La feminista coñazo.

 

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Creo que ya no es un secreto, porque lo he comentado aunque sea de pasada en redes sociales, que uno de los trabajos que me ocupa ahora, y que me está produciendo muchísima satisfacción personal, es un ensayo sobre feminismo.

Embarcarme en un proyecto así, además, me ha hecho entrar en discusiones y corrientes filosóficas que van más allá de lo puramente coloquial y de las frases hechas, me ha permitido ver el fondo de muchas cosas y de muchos conceptos, algo que realmente es fascinante porque sientes, a medida que escribes, cómo tu mente se va abriendo y absorbiendo todo ese caudal de información.

Pero hay una faceta en concreto que me preocupa.

En los temas de feminismo en redes sociales, la aceptación por parte de muchas mujeres es escasa, por parte de los hombres suele ser nula y en muchos casos es realmente aberrante. Las fotos que he seleccionado de distintos medios son explícitas en el sentido al que me quiero referir.

Y ya no es eso solo, es que a veces se llega a ciertos enfrentamientos verbales, sobre todo en Twitter, o a conversaciones surrealistas, en las que se manifesta una opinión que claramente no es feminista y de forma realmente agresiva por parte de muchas mujeres, sobre todo jóvenes que es lo más preocupante, en la que se rechaza cualquier tipo de feminismo.

Yo misma me he convertido en la feminista coñazo.

He mirado y buscado en todos los foros de internet y en distintas redes sociales, y, generalizando, vamos desde la discusión sobre si hay mujeres que también asesinan a sus maridos, (6 en el año 2013) el famoso “yo no soy machista ni feminista, creo en la igualdad” o desde el ya tan traído y llevado caso de las denuncias falsas (0,010%), con los que las mujeres se empeñan en defender la inocencia del hombre a capa y espada, convirtiéndolos en víctimas, contradiciendo desde a las estadísticas hasta al sentido común, como si ellos no se defendieran bien solitos. Las reacciones de muchas mujeres me han sorprendido, porque soy tan sumamente tonta que doy por hecho que todas las mujeres son feministas.

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Al comenzar a estudiar y a preparar el ensayo puedo darme a mí misma la respuesta de por qué.

Una de las razones principales es que muchas creen haber conseguido ya esa igualdad social y no se sienten para nada discriminadas o bien, creen que ya se ha conseguido todo y que estamos yendo demasiado lejos pidiendo cosas que “discriminan” a los hombres.

Creo que el discurso feminista actual debe renovarse y adaptarse a los nuevos tiempos y la forma en que nos expresamos es una de ellas.

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Si los derechos humanos de la primera ola feminista y los derechos sociales de la segunda ola ya han sido logrados, a nostras nos queda un trabajo tan arduo como el anterior al convertir lo personal en político, algo que ya comenzó en los años sesenta y que sigue en evolución tal como sigue evolucionando la sociedad.

Quizá para muchas mujeres el feminismo está obsoleto porque creen que se han conseguido todos los derechos, que ante la ley es así, lo que no se ha conseguido es tener  ni las mismas oportunidades ni las mismas características para poder ejercerlos por tanto deberíamos pasar ya de la igualdad a la equidad, al equilibrio, cambiando el discurso para hacerlo más acorde con los tiempos que corren.

Otra es la educación. Me sorprende que muchas mujeres no sepan qué es el feminismo.

Brutal pero cierto. No saben qué es y lo asocian a una especie de aquelarre en el que las brujas coñazo como yo quieren quemar a los hombres en piras sociales que nosotras mismas construimos para ello.

Lo peor es que creen que no necesitan saber qué es, no quieren saberlo ni leer a fondo y seguramente si lo hicieran entenderían las cosas al revés porque ahí entra otra cuestión; tienen tan asumido ese rol patriarcal que ellas mismas dan explicaciones post-machistas a las cuestiones que puedan ir surgiendo. Un ejemplo claro, por poner a alguien sobradamente conocido en los medios, es el de Paula Echeverria hace muy poco diciendo que ella no es ni feminista ni machista.

A ver, alma de cántaro, si no eres feminista, eres machista, si no crees en la equidad y la igualdad que es lo que propugna el feminismo, eres machista.

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Imagino que las mujeres que ahora no hacen nada por el feminismo, y para prueba me remito a la movilización contra los presupuestos del estado por parte de colectivos feministas que apenas tuvo eco en muchas mujeres, o las mismas que nos llaman exageradas cuando salen las Femen gritando con las tetas al aire, son las mismas que hace dos siglos se escandalizaban cuando las mujeres pedían el voto o cuando se ataban a las rejas del parlamento británico.

Imagino que tal como ha pasó en aquellos tiempos, serán sus nietas las que se beneficien con la obtención de derechos por los que ellas no han movido ni un solo dedo, tal como ahora nos beneficiamos todas de aquello que nuestras bisabuelas, las locas sufragistas, hicieron en su momento.

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Nos queda un enorme trayecto que recorrer porque no solo hay que pelear porque los hombres cambien de mentalidad, que esa es otra, sino que además hay que reeducar a muchas mujeres en el feminismo en el que parecen no sentirse representadas del todo quizá porque nos miramos demasiado el ombligo y estamos en disputa constante con nosotras mismas sin atacar los problemas sociales que de vedad son una gran amenaza como pueda ser ese cambio social al neoliberalismo que sí nos está machacando y devolviéndonos a etapas que ya creíamos superadas.

El reto continúa, esta lucha nunca ha sido fácil y ahora disponemos de medios globales y de una mayor educación para poder lanzar ideas al viento y que sean recogidas por miles de personas, lo que hay que saber es cómo lanzarlas, como desarrollarlas para que la implicación de las mujeres sea real y no nos quedemos el resto en feministas coñazo pasadas de moda o por lo memos que no nos boicoteen desde dentro, si no es su lucha que nos dejen a nosotras luchar en paz. Sus nietas se lo agradecerán.

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Los desafios del feminismo ante el siglo XXI. Amelia Valcárcel y Rosalia Romero

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Amelia Valcárcel (Madrid, 1950) es catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, miembro del Consejo de Estado, vicepresidenta del Real Patronato del Museo del Prado y patrona de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

 

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Rosario Romero es odontóloga y especialista en Gerencia en Salud de la Universidad de Cartagena; también especialista en Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad de los Andes; sumado a lo anterior, es candidata a magister en Conflicto Social y Construcción de Paz de la Universidad de Cartagena.

EL PRESENTE Y LOS RETOS DE FUTURO

Del mismo modo que a la obtención de las conquistas sufragistas le siguió la mística de la feminidad, los ochenta vieron aparecer una formación conservadora reactiva que intentó volver a poner las cosas en su lugar a fin de deflactar las vías abiertas por los nuevos espacios legales. Se produjo durante la vigencia del conservadurismo Regan-Thacher. Ha sido perfecta y admirablemente descrita por S. Faludi en su libro Reacción. De nuevo la maniobra fue orquestada en sinergia por los poderes públicos la industria de los medios y la moda y la red asociativa conservadora de la sociedad civil. Sin embargo tuvo mucha menos capacidad que su predecesora. Por una parte el panorama internacional no era homogéneo y por otra el feminismo en los ochenta se estaba transformando en una masa de acciones individuales no dirigidas.

Mientras que en algunos países se intentó suprimir o reconducir a los organismos de igualdad a fin de que contribuyeran a positivar un modelo femenino conservador, en otros, por su distinto signo político, el pequeño feminismo presente en los poderes públicos reclamó la visibilidad mediante el sistema de cuotas y la paridad por medio de la discriminación positiva. Internacionalmente el feminismo, que de suyo siempre ha sido un internacionalismo, llegó a lugares antes impensables, las sociedades en vías de desarrollo, y se encarnó en prácticas “de género” que nunca habían existido, reclamando su entrada en la construcción de las democracias. El feminismo de los últimos años ochenta y la década del noventa encontró en el sistema de cuotas el útil que permitía a las mujeres adquirir visibilidad en el seno de lo público y, previamente, había diagnosticado que la visibilidad social estaba interrumpida precisamente porque sus nuevas habilidades y posiciones no tenían reflejo en los poderes explícitos y legítimos. En los hechos esto significaba el fin de la dinámica de las excepciones.

Los repasos cuantitativos se afirmaron como perentorios. Cuántas mujeres había en cada sector relevante y encontrar el porqué de su escaso número fue la tarea de conteo que se emprendió. El diagnóstico fue que existía un “techo de cristal” en todas las escalas jerárquicas y organizacionales, puesto que, a medida que se subía de nivel, con formación equivalente, la presencia de las mujeres iba reduciéndose. Avanzaba el convencimiento de que los mecanismos de selección sólo eran aparentemente neutrales. Entonces comenzó a pensarse en la conveniencia de promover medidas que aseguraran la presencia y visibilidad femeninas en todos los tramos: discriminación positiva y cuotas.

En este terreno los mejores resultados se han obtenido por ahora en el seno de los poderes públicos, pero queda el reto de trasladar este tipo de acciones al mercado, lo que exigiría acuerdos políticos y sindicales bastante amplios. Ambos mecanismos, discriminación positiva y cuotas, pertenecen de suyo a las democracias cuando éstas prefieren incrementar los saldos igualitarios; por lo mismo suelen quedar fuera de los contextos liberales o ultraliberales. Son instrumentos, en el caso de las cuotas, para asegurar la llegada a los lugares seleccionados de aquellos colectivos que son sistemáticamente preteridos; es decir, imponen por cuota el cumplimiento de la meritocracia cuando la cooptación pura y simple no la asegura. La discriminación positiva, a su vez, intenta la imparcialidad en el punto de salida en lugar de en el de llegada; individuos afines pueden no ser tratados de modo afín para asegurarles un pequeño margen a favor en el inicio de la competición.

El feminismo de los noventa se ve abocado a estudiar la dinámica organizacional, lo que no quiere decir que abandone los temas de filosofía política general, sino que tiene la necesidad de iluminar, cada vez con instrumentos más finos, la micro política sexual. Nódulos y puntos de los poderes efectivamente existentes, formas económicas y relacionales, auto presentaciones y capacidad de expresar autoridad, etc, se convierten en parte de sus análisis, lo que da origen a trabajos minuciosos y sumamente informativos. Por este expediente el feminismo consolida su complejidad, al continuar siendo en esencia un igualitarismo doblado de una teoría de las élites. Por lo mismo, continúa siendo un resorte agitativo global que al mismo tiempo se está convirtiendo en una teoría política experta.

LOS RETOS DEL DOS MIL

Para dar entrada a las demandas de paridad planteadas parece claro que el marco teórico actual, todavía a grandes rasgos naturalista, debe cambiar. El naturalismo presente en la escena ideática de fin de siglo lo hemos heredado sin duda del pensamiento ilustrado como reacción al espiritualismo previo. Pero ha sufrido suficientes avatares como para haber cambiado varias veces de rostro: positivismo, eugenismo, sociobiologismo, etc. Sin embargo no es el paisaje corriente de las ideas globales y las concepciones del mundo de la Modernidad porque dé mejores explicaciones de algunos fenómenos que las explicaciones espiritualistas anteriores a él. El naturalismo corriente es sobre todo fundamento y resultado de las prácticas sociales corrientes, como ha demostrado cumplidamente M. Douglas. Si sobre tales prácticas -como ejemplo sobresaliente las que aseguran la jerarquía sexual- existe el disenso suficiente, tenemos al menos una buena razón para confiar en la decadencia futura del reduccionismo naturalista. Con todo, es tal su peso en la cosmogonía moderna que se necesitará un gran esfuerzo conceptual para cambiar de fondo y dejarlo atrás. Si el marco global continúa su iniciado giro hacia el dialogismo y la hermenéutica las posibilidades ya abiertas se ampliarán.

Por lo que toca a las sociedades políticas dentro del mismo marco de globalización, es evidente que las oportunidades y libertades de las mujeres aumentan allí donde las libertades generales estén aseguradas y un estado previsor garantice unos mínimos adecuados. El feminismo, que es en origen un democratismo, depende para alcanzar sus objetivos del afianzamiento de las democracias. Aunque en situaciones extremas la participación activa de algunas mujeres en los conflictos civiles parezca hacer adelantar posiciones, lo cierto es que éstas sólo se consolidan en situaciones libres y estables. Bastantes mujeres han descubierto en su propia carne que el hecho de arriesgar su seguridad o sus vidas para derrocar una tiranía no las pone a salvo de padecer las consecuencias de su victoria si el régimen que tras ella se instala es otra tiranía. Cualquier totalitarismo y cualquier fundamentalismo refuerza el control social y, desgraciadamente, eso significa sobre todo el control normativo del colectivo femenino. Por eso las medidas de decoro que toma una insurrección triunfante, -vestimentarias, de reforma de costumbres, de protección de la familia, de “limpieza moral”- siempre son significativas y nunca deber ser consideradas meros detalles accidentales. Montesquieu escribió que la medida de la libertad que tenga una sociedad depende de la libertad de que disfruten las mujeres de esa sociedad. Sólo la democracia, y más cuanto más profunda y participativa sea, asegura el ejercicio de las libertades y el disfrute de los derechos adquiridos. Por imperfecta que pueda ser, siempre es mejor que una dictadura de cualquier tipo, social, religiosa, carismática. En una democracia los cauces para la resolución de las demandas han de estar abiertos y por ello su presentación pública -aunque ello no signifique inmediato acuerdo- es condición previa de viabilidad y consenso. Los derechos adquiridos incluso en una situación tiránica se pierden, lo que indica el escaso consenso que habían logrado suscitar. Precisamente porque ninguna ley histórica necesaria rige los acontecimientos sociales, las involuciones siempre son posibles y nada queda asegurado definitivamente, la democracia es un tipo político que exige su constante defensa y perfeccionamiento, lo que puede hacerse desde las más variadas instancias, individuales o asociativas. Incrementar los flujos de participación -lo que supone favorecer la contrastación, el debate y el afinamiento argumental- siempre favorece la presentación en la esfera pública de los excluidos y sus demandas. Feminismo, democracia y desarrollo económico industrial funcionan en sinergia, de modo que incluso la comparecencia de feminismo explícito en sociedades que no lo habían tenido con anterioridad, es un índice de que están emprendiendo el camino hacia el desarrollo. El feminismo está comprometido con el fortalecimiento de las democracias y a su vez contribuye a fortalecerlas.

La entrada en las instancias de poder explícito sigue siendo una tarea en curso. Los sistemas de cuotas -formales en unas fuerzas políticas e informales en otras- han contribuido a que todas las listas presenten un número mayor de mujeres que el que habría producido una cooptación sesgada. A pesar de sus defectos, y los tienen evidentes deben seguir aplicándose precisamente porque hasta el momento presente no se puede asegurar la imparcialidad en los mecanismos de la cooptación.

No existen para colocar mujeres donde no las hay -eso sería discriminación positiva- sino para evitar que la cooptación sesgue en función del sexo. El poder explícito y legítimo, cuyo primer analogado es el poder político dentro de las democracias, sirve sobre todo al objetivo de la visibilidad. Hace visible la calidad real de los logros curriculares alcanzados. El sufragismo, en su empeño por los derechos educativos, cubrió el tramo más fuerte y decisivo del camino a la paridad. La visibilidad sólo intenta que ese hecho antes impensable, la educación igual y los resultados con medida meritocrática de las mujeres, sea sistemáticamente obliterado u ocultado “como si todo siguiera igual”. Las cuotas sirven para atajar dos conductas recurrentes por las cuales el privilegio masculino se reproduce: la invisibilización de logros y la discriminación de élites.

El feminismo es también un internacionalismo y también lo ha sido desde sus orígenes, como aplicador que es de la universalidad ilustrada en su doble vertiente, como panmovimiento y como universalismo político-moral. Esto requiere al menos tres instancias de acción dentro del progreso hacia un mundo globalizado. Debe entrar en el debate del multiculturalismo. Debe buscar presencia en los organismos internacionales. Y debe apoyar la posibilidad de una buena rápida acción internacional.

El multiculturalismo, que se acoge fundamentalmente al concepto de diferencia y al derecho a exigir el respeto por esa diferencia, cuando se alía con el comunitarismo puede pretender hacer legítimos y argumentables rasgos sociales de opresión y exclusión contra los que el feminismo se ha visto obligado a luchar en el pasado. Para prestar asentimiento a las posiciones multiculturalistas el feminismo puede y debe cerciorase del respeto de éstos a la tabla de mínimos constituida por la Declaración Universal de Derechos Humanos, a poder ser complementada por las declaraciones actualmente en curso de derechos de las mujeres.

Del mismo modo la presencia y visibilidad de las mujeres en los organismos internacionales debe aumentarse, así como la capacidad de acción de las propias instancias internacionales de mujeres, ya sean partidarias o foros generales. Las experiencias habidas en conferencias internacionales, declaraciones y foros indican la voluntad de presencia en el complejo proceso de globalización, así como la capacidad de marcarle objetivos generales ético, políticos y poblacionales. Por otra parte la presencia del feminismo en las mismas instituciones internacionales asegura también la adecuación de los programas de ayuda en función del género, así como su eficacia. En un momento en que los estados nacionales no son ya el marco adecuado para resolver gran parte de los problemas porque éstos se plantean a nivel mundial por encima de su capacidad de acción individual, el contribuir a la capacitación, mejora y empoderamiento de las instituciones internacionales contribuye a la causa general de la libertad femenina.

El asunto de la buena y rápida acción internacional se vincula, además, con el escabroso tema de la violencia. Las mujeres no están esencialmente comprometidas con la paz. Aunque hasta una filósofa tan crítica e ilustrada como Beauvoir haya llamado al varonil el sexo que mata y al femenino el sexo que da la vida, eso no pasan de ser apelaciones retóricas que sólo cierta mística diferencialista puede tomar como si fueran conceptos. Pero, aunque no sean esencialmente pacíficas ni tampoco lo sean funcionalmente en un sistema jerárquico patriarcal -porque cada mujer usa su capacidad de violencia con quienes sean débiles aunque de su mismo sexo y porque la disposición atomizada hace que cada una, con independencia de su voluntad, apoye la violencia de los varones propios- en una sociedad imparcial las mujeres nada tienen que ganar con la violencia. La democracia, que es ella misma una manera de evitar la violencia y remitir al principio de mayorías éticamente guiado las decisiones, que en ocasiones puede y debe ser violenta hacia el exterior, tiene que deflactar al máximo la violencia interna. Y no termina su acción cuando evita la violencia política y civil, sino que está obligada a preservar a sus ciudadanos lo más posible de su capacidad de violencia mutua. Esto es, tiene el deber de ser segura. Por otra parte, el florecimiento de formas suaves de vida es sólo esperable allí donde la violencia externa e interna del estado no ocupe demasiado lugar en el imaginario colectivo. La paz vuelve “femeninos” a los pueblos, decían ya los historiadores romanos conservadores, Y esto que ellos escribían como una severa crítica, podemos afirmarlo como una firme convicción de las democracias avanzadas. Los valores que la paz promueve, la convivencia, el cuidado, los placeres..no son esencialmente femeninos, sino que son apetencia común en sociedades que pueden permitírselos. Dejo para mejor ocasión profundizar este tema porque, por su enjundia, no cabe despacharlo sin más. Pero adelanto que el feminismo puede constituirse en garantía de paz, del mismo modo que está absolutamente empeñado en la desaparición de la violencia de género y las violencias individuales. Pueden las mujeres libremente reclamar las armas dentro de los ejércitos y puede el feminismo colectivamente exigir una sociedad pacífica e internamente desarmada. Allí donde la capacidad de ejercer violencia es todavía un valor, las mujeres tienen muy poco y son sus víctimas.

Gran parte de los tramos de acción presente y futura hasta ahora enumerados se dejan resumir en tres: variación de marco conceptual, aumento de la capacidad de acción y reparación de los déficits cuantitativos. Quisiera, por último, señalar algunos objetivos inmediatos que despejen en efecto el camino a la paridad. Enumeraré al menos tres de ellos. El primero es solventar también el déficit cualitativo. No podemos pensar que la discriminación de élites no forma parte de los déficits cuantitativos, aunque de suyo es un déficit cualitativo. Y en este momento en particular fortísimo. Dado el actual nivel de formación y preparación curricular de la población femenina, su fracaso masivo -y en esto los números que se comenzaron a hacer en la década anterior son rotundos- no puede producirse sin voluntad expresa de que ocurra ni sin voluntades operativas que lo persigan. El techo de cristal se sigue produciendo y reproduciendo en el conjunto completo de los sectores profesionales.

El segundo iluminar la ginofobia del mercado y desactivarla. Las mujeres resultan ser los sujetos peor parados en el sistema del mercado -en apariencia indiferente- con menores posibilidades de empleo, con peores empleos y con tareas a menudo muy por debajo de su capacidad individual. Ajustar el mercado a la meritocracia para el caso de las mujeres es una tarea primordial. La actual generación de mujeres de treinta años soporta, como ninguna en el pasado, una discriminación continua que, además, tiene muy poco de sutil. Esa generación, la de mayores logros y mejores tasas educativas que hayamos tenidos nunca, está sufriendo, por el momento, un auténtico desastre.

Y, en tercer lugar, hay todavía un grave déficit de voluntad común. El feminismo no es sólo una teoría ni tampoco un movimiento, ni siquiera una política experta. Siendo todo eso, ha sido y es también, lo digo a riesgo de repetirme, una masa de acciones, a veces en apariencia pequeñas o poco significativas. Cada vez que una mujer individualmente se ha opuesto a una pauta jerárquica heredada o ha aumentado sus expectativas de libertad en contra de la costumbre común, se ha producido y se produce lo que podríamos llamar un “infinitésimo moral” de novedad. El feminismo ha sido y es esa suma de acciones contra corriente, rebeldías y afirmaciones, que tantas mujeres han hecho y hacen sin tener para nada la conciencia de ser feministas. Esto es, tales acciones se realizan sin la conciencia de una voluntad común.

Creo que en este momento y en esta tercera ola del feminismo al que pertenecemos , que es la que da paso a un tercer milenio, las mujeres pueden ser ya capaces de forjar una voluntad común relativamente homogénea en su fines generales: conservar lo ya hecho y seguir avanzando en sus libertades. Pertenezcan a la parte del espectro político que pertenezcan, las mujeres presentes en lo público tienen el deber y la capacidad de elaborar una agenda de mínimos consensuados. Si se esfuerzan por lograr fraguar esa voluntad común, todas las mujeres lograremos nuestros fines con mucho menor esfuerzo -aunque sólo sea emocional- del que hasta ahora a nuestras predecesoras les costó conseguir lo que nosotras tenemos.

Pienso que cada tiempo cubre su etapa y nosotras, que vivimos de lo que otras y otros nos consiguieron, tenemos que cubrir la nuestra. Tenemos por delante el reto general de la paridad que implica resolver varios desafíos parciales: La formación de una voluntad común bien articulada que sabe de sí, de su memoria y de los fines que persigue. La iluminación de los mecanismos sexistas -cuando no ginófobos- de la sociedad civil, el mercado y la política. La elaboración común de una agenda de mínimos que evite pérdidas de lo ya conseguido y refuerce el asentamiento de logros. Y la resolución del déficit cualitativo que, en el momento presente, es una vergüenza para la razón.

Para tal resolución los mecanismos de paridad son condición necesaria, pero no suficiente. El salto cualitativo, tan habitual en el discurso dialéctico de los setenta, necesita de los acúmulos cuantitativos, que ahora suelen llamarse “masa crítica”, pero no se resume en ellos. Finalizada la dinámica de las excepciones, sería una trampa caer en patentizaciones exclusivamente cuantitativas. Estas dejan incólume el principio de excelencia que es, bien al contrario, un valor del que hay que apropiarse.

*Este Artículo forma parte del libro Los desafios del feminismo ante el siglo XXI (Amelia Valcárcel y Rosalia Romero (eds.), col. Hypatia, Instituto Andaluz de la mujer, Sevilla, 2000,pags.19-54). Fuente: PoliticasNet

 

19J. Día de protesta.

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Hoy era un día de protesta.

Más de 200 ayuntamientos, 20 capitales de provincia y 500 plataformas habían elegido el día de hoy para hacer concentraciones en las plazas y reclamar el aumento de una partida económica para la lucha contra los asesinatos machistas.

Bien. Que en ciudades como Madrid o Valencia la asistencia fuera de apenas 200 personas o que en capitales de provincia el seguimiento llegara apenas a 50 personas, habla poco y muy mal de la conciencia que existe en este país sobre el tema.

Si habláramos de 60 muertos de terrorismo posiblemente nos llevaríamos las manos a la cabeza y llenaríamos plazas para luchar contra esa lacra.

Si habláramos de una catástrofe como la que esta asolando Portugal con 63 muertos en esos pavorosos incendios, hablaríamos de ello en la oficina y desearíamos que algo así nunca hubiera ocurrido.

Pero resulta que no, que hablamos de violencia machista, algo que de por sí ya es una lacra y que además se le une la hipocresía de una sociedad que aún parece creer que es algo barriobajero y que solo ocurre en según qué ambientes y escalas sociales.

Algo lumpen. Algo digno de salir en aquel periódico llamado “El caso”.

Las cifras.

En los últimos 15 años los asesinatos machistas han provocado 885 muertas, superando por ejemplo al número de víctimas de ETA que asciende a 829.

No voy a preguntar la suma de dinero que los gobiernos han dedicado a la lucha contra el terrorismo de ETA porque posiblemente no logre saberlo, pero sí sé que contra la violencia machista ese número asciende a tan solo un 0´01% del presupuesto en gastos no financieros, de un total de 310.000 millones. Hoy se solicitaba un aumento en la partida de 120 millones, algo que de todas formas es insuficiente.

En lo que llevamos de 2017 ya hay 28 mujeres asesinadas, en 2016, 53 mujeres, en 2015 la cifra se disparó a 60 y el récord lo batimos en el 2010 con un total de 79 mujeres asesinadas.

Desde que entró la ley contra la violencia de género en 2014 se han producido 377 con lo cual tal vez esa ley necesite una revisión urgente.

Estos asesinatos han producido un total de 161 huérfanos.

El 65% de las mujeres asesinadas aún convivían con su asesino y tan solo el 21% de las victimas había presentado denuncia.

Estas son las cifras de la vergüenza.

Porque debería dar vergüenza que en un país con este grave problema se siga teniendo un presupuesto público tan escaso y una participación/concienciación social tan baja.

Por qué

No cabe pensar de otra forma.

He intentado buscar una respuesta a por qué de todo esto, a la falta de implicación por parte de los gobiernos y de las personas. He intentado encontrar los motivos por los cuales las asesinadas por violencia machista son víctimas de segunda clase, muy por debajo de las victimas de cualquier acto terrorista o cualquier catástrofe.

Lo único que he llegado a pensar y que me parece coherente es que es un problema de ideología.

Las mujeres no somos una amenaza para la unidad del país como lo era ETA, no somos una amenaza para la forma de vida occidental como el terrorismo islámico ni somos víctimas de inocentes de una catástrofe porque, en esa ideología, nosotras somos parte fundamental de una sociedad que se desmorona y que deja con las vergüenzas al aire lo que algunos consideran su pilar básico; la familia.

En esa forma patriarcal de afrontar el problema de la violencia machista, nosotras llegamos a perder hasta la presunción de inocencia que sí tienen los muertos en accidentes o los muertos de cualquier desastre natural.

Nosotras somos parte del problema por lo tanto, no nos dejan erigirnos en jueces y condenar nada, no nos ayudan ni nos respaldan ni nos tienen en cuenta.

El problema no es el machismo. Para ellos el problema somos nosotras. Y nuestra forma de pensar. Y nuestro feminismo que está socavando los tradicionales pactos de poder que hasta ahora ostentaban los hombres y que al parecer no están dispuestos a compartir.

Por eso no nos hacen caso.

Por eso no les importa.

Por eso destinan más dinero a cualquier otra cosa que a luchar contra los asesinatos machistas.

Por eso, aunque cuando en las noticias vemos un nuevo asesinato, durante un segundo pensamos en la víctima pero no llegamos a condenar, en el fuero interno, al asesino. Todo se queda como emborronado, como difuminado, con una escasa visibilidad real en la que en medio flota, lacónico, un número de teléfono…016.

La forma de enfocar este problema esta sesgada, es ideológica y además fomenta la incomprensión e invisibilidad social al respecto.

La lucha contra la violencia machista no puede seguir siendo manifestada por “cuatro locas feministas”, debe ser una lucha de toda la sociedad, porque nos incumbe a todos.

También a los hombres. También a las mujeres que no han sido maltratadas, a la infancia que se les educa ya en estereotipos que perpetúan esa imagen de superioridad en ellos y de inferioridad en ellas, ha de ser una lucha de todos, no de unos cuantos.

Mientras los gobiernos miran hacia otro lado y las personas lo sigan viendo como algo lejano, será imposible ganarle la guerra al machismo.

Mientras unos ponen palabras vacías e ideologías, nosotras seguimos poniendo las muertas.

La pregunta es ¿cuántas mujeres muertas más hay que poner en esta guerra para que nos comiencen a tomar todas en serio?

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Reseña de Belén Edreira. ¿Cómo que a qué huelen las nubes?

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Que las lectoras digan cosas tan bonitas y hagan reseñas tan entrañables de tu libro es una sensación difícil de explicar. Os dejo con la reseña de Belén Edreira en Facebook.

De verdad, gracias por tus palabras.

OPINIÓN PERSONAL:

Nunca entendí el estúpido eslogan de las compresas… pero gracias a Nina Peña ya sé a qué huelen las nubes… y me encanta!!!

Éste libro es un canto maravilloso a la libertad y a las segundas oportunidades. Está lleno de reflexiones maravillosas, he ido tomando notas a lo largo de su lectura como hacía tiempo no me pasaba… y sin duda pasará a formar parte de mi biblioteca física, porque es un libro muy pero que muy especial.

Ya sabéis que no me gusta desvelar nada, incluso he omitido una parte de la sinopsis para que podáis entrar en el libro sabiendo lo mínimo, y que así lo disfrutéis el doble.

Tan solo deciros que nos cuenta la historia de cuatro hermanas, todas rondando la cuarentena y con sus fantasmas a cuestas.
A partir de ahí, descubrid vosotras mismas lo que tienen que contar… 😉

Está narrado en primera persona, pero a cuatro voces. Cada capítulo es protagonizado por una de ellas. Pero no hay lugar a confusiones, porque son personajes tan bien definidos que resulta imposible confundirlas. Además me encanta la evolución de cada una de ellas a lo largo de la historia.

El lenguaje que utiliza la autora es el nuestro, es decir, el que utilizamos habitualmente en la calle… nada de finuras ni pedanterías. En éste libro al pan, pan y al vino, vino 😁

El viaje que hacen por Escocia es absolutamente maravilloso… está descrito con verdadera magia, tanto es así que me he puesto a mirar precios para regalarme ese viaje en mi cumple de los 40!!! (Que me queda mes y medio! ) Y es que además, creo firmemente que gallegos y escoceses nos parecemos y compartimos muchísimo.

Y para finalizar, simplemente deciros… que no os lo penséis más, el libro digital está ahora mismo a 1’73€ en Amazon, que es un regalo!

Gracias Nina Peña!!! Millones de gracias por ésta belleza de libro, por la cantidad de emociones distintas que he ido experimentando a lo largo de la lectura; he reído, he llorado, he amado y también odiado, me ha hecho reflexionar muchísimo sobre muchas cosas…
Y me ha dejado una sensación de vacío increíble al terminarlo. Algo que solo me sucede con los libros que tocan mi corazón de una forma tan especial.

Y que si recomiendo el libro? OF COURSE!!! Ya estáis tardando!

Reseña de A. V. San Martín ¿Cómo que a qué huelen las nubes?

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Si alguien me preguntara que es lo más tedioso de un libro y tuviera que elegir entre confesarlo o morir, sería el momento de reconocer que a veces leo las primeras páginas con ansiedad, en busca de la trama y esas hojas que me encarrilen de lleno en la historia. Sin embargo, no es eso lo que ocurrió con este libro. Su título me llamó la atención en un post de su autora, y eché un vistazo a sus primeras páginas, quedando completamente enganchada a él. Comienza con tanta fuerza y de manera tan contundente que es difícil poder soltarlo.

¿A quién narices se le podía ocurrir una pregunta semejante? Es una de esas preguntas tipo incontestable que suenan bien en según qué contexto y que todo el mundo termina por utilizar en plan cachondeo para no decir absolutamente nada. El quid de la cuestión no es si alguien en realidad sabe a qué huelen, sino el porqué y con qué intención han hecho esa pregunta en un anuncio de compresas. Se supone que es una forma de decir que si usas esa marca determinada de compresas, la regla pasa odoríferamente desapercibida para propios y extraños, sobre todo para extraños, y comparar la suavidad de la compresa o la de un sexo femenino con una nube hasta parece acogedor y delicado, pero la cuestión sigue siendo la misma: ¿Qué intenciones se esconden tras algo tan inocente como una nubecilla?

No es una novela al uso con una historia trepidante, mucha acción y diálogos. Es de carácter intimista, nos sumergiremos en la vida de sus cuatro protagonistas como si estuviéramos leyendo sus diarios o nos estuvieran contando sus sentimientos tras un café una tarde en una terraza cualquiera. Y vaya forma de trasmitir esos sentimientos. Creo que es lo que más me ha sorprendido del libro, ese desgarro emocional que Nina nos hará sentir hasta la punta de los dedos de los pies. Tiene el don de poner en palabras los pensamientos de una forma soberbia y certera de tal forma que a medida que leía el libro, sentía que estaba en mi cabeza, poniendo orden al desbarajuste que debe haber ahí dentro. Son muchas las frases que he ido subrayando, que me han sorprendido, llegado e incluso con las que me he identificado.

Esa tonta costumbre que tengo de hacer siempre lo que la gente espera y no lo que de verdad quiero hacer, porque si de verdad hubiera hecho lo que me apetecía me hubiera reservado una estancia en el SPA para mí sola durante todo el fin de semana, perdiendo de vista a mi marido, a mis dos hijos, a mi jefe y a las cifras negativas de ventas de ese mes.

Me ha gustado y sorprendido mucho. Una joya, con un estilo narrativo muy bueno, de esas que estaba deseando descubrir. Lo recomiendo, sobretodo, a lectores a los que no asuste la narrativa intimista y sentimental. Pese al humor ácido e irónico, que incluye en algunos momentos, no es una historia sencilla, remueve todo por dentro e incluso enfada. No es una lectura ligera, sino reflexiva.

 

Podéis leer la reseña completa aquí, en este enlace a su blog, solo os he dejado los primeros párrafos.

http://www.avsanmartin.com/2017/06/resena-como-que-que-huelen-las-nubes-de.HTML

“Esto trata de apoyar a todos esos autores independientes, que con valentía y mucho esfuerzo, se lanzan a autopublicar sus obras sin el respaldo de una editorial ni grandes campañas de marketing que los avalen.

También trata de demostrar que la calidad literaria no solo se esconde tras el telón de una gran empresa y bajo los hilos de una gran marca comercial.
Trataré de rastrear y mostraros grandes obras entre la literatura independiente.
Quédate a descubrir dónde se esconden las joyas indie”
                                                                                                      
                                                                                          -A.V. San Martín-

 

Espero que os guste tanto la reseña como su blog.

 

Con tacones y a lo loco. (La noche los confunde…)

nina peña - libros - mujeres - feminismo - machismo

Que en el tema de feminismo se necesita mucha pedagogía social es algo evidente en cuanto te paras un momento a analizar frases, comportamientos y conversaciones en redes sociales o en TV en donde parece que todo tiene cabida.

En mis años de estudiante no había ninguna asignatura similar a la controvertida Educación para la ciudadanía ni mucho menos se podía realizar un máster en estudios sobre el feminismo, en el que ahora se especializan muchas carreras o grados universitarios.

Las de mi época, o hemos sido subversivas a conciencia o nos hemos tenido que buscar la vida para tener una base filosófica o académica a la que poder echar mano en el momento de explicar ciertas cosas.

Es complicado escribir o hablar de un tema que sientes pero del que no tienes unas nociones fundamentales, y es que hasta hace pocas décadas ni siquiera se podía acceder a una bibliografía o a unos ensayos que tuvieran una perspectiva moderna y actual.

Cuando comenzó lo que se ha denominado como la tercera ola del feminismo allá por los años 60, aquí, en esta España de mantilla y peineta las mujeres teníamos en el DNI una frase famosa en el apartado profesión: sus labores.

Y aunque muchas ya estaban metidas de lleno en el mundo laboral las costumbres del día a día, la falta de preparación o simplemente la costumbre y la inercia de tantísimos años de tradicionalismo, nos dejaban apartadas de la profesionalidad y de los cargos de responsabilidad.

En los años sesenta, las mujeres eran las secretarias no las directoras. Las enfermeras no las médicos y así en una larga lista que formaba lo que ahora se denomina el techo de cristal que parece haberse elevado un poco pero en el que se sigue tropezando una y otra vez aunque te avale una hoja académica o laboral impecable.

Aún hay que justificar ciertas protestas como la de hoy mismo, porque todos los días sale algo nuevo, en la que hablan del espacio público que ocupan los hombres o de los anuncios en los que se buscan camareras que no tengan novio y que usen tacones. Ambos requisitos imprescindibles.

Os he puesto como foto el anuncio que hoy corre como la pólvora para que podáis saber de qué estoy hablando e concreto.

Tras lo brutal que ya es el anuncio por sí solo, hay que ver en las noticias de TV al empresario en cuestión explicándolo , diciendo que se nos ha ido la olla, que estamos todas locas, que es de lógica requerir esas condiciones específicas porque, palabras textuales; “Si tienes un novio celoso, que viene a buscarte para llevarte en coche a casa o se queda toda la noche en la barra controlando…” o al socio acabando de rematar el tema con “es que es lo que hay, a ti te van a llamar guapa, “guapa ponme una copa”, “guapa ¿a qué hora sales?” y eso es normal”

Lo del tonito de autoridad lo dejamos para otra ocasión.

Que esas personas vean como normal el acoso tanto por parte del novio como por parte de los clientes es realmente algo que me hace plantearme en qué clase de sociedad vivimos y hasta qué punto se necesita que sigamos en la brecha, porque mientras se sigan normalizando esas actitudes vamos a tener que seguir protestando por lo que otros consideran “tonterías”.

images0T69ENTT¿Qué somos unas exageradas? Bueno… eso se resuelve con algo tan simple como la pedagogía.

Hay que tener claro que el feminismo ha evolucionado con la sociedad y si alguien sigue teniendo la imagen obsoleta de la sufragista que se ataba a las rejas de Buckingham Place y no entiende cómo ahora seguimos protestando, es más, según ellos protestando por todo, es que no entienden que, al igual que evoluciona toda la sociedad, los movimientos filosóficos y políticos también evolucionan.

El feminismo actual, que algunos ven exagerado y pasado de moda puesto que ya tenemos los derechos que exigían nuestras abuelas, no trata de seguir obteniendo esa igualdad legal, laboral o social que nos equipare a los hombres, sino que trata de encontrar una voz propia, recuperar el poder propio y la identidad femenina huyendo de la subordinación y del discurso el patriarcado, que ha creído, equivocadamente, que dándoos tres metros de cuerda es suficiente para hacer que nos sintamos libres.

Ese tipo de feminismo posmoderno y radical, trata de visibilizar todo tipo de discriminación, de denunciar esas miles de cosas que callamos día a día y que aguantamos con estoicismo y que va desde los piropos hasta que un tío se espatarre en el metro o que te obliguen a maquillarte o llevar tacones en el trabajo.

Es ese mundo de micro-machismos diarios que parecen normales…y no lo son.

Hace falta educar de otra forma con vistas al futuro, y a los que en nuestra época no nos educaron así, en lugar de despotricar tanto contra las feministas, buscar, leer, ilustrarse y mantener la mente abierta a nuevos conceptos en lugar de sentarse a despotricar sin camiseta al borde de una piscina presumiendo de bíceps para decir las macahadas de turno.

Sí, lo cómodo es no buscar ni saber ni intentar superarse, sobre todo porque a muchos conviene que las cosas no cambien y sigan siendo como son, pero eso no es más que la postura defensiva de cuatro aprensivos que se niegan a progresar y sus exabruptos son como cantos de cisne, porque afortunadamente, cada vez quedan menos hombres que piensen como ellos.

 

 

 

Usted es el culpable.

nina peña - libros - juan ramon jimenez

Usted es el culpable de miles de noches de insomnio, de mañanas en las que el sueño, aún entre brumas, no deja de desperezarse entre las líneas escritas en lápiz.

Es el culpable de un amor apasionado por los significados y por las palabras que siguen susurrándose en los folios blancos.

De los recuerdos de la luz sobre los lomos de libros antiguos, del amor al aroma de cola y papel, de la intensidad de los momentos quedos y el brillo en los ojos de las primeras lágrimas de amor.

Usted tiene la culpa de que yo me encuentre aquí, en esta encrucijada, en este momento de mi vida en el que la lucha se ha convertido en una parte más del amor.

El amarillo resplandor de la tarde sobre una mesa de madera oscura y en el silencio de un lugar sagrado, por donde amplios ventanales invitaban a volar hacia praderas inimaginables, hacia lugares a los que nunca fui ni todavía he ido, acunaban las palabras que llegaban como susurros y que se hundían como espadas.

Usted es el culpable de sembrar el desasosiego en mi alma, de abrir heridas que nunca serán cerradas, de provocar seísmos y de jugar con un corazón que aún era muy niño para defenderse de los embates de un amor que sería eterno.

Usted es el culpable de que en las noches de verano buscara el abrigo de las ramas de un sauce para escribir mis primeros e infantiles poemas.

Usted sembró mi vocación desde un libro que vuelve a mi cada vez que trato de recordar cómo empezó esta aventura, cada vez que trato de explicar cómo he llegado a este momento.

Llegaba a las tres de la tarde al colegio y recorría los pasillos blancos que me llevaban a la biblioteca. Un libro marcado en los estantes y voces de niñas que nunca sabían qué leer. A mi me esperaba usted. Y él.

Me sentaba frente a la ventana, dejando que el sol de abril diera de lleno en la mesa y observaba el vuelo de los pájaros posados en las jacarandas del patio. Aspiraba el aroma de la biblioteca, cálido, oloroso a la lejía de las tocas de las monjas y del papel de los libros, a las maderas de las estanterías y a la limpieza de los mármoles blancos del suelo.

Tomaba el libro y rebuscaba entre las páginas para encontrar la esquina doblada, la esquina marcada desde el viernes anterior. Sin embargo, a mi me gustaba empezar por el principio una y otra vez porque sabía que el final era triste y que me había hecho llorar la primera vez que lo terminé.

No recuerdo las veces que lo leí, pero si sé las veces que lo empecé. Y siempre comenzaba como más me gustaba.

“Platero es un burro pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Come de todo y los del pueblo dicen que tiene acero.”

 

 

Recuperando buenas costumbres: La virgulilla, tertulia literaria.

Hace unos meses, con la publicación de mi segundo libro Rosa de los vientos, conocí a un grupo de gente increíble; lectores, escritores, poetas, bohemios, librepensadores… ellos, desde hacía tiempo querían recuperar las tertulias literarias y llevaban años reuniéndose en una cafetería que ya es como la segunda casa de todos.

En una nueva etapa de las reuniones, hemos abierto un blog, estamos recuperando palabras obsoletas, apostamos por los relatos y ediciones en grupo, y vamos a tratar de movilizarnos y dinamizar los actos culturales de nuestra ciudad asistiendo a distintos eventos.

Os presento el blog de La virgulilla, tertulias literarias.

Espero que os guste la idea y nos honréis con vuestra virtual presencia además de participar en estas locuras nuestras.

Os dejo el enlace para que podáis conocernos personalmente en plena faena.

Origen: Quiénes somos

Radclyffe Hall. El pozo de la soledad.

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El pozo de la soledad es un libro publicado en el año 1928 que trata el tema de las relaciones lésbicas y que ya fue controvertido en su época por escandaloso y ahora por insuficiente, y cuya autora Radclyffe Hall, sigue siendo un icono para quién ha tratado de encontrar en la literatura seria un referente como modelo de vida, como ejemplo aspiracional a seguir o a no imitar.

La novela trata la vida de una mujer cuya “inversión sexual” se manifiesta desde su más tierna infancia y en cuyos datos, desgranados poco a poco en capítulos donde trata la relación con sus padres o con el medio que la rodea, van dejando un dialogo íntimo en el que muchas mujeres pueden verse reflejadas.

Desde el principio ya nos enfrentamos a una paradoja: los padres, pertenecientes a la clase aristocrática inglesa, querían y deseaban tener un varón, un heredero, pero en su lugar llega ella tras lo cual, deciden ponerle el mismo nombre que le pondrían a un varón; Stephen.“Una criatura de hombros anchos y caderas estrechas que parecía un renacuajo”

Es chocante para mí como lectora, comprobar que Hall hace hincapié en la masculinidad de su padre y en la belleza y fragilidad femenina de su madre, ante la cual ella se muestra completamente indefensa y apartada, tanto de uno como de otro ya que no puede verse reflejada en ninguno de ellos. En uno por no pertenecer a su mismo género y de la otra por no ser sexualmente “mujer” a pesar de sí pertenecer a ese mismo género.

La contradicción, la falta de identificación sexual que entra en disputa directa con la construcción de su propia sexualidad, es una constante en la primera parte del libro.

Pese a ello, Stephen adora a sus progenitores, identificándose con su padre en casi todo su comportamiento y teniendo una relación bucólica pero distante con su madre.

La paradoja es que en el libro, Lady Ana, depositaria de todo lo femenino de la belleza, de la delicadeza y la moral victoriana y femenina de la época, incumple precisamente en lo más intrínsecamente femenino, en el instinto más achacado a nuestro género; rechaza a su propia hija, a la que ve como una “reproducción imperfecta, indigna, defectuosa” de sir Phillip.

A lo largo de la narración Stephen pasa por distintas fases de enamoramiento. La primera de ellas con una criada, Collins por la que siente un platónico amor cuando es tan solo una niña. La segunda, Angela Crosby, es la esposa americana de un adinerado y noble vecino que la utiliza como un mero entretenimiento para pasar las noches en la aburrida campiña inglesa, y por último Mery Llewellyn, con quien Stephen tiene una relación madura y duradera, con un final predecible, en su etapa de escritora en Paris.

 

Lady Anna, en uno de los capítulos, refiriéndose a su relación con Ángela acusa a Stephen de tener “el descaro de usar la palabra amor para describir esta… estas ansias repulsivas y antinaturales de tu mente desequilibrada y de tu indisciplinado cuerpo”. Stephen responde: “como mi padre te amó, así he amado yo… Y ha sido un sentimiento puro, puro y bueno; mil veces hubiera dado gustosa la vida por Ángela Crossby.

 

La novela, tildada por algunos como de poca calidad literaria y por otros indiscutiblemente buena, es importante por las implicaciones sociales que realmente tuvo en su momento.

Hall tuvo que enfrentarse a la censura y a varios juicios por su publicación tanto en su país, Reino Unido, como en Estados Unidos, lo que solo consiguió darle más fama y mayor controversia.

Lo más escandaloso y por lo que fue censurada en su momento es una sola frase: “Y esa noche no durmieron separadas”.

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Implicaciones.

Socialmente el libro de Hall aportó visibilidad al colectivo lésbico de aquel entonces donde muchas mujeres pudieron leer algo con lo cual sentirse identificadas y que además había trascendido como una realidad social gracias a los escándalos que tuvo desde su publicación, forzando así un debate que hasta entonces había permanecido oculto.

En las artes, Hall nos habla de una realidad cultural que trataba de hacerse ver mediante distintos aportes. El llamado círculo de París que nombro yo en mi libro Las sufragistas, era un circulo de pintoras, escritoras, poetas y editoras británicas que refugiadas en el Paris de entreguerras hicieron una aportación valiosísima a la cultura de aquel momento. Stephen, parece pertenecer a este círculo aunque Hall no lo nombra directamente.

Desde el punto de vista filosófico Hall entra de lleno en la construcción de género que muchos años después ha tratado la filosofa norteamericana Judith Butler. La lucha de un género siempre en disputa entre la realidad física a la que pertenecemos y la realidad de la sexualidad que elegimos.

Cuando Stephen comienza a usar ropa masculina, cuando conduce ambulancias en el frente de la 1ª Guerra Mundial o cuando adopta un rol protector sobre sus amantes, hasta el punto de forzar la ruptura por lo que ella cree que es un bien, nos habla de esos conceptos, de los intercambios de poder, de los roles de género implantados en la mente colectiva, de los conflictos a los que se enfrenta para construir su propia forma de ser.

Es en materia religiosa donde más disconforme estoy con la autora.

Desde el principio Hall muestra a Stephen como arrepentida de ser como es, dolida ante lo que parece ser un sufrimiento constante, sobre todo en la primera parte del libro en que es una niña o una adolescente y no comprende esa dualidad existente en ella.

La teoría abierta de que cualquier sexualidad no normativa es pecado, está de fondo y ella trata, en su inocente niñez, de hacerse perdonar. Pide clemencia a un Dios que no la escucha y que la ha dejado abandonada en un mundo que no la acepta por ser como es, aunque por otra parte cree ser parte de su obra. “Concédenos también  el derecho a existir” es una de las frases más tristes del libro.

El sacrificio, el perdón, la abnegación a un destino injusto y por tanto a una vida de expiación y dolor es algo que sobrevuela el libro completo y me lleva a la teoría de que muchas personas, en ciertos momentos de represión moral como pueda ser aquella época victoriana o como pudo ser los años del franquismo en España, se acercaban a la iglesia buscando un perdón que esta nunca les daba, y sacrificaban una vida plena a cambio de la inmolación y privación de su sexualidad.

Me parece terrible.

Hoy en día esta novela puede verse tal vez trasnochada, puesto que muchos de los conflictos que narra Hall están ya más que superados. Ya nadie se rasga las vestiduras porque las mujeres llevemos pantalones por ejemplo y la visibilidad del colectivo LGTBI es patente en cada rincón. Los retos a los que nos enfrentamos ahora pasan por la aceptación social completa y por el reconocimiento de ciertos derechos que poco a poco vamos consiguiendo, como el matrimonio entre personas del miso sexo o la adopción.

El tono pesimista y triste, rozando lo depresivo de esta novela contrasta ahora con la alegría y visibilidad de las manifestaciones LGTBI y el descaro jubiloso propio de quien trata de hacerse ver y oír.

En su vida privada Radclyffe Hall, vestía como un hombre, fumaba en público, convivió con Mabel Baltten durante toda su vida y además tuvo un sinnúmero de amantes, algo que nos parece normal hoy en día pero que entonces resultaba de lo más escandaloso.  Lo más que se le puede achacar a Hall en el ámbito privado es que no exigiera un mayor reconocimiento para el colectivo al que pertenecía y que en su obra siempre acabara, de una forma u otra, pidiendo perdón por el simple hecho de existir

Lo que es indiscutible es su importancia en la historia de la literatura LGTBI, la repercusión que tuvo para miles de mujeres que pudieron leerla y sentirse identificadas, arropadas por esa voz que se alzaba y la implicación emocional de todo aquel que la lee, pertenezca o no a ese colectivo.

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Judith Butler y la filosofía Queer.

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Judith Butler es una filósofa post-estructuralista que actualmente ocupa la cátedra Maxine Elliot de Retórica, Literatura comparada y Estudios de la mujer, en la Universidad de California, Berkeley, tras haber sido profesora en la Universidad de Wesleyan de Ohio y Johns Hopkins.

Esta teórica ha realizado importantes aportaciones en el campo del feminismo, la Teoría Queer, la filosofía política y la ética.

Es autora de dos de los libros más influyentes del s.XX “El Género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad” (1990) y “ Cuerpos que importan. El límite discursivo del sexo” (1993). Traducida a 20 idiomas, ambos libros describen lo que hoy se conoce como Teoría Queer y son básicos en el pensamiento moderno y las nuevas teorías sobre género y sexualidad.

En estos libros Butler pone en tela de juicio la idea de que el sexo es algo natural mientras que el género se construye socialmente más allá de una anatomía. Así como el sexo nunca se cuestiona puesto que todos nacemos con unos atributos sexuales definidos (sistema binario hombre –mujer) el género es un concepto subjetivo que se da dentro de un sistema social ya marcado con unas pautas y normas y que por tanto está siempre en creación o construcción continua, y al tener que ser aceptado por el resto de sociedad, en disputa.

Este pensamiento obliga a replantearse la perspectiva feminista y sus teorías y así entender que las mujeres es más que un colectivo físico adquiriendo un significado político.

Esta teoría será abrazada entonces por colectivos denominados como “minorías” y que son discriminados por la norma social binaria suponiendo un gran empuje al denominado Movimiento Queer.

El género, por tanto, esta siempre expresándose, mostrándose y construyéndose en un contexto social en el que puede aceptar o transgredir las normas impuestas y hacer legible a la persona socialmente. Es una negociación constante con esa normativa o bien una transgresión de esas leyes aceptadas y consideradas como políticamente correctas.

Estos ideales o normas o leyes sociales de masculinidad y feminidad han sido configurados desde la heterosexualidad. Se parte de una idea en que la identificación con un género se opone y excluye el deseo hacia ése mismo género y por tanto implica que debe orientarse hacia el sexo contrario. Idea a mi parecer un tanto religiosa en la que el sexo entre personas está encaminado exclusivamente hacia la procreación y en ningún caso hacia el crecimiento personal, relaciones afectivas o simplemente búsqueda del placer.

Desde el punto de vista de Butler, deseo e identificación no tienen porque ser excluyentes mutuamente ni existe ninguna razón por la cual una persona deba orientar su deseo hacia un género u otro completa y totalmente.

Para la filósofa, no hay encarnaciones de feminidad o masculinidad que sean más auténticas unas que otras, puesto que todas parten de la subjetividad del individuo. Lo que sí existe es una continua negociación de los ideales de acuerdo a una normativa social que los vuelve “respetables” de acuerdo a un imaginario social plenamente aceptado que continua siendo mayoritariamente heterocéntrico.

Conocer las teorías de Judith Butler me ha ayudado muchísimo a la hora de amueblar la mente de cara a escribir mi libro, puesto que me he planteado cuestiones que nunca antes me había planteado, como puedan ser la construcción y asunción del género, la identidad o el concepto “mujer”.

La protagonista asume su identidad, construye su género a través de unas vivencias que le abren la mente y le obligan a aceptarse, rehacerse a sí misma en un proceso que dura varios años y en el que mantiene una relación bisexual que está en constante tela de juicio por ser algo que transgrede esas leyes aceptadas socialmente, así como en una lucha constante de poder entre ella y su pareja masculina.

Judith

Judith Butler entrevistada por Milagros Belgrano Rawson

La invención de la palabra

¿Cómo ve el devenir de la potencia de lo que usted llamó la “matriz heterosexual” en las últimas cinco décadas? ¿Qué cambios han ocurrido y a qué cree que se deben?

–Pienso que tenemos que asumir que “la matriz heterosexual” es una manera de intentar describir las cambiantes operaciones de la heterosexualidad hegemónica y obligatoria, y que esta “matriz” no tiene una única formulación. A veces, una construcción teórica como “matriz heterosexual” actúa como punto de partida para un análisis pero no es en sí misma descriptiva. Podríamos hablar sobre cambios producidos en las últimas cinco décadas dentro de ciertos contextos geopolíticos y seguramente notaremos que hay más espacio para otros modos de la sexualidad –gay, lesbiana, bisexual–, pero también tendríamos que advertir los nuevos métodos de normalización que emergieron en las mismas décadas. Lo que podría ser importante de considerar es la manera en que la separación entre reproducción y sexualidad es evidente para gente de cualquier orientación sexual. Aunque también habría que recordar que el funcionamiento de la matriz heterosexual no sólo impone heterosexualidad sino que también controla los términos del género. Por lo tanto, es importante también hacer un seguimiento de cómo los modos de presentación de las cuestiones de género ya no están vinculadas con la orientación sexual de manera clara o previsible. Hay, por supuesto, lugares en el globo donde es más difícil seguir el “progreso”, así que probablemente necesitemos desarrollar un mapa dinámico y complejo para ensayar y pensar más cuidadosamente cuándo y dónde opera la matriz heterosexual.

¿Cómo imagina un futuro donde la norma binaria se haya diluido?

–No es necesario imaginarse un futuro en este sentido porque la impugnación del sistema binario de géneros ya ha sucedido. De alguna manera, ha sucedido. El desafío es encontrar un mejor vocabulario para las maneras de vivir el género y la sexualidad que no encaje tan fácilmente en la norma binaria. De esta manera, el futuro está en el pasado y en el presente, pero necesitamos producir la palabra en la que la complejidad existente pueda ser reconocida y en donde el miedo a la marginación, patologización y la violencia sea radicalmente eliminado. Tal vez nuestra lucha sea menos para producir nuevas formulaciones del género que para construir un mundo en el que la gente pueda vivir y respirar dentro de la sexualidad y el género que ya viven.

¿Qué consecuencias políticas traen aparejadas estas nuevas perspectivas?

–Algunas son claras: la oposición en la calle a la violencia médica y policial contra la gente transgénero, la conformación de nuevas alianzas entre feministas, lesbianas, gays y bisexuales, queer, genderqueer, transgéneros, intersex; la despatoligización de la homosexualidad y la transexualidad dentro de los manuales y prácticas médicas, la producción de espacios culturales donde a través del arte es posible explorar las luchas y los placeres de estas vidas particulares, el desarrollo de formas de activismo basadas menos en una identidad estricta que en una forma de afiliación donde la diferencia tenga más valor que la superación de ésta.

¿Es posible adaptar su trabajo teórico, sobre todo el vinculado con los temas de género, a la vida cotidiana?

–Hay varias formas de responder esa pregunta. Mi primera respuesta es decir que el trabajo y el amor están relacionados, y con eso quiero decir que amo mi trabajo y que mi trabajo proviene en parte de reflexiones sobre las condiciones del amor. Pero más que eso, creo que el género tiene mucho que ver con las relaciones que mantenemos en la vida. No siempre es el aspecto más importante de toda relación, pero el género es una forma de relacionarse. Pienso que la gente, en todo el mundo, está confundida con el género, incluso cuando lo están disfrutando, así que miran los recursos culturales que tienen a su disposición para que estas cuestiones tengan sentido. La teoría académica es sólo un recurso entre otros.

Pero dado que usted teoriza sobre el amor, la sexualidad, el deseo y el género, ¿hay alguna forma de aplicar algunos de sus postulados?

–No pienso que la teoría deba ser aplicada. No se trata de un conjunto de prescripciones abstractas aplicables a la vida práctica. La teoría no te dice cómo hacer las cosas, pero abre posibilidades. En un mundo que constantemente cierra posibilidades, es importante abrirlas. Una vez, Nancy Fraser (filósofa feminista norteamericana) me preguntó cómo se podía distinguir entre las posibilidades que había que valorar y las que no. Ella quería una forma de medir normas. Pero yo creo que se trata de maximizar las posibilidades de vivir la vida, aunque ésta sea precaria. De todos modos, cuando la gente toma una teoría y luego hace su propio análisis sobre una práctica social determinada –algo que yo no podría hacer– es algo maravilloso. Porque esa teoría sale del contexto en el que fue creada y entra en otro y se convierte en algo diferente. Para mí, la teoría es un gesto insuficiente. Hay que retomarla en distintos contextos para que se convierta en algo diferente. Y recién cuando esto ocurre la teoría es exitosa.

¿Y entonces es posible dejar una marca en el mundo?

–Cuando estaba en la facultad, yo formaba parte de un emergente movimiento gay y lésbico (por entonces no existía lo “queer”) y era una feminista comprometida. Lo que no entendía era cómo iba a poder juntar todos estos mundos diferentes. Parecían separados y que habría riesgos si intentaba unirlos. Pero, de a poco, de alguna forma se unieron, y yo me encontré en una posición afortunada. No estoy segura de que, como persona, yo pueda hacer una diferencia. Pero formo parte de un movimiento de pensamiento más grande que ha hecho y hace una diferencia.

Usted apoyó a Obama antes de su elección. Hasta ahora, ¿está satisfecha con sus primeros meses en el gobierno?

–Es verdad que voté a Obama en las primarias demócratas y en la elección final, pero tenía algunas dudas sobre sus posiciones. Es un demócrata centrista y es importante saber que la “izquierda” consiste en movimientos sociales radicales que no siempre están bien representados por Obama o sus funcionarios. Mi esperanza es que surja una práctica de la crítica en la izquierda. Por supuesto que estamos aliviados ahora que Bush se fue y que Obama está en el poder. Pero hay que recordar que Obama nunca apoyó el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo y que tenía el poder para influenciar en la votación de California que anuló el matrimonio gay. Pero, por razones tácticas, eligió no hacer nada. Y estuvo dolorosamente callado durante el ataque a Gaza, incluso cuando debería ser claro para él que los judíos progresistas ahora están preparados para criticar la violencia del Estado israelí. También eligió en su gabinete a gente que es muy conocida por su misoginia y racismo, como Lawrence Summers (N. de la R: profesor en Harvard y director del Consejo Nacional Económico). Así que veamos cuán lejos está dispuesto a ir con respecto a las decisiones más difíciles. Debo decir que luego de sus primeros tres meses en el gobierno estoy más contenta de lo que había pensado. Cuando fue electo, me preocupaba que tanta gente estuviera enamorada de él y lo idealizara y que luego se decepcionara por completo o que “disculpara” sus numerosos compromisos con fuerzas más conservadoras. Pero creo que Obama hizo un buen trabajo al asegurarse de que la gente no lo viera como un Mesías. Ofrece esperanza, pero no redención, lo que para mí es un alivio. Ya veremos qué posición tomará su gobierno en cuanto al aborto. En mi opinión, ésta es una pregunta abierta.

¿Le resulta llamativo que en este momento se discuta en distintos lugares del mundo –con el apoyo de múltiples personalidades públicas– la legalización del matrimonio gay y que el aborto, a su vez, siga siendo un tema tabú o defendido sólo por grupos de mujeres militantes?

–Es importante considerar cómo el movimiento “pro-matrimonio” ha limpiado las relaciones homosexuales y neutralizando el radicalismo sexual. Ahora gira alrededor de imágenes de monogamia y propiedad. Y, sin embargo, la práctica del aborto es muchas veces presentada como una opción socialmente condenable o estigmatizada por la pérdida de status de clase. Así que me parece que necesitamos repensar el feminismo y los movimientos sexuales radicales para tomar en cuenta formas de filiación que no son conyugales y que no siempre se basan en derechos de propiedad. Y también habría que volver a aliar al movimiento gay y lésbico (y a los bisexuales) con el feminismo y la crítica de la opresión de clase. Mi temor es que en los Estados Unidos estemos aceptando los términos de la democracia liberal participativa en el sentido amplio del compromiso político. Por supuesto, quiero esa democracia, pero quiero que sigamos preguntándonos qué es lo que la democracia radical nos pide ahora.

¿Cómo ingresa el concepto de familia en esta historia? ¿Cree que se ha modificado?

–Creo que tenemos que distinguir “familia” de “parentesco”, pensando parentesco como ese grupo de personas de las que dependemos y que dependen de nosotros, una comunidad que participa de las mayores celebraciones y pérdidas de nuestras vidas. Creo que es un error restringir la idea de parentesco a la familia nuclear. Creo que todos necesitamos producir y sostener este tipo de comunidades. Demasiado peso emocional se deposita sobre la familia y la pareja, y encima estas instituciones deben abrirse a mundos más amplios. No es necesario estar unidos por la sangre o por el matrimonio para convertirse en esenciales unos para los otros. No solamente tenemos que imaginarnos más allá de estas maneras de relacionarnos sino también cómo podríamos vivir en ellas.

 

 

Libros

  • ‘’Sujetos de deseo: Reflexiones Hegelianas en la Francia del siglo XX”(1987)
  • ‘’El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad”(1990)
  • ‘’Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del sexo” (1993)
  • ‘’Lenguaje poder e identidad” (1977)
  • ‘’Mecanismos psíquicos del poder: teorías sobre la sujeción” (1997)
  • ‘’El grito de Antígona” (2000)

.         Artículos

  • ‘’El marxismo y lo meramente cultural”
  • ‘Variaciones sobre sexo y género”
  • 2012: ‘’Afirmo un judaísmo no asociado a la violencia del Estado”
  • 2011: La alianza de los cuerpos y las políticas de la calle”
  • 2011: ‘’ Informe Amicus Curiae’’
  • 2009: ‘’Performatividad, precariedad y políticas sexuales’’
  • 2008: Euforia acrítica”
  • 2006: Relaciones género”
  • 2003: Violencia, luto y política’’
  • 1998: Merely Cultural’’
  • 1995: ‘’Los usos de igualdad’’
  • 1988: Actos performativos y constitución del género: un ensayo en fenomenología y la teoría feminista