veces hubiera dado gustosa la vida por Ángela Crossby.

 

La novela, tildada por algunos como de poca calidad literaria y por otros indiscutiblemente buena, es importante por las implicaciones sociales que realmente tuvo en su momento.

Hall tuvo que enfrentarse a la censura y a varios juicios por su publicación tanto en su país, Reino Unido, como en Estados Unidos, lo que solo consiguió darle más fama y mayor controversia.

Lo más escandaloso y por lo que fue censurada en su momento es una sola frase: “Y esa noche no durmieron separadas”.

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Implicaciones.

Socialmente el libro de Hall aportó visibilidad al colectivo lésbico de aquel entonces donde muchas mujeres pudieron leer algo con lo cual sentirse identificadas y que además había trascendido como una realidad social gracias a los escándalos que tuvo desde su publicación, forzando así un debate que hasta entonces había permanecido oculto.

En las artes, Hall nos habla de una realidad cultural que trataba de hacerse ver mediante distintos aportes. El llamado círculo de París que nombro yo en mi libro Las sufragistas, era un circulo de pintoras, escritoras, poetas y editoras británicas que refugiadas en el Paris de entreguerras hicieron una aportación valiosísima a la cultura de aquel momento. Stephen, parece pertenecer a este círculo aunque Hall no lo nombra directamente.

Desde el punto de vista filosófico Hall entra de lleno en la construcción de género que muchos años después ha tratado la filosofa norteamericana Judith Butler. La lucha de un género siempre en disputa entre la realidad física a la que pertenecemos y la realidad de la sexualidad que elegimos.

Cuando Stephen comienza a usar ropa masculina, cuando conduce ambulancias en el frente de la 1ª Guerra Mundial o cuando adopta un rol protector sobre sus amantes, hasta el punto de forzar la ruptura por lo que ella cree que es un bien, nos habla de esos conceptos, de los intercambios de poder, de los roles de género implantados en la mente colectiva, de los conflictos a los que se enfrenta para construir su propia forma de ser.

Es en materia religiosa donde más disconforme estoy con la autora.

Desde el principio Hall muestra a Stephen como arrepentida de ser como es, dolida ante lo que parece ser un sufrimiento constante, sobre todo en la primera parte del libro en que es una niña o una adolescente y no comprende esa dualidad existente en ella.

La teoría abierta de que cualquier sexualidad no normativa es pecado, está de fondo y ella trata, en su inocente niñez, de hacerse perdonar. Pide clemencia a un Dios que no la escucha y que la ha dejado abandonada en un mundo que no la acepta por ser como es, aunque por otra parte cree ser parte de su obra. “Concédenos también  el derecho a existir” es una de las frases más tristes del libro.

El sacrificio, el perdón, la abnegación a un destino injusto y por tanto a una vida de expiación y dolor es algo que sobrevuela el libro completo y me lleva a la teoría de que muchas personas, en ciertos momentos de represión moral como pueda ser aquella época victoriana o como pudo ser los años del franquismo en España, se acercaban a la iglesia buscando un perdón que esta nunca les daba, y sacrificaban una vida plena a cambio de la inmolación y privación de su sexualidad.

Me parece terrible.

Hoy en día esta novela puede verse tal vez trasnochada, puesto que muchos de los conflictos que narra Hall están ya más que superados. Ya nadie se rasga las vestiduras porque las mujeres llevemos pantalones por ejemplo y la visibilidad del colectivo LGTBI es patente en cada rincón. Los retos a los que nos enfrentamos ahora pasan por la aceptación social completa y por el reconocimiento de ciertos derechos que poco a poco vamos consiguiendo, como el matrimonio entre personas del miso sexo o la adopción.

El tono pesimista y triste, rozando lo depresivo de esta novela contrasta ahora con la alegría y visibilidad de las manifestaciones LGTBI y el descaro jubiloso propio de quien trata de hacerse ver y oír.

En su vida privada Radclyffe Hall, vestía como un hombre, fumaba en público, convivió con Mabel Baltten durante toda su vida y además tuvo un sinnúmero de amantes, algo que nos parece normal hoy en día pero que entonces resultaba de lo más escandaloso.  Lo más que se le puede achacar a Hall en el ámbito privado es que no exigiera un mayor reconocimiento para el colectivo al que pertenecía y que en su obra siempre acabara, de una forma u otra, pidiendo perdón por el simple hecho de existir

Lo que es indiscutible es su importancia en la historia de la literatura LGTBI, la repercusión que tuvo para miles de mujeres que pudieron leerla y sentirse identificadas, arropadas por esa voz que se alzaba y la implicación emocional de todo aquel que la lee, pertenezca o no a ese colectivo.

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No todo cabe en un libro.

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En ocasiones, la vida te inspira de la forma más inoportuna.

Una foto ajada por el tiempo, una historia que alguien de repente te recuerda, una persona que hacía años que no veías, un aroma, una lluvia a tiempo, un viento…

La vida escribe libros enteros en el devenir de las personas que somos simples personajes en una historia de la que no siempre conocemos su final.

En una misma historia, si seguimos el hilo conductor de las personas que entran y salen, hay mil historias más, mil vivencias, mil vidas que, como en la técnica de matrioscas, podríamos ir contando hasta el infinito.

Hay historias que se niegan a ser contadas, es cierto, otras que nos lo ponen difícil porque hay que hacer ejercicios mentales y espirituales antes de comenzar a contar aquello que en un principio parecía tan fácil, las hay que simplemente no caben en un libro por más páginas que este tenga.

La vida es una tragicomedia con tintes rosa o negros, con finales inesperados, con villanos y héroes anónimos, con finales felices, tristes, abiertos, fabulosos o inesperados, con capítulos gloriosos o miserables, con portadas más o menos decentes y sinopsis crueles que nunca cuentan todas las verdades.

La vida es literatura en estado puro, pero hay que saber contarla, tal como hay que saber vivirla, que es lo complicado.

 

 

Cinco escritoras con vida de novela.

A lo largo de la historia de la literatura nos encontramos con mujeres que, además de escribir, han llevado unas vidas dignas de ser escritas.

En distintas épocas y cada una en su estilo, sus biografías están llenas de sucesos que marcaron su devenir literario o su forma de vida. Más o menos conocidas, con mayor o menor éxito literario, hay mujeres cuya realidad supera la ficción y sus vidas son dignas de ser llevadas a un libro.

Hoy repasamos cinco autoras que son un referente en la literatura y que además tuvieron una existencia trágica, romántica, o simplemente, infringieron las leyes establecidas de su época para tratar de ser ellas mismas.

 

Sylvia Plath

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Sylvia Plath fue una escritora estadounidense conocida como poeta y autora de varias obras en prosa. Su libro más conocido fue La campana de cristal.

Como poeta fundó el movimiento que se conoce como poesía confesional.

En su vida privada estuvo casada con el poeta Ted Huges, que se encargó, tras su muerte, de publicar su obra poetica y que le valió por primera vez un premio Pullitzer a un autor fallecido en 1982 por sus Poemas completos.

Su azorada vida sentimental y según dicen, su trastorno bipolar, que hoy no supondría ningún problema que no pudiera ser tratado medicamente, le hacían caer en una depresión tras otra.

Se suicidó el 11 de Febrero de 1963. Tras prepárale el desayuno a sus dos hijos, sello puertas y ventanas y se asfixió con la llave del gas del horno.

 

Emily Brontë

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Emily pertenece a la prolífica familia de las hermanas Brontë junto a Charlotte y Anne, todas ellas escritoras y su único hermano Branwell, que vivió siempre a la sombra de sus tres hermanas y que también era escritor.

Autora de una sola novela, también escribía versos y relatos, llegando a publicar las tres juntas una colección de poemas titulada Poesías de Curre del que se vendieron solo dos ejemplares.

Con Cumbres borrascosas, Emily marca un hito dentro de la narrativa romántica inglesa poniendo una voz profunda, genuina y desgarrada en la historia y que sigue siendo objeto de veneración.

De salud muy frágil tanto ella como toda a familia, se sabe muy poco de su vida personal salvo que murió en 1848 poco después de la muerte de sus hermanos Anne y Branwell.

Muchos nos preguntamos que habría sido de la literatura si Emily hubiera dispuesto de más tiempo…

 

Anaïs Nin

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Anaïs Nin fue una escritora controvertida que tuvo que imprimir sus propios relatos porque los editores de aquella época los consideraban demasiado escandalosos.

Comenzó a escribir a los once años, tras el abandono de su padre, hecho que la marcó profundamente y que arrastró durante toda su vida.

Fue una de las primeras mujeres en escribir literatura erótica y se convirtió en un icono de la liberación femenina.

Fue bailarina de flamenco y modelo, que aburrida de una vida un tanto superflua, comenzó a escribir novela convencida por H.D. Lawrence. Conocida amante de Henry Miller fue iniciada por la esposa de este en el voyerismo y en las relacione lésbicas.

Aún más controvertida fue la relación con el padre al que reencontró tras veinte años y con el que comenzó una relación incestuosa que más tarde ha sido negada por su hermano pero que ella plasmó en su libro La casa del incesto.

En 1940, obligada por necesidades económicas, se dedicó a escribir relatos eróticos para un adinerado lector anónimo y que le permitía seguir sufragando los gastos de edición de sus libros.

Con una existencia llena de viajes, reencuentros y una agitada vida sentimental, en 1966 se publicaron sus diarios que obtuvieron un éxito absoluto y que ya constaban de un total de treinta y cinco mil páginas y que de hecho, siguen reeditándose actualmente con éxito de ventas.

Nin ha sido aclamada por muchos críticos como una de las más notables escritoras de literatura erótica femenina. Fue una de las primeras mujeres en realmente explorar el mundo de la literatura erótica, y ciertamente la primera mujer occidental destacada por escribir literatura erótica. Antes que ella, la literatura erótica escrita por mujeres era muy escasa, con algunas pocas notables excepciones.

 

Mary Shelley

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Mary Shelley será siempre conocida por ser la escritora de Frankenstein, sin embargo, fue una excelente narradora, dramaturga, ensayista, filósofa y biógrafa.

Hija de la feminista Mary Wollstonecraft, que murió al dar a luz, arrastró, según dicen, un sentimiento de culpabilidad durante toda su vida hasta el punto de que el monstruo de Frankenstein es una metáfora de ella misma.

En 1814 comenzó una relación sentimental con Percy Bysse Shelley que a su vez estaba casado. Tras viajar con él por toda Europa, cuando regresaron a Inglaterra Mary estaba embarazada de su primera hija que murió poco después de dar a luz.

Durante esos años tuvieron que enfrentarse al desdén social y a la penuria económica.

Pudieron casarse tras el suicidio de la esposa de Percy, que fue otra muerte sobre la conciencia de Mary.

Su segundo y tercer hijo murieron poco después de que diera a luz a su cuarto vástago, el único que logró sobrevivir.

Murió a los 53 años víctima de un tumor cerebral tras una vida llena de muertes y enfermedades.

 

George Sand

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Conocida familiarmente como Aurore, nació en París, hija de un aristócrata y una madre de familia acomodada

En 1822 contrajo matrimonio, de que nacieron sus dos hijos, en 1831 se separó de su esposo y cinco años más tarde logró el divorcio. Desde ese momento vivió una vida independiente e intelectual huyendo de los cánones establecidos para la mujer en aquella época.

También fue después de separarse cuando comenzó a usar ropas masculinas, algo realmente impensable entonces, aunque en las reuniones sociales seguía usando prendas femeninas. Esto le permitió moverse por París con total libertad y tener acceso a lugares que, por su condición de mujer, le estaban completamente vedados.

Se la relaciona sentimentalmente con Alfred Musset y con Frédéric Chopin.

Sand pasó el invierno de 1838-39 con sus hijos y Chopin en una casa (Son Vent) de Establiments, cerca de Palma, y tras ser sacados desconfiando de la enfermedad de Chopin, en la Cartuja de Valldemosa en Mallorca.[ ]Este viaje fue luego descrito en su libro Un invierno en Mallorca publicado en 1855

Su círculo de amistades y contertulios era realmente impresionante: Franz Liszt, Delacroix, Víctor Hugo, Balzac, Julio Verne y Flaubert nada más y nada menos acudían a su domicilio y frecuentaban su compañía.

Sus novelas más conocidas fueron Indiana, Leila, El compañero de Francia o Los maestros soñados aunque su trabajo es realmente prolífico tanto en novela como en teatro, ensayo y crítica.

Sand fue también conocida por su implicación política en la Columna de París, donde tomó parte por la asamblea de París y en contra de los comuneros a los cuales, había que reprender con violencia, según sus palabras.