El concurso Amazon y el sueño americano.

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Que los escritores, o autores, somos personas que vivimos en nuestro mundo peculiar en el que nos sumergimos constantemente, no es nada nuevo.

Al margen de peculiaridades y excentricidades que solo los grandes se pueden permitir porque para ellos es parte de su genialidad mientras que para el resto sería síntoma de enfermedad mental, hay algo que nos une a todos, o a casi todos: el ego.

Tenemos un ego exacerbado, nos encanta mirarnos el ombligo, acariciarlo, y ser nosotros mismos quienes se empeñen en sacar sus pelusitas, algo que si hacen los demás nos hace entrar en cólera o en pánico, dependiendo del tamaño del ego en cuestión.

Lo del concurso Amazon es una muestra de ego descomunal donde quién más y quién menos, está metido hasta las trancas por el simple hecho de opinar o de comprar determinado libro. En mi vida había visto zancadillas, groserías, maldades, pleitos, envidias, puñaladas traperas, comentarios malintencionados y mala baba como la que estoy viendo en el concurso de este año.

Hasta la misma plataforma Amazon está tocando las “webs” de sus autores quitando ediciones en papel, comentarios de compras verificadas, ha tardado más de 15 días en completar la lista de concursantes, anunciaba preventas que luego quedaban fuera de concurso…

Autores que no tienen en común ni siquiera el género, se enzarzan en disputas por un comentario, por una estrella, por una promo o por una portada.

Ni decir tiene que estoy tan ojipláctica que no me presento a ese concurso en mi vida.

Se puede ganar visibilidad, cierto, y me consta (de hecho lo sé cierto porque tengo a muchos amigos que llevan tiempo publicando, escriben de perlas y están concursando), que muchos autores lo hacen exclusivamente por eso, por visibilidad y ganar lectores, para que sus libros sean leídos, porque, como todos sabemos, los concursos son de todo menos justos y aunque su base sea tan frívola y objetiva como las ventas, ganar uno es harto difícil.

¿Y todo por qué? Porque priman las ventas, los números, las cifras.

Lo que está ocurriendo en este concurso obedece a un patrón de competitividad tan exacerbado que en nada beneficia a nadie salvo a Amazon, que este mes de julio y agosto, cuando ningún autor ni librero se come un colín, ellos siguen vendiendo más que nunca, así que como estrategia de marketing es perfecta.

De nuevo una editorial se aprovecha de la ilusión y del trabajo de los autores y aunque reporte pingües comisiones a estos en derechos de autor y les permita publicar, no hay que perder de vista que al fin y al cabo, están cumpliendo con algo tan simple como es la consecución de beneficios empresariales en un sector y en un momento concreto de año en que apenas se venden libros. No, no es casual que el concurso Amazon sea en julio y agosto.

En ningún momento se tiene en cuenta la calidad de los trabajos, ni hay un jurado que lea los libros y que puntúe, ni se valora la calidad artística, la originalidad, el mensaje, el lenguaje o la intención de comunicar que todo libro que se precie tendría que tener.

Pero además este patrón comercial obliga a vender para tener visibilidad en el concurso, a escalar posiciones, ya que, como todos los autores auto-publicados sabemos, si estás mejor situado vendes más porque, simplemente, se te ve antes. Nadie se espera a la página 60 de Amazon para comprar, la compra por impulso en internet es otra de las bazas fundamentales con las que juegan, y saben que te matarías (y matarías) por vender más y estar en esas posiciones que te permiten seguir vendiendo más.

¿Y qué es lo que realmente hace que todo esto ocurra? El ego del escritor.

Una carrera editorial no se hace en un año ni en cuatro, y ¡ostras! Si ganas este concurso te coronas, te evitas pasar por lo que han pasado todos los autores, te evitas la crítica veraz, te evitas tener que leer y leer para aprender, evitas pasar por los trámites de crecimiento personal que te da el escribir y tener que reescribir, el escribir y borrar, el volver a empezar.

De pronto, se te ofrece la posibilidad de vivir de la escritura, algo de lo que nos podría hablar mucho Juan Goytisolo si aún viviera, de tener regalías y, coño, ¡si te estás viendo ya como ponente y contertulio en los talleres de auto-publicación que monta Amazon cada verano, con tu imagen en el fondo de pantalla gigante y siendo entrevistado por El país cultural…!

Te has pasado por alto unas pocas cosas.

Las pocas personas que viven de sus libros desde plataformas como Amazon, no llevan ni uno ni dos ni cinco años escribiendo y publicando sino como mínimo diez, y han trabajado por ello todos y cada uno de los días de su vida compaginándolo con otros trabajos que les permitieran pagar las facturas como a todo hijo de vecino.

En ese empeño estamos, yo incluida, muchos compañeros que participan y para los cuales este concurso es solo uno más de los medios, pero no el fin en sí mismo.

Este concurso, su finalidad, no es más que una revisión del sueño americano llevado al mundo editorial, donde todo es posible y donde triunfar es algo que siempre está a la vuelta de la esquina, pero Sunset Boulevard también tiene muchas esquinas, así que quizá sea mejor ponerse a trabajar de verdad, no mirarnos tanto el ombligo y menos aún prostituir la literatura de esta forma.

Ojo, no quiero decir con ello que no sea lícito presentarse o que los libros presentados no sean buenos y tengan calidad, pero sí hay que darnos cuenta de que una vez más nos están utilizando, de que otros están ganando dinero con nuestras ilusiones y sueños, nos están vendiendo ellos a nosotros para reportarse beneficios de los que tú vas a ver tan solo un porcentaje y vas a ser un número en una larga lista.

Este concurso es nefasto y deja un sabor de boca negativo a todos aquellos que, apostando por la literatura independiente, lectores que siguen buscando calidad en los libros no convencionales, se convierten de repente en simples compradores de objetos de consumo en cuyas cinco estrellitas hay un poder exacerbado, además de aumentar la mala fama de los libros y autores que, de por sí, ya tenemos los auto-publicados.

A ver, no somos genios (sí, ya sé que tú sí). Si una editorial nos rechaza un manuscrito puede que debamos revisarlo, analizarlo, buscar opiniones, tratar de encontrar en qué hemos fallado o si de verdad es que no encajamos en la línea editorial de la empresa concreta a la que lo enviamos.

Si tenemos en cuenta que la gran mayoría de editoriales también se guían por criterios comerciales puede ser que nuestro libro, aún con calidad, no sea vendible.

Hay muchas razones por las cuales recurrir a Amazon, incluso la legítima razón de no querer estar en las editoriales tradicionales, y es cierto que esta plataforma ha democratizado la literatura que siempre ha sido muy elitista y “amiguista”, pero el escalar posiciones, el conseguir altos objetivos sin antes haber currado y estudiado como un auténtico cabrón, es tratar de construir la casa por el tejado.

La calidad es lo que de verdad va a garantizar poder publicar dentro y fuera de Amazon, pero requiere su tiempo y sus plazos, y es ahí donde tienen que ir todos nuestros esfuerzos, sin importarte las ventas porque, una cosa te voy a decir, si de verdad eres escritor, lo que menos te va a importar es vender, lo que sí quieres es que te lean.

Cuando en el pasado se empezaron a publicar libros de forma independiente, cuando autores hoy legendarios comenzaron a auto-publicarse, lo que primaba era la rebeldía contra el sistema establecido, la visión de una obra, el tener que decir lo que nadie había dicho hasta entonces, ser independiente era mantener la fe en uno mismo y luchar contra el mundo, creer en valores por los que nadie apostaba, alejarse del orden impuesto, saltarse las reglas de lo convencional.

Ese es el espíritu que tendría que tener Amazon y el que tendríamos que tener todos los escritores independientes, y no dejarlo todo a un lado por la consecución de un número determinado de ejemplares vendidos y pasarnos la vida contando más de lo mismo porque es lo que más se vende.

 

(Y digo esto sin haber leído aún ningún libro, con lo cual estoy lejos de saber la calidad que pueden o no tener, pero si Amazon valora solo las cifras de ventas eso es un criterio tan claro y válido como el mío.

Por supuesto voy a comparar libros del concurso, ya llevo dos y tengo pendientes varios más, y con ello trato de apoyar a mis compañer@s, pero me voy a abstener de hacer cualquier comentario y de decir ni una sola palabra. Priman las cifras y mi apoyo se va a basar en ayudar a que esas cifras sean buenas para los autores a los que aprecio.

Y sí, una vez también se me pasó por la mente sacar un libro a concurso en Amazon, pero una buena y sabia amiga me dijo, “Che boluda, olvidálo”)

 

 

 

 

A veces.

 

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A veces me gustaría ser tal como es el resto del mundo.

Ser como esos que nunca piensan antes de hablar y que dicen las cosas sin saber, sin afectarles el hecho de producir dolor. O ser de los que no lo sienten, de la gente a la que nunca le duele ni le importa nada.

Ser de los que no se sienten incómodos en los largos silencios.

De los que miran sin sonreír.

De los que guardan sus palabras pese a mostrar en su frente el oscuro mecanismo de sus pensamientos.

Ser de los que no miran los amaneceres ni los atardeceres ni cuentan las olas en el mar.

De los que siempre tienen un juicio justo e ineludible que emitir y una sospecha que confirmar.

De los que no dudan, de los que no se plantean nunca no tener la razón.

Ser de los que se quejan de las hojas caídas de los árboles sobre el cemento sin ver el otoño.

De los que se quejan de los pétalos de flores en las aceras sin ver las primaveras.

De los que se quejan de la lluvia sin escuchar la música de sus gotas sobre los cristales cerrados tras los que hay un calor de hogar que no existiría sin ella.

Ser de los que gritan en los semáforos porque son incapaces de reconocerse como peatones.

Ser como aquellos que siempre tienen una opinión para todo aunque se la guarden tras el oscuro túnel de los ojos.

De los que no se enfadan con las injusticias ni le gritan al presentador de los noticiarios.

De los que siempre encuentran algo, por pequeño que sea, con lo que pueden justificar un acto de maldad o un atropello.

De quienes saben buscar culpas a víctimas inocentes para que el culpable no lo sea tanto y el inocente lo sea menos.

De los que no lloran escuchando el Adagio de Albinoni o el Oblivion de Piazzola.

Ser de los que hablan como si conocieran el mundo entero, como si es perteneciera, como si no hubiera ningún lugar al que no hubieran viajado.

Como los que nombran menús y restaurantes, y aviones y tiendas y hoteles de ciudades lejanas pero que no han paseado por ningún parque de la ciudad en la que viven, ni se han perdido en ningún bosque ni en ninguna calle sin nombre.

De aquellos que no viven aventuras de las que puedan salir heridos.

De los que son capaces de reír en los entierros y no emborracharse en las bodas.

De los que cuelgan cd´s en las ventanas para que los pájaros no se acerquen a sus balcones.

De los que podan los rosales sin pincharse y de los que ponen las rosas en un jarrón sin pararse a oler su perfume.

De los que ordenan los libros en los estantes con gusto estético o de aquellos que no tienen libros porque no les parece decorativo.

Ser como esos que no conocen los nombres de los árboles ni la forma de sus hojas, pero devoran sus frutos.

De esa gente que no siente el aroma del viento ni el punto cardinal del que sopla, de esos que odian la Tramontana porque es fría y el Poniente porque es demasiado cálido.

Me gustaría tener el don de ver solo aquello que mis ojos ven, de reconocer y formar las imágenes exactas en un cerebro matemático ante las cuales no cabria ni un ápice de duda o incertidumbre. No ver nunca ese otro lado de las cosas.

Creo que, si fuera como ellos, sufriría menos.

Por eso, a veces, me gustaría ser como el resto del mundo.

Pero solo a veces.

Las sufragistas.

Las sufragistas estrenan vídeo nuevo con imágenes reales e históricas que muestran cómo fue su lucha, por todo aquello que pasaron y todo aquello que soportaron para que hoy tengamos los derechos que tenemos, algo que ya nadie parece recordar.

No es solo un vídeo de promoción del libro, eso lo podría haber hecho de cualquier otra forma… teniendo en cuenta que es una historia de amor con capítulos eróticos y con un fondo Queer podría haber jugado con más temas y más fotos, pero creo que era necesario hacerlo así.

Espero que el video os guste y que os animéis a leer el libro.

 

Reseña en Rebelión de libros. ¿Cómo que a qué huelen las nubes?

nina peña - como que a que huelen las nubes - primer capitulo - portada

http://rebeliondelibros.blogspot.com.es/2015/12/resena-como-que-que-huelen-las-nubes.html?spref=tw

Sinopsis: Cuatro hermanas separados por las circunstancias y en un momento decisivo de sus vidas, se reúnen para cumplir la última voluntad de su madre. Ser llevada junto a su amante en un acantilado de Escocia. En el viaje se reencuentran unas a otras, acaban de dar sentido a sus vivencias, toman nuevas decisiones importantes y se reconocen a sí mismas como personas, como hermanas y como mujeres.

Comentario: No sé a que huelen las nubes, lo que sé es que este libro es especial.
En su páginas atrapa una historia en la que mas de uno se sentirá identificado.
Este libro nos cuenta la historia de cuatro hermanas: María, Esperanza, Fe y Piedad. Ya sus nombres nos dice mucho de la madre que tuvieron, una mujer chapada a la antigua, católica extremista, sumamente convencional, estricta y poco cariñosa… entre otras cosas.
La forma en que la mamá de las chicas las crió provocó un quiebre entre ellas, la exigencia que ponía su madre sumada a que les cortaba las alas y… a su frialdad, hizo que ellas se alejen, pongan distancia.

“Desde que puedo recordar ha sido ella quien ha parecido empeñada en robarnos cualquier sueño…”

Las cuatro protagonistas rondan los 40 años, y las cuatro son personas infelices, frustradas con la vida que llevan. Cada una con su tema, con su fantasma a cuesta: divorcios, engaños, mentiras, infidelidades, etc…
Se reencuentran sentimentalmente cuando su madre muere, pero desvelando un secreto. Además, les pide que la lleven a Escocia, junto con su amante de toda la vida.
En ese momento comienza una etapa de liberación para ellas, dejando de lado las apariencias y todo lo que las lastimaba. Se unieron como nunca lo habían estado y emprendieron el viaje juntas “15 días de vacaciones entre chicas”
Lo que irán descubriendo en las tierras escocesas va mas allá del paisaje. Descubren sus sentimientos, cae el velo que mantenían por años, una careta de infelicidad. Descubren el perdón, el amor y sobre todo el disfrutar de la libertar.

“La diferencia es una decisión, un momento, un latido, una premonición, un sueño.”

Lo que mas me ha sorprendido es la narración amena y simple, los diálogos están escritos como hablamos, logrando que los personajes sean mas creíbles, mas cercanos. La personalidad de cada una de ellas está descrita a la perfección, se las conoce a fondo y se observa la evolución que tienen con el correr del libro.
La novela está contada por las cuatro protagonistas, logrando que cada una tenga su lugar llegando al lector de una forma clara, sin que genere confusiones.
Las descripciones sobre la primera mitad del libro son las justas. Al llegar a Escocia se vuelven mas profundas y detalladas, Nina en su libro nos hace recorrer las tierras escocesas de punta a punta, viviendo a la par de la protagonistas cada lugar que conocían.
¿Hay un final feliz? Sí. De a poco y con esfuerzo cada una llega a la felicidad y aceptación.

Esta obra es un canto a la liberación femenina. Una muestra de que se puede ser feliz sin importar la edad que se tenga, solo hay que luchar por los sueños y no dejarse vencer por el miedo.

Si quieres mi libro en papel puedes conseguirlo en la web de la editorial o pregunta en tu librería favorita.

Cap.28 Rosa de los vientos.

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Capítulo 28

Hay en mí un miedo ancestral e íntimo, un miedo que roza lo irreal y lo inverosímil y que, sin embargo, contiene el germen mismo de la veracidad, de lo posible, de lo efectivo y concreto, un miedo que no logro alejar por completo, que continúa agazapado en mi interior aun cuando todo parece ir bien, aun cuando parece muy poco probable que los designios de infortunio tengan que cumplirse con la eficacia y crueldad, con la puntualidad exacta y minuciosa con la que siempre llegan.

Hay un espacio para el dolor casi tan grande como para la dicha, ocupando ambos un mismo lugar en mí sin apenas diferenciación. Lo que me duele es casi idéntico a lo que me produce gozo, cómo si ambas sensaciones partieran del mismo lugar, y cuando el goce es excesivo tiendo a esperar el dolor como consecuencia de una hipertrofia del hueco en el que habitan ambos, unidos como las dos caras de una misma moneda, de un mismo órgano, de una misma pieza.

Te miro dormir a mi lado entre las brumas del sueño y me pregunto cómo vas a dolerme tú, que tienes tanto o más miedo que yo, que sientes tanto o más dolor que yo, pero que tienes también más capacidad que yo para la dicha hasta el punto de no tener rencor ni aversión al sentimiento que te ha hecho caer estrepitosamente meses atrás y que eres capaz de recuperar para mí como si yo lo mereciera o lo necesitara.

Te miro en el silencio de la noche mientras todo está en calma, las luces apagadas, las cortinas echadas sobre las persianas que dejan entrar laminada la luz de la luna y de la farola de tu jardín.

No hay una luz amarillenta de despertador en tu cuarto ni números digitales, no hay nada que me indique cuánto rato he estado dormido junto a ti, abrazándote, recuperándome despacio para poder verte fuera de los sueños, para poder recordarte ahora que aún no me he ido, aceptando en mi conciencia de recién despierto que estás a mi lado, desnuda y pequeña, vestida tan solo con el nudo celta en tu cuello que se clava en medio del hueco de tus clavículas y con mi deseo, vestida tan solo de reposo y tregua, con tu tatuaje de la rosa de los vientos en un lado de tu cadera justo en el lugar donde se clavaban mis dedos al sujetarte debajo de mí, vestida tan solo con mi mirada que no se cree estar viéndote desnuda y abandonada a ella.

Amparada por ella.

Cómo vas a dolerme, cómo va a ser hundirme por ti ahora que ya sé cómo es hundirme en ti.

Qué mirada me amparará a mí el día que tú te vayas, con qué ojos miraré todo esto que estamos compartiendo y que nos ha unido cuando ya creíamos imposible que algo así sucediera, cómo va a ser el instante en que comiences a dolerme de verdad. Llevas doliéndome desde que te conocí en algún lugar donde el dolor se confunde con el deleite de sentir dolor, así que cómo será el día en que ya no quede ni un gramo de placer o de dicha y solo me dejes la sensación de tormento y desconsuelo más absoluto e infinito, cómo será el día en que comience a sentir solo el dolor y no el voluptuoso sufrimiento que amarte me produce.

Repaso con un dedo el contorno suave de tu mandíbula y pareces sonreír, acerco mi rostro al tuyo para sentir tu respiración cerca de mi boca y esa cercanía ya es de por sí un pozo de dolor.

Te despertaría si me atreviera y volvería a comenzar el arduo trabajo de amarte sin medir las consecuencias en tu cuerpo o en el mío, tan célibes durante tantos meses, tan voluptuosos momentos atrás, tan castigados por el agotamiento y la novedad, por la responsabilidad que ha significado descifrarnos en los gestos, entender las palabras apenas dichas, adivinarnos los puntos erógenos de cada uno, reconocer las señales del placer laboriosa y delicadamente, concentrándonos en el conocimiento nuevo de nosotros mismos y olvidando que nuestros cuerpos son exactamente igual que otros cuerpos y que pueden movernos los mismos resortes o las mismas prácticas, como si la novedad fuera completamente nueva de verdad, diferente a cualquier cosa que hayamos podido hacer o decir antes.

Repaso tus cabellos sobre la almohada sin llegar a verlos del todo en la penumbra que nos aísla y nos protege del resto del mundo, pero puedo imaginarlos, tocarlos, olerlos, con ese aroma a montaña, vainilla y viento, que siempre se desprende de ti tras una ducha.

Puedo imaginarte de nuevo y repasar mentalmente cada una de las palabras que has dicho, los gestos que has hecho, las caricias que me has prodigado, puedo recordar tu risa tan conveniente y necesaria, tan aliviadora de mis nervios y mi miedo al decirme que poner una alfombra delante de la chimenea había sido la mejor idea de tu vida, el color a cera de tu piel que centelleaba con las llamas, tus gemidos confundiéndose con el crepitar del fuego y tú y yo abrazados, desnudos, casi sin aliento, tan típico y hollywoodiense que nos dio la risa y subimos a la cama con un gesto de rectificación y disculpa que encerraba en secreto el anhelo guardado durante tanto tiempo, que verificaba las ganas de continuar, la satisfacción completa aún lejos de nosotros y con toda una noche por delante para lograrla, sin prisas, sin poder pararnos en un tal vez más conveniente y cortés principio, sin tener siquiera la peregrina idea de dejarlo en ese instante en que nos podríamos haber puesto a salvo de la pasión y convertir un acto único en un único acto.

No era suficiente.

Luego ya no reímos más, ya no nos dimos más tiempo para la risa ni para la conversación, ya no quisimos perder más tiempo en algo que era lo único que habíamos hecho tú y yo hasta entonces.

Sigue sin ser suficiente ahora.

Intento captar los detalles de algo que apenas me había atrevido a soñar pero que esperaba e imaginaba en lo más profundo, en ese lugar en que los secretos son inconfesables hasta para uno mismo, intento recordarte en cada segundo, en cada instante, apenas te he visto, apenas hay luz, apenas he podido retener lo suficiente las imágenes de ti que no quiero olvidar ni que se volatilicen con la llegada del día, quiero apresarlas porque no sé qué va a pasar cuando te despiertes y me veas, cuando decidas qué hacer con esta noche y conmigo, el dolor de verte tan cerca y al mismo tiempo tan lejos me acecha, la posibilidad de que volvamos a la lejanía de antes ya me está lacerando por dentro, lastimándome y dejándome vulnerable como muy pocas veces he sido.

Ese miedo mezclado con atrevimiento, la audacia de quien se sabe vencido y ya no tiene nada que perder me hace besarte, abandonar los mechones de tu pelo para bajar por tu piel.

De repente quiero despertarte pero mi intrepidez no llega a tanto, temo tu reacción, tal vez me he acostumbrado a temer la reacción de las mujeres que me importan así como creo que soy incapaz de abandonar el lecho en que duerme mi amante, la que de verdad es amada por mí.

Una antigua sensación de que puedes desaparecer me invade poco a poco, como si estuvieras aquí por un sortilegio que puede esfumarse por arte de magia, un inmemorial miedo a que de repente no estés, a que te vayas, a que de improviso quieras que me aleje de ti y veas esto como un error me deja sumido en la miseria mientras te veo aún dormida, más deseable si cabe que la vez anterior en que te vi dormir, mucho más deseable ahora que ya conozco tu cuerpo y no intentas ocultármelo con nada, ni con la sábana ni con el edredón ni con una posición de reserva o distancia, te revuelves en mis brazos, suspiras y sigues durmiendo sin tener ni la más remota idea de todo lo que se ha obrado en mí con tu gesto, del remolino de sensaciones que has provocado o del deseo que has despertado.

Quiero despertarte para volver a empezar, para echar los restos, para quemar mis naves, para arriesgarme del todo, para ganar o perder, pero el miedo me atenaza y me conformo con abrazarte, con sentir el dolor intenso de la dulcísima tortura que es estar así contigo, en la incertidumbre de lo que nos hemos convertido, en la esperanza de lo que podemos llegar a ser.

Quiero despertarte porque tu cuerpo lánguidamente dormido, abandonado junto al mío en un ancestral gesto de renuncia soberana de ti, de entrega voluntaria, me enaltece y me encumbra, te dejas abrazar, te dejas besar, giras hacía mí tu cara como si en sueños fueras consciente de que estoy a tu lado y me sonríes, dices mi nombre y me elevas, me rindes, me das permiso para hacer lo que ya llevo tanto rato pensando, abres las piernas sin abrir aún los ojos, aceptas mi mano y mi boca en tus labios, suspiras, vuelves a nombrarme y siento como si solo tú en ese gesto me dieras un lugar en el mundo, como si solo existiera porque tú me has nombrado.

Qué miedo a que lo nombraras a él, qué miedo a tu arrepentimiento, qué miedo a tus recuerdos, qué horror pensar que todo se podía esfumar con las primeras luces y que ni siquiera pudiera conservar tu amistad después de haber cruzado esta línea de fuego, qué pánico a que me compares, a no estar a la altura de él, a que no quisieras volver a comenzar lo que dejamos aparcado hace unas horas o a que de repente se perdiera esa confianza de viejos amantes que hemos alcanzado en nuestra primera noche, a que te levantaras y no supieras cómo decirme que me fuera, a que a partir de mañana me esquivaras y me alejaras de ti, pero abres las piernas y me besas mientras te acaricio con un solo dedo, murmuras una frase extraña, “dame uno de tus dedos y levantaré el mundo” me dices, como si yo supiera o entendiera de dónde te ha venido la inspiración para decirme eso en un momento así, suspiras junto a mi boca y noto tus manos buscándome en la cálida oscuridad del edredón, encontrándome sin problemas, tan evidente yo, tan elemental y primitivo en mis impulsos.

Recuerdo el poema que hemos leído juntos muriéndonos de vergüenza y deseo, el poema culpable de que esto haya pasado, “invadirla hasta la muerte y decirle que la amas mientras te deslizas por sus caderas”, y te digo que te amo mientras me deslizo por tus caderas hasta acoplarme a ti, hasta invadirte por completo como si tu cuerpo fuera un reino que conquistar, un territorio del que tomo posesión clavando el mástil de mi bandera en su tierra con un quejido que sale de tu garganta tal como saldría de la profundidad y las entrañas del mundo, un quejido que tiene algo de seísmo y convulsión, algo de muerte, un estremecimiento que sale de tu boca y en el aire de la habitación se junta con el mío, un grito de conmoción provocado por la sacudida interior que intento disimular para no perder el control de mí mismo.

Me deslizo en ti muy suavemente y no es suficiente.

Hay algo de victoria y rendición en la forma en que me muevo sobre ti, como si hubiera vencido mis miedos y mis presagios de ruina, como si tú los hubieras hecho desaparecer con una frase que no sé de dónde has sacado, con un gemido que me ha aceptado de nuevo, con el simple hecho de haberme nombrado y haberme besado mientras abrías las piernas para mí convirtiéndote toda tú en certeza y fe, como si despejaras todas mis dudas y mis incertidumbres con la realidad y la autenticidad del deseo que me muestras, con la lúbrica codicia de mí que revelas tan impunemente.

Hay algo de victoria y rendición pero eres tú quien gana, quien ha ganado, yo quien se rinde. Mis miedos siguen agazapados en mí, en lo más profundo, y ahora parecen calmados ante la furia, pero no he sido yo quien ha librado la batalla y los ha vencido, sino tú.

Aún no amanece siquiera y ya estamos despiertos del todo, completamente conscientes y desvelados para lo que pueda quedar de noche, recuperando con movimientos las poquísimas horas de quietud que hemos tenido esta noche.

Sigue sin ser suficiente ahora, cuando estoy aún dentro de ti, “imposible no caer en ti como la lluvia, no asirme a ti como la hiedra”, imposible no morir un poco entre tus brazos y tus piernas, imposible no observarte con un detenimiento que tiene algo de asombro, de vértigo, imposible no querer ver la respuesta que me das con un leve asomo de satisfacción íntima que en el fondo me recrimino mentalmente y que me sume en una vergüenza un tanto pueril, imposible que sea suficiente, sé a ciencia cierta que nunca voy a tener suficiente de ti, imposible que tanto amor quepa en una sola noche y en un solo cuerpo, imposible que pueda amarte de esta forma de la que nunca me creí capaz, imposible que esto esté sucediendo, imposible que tú aún tengas más para darme y más capacidad para recibirme, imposible pensar que hemos estado a un solo paso, a una sola decisión de que esto jamás hubiera ocurrido.

Mañana seguirá sin ser suficiente.

Mañana, hoy, dentro de unas escasas horas o tal vez minutos, cuando el sol nos sorprenda aún en esta cama, cuando no vayamos a tomar el café de costumbre, cuando mi padre se levante y vea que no he dormido en mi casa, sino en la tuya, cuando permanezcamos abrazados hasta que el sueño reparador renueve nuestras fuerzas y podamos vernos con claridad.

Déjame que siga durmiendo un instante más, no te levantes antes que yo ni prepares el desayuno ni te vayas de mi lado un segundo para hacer café o para ir al baño, quédate conmigo sin repetir los gestos que hiciste con él.

        No me permitas tampoco que sea yo quien lo haga, quien me levante para agradecerte esta noche con un gesto de cortesía tan infame como un desayuno para dos y muestre una familiaridad impertinente de colonizador de territorios que toma posesión de lo que no es suyo, impídeme que repita los gestos que hice con ella, impídeme que caiga en los mismos errores del pasado, deja que me invente para ti en ese preciso instante, déjame aparecer nuevo ante tus ojos, renacido de entre tus manos, ungido de entre tus piernas.

Solo mírame y dime que no te arrepientes de nada, mírame y sonríe como has hecho hace tan solo un instante, di mi nombre y sabré que me aceptas en tu vida, sabré que todo mi miedo no era más que miedo a perderte.

 

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https://aceneditorial.es/libro/rosa-los-vientos/

 

Verano sin vacaciones.

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Habitualmente el verano es una época de vacaciones, de relax y de tratar de descansar de aquellos trabajos que llevamos meses desempeñando y de los que ya necesitamos tomar distancia y recargar las pilas.

Yo, por el contrario, es cuando más trabajo me impongo.

Este mes de julio ni siquiera había hecho una entrada en el blog… y eso es algo muy pero que muy raro en mí.

Por mis circunstancias personales, en verano no trabajo fuera del hogar, lo cual me debería permitir tener tiempo libre, pero ocurre que es cuando más tiempo tengo para escribir y estudiar, algo que durante el resto de año tengo que ir compaginando con ese otro trabajo menos creativo y que me ayuda a pagar las facturas como a todo hijo de vecino.

Para estos meses me he impuesto dos cursillos online que aún no he podido terminar, sigo de lleno metida en la redacción de mi novela y además estoy metida de lleno en un ensayo el cual, si todo va bien, quiero presentar a concurso, con lo que, me urge terminar su estudio, su redacción y corrección antes de que el tiempo se me eche encima y no llegue a los plazos estipulados.

No es que tenga el blog abandonado…sino que tooooda mi persona esta abandonada, soy una maquinita de escribir y de pensar y creedme que aunque es agotador, también es muy gratificante. Diría que proporcionalmente gratificante.

Prometo tratar de hacer nuevas entradas en cuanto tenga un poquito de tiempo… el problema es que el tiempo es algo tan relativo….

 

Cuando el tamaño, de verdad, no importa.

La novela corta, sobre todo a los que nos gustan los grandes tochos, nos a la equivocada impresión de que es poco menos que insuficiente, que con unas pocas páginas no se puede concentrar el buen hacer de un gran autor o todo el argumento de las novelas grandes.

Nada más lejos de la realidad. En la literatura, como en otros casos, el tamaño no importa.

Lo importante es saber qué hacer con el material del que dispones en tu mente, en tu pluma o en donde lo tengas.

La novela corta es un género a veces olvidado que va a caballo entre el cuento, el relato y la novela. Se podría decir que es un poco de todos ellos y que por su extensión siempre será más largo que un cuento o que un relato pero más corto que una novela.

Tiene las mismas características principales, la trama los personajes, la acción, pero tal vez no se pueda profundizar o tienda a estar más simplificada, a ir al grano.

Voy a dejaros cinco títulos con los que queda más que demostrado que las novelas cortitas no tienen nada que envidiar a las grandes novelas.

 

nina peña - kafka - novela - librosMetamorfosis. Franz Kafka

Publicada en 1912, La metamorfosis está incluida en plena época del expresionismo aunque por su contexto, de sobra conocido, se adelantó en muchos años al género que mejor parece designarla, el surrealismo.

Es un libro que solo comenzar ya produce una sensación de desasosiego en el lector como muy pocos libros han conseguido, y aunque está llena de simbolismos y no son pocos los críticos filósofos que han tratado de desentrañar todo su significado es bastante poco preciso tratar de desenmarañarla por completo. Hay quien dice que esta obra es impensable comprenderla sin conocer la vida privada de Kafka porque es un reflejo interior suyo. Yo la leí hace muchos años, cuando quizá ni siquiera tenía edad para ella o para sacarle una buena lectura, pero desde la inopia, se puede leer perfectamente, aunque eso sí, creo que va siendo hora de darle un releído urgente.

 

nina peña - John steinbeck - novela - librosDe ratones y hombres. John Steinbeck

Vaya por delante decir que Steinbeck es mi autor norteamericano favorito de todos los tiempos desde que a los 13 años leí Al este del edén empujada por una película que no le hace justicia en absoluto a tan magnífica obra.

De ratones y hombres es una novela realmente corta, apenas cien páginas de puro realismo en el que nos plasma unos hechos que transcurren en una época y un lugar concreto. La historia nos habla del sueño americano… oh sí, ese sueño que casi nadie consigue pero con el que todos sueñan mientras se tropiezan con el quehacer diario, la realidad y la inercia de la vida.

La historia refleja la soledad, la pobreza, los sueños rotos, la amistad entre hombres rudos, sencillos, humildes, sin recursos pero con diversiones poco “edificantes” que los van conduciendo al desenlace final.

Un final duro, pero necesario para completar un cuadro real y sórdido como era aquel entonces.

 

nina peña - orwell - novela - librosRebelión en la granja. George Orwell

Publicada en 1945 está considerada una de las obras más influyentes del s.XX.

Seamos sinceros: que los animalitos de una granja tomen el poder, se rebelen contra granjero formando un gobierno que a su vez terminará convirtiéndose en una tiranía es completamente extrapolable al género humano.

Se considera que esta obra de Orwell, imprescindible en el pensamiento crítico de su siglo y padre también del Gran hermano, es una crítica a la revolución rusa y a la corrupción del gobierno de Stalin, aunque hoy en día se le podría aplicar a más de un gobierno que presume de esa misma ideología.

Su tema principal es el abuso del poder y la corrupción que este genera en todos quienes lo ostentan.

En realidad su carácter universal nos sirve para poder aplicarla al gobierno de casi cualquier país en donde la corrupción y el abuso de poder junto con la pérdida de derechos, el desamparo por parte de los gobiernos y el retroceso económico y social de las clases más humildes haya hecho más mella. No me voy a ir muy lejos, España sería un buen ejemplo de cómo el poder corrompe.

 

nina peña - marguerite duras - novela - librosEl amante. Marguerite Durás.

El libro nos habla de la relación sentimental ente una chica blanca de quince años y un comerciante chino mayor que ella.

Aunque podríamos incluirla en el género erótico, esta obra va mucho más lejos y nos lleva a un lugar fuera de la moral, donde los cuerpos y el deseo reclaman todos sus derechos y a un momento histórico concreto de colonialismo, racismo, corrupción y sobre todo de rebeldía y liberación personal.

Es una historia de amor y pasión que surge en un mundo del que los protagonistas se sienten aparte y que además profundiza en una realidad social en la que se abarca la colectividad desde la individualidad de los personajes.

 

nina peña - garcia marquez - novela - librosEl coronel no tiene quien le escriba. Gabriel García Márquez.

La historia narra tres meses de la vida del coronel y de su esposa que viven, sumidos en la pobreza y la miseria, en un pueblecito tropical de Colombia.

El coronel lleva quince años esperando su pensión como veterano de guerra por parte del gobierno. Algo que le prometieron al terminar la guerra.

La carta, que nunca llega, nos habla de la corrupción, del estado y de los gobiernos que abandonan a quienes lucharon y a quienes se sacrificaron por su país.

Es un libro lleno de significados ocultos y de símbolos, como la lluvia o el gallo, con los que García Márquez se apoya para desarrollar la acción.

 

Reseña de Belén Edreira. ¿Cómo que a qué huelen las nubes?

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Que las lectoras digan cosas tan bonitas y hagan reseñas tan entrañables de tu libro es una sensación difícil de explicar. Os dejo con la reseña de Belén Edreira en Facebook.

De verdad, gracias por tus palabras.

OPINIÓN PERSONAL:

Nunca entendí el estúpido eslogan de las compresas… pero gracias a Nina Peña ya sé a qué huelen las nubes… y me encanta!!!

Éste libro es un canto maravilloso a la libertad y a las segundas oportunidades. Está lleno de reflexiones maravillosas, he ido tomando notas a lo largo de su lectura como hacía tiempo no me pasaba… y sin duda pasará a formar parte de mi biblioteca física, porque es un libro muy pero que muy especial.

Ya sabéis que no me gusta desvelar nada, incluso he omitido una parte de la sinopsis para que podáis entrar en el libro sabiendo lo mínimo, y que así lo disfrutéis el doble.

Tan solo deciros que nos cuenta la historia de cuatro hermanas, todas rondando la cuarentena y con sus fantasmas a cuestas.
A partir de ahí, descubrid vosotras mismas lo que tienen que contar… 😉

Está narrado en primera persona, pero a cuatro voces. Cada capítulo es protagonizado por una de ellas. Pero no hay lugar a confusiones, porque son personajes tan bien definidos que resulta imposible confundirlas. Además me encanta la evolución de cada una de ellas a lo largo de la historia.

El lenguaje que utiliza la autora es el nuestro, es decir, el que utilizamos habitualmente en la calle… nada de finuras ni pedanterías. En éste libro al pan, pan y al vino, vino 😁

El viaje que hacen por Escocia es absolutamente maravilloso… está descrito con verdadera magia, tanto es así que me he puesto a mirar precios para regalarme ese viaje en mi cumple de los 40!!! (Que me queda mes y medio! ) Y es que además, creo firmemente que gallegos y escoceses nos parecemos y compartimos muchísimo.

Y para finalizar, simplemente deciros… que no os lo penséis más, el libro digital está ahora mismo a 1’73€ en Amazon, que es un regalo!

Gracias Nina Peña!!! Millones de gracias por ésta belleza de libro, por la cantidad de emociones distintas que he ido experimentando a lo largo de la lectura; he reído, he llorado, he amado y también odiado, me ha hecho reflexionar muchísimo sobre muchas cosas…
Y me ha dejado una sensación de vacío increíble al terminarlo. Algo que solo me sucede con los libros que tocan mi corazón de una forma tan especial.

Y que si recomiendo el libro? OF COURSE!!! Ya estáis tardando!

Reseña de A. V. San Martín ¿Cómo que a qué huelen las nubes?

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Si alguien me preguntara que es lo más tedioso de un libro y tuviera que elegir entre confesarlo o morir, sería el momento de reconocer que a veces leo las primeras páginas con ansiedad, en busca de la trama y esas hojas que me encarrilen de lleno en la historia. Sin embargo, no es eso lo que ocurrió con este libro. Su título me llamó la atención en un post de su autora, y eché un vistazo a sus primeras páginas, quedando completamente enganchada a él. Comienza con tanta fuerza y de manera tan contundente que es difícil poder soltarlo.

¿A quién narices se le podía ocurrir una pregunta semejante? Es una de esas preguntas tipo incontestable que suenan bien en según qué contexto y que todo el mundo termina por utilizar en plan cachondeo para no decir absolutamente nada. El quid de la cuestión no es si alguien en realidad sabe a qué huelen, sino el porqué y con qué intención han hecho esa pregunta en un anuncio de compresas. Se supone que es una forma de decir que si usas esa marca determinada de compresas, la regla pasa odoríferamente desapercibida para propios y extraños, sobre todo para extraños, y comparar la suavidad de la compresa o la de un sexo femenino con una nube hasta parece acogedor y delicado, pero la cuestión sigue siendo la misma: ¿Qué intenciones se esconden tras algo tan inocente como una nubecilla?

No es una novela al uso con una historia trepidante, mucha acción y diálogos. Es de carácter intimista, nos sumergiremos en la vida de sus cuatro protagonistas como si estuviéramos leyendo sus diarios o nos estuvieran contando sus sentimientos tras un café una tarde en una terraza cualquiera. Y vaya forma de trasmitir esos sentimientos. Creo que es lo que más me ha sorprendido del libro, ese desgarro emocional que Nina nos hará sentir hasta la punta de los dedos de los pies. Tiene el don de poner en palabras los pensamientos de una forma soberbia y certera de tal forma que a medida que leía el libro, sentía que estaba en mi cabeza, poniendo orden al desbarajuste que debe haber ahí dentro. Son muchas las frases que he ido subrayando, que me han sorprendido, llegado e incluso con las que me he identificado.

Esa tonta costumbre que tengo de hacer siempre lo que la gente espera y no lo que de verdad quiero hacer, porque si de verdad hubiera hecho lo que me apetecía me hubiera reservado una estancia en el SPA para mí sola durante todo el fin de semana, perdiendo de vista a mi marido, a mis dos hijos, a mi jefe y a las cifras negativas de ventas de ese mes.

Me ha gustado y sorprendido mucho. Una joya, con un estilo narrativo muy bueno, de esas que estaba deseando descubrir. Lo recomiendo, sobretodo, a lectores a los que no asuste la narrativa intimista y sentimental. Pese al humor ácido e irónico, que incluye en algunos momentos, no es una historia sencilla, remueve todo por dentro e incluso enfada. No es una lectura ligera, sino reflexiva.

 

Podéis leer la reseña completa aquí, en este enlace a su blog, solo os he dejado los primeros párrafos.

http://www.avsanmartin.com/2017/06/resena-como-que-que-huelen-las-nubes-de.HTML

“Esto trata de apoyar a todos esos autores independientes, que con valentía y mucho esfuerzo, se lanzan a autopublicar sus obras sin el respaldo de una editorial ni grandes campañas de marketing que los avalen.

También trata de demostrar que la calidad literaria no solo se esconde tras el telón de una gran empresa y bajo los hilos de una gran marca comercial.
Trataré de rastrear y mostraros grandes obras entre la literatura independiente.
Quédate a descubrir dónde se esconden las joyas indie”
                                                                                                      
                                                                                          -A.V. San Martín-

 

Espero que os guste tanto la reseña como su blog.

 

El soldado.

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Si mañana moría en la primera batalla, lo último que vería, sería en la imagen que tenía frente a él.

Si la revolución no triunfaba y tenía que morir días más tarde frente a un pelotón de fusilamiento, su último pensamiento sería para ellos que, ajenos a esas funestas reflexiones, dormían abrazados sin el miedo que a él lo recorría por entero, sin la desazón que perturbaba su alma y que le imposibilitaba el sueño.

Cómo sería estar muerto.

Cómo sería no volver a sentir esas pieles, esos besos, esos cuerpos que tanto amaba, cómo sería estar perdido en la eternidad y solo.

Cómo sería no verlos nunca más.

Los miraba dormir y el dolor se mezclaba con el amor y el deseo. A partes iguales.

Había tenido que salir de la cama, sin vestirse, sentir el frio de abril clavándose en su piel desnuda sin llegar a aliviar el fuego de su sangre, tomar la distancia de unos metros que le permitiera no sentir las respiraciones ni las pieles, poder observarlos de lejos, desde fuera, acariciando con la mirada los cuerpos que un rato antes había acariciado con sus dedos y saboreado con su boca, que había sentido en su propia piel, con los que se había fundido en una abrazo pecador y lascivo que condenaba su alma al infierno para toda la eternidad.

Supo que había vendido su alma a cambio de amor.

Y supo que había valido la pena.

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Que volvería a hacerlo mañana mismo, sin arrepentimientos ni pesadumbres, porque cada instante, cada segundo vivido con ellos, bien valía ese pasaporte, ese billete sin regreso al círculo más profundo de todos los infiernos posibles.

Dormir abrazado a sus cuerpos sin pudor y sin los remordimientos que lo acosaban, sin esos pensamientos de culpa que el catolicismo le había impuesto a través de tantos años de adoctrinamiento y rezos. Sin tener ni una sola duda de si estaban obrando correctamente o si el pecado los consumiría en el otra orilla de la vida.

Sin arrepentirse de nada en absoluto.

Ese abandono en brazos de su amante, era el mismo que en los suyos y también era como su propio abandono. Abrazos adúlteros que tenían el sabor de la gloria, la intensidad del momento, la energía de saberse transgresor de unas leyes morales impuestas por personas que tal vez ni siquiera sabían qué era el amor y por eso lo confundían con el pecado.

Quién era el mundo para juzgar el abrazo que él contemplaba absorto en la belleza de un instante efímero.

Quién era Dios para imponerle la obligación de no amarles o de amarles en silencio.

Quién era nadie para juzgar aquello que no conocían.

Si al día siguiente moría, si le esperaba el fuego intenso del infierno, con gusto dejaría que su piel ardiera y que su alma se condenara a cambio de haber tenido la felicidad de estar con ellos, la plenitud de sus gestos y de sus abrazos, el placer de sus cuerpos enlazados en el amor más intenso.

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Ella, la primera vez, era casi una desconocida que le tentaba más de lo que nunca le había tentado ninguna mujer, y lo increíble es que no hacía nada para ser tentadora. Solo existir.

Él era el hombre que siempre quiso tener cerca, el que rezaba por volver a encontrar en su camino y resarcirse de un pasado que no pudo ser.

Los amaba.

Por primera vez entendió aquellos conceptos sobre el pecado que le habían explicado tantas veces en el pasado. Casi podía recordar palabra por palabra; “el pecado, la tentación, está siempre en los ojos de quien mira y juzga, al igual que la belleza y el amor. Podemos ver lo que queramos ver según sean nuestros pensamientos y nuestros prejuicios”

Y era cierto, donde él veía belleza muchos habrían visto sordidez. Donde él veía amor otros verían pecado. Donde él veía refugio y paz otros verían desabrigo y hostilidad.

Había luchado toda su vida por entender eso y seguía perdiendo cada batalla.

Cómo un cuerpo podía ser todo eso a la vez

-Os he echado de menos aun cuando no os conocía. He echado de menos vuestra boca, vuestra voz, vuestros cuerpos. Reconozco sin pudor que me doléis. Me doléis de una forma que ni yo logro entender, y no sé qué puede significar que nos hayamos encontrado ahora, tras tanto tiempo, como si hubierais llegado para cumplir todos mis sueños, para darme el amor por el que tanto supliqué.

Y sé que, esta vez, vais a quedaros en mi vida para siempre o soy capaz de morir en ese intento.

Quería volver al lecho, despertarles, comenzar de nuevo el juego amoroso del que descansaban, adentrarse en ellos, penetrar con la misma pasión de los últimos días que tenía algo de despedida y de reencuentro, de descubrimiento y de confirmación, apresar esos bellos y amados cuerpos en un abrazo que para algunos sería pecador pero para él era salvación, y dejar de existir en el instante que lograra alcanzar esa pequeña muerte que solo está al alcance de quienes aman amando.

Si al día siguiente moría no importaba. Había comenzado a morir en el mismo instante en que ellos entraron en su vida. Había muerto entre sus brazos muchas veces.

Acaso ese morir que le esperaba no era sino otra forma de seguir viviendo y el infierno que las escrituras le pronosticaban no era peor que tener que pasar la eternidad sin su amor.

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