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Memorial a ellas: que su rastro no se borre.

memorial a ellas - alicia dominguez - nina peña

Hace tan solo unos días se presentaba en Cádiz y en Sevilla el libro “Memorial a ellas; que su rastro no se borre”.

Aquí os he hablado un par de veces sobre este maravilloso libro del que tengo el honor el placer de haber prologado… ¿y por qué el prólogo? Muy simple, porque fui incapaz de contar mis historias. Unas historias que no son mías y, sin embargo, me pertenecen. Alicia me propuso un día escribir sobre mis mujeres, sobre las historias que todas llevamos atrás y supe que no podía hacerlo. No todas las mujeres tenemos historias de superación y de ejemplo, las hay duras, con traumas, con mujeres luchadoras que cayeron por el camino, que torcieron el rumbo, que se perdieron definitivamente y que su historia no puede ver la luz todavía porque deslumbra y hace daño. Duele. Historias que se guardan. Por eso escribí el prólogo, porque a pesar de maravillarme con las cincuenta y dos historias de las que está compuesto el libro, yo represento a quienes no son dueñas de su pasado, como a amuchas mujeres les ocurre.

Yo me conformo con haber aportado mi granito de arena y ver, feliz, el éxito conseguido. Un éxito imparable a juzgar por los llenos en ambas presentaciones y por el número de ventas, pero sobre todo… por Dios, mirad las caritas de Alicia Domínguez y de las colaboradoras y colaboradores. Es el rostro de la felicidad. Más que eso. Es el rostro del reconocimiento, de lo entrañable, de la ilusión, de los sentimientos expuestos, del amor a las mujeres que son protagonistas, por primera vez, de su propia vida.

memorial a ellas - alicia dominguez - nina peña

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He seguido el proyecto casi desde el principio, cuando Alicia iba recogiendo los testimonios y cosiendo las alas que ahora han emprendido este vuelo. Leía historias que me arrancaban lágrimas, que me erizaban la piel, que me hacían sonreír. Historias difíciles de momentos todavía oscuros en los que ser mujer era estar tan limitada que cualquier acto suponía un acto de rebeldía e insumisión. Qué valientes eran esas mujeres, qué luchadoras, qué gran legado dejaron tras de sí.

Este memorial es un homenaje a cada una de ellas, a sus luchas y a sus renuncias, a sus labores calladas, a sus noches y días de gritos silenciosos. Y sobre todo, a juzgar por la calidad humana de las personas que han escrito su pasado, es un memorial a todo el amor que dejaron y a todo el ejemplo que dieron.

Solo me resta dar mi enhorabuena a Alicia y a las personas que han participado en este proyecto, pero sobre todo, dar las gracias a esas cincuenta y dos mujeres cuyo rastro quedará siempre no solo en un libro sino en los corazones de quienes nos sentemos a leer su historia.

Pedidos al 652612641

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Escribir

 

nina peña - mujer escribiendo

Escribo para poner mis pensamientos en limpio, para poder verlos a la luz blanca de un papel, inocente todavía, sin pretensiones de ser leído.

Escribo porque de pequeña era una forma de evadirme, de soñar, de imaginar otras vidas y otros lugares. De mayor es una forma distinta de ver la realidad, de querer cambiarla, de imaginar otro mundo y contarlo para tratar de que, no sé cómo, cambie.

Escribo porque es uno de los esfuerzos que vale la pena realizar; cruzar palabras, unirlas, abarcar significados distintos, encontrar matices, perlas entre las letras, diamantes entre los borrones oscuros de tinta sin pulir.

Escribo porque quiero explicar mi mundo, exterior e interior. Conocerlo mejor.

Escribo porque mi cabeza no deja de dictarme letras, porque veo personajes en cualquier parte,  veo argumentos en cualquier rincón, historias en cada historia. Porque veo el otro lado de las cosas y de las personas.

Escribo porque no puedo evitarlo. Porque una voz me dicta palabras y tengo la necesidad de sentarme a transcribirlas, transformarlas en textos coherentes.

Escribo porque es una forma de aprender, de crecer, de buscar y encontrar, de hallar vida en la propia vida.

Simplemente escribo. Sin papel a veces. Solo escribo.

Memorial a ellas. Un libro imprescindible

La sociedad avanza lentamente, pero avanza. Y no siempre es gracias a la intervención de los gobiernos de las naciones sino a los miles de gestos que las personas anónimas vamos haciendo poco a poco, a través del tiempo.
Hay una especie de ruptura entre la sociedad y las esferas de poder en donde estamos las mujeres. Siempre adelantándonos a las leyes y a las directrices impuestas y en el cual nos movemos perfectamente porque es donde nos han relegado a lo largo de la historia.
En ese estrecho espacio es donde las mujeres hemos ido haciendo gestos, educando, cuidando, dando ejemplo con nuestra propia vida, con nuestra historia más íntima, con luchas calladas, en los reductos donde nos han recluido, en los estrechos márgenes que nos dejaban ocupar. Y esos miles de gestos, de palabras y de historias son un auténtico legado que este libro se ha propuesto recuperar.

memorial - alicia dominguez - nina peña
“Memorial a ellas: que su rastro no se borre” es una recopilación de memorias, un libro ilustrado por Rosa Olea con cincuenta y dos historias de mujeres normales y corrientes, pero extraordinarias, en las que sus familiares directos nos cuentan cómo fueron sus vidas, cuáles fueron sus luchas del día a día, como fueron las renuncias y las biografías de desconocidas, que han dejado un legado de amor y rebeldía silenciosa, de autenticidad. Mujeres que gritaban desde el silencio, que desobedecían sin que nadie fuera consciente de su desobediencia, que se rebelaban ante lo establecido y que soñaban con dejar tras ellas un mundo mejor que el que encontraron.
Son cincuenta y dos historias de heroínas silenciosas recopiladas en este libro ilustrado por Rosa Olea, prologado por Nina Peña y en el que participan poetas como Rosario Troncoso, Grela Bravo, María Luisa Domínguez Borrallo y Ricardo García Aranda y escritores como Blanca Flores, Yolanda Vallejo y Juan José Tellez.

memorial - alicia dominguez - nina peña
He podido leer estas historias desde que Alicia Domínguez las fuera recopilando poco a poco, con un cariño y una admiración contagiosa, con cierto punto de recogimiento y admiración por todo aquello que hicieron, por las lecciones de vida que dieron, por el ejemplo de sus vidas en un momento en que la mujer no era ejemplo de nada, de hecho, no era nadie.
Historias que te arrancan lágrimas y sonrisas. Historias del pasado que están presentes en la memoria de aquellos que las recuerdan, contadas con cariño, maceradas con el tiempo, cocinadas en la mente a fuego lento para poder entenderlas en toda su dimensión, sin juzgar, tratando de entender cómo era el mundo en el que a ellas les tocó vivir y sin atrevernos a calificar sus actos o sus pensamientos. Estas historias son un tributo a estas mujeres invisibles sin las que hoy no seríamos lo que somos.

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Es un maravilloso proyecto financiado totalmente por medio de crowdfunding en Verkami y cuyos beneficios se destinarán a la Fundación Mujer Gades, que trabaja con mujeres en riesgo de exclusión social, y a Páginas Violeta, que promueve la participación y presencia de las mujeres en la vida social, cultural y económica.
Este nuevo libro saldrá a la venta el próximo tres de octubre y muchos de sus testimonios y de las personas que han participado acudirán a las diversas presentaciones que se están programando por todo el país.

Alicia Domínguez, la autora, es una gaditana nacida en Madrid y doctora en Historia por la Universidad de Cádiz y Máster en Gestión y Resolución de Conflictos por la Universitat Oberta de Catalunya. Autora del ensayo histórico “El Verano que trajo un largo invierno” (Quorum Editores) y de la novela “Viaje al centro de mis mujeres” (Editorial Proust), articulista de La Voz del Sur y CaoCultura y colaboradora ocasional de Woman Soul’s y El ático de los gatos.

Daisy Zamora y tres poemas imprescindibles.

 

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Daisy Zamora es una de las voces más importantes de la poesía latinoamericana contemporánea; nació el 20 de junio de 1950 en Managua, en el seno de una familia adinerada e implicada en la política. Se recibió de psicóloga en la Universidad Centroamericana de Nicaragua; por otro lado, estudió bellas artes. Estuvo involucrada en la lucha contra la dictadura de Somoza, en los años 70, y se unió al Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1973. Su participación en la revolución la llevó a exiliarse a Honduras, Panamá y Costa Rica. Durante este difícil período, tuvo a cargo la conducción y dirección de un programa de radio clandestino; finalmente, el nuevo gobierno la nombró vice Ministra de Cultura. Ha sido siempre una férrea defensora de los derechos humanos y promotora del arte en general.
Entre sus libros de poesía en español, encontramos “En limpio se escribe la vida”, “La violenta espuma” y “A cada quien la vida”. Su obra, que también incluye ensayos y artículos periodísticos, ha sido traducida a más de 15 idiomas y le ha merecido premios como el Mariano Fiallos Gil y menciones honoríficas como Escritora del Año, de parte de la Asociación de Artistas de su país.

Fuente: Poemas del alma.

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Cuando las veo pasar

Cuando las veo pasar alguna vez me digo: qué sentirán
ellas, las que decidieron ser perfectas conservar a toda costa
sus matrimonios no importa cómo les haya resultado el marido
(parrandero mujeriego jugador pendenciero
gritón violento penqueador lunático raro algo anormal
neurótico temático de plano insoportable
dundeco mortalmente aburrido bruto insensible desaseado
ególatra ambicioso desleal politiquero ladrón traidor mentiroso
violador de las hijas verdugo de los hijos emperador de la casa
tirano en todas partes) pero ellas se aguantaron
y sólo Dios que está allá arriba sabe lo que sufrieron.

Cuando las veo pasar tan dignas y envejecidas,
los hijos las hijas ya se han ido en la casa sólo ellas han quedado
con ese hombre que alguna vez quisieron (tal vez ya se calmó
no bebe apenas habla se mantiene sentado frente al televisor
anda en chancletas bosteza se duerme ronca se levanta temprano
está achacoso cegato inofensivo casi niño) me pregunto:
¿Se atreverán a imaginarse viudas, a soñar alguna noche
que son libres
y que vuelven por fin sin culpas a la vida?

 

Mensaje urgente a mi madre

Fuimos educadas para la perfección:
para que nada fallara y se cumpliera
nuestra suerte de princesa-de-cuentos
infantiles.
¡Cómo nos esforzamos, ansiosas por demostrar
que eran ciertas las esperanzas tanto tiempo
atesoradas!
Pero envejecieron los vestidos de novia
y nuestros corazones, exhaustos,
últimos sobrevivientes de la contienda.
Hemos tirado al fondo de vetustos armarios
velos amarillentos, azahares marchitos
ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.
Perdón, madre, por las impertinencias
de gallinas viejas y copetudas
que sólo saben cacarearte bellezas
de hijas dóciles y anodinas.
Perdón, por no habernos quedado
donde nos obligaban la tradición
y el buen gusto.
Por atrevernos a ser nosotras mismas
al precio de destrozar
todos tus sueños.

 

Vuelvo a ser yo misma

Cuando entro con mis hijos a su casa, vuelvo
a ser yo misma.
Desde su mecedora ella
nos siente llegar y alza la cabeza.
La conversación no es como antes.
Ella está a punto de irse.
Pero llego a esconder mi cabeza
en su regazo, a sentarme a sus pies. Y ella me contempla
desde mi paraíso perdido
donde mi rostro era otro, que sólo ella conoce.
Rostro por instantes recuperado
cada vez más débilmente
en su iris celeste desvaído
y en sus pupilas que lo guardan ciegamente.

El cuento de la criada. Trasfondo.

nina peña - el cuento de la criada - feminismo- mujeres

Este jueves termina la segunda temporada de El cuento de la criada y más de una estamos aguantando la respiración.

Me he tomado la libertad de hacer una reseña, algo casi inédito en mí que no me atrevo a juzgar libros ajenos, porque creo que el libro y la serie, ambos devorados con fruición, tienen un trasfondo en el que más de una/o no ha reparado, y es que no todos llevamos las gafas moradas puestas y para muchos esto no ha dejado de ser o bien una serie de ficción  un libro distópico.

Nada más lejos.

El fondo, las entretelas de serie y libro es una distopia tan brutal, tan verosímil y tan posible que da miedo y asco a partes iguales.

Tanto el libro como la serie inducen a la reflexión, a pensar , a asfixiarnos en su atmosfera irrespirable llena de leyes retrógradas, silencios, soledades, injusticias y brutalidad.  Ambos formatos son fáciles. El libro se lee muy bien, narrado en primera persona, lleno de pensamientos que nos acercan a la vida y a la intimidad de la protagonista y con una cierta dosis de sutil sarcasmo que a veces provoca una sonrisita mal disimulada. En la serie ocurre igual. Esos pensamientos escuchados en off de la protagonista a veces sorprenden por su realismo, por su rebeldía callada, por su forma de intentar mantener la cordura en un mundo que se ha vuelto muy loco.

“Todo lo que tienes que hacer -se dice Defred- es mantener la boca cerrada y parecer estúpida. No puede ser tan difícil”

Hay que conocer el momento histórico en que fue escrito el libro y el momento en que ha sido realizada la serie para entender toda su dimensión.

Cuando Margaret Atwood lo escribió corría el año 1984 y ella vivía en Berlín Oeste. Es imposible no pensar en Orwell y en su novela. En la caída del telón de acero ya tan próxima pero teniendo en cuenta que todavía existían personas que se jugaban la vida tratando de escapar por la frontera, que eran perseguidos por perros y militares armados. Berlín estaba desabastecida.  En el 79 aconteció el accidente nuclear de Three Mile Island y faltaban tan solo dos años para el de Chernóbil… los lugares comunes del libro y la realidad son abrumadores. Es como si Margaret se hubiera inspirado en esa realidad física para situarnos en Gilead. La ficción, menos tangible, sin embargo, también es espeluznante.

“Creo en la resistencia del mismo modo que creo que no puede haber luz sin sombra o, mejor dicho, no hay sombra a menos que también haya luz.”

El cambio climático ha dejado a la mayoría de la población estéril. Los ataques terroristas sumen al país en una dictadura opresiva y paranoica. Así mismo hay un enorme vuelco hacia el fundamentalismo religioso que pretende liberarse de aquellas cosas que considera pecado convirtiendo en leyes todo aquello que no esté en las Sagradas Escrituras,  uniendo, de ese modo, lo que el estado necesita con lo que la religión exige. La sociedad esta profundamente cosificada, los habitantes son silenciosos cumplidores de su deber, sin emociones, reducidos a un engranaje social que ha perdido su humanidad. Hay enfermedades, pobreza, castigos divinos. Nuevas leyes de pureza y de sacrificio… y , como siempre cuando se habla de ello, los ojos de todas las sociedades del mundo a través de la historia miran a la mujer.

Lo que ahora tenemos asumido como libertades o derechos pasan a ser obligaciones. Las mujeres se dividen en castas, diferenciadas por estatus social y  por fertilidad. Dejan de ser libres para convertirse en lo que las mentes pensantes del movimiento quieran.  Hay esposas, criadas, Marthas, Jezabeles, Tías… todas bajo la opresión de los machos alfa, los adinerados hombres que rigen las directrices del nuevo país. La maternidad es obligatoria y se le exige a la mujer el sacrificio por el bien de la República de Gilead. Las sumisas esposas, vestidas de azul, serán las dueñas del bebé que las criadas, vestidas de rojo, alumbren. Pureza y pecado. María y Eva. El binomio favorito de las religiones monoteístas. Las tías se encargaran de los lavados de cerebro, harán de matronas, adoctrinarán en la nueva religión a las mujeres, impondrán castigos para quienes no se sometan.

“Me gustaría creer que esto no es más que un cuento que estoy contando. Necesito creerlo. Debo creerlo. Los que pueden creer que estas historias son sólo cuentos tienen mejores posibilidades”

Lo que resulta espeluznante de este relato es la certeza de que hay temas que en el fondo ya están sucediendo. Si bien la autora del libro conocía a la perfección algunas dictaduras y se basó en ellas para escribir ciertas “leyes”, como la de la maternidad obligatoria que impuso Ceaucescu en Rumanía, el resto nos ofrece temas de candente actualidad: los vientres de alquiler, las mujeres como puro objeto, las violaciones o la imposición social. Estos temas de por sí ya merecerían un trato aparte aunque no tal vez en este artículo. Todos quienes han hecho una reseña del libro o la serie lo han recalcado pero yo quiero ir a unos conceptos que tal vez puedan pasar más desapercibidos.

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Las mujeres son violadas una vez al mes para tratar de concebir un hijo para la pareja estéril y de clase acomodada. Su labor es solo la de ser una vasija, un útero que conciba, geste y alumbre. ¿De qué me suena eso?

Uno es el ecologismo. Todo este deterioro social y la infertilidad es producido por el cambio climático. En el libro las personas a las que no se les puede dar utilidad en la sociedad que pretenden construir son enviados a las colonias, auténticos campos de concentración en los que trabajan para limpiar el país de residuos tóxicos y que suponen la muerte segura en un plazo corto de tiempo. El plantearnos qué estamos haciendo con nuestro planeta y no saber las consecuencias de ello es algo en lo que habría que recapacitar.

Otro punto de vista que me gustaría recalcar es la imposición de miedo, los mecanismos en los que muchos políticos, de hoy y de siempre, se basan para ganar adeptos y hacer leyes que coartan las libertades. Quienes vimos caer en directo las Torres Gemelas somos testigos de como el caos y la sinrazón se puede apoderar del pensamiento de las personas a través de estos mecanismos. De ahí a la xenofobia, al racismo, a la discriminación y a las leyes que coartan la libertad en pos de la seguridad hay solo un paso.

Aprendimos a susurrar casi sin hacer ruido…Aprendimos a leer el movimiento de los labios: con la cabeza pegada a la cama, tendidas de costado, nos observábamos mutuamente.

Y el último es la forma en que el capitalismo y el patriarcado de Gilead consigue enfrentar a las mujeres entre sí para conseguir sus objetivos. Algo que sucede hoy mismo. La gran victoria de este tipo de hombres es lograr que sean las mujeres las que pongan en funcionamiento y obliguen a cumplir las leyes por ellos diseñadas. Son las mismas mujeres las que someten a otras, las que las castigan, las que apedrean a las rebeldes, las que se vigilan, las que se echan culpas unas a otras consiguiendo que las victimas estén de esa forma del lado del opresor… nada de sororidad.  Tanto en el libro como en la serie y en la vida real, el mayor triunfo del machismo es poner a las mujeres unas contra otras.

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El círculo de la culpa. Una mujeres acusan a otras del pecado cometido, la juzgan como culpable y posteriormente también son las mujeres quienes la castigan. El mayor triunfo del patriarcado, tener de su parte a las propias víctimas defendiendo el sistema.

 

Desde mi opinión personal todos deberíamos ver la serie o el leer el libro. Algunos harán como yo las dos cosas. Y cuando lo hagamos deberemos tener la mente en la ficción y los pies en la tierra para poder darnos cuenta de que muchas de las cosas que parecen ficción pueden ser reales, de hecho lo son en muchos lugares y por eso es más terrible e impresiona más todavía, porque como bien dice la tía Lidia “Ahora mismo esto no os parece lo normal, pero dentro de un tiempo lo será”, como si esa frase y esos acontecimientos fueran el presagio de un futuro cercano e inminente.

 

 

 

 

 

Perspectiva de género.

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Estos días, a raíz de los juicios y de los casos que abarrotan los juzgados así como por las sentencias polémicas en las que las mujeres nos sentimos poco menos que ninguneadas o discriminadas por la ley, hemos oído cientos de veces este concepto, aunque no siempre sabemos interpretarlo.

La perspectiva de género es un mecanismo  de análisis mediante el cual se trata de explicar la desigualdad y la inequidad entre hombres y mujeres.

Consiste en un enfoque de las situaciones teniendo en cuenta la diversidad de los modos en que se representan las relaciones de género en la sociedad entendiendo la identidad de género de unos y otros.

Para Marcela Lagarde: “Esta perspectiva reconoce la diversidad de géneros y la existencia de las mujeres y los hombres, como un principio esencial en la construcción de una humanidad diversa y democrática. La perspectiva de género permite analizar y comprender las características que definen a las mujeres y a los hombres de manera específica, así como sus semejanzas y diferencias. Esta perspectiva analiza las posibilidades vitales de las mujeres y los hombres; el sentido de sus vidas, sus expectativas y oportunidades, las complejas y diversas relaciones sociales que se dan entre ambos géneros, así como los conflictos institucionales y cotidianos que deben enfrentar y las maneras en que lo hacen.”

Según Juana Camargo la perspectiva de género “establece una teoría que trata de explicar las características, relaciones y comportamientos sociales de hombres y mujeres en la sociedad, su origen y su evolución, destacando la existencia real del género femenino y masculino sin dominio de uno sobre el otro, sin jerarquías y sin desigualdad.”

De esta forma, la perspectiva de género es una herramienta que nos permite identificar y tener en cuenta la experiencia femenina y masculina con el fin de resaltar y erradicar las desigualdades de poder que hay entre ambos géneros.
Por otro lado, cabe señalar que la incorporación de una perspectiva de género no es un proceso que comience y termine con las mujeres, puesto que también implica eliminar todo trato discriminatorio hacia cualquier otro grupo vulnerable, como pudiesen ser homosexuales, personas transgénero, etcétera.

Según Aciprensa “La perspectiva de género emerge como una categoría de análisis de la realidad social y política a fines del Siglo XX y comienzos del Siglo XXI. De contornos difusos y ambiguos, podemos decir que, centralmente, supone una antropología que considera que lo femenino y lo masculino son dimensiones de origen cultural en el ser humano, quitando toda relevancia al dato biológico. De esta forma, la perspectiva de género sería una clave de interpretación de la sociedad que pretende discernir y denunciar los condicionamientos culturales que oprimen a la mujer y a su vez, que promueve iniciativas para liberar a la mujer de esos condicionamientos”.

A raíz del los juicios con valor mediático que estamos viendo estos meses podemos preguntarnos como aplicar la perspectiva de género en estos casos, sangrantes, en los que la victima parece salir perdiendo siempre y donde las sentencias son totalmente injustas pese a que se haya aplicado el código penal. Porqué un juez o una jueza llega a poner a violadores en la calle o a re-victimizar a la víctima en la sala.

Para Marta Lamas la mujer se ha enfrentado históricamente a una situación de desigualdad, discriminación y falta de oportunidades sumamente marcadas, acontecimientos que han tenido como resultado la lucha por la reivindicación femenina, que en consecuencia no sólo ha tenido el tardío reconocimiento de nuestros derechos, sino que también ha logrado garantizar el cumplimiento y la protección de los mismos.

Según  la Magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, Gloria Poyatos: Los jueces y juezas nacemos, nos educamos y opositamos en la misma sociedad prejuiciosa que el resto de las profesiones, pero con mayor responsabilidad porque nuestras resoluciones tienen un gran impacto en la vida de las personas.
No somos inmunes a la estereotipia y por ello no debe extrañar que los prejuicios penetren transversalmente en nuestras resoluciones dando lugar a decisiones basadas en creencias preconcebidas sobre el comportamiento “apropiado” de la mujer en cada contexto. Franquear desde la justicia estos mitos no es fácil, exige formación y capacitación para juzgar con perspectiva de género, como metodología de impartición de justicia conforme al principio pro persona. Los prejuicios predisponen a quien juzga y comprometen la imparcialidad que debe regir la actividad jurisdiccional, sobre todo, en casos de sobrecarga judicial, que facilita el camino simple y acrítico, de dar por validos los “mandatos” sociales derivados de la estereotipación. Por ello desde el Derecho Internacional se ha venido construyendo una jurisprudencia de género, en respuesta a la constatada inutilidad de las herramientas tradicionales para lograr una igualdad real y no simulada.

En el principio de igualdad no cabe mantenerse neutral porque en el momento de juzgar se parte de una posición habitualmente de desigualdad lo que perpetúa  la asimetría y la repetición de estereotipos.

 

Consulta en:

http://nomasvg.com/justicia-con-perspectiva-de-genero/

http://contrapeso.info/2013/que-es-perspectiva-de-genero/

https://gradoceroprensa.wordpress.com/2016/06/02/juzgar-con-perspectiva-de-genero/

 

Victoria Woodhull. La primera mujer candidata al presidenta en Estados Unidos.

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Woodhull nació en 1838 en Homer, Ohio, en el seno de una familia de clase baja. Su madre era vidente y su padre se dedicaba a la venta itinerante de medicinas milagrosas. A los 15 años contrajo matrimonio con el médico Canning Woodhull, con el que tuvo dos hijos.

Acabó divorciándose en 1864. A raíz de esta experiencia se convirtió en firme defensora del amor libre, y comenzó a interesarse por las ideas del pensador socialista francés Charles Fourier, que pregonaba la libertad en materia sexual. Woodhull no sólo defendió las relaciones libres entre hombres y mujeres sino que escandalizó a la sociedad de su tiempo con su propio comportamiento -el divorcio no estaba penado legalmente, pero sí socialmente-, hasta el punto de algunas malas lenguas llegaron a asegurar que ejercía la prostitución.
En 1866 volvía a casarse, esta vez con el coronel James Harvey Blood, quien también se había divorciado de su primera esposa. Este segundo matrimonio duró oficialmente diez años, aunque Victoria tuvo entre medias una relación con el anarquista Benjamin Tucker. Tras casarse con Blood, la pareja se mudó a Nueva York, donde Victoria y su hermana, Tennessee Claflin, conocieron al magnate de los negocios Cornelius Vanderbilt, que las respaldó para que fundaran Woodhull, Claflin and Company. Se convirtieron así en las primeras mujeres corredoras de bolsa de Wall Street. El New York Herald las apodó “las reinas de las finanzas”.
Con las ganancias que obtuvieron, las hermanas fundaron en 1870 el semanario Woodhull and Claflin’s Weekly, convirtiéndose también en las primeras mujeres editoras de un periódico.

Utilizaron la publicación para defender los derechos de la mujer. Victoria Woodhull predicó que “la libertad sexual es para todos, la libertad de los monógamos de practicar la monogamia, y la de los que eligen múltiples parejas de tenerlas”. No solo abogaron por la libertad sexual, también dejaron claras sus ideas en materia política al publicar la primera traducción al inglés del ‘Manifiesto Comunista’ de Marx.

Su papel como representante de los movimientos sociales por los derechos de la mujer fue muy potente, y a principios de la década de 1870, Victoria asistió en Washington a un encuentro de la ‘Asociación para el Sufragio Femenino’ (NWSA). Allí pronunció un discurso en favor del derecho al voto femenino. Al año siguiente fue elegida candidata a la presidencia por el Partido por la Igualdad de Derechos. Compitió contra el general Ulysses S. Grant, candidato republicano, y el demócrata Horace Greeley.

La candidatura de Woodhull fue duramente criticada y los medios la apodaron Señora Satán por su apoyo a la libertad sexual y el amor libre pero se convirtió, de esa manera en la primera mujer candidata a las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

07/11/2016 • Marina Segovia

Podéis leer la entrada completa en la web Mujeres a seguir:  http://www.mujeresaseguir.com/social/noticia/1101944048615/hillary-no-es-la-primera-victoria-woodhull-ya-fue-candidata-a-la-presidencia-hace-mas-de-un-siglo.1.html

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