El feminismo como crítica social.

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Cartel conmemorativo de la primera convención por los derechos de la mujer en Seneca Falls, 1848. Aunque se ha avanzado mucho desde entonces en materia de igualdad, la sociedad sigue la misma estructura patriarcal que es lo que de verdad se debe cambiar para que los pilares que nos sustenten sean firmes en justicia y equitativos.

Que los sistemas democráticos en el mundo no son perfectos, es algo que todos, en mayor o menos medida, podemos afirmar, y si no lo son es porque alguien se está quedando al margen de ese sistema que hasta el momento parece ser el único que garantiza una mayor igualdad entre ciudadanos pero que al mismo tiempo, envía a unas minorías a medrar como pueden en la escala social que él mismo crea.

El feminismo se impone no solo como un movimiento de reclamo de los derechos de las mujeres ante la coyuntura actual.

Si en los siglos pasados, en las primeras olas feministas, se abogaba por los derechos de las mujeres, en el nuevo orden mundial, con el viraje a la derecha de la mayoría de políticas y la implantación de un neoliberalismo brutal por parte de los estados cuyo poder se va diluyendo en los consejos de administración de empresas privatizadas y multinacionales, el feminismo se convierte en  necesario como crítica a ese sistema.

El hecho de sacar los trapos sucios a la calle, de convertir en público lo que hace algunas décadas pertenecía al mundo personal e íntimo, nos hace ver no solo la discriminación disimulada hacia las mujeres disfrazada de libertad de elección, sino que nos convierte en las grandes perjudicadas al mantenernos, cómo no, en inferioridad de condiciones.

La crisis social y económica en la que llevamos años sumidos debería dejar paso a una sociedad transformada profundamente en sus bases, sin embargo, el binomio patriarcado-neoliberalismo, deja a un lado a todas las mujeres que volvemos a ser las grandes traicionadas, como en casi todos los movimientos históricos.

Cuando en medio de todo este desastre nacional e internacional las mujeres ocupan mayores porcentajes de paro, desocupación, marginación social y pobreza, se nos habla de libertad sexual cuando se refieren a la prostitución y algunos comienzan a darle vueltas al tema de la gestación subrogada (por decirlo fino) hasta el punto de que muchos utilizan la palabra feminismo y liberación femenina para poder justificar lo que no es sino un uso del cuerpo por parte o bien de los hombres o bien de empresas multinacionales en que la mujer es tratada como un producto de consumo, mercantilizando la maternidad al más puro estilo de la novela distópica de “Criadas y señoras”.

Se impone el feminismo como una crítica a ese sistema, en el que todos somos objetos de consumo o consumidores, en donde todo es factible de comprarse y venderse, en donde no importan más que los balances económicos de las grandes corporaciones y donde las injusticias son disfrazadas de libertades personales.

Se impone un viraje a lo femenino, a abandonar de una vez por todas esta carrera o competición que los hombres llevan manteniendo desde que salieron de las cavernas y en las que las mujeres no tenemos por qué participar de la forma en que ellos nos proponen desde el patriarcado, sino crear una nueva forma, más humana,  de entender el mundo.

Como diría Ana de Miguel, “sin conocer ni debatir la visión feminista del ser humano, no puede haber una transformación profunda capaz de cambiar el rumbo de esta crisis social.”

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Las mujeres del Levantamiento de Pascua.

 

El mediodía del 24 de abril de 1916 en el lunes de Pascua, un grupo de ciento cincuenta personas ocupan la Oficina General de Correos de Dublín, en el centro de la ciudad. De forma simultánea en otros lugares, otros grupos armados toman posesión de edificios estratégicos en distintos puntos.

Es lo que ha pasado a la historia como el Levantamiento de Pascua, un movimiento organizado durante mucho tiempo atrás contra el poder imperial británico.

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Proclama de la Constitución del gobierno provisional de Irlanda

En el edificio de correos, ondea la nueva bandera tricolor de la república irlandesa y Patrick Pearse, líder del movimiento independentista y nacionalista irlandés, lee una proclama de lo que será la Constitución de la nueva República de Irlanda, siendo dirigida, por primera vez a los irlandeses y las irlandesas.

 

La proclama incide en su cuarto párrafo en que “la república garantiza la libertad religiosa y civil e igualdad de derechos y oportunidades a todos sus ciudadanos y ciudadanas” y subraya que el nuevo gobierno será elegido tan pronto como sea posible por sufragio de todos sus hombres y mujeres.

Hoy quizá nos puede parecer muy normal y tal vez ni siquiera veamos qué tiene esto de especial, pero hay que recordar que estamos hablando de 1916 y que en aquel entonces solo seis países de todo el mundo tenían aprobado el voto femenino y restringido su derecho a ser representantes electas. En aquel momento fue algo rompedor porque muchas constituciones ni siquiera equiparaban a la mujer con el hombre en calidad de ciudadana.

No voy a profundizar en la sociedad irlandesa ni mucho menos en el conflicto casi milenario que a lo largo de la historia han tenido los británicos y los irlandeses, ni tampoco en el sempiterno imperialismo británico al que Irlanda estaba más sujeta que muchas de sus colonias.

Voy a fijarme en las llamadas Mujeres del Levantamiento de Pascua.

La sociedad victoriana británica, que relegaba a la mujer a un papel puramente ornamental, sumiso y modesto, chocaba de frente con la tradición celta en donde la mujer ejercía unos roles de liderazgo y en la que su tradición oral mantenía el testimonio de personajes femeninos llenos de determinación, coraje, astucia y orgullo.

Con el estallido de la I Guerra Mundial, las mujeres comenzaron a mostrar su desacuerdo con el alistamiento de sus familiares varones en un ejército y una guerra que ellas no veían como propia y con la que no se sentían en absoluto identificadas puesto que los hombres se veían obligados a luchar al lado de sus propios opresores en lugar de luchar por la independencia de su propio país.

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Cosntance Markiewicz, conocida como La condesa roja.

En las ciudades más importantes de Irlanda como Dublín, Cork, Belfast o Limmerick, las mujeres se manifiestan contra esa guerra en movimientos encabezados por las líderes femeninas más destacadas, como Hannah Sheehy-Skeffington, Constance Markiewicz, quienes apoyaron la huelga general de trabajadores de 1913.

 

El movimiento obrero irlandés aúna posturas abiertamente socialista y reconoce la discriminación de la mujer como uno de los defectos del sistema capitalista. Aunque existían varios sindicatos de mujeres irlandesas como el fundado por Maud Gonne en el año 1900, es el 1914 cuando Constance Markiewicz y Mary MacSwiney fundan la Liga de las Mujeres en las que se agrupan mujeres profesionales y obreras.

Ambos sindicatos femeninos convergen en la planificación del Levantamiento de Pascua, insurrección que se comenzó a planear realmente en 1914, tres años antes.

Tras un acalorado debate sobre las funciones que las mujeres del sindicato debían realizar en la insurrección, se les otorgó un papel puramente auxiliar y tradicional con el que, por supuesto, ellas no estuvieron de acuerdo.

Sin el beneplácito de sus compañeros, las mujeres comenzaron a organizarse por su cuenta; además de prepararse para las tareas asignadas, aprendieron a disparar y a recibir entrenamiento militar independiente en las montañas irlandesas.

Las mujeres, además, también realizaron una labor activa en el tráfico y distribución de armas.

nina peña - levantamiento de pascua - maud gonneEl concepto victoriano de la mujer que tenían los funcionarios británicos que no las reconocían como sujetos con pensamientos políticos y capaces de cometer actos de rebelión, les permitía pasar las armas escondidas sin temor a registros en aduanas y puestos fronterizos, llevando detonadores para bombas y carretes de metal debajo de las ropas, disimulados con los abrigos y en la parte interior de los sombreros.

El 24 de abril, la fecha señalada para el levantamiento, las mujeres se reunieron frente a Liberty Hall y desde ahí se dirigieron a las diferentes guarniciones sublevadas.

Obviamente, muchos se negaron a tener mujeres combatientes en sus filas, pero estas no aceptaron sus negativas y se fueron organizando de forma que en cada guarnición, de unos 120 ocupantes aproximadamente, 35 eran mujeres, y entre ellas Constance Markiewcz fue la segunda al mando, aunque terminó siendo la comandante, en Saint Stephen, s Green.

La fuerte respuesta de los militares británicos, que llegaron a destrozar Dublín con bombardeos desde el río, hizo que las mujeres, además de actuar como combatientes, enfermeras y cocineras, se arriesgaran a ser mensajeras y portadoras de las armas bajo el fuego enemigo.

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Margaret Skinnider

Para poder moverse con soltura entre las líneas y el fuego cruzado llevando mensajes o armas, las mujeres se cambiaban de ropa, como cuenta Margaret Skinnider, que asegura pasar por hombre ante los dos frentes pero cambiarse de vestuario retomando las ropas femeninas engañando a los dos bandos con su concepto tan arraigado del rol femenino que les impedía considerarla como enemigo en potencia y sí como un sujeto pasivo.

 

Gracias al trabajo de espionaje realizado por las mujeres como Helena Moloney y Rosie Hackett, que eficientemente informaron de los cambios de guardia y el posicionamiento de los soldados, se pudo tomar el inexpugnable Castillo de Dublín, en el cual ellas ocuparon posiciones estratégicas y esperaron la llegada de sus compañeros.

Esta situación fue algo realmente insólita y causó estupor en las filas británicas más o menos conservadoras. Los periódicos se hicieron eco de “mujeres corriendo bajo fuego enemigo sin sombrero” o “chicas irlandesas enfrentándose a un grupo de 200 hombres británicos”

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Helena Molony

Helena Moloney reconoció que hasta esa fecha, no se tiene noticias de hombres y mujeres combatiendo juntos en un mismo cuerpo militar.

 

La mujer que más escándalo causó fue Constance Markiewicz quién según explican los periódicos de entonces, “llevaba ropas de hombre, con dos revólveres en su cinturos y liderando el ataque de una tropa de hombres.”

Las guarniciones tuvieron que ir desplazándose a partir del miércoles por la ciudad tratando de rechazar el avance británico.

El jueves llega a Dublín procedente de Inglaterra Sir John Maxwell y coloca a Irlanda bajo la ley marcial teniendo plenos poderes en todo el país. Su misión; terminar con el alzamiento lo antes posible y sin reparar en modos.

En los días sucesivos Dublín es bombardeada sin miramientos y sin piedad por el buque Helga fondeado en el rio Liffey, además, los soldados disparan a toda persona que se cruce por delante esté o no involucrada en la insurrección, lo que convierte a Dublín en un infierno y al levantamiento en algo impopular para los ciudadanos de a pie.

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Winnifred Carney

El viernes Conolly, fundador del partido socialista irlandés y uno de los cabecillas de la rebelión, ordena a las mujeres que abandonen las posiciones los edificios y las guarniciones, pero tres de ellas se oponen a esa rendición femenina; ellas son Julia Greenan, Winifried Carney y Elizabeth O, Farrell quién jugara un papel fundamental, y al mismo tiempo una de las páginas más tristes de la historia del feminismo, de intermediaria entre las tropas británicas y las rebeldes llevando el documento de rendición a todas las guarniciones bajo el fuego cruzado para que estas lo suscribieran.

 

La última guarnición en rendirse fue la la de Constance Markiewicz , St. Stephen Green, quien convenció a sus mujeres diciéndoles que “aunque muchas de nosotras preferiríamos la alternativa de caer bajo las balas del enemigo, la obediencia es una virtud fundamental de un buen soldado”.

En un gesto que ha quedado para la historia, la condesa roja, como comandante de la guarnición, dio la mano a todos y cada uno de sus subordinados antes de rendirse al general Lowe y besó su revólver antes de entregarlo.

Muchas mujeres fueron detenidas o encarceladas y se les tuvo que aplicar un trato especial en las cárceles militares puesto que no existía el precedente de mujeres presas.

Muchas mujeres combatientes lograron escapar…vestidas de mujer.

Aunque fueron las primeras mujeres presas políticas de la historia del nacionalismo irlandés, las enviaron a la cárcel de Kilmainham donde recibieron un trato similar al de sus compañerospero con sentencias muy diferentes al ser juzgadas.

Maxwell, tras juicios sumarios, ordenó el fusilamiento de los siete cabecillas firmantes de la proclama republicana y el traslado de 3.500 presos a cárceles en Inglaterra.

La mayoría de mujeres fueron, sin embargo, liberadas y solo siete de ellas cumplieron condena en prisión y aunque Constance Markiewicz fue sentenciada a muerte, se le condonó la pena por ser mujer, algo por lo que ella protestó enérgicamente con otra frase que también ha pasado a la historia; “ustedes no han tenido ni siquiera la decencia de fusilarme”.

Con todos los miembros de la insurrección muertos, fusilado o en cárceles y tras la brutal represión política, las organizaciones femeninas se unieron para dar continuidad a sus ideales, dispuestas a seguir luchando por el logro de la independencia de Irlanda.

Recaudaron fondos para las viudas y huérfanos de los combatientes, organizaron la defensa de los presos, realizaron movilizaciones públicas, consiguieron volcar a la prensa a su favor y despertar la simpatía de la opinión pública a favor de la causa rebelde a pesar de que en el momento de acabar el levantamiento estuvieran la mayoría de ciudadanos en contra.

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Grace Gifford Plunket, viuda del poeta Joseph Plunket muerto durante el levantamiento.

Grace Gifford Plunket dirigió en Comité de Defensa de los Presos Políticos de tal forma que transformó la percepción de la mayoría de irlandeses en relación con el levantamiento de Pascua.

 

En 1917 enviaron delegadas a Estados Unidos para hablar sobre todo lo sucedido en la rebelión y lograron apoyo económico para los presos, llegando a crear la Asociación Americana por el Reconocimiento de la República Irlandesa.

Las mujeres que continuaron en Irlanda siguieron con las mismas actividades en la clandestinidad de forma que fueron continuamente arrestadas. Katleen Clarke, Constance Markiewcz, Maud Gonne y Hannah Sheehy, las cabezas más visibles, eran detenidas constantemente y liberadas tras comenzar huelgas de hambre.

Las estructuras femeninas fueron fundamentales para la organización de las futuras elecciones. Constance se convirtió en 1917 en la primera mujer elegida representante de la Cámara de los Comunes, aunque renunció a su cargo por no reconocer el gobierno de Reino Unido.

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Kathleen Clarke

Tras la denominada Guerra de la Independencia, 1919-1921 en que las mujeres actuaron como red de apoyo y agentes de inteligencia, cinco de ellas fueron elegidas miembros del Daíl Eireann; Constance Markiewicz, Kathleen Linch, Caíllin Bruga, Kathleen Clarke y Mary MacSwiney.

 

Sus diferencias en la aceptación del tratado que convertía a Irlanda en un estado asociado pero no independiente a cambio de la secesión de la isla y la permanencia del Ulster como posesión británica, les valió el nombre de Las furias.

Las mujeres irlandesas, herederas de una tradición celta en que la mujer posee la valentía, la determinación, el orgullo y el coraje, como rasgos fundamentales de su carácter y que se reflejan tanto en su historia como en su mitología, han sido imprescindibles en la historia de Irlanda, aunque, como suele ocurrir, sus nombres se han ido diluyendo a medida que la vida política ha avanzado con nuevos líderes masculinos.

Sin embargo, en los cientos de conflictos que Irlanda y Reino Unido han protagonizado a lo largo de su historia de enfrentamientos, las hijas de Irlanda han luchado ya no solo con las armas, algo quizá inaudito en hasta ese momento, sino también con el amor, con la perseverancia de sus ideas, con la continuidad de las tradiciones, la educación y la recuperación de su cultura celta, la continuidad de su idioma, el Gaélico irlandés, que fue prohibido durante generaciones, la tradición oral de sus leyendas y sus cuentos más sentidos y populares.

Mary MacAleese, presidenta de Irlanda en 1997 dijo de ellas: “Felicito a las mujeres de Irlanda porque además de ser la mano que mece la cuna han sacudido al sistema; esa es la fuerza del poder de la mujer.”

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Elizabeth O´ Farrell merece un apartado personal. Esta mujer pasará a la posteridad como la mujer que fue borrada de la historia. Como he contado anteriormente Elizabeth fue quien desafiando el fuego cruzado llevó el documento de rendición de una a otra guarnición hasta lograr el alto el fuego. Pues bien, en la fotografía de ese instante en que Pearse se rinde a Lowell, Elizabeth fue eliminada de la fotografía, borrada por completo porque no querían que una mujer apareciera en ella.

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Los clásicos y la dignidad de un pueblo.

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Los acontecimientos de los últimos tiempos, y en concreto de los últimos días, me hacen pensar que los españoles somos una sombra de aquello que una vez creímos que nos representaba como carácter nacional y que se ha quedado presente en la literatura; de aquel Quijote que luchaba contra las injusticias, desfaciendo agravios y enderezando entuertos o de aquellos habitantes de Fuenteovejuna que, todos a una, acabaron con la arbitrariedad del comendador, sus injusticias y sus abusos.

Tendríamos que recurrir a los clásicos para tratar de animar el espíritu patrio de buscadores de justicia, algo soñadores, que siempre hemos tenido.

En apenas un par de días, hemos tenido que ver al presidente del gobierno declarando en la audiencia por corrupción y nos hemos quedado tan anchos.

Sí, algunos hemos protestado, hemos puesto un tweet, un mensaje en Facebook y nos hemos quedado tan tranquilos con nuestra protesta, porque, ¿qué más se puede hacer salvo ejercer el derecho a la pataleta?

También estamos inundando las redes con mensajes de apoyo a Juana Rivas, una masa de gente que ha conseguido convertir el drama de esta señora en Trending Topic mientras ella, en unas pocas horas, pasará a ser fugitiva de la justicia y estará en busca y captura como una delincuente.

Estamos tan acostumbrados al horror que ya nada nos espanta.

Los cientos de casos juzgados por corrupción y los miles de casos de malos tratos machistas en lugar de rebelarnos nos dividen porque siempre hay quienes se quedan en la forma y no en el fondo de estas cuestiones.

Siempre hay quienes son más papistas que el Papa.

Volviendo a los clásicos, nuestro “comendador” particular, como si de Fuenteovejuna se tratara, no ha hecho sino burlarse de nosotros en un esperpento de testimonio y de declaraciones de amnesia que a cualquiera le valdrían una pensión de invalidez, y de paso, pone en duda la honestidad de los ciudadanos como si solo él y su ralea fueran los poseedores del honor y la verdad; es decir, nos ha dejado a todos como tontos al creer que cualquier cosa que diga nos la vamos a tragar, insultando, de paso, la inteligencia de todos quienes vimos aquel simulacro.

Juana Rivas, nuestra Laurencia particular, nos ha restregado por las narices la ley injusta que, a falta de leer y entender todo el proceso judicial, le obliga a poner su vida y la de sus hijos en peligro por el simple hecho de rebelarse contra la violencia y pretender vivir en paz. Nos ha echado en cara la falta de coraje que tienen las instituciones en todo aquello que signifique proteger a las mujeres de la violencia machista y en muy poquitas palabras, de hecho ninguna, está demostrando que aquello que la justicia no es capaz de hacer, lo vamos a tener que hacer las mujeres de la forma que sea y por nuestra cuenta.

La gente, el pueblo, los villanos de Fuenteovejuna, nos hemos quedado tan tranquilos con todo esto porque ¿qué podemos hacer?

Nos conformamos con posicionarnos a favor o en contra de las cosas, de hablar acodados en la barra del bar, o dar “me gusta” en las redes sociales.

No vemos el fondo.

Hasta los seguidores más acérrimos de Rajoy deberían tener en cuenta de que no se puede soportar tener un presidente que es llamado a declarar como testigo en un juicio por corrupción y en el que además dice no acordarse de nada ni saber nada. Las opciones son dos; o lo sabía todo y es un corrupto o no sabía nada y es un incompetente, lo cual en ambos casos le incapacita para seguir ostentando el cargo.

Y seas del partido que seas deberías pensar así.

Que existan personas que justifiquen esta corruptela, que la nieguen a estas alturas, o que te digan tan campantes, “si yo estuviera ahí haría lo mismo” es de una necedad tan brutal que parece mentira que no hayamos evolucionado en nada nuestro espíritu democrático, es más, muestra una involución casi feudal.

Que otros se escuden en frases sin sentido, en denuncias falsas o en lo que sea para defender el derecho de un maltratador a ver a sus hijos negando la evidencia de que ese hombre al que defienden es un tipo con una sentencia firme por violencia machista y que eso lo inhabilita para tener la custodia de los niños, es querer ver solo lo que a uno le conviene y muestra una misoginia brutal no solo a nivel personal sino también a nivel institucional.

El hecho de que quienes mandan, de quienes poseen el poder ya sea democrático o judicial, nos exhorten a cumplir con preceptos y leyes de las que ellos están por encima es no solo injusto, sino que además es una clara muestra de su pensamiento elitista, de su convicción de que están por encima del bien y del mal, de que son una clase privilegiada y llamada a dirigir los designios de una nación, de que estamos para servirlos, para pagar impuestos y callar, de que el pueblo es ignorante, y como tal, se puede abusar o se puede utilizar a su conveniencia.

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Cuando la ley es injusta, todos deberíamos rebelarnos contra ella. Como hizo el pueblo de Fuenteovejuna.

Contra la corrupción, contra la arbitrariedad, contra la violencia, contra las leyes que no protegen pero sí condenan, contra aquello establecido tantos años atrás que se ha quedado anticuado y ya no responde a las necesidades y a la filosofía actual de una nación, contra la degradación de un sistema que nos está oprimiendo como personas, contra la vergüenza de ser un país que solo sale en la prensa extranjera por crisis, escándalos, casos de corrupción, o violencia.

Creo que la mayoría de españoles no nos merecemos esto, de verdad. No nos merecemos la vergüenza que nos toca pasar día sí y día también.

Si de verdad quisiéramos cambiar las cosas, si no estuviéramos tan “aborregados”, solo tendríamos que levantarnos, salir a la calle, declarar huelgas generales indefinidas o desobediencias civiles para tratar de recuperar la dignidad que esta gente nos está quitando, para acabar con todas las injusticias y con todos los fraudes que, como si fuéramos tontos, nos están haciendo tragar, y entonces, como en la obra de teatro, solo cabrían dos posibilidades, o dar por buenos nuestros hechos o matarnos a todos, algo que ya intentaron allá por el 36 y casi consiguieron a partir del 39.

 

 

 

 

 

 

 

 

Seneca Falls: la primera convención feminista

Sandra Ferrer Valero

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En un pueblo cercano a Nueva York, en su capilla metodista, un 19 de julio de 1848 se reunieron mujeres y hombres para debatir sobre la situación civil y legal de las primeras. Una reunión que concluyó al día siguiente con una declaración que se convertiría en el primer documento en favor del feminismo en los Estados Unidos de América.

El anuncio

En el periódico local Seneca County Courier se publicaba este anuncio:

cartell.seneca-falls3Convención sobre los derechos de las mujeres. Una conveción para discutir las condiciones legales y los derechos sociales, civiles y religiosos de las mujeres. Tendrá lugar en la Capilla Metodista de Seneca Falls, Nueva York, el miércoles y el jueves 19 y 20 de julio a las 10 de la mañana.

Durante el primer día, el encuentro será exclusivamente para mujeres, a las que se invita cordialmente. El público en general está invitado a la segunda sesión…

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Charlas de feminismo y literatura. Parte I Protofeminismo

Cuando hablamos de feminismo y literatura, lo primero que hay que tener en cuenta es el hecho de que la mujer ha permanecido apartada de la cultura y ha sido invisibilizada socialmente durante siglos, incluso en ciertos momentos históricos, les ha sido negada la educación superior o cualquier tipo de alternativa cultural.

El posicionamiento dentro de la literatura universal de las mujeres es relativamente reciente y obedece a cambios sociales y a la evolución lógica del pensamiento, eso sí, auspiciada por movimientos feministas que tratando de dar respuestas concretas a los problemas sociales fueron abriendo puertas.

Para comprender la evolución de la mujer dentro de la literatura hay que revisar los movimientos feministas en cada momento de la historia.

Los estudios de las mujeres han de cubrir, necesariamente, una información que complete la historia de la humanidad ya que la mujer siempre ha quedado fuera del discurso histórico y ha estado subordinada legal e ideológicamente al hombre o bien, ha sido constantemente omitida.

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Agatha Christie, quien, obviamente, no necesita presentación.

 

 

 

 

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Danielle Steel, con cientos de novelas románticas que además son Best Sellers.
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Stephanie Meyer autora de la saga Crepúsculo
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E. L- James, autora de la famosísima saga “50 sombras de Grey”

Incluso hoy en día, en que las mujeres tienen mucha más presencia literaria siguen existiendo casos de cierta discriminación considerando que el discurso femenino no forma parte de las  grandes obras y sí de aquellos géneros narrativos que pueden ser considerados menores como es el caso del policiaco donde siempre ha reinado Agatha Christie, el fantástico como Crepúsculo que lo escribió Stephanie Meyer, erótico como las famosísimas 50 sombras de Grey escrito por E. L. James, o romántico como Danielle Steele .

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - j k rowlingTomando como ejemplo uno muy conocido, J. K Rowlling, hay que destacar que en primer lugar, la escritora firmó con sus iníciales para que el hecho de ser mujer no lastrara el libro, en segundo, que el género es considerado un género menor, fantástico y juvenil, y tercero que incluso siendo Best Seller, cuando se habla de su enorme éxito se hace desde una perspectiva de excepcionalidad. Cuando hablamos de Best Sellers escritos por hombres suena muy normal mientras que si está escrito por una mujer se recalca que lo ha escrito una mujer, como si eso no fuera algo reglamentario y posible.

Dentro de la literatura escrita por mujeres se dan dos casos concretos y diferenciados. Uno es que la mujer adopte un discurso femenino y otro es que no se posicione en absoluto y escriba desde la misma perspectiva que pueda hacerlo un hombre y que cultive un género literario que no busque ninguna voz femenina, como podría ser Agatha Christie o J.K Rowling creando una literatura universal y un lenguaje ya utilizado por los hombres desde siempre.

Sin embargo, en otros géneros, las escritoras tratan de encontrar una voz propia, un discurso para el que no siempre vale el vocabulario ni la voz prestada, que no trata de aunar o igualar algo que ya hicieron otros sino posicionarse como mujer, legitimar una propia voz y un discurso propio que aborde las experiencias, los aspectos psicológicos, sociales, espirituales o políticos que nos importan realmente.

La estrategia literaria de esas mujeres es revisar los conceptos comúnmente aceptados, destruir y reconstruir imágenes o estereotipos que hemos ido heredando de la literatura masculina.

La voz propia de muchas escritoras actuales no sería posible sin la voz de sus predecesoras, de otras mujeres que en distintas oleadas de pensamiento, fueron a su vez escribiendo. Formando en un millón de gestos y palabras, las corrientes de pensamiento que en una revolución lenta pero constante nos han llevado hasta nuestros días.

Según Samara de las Heras, “el feminismo es toda teoría, pensamiento y práctica social o jurídica que tiene por objetivo hacer evidente y terminar con la situación de opresión que soportan las mujeres y lograr así, una sociedad más justa que reconozca y garantice la igualdad plena y efectiva para todos los seres humanos”.

 

Antes del feminismo. Empezamos por el principio.

Incluso antes de que el feminismo existiera como tal, hubo escritoras que manifestaron su malestar por la situación de la mujer en la sociedad y trataron de denunciar su discriminación, si bien, casi todas ellas fueron casos excepcionales y pertenecieron a los dos únicos grupos sociales que tenían cierta oportunidad de acceder a la cultura; las religiosas y las aristócratas.

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - hildegrandaSanta Hildebranda de Bigen cultivó casi todas las artes además de la literatura sacra y se considera protofeminista al escribir allá por el año 1100 sobre su visión y actitud práctica del papel de la mujer en la sociedad. Como curiosidad hay que recordar que fue la inventora del esperanto y se considera la primera persona que describió un orgasmo al hablar de sus visiones místicas.

Hacía 1405, es publicada La ciudad de las damas, de Cristina de Pizán que dio pie a los conocidos debates de la querella de las mujeres.

 

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En el s. XVI tenemos a nuestra más célebre santa, Teresa de Jesús, que es considerada la primera feminista de la historia de la iglesia, aunque esta imagen fue tapada durante siglos por la curia. Teresa fue una mujer libre, independiente, fuerte y emprendedora de reformas eclesiásticas, crítica con la posición de la mujer desde afirmaciones en sus libros como “el mundo nos tiene acorraladas”. Fundó 17 conventos con sus reglas particulares y 2 escuelas para niñas, las carmelitas descalzas.

 

 

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - maria de zayasEn pleno siglo de oro, compañera de Quevedo, Góngora y Lope, María de Zayas fue una célebre dramaturga de la que hoy pocos hablan.

Cultivó la picaresca y en sus obras hay un claro componente de denuncia social, una desenvoltura muy liberal de sus personajes femeninos.

Crítica con la moral y la virtud impuesta, denunció la falta de estudios en las mujeres de la época. Cabe decir que sus escritos fueron condenados por la inquisición.

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - juana ines de la cruzUna de las protofeministas más reconocidas es Sor Juana Inés de la cruz, nacida en México y de familia aristocrática formó parte de la corte del virrey de México hasta que al no poder estudiar en la universidad como ella pretendía, le propusieron tomar los hábitos, la única alternativa posible al matrimonio. Cultivó el teatro, la comedia, poesía, compuso villancicos, y autos sacramentales. Algunos estudiosos dicen que no es posible hablar de feminismo en su obra y que la monja, simplemente, trataba de defenderse en sus versos, otros hablan de que utilizó una voz neutra que le permitiera expresarse pero la mayoría de estudiosos, sabiendo que el feminismo es más que lo que decimos, sino también lo que hacemos y lo que pensamos, ven en Juana las pinceladas de feminismo necesarias. En la obra lírica de Sor Juana, por primera vez, la mujer deja de ser el elemento pasivo de la relación amorosa y recupera su derecho, usurpado por los hombres. Habló levemente de la menstruación y de la lactancia recalcando el papel de la mujer en el proceso del ciclo de la vida que consideraba un bien divino, rompe con los cánones establecidos para la literatura femenina y logra crear un universo literario y filosófico donde la mujer adquiere mayor protagonismo y donde ella puede disertar sobre el rol social de las mujeres, aunque siempre pegada al momento histórico en el que vive. Según Octavio Paz, “gracias a su inteligencia, usando las mismas armas que sus detractores, acusa a los hombres de los mismos vicios que ellos achacan a las mujeres”.

Sus versos feministas más famosos:

Hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón/ sin ver que sois la acción/ de lo mismo que culpáis.

La frases menos “afortunadas” de las mentes más “brillantes”.

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Los grandes pensadores de todos los tiempos, no dejan de ser hijos de su época y de responder con frases que hoy serían consideradas de políticamente incorrectas, a los movimientos feministas de su momento.

En ocasiones, sus perlas dialécticas, dichas en periodos en los que el feminismo ni siquiera existía, se pueden considerar no una respuesta a ningún movimiento, si no la contestación al por qué de preguntas que nadie les hizo y que eran para ellos una realidad tan patente y obvia que no merecía siquiera un leve pensamiento de su bien pensante y privilegiada mente.

En su libro La arquitectura del patriarcado (Ed. Bellaterra 2016) Yadira Calvo repasa las frases que han legitimado la misoginia encadenando una tras otra las citas cumbre de las autoridades máximas en la cultura y la filosofía, abarcando periodos muy distintos de la historia y repasando disciplinas muy diversas.

Desde Aristóteles hasta Kant, Yadira ha seleccionado las frases que, a lo largo de la humanidad, han influido en el pensamiento y que en muchas ocasiones todavía arrastramos como un lastre.

Para Hegel, las mujeres “no están hechas para las ciencias más elevadas”.

Auguste Comte habló de la “debilidad intrínseca de su raciocinio”

Fichte afirmó que “en el matrimonio, la mujer expresa libremente su voluntad de ser anulada ante el Estado por amor al marido”.

Para Pierre Joseph Proudhon, el impulso sexual femenino era “lo más bajo y repugnante que existe en la naturaleza”.

Otto Weininger, autor de Sexo y carácter, equiparó el feminismo con la prostitución.

Arthur Schopenhauer dijo que: “Solo infundiéndoles temor puede mantenerse a las mujeres dentro de los límites de la razón”. Según Schopenhauer, ellas “se quedan niñas toda la vida”, solo resultan atractivas hasta los 28 años y nunca poseen inteligencia.

Robert A. Wilson, animaba a consumir estrógenos para combatir “la miseria indecible del alcoholismo, la drogadicción, el divorcio y los hogares rotos” derivados del fin de la edad fértil.

El naturalista Ernest Haeckel también afirmó que las mujeres y los hombres negros representaban el mismo estado evolutivo “que los niños varones blancos”.

Para el paleontólogo E. D. Cope, las características de las mujeres eran similares a las de “los hombres durante el estadio inicial de su desarrollo”.

Para no quedarme solo con el libro de Yadira, he rebuscado y he localizado unas cuantas perlas más en el libro Antología del machismo ilustrado, de Marco Litico (Grupo editorial 2002) que a continuación dejo para vuestro deleite.

“Los fundamentos de la casa son la mujer y el buey: el buey para que are y la mujer para que guarde”. Fray Luis de León.

“Todo en la mujer es un enigma, y todo en la mujer tiene una solución: se llama embarazo”. Nietzsche.

“El fuerte de la mujer no es saber sino sentir. Saber las cosas es tener conceptos y definiciones, y esto es obra del varón”. Ortega y Gasset.

“Al seguir una vocación masculina, estudiar y trabajar como un hombre, la mujer hace algo que no corresponde del todo con su naturaleza femenina, sino que es perjudicial”. Karl G. Jung.

“Aborrezco a la mujer sabia. Que no viva bajo mi techo la que sepa más que yo, y más de lo que conviene a una mujer. Porque Venus hace a las doctas las más depravadas”. Eurípides.

“La mujer no necesita escritorio, tinta, papel ni plumas. Entre gente de buenas costumbres el único que debe escribir en la casa es el marido”. Moliere.

“Debéis retrasar lo más que os sea posible el momento en que vuestra mujer os pida un libro”. Balzac

“Es orden natural entre los humanos que las mujeres estén sometidas al hombre, porque es de justicia que la razón más débil se someta a la más fuerte”. San Agustín

“La mujer no se traiciona fácilmente a sí misma y por eso no se emborracha. Como es débil tiene que ser astuta”. Kant.

“La anatomía es el destino. Las niñas sufren toda la vida el trauma de la envidia del pene tras descubrir que están anatómicamente incompletas”. Freud.

Que pensadores y filósofos de distintas épocas se hayan dado al libre albedrío de lanzar esas frases de semejante calado misógino nos debería hacer dudar de muchas de sus obras y de algunas de sus teorías que también tenemos comúnmente aceptadas de la misma forma en que todas estas lo fueron en su momento.

Quiero pensar que esos hombres eran hijos de su tiempo y que venían de una tradición mucho más antigua que incluía corrientes de pensamiento que, tras miles de años impuestas, ellos no lograron dejar atrás y que solo con mucho tesón y fuerza estamos tratando ahora de romper.

Acabar con miles de años de pensamientos y tradiciones brutales, que están tan arraigadas en la conciencia colectiva de los hombres que hasta incluso las mujeres las creen, no es algo fácil ni algo que se pueda realizar en un corto plazo de tiempo, por tanto la lucha del feminismo ha de continuar y ha de hacerse de forma lineal, implicando a hombres y mujeres en ella y aprovechando un acceso que pocas veces en estos milenios ha sido tan común para todas las partes y que forma la base principal de toda la sociedad: la educación.

PD. Si alguien se pregunta por qué sale Mafalda en la foto… es que nunca he leído sus viñetas.

 

 

 

 

La creación de un personaje a partir de la asociación de ideas.

nina peña - libros - escribir - personajes

Hace unos días os comentaba mi dificultad para crear un personaje que, a todas luces y por el argumento del libro, debía ser el malo de la novela.

Los personajes malos, los villanos, son quizás para muchos, los más jugosos, los más carismáticos, aquellos que se pueden permitir ser malos de verdad y ofrecerse al juicio público sabiendo que van a ser exonerados de sus maldades porque estas son necesarias para que, al final, triunfe la virtud, la bondad o cualquier sentimiento considerado correcto socialmente.

Es la contraposición de aquello que nos obligan a ser cuando, tal vez, tendríamos ganas de ponernos el mundo por montera y, por unas cuantas veces, ser los malos.

El malo, para ser carismático ha de poseer dos virtudes, a saber; no sentirse malo sino creerse en posesión de la verdad y de la virtud, y tener una filosofía de vida coherente con sus acciones, que pueda explicarlas.

No tener esas dos cosas lo convertiría en malo de todas formas, sí, pero no tendría esas dimensiones necesarias para ser un malo, muy malo de verdad.

Dos ejemplos de lo que es ser malo, pero con un carisma, una personalidad clara y coherente que se me ocurren a bote pronto, podrían ser el inspector Javert de Los miserables o Mr. Heathcliff en Cumbres borrascosas.

Es innegable que ambos son los personajes “malos” de esas novelas… pero conociendo sus pensamientos, su pasado, su filosofía, su vida, ¿quién puede juzgarlos con la simple palabra malo?

Malo, a secas, sin ninguna doblez en la expresión, serían aquellos personajes de las novelas de Marcial La fuente en que el pistolero era malo de por sí, por naturaleza, sin ningún atisbo de redención posible, sin remordimientos y sin un “live motive” que justifique sus acciones.

Así que, tras pensar en los malos épicos de varios libros, quise que ese personaje que tanto se me resistía tuviera una parte de humanidad, y que esa humanidad, mal entendida o llevada hasta las últimas consecuencias de una forma severa, fuera la que marcara sus malas acciones.

Los personajes son hijos de su tiempo también, y la coyuntura social que los envuelve nos puede marcar qué tipo de maldad es la que estos pueden realizar.

La asociación de ideas me surgió casi sin querer.

Mi personaje ha de ser un fascista militante en una España de postguerra.

Mi cabeza se fue a buscar ejemplos visuales que me parecieran ajustados a esa imagen mental que tengo del miliar fascista y fanático e irremediablemente me vino a la cabeza el papel de Sergi Lopez en El laberinto del fauno. Ahí esta el malo, malo, muy malo.

Con la facilidad de las redes sociales busqué hasta encontrar una crítica que me hizo ver que no todos los malos deben ser tan claramente malos, tan crueles y provocar tanta repulsión en el espectador/lector.

La primera asociación de ideas, que fue Sergi Lopez, me llevó a buscar la filosofía, la ideología de su personaje.

Me metí de lleno en política. Fascismo, nacismo, nacionalsocialismo, nacionalcatolicismo.

Lo sé, tengo un estómago a prueba de bombas.

Necesitaba comprender de dónde viene esa forma de pensar.

Al mismo tiempo, con la cabeza bullendo de información, había estado buscando una parte humana con la cual dotarle de algún refinamiento, de alguna característica que le diera contraste a la crueldad necesaria de la que va a hacer gala el personaje, algo que pudiera conmoverle y que por un momento mostrara su lado más amable y sentimental.

Y, para mi, si hay algo humano que muestra a sensibilidad de cualquier persona, son las artes. La expresión más refinada de nuestro ser, la que más dice de nosotros mismos, la que nos puede hacer sentir y nos puede provocar emociones.

La música era lo ideal.

¿Y qué tipo de música escucharía un militar fascista? Mira, de verdad que a veces me superan estas cosas… pero yo juraría que no a Puccini precisamente.

Una persona con esa fuerza intrínseca, con rango abolengo,con esos valores tan marcados escucharía música culta pero fuerte, una música rotunda; Wagner.

La suma de Wagner y la filosofía fascista, me llevó a Alemania.

Posiblemente, como hijo de su época, mi militar tendría cierta germanofilia. (Los amos del cotarro en aquel momento que tenían a las potencias europeas tan asustaditas que ni se atrevieron a ayudar a la república electa en España y transigieron con las primeras anexiones territoriales de la expansión que Hitler soñaba, en pos de evitar un conflicto que de todas formas acabó estallando)

Y si hay que buscar en el fascismo alemán, en la filosofía alemana de aquel momento, podría haberme hundido en un montón de mierda, con perdón de la expresión y haberme quedado en la forma sin llegar al fondo.

Una ideología tan brutal, inhumana y cruel como el fascismo, el nacionalsocialismo, para mi tiene la base en la falta de cultura de las personas que la ostentaban, en los prejuicios y en los rencores históricos. Eso ya es una marca a seguir.

Pero, ¿cómo puedo llamar “incultos” a personas que han escrito libros, que han montado todo un movimiento social alrededor de una idea o que, yendo más allá, han sido creadores de toda una filosofía que llegó a tener y sigue teniendo miles de adeptos en el mundo? Esas personas se formaron en universidades, tenían sus títulos académicos, pertenecían de nacimiento a círculos de poder y círculos de pensamiento, por tanto incultos no eran, pero sí hacen gala de unas premisas políticas populistas que son las que, aquellas personas con menos nivel cultural, siguieron y siguen.

Por tanto hay un fondo que buscar.

Recapitulando: tenemos a Alemania, tenemos una filosofía fascista y un militar español.

Necesitamos enlazar todo eso de alguna forma para que el resultado sea armonioso y el personaje tenga una psique, una ideología y que esta pueda tener coherencia con sus actos.

Me fui a dos grandes pensadores alemanes; Nietzsche y Schopenhauer.

De verdad que lo mío es vicio.

La filosofía de ambos es completamente contraria a cualquier fascismo. Hay que ser muy retorcido para creer que el súper hombre que menciona Nietzsche signifique la supremacía de la raza aria, pero así fue. Además era ateo y culpaba a la religión de muchos de los males que asolan al hombre (adoro a Nietzsche) y yo lo que necesitaba era una filosofía dentro del fascismo que casara con el catolicismo español imperante en el bando nacional.

Descubro que Nietzsche es de los filósofos más mal interpretados gracias en parte a su propia hermana, Elizabeth Forster Nietzsche que, antisemita de vocación, manipuló su obra cuando este sufrió un colapso que lo dejo convertido en vegetal durante doce largos años. Quién haya leído sus teorías sobre la eutanasia no podrá menos que notar la broma del destino.

La idea reprobable de Nietzsche sobre las clases sociales y la primacía de la clase aristocrática sin embargo me va a venir muy bien.

Todas esas pesquisas me llevan a un tal Alfred Beaumuler, filosofo alemán fascista que publicó un libro titulado Nietzsche, el filosofo y político y que manipuló a su gusto algunas teorías para adaptarlas a la filosofía nazi que por lo visto era necesaria. Obviamente no pienso leerme ese libro, pero los datos me llevan a ese fondo que yo buscaba, a esa filosofía de vida interior que necesita un malo muy malo para no ser un personaje plano y poseer, sino alma, al menos un cerebro que justifique sus actos.

Lo siguiente era unir todo eso con la religión católica , y sabemos que el fascismo era ateo…

Para unirlo lo que he hecho es separarlo.

He separado Dios de religión. Espiritualidad de Iglesia.

Si tenemos en cuenta que el fascismo español, basado muchas veces en el catolicismo tradicional se apoya  en dogmas y leyes dictadas más por la iglesia que por la propia biblia, si tenemos en cuenta de que todo nace de una filosofía judeo-cristiana que ha imperado durante miles de años en el sentimiento y pensamiento sobre la culpa, el pecado, el bien y el mal o en los juicios finales, al separar ambas cosas, si la mente de mi personaje separa ambas cosas, obtenemos a un militar que cree en Dios pero que repele la imagen del sacerdote como modelo político y su influencia en las leyes civiles del momento, que a su parecer han de ser dictadas por poderes terrenales y no divinos.

Et voilá! Ahí tenemos a mi malo malísimo.

Un personaje refinado, culto, que lee libros filosóficos, que escucha a Wagner, que cree de forma íntima en todo lo que hace porque para él no es hacer o no hacer, sino vivir o no vivir de la forma adecuada. Sus actos van a tener una justificación porque ya sé como piensa, sus maldades van a tener una veta de bondad porque creerá estar haciendo lo correcto y lo moralmente necesario aun cuando esto sea reprobable. Un personaje que tratará de destruir todo aquello que él crea necesario destruir en pos de una sociedad correcta  y tradicional.

Y ahora viene lo más difícil; escribir.

Deseadme suerte.

 

Reseña de Las sufragistas.

las sufragistas - nina peña - libro - mujeres

Allá por el mes de septiembre, antes de cambiar la portada por esta que conocéis ahora y con el libro recién publicado en Amazon, mi querida amiga Conchi hizo una reseña en su blog.

Conchi es, aparte de una buena amiga, la correctora ortotipográfica y de estilo de este libro, o sea, la madrina de la criatura. En aquel momento el libro estaba bajo seudónimo y no pude publicar aquí su reseña, pero me ha parecido oportuno publicarla en este momento. Espero que os guste y que os anime a leerlo.

http://cosasmias-cosesmeues.blogspot.com.es/2016/09/las-sufragistas.html
Podéis leer la entrada completa en su propio blog, Cosas mías.

 

Sinopsis:
¿Puede una mujer amar a dos personas a la vez? 
Grace, una activista perteneciente al grupo de las Suffragettes londinenses, y en un momento histórico en la lucha por los derechos de la mujer, sufre una grave crisis de identidad tras conocer a James y a Ingrid, las dos personas que cambiarán su mundo para siempre. 
Conocerles a ellos y sus ideas, así como la revolución ideológica que está a punto de sacudir al mundo previo a la 1º guerra mundial, hace que Grace se plantee temas profundos que desde su posición acomodada nunca antes siquiera llegó a pensar. Los ideales de sufragio para las mujeres, que es algo que por lo que lleva años luchando, comienzan a parecerle efímeros frente a novedosas ideas promulgadas por las feministas europeas. El amor libre, las opciones de identidad sexual, la elección libre de la maternidad o el socialismo, irrumpen fuerte en su vida volcando todo lo que una vez creyó. 
Con Ingrid y James, Grace comienza un cambio drástico en su vida, asumiendo su verdadera identidad sexual, cambiando los valores en los que la habían educado y comienza a ser una mujer libre. 
Basado en hechos históricos y con personajes reales, como Emmeline o Sylvia Pankhurst, Emily Davidson, Ethel Smyth o Madame Pelletier, que se entremezclan en la narración, Grace comienza un viaje interior del que saldrá una mujer nueva, quizá el precedente de cómo somos muchas mujeres actuales. 

Quizá hayáis notado la escasez de lecturas de este verano. Os aseguro que he leído, y mucho. Pasé varias semanas leyendo y retocando en las formas (nunca en el fondo, que para mí la creatividad del autor es sagrada) esta novela de mi amiga Erin Greene de quien ya os puse una poesía.

Dos temas principales vertebran esta novela, intrincados ambos en la esencia de ser mujer. Por un lado, la lucha de la protagonista, junto a un grupo de pioneras sufragistas, por conseguir el voto para las mujeres además de unas leyes menos discriminatorias. Los derechos que quizá hoy damos por sentados se cobraron la sangre de valientes mujeres que sacrificaron su estabilidad, su posición, su salud física y mental por intentar lograrlos. Nunca les estaremos lo bastante agradecidas. Por otro lado, la liberación del yugo legal masculino debía ir acompañada del descubrimiento de su sexualidad, hasta entonces mayoritariamente reprimida. Por ambos procesos transita Grace, la protagonista en principio, aunque más tarde veremos que es el vértice de un triángulo de pasiones y de ideologías.

Hay que agradecer a la autora el repaso histórico de la época convulsa que precede la Primera Guerra Mundial y que nos recuerde los sacrificios de aquellas mujeres, en efecto, aunque no quiero obviar su talento para la narración erótica. Las escenas de sexo están impecable y elegantemente descritas sin que ello les haga perder efectividad. Que me hayan recordado la mejor novela erótica de Robin Schone, El tutor, ha de interpretarse como un halago por mi parte. De hecho, me he quedado con las ganas de leer más episodios de ese cariz. Como me conocéis, ya no os escandalizan mis preferencias de lecturas sicalípticas. Y, amigas mías, ese James os va a volver locas. Puede que tenga una idea de en quién ha pensado la autora para describirlo pero no pienso revelarlo. La imaginación al poder, chicas, y vuestras parejas (o vosotras mismas, qué caray) lo agradecerán.

Sea por un tema o por el otro, os recomiendo su lectura. De momento, solo está disponible en formato digital y lo podéis adquirir baratito en Amazon.

Crítica a “Las sufragistas”, de Nina Peña

La primera reseña de LAS SUFRAGISTAS, no podía ser de otra persona más que de Miriam. Gracias Miriam, tomo nota de todo lo que me dices para mejorarla en el futuro, de cara a otra edición en formato tradicional. Saber nuestros errores, esos que no vemos porque estamos muy metidas en la narración,  es siempre una gran ayuda no solo para el libro que nos ocupa sino para seguir mejorando. Y gracias también por tus palabras, y sí, disfruté como una enana escribiendo sobre el feminismo más real y más de base, ese feminismo que ahora parece desvirtuado. Un beso y de nuevo gracias.

 

 

https://www.amazon.es/Las-sufragistas-Nina-Pe%C3%B1a-Pitarch-ebook/dp/B01L7K5BV4/ref=pd_rhf_gw_p_img_2?_encoding=UTF8&psc=1&refRID=37D8JYEKSW8V2KEREKP0

A Librería

Título: Las sufragistas
Autor: Nina Peña Pitarch
Género: Biografía – Histórica
Fecha de su composición: 2016
Edición: Digital
Editorial: Autopublicado
Número de páginas: 684 páginas

Lo cierto es que lo que a mí me resulta sarcástico es ver cómo mujeres de una posición social elevada se inflaman en discursos épicos sobre sufragios y sobre los derechos de la mujer pero no hacen nada por mejorar las condiciones de trabajo de sus compañeras de sexo. ¿Sabe usted que en este país las mujeres cobran mucho menos que los hombres por realizar exactamente la misma labor?

Nina Peña me ofreció leer y reseñar alguna de sus obras. Y, dado que no puedo rechazar la oportunidad de sumergirme en una novela histórica con aires feministas, el título elegido es el que ocupa esta crítica. Con la presión que siempre es leer y hablar de una amiga, a ello voy.

La protagonista

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Un reto.

nina peña - libros - escribir

Sin duda escribir sobre algo que no conoces en profundidad o sobre épocas que no has vivido y sobre las que tienes que documentarte hasta que llegas a soñar con ellas es un reto.

Y es un reto al que me estoy enfrentando en estos momentos.

No solo he salido de mi zona de confort al escribir con personajes masculinos que tienen un peso específico en la trama sino que además, he de ponerme en la piel de ellos para tratar de explicar una filosofía, un carácter y una ideología política que es completamente contraria a la mía.

Hay cientos de ensayos, documentales, testimonios y libros que hablan de ello, y me he leído y visto bastantes porque de una forma u otra todos me van a ayudar a sumergirme en esa coyuntura, pero tratar de meterme en una piel, en unos sentimientos o tratar de interiorizar en pensamientos toda esa carga política que, además, transforma por completo el modo de vida de las personas que siguen su filosofía, es un arduo trabajo no de imaginación sino de una empatía que no sé si voy a lograr.

Un reto. Salir de mi zona confortable y hablar de cosas que no son ni cómodas ni agradables, pero sí son necesarias para el argumento de mi libro y que por tanto voy a tener que enfrentar.

Es algo que va mucho más allá de describir un físico o una imagen aunque estas sean también necesarias. Es toda una forma de moverse, de mirar, de hablar, de ser, de estar en los lugares lo que han de marcar esa personalidad y ese carácter que además tiene que ir en consonancia con su forma de entender la vida, con las reglas por las cuales se rige su comportamiento.

Y… ¿Cómo lo hago si ese tipo de persona me produce repulsión? ¿Cómo describo a un personaje de forma que sea coherente y no quede patente mi opinión personal al respecto de su ideología y de sus prácticas? ¿Cómo me mantengo al margen de los hechos para simplemente relatarlos, contarlos?

Es un reto del que no sé como voy a salir…ya me lo diréis cuando leáis el libro…que a este paso será dentro de mucho tiempo. (Ains)