Día internacional del holocausto.

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Hoy es el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.
Y es necesario recordarlas a todas, recordar aquellos hechos, pero si me permitís un inciso, quiero recordar especialmente a las victimas españolas de ese holocausto.

A las personas que tras luchar contra el fascismo en España en una cruenta Guerra Civil, aún tuvieron arrestos para seguir combatiéndolo en Europa, a los republicanos que lucharon por la democracia en su país y están enterrados en fosas comunes de campos de concentración europeos y que dieron su vida por la libertad, la democracia y contra el fascismo.

A ellos estas palabras de Primo Levi.

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.”

Si esto es un hombre.
Primo Levi

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Reseña Las sufragistas

“Es espectacular, muy romántica, muy filosófica, muy política y reivindicativa.

También muy didáctica, siempre lo digo y aquí pues no va a ser menos, cuando un libro además de entretener, enseña, es lo más.

Porque en el contexto histórico se entremezclan sucesos y personajes ficticios con reales, lo que nos dará una buena oportunidad pedagógica de conocer personajes relevantes del sufragio femenino y conocer un poco de su historia, que de verdad es muy interesante conocer a las que empezaron a pelear por nuestros derechos como individuo.”

Mari Carmen y yo nos conocimos, como ella cuenta en su blog, a traves de un grupo de lectura.. y resultó que casi casi somos vecinas, así que he tenido la grata oportunidad de conocerla, tomar café con ella, compartir libros y además poder hacerlo más veces, de hecho, hay algún café pendiente…

Mi sorpresa fue su reseña, porque cuando nos conocimos ella estaba a medio leer mi libro, justo por una parte que no le estaba convenciendo, y yo no sabía que hacía reseñas o que tuviera un blog.

Pero… terminó el libro y me hizo esta increíble reseña. econozco que me tuvo acojonada hasta que lo terminó porque como el argumento del libro da un vuelco tan enorme por momentos pensaba que estaba a punto de perder a una voraz lectora, y eso duele mucho, pero vaya, al parecer no ha sido así.

Os dejo el enlace para que podáis leer entera su crónica además de aconsejaros que lo sigáis porque tiene unas buenas reseñas y opiniones.

https://entreunjardindelibros.blogspot.com.es/2017/11/las-sufragistas-nina-pena.html

Muchas gracias Mari Carmen por la reseña, por los libros y sobre todo por tu amistad.

Tenemos un cafetazo pendiente!!

“Al final os preguntareis, pero ¿te ha gustado? Siiiiii, un sí rotundo, es un libro para volverlo a leer con más calma, si cabe.

Además de que es una muy buena historia, la escritora tiene gancho, sabe cómo atraparte en su tela de araña, he quedado muy sorprendida con esta autora local.

Tiene una prosa y unos diálogos cuidados al extremo, los diálogos son filosóficos, y sensuales en muchas ocasiones, políticos en tantas otras, y todos están muy bien trabajados, estructurados y argumentados a la perfección, extensos, coherentes e ideológicos. No cansan, al contrario, mantienen el interés en la trama, tan bien elaborada, tan lineal, que te va introduciendo en el mundo de sus personajes sin esfuerzo en un principio, con algo más tarde, porque tienes que intentar meterte en la cabeza de ellos, y entender sus sentimientos y tantas decisiones….buenas y malas, malas y peores.”

Hermana Puta

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Dicen que todas las mujeres somos hermanas. Hijas de Eva o de Lilith, hijas de los mismos pecados, pero hermanas al fin y al cabo, sin embargo, como no sé tu nombre, me vas a permitir que te llame por tu oficio, ese que también dicen que es el más antiguo del mundo: puta.

Te veo muchas veces al pasar. sentada en banquitos viejos de madera, en sillas de playa desvencijadas, en las paredes de las acequias que forman el escenario de tus combates.

Te veo de pie, casi sin ropa pese al frío.

Te veo con tacones, caminando sobre la grava y el polvo de los caminos.

Miras los coches que pasan con una mezcla de inseguridad, curiosidad y desdén.

Por las noches enciendes hogueras para calentarte y bebes de termos en donde, quizá, los aromas de tés y cafés te retraen a otro lugar del mundo, a aquel rincón donde naciste.

Tu aspecto nórdico, tu pelo tan claro, tus ojos tan azules.

Tu piel morena, sus ojos oscuros, tu pelo ensortijado.

No importa de dónde ni importa quién. Eres la misma.

La misma mujer que va repitiéndose a lo largo de las veredas y de los polígonos industriales, de los cinturones urbanos, de los clubs y los anuncios.

Me pregunto qué te ha llevado hasta aquí.

Estoy segura de que no te educaron para hacer lo que haces.

Estoy segura de que esto no fue tu sueño jamás.

Estoy segura de que a vida te ha dado muy fuerte y también estoy segura de que los golpes no han hecho más que comenzar.

¿Qué sueños tenías al salir de tu pueblo, de tu aldea, de tu ciudad, allá en el otro lado del mundo?

¿Qué metas buscaste? ¿De qué huiste? ¿Acaso te hicieron soñar con principes azules a ti también?

Veo aparcar coches frente a ti, con el motor en marcha, emprendiendo un caminito apartado entre los huertos en donde huir de miradas y en donde vas a tener que trabajar, someterte.

No eran esas las oportunidades que te trajeron hasta mi ciudad. No era esto lo que te prometieron ni lo que tú buscabas. No era este el trabajo con el cual podrías mantener a tu hijo o ayudar a tu familia.

Hablas con ellos desde el locutorio o desde el teléfono del club por las mañanas, les envías mensajes con fotos del Mediterráneo, les dices que estás bien, pero ocultas en esas imágenes tu ropa de guerra, tus rodillas peladas, tus uñas pintadas, tus encajes y tus medias de redecilla.

Hermana puta, desheredada del mundo ¿cuál será tu futuro? ¿qué sientes o piensas? ¿dónde están las oportunidades? ¿dónde has dejado los sueños?

Aquí, en noches mágicas como estas, ninguna niña pide de mayor ser puta.

Tú tampoco lo pediste, pero aquí estás, en la noche de reyes, iluminándote con hogueras, ligera de ropa frente al frío y el corazón embotado para no sentir, con lo bello que era sentir, ¿recuerdas? con lo bello que era tener esperanza, tener fe, confiar en un futuro limpio al otro lado del mundo en donde la libertad parecía posible y la dignidad y la paz estaba asegurada.

Hermana puta, la libertad aquí tampoco existe aunque no la pagamos con la vida.

Te dirán que eres muy libre para ser lo que quieras, pero las cadenas son tan invisibles que ni siquiera estando atada te darás cuenta de ellas.

Es el mayor triunfo del mundo al que viniste a parar, disfrazar de elección propia aquello a lo que te abocan y te obligan, y sentarse después a esperar a que les des las gracias.

Es de noche hermana, y hace frío.

Mucho frío.

Y los reyes magos o los principes azules no existen.

 

 

 

El feminismo como crítica social.

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Cartel conmemorativo de la primera convención por los derechos de la mujer en Seneca Falls, 1848. Aunque se ha avanzado mucho desde entonces en materia de igualdad, la sociedad sigue la misma estructura patriarcal que es lo que de verdad se debe cambiar para que los pilares que nos sustenten sean firmes en justicia y equitativos.

Que los sistemas democráticos en el mundo no son perfectos, es algo que todos, en mayor o menos medida, podemos afirmar, y si no lo son es porque alguien se está quedando al margen de ese sistema que hasta el momento parece ser el único que garantiza una mayor igualdad entre ciudadanos pero que al mismo tiempo, envía a unas minorías a medrar como pueden en la escala social que él mismo crea.

El feminismo se impone no solo como un movimiento de reclamo de los derechos de las mujeres ante la coyuntura actual.

Si en los siglos pasados, en las primeras olas feministas, se abogaba por los derechos de las mujeres, en el nuevo orden mundial, con el viraje a la derecha de la mayoría de políticas y la implantación de un neoliberalismo brutal por parte de los estados cuyo poder se va diluyendo en los consejos de administración de empresas privatizadas y multinacionales, el feminismo se convierte en  necesario como crítica a ese sistema.

El hecho de sacar los trapos sucios a la calle, de convertir en público lo que hace algunas décadas pertenecía al mundo personal e íntimo, nos hace ver no solo la discriminación disimulada hacia las mujeres disfrazada de libertad de elección, sino que nos convierte en las grandes perjudicadas al mantenernos, cómo no, en inferioridad de condiciones.

La crisis social y económica en la que llevamos años sumidos debería dejar paso a una sociedad transformada profundamente en sus bases, sin embargo, el binomio patriarcado-neoliberalismo, deja a un lado a todas las mujeres que volvemos a ser las grandes traicionadas, como en casi todos los movimientos históricos.

Cuando en medio de todo este desastre nacional e internacional las mujeres ocupan mayores porcentajes de paro, desocupación, marginación social y pobreza, se nos habla de libertad sexual cuando se refieren a la prostitución y algunos comienzan a darle vueltas al tema de la gestación subrogada (por decirlo fino) hasta el punto de que muchos utilizan la palabra feminismo y liberación femenina para poder justificar lo que no es sino un uso del cuerpo por parte o bien de los hombres o bien de empresas multinacionales en que la mujer es tratada como un producto de consumo, mercantilizando la maternidad al más puro estilo de la novela distópica de “Criadas y señoras”.

Se impone el feminismo como una crítica a ese sistema, en el que todos somos objetos de consumo o consumidores, en donde todo es factible de comprarse y venderse, en donde no importan más que los balances económicos de las grandes corporaciones y donde las injusticias son disfrazadas de libertades personales.

Se impone un viraje a lo femenino, a abandonar de una vez por todas esta carrera o competición que los hombres llevan manteniendo desde que salieron de las cavernas y en las que las mujeres no tenemos por qué participar de la forma en que ellos nos proponen desde el patriarcado, sino crear una nueva forma, más humana,  de entender el mundo.

Como diría Ana de Miguel, “sin conocer ni debatir la visión feminista del ser humano, no puede haber una transformación profunda capaz de cambiar el rumbo de esta crisis social.”

Acoso sexual y violencia.

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También es casualidad que el mismo día que comienzo un hilo sobre acoso sexual y violencia machista, haya un programa en la TV pública que trate este tema y que encima tenga invitados tan, ¿como llamarlo?, “objetivos” como Salvador Sostres, un conocido misógino cuyas parrafadas corren de forma viral por las redes sociales.

También es de narices que en un tema en que las mujeres somos las principales víctimas hayan hombres hablando de él como si tuvieran la más mínima idea de lo que se siente o de lo que significa ser acosada sexulamente.

Me repatea que por el hecho de ser hombres crean saberlo todo incluso lo que en su vida han experimentado. Sobre todo escuchando las perlas como las que el mismo Sostres ha dicho en alguna ocasión.

Aquí os las dejo.

 

Hagamos una bandera.

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Vamos a hacer una bandera.
Para los que no estamos dispuestos a callar ni a hablar debajo de las que ya hay y que cada vez nos representan menos.
Una bandera que no tenga el color de la sangre o el d.el dinero, una bandera por la que no haya muerto nadie y por la que nadie tenga que morir, una bandera limpia de pasado y de dolor.
Que no sea blanca, porque no nos rendimos.
Que no sea verde, porque nuestras esperanzas son distintas.
Que no sea azul como el cielo, porque así no se oscurecerá con las tormentas.
Que no sea roja como la sangre ni amarilla como el oro ni morada como la de los nacionalismos.
Que no tenga huesos de piratas ni coronas de reyes ni columnas ni cadenas.
Que no tenga estrellas ni soles, que no pretenda ser tan ilustre y grande como para estar por encima de nuestras cabezas.
Una bandera en la que quepamos todos, que nos represente a todos los que no queremos ser representados por personas que se erigen no en cargos electos, sino en garantes de unas leyes que solo cumplen cuando les conviene y que no obedecen al pensar del pueblo.
Hagamos una bandera, para ti, para mí, para quién se sienta ciudadano de un mundo que lo está dejando de lado, para quién quiera vivir en paz, en libertad, en pluralidad, en armonía y sensatez.
Una bandera para los que no vitorean los golpes, para los que creen que la palabra es el arma más efectiva y la única posible. Una bandera para los que piensan antes de actuar, para los que reconocen errores estén del lado que estén, para los dialogantes, para los que saben que las cosas siempre se pueden hacer de otra forma.
Una bandera para las personas de paz, que no olvidan el pasado porque así aprenden de él, pero que quieren mirar adelante con fe en la humanidad porque nunca la han perdido.
Hagamos una bandera de utopía y salgamos a la calle con ella hasta que la utopía sea realidad.

Dónde estabas.

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Dónde estabas mientras yo alimentaba a mi prole.

Salias de las cavernas dando gritos y subías a los montes, probándote humano, buscando medir la fuerza de tu voz y de tu puño, compitiendo con los truenos de los cielos oscuros.

Dónde estabas mientras yo tejía los sueños.

Yacías dormido en las entretelas de la bruma, espantando pesadillas que tú mismo creabas y con las que te despertabas gritando, sacudido por la ambición y el poder.

Dónde estabas mientras yo sembraba los campos.

Te marchabas cada mañana con el alba y las manos ocupadas con las armas que la noche antes hiciste a la luz de las hogueras donde se doraban los rostros y se escuchaban los cuentos e historias que yo contaba.

Dónde estabas mientras yo hablaba con la madre tierra y sacaba de ella los frutos.

Tú mirabas el cielo, veías lunas de sangre y estrellas que te semejaban  triunfos que querías alcanzar porque estaban sobre tu propia cabeza.

Dónde estabas mientras tus hijos crecían.

Empeñado en labores que tú mismo te obligabas a hacer, en las que te erigías poderoso y fuerte, sagaz y confiado.

Dónde estabas mientras yo paría.

Recibiendo los parabienes de la tribu, sin medir el alcance de los gritos ni del dolor, atento solo al llanto.

Dónde estabas mientras los inviernos llegaban y cuando las nieves cubrían todo, cuando el frío se instalaba en el alma.

Dónde estabas cuando yo tenía que construir un hogar de la nada, cuando tenía que alimentar cuerpos y almas, cuando había que poner un techo sobre nuestras cabezas, donde estabas cuando el dolor no dejaba de doler y el cuerpo no alcanzaba para vivir.

Dónde estabas cuando yo callaba porque prefería vivir en paz , dónde cuando las lágrimas impedían la vida misma.

Gritando, midiendo el alcance de tu chorro de orina en el blanco de la nieve o en el polvo de los caminos, dando voces de mando y de orden, como si fueras tú quien ha construido el mundo y tuvieras que gobernarlo, como si todo tuviera que estar bajo el control de tu voz y tus manos.

Donde estabas tú el día en que se repartió la humanidad y el amor.

Gritando. Con un bastón de mando en la mano y vestido con las pieles del animal que habías matado meses atrás.

Dos mil años después sigues gritando, con las armas en la mano, y midiendo tu chorro de orina sobre el polvo de los caminos diezmados por la injusticia.

Déjame pasar.

Yo soy la que ha estado criando a los hijos, construyendo hogares, hablando con la madre tierra, pariendo con dolor y sangre, arrancando frutos y plantando semillas, tejiendo los hilos de la sociedad que llevas tantos años empeñado en destruir.

Llorando por la vida de los hijos que parí y de las hijas que siguieron mis pasos.

Déjame pasar. Mis armas no son las tuyas ni mis sueños son los tuyos. Mi chorro de orina no llega tan lejos pero no voy a empezar a competir por ello y menos contigo.

Déjame pasar. Tú ya has tenido tu tiempo y los frutos de tus gritos siguen sonando por toda la tierra. Yo solo grito para dar vida y tú gritas para quitarla.

Déjame pasar. Ya va siendo hora de que la vida se abra paso y de que dejes de gritar tanto.

De mayor

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Cuando sea mayor quiero ser como tú.

Con la cara arrugada de reír tanto por las cosas malas de la vida, con la frente alta de saberme a salvo de todo y de todos, al otro lado de la desidia y de la ambición.

Quiero ser como tú en los vicios que a los que la vida me tiene mal acostumbrada, a dormir a horas intempestivas y despertarme de madrugada cansada de soñar.

Quiero pintar mis ojos de azul, las uñas de rojo, llevar zapatos de tacón y que las niñas me miren asombradas porque crean que no tengo edad.

No vestir de luto jamás.

Llevar colores en las faldas y en la memoria, gafas de sol que regulen mi vista ante lo que es importante ver.

Quiero tener las mismas manchas en las manos que denoten mi edad sin fisuras, como si fueran las medallas que he ido ganándole a la vida cuando esta pretendía vencerme, cuando lo arduo era vivir sin caer, manteniéndome en un precario equilibrio entre el ser y mi ser, entre el estar y saber estar, entre mi yo y el yo que veían los demás.

Quiero alcanzar el momento de hablar desde la paz de las opiniones reposadas y de la experiencia, sin apasionamientos que nublen mi entender, sin los conflictos que ahora me asolan y que duelen tanto.

De mayor quiero ser como tú, con toda una vida a la espalda, repleta de dolor y de amor, de contrastes de luz y sombras, repleta de momentos cumbre y de bajadas al infierno.

Quiero ser la mujer solitaria que habita en la casa de la esquina, la que viste estrafalaria y le habla a los perros, la que cría gatos y silva canciones de otra época mientras tiende la ropa en el tejado desde donde se vislumbra un mundo que cada vez me pertenece menos pero al que puedo mirar sin rencor.

De mayor quiero ser como tú, libre de cargas impuestas, al otro lado de la lucha diaria que hoy me agota pero con luchas todavía; al otro lado del mal, jamás del bien, al otro lado de mí misma.

Quiero ser la mujer que ya nadie desea para nada pero con la que quieren estar.

Quiero ser como tú, con tu pelo perfecto de peluquería, con la coquetería necesaria para reconocerme en el espejo y con la que dar instrucciones para que me amortajen, pero sobre todo reconocerme cada mañana como la mujer que me fui construyendo a lo largo de mi vida.

Quiero ser como tú, como tantas mujeres que han vivido sin dejar que el mundo las rompa. Como tantas mujeres que han roto con el mundo antes de romperse a sí mismas.

 

Patria y Matria.

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Hace unos días, en el trabajo, alguien me contaba un chiste.

El médico le dice al padre:

– Los niños le han salido un poco feos y algo tontos.

– Me da igual, los quiero pá trabajar.

Sí, no es que tenga gracia, la verdad, pero resume a la perfección mi pensamiento.

España es como ese padre, y hoy quizá lo es más que nunca.

Hoy, 1 de Octubre de 2017, pasará a la historia como el día que España se fracturó, se rompió, de dividió en las famosas dos Españas de Machado, en los hunos y los hotros de Unamuno, en la España profunda y negra, de la sinrazón y el autoritarismo, la España de Puerto Hurraco.

Hoy estamos viviendo historia, por si alguien no se ha dado cuenta todavía.

Y a mí no me sirve de consuelo saber que algún día la historia será quién juzgue a los actores políticos de todo este drama; pero a ellos debería aterrarles.

Aquí, hoy, con banderas distintas se ha salido a defender la Patria, o al menos esa es la excusa que ponen unos y otros. La patria.

Patria, que etimológicamente viene de la palabra padre y que una vez aplicada viene a significar la tierra del padre, la de los antepasados.

Ello implica una carga brutal de defensa de la tierra, de autoritarismo y leyes, de tradiciones que deben perpetuarse y también con ello, nos llegan sus figuraciones, las banderas, los himnos…nos llegan las nacionalidades, los conflictos, la defensa de unos códigos morales y culturales frente a los nuevos códigos mucho más globales.

Patria nos habla de poder; Pater, patriarcal. Patria.

Frente a ello, como el médico o el padre del chiste, incluso como la persona que lo cuenta, quién menos importa es la Matria.

Madre, matriz, útero. Un lugar cálido y acogedor, feminizado, donde lo importante no es la tierra en sí, sino los sentimientos.

Donde no importa el poder, si no el ser.

El lugar íntimo al que pertenece  cada uno y la forma en que a través de él nos creamos un espacio en el mundo. Un lugar feminizado, visto por los ojos de la madre tierra, que da, que acoge, que crea y hace crecer.

Los hombres y sus patrias llevan miles de años gobernando el mundo en unos conflictos de intereses y en unas luchas de poder que nos han llevado a las barbaries más grandes, a las guerras más cruentas, a la sin razón y el odio.

Hace unos días Manuela Carmena y Ada Colau, decían que había que feminizar la política.

Hoy se ha demostrado que sí, que hay que comenzar a poner sentimiento frente al poder.

Ese poder que creen poseer los ciudadanos que vitorean contra otros ciudadanos en las calles de toda España, y que no es más que el apego de un niño con ese padre que, “total, los quiere pá trabajar”.

No están defendiendo nada, ni un trozo de tela ni un himno ni una tierra en la que caernos muertos. Están defendiendo que los mismos de siempre tengan el poder que han tenido siempre.

Los patriotas y los nacionalistas que se enfundan en banderas no parecen entender que no es cuestión de unos y de otros, ni de los fascistas ni de los contrarios; aquí no se trata de defender una patria, se trata de defender una democracia, unos sentimientos, un hogar, una matria que nos acoja y nos haga sentir que estamos en casa.

España, es un lugar en el que a muchos nos cuesta pensarnos porque ejerce de padre autoritario, que dicta las leyes que él mismo se salta, que es inflexible cuando ha de tratarnos pero es laxo con sus propios defectos, es ese padre que te dice siempre que “cuando serás mayor comerás huevos”, recordándote una y otra vez que tú, no eres nadie.

A España le cuesta ser Matria. Le costó siempre.

Mientras en Europa se asentaban las democracias aquí teníamos dictaduras, mientras el mundo se abría a reformas, aquí existían contra-reformas, cuando el mundo luchaba por la libertad aquí vivíamos en pleno franquismo… la parte sensitiva, la parte acogedora y creadora apenas nos ha abrazado o nos ha acunado.

Esa Matria que piensa en sus hijos, que reclama sanidad, educación y trabajo digno, se acalla ante el autoritarismo en el que los Paters se envuelven y nos dictan los caminos justos que hemos de seguir, sin importarle en realidad más que su propio beneficio o su comodidad.

Y nosotros, un grupo muy nutrido de hijos, seguimos la corriente por apego a las ideas que nos han inculcado desde siempre.

La paradoja es que los que queremos vivir en una democracia real, tener un futuro digno, una pluralidad, los que queremos aceptarnos unos a otros tal como somos y no como quieren que seamos, resulta que somos antipatriotas porque no nos colgamos banderas, porque no queremos que nuestros hermanos se callen, porque respetamos el derecho a ser mayores e independizarse de la casa paterna, porque creemos que el concepto de Patria, en un mundo cada vez más global, debe sustituirse por Matria, y construir así un lugar común donde todos seamos iguales, donde todos seamos libres, donde imperen los sentimientos y no las lealtades o los poderes, donde los de arriba no sean más que los de abajo, donde poder sentirnos españoles sin sentir la vergüenza que ese padre autoritario que nos trata a ostias, nos hace sentir cada vez que no estamos de acuerdo con él ni con su forma de tratarnos.

¿Cómo no vamos a querer salir de la tutela de un padre que solo “nos quiere pá trabajar”?

Si el médico del chiste le hubiera preguntado a la madre, seguramente la madre habría contestado: “me da igual, los voy a querer igual sean como sean.”

 

 

 

 

 

 

 

A patadas con el diccionario.

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En estos días de turbulencias y palabras gruesas dichas por personas que hasta hace poco permanecían calladitas y expectantes, o que solo se indignaban con los resultados de partidos de fútbol o por las polémicas de Gran Hermano, de repente, el ultraje al diccionario y con ello los nuevos significados, nos sorprenden a más de uno.

A más de uno que tratamos de decir las cosas por su nombre y no caer en despoblado.

La palabra Sedición, Golpistas, Represión, Patria o Fascista nos han atacado con nocturnidad y alevosía, y en concreto la última que he leído esta misma mañana y que ya me ha indignado por completo: Represaliados.

Yo que, inocente de mí, llevo dos añitos documentando un libro y que trato de no usar el él todas esa palabras que pertenecen a un pasado que, por desgracia, nos sigue perteneciendo y que está más presente que nunca, no puedo evitar rasgarme las vestiduras ante el uso fraudulento que se está haciendo del diccionario, al que llevan a patadas desde hace tanto tiempo  que ya nos parece normal, (RAE, nunca os perdonaré lo de papichulo).

La gente se acusan unos a otros de fascista sin tener ni zorra idea de lo que es en realidad el fascismo, y así, de esa manera nos vemos a personas de derechas acusando de ser fascistas a los de izquierdas, como si los de izquierdas no tuviéramos bastante con nuestros propios monstruos para además cargar con los suyos.

Al bueno de Serrat se han atrevido a decirle fascista en la cara, a él, que se ha partido la misma, luchando por la democracia en la época en que esta no existía y te salía caro de verdad alzar la voz.

Se acusa de sedición a gente que hace exactamente lo mismo que otros hicieron en otras manifestaciones públicas en donde no pasó nada.  A ver; la sedición es un alzamiento colectivo y violento contra la autoridad y el orden público, por tanto los movimientos del 15 M en Madrid o las revueltas de los 80 con el “cojo manteca” rompiendo semáforos con la muleta, por ejemplo, donde a nadie se le ocurrió detener a nadie ni acusar a nadie de sedición, también estarían incluidos.

Se habla de golpistas y quienes lo dicen son muchos de aquellos que se asustaron de verdad allá por el 81 y hoy, que ya ni se acuerdan de aquel dolor repentino de barriga y creyendo que su causa es la justa,  vitorean a la Guardia Civil con gritos de “a por ellos” como si estuvieran en un partido de fútbol.

Se habla de defender la Patria, ahora, cuando estamos a expensas de cortes europeas que nos han obligado a hacer recortes en un “austericidio” que nos tiene sumidos en la miseria y que nos han hecho modificar la Constitución, sí esa que es sagrada, para poner los pagos de deuda por delante de todo. Me pregunto donde estaban todos estos patriotas cuando había que defender la sanidad y la educación patria.

Se habla de república en voz de la gente que es monárquica solo para recordarnos que allá por el 34 se decretó el estado de guerra por culpa (siempre buscando culpas no podemos negar que esto es un país católico) del Estatut y de Companys, aunque pasan de puntillas por el hecho de que en el 34 gobernaba la CEDA, tan de derechas que parecen ser los mismos de hoy, incluso con ilustres apellidos que se repiten y se repiten desde la dictadura de Primo de Rivera.

Y  que me faltaba por ver; un abogado publicitando sus servicios en Twitter para aquellos que tras el 1,O sean represaliados por la Generalitat. Y yo, gilipollas de mí, que estoy inmersa en un texto donde hablo de los maestros republicanos represaliados y depurados durante más de cuarenta años por el franquismo, me hago cruces con la facilidad y la impunidad con que la gente dice todo lo que dice.

Que sí, que hay libertad de expresión, que cada uno es muy libre de decir lo que le salga de las narices… PERO HABLEN CON PROPIEDAD, SEÑORES Y SEÑORAS.

La palabra, que sirve para comunicarse, para entendernos, para crear lazos de unión y puentes de entendimiento es la primera que debemos respetar, no se puede ir por ahí haciendo demagogia, nombrando situaciones que ni siquiera sabemos en qué consisten porque no las hemos vivido, juzgando sin saber.

Las cosas parecen no existir hasta que las nombramos, así que pongámosle el significado verdadero, no el que nosotros queramos, ni aquel que nos haga caer en el populismo barato, que saque lo peor de cada uno o nos granjee votos y lealtades.

Seriedad, por favor. Que la palabra es muy sagrada y si no tienen nada que decir, si no se les ocurren argumentos válidos para defender sus ideas, a unos y a otros, podrían estarse calladitos, que como ya hemos visto, están más guapos.