El monte de las ánimas. Gustavo A. Becquér.

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La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las
campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición
que oí hace poco en Soria.
Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación
es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el
rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.
Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas
veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón,
estremecidos por el aire frío de la noche.
Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

 

I
–Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los
cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos
los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
–¡Tan pronto!
–A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las
nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible.
Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los
difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
–¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
–No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no
hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo
también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa
historia.
Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges
y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a
sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.
Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida
historia:
–Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios,
cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y
religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de
lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en
ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido
defenderla como solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la
ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los
primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para
satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos
determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas
prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía
de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición
se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente
tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue
una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de
cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento
festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de
tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada
en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos,
comenzó a arruinarse.
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar
sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en
jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las
breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las
culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la
nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le
llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que
cierre la noche.
La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban
al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron
al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se
perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.

 

II
Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica
del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando
algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre
conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las
ojivas del salón.
Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y
Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los
caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las
azules pupilas de Beatriz.
Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.
Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos
tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal
papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido
monótono y triste.
–Hermosa prima –exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que
se encontraban–; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas
llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y
patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por
algún galán de tu lejano señorío.
Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se
reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.
–Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido –se
apresuró a añadir el joven–. De un modo o de otro, presiento que no tardaré
en perderte… Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía… ¿Te
acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la
salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi
gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu
oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a
la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar… ¿Lo quieres?
–No sé en el tuyo –contestó la hermosa–, pero en mi país una prenda
recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe
aceptarse un presente de manos de un deudo… que aún puede ir a Roma sin
volver con las manos vacías.
El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un
momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:
–Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos;
hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?
Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la
joya, sin añadir una palabra.
Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada
voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que
hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las
campanas.
Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de
este modo:
–Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el
tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo,
¿no lo harás? –dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como
un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.
–¿Por qué no? –exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como
para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo
bordado de oro… Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:
–¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé
qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?
–Sí.
–Pues… ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un
recuerdo.
–¡Se ha perdido!, ¿y dónde? –preguntó Alonso incorporándose de su
asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.
–No sé…. en el monte acaso.
–¡En el Monte de las Ánimas –murmuró palideciendo y dejándose caer
sobre el sitial–; en el Monte de las Ánimas!
Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:
–Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda
Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar
mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta
diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor,
hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras
que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he
combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y
nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche
volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta
noche… esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas
doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte
comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas
que cubren sus fosas… ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la
sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el
torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin
que se sepa adónde.
Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los
labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono
indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la
leña, arrojando chispas de mil colores:
–¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante
friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de
lobos!
Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso
no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un
resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el
miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó,
dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar
entreteniéndose en revolver el fuego:
–Adiós Beatriz, adiós… Hasta pronto.
–¡Alonso! ¡Alonso! –dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso
o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.
A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope.
La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus
mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía,
que se desvaneció por último.
Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el
aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a
lo lejos.

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III
Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto de sonar,
y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos
de una hora pudiera haberlo hecho.
–¡Habrá tenido miedo! –exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y
encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente
murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a
los que ya no existen.
Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de
seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.
Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las
vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos.
Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y
por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.
–Será el viento –dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró
tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas
de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo
prolongado y estridente.
Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban
paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y
grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio
lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo
monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas,
palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se
arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten,
estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se
ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.
Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y
escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la
frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.
Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como
bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en
un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.
–¡Bah! –exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la
almohada de raso azul del lecho–; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres
gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja
de aparecidos?
Y cerrando los ojos intentó dormir…; pero en vano había hecho un esfuerzo
sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más
aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían
rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el
rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a
su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se
acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz
lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la
cabeza y contuvo el aliento.
El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía
con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en
las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras
distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.
Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció
eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los
ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de
terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de
seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de
repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez
mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y
desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a
buscar Alonso.
Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del
primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los
lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil,
crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho,
desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los
miembros, muerta; ¡muerta de horror!

 

IV
Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que
pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al
otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles.
Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de
los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de
la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de
corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y
desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de
horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.

FIN

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Dónde estabas.

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Dónde estabas mientras yo alimentaba a mi prole.

Salias de las cavernas dando gritos y subías a los montes, probándote humano, buscando medir la fuerza de tu voz y de tu puño, compitiendo con los truenos de los cielos oscuros.

Dónde estabas mientras yo tejía los sueños.

Yacías dormido en las entretelas de la bruma, espantando pesadillas que tú mismo creabas y con las que te despertabas gritando, sacudido por la ambición y el poder.

Dónde estabas mientras yo sembraba los campos.

Te marchabas cada mañana con el alba y las manos ocupadas con las armas que la noche antes hiciste a la luz de las hogueras donde se doraban los rostros y se escuchaban los cuentos e historias que yo contaba.

Dónde estabas mientras yo hablaba con la madre tierra y sacaba de ella los frutos.

Tú mirabas el cielo, veías lunas de sangre y estrellas que te semejaban  triunfos que querías alcanzar porque estaban sobre tu propia cabeza.

Dónde estabas mientras tus hijos crecían.

Empeñado en labores que tú mismo te obligabas a hacer, en las que te erigías poderoso y fuerte, sagaz y confiado.

Dónde estabas mientras yo paría.

Recibiendo los parabienes de la tribu, sin medir el alcance de los gritos ni del dolor, atento solo al llanto.

Dónde estabas mientras los inviernos llegaban y cuando las nieves cubrían todo, cuando el frío se instalaba en el alma.

Dónde estabas cuando yo tenía que construir un hogar de la nada, cuando tenía que alimentar cuerpos y almas, cuando había que poner un techo sobre nuestras cabezas, donde estabas cuando el dolor no dejaba de doler y el cuerpo no alcanzaba para vivir.

Dónde estabas cuando yo callaba porque prefería vivir en paz , dónde cuando las lágrimas impedían la vida misma.

Gritando, midiendo el alcance de tu chorro de orina en el blanco de la nieve o en el polvo de los caminos, dando voces de mando y de orden, como si fueras tú quien ha construido el mundo y tuvieras que gobernarlo, como si todo tuviera que estar bajo el control de tu voz y tus manos.

Donde estabas tú el día en que se repartió la humanidad y el amor.

Gritando. Con un bastón de mando en la mano y vestido con las pieles del animal que habías matado meses atrás.

Dos mil años después sigues gritando, con las armas en la mano, y midiendo tu chorro de orina sobre el polvo de los caminos diezmados por la injusticia.

Déjame pasar.

Yo soy la que ha estado criando a los hijos, construyendo hogares, hablando con la madre tierra, pariendo con dolor y sangre, arrancando frutos y plantando semillas, tejiendo los hilos de la sociedad que llevas tantos años empeñado en destruir.

Llorando por la vida de los hijos que parí y de las hijas que siguieron mis pasos.

Déjame pasar. Mis armas no son las tuyas ni mis sueños son los tuyos. Mi chorro de orina no llega tan lejos pero no voy a empezar a competir por ello y menos contigo.

Déjame pasar. Tú ya has tenido tu tiempo y los frutos de tus gritos siguen sonando por toda la tierra. Yo solo grito para dar vida y tú gritas para quitarla.

Déjame pasar. Ya va siendo hora de que la vida se abra paso y de que dejes de gritar tanto.

De mayor

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Cuando sea mayor quiero ser como tú.

Con la cara arrugada de reír tanto por las cosas malas de la vida, con la frente alta de saberme a salvo de todo y de todos, al otro lado de la desidia y de la ambición.

Quiero ser como tú en los vicios que a los que la vida me tiene mal acostumbrada, a dormir a horas intempestivas y despertarme de madrugada cansada de soñar.

Quiero pintar mis ojos de azul, las uñas de rojo, llevar zapatos de tacón y que las niñas me miren asombradas porque crean que no tengo edad.

No vestir de luto jamás.

Llevar colores en las faldas y en la memoria, gafas de sol que regulen mi vista ante lo que es importante ver.

Quiero tener las mismas manchas en las manos que denoten mi edad sin fisuras, como si fueran las medallas que he ido ganándole a la vida cuando esta pretendía vencerme, cuando lo arduo era vivir sin caer, manteniéndome en un precario equilibrio entre el ser y mi ser, entre el estar y saber estar, entre mi yo y el yo que veían los demás.

Quiero alcanzar el momento de hablar desde la paz de las opiniones reposadas y de la experiencia, sin apasionamientos que nublen mi entender, sin los conflictos que ahora me asolan y que duelen tanto.

De mayor quiero ser como tú, con toda una vida a la espalda, repleta de dolor y de amor, de contrastes de luz y sombras, repleta de momentos cumbre y de bajadas al infierno.

Quiero ser la mujer solitaria que habita en la casa de la esquina, la que viste estrafalaria y le habla a los perros, la que cría gatos y silva canciones de otra época mientras tiende la ropa en el tejado desde donde se vislumbra un mundo que cada vez me pertenece menos pero al que puedo mirar sin rencor.

De mayor quiero ser como tú, libre de cargas impuestas, al otro lado de la lucha diaria que hoy me agota pero con luchas todavía; al otro lado del mal, jamás del bien, al otro lado de mí misma.

Quiero ser la mujer que ya nadie desea para nada pero con la que quieren estar.

Quiero ser como tú, con tu pelo perfecto de peluquería, con la coquetería necesaria para reconocerme en el espejo y con la que dar instrucciones para que me amortajen, pero sobre todo reconocerme cada mañana como la mujer que me fui construyendo a lo largo de mi vida.

Quiero ser como tú, como tantas mujeres que han vivido sin dejar que el mundo las rompa. Como tantas mujeres que han roto con el mundo antes de romperse a sí mismas.

 

El fluir de los libros

nina peña - libros - aventuras

Muy a menudo me ocurre que veo listas de libros y hay algunos que sigo teniendo en pendientes, que llevan ahí desde hace mucho tiempo, que llevo quizá años pensando en ellos y sé que, sí o sí, me los tengo que leer alguna vez.

Yo, que no es que sea supersticiosa, pero que hago caso de las señales del universo, los dejo correr, dejo que fluyan y sé que llegarán a mí algún día, cuando esté preparada para ellos, porque no nos equivoquemos, por más que nos hayan recomendado libros y autores, por más que una sepa que los hay imprescindibles y más si pretendes ser escritora, el libro también nos elige a nosotros.

Hoy tenía preparada una lista de diez libros imprescindibles, pero lo que son las cosas, con los textos que escribimos pasa como con los libros, nos eligen ellos.

Os voy a contar una anécdota.

Corría el año 1984,  mis papis eran socios de Círculo de lectores y yo era una pitufa que miraba con avidez las páginas de su catálogo y copiaba las listas de éxitos de la súper-pop porque soñaba con ser escritora.

Sí, un sueño largamente acariciado, como veis.

Entre las páginas de aquellos catálogos había un libro que me llamaba poderosamente la atención: “El tambor de hojalata” de Günter Grass.

Por supuesto se me quedó clavado en algún sitio de la memoria, pero como no tenía por aquel entonces ni derecho a opinar sobre libros ni claras las prioridades, estuvo años en el catálogo sin que me decidiera a comprarlo ni a leerlo.

Pasó el tiempo. El libro siguió en el limbo de los libros nunca comprados pero siempre queridos, me alejé y me acerqué a mi sueño un millón de veces, dejé que el destino marcara mis influencias lectoras y tras muchos años, por fin pude escribir y publicar mi primer libro.

Lo curioso es que siempre lo tuve en la memoria, siempre se quedó ahí dentro.

Luego comenzó lo extraño.

Lo buscaba y no lo encontraba. Os vais a reír, pero es cierto.

Entraba en librerías y no lo veía, aunque tampoco se me ocurrió pedirlo para que me lo trajeran, soy así de trasto.

En el catálogo de Círculo de lectores, del que ahora soy socia yo, ha dejado de salir hace tiempo.

Hasta hace bien poco en mi ciudad no había ni una sola librería de libros de segunda mano en la que localizar algún ejemplar perdido.

El libro se esfumó, simplemente. Me huía.

Y de repente un día me voy con mi primer libro publicado debajo del brazo a hacer los madriles, casi ná.

Iba a presentar mi primer libro en la capital. Yo, una desconocida, solita por Madrid, con una bolsa de piel roja en la que llevaba todos mis sueños en formato papel y que pesaban como una cruz.

Fui, presenté mi libro, del que vendí tres ejemplares, con un público reducido a tres personas en una mesa tomando una copa de vino y charlando de gatos y sin perder la sonrisa, porque a positiva a mí no me gana nadie y la verdad es que lo pasé muy bien, me volví arrastrando la bolsa casi tan pesada como lo había sido en la caminata de ida.

Por el camino, la provinciana que llevo dentro y que siempre aflora cuando estoy en grandes ciudades, divisó, oh maravilla, una librería de segunda mano en la calle Princesa y ante mí, en primera línea de exposición callejera estaba él.

“El tambor de hojalata” de Günter Grass y a un módico precio de tres euros.

Por supuesto entré y lo compré.

Lo tomé como una buena señal, de esas que a veces nos da el universo cuando “conspira para que nuestros sueños se hagan realidad”.

No podía ser casualidad encontrarlo en ese momento, a esas alturas de mi vida, después de la primera bofetada que el mundo literario me daba en toda la cara.

Ya os he dicho que a positiva no me gana ni Dios.

Ahora sé que el libro me eligió a mí porque desde luego no habría estado preparada para él si lo hubiera leído antes, si lo hubiera comprado con 14 años o con 25.

Hay cosas para las que una solo está preparada cuando le han llovido bastantes ostias y puede tomarse la vida con ironía, reírse del dolor y empatizar con los seres más extraños porque sientes que hay algo, no sabes el qué, que te une a ellos.

Creo que no hubiera podido ni siquiera entenderlo antes y la narrativa de Grass, que sigue siendo complicada, me hubiera espantado para siempre mi sueño de escribir.

Hay autores que tienen tal maestría, que resulta imposible no darte cuenta de que nunca llegarás hasta ahí. Que te muestran tus propias limitaciones y que te hunden en la mediocridad, en saberte mediocre, en aceptar que vaya, nunca te van a dar el Nobel.

Pero al mismo tiempo, te influyen para ser mejor, para superarte, para estudiar, investigar, leer, crecer. Escribir, romper y seguir escribiendo. Tratar de salir de esa imperfección que te han mostrado que posees, mejorar, tratar de excederte a ti misma, no dejarte vencer ni sentirte derrotada.

Y no porque a base de superarte logres grandes metas, tengas éxito y hagas realidad tus sueños, que pueden ser muy locos e improbables, sino porque el mayor éxito que puedes tener, es superarte, mejorarte, aprender a vencer los obstáculos que la vida ha ido poniendo entre tú y tus sueños, y que de esa forma, aunque no se obtenga un reconocimiento público, el éxito personal y con él la felicidad, está asegurado.

Este verano leí “El rodaballo” y me convenzo que nunca estaré a esas alturas, pero todo lo que aprendo y todo lo que disfruto es ya, para mí, un exitazo.

Bueno, el artículo con los diez  libros imprescindibles, tendrá que esperar. Los textos, como los libros, no tienen dueño y fluyen, para aparecer en el momento menos pensado… y quizá el más necesario.

Cinco libros para sonreír en Septiembre.

Cinco libros para sonreír en septiembre.

Septiembre está a la vuelta de la esquina y con él vuelve la rutina, el trabajo, el colegio, las preocupaciones y el dichoso síndrome post-vacacional.

O al menos eso es lo que dicen, pero también es cierto que septiembre es un regreso a las buenas costumbres, a los amigos y compañeros, a las rutinas , aplazadas por el calor y las vacaciones y lo que es mejor, es la oportunidad de comenzar algo diferente.

Es un mes que va a caballo entre los meses de asueto y los de obligaciones, entre la playa y la chimenea, entre el “dolce far niente” y la inercia laboral del día a día.

Has estado este verano leyendo novelas con enjundia, los últimos best sellers, las novelas de autores indies y esperas que, en cuanto llegue el fresquito y de cara a la época cumbre, comiencen a anunciar los nuevos títulos que tal vez estás esperando.

Para ese “in pass” literario y en una época en que la vuelta al cole nos pone de bastante mal humor, te voy a recomendar cinco libros de cinco buenas autoras (y dos de ellas puedo asegurarte que son la caña)  que te harán sacar la sonrisa este mes.

Cinco autoras que apuestan por libros con humor, con ironía, de una forma que te va a encantar y en la que por momentos hasta te puedes sentir identificada, sin dejar de tocar temas reales, incluso por momentos demasiado, pero a los que ellas le dan una vuelta de tuerca hasta conseguir que este mes, sonriamos.

 

nina peña - yolanda quiralte - mujeres - humor

Mauro, yo soy tu madre.

Yolanda Quiralte.

Editorial. Intrépidas.

 

Puede un accidente casero cambiarle la vida a un ser maduro, cabal y emancipado? Puede. Y es que la vida de Mauro Álvarez Toledo no es la misma desde que se partió el escroto y los codornizos en la bañera por culpa del Gel de Coco Paraíso Tropical. Vuelve el personaje más gamberro de la literatura romántica y esta vez no lo hace solo; su madre, la Pichóloga, Chucky, los cafres de sus amigos, Madame Puri Parra, Juan Claudio, el Rey y por supuesto, Chuso le acompañan en una desternillante novela con la que no podrás dejar de sentir.

nina peña - mujeres - humor - perra de satan

Kilo arriba kilo abajo.

Perra de Satán

Editorial Versátil

Una novela divertida, irreverente y desacomplejada que no te ayudara a perder ni un gramo pero que puede hacerte tan feliz como comerte un trocito tras otro de tarta de tres chocolates mientras un gatito duerme en tu regazo. Perra de Satán acaba de cumplir los treinta años pero no tiene ningún tipo de crisis gilipollas. Simplemente esta gorda y ha decidido que ha llegado el momento de perder algunos kilos. No es que ella sea, lo que se suele llamar, una chica que se cuide, pero ha traspasado la barrera de los cien kilos y eso ya le parece una ordinariez. Le gusta mucho comer, desde un buen cocido a una tableta de chocolate de Milka con galleta, pero también es de las que, si se pone, se pone, así que ya que ha tomado la decisión de empezar una dieta va a poner todo de su parte para conseguir su objetivo. Y cuando las cosas van bien, su culo mengua sin problemas: frutas, verduras, ejercicio y nada de dulces, solo algún capricho por Navidad. Pero cuando todo va mal el tema de la dieta se le pone muy cuesta arriba, lo que es una putada porque Perra odia subir cuestas. Perra de Satán es muy amiga de sus amigos y muy amante de los hombres, pero también es una chica muy independiente que quiere hacer sus cosas por sí misma.

 

nina peña - mujeres - humor - enfermera saturada

La vida es suero.

Enfermera saturada.

Ed. Plaza & Janés Editores

Si no tienes claro si una enfermera que pincha en el turno de noche, es una DJ. Si estas convencido de que la persona que inventa el tamaño de las pastillas, no es buena persona. Si crees firmemente que llamarle pijama a la ropa de trabajo no es serio. Si no soportas a las señoras que te dicen en que vena tienes que pincharlas y alguna vez te has quedado mirando las venas de alguien en el metro, este es tu libro. Bienvenido al mundo de Enfermera Saturada. Un mundo donde el delirio se mezcla con el humor, a veces negro y siempre muy fino, y donde el día a día del hospital siempre supera a la ficción. Os lo juro por Florence Nightingale. Enfermera Saturada se define como una enfermera española que busca su hueco en la sanidad. Sus turnos empiezan en planta, baja a uci, sube a prematuros y termina en urgencias. Esta enfermera se maneja como pocas en las redes sociales, desde donde cada día decenas de miles de personas ven como repasa, con humor y descaro, la actualidad de su hospital, de cualquier hospital de España.

 

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Manual de la perfecta cabrona.

Elizabeth Milts.

Editorial. Punto de lectura

A muchas mujeres las han educado para actuar siempre de la manera «correcta». Sin embargo, ese esfuerzo no solo no las hace felices, sino que incluso les impide alcanzar lo que desean. Pero en cada mujer existe una fuerza fundamental y poderosa que muchas veces preferimos ignorar. Es valiente, no se anda con paños calientes, no se deja pisar… Toda mujer lleva una «cabrona» dentro, conseguir que emerja para ayudarnos a vivir mejor es solo cuestión de que aprendamos a escucharla y seamos capaces de superar nuestros miedos.

Con humor e ingenio, Elizabeth Hilts nos ofrece en este libro los consejos básicos para que, de una vez por todas, la cabrona tome el mando.

 

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Ante todo, mucho Karma.

Laura Norton.

Editorial Espasa.

Si creías que con “No kulpes al karma…” te habías reído todo lo que había que reírse, estás muy pero que muy equivocado. Si creías que después de volver con Aaron, Sara, nuestra Sara, iba a alcanzar la paz y la serenidad, es que no la conoces… ni a ella, ni al p… karma. Al comienzo de esta novela, Sara se encuentra justo al principio de su cuento de hadas: un trabajo apasionante, un esposo apasionado y un hijo de anuncio. Pero a pesar de esta mano ganadora, ¿es feliz? Pregunta retórica donde las haya: si no tiene motivos para torturarse, Sara los buscara hasta debajo de las piedras, y los encontrara, ¡vaya si los encontrara!

 

 

Autoedición, coedición y edición. ¿De qué va esto?

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Bueno, ya tienes tu libro terminado y ahora se abre ante ti un mundo infinito de formas de publicarlo.
Las editoriales florecen por doquier, nunca ha sido más fácil que ahora publicar un libro y la posibilidad de los eBooks te permiten llegar a lugares donde ni siquiera te habías imaginado… pero, realmente, ¿sabes qué hacer con tu libro?
Lo que haces es plantearte cómo lo quieres publicar, si en formato tradicional o en electrónico o quizá en ambos, pero te encuentras que, en todo caso, hay cientos de editoriales que, ¡oh sorpresa! están dispuestas a publicarlo, a correr el riesgo, a apostar por ti y por tu talento.
Bueno, voy a ponerte los pies en la tierra y a desentrañar cómo funcionan esas editoriales que se están pegando por publicar tu libro y esos métodos nuevos de publicación que están a tu alcance.
Primero que nada mira el nombre de la editorial. Si es Planeta adelante… si no es Planeta pero su sello está en todas las librerías que has visitado, está publicando con escritores que ya se han hecho un hueco y van adquiriendo prestigio, también adelante. Si no es así, probablemente, te conviene seguir leyendo.
Has de tener en cuenta de que el mundo editorial ha evolucionado y la versión romántica y bohemia del editor y del escritor es algo que se ha quedado en la literatura. Ahora las editoriales son negocios, son empresas que quieren obtener beneficios, algo que es obvio, y que aunque creas que apuestan por el arte, no publican por amor al arte.
Es lo que yo llamo vivir del cuento y no de la literatura.
Esas editoriales te proponen un modelo de publicación que, ante la disyuntiva de tener que hacerlo tú casi todo, comienzas a pensar si no sería mejor autopublicarse.
Por eso, porque posiblemente ante tanta información cruzada, tanta promesa y al mismo tiempo tantos comentarios como lees en redes sociales sobre casos “extraños” la autopublicación te parece un buen recurso.
Voy a desgranarte en qué consiste todo eso.

AUTOPUBLICACIÓN

Como su propio nombre indica, te lo vas a tener que publicar tú mismo. Buscar una imprenta, maquetar el libro, corregirlo, hacer la portada, revisar las pruebas de imprenta, hacerte cargo del IBSN y del DL, asumiendo los costes de todo.
Si has pedido presupuestos sabrás cuánto cuesta una buena corrección, una buena portada y maquetación, cuanto es el coste por libro en una imprenta. Si tienes cash, perfecto, adelante.
Pero antes piensa que cuando esté el libro impreso, ya en tus manos deberás asumir la distribución, el marketing, la promoción… ahí es donde puede que tengas dificultades si pretendes hacerlo tú todo y solito, porque posiblemente no tengas los contactos necesarios, no conozcas los canales de distribución ni sepas de marketing como para tener una buena estrategia. (No, tres spam en Facebook no es marketing)

 

COEDICIÓN

Bien, visto que autopublicar en formato tradicional no es tan fácil como lo pintan comienzas a barajar la posibilidad de la coedición.
La coedición consiste en publicar tu libro corriendo a medias con los gastos tu y la editorial maravillosa con la que te pusiste en contacto vía email una vez y te ha llamado trescientas veces para ver si cerráis el contrato.
La coedición te ofrece la impresión, el trámite de IBSN y DL, la promoción del libro, la distribución en librerías y la venta en su extenso catálogo de libros online. Ellos ponen una parte del dinero y tú la otra, en concreto tú pondrás un 50%, pero posiblemente en el contrato te ofrezcan un 45% de los beneficios, con lo cual las cifras comienzan a no cuadrarte.
Además, la portada, la maquetación y sobre todo la corrección te las van a querer cobrar aparte porque eso ya no pertenece propiamente a la parte editorial sino que debería llegar el libro ya corregido, bien maquetado y a poder ser con una portada fantástica en la que ellos se van a limitar a poner su sello.
Pero bueno, como te prometen una buena distribución, aún sopesas esa posibilidad. Te prometen también una cantidad increíble de libros, tal vez 500 en la primera edición.
Piensa. Si tienen tan gran distribución, si llegan a 300 librerías de forma presencial más su web… ¿cuántos libros van a dejar en ellas? ¿Dos ejemplares? Algo no concuerda.
Lo más posible es que no te impriman esos 500 libros o que no tengan esa inmensa red que dicen tener. Quizá ambas cosas.
La coedición es, para mí, la peor opción de todas, porque tú vas a poner no solo el libro del que eres autor sino un inmenso trabajo (recuerda que te vas a encontrar con 500 libros para vender) para tener que dividir las ganancias.

 

EDITORIALES

Aquí hay partes muy diferenciadas. Porque aunque sean editoriales no todas funcionan de la misa forma.
Ante todo, una editorial va a correr con todos los gastos del libro, va a apostar por ti pero no todas las que te dicen eso van a cumplirlo del todo, así que por experiencia propia, voy a darte las claves para que sepas con quien te puedes encontrar.
– Desconfía de aquellas que te pidan dinero, eso sería coedición aunque no te lo digan.
– Desconfía de aquellas que te dicen que vas a estar en toda España, en las mejores redes de librerías y en las más conocidas. No suele ser así.
– Desconfía si te ponen un número elevado de ejemplares para la primera edición y en el contrato te ponen clausulas como que tú has de hacer frente al pago de los ejemplares devueltos de depósito o del stock.
– Desconfía si te hacen firmar un contrato sin fecha de finalización en los derechos de autor.
– Desconfía si el pago de los derechos de autor no es en dinero contante y sonante y pretenden pagarte con ejemplares de tu propio libro del que, por cierto, no contemplan ofrecerte ningún ejemplar de cortesía.
– Desconfía si te están prometiendo todo aquello que soñaste alguna vez. Posiblemente no sea cierto y estén jugando con tus ilusiones.
– Desconfía si no te preparan presentaciones en tu ciudad o sí te exigen que estas no sean en ninguna librería de prestigio para poder tener más margen de beneficios.
Y a estas alturas te estarás preguntando en quién puedes confiar, y hasta tal vez comiences a mirar tu libro con rencor.
Confía en ti y en tu instinto. Si en una entrevista ves algo raro o detectas una adulación o grandilocuencia que no corresponde, posiblemente te están dorando la píldora.
Confía en una editorial que te desgrane punto por punto los gastos que ellos asumen y los porcentajes de beneficios para todas las partes, eso incluye la imprenta que se lleva ya un 30% del precio del libro y las librerías que se llevan otro 30%, lo cual deja apenas un 40% de beneficio para ti, para la editorial y al que hay que restar los gastos de editorial, tales como la obtención de IBSN y DL, maquetación, portada, una última corrección y edición. He dicho última corrección, el libro ha de estar corregidísimo cuando llegue o ningún editor lo leerá.
Puedes confiar en quien te hable de lo difícil que es vender, en quien te proponga un número concreto de ejemplares que como mucho serán 100, en quién te proponga librerías con nombre y dirección aunque sean pocas, y sobre todo, confía en quien te diga que va a trabajar contigo codo a codo, proponiéndote presentaciones, charlas, acciones concretas donde tú puedes ir con tus libros, quédate con quien te diga que vas a tener que mover el culo y promocionar tu propio libro, que vas a estar en las ferias del libro de tu ciudad y en los pueblos colindantes pero no en el Retiro ni en las Ramblas.
Todo eso es el mundo real y así están funcionando pequeñas editoriales que apuestan por autores noveles, casi desconocidos en sus propias ciudades, desconocidos por completo para el resto del mundo.
Es el primer paso para publicar, para darte a conocer y para tener tu libro en las manos.
Que vayas a más va a depender de ti, de tu talento y de tu trabajo, pero esa editorial, es el mejor trampolín que tienes para comenzar a publicar en papel y cumplir el sueño de ver tu nombre en las estanterías de tu librería favorita.

Articulo publicado en la web de la editorial Acen Editorial, desde la cual puedes adquirir mis libros en el formato tradicional de papel.

https://aceneditorial.es/autoedicion-coedicion-edicion-va/#.WXcwaqfk5Mg.facebook

https://aceneditorial.es/libro/rosa-los-vientos/

https://aceneditorial.es/libro/huelen-las-nubes/

 

Celeste F. Reina. Rimas prematuras.

nina peña - celeste reina - poemas - rimas prematuras

Hoy en la sección de mi blog en la que comparto la obra de compañeras y amigas quiero presentaros a Celeste F Reina, la guapísima y jovencísima autora de Rimas prematuras, su ópera prima en la que ya se descubre a una mujer con inquietudes, ideas, profundidad y muy buen hacer.

Celeste F. Reina (1998 Sevilla) nació en el seno de una familia modesta y trabajadora. Iniciada en la lectura por la influencia de sus jóvenes padres, pronto sintió esas ansias por saber más y descubrir el mundo a través de las páginas de un libro.

Se interesó en la escritura a muy temprana edad, escribiendo breves relatos infantiles como proyecto de sus clases de Lengua y Literatura, en el colegio de su pueblo natal, Camas.

Descubrió su pasión por la poesía leyendo su primer libro de poemas, “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez, algo que a mí, personalmente me encanta porque también fue mi iniciación a la literatura de “mayores”.

En su adolescencia, continuó con lecturas como “Rimas y leyendas” de Gustavo Adolfo Bécquer o la “Antología de la Generación del 27”, donde encontró grandes maestros, como los sevillanos Cernuda y Vicente Aleixandre.

En su paso por el instituto, su poesía maduró y se hizo más compleja, lo que la llevó a ganar varios galardones como:

  • IV Concurso de Relatos Cortos por el Ayuntamiento de Camas.
  • Finalista en el II Certamen Sierra de Francia.
  • Seleccionada en el IV Concurso de Microrrelatos de Ojos Verdes Ediciones.
  • Finalista en el XII Concurso de Poemas Temáticos, “Dedicado a…”, de la Red Social de Poesía.

Dichos premios le otorgaron la confianza para recoger sus textos en una colección de poemas y, con ello, cumplir su gran sueño, publicar su primer libro de poemas, Rimas prematuras, que ya está en el mercado y a vuestro alcance en este enlace.

rimas-prematuras

 

http://editorialcirculorojo.com/rimas-prematuras/

Os dejo con un par de bellos poemas de su libro. Espero que os guste.

 

SE APAGA

Dime y solo dime; cómo es

posible vivir sin la persona amada,

a menos de un palmo de distancia.

 

Cómo es posible respirar un aire

en el que su ausencia se escapa,

y deja una estela parecida al viento,

frío e inhóspito, demasiado gélido.

 

Y cruel angustia se apodera de mis ojos

pues queriendo o sin querer, frágil lloro,

por la inexistencia de su presencia,

dejando en las entrañas un sentimiento roto.

 

Cuanto más tiempo pasa de su llegada,

la angustia que antes lenta prendía,

ahora la mecha efímera quemaba.

 

Y en infernal carrera las ansias

retan al tiempo, eterno y duro rival,

que siempre rememorando a la realidad

se convierte en fiel, vertiginoso compañero.

 

Es entonces cuando la locura,

paraliza mi mente, increpando mi alma

torturada por el reloj que lento avanza…

es entonces cuando la bomba estalla,

 

Cuando mi ser detona

y atrapado en el cosmos se apaga.

 

LIBERTAD

Nací en la cuna

del olvido,

y fui olvidada.

 

Nací desnuda;

inocente e ignorante,

ante las viles sombras

que en la oscuridad me acechaban.

 

Nací juzgada;

sin defensa, ni palabra,

quisieron hacerme esclava,

recluirme en una jaula.

 

Nací siendo presa;

de un mundo de etiquetas,

falsas sonrisas que cubren

sus miradas indiscretas.

 

Nací sin voz;

ante una sociedad que grita,

que decide de quién es

la sangre que se va a verter.

 

Nací coartada;

limitada por las reglas,

los márgenes de un libro

al que suelen llamar “Ley”.

 

Nací sofocada;

entre los gritos del pueblo,

luchando por derechos

que la élite no quería ver.

 

Nací voraz;

como pequeña llama,

ante un seco pastizal,

temeraria e insaciable.

 

Nací pronunciada;

entre los labios desesperados

de una triste muchedumbre,

esclava de una clase noble.

 

Nací como un deseo

que brinca en el corazón

y al miedo hace ajeno.

 

Nací en el alma y la mente

de los hombres,

en las entrañas del dolor.

 

Nací en tiempo extraño,

libertad me otorgó el mundo,

y libertad soy.

 

Los clásicos y la dignidad de un pueblo.

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Los acontecimientos de los últimos tiempos, y en concreto de los últimos días, me hacen pensar que los españoles somos una sombra de aquello que una vez creímos que nos representaba como carácter nacional y que se ha quedado presente en la literatura; de aquel Quijote que luchaba contra las injusticias, desfaciendo agravios y enderezando entuertos o de aquellos habitantes de Fuenteovejuna que, todos a una, acabaron con la arbitrariedad del comendador, sus injusticias y sus abusos.

Tendríamos que recurrir a los clásicos para tratar de animar el espíritu patrio de buscadores de justicia, algo soñadores, que siempre hemos tenido.

En apenas un par de días, hemos tenido que ver al presidente del gobierno declarando en la audiencia por corrupción y nos hemos quedado tan anchos.

Sí, algunos hemos protestado, hemos puesto un tweet, un mensaje en Facebook y nos hemos quedado tan tranquilos con nuestra protesta, porque, ¿qué más se puede hacer salvo ejercer el derecho a la pataleta?

También estamos inundando las redes con mensajes de apoyo a Juana Rivas, una masa de gente que ha conseguido convertir el drama de esta señora en Trending Topic mientras ella, en unas pocas horas, pasará a ser fugitiva de la justicia y estará en busca y captura como una delincuente.

Estamos tan acostumbrados al horror que ya nada nos espanta.

Los cientos de casos juzgados por corrupción y los miles de casos de malos tratos machistas en lugar de rebelarnos nos dividen porque siempre hay quienes se quedan en la forma y no en el fondo de estas cuestiones.

Siempre hay quienes son más papistas que el Papa.

Volviendo a los clásicos, nuestro “comendador” particular, como si de Fuenteovejuna se tratara, no ha hecho sino burlarse de nosotros en un esperpento de testimonio y de declaraciones de amnesia que a cualquiera le valdrían una pensión de invalidez, y de paso, pone en duda la honestidad de los ciudadanos como si solo él y su ralea fueran los poseedores del honor y la verdad; es decir, nos ha dejado a todos como tontos al creer que cualquier cosa que diga nos la vamos a tragar, insultando, de paso, la inteligencia de todos quienes vimos aquel simulacro.

Juana Rivas, nuestra Laurencia particular, nos ha restregado por las narices la ley injusta que, a falta de leer y entender todo el proceso judicial, le obliga a poner su vida y la de sus hijos en peligro por el simple hecho de rebelarse contra la violencia y pretender vivir en paz. Nos ha echado en cara la falta de coraje que tienen las instituciones en todo aquello que signifique proteger a las mujeres de la violencia machista y en muy poquitas palabras, de hecho ninguna, está demostrando que aquello que la justicia no es capaz de hacer, lo vamos a tener que hacer las mujeres de la forma que sea y por nuestra cuenta.

La gente, el pueblo, los villanos de Fuenteovejuna, nos hemos quedado tan tranquilos con todo esto porque ¿qué podemos hacer?

Nos conformamos con posicionarnos a favor o en contra de las cosas, de hablar acodados en la barra del bar, o dar “me gusta” en las redes sociales.

No vemos el fondo.

Hasta los seguidores más acérrimos de Rajoy deberían tener en cuenta de que no se puede soportar tener un presidente que es llamado a declarar como testigo en un juicio por corrupción y en el que además dice no acordarse de nada ni saber nada. Las opciones son dos; o lo sabía todo y es un corrupto o no sabía nada y es un incompetente, lo cual en ambos casos le incapacita para seguir ostentando el cargo.

Y seas del partido que seas deberías pensar así.

Que existan personas que justifiquen esta corruptela, que la nieguen a estas alturas, o que te digan tan campantes, “si yo estuviera ahí haría lo mismo” es de una necedad tan brutal que parece mentira que no hayamos evolucionado en nada nuestro espíritu democrático, es más, muestra una involución casi feudal.

Que otros se escuden en frases sin sentido, en denuncias falsas o en lo que sea para defender el derecho de un maltratador a ver a sus hijos negando la evidencia de que ese hombre al que defienden es un tipo con una sentencia firme por violencia machista y que eso lo inhabilita para tener la custodia de los niños, es querer ver solo lo que a uno le conviene y muestra una misoginia brutal no solo a nivel personal sino también a nivel institucional.

El hecho de que quienes mandan, de quienes poseen el poder ya sea democrático o judicial, nos exhorten a cumplir con preceptos y leyes de las que ellos están por encima es no solo injusto, sino que además es una clara muestra de su pensamiento elitista, de su convicción de que están por encima del bien y del mal, de que son una clase privilegiada y llamada a dirigir los designios de una nación, de que estamos para servirlos, para pagar impuestos y callar, de que el pueblo es ignorante, y como tal, se puede abusar o se puede utilizar a su conveniencia.

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Cuando la ley es injusta, todos deberíamos rebelarnos contra ella. Como hizo el pueblo de Fuenteovejuna.

Contra la corrupción, contra la arbitrariedad, contra la violencia, contra las leyes que no protegen pero sí condenan, contra aquello establecido tantos años atrás que se ha quedado anticuado y ya no responde a las necesidades y a la filosofía actual de una nación, contra la degradación de un sistema que nos está oprimiendo como personas, contra la vergüenza de ser un país que solo sale en la prensa extranjera por crisis, escándalos, casos de corrupción, o violencia.

Creo que la mayoría de españoles no nos merecemos esto, de verdad. No nos merecemos la vergüenza que nos toca pasar día sí y día también.

Si de verdad quisiéramos cambiar las cosas, si no estuviéramos tan “aborregados”, solo tendríamos que levantarnos, salir a la calle, declarar huelgas generales indefinidas o desobediencias civiles para tratar de recuperar la dignidad que esta gente nos está quitando, para acabar con todas las injusticias y con todos los fraudes que, como si fuéramos tontos, nos están haciendo tragar, y entonces, como en la obra de teatro, solo cabrían dos posibilidades, o dar por buenos nuestros hechos o matarnos a todos, algo que ya intentaron allá por el 36 y casi consiguieron a partir del 39.

 

 

 

 

 

 

 

 

Reseña de la web “Algunos libros buenos”.

portada libro

Una historia vital y amena de fácil lectura que logra su autora con unos diálogos absolutamente fantásticos, reales, normales y cotidianos.

Narrada a cuatro voces por cada una de sus protagonistas, llegaremos a conocerlas como a alguien cercano, familiar, y compartiremos su experiencia vital acompañándolas en un viaje vital que supondrá para ñas cuatro el viaje de su vida.

Si queréis leer la reseña completa os dejo el enlace a la web de Algunos libros buenos, que además os recomiendo encarecidamente porque es de las más completas en temáticas distintas, siempre está a la última en publicaciones y con unas reseñas de calidad.

https://algunoslibrosbuenos.com/como-que-a-que-huelen-las-nubes

El concurso Amazon y el sueño americano.

nina peña - libros - amazon - concurso

Que los escritores, o autores, somos personas que vivimos en nuestro mundo peculiar en el que nos sumergimos constantemente, no es nada nuevo.

Al margen de peculiaridades y excentricidades que solo los grandes se pueden permitir porque para ellos es parte de su genialidad mientras que para el resto sería síntoma de enfermedad mental, hay algo que nos une a todos, o a casi todos: el ego.

Tenemos un ego exacerbado, nos encanta mirarnos el ombligo, acariciarlo, y ser nosotros mismos quienes se empeñen en sacar sus pelusitas, algo que si hacen los demás nos hace entrar en cólera o en pánico, dependiendo del tamaño del ego en cuestión.

Lo del concurso Amazon es una muestra de ego descomunal donde quién más y quién menos, está metido hasta las trancas por el simple hecho de opinar o de comprar determinado libro. En mi vida había visto zancadillas, groserías, maldades, pleitos, envidias, puñaladas traperas, comentarios malintencionados y mala baba como la que estoy viendo en el concurso de este año.

Hasta la misma plataforma Amazon está tocando las “webs” de sus autores quitando ediciones en papel, comentarios de compras verificadas, ha tardado más de 15 días en completar la lista de concursantes, anunciaba preventas que luego quedaban fuera de concurso…

Autores que no tienen en común ni siquiera el género, se enzarzan en disputas por un comentario, por una estrella, por una promo o por una portada.

Ni decir tiene que estoy tan ojipláctica que no me presento a ese concurso en mi vida.

Se puede ganar visibilidad, cierto, y me consta (de hecho lo sé cierto porque tengo a muchos amigos que llevan tiempo publicando, escriben de perlas y están concursando), que muchos autores lo hacen exclusivamente por eso, por visibilidad y ganar lectores, para que sus libros sean leídos, porque, como todos sabemos, los concursos son de todo menos justos y aunque su base sea tan frívola y objetiva como las ventas, ganar uno es harto difícil.

¿Y todo por qué? Porque priman las ventas, los números, las cifras.

Lo que está ocurriendo en este concurso obedece a un patrón de competitividad tan exacerbado que en nada beneficia a nadie salvo a Amazon, que este mes de julio y agosto, cuando ningún autor ni librero se come un colín, ellos siguen vendiendo más que nunca, así que como estrategia de marketing es perfecta.

De nuevo una editorial se aprovecha de la ilusión y del trabajo de los autores y aunque reporte pingües comisiones a estos en derechos de autor y les permita publicar, no hay que perder de vista que al fin y al cabo, están cumpliendo con algo tan simple como es la consecución de beneficios empresariales en un sector y en un momento concreto de año en que apenas se venden libros. No, no es casual que el concurso Amazon sea en julio y agosto.

En ningún momento se tiene en cuenta la calidad de los trabajos, ni hay un jurado que lea los libros y que puntúe, ni se valora la calidad artística, la originalidad, el mensaje, el lenguaje o la intención de comunicar que todo libro que se precie tendría que tener.

Pero además este patrón comercial obliga a vender para tener visibilidad en el concurso, a escalar posiciones, ya que, como todos los autores auto-publicados sabemos, si estás mejor situado vendes más porque, simplemente, se te ve antes. Nadie se espera a la página 60 de Amazon para comprar, la compra por impulso en internet es otra de las bazas fundamentales con las que juegan, y saben que te matarías (y matarías) por vender más y estar en esas posiciones que te permiten seguir vendiendo más.

¿Y qué es lo que realmente hace que todo esto ocurra? El ego del escritor.

Una carrera editorial no se hace en un año ni en cuatro, y ¡ostras! Si ganas este concurso te coronas, te evitas pasar por lo que han pasado todos los autores, te evitas la crítica veraz, te evitas tener que leer y leer para aprender, evitas pasar por los trámites de crecimiento personal que te da el escribir y tener que reescribir, el escribir y borrar, el volver a empezar.

De pronto, se te ofrece la posibilidad de vivir de la escritura, algo de lo que nos podría hablar mucho Juan Goytisolo si aún viviera, de tener regalías y, coño, ¡si te estás viendo ya como ponente y contertulio en los talleres de auto-publicación que monta Amazon cada verano, con tu imagen en el fondo de pantalla gigante y siendo entrevistado por El país cultural…!

Te has pasado por alto unas pocas cosas.

Las pocas personas que viven de sus libros desde plataformas como Amazon, no llevan ni uno ni dos ni cinco años escribiendo y publicando sino como mínimo diez, y han trabajado por ello todos y cada uno de los días de su vida compaginándolo con otros trabajos que les permitieran pagar las facturas como a todo hijo de vecino.

En ese empeño estamos, yo incluida, muchos compañeros que participan y para los cuales este concurso es solo uno más de los medios, pero no el fin en sí mismo.

Este concurso, su finalidad, no es más que una revisión del sueño americano llevado al mundo editorial, donde todo es posible y donde triunfar es algo que siempre está a la vuelta de la esquina, pero Sunset Boulevard también tiene muchas esquinas, así que quizá sea mejor ponerse a trabajar de verdad, no mirarnos tanto el ombligo y menos aún prostituir la literatura de esta forma.

Ojo, no quiero decir con ello que no sea lícito presentarse o que los libros presentados no sean buenos y tengan calidad, pero sí hay que darnos cuenta de que una vez más nos están utilizando, de que otros están ganando dinero con nuestras ilusiones y sueños, nos están vendiendo ellos a nosotros para reportarse beneficios de los que tú vas a ver tan solo un porcentaje y vas a ser un número en una larga lista.

Este concurso es nefasto y deja un sabor de boca negativo a todos aquellos que, apostando por la literatura independiente, lectores que siguen buscando calidad en los libros no convencionales, se convierten de repente en simples compradores de objetos de consumo en cuyas cinco estrellitas hay un poder exacerbado, además de aumentar la mala fama de los libros y autores que, de por sí, ya tenemos los auto-publicados.

A ver, no somos genios (sí, ya sé que tú sí). Si una editorial nos rechaza un manuscrito puede que debamos revisarlo, analizarlo, buscar opiniones, tratar de encontrar en qué hemos fallado o si de verdad es que no encajamos en la línea editorial de la empresa concreta a la que lo enviamos.

Si tenemos en cuenta que la gran mayoría de editoriales también se guían por criterios comerciales puede ser que nuestro libro, aún con calidad, no sea vendible.

Hay muchas razones por las cuales recurrir a Amazon, incluso la legítima razón de no querer estar en las editoriales tradicionales, y es cierto que esta plataforma ha democratizado la literatura que siempre ha sido muy elitista y “amiguista”, pero el escalar posiciones, el conseguir altos objetivos sin antes haber currado y estudiado como un auténtico cabrón, es tratar de construir la casa por el tejado.

La calidad es lo que de verdad va a garantizar poder publicar dentro y fuera de Amazon, pero requiere su tiempo y sus plazos, y es ahí donde tienen que ir todos nuestros esfuerzos, sin importarte las ventas porque, una cosa te voy a decir, si de verdad eres escritor, lo que menos te va a importar es vender, lo que sí quieres es que te lean.

Cuando en el pasado se empezaron a publicar libros de forma independiente, cuando autores hoy legendarios comenzaron a auto-publicarse, lo que primaba era la rebeldía contra el sistema establecido, la visión de una obra, el tener que decir lo que nadie había dicho hasta entonces, ser independiente era mantener la fe en uno mismo y luchar contra el mundo, creer en valores por los que nadie apostaba, alejarse del orden impuesto, saltarse las reglas de lo convencional.

Ese es el espíritu que tendría que tener Amazon y el que tendríamos que tener todos los escritores independientes, y no dejarlo todo a un lado por la consecución de un número determinado de ejemplares vendidos y pasarnos la vida contando más de lo mismo porque es lo que más se vende.

 

(Y digo esto sin haber leído aún ningún libro, con lo cual estoy lejos de saber la calidad que pueden o no tener, pero si Amazon valora solo las cifras de ventas eso es un criterio tan claro y válido como el mío.

Por supuesto voy a comparar libros del concurso, ya llevo dos y tengo pendientes varios más, y con ello trato de apoyar a mis compañer@s, pero me voy a abstener de hacer cualquier comentario y de decir ni una sola palabra. Priman las cifras y mi apoyo se va a basar en ayudar a que esas cifras sean buenas para los autores a los que aprecio.

Y sí, una vez también se me pasó por la mente sacar un libro a concurso en Amazon, pero una buena y sabia amiga me dijo, “Che boluda, olvidálo”)