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Daisy Zamora y tres poemas imprescindibles.

 

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Daisy Zamora es una de las voces más importantes de la poesía latinoamericana contemporánea; nació el 20 de junio de 1950 en Managua, en el seno de una familia adinerada e implicada en la política. Se recibió de psicóloga en la Universidad Centroamericana de Nicaragua; por otro lado, estudió bellas artes. Estuvo involucrada en la lucha contra la dictadura de Somoza, en los años 70, y se unió al Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1973. Su participación en la revolución la llevó a exiliarse a Honduras, Panamá y Costa Rica. Durante este difícil período, tuvo a cargo la conducción y dirección de un programa de radio clandestino; finalmente, el nuevo gobierno la nombró vice Ministra de Cultura. Ha sido siempre una férrea defensora de los derechos humanos y promotora del arte en general.
Entre sus libros de poesía en español, encontramos “En limpio se escribe la vida”, “La violenta espuma” y “A cada quien la vida”. Su obra, que también incluye ensayos y artículos periodísticos, ha sido traducida a más de 15 idiomas y le ha merecido premios como el Mariano Fiallos Gil y menciones honoríficas como Escritora del Año, de parte de la Asociación de Artistas de su país.

Fuente: Poemas del alma.

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Cuando las veo pasar

Cuando las veo pasar alguna vez me digo: qué sentirán
ellas, las que decidieron ser perfectas conservar a toda costa
sus matrimonios no importa cómo les haya resultado el marido
(parrandero mujeriego jugador pendenciero
gritón violento penqueador lunático raro algo anormal
neurótico temático de plano insoportable
dundeco mortalmente aburrido bruto insensible desaseado
ególatra ambicioso desleal politiquero ladrón traidor mentiroso
violador de las hijas verdugo de los hijos emperador de la casa
tirano en todas partes) pero ellas se aguantaron
y sólo Dios que está allá arriba sabe lo que sufrieron.

Cuando las veo pasar tan dignas y envejecidas,
los hijos las hijas ya se han ido en la casa sólo ellas han quedado
con ese hombre que alguna vez quisieron (tal vez ya se calmó
no bebe apenas habla se mantiene sentado frente al televisor
anda en chancletas bosteza se duerme ronca se levanta temprano
está achacoso cegato inofensivo casi niño) me pregunto:
¿Se atreverán a imaginarse viudas, a soñar alguna noche
que son libres
y que vuelven por fin sin culpas a la vida?

 

Mensaje urgente a mi madre

Fuimos educadas para la perfección:
para que nada fallara y se cumpliera
nuestra suerte de princesa-de-cuentos
infantiles.
¡Cómo nos esforzamos, ansiosas por demostrar
que eran ciertas las esperanzas tanto tiempo
atesoradas!
Pero envejecieron los vestidos de novia
y nuestros corazones, exhaustos,
últimos sobrevivientes de la contienda.
Hemos tirado al fondo de vetustos armarios
velos amarillentos, azahares marchitos
ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.
Perdón, madre, por las impertinencias
de gallinas viejas y copetudas
que sólo saben cacarearte bellezas
de hijas dóciles y anodinas.
Perdón, por no habernos quedado
donde nos obligaban la tradición
y el buen gusto.
Por atrevernos a ser nosotras mismas
al precio de destrozar
todos tus sueños.

 

Vuelvo a ser yo misma

Cuando entro con mis hijos a su casa, vuelvo
a ser yo misma.
Desde su mecedora ella
nos siente llegar y alza la cabeza.
La conversación no es como antes.
Ella está a punto de irse.
Pero llego a esconder mi cabeza
en su regazo, a sentarme a sus pies. Y ella me contempla
desde mi paraíso perdido
donde mi rostro era otro, que sólo ella conoce.
Rostro por instantes recuperado
cada vez más débilmente
en su iris celeste desvaído
y en sus pupilas que lo guardan ciegamente.

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El cuento de la criada. Trasfondo.

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Este jueves termina la segunda temporada de El cuento de la criada y más de una estamos aguantando la respiración.

Me he tomado la libertad de hacer una reseña, algo casi inédito en mí que no me atrevo a juzgar libros ajenos, porque creo que el libro y la serie, ambos devorados con fruición, tienen un trasfondo en el que más de una/o no ha reparado, y es que no todos llevamos las gafas moradas puestas y para muchos esto no ha dejado de ser o bien una serie de ficción  un libro distópico.

Nada más lejos.

El fondo, las entretelas de serie y libro es una distopia tan brutal, tan verosímil y tan posible que da miedo y asco a partes iguales.

Tanto el libro como la serie inducen a la reflexión, a pensar , a asfixiarnos en su atmosfera irrespirable llena de leyes retrógradas, silencios, soledades, injusticias y brutalidad.  Ambos formatos son fáciles. El libro se lee muy bien, narrado en primera persona, lleno de pensamientos que nos acercan a la vida y a la intimidad de la protagonista y con una cierta dosis de sutil sarcasmo que a veces provoca una sonrisita mal disimulada. En la serie ocurre igual. Esos pensamientos escuchados en off de la protagonista a veces sorprenden por su realismo, por su rebeldía callada, por su forma de intentar mantener la cordura en un mundo que se ha vuelto muy loco.

“Todo lo que tienes que hacer -se dice Defred- es mantener la boca cerrada y parecer estúpida. No puede ser tan difícil”

Hay que conocer el momento histórico en que fue escrito el libro y el momento en que ha sido realizada la serie para entender toda su dimensión.

Cuando Margaret Atwood lo escribió corría el año 1984 y ella vivía en Berlín Oeste. Es imposible no pensar en Orwell y en su novela. En la caída del telón de acero ya tan próxima pero teniendo en cuenta que todavía existían personas que se jugaban la vida tratando de escapar por la frontera, que eran perseguidos por perros y militares armados. Berlín estaba desabastecida.  En el 79 aconteció el accidente nuclear de Three Mile Island y faltaban tan solo dos años para el de Chernóbil… los lugares comunes del libro y la realidad son abrumadores. Es como si Margaret se hubiera inspirado en esa realidad física para situarnos en Gilead. La ficción, menos tangible, sin embargo, también es espeluznante.

“Creo en la resistencia del mismo modo que creo que no puede haber luz sin sombra o, mejor dicho, no hay sombra a menos que también haya luz.”

El cambio climático ha dejado a la mayoría de la población estéril. Los ataques terroristas sumen al país en una dictadura opresiva y paranoica. Así mismo hay un enorme vuelco hacia el fundamentalismo religioso que pretende liberarse de aquellas cosas que considera pecado convirtiendo en leyes todo aquello que no esté en las Sagradas Escrituras,  uniendo, de ese modo, lo que el estado necesita con lo que la religión exige. La sociedad esta profundamente cosificada, los habitantes son silenciosos cumplidores de su deber, sin emociones, reducidos a un engranaje social que ha perdido su humanidad. Hay enfermedades, pobreza, castigos divinos. Nuevas leyes de pureza y de sacrificio… y , como siempre cuando se habla de ello, los ojos de todas las sociedades del mundo a través de la historia miran a la mujer.

Lo que ahora tenemos asumido como libertades o derechos pasan a ser obligaciones. Las mujeres se dividen en castas, diferenciadas por estatus social y  por fertilidad. Dejan de ser libres para convertirse en lo que las mentes pensantes del movimiento quieran.  Hay esposas, criadas, Marthas, Jezabeles, Tías… todas bajo la opresión de los machos alfa, los adinerados hombres que rigen las directrices del nuevo país. La maternidad es obligatoria y se le exige a la mujer el sacrificio por el bien de la República de Gilead. Las sumisas esposas, vestidas de azul, serán las dueñas del bebé que las criadas, vestidas de rojo, alumbren. Pureza y pecado. María y Eva. El binomio favorito de las religiones monoteístas. Las tías se encargaran de los lavados de cerebro, harán de matronas, adoctrinarán en la nueva religión a las mujeres, impondrán castigos para quienes no se sometan.

“Me gustaría creer que esto no es más que un cuento que estoy contando. Necesito creerlo. Debo creerlo. Los que pueden creer que estas historias son sólo cuentos tienen mejores posibilidades”

Lo que resulta espeluznante de este relato es la certeza de que hay temas que en el fondo ya están sucediendo. Si bien la autora del libro conocía a la perfección algunas dictaduras y se basó en ellas para escribir ciertas “leyes”, como la de la maternidad obligatoria que impuso Ceaucescu en Rumanía, el resto nos ofrece temas de candente actualidad: los vientres de alquiler, las mujeres como puro objeto, las violaciones o la imposición social. Estos temas de por sí ya merecerían un trato aparte aunque no tal vez en este artículo. Todos quienes han hecho una reseña del libro o la serie lo han recalcado pero yo quiero ir a unos conceptos que tal vez puedan pasar más desapercibidos.

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Las mujeres son violadas una vez al mes para tratar de concebir un hijo para la pareja estéril y de clase acomodada. Su labor es solo la de ser una vasija, un útero que conciba, geste y alumbre. ¿De qué me suena eso?

Uno es el ecologismo. Todo este deterioro social y la infertilidad es producido por el cambio climático. En el libro las personas a las que no se les puede dar utilidad en la sociedad que pretenden construir son enviados a las colonias, auténticos campos de concentración en los que trabajan para limpiar el país de residuos tóxicos y que suponen la muerte segura en un plazo corto de tiempo. El plantearnos qué estamos haciendo con nuestro planeta y no saber las consecuencias de ello es algo en lo que habría que recapacitar.

Otro punto de vista que me gustaría recalcar es la imposición de miedo, los mecanismos en los que muchos políticos, de hoy y de siempre, se basan para ganar adeptos y hacer leyes que coartan las libertades. Quienes vimos caer en directo las Torres Gemelas somos testigos de como el caos y la sinrazón se puede apoderar del pensamiento de las personas a través de estos mecanismos. De ahí a la xenofobia, al racismo, a la discriminación y a las leyes que coartan la libertad en pos de la seguridad hay solo un paso.

Aprendimos a susurrar casi sin hacer ruido…Aprendimos a leer el movimiento de los labios: con la cabeza pegada a la cama, tendidas de costado, nos observábamos mutuamente.

Y el último es la forma en que el capitalismo y el patriarcado de Gilead consigue enfrentar a las mujeres entre sí para conseguir sus objetivos. Algo que sucede hoy mismo. La gran victoria de este tipo de hombres es lograr que sean las mujeres las que pongan en funcionamiento y obliguen a cumplir las leyes por ellos diseñadas. Son las mismas mujeres las que someten a otras, las que las castigan, las que apedrean a las rebeldes, las que se vigilan, las que se echan culpas unas a otras consiguiendo que las victimas estén de esa forma del lado del opresor… nada de sororidad.  Tanto en el libro como en la serie y en la vida real, el mayor triunfo del machismo es poner a las mujeres unas contra otras.

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El círculo de la culpa. Una mujeres acusan a otras del pecado cometido, la juzgan como culpable y posteriormente también son las mujeres quienes la castigan. El mayor triunfo del patriarcado, tener de su parte a las propias víctimas defendiendo el sistema.

 

Desde mi opinión personal todos deberíamos ver la serie o el leer el libro. Algunos harán como yo las dos cosas. Y cuando lo hagamos deberemos tener la mente en la ficción y los pies en la tierra para poder darnos cuenta de que muchas de las cosas que parecen ficción pueden ser reales, de hecho lo son en muchos lugares y por eso es más terrible e impresiona más todavía, porque como bien dice la tía Lidia “Ahora mismo esto no os parece lo normal, pero dentro de un tiempo lo será”, como si esa frase y esos acontecimientos fueran el presagio de un futuro cercano e inminente.

 

 

 

 

 

Perspectiva de género.

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Estos días, a raíz de los juicios y de los casos que abarrotan los juzgados así como por las sentencias polémicas en las que las mujeres nos sentimos poco menos que ninguneadas o discriminadas por la ley, hemos oído cientos de veces este concepto, aunque no siempre sabemos interpretarlo.

La perspectiva de género es un mecanismo  de análisis mediante el cual se trata de explicar la desigualdad y la inequidad entre hombres y mujeres.

Consiste en un enfoque de las situaciones teniendo en cuenta la diversidad de los modos en que se representan las relaciones de género en la sociedad entendiendo la identidad de género de unos y otros.

Para Marcela Lagarde: “Esta perspectiva reconoce la diversidad de géneros y la existencia de las mujeres y los hombres, como un principio esencial en la construcción de una humanidad diversa y democrática. La perspectiva de género permite analizar y comprender las características que definen a las mujeres y a los hombres de manera específica, así como sus semejanzas y diferencias. Esta perspectiva analiza las posibilidades vitales de las mujeres y los hombres; el sentido de sus vidas, sus expectativas y oportunidades, las complejas y diversas relaciones sociales que se dan entre ambos géneros, así como los conflictos institucionales y cotidianos que deben enfrentar y las maneras en que lo hacen.”

Según Juana Camargo la perspectiva de género “establece una teoría que trata de explicar las características, relaciones y comportamientos sociales de hombres y mujeres en la sociedad, su origen y su evolución, destacando la existencia real del género femenino y masculino sin dominio de uno sobre el otro, sin jerarquías y sin desigualdad.”

De esta forma, la perspectiva de género es una herramienta que nos permite identificar y tener en cuenta la experiencia femenina y masculina con el fin de resaltar y erradicar las desigualdades de poder que hay entre ambos géneros.
Por otro lado, cabe señalar que la incorporación de una perspectiva de género no es un proceso que comience y termine con las mujeres, puesto que también implica eliminar todo trato discriminatorio hacia cualquier otro grupo vulnerable, como pudiesen ser homosexuales, personas transgénero, etcétera.

Según Aciprensa “La perspectiva de género emerge como una categoría de análisis de la realidad social y política a fines del Siglo XX y comienzos del Siglo XXI. De contornos difusos y ambiguos, podemos decir que, centralmente, supone una antropología que considera que lo femenino y lo masculino son dimensiones de origen cultural en el ser humano, quitando toda relevancia al dato biológico. De esta forma, la perspectiva de género sería una clave de interpretación de la sociedad que pretende discernir y denunciar los condicionamientos culturales que oprimen a la mujer y a su vez, que promueve iniciativas para liberar a la mujer de esos condicionamientos”.

A raíz del los juicios con valor mediático que estamos viendo estos meses podemos preguntarnos como aplicar la perspectiva de género en estos casos, sangrantes, en los que la victima parece salir perdiendo siempre y donde las sentencias son totalmente injustas pese a que se haya aplicado el código penal. Porqué un juez o una jueza llega a poner a violadores en la calle o a re-victimizar a la víctima en la sala.

Para Marta Lamas la mujer se ha enfrentado históricamente a una situación de desigualdad, discriminación y falta de oportunidades sumamente marcadas, acontecimientos que han tenido como resultado la lucha por la reivindicación femenina, que en consecuencia no sólo ha tenido el tardío reconocimiento de nuestros derechos, sino que también ha logrado garantizar el cumplimiento y la protección de los mismos.

Según  la Magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, Gloria Poyatos: Los jueces y juezas nacemos, nos educamos y opositamos en la misma sociedad prejuiciosa que el resto de las profesiones, pero con mayor responsabilidad porque nuestras resoluciones tienen un gran impacto en la vida de las personas.
No somos inmunes a la estereotipia y por ello no debe extrañar que los prejuicios penetren transversalmente en nuestras resoluciones dando lugar a decisiones basadas en creencias preconcebidas sobre el comportamiento “apropiado” de la mujer en cada contexto. Franquear desde la justicia estos mitos no es fácil, exige formación y capacitación para juzgar con perspectiva de género, como metodología de impartición de justicia conforme al principio pro persona. Los prejuicios predisponen a quien juzga y comprometen la imparcialidad que debe regir la actividad jurisdiccional, sobre todo, en casos de sobrecarga judicial, que facilita el camino simple y acrítico, de dar por validos los “mandatos” sociales derivados de la estereotipación. Por ello desde el Derecho Internacional se ha venido construyendo una jurisprudencia de género, en respuesta a la constatada inutilidad de las herramientas tradicionales para lograr una igualdad real y no simulada.

En el principio de igualdad no cabe mantenerse neutral porque en el momento de juzgar se parte de una posición habitualmente de desigualdad lo que perpetúa  la asimetría y la repetición de estereotipos.

 

Consulta en:

http://nomasvg.com/justicia-con-perspectiva-de-genero/

http://contrapeso.info/2013/que-es-perspectiva-de-genero/

https://gradoceroprensa.wordpress.com/2016/06/02/juzgar-con-perspectiva-de-genero/

 

Victoria Woodhull. La primera mujer candidata al presidenta en Estados Unidos.

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Woodhull nació en 1838 en Homer, Ohio, en el seno de una familia de clase baja. Su madre era vidente y su padre se dedicaba a la venta itinerante de medicinas milagrosas. A los 15 años contrajo matrimonio con el médico Canning Woodhull, con el que tuvo dos hijos.

Acabó divorciándose en 1864. A raíz de esta experiencia se convirtió en firme defensora del amor libre, y comenzó a interesarse por las ideas del pensador socialista francés Charles Fourier, que pregonaba la libertad en materia sexual. Woodhull no sólo defendió las relaciones libres entre hombres y mujeres sino que escandalizó a la sociedad de su tiempo con su propio comportamiento -el divorcio no estaba penado legalmente, pero sí socialmente-, hasta el punto de algunas malas lenguas llegaron a asegurar que ejercía la prostitución.
En 1866 volvía a casarse, esta vez con el coronel James Harvey Blood, quien también se había divorciado de su primera esposa. Este segundo matrimonio duró oficialmente diez años, aunque Victoria tuvo entre medias una relación con el anarquista Benjamin Tucker. Tras casarse con Blood, la pareja se mudó a Nueva York, donde Victoria y su hermana, Tennessee Claflin, conocieron al magnate de los negocios Cornelius Vanderbilt, que las respaldó para que fundaran Woodhull, Claflin and Company. Se convirtieron así en las primeras mujeres corredoras de bolsa de Wall Street. El New York Herald las apodó “las reinas de las finanzas”.
Con las ganancias que obtuvieron, las hermanas fundaron en 1870 el semanario Woodhull and Claflin’s Weekly, convirtiéndose también en las primeras mujeres editoras de un periódico.

Utilizaron la publicación para defender los derechos de la mujer. Victoria Woodhull predicó que “la libertad sexual es para todos, la libertad de los monógamos de practicar la monogamia, y la de los que eligen múltiples parejas de tenerlas”. No solo abogaron por la libertad sexual, también dejaron claras sus ideas en materia política al publicar la primera traducción al inglés del ‘Manifiesto Comunista’ de Marx.

Su papel como representante de los movimientos sociales por los derechos de la mujer fue muy potente, y a principios de la década de 1870, Victoria asistió en Washington a un encuentro de la ‘Asociación para el Sufragio Femenino’ (NWSA). Allí pronunció un discurso en favor del derecho al voto femenino. Al año siguiente fue elegida candidata a la presidencia por el Partido por la Igualdad de Derechos. Compitió contra el general Ulysses S. Grant, candidato republicano, y el demócrata Horace Greeley.

La candidatura de Woodhull fue duramente criticada y los medios la apodaron Señora Satán por su apoyo a la libertad sexual y el amor libre pero se convirtió, de esa manera en la primera mujer candidata a las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

07/11/2016 • Marina Segovia

Podéis leer la entrada completa en la web Mujeres a seguir:  http://www.mujeresaseguir.com/social/noticia/1101944048615/hillary-no-es-la-primera-victoria-woodhull-ya-fue-candidata-a-la-presidencia-hace-mas-de-un-siglo.1.html

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Charla sobre el sufragismo. Parte II. El sufragio en España.

El caso del sufragismo en España es muy distinto al caso de las sufragistas europeas o norteamericanas y el feminismo español tiene un retraso de casi veinte años al igual que en casi todos los niveles sociales. No hubo un movimiento feminista o sufragista claro, con líderes que fueran capaces de sacar a miles de mujeres a protestar a las calles.

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Carmen de Burgos, la famosa Colombine o Perico de los palotes, usaba seudónimos para poder publicar sus artículos.

Carmen de Burgos, periodista, la primera corresponsal de guerra mujer y partidaria del matrimonio civil, el divorcio y el voto femenino, dijo que «mientras las inglesas luchan denodadamente por sus ideales cívicos, mientras las rusas saben morir protestando de la tiranía, las españolas permanecemos indiferentes a todo».

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Margarita Nelken

Margarita Nelken, escritora de ensayos, activista, politica y diputada en las cortes durante la II República, con gran ironía, constata que “la mayoría de las mujeres españolas son antifeministas: lo son al modo de los campesinos prusianos que, en 1807, al anuncio de la emancipación de los siervos, lloraban a voz en grito por su esclavitud perdida y se asustaban de una libertad que los dejaba sin amparo de nadie”.
Son varios los puntos en que se notan esas diferencias y son muy claras las razones.
Una de las principales razones era el medio rural en que estaba inmerso todo el país. Así como el reclamo de derechos en Inglaterra había nacido casi a la par de la revolución industrial y de los trabajos en fábricas, en España eso apenas existía salvo en las grandes ciudades, con lo cual la mujer española estaba muy lejos de ocupar cualquier posición social, incluso la obrera. La mayor parte de los ciudadanos vivían en medios rurales en donde no llegaban los vientos de modernidad o de pensamiento, donde las costumbres estaban mucho más arraigadas y donde apenas se tenia una conciencia de clase obrera sobre la cual reclamar cualquier derecho fundamental.
Por ejemplo, los hombres de clase obrera británica obtuvieron el voto en 1867, mientras que en España no lo lograron hasta 1890, lo que lleva a un desfase de casi veinte años en la obtención del voto, si no de forma universal, al menos sí para todas las clases sociales.
Una razón de mucho peso es la religión católica que tenía a las mujeres recluidas en misa, con una moral férrea y cerrada a cualquier avance o modernidad, basada en el patriarcado y en la supremacía y dominación del hombre, en la que, la mujer, es un sujeto pasivo, cuando no un simple objeto, guardiana de la moral, las buenas costumbres y se le exige que sea sumisa y resignada.

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María Lejárraga

María Lejárraga dijo sobre este tema: «Las mujeres callan, porque aleccionadas por la religión, amparada de toda autoridad constituida y regida por hombres, creen firmemente que la resignación es la virtud; callan por miedo a la violencia del hombre; callan por costumbre de sumisión; callan, en una palabra, porque en fuerza de siglos de esclavitud han llegado a tener alma de esclavas»
Otra razón principal es la analfabetización de toda la población. En concreto, más del 70% de las mujeres eran analfabetas. Así como la protagonista de la película que visteis el otro día era capaz de leer un periódico y escribir una carta, en España eso era algo impensable solo al alcance de las mujeres de clase alta y de la burguesía.
Precisamente la necesidad de educar a la mujer es el motor de arranque del feminismo y sufragismo español.
A finales del s.XIX se crean instituciones como la Escuela de Institutrices o la Asociación para la enseñanza de la mujer, que tratan de formar e incorporar trabajadoras al mundo laboral.
Los Congresos Pedagógicos organizan charlas que abordan el tema de la educación femenina partiendo aún de la premisa de que la mujer necesita una formación distinta a la del hombre y que no cuestionara, de por sí, la superioridad intelectual de éste.
Teniendo en cuenta esto y que el sufragio masculino recién aprobado era una especie de farsa entre la clase obrera que votaba lo que el cacique de turno proponía, pensar en el voto femenino parecía lo menos urgente.
Las mujeres con medios económicos o con un ambiente familiar más liberal son las que poco a poco van sembrando la semilla que luego brotará en el s. XX.
Para poder ver esta evolución silenciosa, he escogido a algunas de las mujeres más visibles del movimiento feminista y sufragista español, unas más conocidas que otras.

 

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Concepción Arenal, considerada la madre del feminismo en España.

Concepción Arenal
Escritora e incansable defensora de los derechos de la mujer, fue olvidada por la historia durante muchos años.
Adelantada a su época quiso estudiar leyes y política en un momento en que la mujer no tenía acceso a estudios superiores.
Al morir su madre y su abuela, que querían para ella la educación conservadora de las mujeres de su época, se encontró con libertad y con una herencia que le permitió dedicarse a lo que de verdad ella quería: el estudio de la abogacía.
Se traslada a Madrid donde comienza a acudir a clases de leyes en la universidad disfrazada de hombre, aunque nunca le dieron el título universitario.
Allí conoció al que luego fue su marido, Fernando García Carrasco, que la apoyaba en sus estudios y con el que acudía a las famosas tertulias literarias de Madrid disfrazada de hombre y en cuyo periódico comenzó a publicar sus primeros artículos periodísticos y de opinión política y sus primeras obras literarias, aunque bien sin firma o bien con la firma de su marido.
Si se hubiera sabido que los escribía una mujer, hubieran quedado invalidados por completo.
Al enviudar sigue escribiendo y trabajando en el periódico pero al salir la nueva ley de imprenta en 1885 que obligaba a que todos los artículos fueran firmados, y pese a que todos sabían que era ella quien los escribía, es despedida.
Al ver que, por el hecho de ser mujer, no puede ni estudiar, ni escribir ni publicar absolutamente nada, Concepción toma conciencia de la poca valía de la mujer en la sociedad y de su nula representación comenzando de esa forma su lucha por la defensa de su género y por la obtención de sus derechos.
Comienza a escribir ensayo, novela, a ser traducida a distintos idiomas y comienza a recibir premios aunque tenía que firmar con el nombre de su hijo que tenía tan solo 10 años.
En 1869 escribe la que es considerada su primera obra feminista La mujer del porvenir, en la que reivindicaba el papel de la mujer en la sociedad actual. En el libro analiza la manera en que se trata a la mujer del momento, tanto física como psíquicamente, defendiendo la idea de que la mujer no solo debe ser tratada como madre y esposa, sino que debe estudiar, fomentar el intelecto y está capacitada para trabajar. Habla también del importante papel de la mujer soltera, muy mal vista en la sociedad de la época, y la defiende.
Solicita además, que la mujer pueda tener todos los derechos civiles en igualdad al hombre.
A los 44 años recibe el título de Visitadora de prisiones, convirtiéndose en la primera mujer en ostentar un cargo público administrativo. De ella es la famosa frase: “Abrid escuelas y se cerrarán cárceles.”
Sus obras completas, que versan sobre distintos temas, las presas y su educación, la igualdad de la mujer y sobre sus derechos ocupan 23 volúmenes completos.
Se la considera la precursora del feminismo en España y la mujer que sentó sus bases.

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Emilia Pardo Bazán, la gran naturalista de nuestras letras.

Emilia Pardo Bazán fue una aristócrata gallega y una de las plumas femeninas más destacadas y aclamadas.
Emilia ofrece una especie de contradicción: por un lado era conservadora, católica, cercana al carlismo y “bienpensante” pero al mismo tiempo fue una gran defensora de los derechos de la mujer y se la considera, junto a Concepción Arenal, la precursora del feminismo en España.
Viajera incansable y prolífica escritora, se codeo con escritores de la talla de Zola o de Víctor Hugo y fue la impulsora del Naturalismo en nuestro país con Obras como Los pazos de Ulloa, Insolación, o Morriña, evolucionando posteriormente a una mayor espiritualidad en sus textos.
Pese a tocar distintos argumentos en sus libros, nunca dejó de lado la “cuestión femenina”.
Reivindicó la educación para la mujer y el trabajo en igualdad de condiciones, defendió el divorcio, el voto y la igualdad total entre ambos sexos.
Participó en varios Congresos Pedagógicos y trató de entrar en la Real Academia Española de las letras, algo que le fue denegado precisamente por ser mujer.
Sus libros más feministas son: “Una opinión sobre la mujer”, “La educación del hombre” y sobre todo “La mujer española”.

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Imagen de Teresa Claramunt en un mitin político. Fue sindicalista en las fábricas textiles de Barcelona.

Teresa Claramunt fue una dirigente anarcosindicalista considerada una gran líder en sus tiempos, una de las más brillantes oradoras y una de las primeras mujeres que abogaron por los derechos de la mujer y los derechos de los trabajadores.
Tuvo una educación básica, como era costumbre en la clase obrera, pero ella, que era una mujer de mucho carácter, se empeñó en seguir estudiando.
Teresa vivió en la época de la Revolución Industrial en Cataluña, marcadamente capitalista donde los ricos eran cada vez más ricos y la clase obrera vivía en la miseria: jornadas laborales sin límite de horas, sin seguros de ningún tipo, sin subsidios y en precariedad.
Los niños y las mujeres aún trabajaban más horas y cobraban menos que los hombres.
La mayor parte de su lucha se desarrolló en las fábricas textiles de Sabadell y Cataluña, que era el sector en el que ella trabajaba.
En 1882 impulsó, junto a Ángeles López de Ayala y Amalia Domingo la primera sociedad feminista de España.
Fue una de las líderes de las huelgas de 1883 que reivindicaba una jornada laboral de 8 horas, algo que hoy damos por hecho.
Se convirtió en líder destacada del anarquismo y era detenida de forma constante hasta tal punto que en uno de sus encarcelamientos sufrió torturas y fue tan brutalmente golpeada que le quedaron secuelas físicas de por vida.
Fue desterrada a Inglaterra hasta 1898 y cuando volvió fundó la revista “El productor” y siguió colaborando con otras revistas y semanarios.
Se alejó de la política por una parálisis y murió en Abril de 1931. Republicana convencida, por paradojas de la vida, fue enterrada el 14 de Abril, el día que se proclamó la II República.

angeles de ayala - nina peña - sufragismo -españa
Hay tanta documentación que no puede ser recuperada… Esta imagen, en teoría, es de Ángeles de Ayala aunque hay medios en que aparece como Amalia Domingo Soler. Ambas trabajaron juntas.

Ángeles López de Ayala
Fue una de las más activas feministas españolas y también de las más desconocidas.
Por circunstancias familiares ingresó en un convento, pero al darse cuenta de su nula vocación, colgó los hábitos de novicia y tomó la decisión de vivir de forma independiente.
Tenía 17 años cuando escribió su primer libro “Los terremotos de Andalucía o Justicia de Dios”
Se distinguió por su anti-monarquía lo que le valió su primer arresto.
Se traslado a Barcelona y desde allí, durante más de treinta años, luchó por la emancipación de la mujer; escribía artículos, promovía asociaciones, organizaciones, escribió distintas obras literarias, y organizó acciones y manifestaciones feministas al más puro estilo sufragista.
Creó la escuela laica nocturna para mujeres trabajadoras y junto a Teresa Claramunt y Amalia Domingo promovió la Sociedad Autónoma e mujeres de Barcelona.
Su labor periodística y literaria le valió varias detenciones e incluso la cárcel.
Ángeles tiene el honor de ser la impulsora de la primera manifestación feminista de España el 10 de julio de 1910.

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Manifestación de mujeres republicanas en 1934

En los años 30 hubo un movimiento cultural de mujeres que abogaban por la igualdad y que la posterior guerra civil y la dictadura dejó a un lado como Zenobia Campubrí, traductora de Tagore y eclipsada por su marido Juan Ramón Jiménez. Federica Montseny foto, política feminista y de izquierdas, María Espinosa,  María Echarri  feminista católica y conservadora. Teresa de León,  escritora de novela, ensayo y teatro que fue más conocida por ser la mujer de Alberti y por tratar de poner a salvo durante la guerra los cuadros del Prado, Josefina Caravias la primera mujer locutora de radio, María de Maetzu,  directora de la residencia para señoritas en Madrid y fundadora del Lyceum, uno de los clubes culturales y divulgativos femeninos más importantes de España.

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María de Maetzu
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Zenobia Campubrí
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Federica Montseny
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María Teresa de León

Todas ellas apostaban por la igualdad, por la educación, por la emancipación de la mujer y por supuesto apoyaban el sufragio femenino.
No fue hasta la llegada de la II República que la mujer conquistó el derecho al sufragio además de acceder a una mayor educación e incluso a una educación superior en la Escuela libre de enseñanza donde se equiparó el titulo de magisterio como carrera universitaria.
Pero si hay dos mujeres que han pasado a la historia por lograr el voto femenino en España son sin duda Victoria Kent y Clara Campoamor. La vida de ellas es bastante conocida, quizá son las más visibles y las que mayor reconocimiento público han tenido a veces de forma injusta.
Basta con decir que sus vidas tienen cierto paralelismo: ambas son abogadas, ambas son feministas y ambas lucharon por el sufragio femenino aunque de distinta forma.

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Victoria Kent

Victoria Kent estaba afiliada al partido socialista, estudió magisterio y abogacía residiendo en la famosa residencia para estudiantes de Madrid que dirigía María de Maetzu, se licenció en 1924 y se colegió en 1925, fue la primera mujer en abrir un bufete de abogados, en formar parte de tribunales europeos como el de Ginebra y durante la república fue directora general de Prisiones con el gobierno de Alcalá Zamora, siguiendo la labor de mejora comenzada por Concepción Arenal.
Fue ministra sin cartera del gobierno en el exilio y Franco la condenó a 30 años de cárcel aunque ella estaba ya fuera de España, exiliada en Francia y más tarde en NY.

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Clara Campoamor

Clara Campoamor tuvo que trabajar de costurera y dejar los estudios para ayudar a la economía familiar, pero siguió estudiando de forma autodidacta y se presentó a oposiciones logrando un puesto como auxiliar de telégrafos.
En 1914 volvió a Madrid con una plaza de profesora de taquigrafía y mecanografía. Siguió estudiando y trabajando para poder pagarse los estudios de abogada hasta licenciarse en 1924.
Junto a Victoria Kent fueron las dos primeras mujeres en ser abogadas y en colegiarse y además Clara fue la primera mujer en intervenir en el Tribunal Supremo, algo muy sonado en su época.
Aunque se consideraba socialista nunca se afilió al PSOE porque no le perdonó su colaboración con la dictadura de Primo de Rivera, que le propuso ocupar un cargo que ella, por conciencia, no aceptó.
Afiliada al Partido Republicano Radical de Lerroux fue diputada en las cortes entre 1931 y 1933, colaborando en la elaboración de la constitución.
Ambas luchaban por los derechos de las mujeres, por la no discriminación de sexos, por la igualdad jurídica de los hijos dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y sobre todo el voto femenino.

ANTECEDENTES
El articulo número 43, en el capítulo referido a la familia, donde se eliminan una vez más los privilegios por distinción del sexo: «El matrimonio se funda en la igualdad de derechos para ambos sexos», dándole un carácter netamente jurídico a dicha institución y poniéndola bajo potestad de la República. Tratándose de un tema de concesión y ampliación de derechos y no, por la contra, de restricción o limitación de los mismos, podría pensarse que la medida establecida por el artículo 36 no tuvo que superar obstáculo alguno. Es más, lo suscitado en torno al sufragio femenino dio lugar a una las batallas más recordadas de la historia parlamentaria española, de la cual fueron protagonistas estas dos eminentes mujeres.
Entre 1907 y 1908, con Antonio Maura como Presidente de Gobierno, durante la discusión sobre la reforma de la Ley Electoral, se presentaron dos enmiendas que abogaban por la concesión del voto a la mujer. Eran aún muy limitadas, pues restringían el derecho a casos particulares, como las viudas que hacían las veces de cabeza de familia y pagaban impuestos. Huelga decir que las enmiendas no prosperaron
En abril de 1924, Miguel Primo de Rivera promulga un Decreto Real, firmado por él como Presidente del Directorio Militar y por Alfonso XIII, según el cual otorgaba el derecho a voto a la mujer. El documento presentaba ciertas restricciones, ya que ni la mujer casada ni la mujer prostituta podrían tomar parte en la política. Así, «el sueño por el que tanto habían tenido que luchar las mujeres inglesas y americanas (…), se consiguió en España de manera inesperada», como escribió Rosa Capel.
Esto no fue sino una maniobra de cara a ganar votos que presuponían conservadores, dada la vinculación de la mujer con la iglesia.
El Directorio Militar pasa, en 1925, a ser un Directorio Civil, con vistas a convocar una Asamblea Nacional que elaborase un nuevo texto constitucional. En ella se contaban trece mujeres, de diversas tendencias ideológicas y variadas profesiones (maestras, catedráticas o licenciadas en derecho). Este fue el saldo final de las acciones del feminismo español a lo largo de la década.
La mujer, aun mínimamente, estaba dentro del sistema político y contaba con asientos en la Asamblea, desde donde podía al menos hacerse oír. Y un dictador –paradojas de la historia- había sido el responsable de otorgarles la posibilidad beligerancia política, a pesar de las considerables limitaciones ya apuntadas.
Aunque los comicios nunca llegaron a celebrarse por tanto a mujer no llegó a votar.

HACIENDO HISTORIA
El 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República española.
Se enfrentaron en el congreso y sus discursos abogando a favor y en contra del voto femenino han pasado a la historia, sobre todo el de Campoamor, como los mejores discursos e intervenciones, respondiéndose una a otra, que se han dado en las Cortes, algo impensable en este momento actual con los políticos que nos han tocado en suerte.

Victoria Kent rechazó la concesión del sufragio femenino. En su opinión, las mujeres todavía no estaban preparadas para asumir el derecho de voto, y su ejercicio siempre sería en beneficio de las fuerzas más conservadoras y, por consecuencia, más partidarias de mantener a la mujer en su tradicional situación de subordinación.

Clara Campoamor, asumió una apasionada defensa del derecho de sufragio femenino. Argumentó en las Cortes Constituyentes que los derechos del individuo exigían un tratamiento legal igualitario para hombres y mujeres y que, por ello, los principios democráticos debían garantizar la redacción de una Constitución republicana basada en la igualdad y en la eliminación de cualquier discriminación de sexo.
Al final triunfaron las tesis sufragistas por 161 votos a favor y 121 en contra y supuso un enorme avance en la lucha por los derechos de la mujer. Las mujeres pudieron votar en los comicios de 1933.

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Mujeres votando y en la mesa electoral. 5 de noviembre de 1933

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5 de noviembre de 1933. primeras elecciones con voto femenino.
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Exquisita foto del sufragio femenino en un medio rural. 5 de noviembre de 1933.

 

 

Charla sobre el sufragismo. Parte I. Las suffragettes.

En primer lugar cabría decir que cuando hablamos de sufragistas no siempre estamos hablando de mujeres feministas, liberales o progresistas.
El movimiento feminista agrupa a tantos modelos de feminismo como mujeres hay, se puede decir que es un movimiento personal y social al mismo tiempo, y que en el pensamiento de cada una se deconstruye ese feminismo según sus propias experiencias personales, su nivel cultural, el medio en el que se desenvuelven, nivel económico, cultura y tradiciones de cada país, creencias religiosas…
El feminismo es un movimiento vivo en constante evolución, mientras que el sufragismo pertenece a un momento histórico concreto en el que se luchaba por un derecho concreto y que una vez conseguido pareció desinflarse en muchos de los países que tan arduamente habían peleado por él. Sería el caso de Inglaterra y de las Suffragettes.
En otros lugares, pese a obtener el derecho al voto, el feminismo, aliado de otros movimientos como el abolicionismo en Estados Unidos, siguió su curso con peticiones sociales o en el caso de algunos países europeos, asociado a movimientos sindicalistas y políticos más progresistas, continuó con la labor de pedir una igualdad de derechos más allá del derecho al voto.
Por eso, creo yo, que es importante hablar de sufragismo y no de feminismo, saber diferenciar las dos cosas y tener, meridianamente claro, que muchas sufragistas no eran mujeres de clase obrera e incluso eran políticamente conservadoras, y para ellas el sufragio respondía más a una necesidad concreta que les proporcionaba estabilidad e independencia económica frente al hombre.

 

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Sufragistas desfilando en Nueva York, año 1915

La imagen que tenemos de las sufragistas, cambia mucho de un país a otro, de hecho, apenas conocemos a mujeres sufragistas españolas y es que aquí, al contrario que en otros países, el sufragismo tenía una escasa o nula repercusión social, mientras que tanto en películas como documentales, nos han llenado las retinas de mujeres desfilado, con bandas sobre trajes impecables de color malva, pidiendo el voto en las grandes ciudades como Londres o Nueva York.
Hoy, además de hablar del movimiento sufragista más conocido y que es el que visteis en la proyección de cine, quiero también hablar de cómo fue el movimiento en España, de las diferencias que han existido y de por qué ese movimiento aquí apenas tuvo eco. Ya sabemos que, como en todo, España es diferente…
Podemos hablar, para comenzar, de la diferencia entre los términos Sufragista y Suffragette. De acuerdo con el Oxford English Dictionary, el termino Suffragette fue acuñado por el Daily Mail en 1906, como forma despreciativa de distinguir ente las suffragettes y las sufragistas más moderadas. En este sentido se refiere más específicamente a una militante de la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU), una organización fundada en el Reino Unido en 1903 por Emmeline Pankhurst, partidaria de la acción directa —reuniones públicas y marchas de protesta— que nace como escisión de, y en contraposición al, sector sufragista británico moderado —formado tanto por mujeres como por hombres—, agrupado sobre todo en la Unión Nacional de Sociedades de Sufragio Femenino (NUWSS), creada en 1897 y liderada por Millicent Garret Fawcett, dedicada a la convocatoria de campañas y mítines dentro de la más estricta legalidad.
Durante más de 50 años se había tratado de conseguir el voto para las mujeres presentando proyectos en el parlamento, como por ejemplo hizo John Stuart Mill en 1866, y uno tras otro dieron los mismos resultados con lo cual Emmeline Pankhurts decidió que ya era hora de pasar a una militancia más activa. Para ello creó el famoso lema de las sufragistas “Hechos, no palabras”
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En noviembre de 1911 tras una violenta carga policial en una manifestación murieron dos mujeres y ese hecho fue el que marcó un giro que se tornó cada vez más violento como forma de protesta.

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Emmeline Pankhurts

Las mujeres lideradas por Pankhurts pasaron de acudir a manifestaciones y mítines a una práctica mucho más violenta, lo que hoy llamaríamos, tener una postura radical: quemaban buzones de correos, rompían escaparates de comercios en la famosa Oxford Street, rompian ventanas de los domicilios particulares de los diputados y llegaron a incendiar la casa de campo el primer ministro británico.

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Emmeline Pankhurts detenida al tratar de entregarle una carta al rey Jorge V

Al mismo tiempo que las mujeres crecían en su “radicalización” se extremaba también la represión que comenzaron a sufrir. Se generalizaron los encarcelamientos —entre 1905 y 1913 se encarcelaron a unas 1100 suffragettes.

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Detención de Annie Kenney

 

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Annie Kennie y Christabel Pankhurts pintando carteles para una manifestación

En 1905, Christabel y Annie Kenney fueron arrestadas por haber gritado consignas en favor del voto femenino, en oportunidad de una reunión política del Partido Liberal, y en esa oportunidad eligieron la cárcel en lugar de pagar una multa. Ello fue el comienzo de una serie de detenciones y encarcelaciones, lo que en líneas generales despertó simpatías y adhesiones en relación con las suffragettes. Ellas, se orientaron a quebrar y ridiculizar a las instituciones que simbolizaban la supremacía masculina y las prerrogativas exclusivas de los hombres, como por ejemplo, un terreno de golf únicamente reservado a varones, o una iglesia, etc.

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Emmeline y Cristabel en la cárcel

 

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Suffragettes en la cárcel

A partir de 1909, como refuerzo a la protesta desde la cárcel, se implantó una estrategia de huelgas de hambre entre las suffragettes encarceladas, «obligando» así al Gobierno británico a imponer la muy controvertida práctica de la alimentación forzada hasta aprobar en 1913 la Prisoners (Temporary Discharge for Ill Health) Act, que consistió en arrestarlas, hacerles pagar una multa y soltarlas cuando estaban debilitadas por el hambre, para volverlas a arrestar, lo que ellas llamaron la estrategia del gato y el ratón.

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Alimentación forzada por sonda nasal en la cárcel

 

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Alimentación forzada por sonda nasal

Como contrapunto a esta militancia tan revolucionaria, las mujeres de Unión Nacional de Sociedades de Sufragio Femenino, liderada por Millicent Garret, no practicaban ninguna violencia pero se negaban a para impuestos y organizaban mítines públicos. Estas sufragistas eran más mesuradas, prudentes, preferían avanzar poco a poco en sus reivindicaciones y siempre por métodos legales, y trataban mucho más de convencer que de imponer; además, en las organizaciones que formaron también aceptaban hombres.

En 1913, tuvo lugar un hecho que sin duda recordareis de la película y que fue muy importante en la historia del feminismo británico, la muerte de Emily Davison. Siguiendo con la premisa de boicotear instituciones típicamente masculinas, Emily acudió al hipódromo de Epsom y trató de ponerle la bandera del partido al caballo de rey, Jorge V, siendo arrollada inmediatamente en medio de la carrera.

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Emiliy Davison, quien ha sido considerada una de las primeras mártires del feminismo.

Las imágenes de Emily pisoteada por el caballo dieron la vuelta al mundo ya que se daba la casualidad de que esa carrera estaba siendo grabada para el “Nodo británico” por la productora Pathé, con lo cual ahora podemos verlo documentado y completo en YouTube.

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Emily Davison siendo arrollada por el caballo del rey Jorge V en el hipódromo de Epsom
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Entierro de Emily Davison

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El entierro de Emily, que moriría dos días después, fue un acto multitudinario que la convirtió en mártir del sufragismo, y por ende, del feminismo.
Al estallar la I Guerra Mundial, el rey Jorge V, amnistía a todas las sufragistas y les pide que recluten voluntarias para ocupar los puestos que han dejado vacantes los hombres.
Los dos grupos sufragistas obedecen al rey pero a cambio exigieron el reconocimiento del mismo salario para el mismo trabajo, una semana laboral de 48 horas, aumento de las inspectoras en las fábricas de mujeres, subvención por maternidad, hogares para las trabajadoras, una reforma en la educación técnica y por supuesto el voto.

El 28 de mayo de 1917 se aprobó el voto para las mujeres mayores de 30 años siempre que tuvieran propiedades o fueran cabeza de familia, fueran mujeres universitarias o aquellas que tuvieran una renta anual superior a 5 libras.
En 1928, o sea diez años más tarde, el estatus de electora cambió, equiparando las condiciones de hombres y mujeres. Para 1930, el movimiento feminista en Inglaterra, prácticamente había desaparecido.
El Reino Unido fue así el octavo país en el mundo en instaurar el derecho de voto a las mujeres. El primero en tomar esta acción fue Nueva Zelanda (1893), .En 1902 hizo lo propio Australia, y en 1906 le siguió Finlandia. Estados Unidos, implementó el voto femenino en 1919,y por su parte Francia, hizo otro tanto pero en 1944.

 

 

Cinco mujeres sufragistas que desconoces.

Quizá la labor de las feministas en Hispanoamérica nos sea desconocida porque ya de por si, muchas mujeres que han luchado por la igualdad, han sido borradas de la historia y su nombre no trasciende las fronteras de sus propio país. Por desgracia, los latinos, no somos mucho de reconocer las virtudes de nuestros propios ciudadanos y así ocurre que, salvo las de nuestro propio entorno e historia, nos suenan más los nombres anglosajones de mujeres sufragistas.

Hoy voy recordar la labor de cinco mujeres que en América latina abogaron por el derecho al sufragio de la mujer.

 

Eva Duarte de Perón (Argentina)nina peña - mujeres - feminismo - eva peron
En Argentina, pocas mujeres suscitaron más controversia que Eva Duarte de Perón (1919-1952), la segunda esposa del ex presidente Juan Domingo Perón, fundador del peronismo, la principal fuerza política del país.
Sin embargo no hay muchos que cuestionen el papel que jugó la ex primera dama de Argentina (1946-1952) para que las mujeres obtuvieran el derecho a votar, en 1947.
Desde el comienzo de la gestión de su marido, Evita –como era conocida popularmente- se expresó públicamente a favor de la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer.
Duarte de Perón fue una de las principales impulsoras del proyecto de ley que presentó el peronismo a poco de asumir para permitir el sufragio femenino, tarea que le valió muchas críticas.
Tras promulgar la ley el 23 de septiembre de 1947, el presidente Perón le entregó el documento a su esposa, quien celebró el acontecimiento con un histórico discurso transmitido por cadena nacional.
En 1949, Evita fundó el Partido Peronista Femenino para aumentar la influencia de las mujeres en la política. El movimiento, de fuerte base sindical, fue la primera fuerza política femenina masiva del país.
A través de la reforma constitucional de 1949 también propuso la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida, aunque esos derechos quedarían derogados tras el golpe militar de 1955 y recién se restablecerían en 1985.
En 1951, la imagen de Duarte de Perón votando por primera vez desde su lecho de muerte simbolizaría para la eternidad el papel que jugó la exprimera dama en la obtención del voto femenino.
Más allá del rol indispensable que jugó Evita, muchos creen que la mujer que más hizo en la historia de Argentina para promover los derechos femeninos fue Alicia Moreau de Justo (1885-1986), una médica, política y militante de los derechos humanos que fundó la Unión Feminista Nacional en 1918.
Tras la muerte en 1928 de su esposo, el fundador del Partido Socialista, Juan B. Justo –el único partido que proclamaba la igualdad política y laboral de las mujeres- Moreau de Justo continuó haciendo campaña por el sufragio femenino, elaborando un proyecto de ley en 1932 que obtuvo la aprobación de la Cámara de Diputados pero fue rechazado por el Senado

 

Elvia Carrillo Puerto (México)nina peña - mujeres - feminismo - elvia carrillo
Conocida como “La Monja Roja” por sus ideas socialistas, Elvia Carrillo Puerto (1878-1967) fue la principal impulsora del feminismo en México.
A diferencia de sus pares en el resto de América Latina, que lucharon por el voto a través de asociaciones civiles, Carrillo Puerto se involucró directamente en política para obtener este objetivo.
Oriunda de la península del Yucatán, tuvo doce hermanos. A los 13 años contrajo matrimonio con un hombre mayor con el que tuvo a su único hijo. Viuda a los 23, volvió a contraer nupcias años después, aunque en 1923 solicitó el divorcio, que era legal en Yucatán.
Trabajó como maestra rural y en 1912 fundó la primera organización femenina de campesinos de México. A lo largo de esa década siguió organizando grupos feministas, promoviendo campañas de alfabetización, de higiene femenina y de control de la natalidad. Escribía sus discursos en español y en maya.
Justo con su hermano Felipe Carrillo Puerto inició uno de los movimientos sociales más importantes de la época con la creación del Partido Socialista Obrero de Yucatán.
Tras la elección de su hermano como gobernador del Estado en 1922, Yucatán permitió a las mujeres votar y participar en política. Fue así como Carrillo Puerto hizo historia junto con Beatriz Peniche de Ponce y Raquel Dzib Cicero, convirtiéndose en las primeras mujeres mexicanas en asumir un cargo de representación popular, al ser electas diputadas del Congreso de Yucatán.
Sin embargo, faltaría mucho para que las mujeres tuvieran derecho a votar en el resto del país.
En 1924, tras el asesinato de su hermano, Carrillo Puerto fue obligada a dejar su cargo y mudarse a Ciudad de México, donde continuó con su campaña por la educación de las mujeres y el sufragio femenino.
A pesar de que logró reunir miles de firmas a favor del voto femenino, recién en 1947 se les daría el derecho a las mujeres a participar en elecciones municipales.
El derecho pleno a participar en comicios nacionales llegaría en 1953, convirtiendo a México en uno de los últimos países de América Latina en aprobar el sufragio femenino, junto con Colombia (1954), Honduras, Nicaragua y Perú (1955), y Paraguay (1961).
El 15 de octubre de 2013 el Senado de México anunció la creación del premio Elvia Carrillo Puerto para conmemorar cada año el Día Internacional de la Mujer.

 

Bertha Lutz (Brasil)nina peña - mujeres - feminismo - bertha lutz
Esta científica y política brasileña era hija del famoso médico de origen suizo Adolfo Lutz, pionero en Medicina Tropical, y su madre era una enfermera inglesa.
De joven viajó a Europa donde conoció los movimientos de las primeras sufragistas británicas, lideradas por Emmeline Pankhurst.
Se formó como zoóloga en la Universidad de la Sorbona, en París, y a su regreso a Brasil, en 1919, logró un hito: ser contratada por el Museo Nacional de Río de Janeiro, a pesar de que en ese momento el acceso a cargos públicos estaba prohibido a las mujeres.
En 1922 fundó la Federación Brasileña para el Progreso Femenino y en 1929 la Universidad de la Mujer. También estudió abogacía, y escribió un proyecto de ley para que las mujeres pudieran votar.
Su activismo jugó un papel clave para que en 1932 el presidente Getúlio Vargas autorizara por decreto el derecho de sufragio femenino, que incorporó muchas de las sugerencias que había presentado Lutz.
Así, Brasil seguiría los pasos de Uruguay, Ecuador y Puerto Rico, permitiendo a las mujeres votar, aunque el voto sin restricciones se daría en 1934.
Además de su trabajo como científica, Lutz también fue pionera en la política: en 1934 fue electa diputada federal suplente y en 1936 asumió el cargo, representando a la Liga Electoral Independiente.
Desde el Congreso luchó por cambiar la legislación laboral sobre el trabajo femenino e infantil y promovió la igualdad de remuneración entre hombres y mujeres. Sin embargo, su experiencia como legisladora concluyó en 1937 cuando Vargas clausuró el Parlamento.
En 1948 fue delegada de Brasil ante la ONU y firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Para homenajearla, en 2001 el Congreso brasileño creó el premio Bertha Lutz para distinguir a mujeres que se destacan en su lucha por los derechos femeninos.

 

Matilde Hidalgo (Ecuador)nina peña - mujeres - matilde hidalgo - feminismo
Tres años antes de que las mujeres pudieran participar por primera vez en un plebiscito en Uruguay una ecuatoriana logró convertirse en la primera mujer en América Latina que pudo sufragar en una elección nacional.
Su nombre era Matilde Hidalgo de Procel (1889-1974), fue la primera mujer en graduarse de una escuela secundaria en Ecuador, la primera médica de su país y también la primera en ocupar cargos de elección popular.
Hidalgo, la menor de seis hermanos, fue criada por su madre en la ciudad sureña de Loja, después de la muerte de su padre, un comerciante. En 1921 se doctoró de la Universidad Central, en Quito, tras haberse graduado como médica en la Universidad de Azuay, en Cuenca, con las más altas calificaciones.
Dos años más tarde contrajo matrimonio con el prestigioso abogado ecuatoriano Fernando Procel, con quien tuvo dos hijos.
En 1924 cuando se abrieron los registros de empadronamiento para las elecciones legislativas pidió ser registrada para votar. Ante la negativa de los funcionarios citó la Constitución nacional: “Para poder ejercer el derecho al voto el único requisito es ser mayor de 21 años y saber leer y escribir”.
Su solicitud fue elevada al Consejo de Estado que finalmente decidió otorgarle el derecho a votar.
El sufragio femenino se lograría finalmente en 1929 (aunque solo para las mujeres que pudieran demostrar tener facultades para hacerlo, el voto sin restricciones llegaría en 1967), convirtiendo a Ecuador, junto con Puerto Rico, en los primeros países latinoamericanos en darle participación a las mujeres en comicios nacionales.
En 1941, Hidalgo fue la primera mujer en postularse a un cargo de elección popular en Ecuador y la primera elegida administradora pública.
A lo largo de su vida recibió muchas distinciones por su constante lucha por los derechos de la mujer: fue condecorada con la medalla al Mérito en 1956 y a la Salud Pública en 1971. Su ciudad natal la recuerda a través del Museo Matilde Hidalgo de Procel.

 

Paulina Luisi (Uruguay)nina peña - mujeres - feminismo - paulina luisi
El primer país de América Latina en aprobar el sufragio femenino fue Uruguay. Allí, las mujeres pudieron votar por primera vez el 3 de julio de 1927, en un plebiscito local organizado por la comunidad de Cerro Chato, en el centro del país.
Sin embargo, pasarían varios años más antes de que las mujeres participaran en una elección nacional, el 27 de marzo de 1938.
Esos hitos se lograron gracias a la labor de mujeres como Paulina Luisi (1875-1949), una médica, docente y activista feminista, hija de inmigrantes polacos que llegaron al Río de la Plata en 1872.
En 1899 Luisi fue la primera mujer en Uruguay en obtener el título de bachiller y en 1908 se convertiría en la primera en graduarse de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, donde se graduó de ginecóloga.
Una persona muy respetada, representó a Uruguay en diversas conferencias internacionales sobre la mujer y fue la primera delegada gubernamental femenina de América Latina en la Sociedad de las Naciones (League of Nations), la precursora de la ONU.
En 1922 fue nombrada vicepresidenta honoraria de la Conferencia Panamericana de la Mujer.
Luisi también fundó y editó la revista “Acción Femenina” y enseñó sobre salud y sexualidad. Luchó para prevenir la prostitución y las enfermedades venéreas, campañas por las que fue criticada por algunos, que la consideraban una anarquista y revolucionaria.
Además, se involucró en política, siendo una de las fundadoras del Partido Socialista de Uruguay, y creó los primeros dos sindicatos femeninos de ese país: la Unión de Telefonistas y de Costureras.

Fuente: https://listas.20minutos.es/lista/10-precursoras-del-voto-femenino-377074/