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Irene Curie

 

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No, no me he equivocado. El apellido Curie tiene una larguísima sombra de leyenda dentro de muchos campos: la investigación, el Nobel, el radio, la experimentación…

Irene Curie es, en efecto, hija de Pierre y de Marie Curie. Nació en París en el año 1897. Tan inteligente como sus progenitores, estudió física y química en la Universidad de la Sorbona durante la I Guerra Mundial. Al terminar la guerra fue ayudante de su madre en el Instituto del Radio de Paris, conocido más tarde como Instituto Curie.

Se casó con Frédèric Joliot y junto a él comenzó sus investigaciones en el campo de la física nuclear y en las estructuras del átomo. Descubrieron el Neutrón en 1932 y en 1934 lograron reproducir de forma artificial algunos elementos radiactivos. Desarrolló los dispositivos de diagnostico de Rayos x, que salvo pequeñas variaciones, se siguen utilizando hoy en día.

En 1935 ella y su marido fueron galardonados con el premio Nobel de Química.

En 1937 consiguió la Catedra en la Facultad de Ciencias de París.

Además de una mujer sabia que desarrollaba una importantísima labor como investigadora, Irene era una mujer comprometida con su tiempo y con la sociedad, además de vivir la época más convulsa en la historia de Europa.

En 1943 Irene fue detenida por los nazis en la frontera de Suiza. Desde la prefectura de París trataron de hacer todo lo posible por liberarla, pero ella no lo consintió y se negó a recibir cualquier tipo de privilegio, por lo que permaneció presa junto a sus otros compañeros hasta el momento en que lograron su liberación.

Durante la II Guerra Mundial, Irene, enfermó de tuberculosis, algo que fue diezmando su salud y afectándole para el resto de su vida. Pese a la enfermedad, ella combinaba sus estancias en una clínica de reposo para enfermos de Tuberculosis en Suiza con  ayuda a la resistencia francesa.

En 1948 fue detenida en Estados Unidos cuando trataba de organizar una recaudación de fondos a favor de los exiliados republicanos de la Guerra Civil.

En 1945 creó la Comisión de Energía Atómica.

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Irene Curie y su marido Frédèric Joliot en su laboratorio.

Tanto Marie Curie como su hija Irene jamás fueron admitidas en la Academia de Ciencias de Francia pese a poseer ambas un premio Nobel, el máximo galardón que se puede dar en el mundo de la investigación. Su condición de mujeres se lo impedía. Así como Marie solo se postuló una vez, Irene lo intentó hasta tres veces ” y no porque le hiciera una especial ilusión, si no para defender sus derechos” comenta su hija Hélène.

Delicada de salud y sobreviviendo gracias a las primeras  comercializaciones de los antibióticos, Irene, murió de leucemia un 17 de marzo de 1956. La leucemia era la enfermedad que también mató a su madre, Marie, y quizá es la más común entre los investigadores de aquella época por su sobreexposición a agentes radiactivos sin la seguridad mínima necesaria.

Su hija, Hélène Langerin-Joliot, dice, sin embargo, que para Irene “las experiencias que la hicieron más feliz no fueron sus logros académicos”.

 

Sojouner Truth.

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Sojourney nació como esclava en Nueva York y como esclava vivió hasta que pudo escapar a Canadá con una de sus hijas. Al ser abolida la esclavitud en la ciudad el año 1927  regreso para buscar a sus hijos. Desde entonces fue una gran militante antiracista y feminista. Os dejo con el que fue su discurso más célebre.

¿Acaso no soy una mujer?
Sojourner Truth
Diciembre de 1851
Convención de mujeres, Akron, Ohio, EEUU

 

Bueno hijos, cuando hay mucho alboroto es porque algo está pasando.

Creo que tanto los negros del Sur como las mujeres del Norte están todos hablando de derechos y a los hombres blancos no les queda más que ceder muy pronto.

Pero, ¿De qué se trata de lo estamos hablando aquí?
Los caballeros dicen que las mujeres necesitan ayuda para subir a las carretas y para pasar sobre los huecos en la calle y que deben tener el mejor puesto en todas partes.

Pero a mi nadie nunca me ha ayudado a subir a las carretas o a saltar charcos de lodo o me ha dado el mejor puesto! y ¿Acaso no soy una mujer? ¡Mírenme! ¡Miren mis brazos! ¡He arado y sembrado, y trabajado en los establos y ningún hombre lo hizo nunca mejor que yo! Y ¿Acaso no soy una mujer? Puedo trabajar y comer tanto como un hombre si es que consigo alimento-y puedo aguantar el latigazo también! Y ¿Acaso no soy una mujer? Parí trece hijos y vi como todos fueron vendidos como esclavos, cuando lloré junto a las penas de mi madre nadie, excepto Jesús Cristo, me escuchó y ¿Acaso no soy una mujer?

Entonces se preguntan ¿Qué es lo que tiene en la cabeza? ¿Qué significa esto? (Un miembro de la audiencia sugiere “Intelecto”) -¡Exacto! ¿Qué tiene a que ver todo esto con los derechos de las mujeres y de los negros?

Si mi cántaro solamente puede contener una pinta y el de ustedes un cuarto, no sería muy egoísta de parte de ustedes no dejarme tener mi pequeña mitad llena? Entonces el pequeño hombre vestido de negro dice que las mujeres no pueden tener tantos derechos comos los hombres, porque Cristo no era una mujer. ¿De dónde vino Cristo? ¿De dónde vino Cristo? ¡De Dios y de una mujer! ¡El hombre no tuvo nada que ver con El!

Gracias por haberme escuchado, ahora la vieja Sojourner no tiene más nada que añadir.

Victoria Woodhull. La primera mujer candidata al presidenta en Estados Unidos.

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Woodhull nació en 1838 en Homer, Ohio, en el seno de una familia de clase baja. Su madre era vidente y su padre se dedicaba a la venta itinerante de medicinas milagrosas. A los 15 años contrajo matrimonio con el médico Canning Woodhull, con el que tuvo dos hijos.

Acabó divorciándose en 1864. A raíz de esta experiencia se convirtió en firme defensora del amor libre, y comenzó a interesarse por las ideas del pensador socialista francés Charles Fourier, que pregonaba la libertad en materia sexual. Woodhull no sólo defendió las relaciones libres entre hombres y mujeres sino que escandalizó a la sociedad de su tiempo con su propio comportamiento -el divorcio no estaba penado legalmente, pero sí socialmente-, hasta el punto de algunas malas lenguas llegaron a asegurar que ejercía la prostitución.
En 1866 volvía a casarse, esta vez con el coronel James Harvey Blood, quien también se había divorciado de su primera esposa. Este segundo matrimonio duró oficialmente diez años, aunque Victoria tuvo entre medias una relación con el anarquista Benjamin Tucker. Tras casarse con Blood, la pareja se mudó a Nueva York, donde Victoria y su hermana, Tennessee Claflin, conocieron al magnate de los negocios Cornelius Vanderbilt, que las respaldó para que fundaran Woodhull, Claflin and Company. Se convirtieron así en las primeras mujeres corredoras de bolsa de Wall Street. El New York Herald las apodó “las reinas de las finanzas”.
Con las ganancias que obtuvieron, las hermanas fundaron en 1870 el semanario Woodhull and Claflin’s Weekly, convirtiéndose también en las primeras mujeres editoras de un periódico.

Utilizaron la publicación para defender los derechos de la mujer. Victoria Woodhull predicó que “la libertad sexual es para todos, la libertad de los monógamos de practicar la monogamia, y la de los que eligen múltiples parejas de tenerlas”. No solo abogaron por la libertad sexual, también dejaron claras sus ideas en materia política al publicar la primera traducción al inglés del ‘Manifiesto Comunista’ de Marx.

Su papel como representante de los movimientos sociales por los derechos de la mujer fue muy potente, y a principios de la década de 1870, Victoria asistió en Washington a un encuentro de la ‘Asociación para el Sufragio Femenino’ (NWSA). Allí pronunció un discurso en favor del derecho al voto femenino. Al año siguiente fue elegida candidata a la presidencia por el Partido por la Igualdad de Derechos. Compitió contra el general Ulysses S. Grant, candidato republicano, y el demócrata Horace Greeley.

La candidatura de Woodhull fue duramente criticada y los medios la apodaron Señora Satán por su apoyo a la libertad sexual y el amor libre pero se convirtió, de esa manera en la primera mujer candidata a las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

07/11/2016 • Marina Segovia

Podéis leer la entrada completa en la web Mujeres a seguir:  http://www.mujeresaseguir.com/social/noticia/1101944048615/hillary-no-es-la-primera-victoria-woodhull-ya-fue-candidata-a-la-presidencia-hace-mas-de-un-siglo.1.html

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A la mujer sin nombre.

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Hace unas semanas comencé una nueva categoría en mi blog que titulé “De mujer a mujer” y desde entonces me he preguntado qué mujer merece ser la primera en comenzar, en dar el pistoletazo de salida a la lista de nombres de muchas mujeres que han pasado a la historia por su trabajo, por sus logros, por ser grandes personajes de la literatura… y me he dado cuenta de que la mujer que merece comenzarlo es la mujer anónima, la que nunca saldrá en los libros de historia, la que no forma parte de las epopeyas, la que ha realizado una labor callada a lo largo de su vida y tal vez nunca se le ha reconocido su valor, su importancia.

Todas esas mujeres que con miles de gestos y palabras calladas han hecho del mundo un lugar mejor. Las que han abierto puertas a las futuras generaciones de mujeres, las que han trabajado de sol a sol para alimentar a su familia, las que han vivido bajo estrictas normas a lo largo de los siglos, las que han sufrido abusos, las que han sido ignoradas e incluso maltratadas, las que han tenido que prostituirse, las que han tenido que fregar suelos de rodillas, las que han sido solo objetos de deseo en vidas vacías, las que han tenido que callar y aguantar… y que aún así, han tenido el amor y el valor suficiente como para hacer gestos de cariño, para cantar canciones de cuna, para apretar los dientes y seguir adelante.

Miles de mujeres a lo largo de la historia de las que nunca sabremos sus nombres, pero que han dejado su impronta en las siguientes generaciones con miles de gestos silenciosos que era la única forma en la que podían hacerlo.

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Tal vez pueda sonar repetitivo, pero por la forma en que la sociedad patriarcal nos ha impuesto sus normas, las mujeres hemos sido muchas cosas, pero hasta hace muy poco tiempo ni siquiera teníamos la categoría de ciudadanas en la mayoría de constituciones europeas. Ni siquiera en la Revolución Francesa, aquellas mujeres que pelearon al lado de los hombres, que sirvieron para inspirar la imagen de la República con su gorro frigio y a las que les dejaron llevar pantalones para ir a la lucha, lograron ser consideradas como tal.

Nos tenemos que remontar a la Revolución de Pascua en Irlanda, para que una constitución nos diera el titulo de ciudadanas aunque fuera de un modo provisional.

Las guerras y leyes impuestas por hombres, nos abocado a ser secundarias en muchas ocasiones y solo se nos ha reconocido cierto valor cuando no han tenido más remedio ante la evidencia, como por ejemplo cuando las mujeres tuvieron que ocupar puestos en las fábricas ante la falta de mano de obra masculina durante la 1º Guerra Mundial.

Si miramos a tan solo unos años atrás, en este mismo país, una mujer no podía cobrar su propio sueldo, no podía firmar un contrato de trabajo, lo hacía su marido o su padre e incluso en plenos años 70 no podía poner ella misma una denuncia… obviamente tenía que hacerlo su marido o su padre.

El derecho a la educación, algo casi negado a la clase obrera, era aún más negado a la mujer. Un hombre, por pobre y obrero que fuera, tenía por lo menos que saber leer, escribir y hacer cuentas…a la mujer no le hacía falta. A ellas les enseñaban a coser y a hacer sus labores. A rezar. El índice de analfabetismo de la mujer fue siempre, en la mayoría de países, muy superior al del hombre y cuando se tenía acceso a la educación, esta era marcadamente religiosa y conservadora, guardando siempre una postura concreta hacía cómo tenían que ser y cómo debían comportarse las féminas.

Pero si todas esas mujeres que sufrieron todo eso, no hubieran luchado, no hubieran hecho la revolución callada que fueron haciendo a través de los siglos, hoy no seríamos quiénes somos.

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En mi vida hay muchas mujeres y a algunas las admiro profundamente.

Cuando tienes dos hijos, tienes tu propio negocio que llevas personalmente, te ocupas de tu casa, de tu familia, estás estudiando una carrera en la UNED y aún sacas tiempo para contar cuentos, para hacer pasteles y para sonreír antes las adversidades… eres una mujer muy fuerte, una mujer de hoy, y te voy a admirar por ello, por no rendirte, por no dejar de superarte, por no dejar de crecer.

Esas son las mujeres anónimas de hoy herederas de las mujeres anónimas de ayer.

Las que no dejan de pensar, de crecer, las que luchan por su vida, las que denuncian malos tratos, las que pelean, las que no se rinden, las que no pierden la esperanza por difícil que sea su vida, las que se levantan cada mañana y se lanzan a la calle, las que van a fregar escaleras, las que trabajan en almacenes, en el campo, las que levantan solas sus negocios, las que siguen estudiando a los 35 años, las que no se resignan ni pierden la sonrisa ante las adversidades, las que no renuncian a sus sueños, las que sacan cuentas para llegar a fin de mes, las que luchan para ser ellas mismas y tener, por encima de todo, su parcela de poder en su propia vida.

Esas mujeres sin nombre que en una sociedad que no les ha favorecido, siguen peleando día a día.

La próxima semana comenzaré a poner nombres propios y a relatar grandes logros o grandes historias, pero este primer post, tenía que ser para todas las mujeres de las que nunca sabremos sus nombres, pero de las que hemos ido heredando este mundo y que con su lucha diaria, lenta pero firme, han conseguido cambiarlo… y para todas las que siguen peleando por aquellos cambios que aún son necesarios.

“Debajo siempre se coloca el que es más sólido y resistente, porque quien está debajo sostiene el mundo.”

 

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