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La llamada de la palabra

 

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Se le llamaba profesión sacramental.
Era un sacramento, la vida entera dedicada a una vocación, una llamada  de la conciencia, del alma. Ser escritor era algo casi sagrado que modificaba toda una vida. Algo más que una afición o una querencia, mucho más que un oficio. Era una disposición personal, un don que desarrollar, una aptitud que no todos lograban tener y que debía desarrollarse continuamente.
Su carácter solitario, secreto, de comunión con las palabras, silencios y recogimiento, le daba ese aire místico e intelectual que todavía se conserva en el aura de viejos literatos. Malditos o benditos, los escritores dedicaban su vida a escribir, y ese oficio de juntar letras y dar vida a personajes e historias, modificaba de tal forma la vida de cada uno que hacía imposible que un autor se dedicara a cualquier otra cosa que no fuera en mismo oficio de escribir.
Vargas Llosa dice en su libro “Cartas a un joven novelista” que escritor es aquel que hasta sus más íntimos pensamientos necesita ponerlos por escrito, independientemente de que sean publicados o leídos por alguien. Hoy, todavía leo a compañeros que escriben por el hecho de que no podrían vivir sin ello, no se imaginan haciendo otras cosas o simplemente “colgando la pluma”.
Cuando preguntas a un autor por qué escribe la respuesta suele ser la misma: porque no puedo hacer otra cosa, porque lo necesito, porque no sé vivir sin escribir. La semilla está dentro de cada uno esperando crecer y desarrollarse, y no siempre ha de hacerlo en tierra abonada y fértil. A veces escribimos desde páramos lejanos y estériles, desde llanuras desérticas y planicies áridas en donde nada fructifica. A veces sabemos que estamos tirando simientes en terrenos baldíos y no por ello abandonamos la manía de seguir escribiendo.

paul auster - nina peña - libros - literatura
No todo termina en libro, en novela, en poemario. Hay miles de letras escritas que permanecerán siempre ocultas. Cuartillas que comenzamos a rellenar cuando contábamos nueve años y el mundo era un lugar bueno e inocente que, sin embargo, ya resultaba tan incomprensible como para tratar de explicarlo.
En los blogs de autores, languidecen historias que en otros tiempos hubiesen sido llamadas a no ver nunca la luz. Mueren palabras recién nacidas de los dedos rápidos que etiquetan fotos, adjuntan enlaces, y buscan bibliografías con las que ampliar horizontes. Tenemos el mundo al alcance de la mano y accedemos a él con un clic rápido en el ratón. Diccionarios de sinónimos, correctores y herramientas imposibles de imaginar por aquellos que nos precedieron. Podríamos considerarnos afortunados. Pero seguimos escribiendo y buscando explicaciones, tratando de entender el mundo. Al final estamos solos frente a la pantalla del ordenador, atacando un teclado, mirando un procesador de textos. Con la misma inquietud que tenían aquellos que rasgaban cuartillas enteras, que emborronaban con tinta los márgenes de las hojas, que afilaban plumines, los que tenían que modificar textos tachando palabras, que arreglaban y explicaban el mundo mientras corregían las galeradas de una rudimentaria imprenta.
La vocación sigue ahí. Intacta. Sigue modificando la vida de quienes sentimos la llamada de la palabra. Los letraheridos, que nos llaman ahora. Nos seguimos desvelando en los mismos temas y tratamos de encontrar nuestra propia forma de contarlos, nuestra propia voz, tan escurridiza, tan propensa a confundirse con otras voces y con otros afanes. Sigue modificando nuestra vida, seguimos sintiendo que queremos dedicarnos a esto en cuerpo y alma y sufrimos por no lograrlo, por tener que seguir viviendo el día a día cuando querríamos estar escondidos en nuestra cueva, sentados ante el folio blanco.
Profesión sacramental. Pura vocación. Una estela que necesitamos seguir, una llamada que necesitamos responder, una disposición para soñar que nos urge a seguir despiertos.

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Citas

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“No hay felicidad o infelicidad en este mundo; solo hay comparación de un estado con otro. Solo un hombre que ha sentido la máxima desesperación es capaz de sentir la máxima felicidad. Es necesario haber deseado morir para saber lo bueno que es vivir.”

-El conde de Monte Cristo de Alexandre Dumas.

Escritor o emprendedor

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Hoy en día publicar un libro en una gran editorial es casi como jugar a la lotería. Te puede tocar o no, pero lo cierto es que hay que comprar boletos para ello.

Tienes el libro acabado, en mente ves tu nombre en las páginas centrales de un periódico anunciando su venta o su presentación, el Word te quema: necesitas sacarlo al mundo, hacerlo público. Mentalmente esperas que guste pero te preparas para las críticas. Creo que en ese momento acariciamos todos el mismo sueño: ser como esos escritores que admiramos, que se pueden dedicar a escribir, a documentarse, a estar frente al papel en blanco y hacer de su amor no solo un arte, sino un trabajo.

La realidad es brutal.

Las grandes editoriales, esas que llenan las estanterías de nuestras bibliotecas, han hecho limpieza de autores, títulos y depurado catálogos. Ya no aceptan manuscritos. Al contrario. Han puesto en marcha un sello independiente de auto-publicación que viene a ser lo mismo que todos los que se anuncian te pueden ofrecer porque, seamos sinceros, si se anuncian o te piden manuscritos son editoriales de auto-publicación…

El autor ya no es ese escritor que se sentaba a pensar, a reflexionar sobre lo humano y lo divino, el que se volvía loco buscando expresiones y palabras con las que expresar un mundo interior o unos pensamientos. Ya no busca la crítica social a través de sus páginas, ya no es el romántico que se sienta a mirar el compás de las olas buscando inspiración. Ya no es el maldito que necesita emborracharse para sacar toda la mierda que lleva dentro depurada en líneas con sentido.

El escritor ha de ser un emprendedor. Ese es el boleto que te puede tocar si lo juegas.

Y puedes sentarte en una terraza frente a un café mirando el pasar de la gente tratando de ver en su comportamiento personalidades dignas de ser reflejadas en tu libro. Puedes mirar el vuelo rasante de las palomas sobre las mesas y sillas vacías de estas mañanas de lluvia en terrazas solitarias. Puedes quedarte mirando el mar y contar los vaivenes de sus aguas o los barquitos pesqueros que se divisan a lo lejos. Puedes ser el último romántico sobre la faz de la tierra… y puede que no te sirva de nada.

Puedes romperte la cabeza buscando la palabra justa, el término exacto, el sinónimo necesario para decir lo que de verdad quieres decir. Puedes creer de verdad que todo está escrito ya y que solo cambia la forma de contarlo, esa forma que buscas con ahínco y sin descanso.

Puedes sentarte a escribir cientos de palabras en una tarde o puedes volverte loco porque no hay forma de escribir ni una.

Nada de eso importa. No has de ser escritor solamente, has de ser emprendedor.

Saber corregirte los textos, saber editarlos, maquetarlos, hacer las portadas, trazar estrategias de marketing, publicidad, hacer carátulas perfectas para que se vea bien tu libro en cada red social, machacar las redes, organizar concursos, escribir en tu blog, hacer entrevistas, críticas, reseñas de otros libros, publicar en grupos de lectura, llevar bien la contabilidad de los libros que vendes, de los que no, de los que tiene cada librería con la que previamente has contactado…ser escritor, hoy en día es llevar un negocio, no escribir solamente.

Miras hacia atrás y ves a los otros, a los anteriores escritores que solo tenían que escribir y dejar hacer a la editorial. Has llegado tarde. Quizá eso ya no vuelva a hacerse jamás pero es lo que siempre has soñado. Escribir. Qué lástima que uno llegue tarde a sus propios sueños.

 

A veces

palabras - nina peña -

A veces lo hago. Me lio a hablar, a charlar de mil cosas y me olvido de lo principal. Me diluyo y me pierdo en palabras que no tienen ni valor ni significados, en matices que yo entiendo o no y que otros no entienden o sí.

Me evaporo en alientos banales, en intentos frustrados de comprensión, en ideales que son ideas y no van a cambiar  mi mundo.

Palabras que no son nada porque el diálogo no admite la comprensión ni tampoco lo nuevo, lo distinto. No admite prismas diferentes ni opiniones contrarias.

No admite la razón de las cosas.

Palabras que buscan más convencerse a sí mismas que entender a aquel que está frente a ti.

Las palabras que son mi única arma, mi único modo de expresarme, se quedan vacías, colgadas de hilos invisibles, movidas por las corrientes de viento y pensamientos, inertes, como piezas de ropa puestas a secar al sol de veranos ardientes.

Palabras. Solo. Nada más y nada menos que palabras.

 

Isabel García Mellado, tres poemas

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Isabel García Mellado nació en Madrid. Noviembre de 1977. Es autora de los poemarios Tic tac, toc toc (Ya lo dijo Casimiro Parker 2009), Cómo liberar tigres blancos (Ya lo dijo Casimiro Parker 2010), La traductora de incendios (Valparaíso Ediciones 2014), Yo también soy Frida Slaw (Editorial LeTour1987 2015), La selva dentro (Ediciones 4 de Agosto 2015) y la plaquette Porque sabe reírse (Ediciones Deliciosas 2015). En 2016 publica su último libro: La casa de la cruz, en Visor, poemario ganador del Premio Ciudad de Burgos. Poemas suyos aparecen en diversas antologías y revistas como Eñe, Cuadernos Hispanoamericanos, La galla ciencia, y en diversos medios digitales. Ha participado en numerosos recitales en Festivales Poéticos por toda España. Actualmente trata de dedicar a sus pasiones el tiempo libre que le queda tras vender a regañadientes y por necesidad el resto de su tiempo al capitalismo. Se autodefine como pintora, madre, feminista y poeta.

 

Un lazo rojo

Tiene que haber un lazo rojo en algún sitio
entre los hospitales inmensos fantasmas
se ve un anciano tremendamente sólo
que se pregunta cómo ha llegado hasta aquel sitio
yo busco desesperada el lazo rojo y no lo encuentro
sé que tenía un color muy intenso
y me da miedo que pierda algo de brillo
el anciano arranca a llorar como una locomotora
y no entiendo por qué no quedan nubes y él está triste
mi sombra se encoge al recordar algo
del cielo cuelgan frases como ropa tendida
“rompimos los relojes”
y tú al final de un túnel del que salí reptando
con tu mirada limpia me devuelves la imagen:
soy yo, tengo tres años, bailo muy torpemente
mi pelo está enredado en un lazo muy rojo
beso una foto antigua que contiene tu rostro
el viejo en la ventana me observa atentamente
y se sonríe.

 

Es tan pequeña

Es tan pequeña
que cabe en una gota
y queda sitio todavía
para un manojo de espuma
un jardín japonés de nostalgias
una selva de poemas
de amor y dolor
de besos y mamadas
y una sonrisa que hasta Gardel envidiaría.

Es tan pequeña
que cabe en un bolsillo
y queda espacio
para una colección completa
de amores incompletos
o en pelea
unas coletas que llevan años
sin engañar a nadie
y una pizca de rencor
que no siempre es mala brújula.

Es tan pequeña
que cabe en un cuaderno
y sobra espacio
para una voz de microscopio
que te toca las estrellas más ocultas
dos secretos
que nunca cuenta a nadie
y un sendero de vasitos de vino
que va besando de a poco
y por eso los envidian.
Es tan pequeña
que cabe en una mano
y caben todavía
esos suspiros de papel
que no se escapan
todas sus palabras de arena
que se explayan
y una pinacoteca de miradas
que sólo se puede visitar
en días o noches señalados.

Es tan pequeña
que cabe en una lágrima
y en esa lágrima cabe
casi todo lo que importa
aunque a ella
no le importe demasiado.

 
Ya hace frío. los domingos por la tarde, hace frío. adoramos la palabra contradicciones, la sopa caliente, la risa de ésta persona hermosa en concreto. ahora. puedes decirme que me duele el contorno de aquella frase y yo responderte que no tienes ni idea de quién soy. “vete a tomar por el culo” es una frase muy grave. “vete”. ahora el silencio acompaña a las letras y las letras exploran seguras un nuevo espacio donde poder crecer sanas y libres, reunirse en palabras, en frases que consigan un poco más de luz para un mundo un poco menos prepotente aceitoso dorado cruel. hace frío y nosotros tenemos todo lo necesario para ser felices. y mucho más

La narrativa contemporánea

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La narrativa contemporánea es una rama de la literatura que aborda diversas temáticas como resultado de un proceso histórico, y como tal sus comienzos se sitúan en una etapa determinada, siendo ésta, la época posterior a las guerras mundiales, sobre todo la segunda guerra mundial, ya que éstas modificaron la manera de pensar, costumbres y modo de expresarse que difiere de la narrativa tradicional tanto en sus características como en su finalidad.
En medio de este escenario, la humanidad se percató de que la vida tomó un nuevo significado después de la cantidad de muertes y la capacidad del hombre de causar tanto sufrimiento, así es como se dio cuenta de que debía dar un nuevo sentido a su existencia con nuevas ideas, pensamientos y actitudes que contribuyesen a mejorar al mundo, así como también surgieron autores hasta cierto punto más pesimistas que daban a entender lo salvaje y destructivo del hombre con su entorno y consigo mismo, además de su poco autocontrol.
Lo anterior se manifiesta tanto en los temas como en las características de este tipo de literatura, tales como:
El tipo de narrador, que en las obras tradicionales era principalmente omnisciente, conocedor de todos los sucesos acaecidos en el relato, en cambio, en la actualidad el narrador es protagonista, con un menor grado de conocimiento, lo cual otorga suspenso e importancia a lo inesperado y desconocido, esto se relaciona con las guerras mundiales ya que las personas toman conciencia de la fugacidad de la vida y lo importante de aprovechar el día a día. Así como también encontramos un narrador colectivo que nos relata su propia visión de la realidad para poder tener un sentido más amplio de lo que acontece, la subjetividad y contrariedad a través de la polifonía que se entiende por una multiplicidad de voces o narradores.
Antiguamente la narración tenía un orden cronológico, es decir, se presentaba en los acontecimientos en una estructura lineal, mientras que en la narrativa actual surgen rupturas dentro del tiempo del relato donde se distinguen diversas técnicas narrativas tales como: analepsis y prolepsis, las cuales nos dan una visión del pasado y el futuro respectivamente.
La narrativa de hoy en día es más obscura, busca confundir al lector y hacerlo parte activa del entendimiento del relato obligándolo a organizar los acontecimientos del texto debido al uso de técnicas narrativas tales como la intertextualidad (el uso de elementos de otras obras para contextualizar), montaje (nos permite mostrar dos o mas planos ya sean temporales y/o espaciales de manera simultánea), entre otras que el lector debe reconocer para ser capaz de descifrar la obra, lo cual le otorga una multiplicidad de interpretaciones.
La narrativa contemporánea abarca diversos temas de la actualidad, podemos darnos cuenta que forman parte de este tipo de literatura por sus características además de su relación con el contexto en que se da, por ejemplo:
La ilogicidad o irracionalidad, producto de la subjetividad de los mundos presentados los cuales son caóticos y oníricos nos muestran la complejidad más allá de la realidad.
La soledad e incomunicación es el resultado de la búsqueda en el interior de las personas ya que no encuentran respuesta a sus inquietudes en el mundo real, de modo que se aísla apartándose de la cotidianeidad y las consecuencias de la globalización, principalmente porque, debido a esta, se pierde la individualidad.
La literatura como tema de sí misma, de modo que el relato cambia de tal forma que la narración deja de ser una mera historia ficticia pasando a trastocar la realidad, dando la impresión de que la obra se revela al autor, el cual pierde el control de ésta.
Como conclusión, la narrativa en sí no puede ser definida debido a sus múltiples características y diversas perspectivas, en cuanto a los modos que se abordan los temas y las técnicas empleadas anteriormente explicadas.

Fuente: Andrea Ramírez y Marcelo Retamal https://sites.google.com/site/vuestrarealidad/home

Leyendo a Faulkner.

 

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Es complicado. Lo reconozco. Y que la mayoría de grandes autores lo presenten como una de las mejores y más influyentes plumas de la literatura del s.XX me deja en una situación compleja.

Tengo ante mi un grueso volumen antiguo sacado de la biblioteca en el que se han recopilado cuatro de sus libros; “La paga de los soldados” “Mosquitos” “El villorrio” y “¡Desciende, Moisés!”. En total casi mil páginas de Faulkner que seguramente no serán ni las más afamadas ni las más ideales para comenzar a conocer al autor.

Quizá por mi manía de comenzar siempre la casa por el tejado mi primer libro de este autor fue uno tan aclamado como difícil, “El ruido y la furia” y sí, reconozco haberlo dejado aparcado para más adelante sin que esto me suponga ningún resquemor. Estaba avisada. Gente mucho más lectora y mucho más literaria que yo me había puesto sobre aviso y sabía que rendirme en un punto concreto de la lectura no iba a ser sinónimo de cobardía ni de falta de interés siempre y cuando prometiera volver a él en un plazo razonable de tiempo. Ya sabéis, a veces los libros nos eligen a nosotros y no al revés.

Ahora comienzo este libro y apenas llevo tres capítulos, pero me echa hacia atrás. La primera novela que me encuentro en este volumen de “Obras completas” (incompleto en la biblioteca) es “La paga de los soldados” y no es que no me atraiga e estilo y la narrativa de Faulkner, sobre todo porque soy consciente de lo mucho que hay que aprender, pero la primera impresión, tres soldados borrachos en un tren, en esa atmósfera decadente de final de guerra, esos diálogos constantes con frases que cualquier editor nos recortaría a los demás, y sobre todo el carácter que deja vislumbrar tras las palabras, me repelen.

Busco por internet más información del autor, quiero ver opiniones, reseñas y encontrar los motivos por los cuales Faulkner es una lectura absolutamente necesaria para mí.

Para Ana María Matute es el mejor escritor que ha sabido imbricar una atmósfera especial con los odios y amores familiares, sentimientos anudados cuyo influjo contamina todo a su alrededor. “Describe como nadie el lado oscuro del ser humano, lo turbio e inquietante que puede haber en él”, arrostrado con un lenguaje “inconfundible por su fuerza y con un torrente que parece que no se acaba nunca”.

Para Marcos Giralt “su pasado o el grupo social al que pertenecen dictan su futuro, pero, como la mayoría ni siquiera es conscientes de ello, la aparente pasividad con que lo aceptan no es elegida, sino apenas una huida hacia adelante (una huida solo de vida) que resulta especialmente fértil a la hora de poner en un primer plano las aristas de la condición humana”. De los personajes Giralt dice: “Su pasado o el grupo social al que pertenecen dictan su futuro, pero, como la mayoría ni siquiera es conscientes de ello, la aparente pasividad con que lo aceptan no es elegida, sino apenas una huida hacia adelante (una huida solo de vida) que resulta especialmente fértil a la hora de poner en un primer plano las aristas de la condición humana”.

Para Javier Marías la fuerza extraordinaria de Faulkner está en su estilo. Un estilo que lo emparenta con Proust,  una de sus influencias, y con Henry James. Lo que lo distingue de ambos “son sus párrafos largos, como si surgiera a borbotones hasta el punto de que es menos respetuoso con la sintaxis que ellos; como si a veces dijera: ‘la sintaxis no me importa’.

Párrafos largos, algo de lo que yo estoy intentando huir en mi narrativa.

Pero hay que aprender, leer, investigar, explorar por tanto voy a segur adelante con ello, no sé si como obligación o como parte del aprendizaje. Sobre todo para descubrir esa maravilla narrativa de la que todos hablan y que tanto aprecian. Porque no puedo sentarme a leer sólo lo que me resulta cómodo o fácil, lo que me gusta ya de antemano.

Y quizá esa sea la mejor  de las lecciones.

He dado unos detalles de lo que me han echado atrás en los primeros capítulos y son esas sensaciones precisamente las que me  empujan a seguir. Si en solo unas páginas ya me ha incomodado, ya me ha asfixiado, me han puesto nerviosa esos personajes borrachos armando gresca en un vagón, si ya los he encontrado decadentes, sucumbiendo a su propio destino de soldados tras una guerra a los que nadie les agradece el favor, si ya he detectado sus miserias, su carácter y su pensamiento de superioridad/inferioridad con respecto a sus conciudadanos y compañeros de trayecto, si ya me ha logrado poner esas imágenes y esa especie de antipatía que ellos perciben y que los demás muestran…. eso es porque sin duda es un grandísimo escritor.

Así que aquí estoy, leyendo a Faulkner… tragándome esos caracteres y conversaciones extrañas en un tren porque percibo que esa es la lección a aprender como escritora y como lectora. Quizá también como persona.

 

 

 

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El estadounidense William Faulkner (1897-1962) es uno de los autores capitales de la literatura del siglo XX. Fue mucho más valorado como novelista en Francia antes que en su propio país, fascinación europea que le facilitó la obtención del Premio Nobel de literatura en 1949. Intentó combatir sin éxito en la Primera Guerra Mundial y buscó establecerse como poeta (su primer libro, El fauno de mármol, es de versos), pero pronto se vería absorbido por una febril actividad como novelista. Nativo de Mississippi, la monumental obra de Faulkner suele ser tildada de regionalista, aunque de ser así se trata de un regionalismo signado por la técnica modernista de James Joyce. Escritor sureño, su literatura está marcada por el tránsito de esa sociedad arcaica a una moderna y por temas como las distinciones de clase y raza, el mundo rural, el retraso económico y la violencia. Para dar forma a su mundo literario inventó un condado imaginario, Yoknapatawpha, que algunos consideran antecedente de Comala y Macondo.