Reseña en Rebelión de libros. ¿Cómo que a qué huelen las nubes?

nina peña - como que a que huelen las nubes - primer capitulo - portada

http://rebeliondelibros.blogspot.com.es/2015/12/resena-como-que-que-huelen-las-nubes.html?spref=tw

Sinopsis: Cuatro hermanas separados por las circunstancias y en un momento decisivo de sus vidas, se reúnen para cumplir la última voluntad de su madre. Ser llevada junto a su amante en un acantilado de Escocia. En el viaje se reencuentran unas a otras, acaban de dar sentido a sus vivencias, toman nuevas decisiones importantes y se reconocen a sí mismas como personas, como hermanas y como mujeres.

Comentario: No sé a que huelen las nubes, lo que sé es que este libro es especial.
En su páginas atrapa una historia en la que mas de uno se sentirá identificado.
Este libro nos cuenta la historia de cuatro hermanas: María, Esperanza, Fe y Piedad. Ya sus nombres nos dice mucho de la madre que tuvieron, una mujer chapada a la antigua, católica extremista, sumamente convencional, estricta y poco cariñosa… entre otras cosas.
La forma en que la mamá de las chicas las crió provocó un quiebre entre ellas, la exigencia que ponía su madre sumada a que les cortaba las alas y… a su frialdad, hizo que ellas se alejen, pongan distancia.

“Desde que puedo recordar ha sido ella quien ha parecido empeñada en robarnos cualquier sueño…”

Las cuatro protagonistas rondan los 40 años, y las cuatro son personas infelices, frustradas con la vida que llevan. Cada una con su tema, con su fantasma a cuesta: divorcios, engaños, mentiras, infidelidades, etc…
Se reencuentran sentimentalmente cuando su madre muere, pero desvelando un secreto. Además, les pide que la lleven a Escocia, junto con su amante de toda la vida.
En ese momento comienza una etapa de liberación para ellas, dejando de lado las apariencias y todo lo que las lastimaba. Se unieron como nunca lo habían estado y emprendieron el viaje juntas “15 días de vacaciones entre chicas”
Lo que irán descubriendo en las tierras escocesas va mas allá del paisaje. Descubren sus sentimientos, cae el velo que mantenían por años, una careta de infelicidad. Descubren el perdón, el amor y sobre todo el disfrutar de la libertar.

“La diferencia es una decisión, un momento, un latido, una premonición, un sueño.”

Lo que mas me ha sorprendido es la narración amena y simple, los diálogos están escritos como hablamos, logrando que los personajes sean mas creíbles, mas cercanos. La personalidad de cada una de ellas está descrita a la perfección, se las conoce a fondo y se observa la evolución que tienen con el correr del libro.
La novela está contada por las cuatro protagonistas, logrando que cada una tenga su lugar llegando al lector de una forma clara, sin que genere confusiones.
Las descripciones sobre la primera mitad del libro son las justas. Al llegar a Escocia se vuelven mas profundas y detalladas, Nina en su libro nos hace recorrer las tierras escocesas de punta a punta, viviendo a la par de la protagonistas cada lugar que conocían.
¿Hay un final feliz? Sí. De a poco y con esfuerzo cada una llega a la felicidad y aceptación.

Esta obra es un canto a la liberación femenina. Una muestra de que se puede ser feliz sin importar la edad que se tenga, solo hay que luchar por los sueños y no dejarse vencer por el miedo.

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Cap.28 Rosa de los vientos.

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Capítulo 28

Hay en mí un miedo ancestral e íntimo, un miedo que roza lo irreal y lo inverosímil y que, sin embargo, contiene el germen mismo de la veracidad, de lo posible, de lo efectivo y concreto, un miedo que no logro alejar por completo, que continúa agazapado en mi interior aun cuando todo parece ir bien, aun cuando parece muy poco probable que los designios de infortunio tengan que cumplirse con la eficacia y crueldad, con la puntualidad exacta y minuciosa con la que siempre llegan.

Hay un espacio para el dolor casi tan grande como para la dicha, ocupando ambos un mismo lugar en mí sin apenas diferenciación. Lo que me duele es casi idéntico a lo que me produce gozo, cómo si ambas sensaciones partieran del mismo lugar, y cuando el goce es excesivo tiendo a esperar el dolor como consecuencia de una hipertrofia del hueco en el que habitan ambos, unidos como las dos caras de una misma moneda, de un mismo órgano, de una misma pieza.

Te miro dormir a mi lado entre las brumas del sueño y me pregunto cómo vas a dolerme tú, que tienes tanto o más miedo que yo, que sientes tanto o más dolor que yo, pero que tienes también más capacidad que yo para la dicha hasta el punto de no tener rencor ni aversión al sentimiento que te ha hecho caer estrepitosamente meses atrás y que eres capaz de recuperar para mí como si yo lo mereciera o lo necesitara.

Te miro en el silencio de la noche mientras todo está en calma, las luces apagadas, las cortinas echadas sobre las persianas que dejan entrar laminada la luz de la luna y de la farola de tu jardín.

No hay una luz amarillenta de despertador en tu cuarto ni números digitales, no hay nada que me indique cuánto rato he estado dormido junto a ti, abrazándote, recuperándome despacio para poder verte fuera de los sueños, para poder recordarte ahora que aún no me he ido, aceptando en mi conciencia de recién despierto que estás a mi lado, desnuda y pequeña, vestida tan solo con el nudo celta en tu cuello que se clava en medio del hueco de tus clavículas y con mi deseo, vestida tan solo de reposo y tregua, con tu tatuaje de la rosa de los vientos en un lado de tu cadera justo en el lugar donde se clavaban mis dedos al sujetarte debajo de mí, vestida tan solo con mi mirada que no se cree estar viéndote desnuda y abandonada a ella.

Amparada por ella.

Cómo vas a dolerme, cómo va a ser hundirme por ti ahora que ya sé cómo es hundirme en ti.

Qué mirada me amparará a mí el día que tú te vayas, con qué ojos miraré todo esto que estamos compartiendo y que nos ha unido cuando ya creíamos imposible que algo así sucediera, cómo va a ser el instante en que comiences a dolerme de verdad. Llevas doliéndome desde que te conocí en algún lugar donde el dolor se confunde con el deleite de sentir dolor, así que cómo será el día en que ya no quede ni un gramo de placer o de dicha y solo me dejes la sensación de tormento y desconsuelo más absoluto e infinito, cómo será el día en que comience a sentir solo el dolor y no el voluptuoso sufrimiento que amarte me produce.

Repaso con un dedo el contorno suave de tu mandíbula y pareces sonreír, acerco mi rostro al tuyo para sentir tu respiración cerca de mi boca y esa cercanía ya es de por sí un pozo de dolor.

Te despertaría si me atreviera y volvería a comenzar el arduo trabajo de amarte sin medir las consecuencias en tu cuerpo o en el mío, tan célibes durante tantos meses, tan voluptuosos momentos atrás, tan castigados por el agotamiento y la novedad, por la responsabilidad que ha significado descifrarnos en los gestos, entender las palabras apenas dichas, adivinarnos los puntos erógenos de cada uno, reconocer las señales del placer laboriosa y delicadamente, concentrándonos en el conocimiento nuevo de nosotros mismos y olvidando que nuestros cuerpos son exactamente igual que otros cuerpos y que pueden movernos los mismos resortes o las mismas prácticas, como si la novedad fuera completamente nueva de verdad, diferente a cualquier cosa que hayamos podido hacer o decir antes.

Repaso tus cabellos sobre la almohada sin llegar a verlos del todo en la penumbra que nos aísla y nos protege del resto del mundo, pero puedo imaginarlos, tocarlos, olerlos, con ese aroma a montaña, vainilla y viento, que siempre se desprende de ti tras una ducha.

Puedo imaginarte de nuevo y repasar mentalmente cada una de las palabras que has dicho, los gestos que has hecho, las caricias que me has prodigado, puedo recordar tu risa tan conveniente y necesaria, tan aliviadora de mis nervios y mi miedo al decirme que poner una alfombra delante de la chimenea había sido la mejor idea de tu vida, el color a cera de tu piel que centelleaba con las llamas, tus gemidos confundiéndose con el crepitar del fuego y tú y yo abrazados, desnudos, casi sin aliento, tan típico y hollywoodiense que nos dio la risa y subimos a la cama con un gesto de rectificación y disculpa que encerraba en secreto el anhelo guardado durante tanto tiempo, que verificaba las ganas de continuar, la satisfacción completa aún lejos de nosotros y con toda una noche por delante para lograrla, sin prisas, sin poder pararnos en un tal vez más conveniente y cortés principio, sin tener siquiera la peregrina idea de dejarlo en ese instante en que nos podríamos haber puesto a salvo de la pasión y convertir un acto único en un único acto.

No era suficiente.

Luego ya no reímos más, ya no nos dimos más tiempo para la risa ni para la conversación, ya no quisimos perder más tiempo en algo que era lo único que habíamos hecho tú y yo hasta entonces.

Sigue sin ser suficiente ahora.

Intento captar los detalles de algo que apenas me había atrevido a soñar pero que esperaba e imaginaba en lo más profundo, en ese lugar en que los secretos son inconfesables hasta para uno mismo, intento recordarte en cada segundo, en cada instante, apenas te he visto, apenas hay luz, apenas he podido retener lo suficiente las imágenes de ti que no quiero olvidar ni que se volatilicen con la llegada del día, quiero apresarlas porque no sé qué va a pasar cuando te despiertes y me veas, cuando decidas qué hacer con esta noche y conmigo, el dolor de verte tan cerca y al mismo tiempo tan lejos me acecha, la posibilidad de que volvamos a la lejanía de antes ya me está lacerando por dentro, lastimándome y dejándome vulnerable como muy pocas veces he sido.

Ese miedo mezclado con atrevimiento, la audacia de quien se sabe vencido y ya no tiene nada que perder me hace besarte, abandonar los mechones de tu pelo para bajar por tu piel.

De repente quiero despertarte pero mi intrepidez no llega a tanto, temo tu reacción, tal vez me he acostumbrado a temer la reacción de las mujeres que me importan así como creo que soy incapaz de abandonar el lecho en que duerme mi amante, la que de verdad es amada por mí.

Una antigua sensación de que puedes desaparecer me invade poco a poco, como si estuvieras aquí por un sortilegio que puede esfumarse por arte de magia, un inmemorial miedo a que de repente no estés, a que te vayas, a que de improviso quieras que me aleje de ti y veas esto como un error me deja sumido en la miseria mientras te veo aún dormida, más deseable si cabe que la vez anterior en que te vi dormir, mucho más deseable ahora que ya conozco tu cuerpo y no intentas ocultármelo con nada, ni con la sábana ni con el edredón ni con una posición de reserva o distancia, te revuelves en mis brazos, suspiras y sigues durmiendo sin tener ni la más remota idea de todo lo que se ha obrado en mí con tu gesto, del remolino de sensaciones que has provocado o del deseo que has despertado.

Quiero despertarte para volver a empezar, para echar los restos, para quemar mis naves, para arriesgarme del todo, para ganar o perder, pero el miedo me atenaza y me conformo con abrazarte, con sentir el dolor intenso de la dulcísima tortura que es estar así contigo, en la incertidumbre de lo que nos hemos convertido, en la esperanza de lo que podemos llegar a ser.

Quiero despertarte porque tu cuerpo lánguidamente dormido, abandonado junto al mío en un ancestral gesto de renuncia soberana de ti, de entrega voluntaria, me enaltece y me encumbra, te dejas abrazar, te dejas besar, giras hacía mí tu cara como si en sueños fueras consciente de que estoy a tu lado y me sonríes, dices mi nombre y me elevas, me rindes, me das permiso para hacer lo que ya llevo tanto rato pensando, abres las piernas sin abrir aún los ojos, aceptas mi mano y mi boca en tus labios, suspiras, vuelves a nombrarme y siento como si solo tú en ese gesto me dieras un lugar en el mundo, como si solo existiera porque tú me has nombrado.

Qué miedo a que lo nombraras a él, qué miedo a tu arrepentimiento, qué miedo a tus recuerdos, qué horror pensar que todo se podía esfumar con las primeras luces y que ni siquiera pudiera conservar tu amistad después de haber cruzado esta línea de fuego, qué pánico a que me compares, a no estar a la altura de él, a que no quisieras volver a comenzar lo que dejamos aparcado hace unas horas o a que de repente se perdiera esa confianza de viejos amantes que hemos alcanzado en nuestra primera noche, a que te levantaras y no supieras cómo decirme que me fuera, a que a partir de mañana me esquivaras y me alejaras de ti, pero abres las piernas y me besas mientras te acaricio con un solo dedo, murmuras una frase extraña, “dame uno de tus dedos y levantaré el mundo” me dices, como si yo supiera o entendiera de dónde te ha venido la inspiración para decirme eso en un momento así, suspiras junto a mi boca y noto tus manos buscándome en la cálida oscuridad del edredón, encontrándome sin problemas, tan evidente yo, tan elemental y primitivo en mis impulsos.

Recuerdo el poema que hemos leído juntos muriéndonos de vergüenza y deseo, el poema culpable de que esto haya pasado, “invadirla hasta la muerte y decirle que la amas mientras te deslizas por sus caderas”, y te digo que te amo mientras me deslizo por tus caderas hasta acoplarme a ti, hasta invadirte por completo como si tu cuerpo fuera un reino que conquistar, un territorio del que tomo posesión clavando el mástil de mi bandera en su tierra con un quejido que sale de tu garganta tal como saldría de la profundidad y las entrañas del mundo, un quejido que tiene algo de seísmo y convulsión, algo de muerte, un estremecimiento que sale de tu boca y en el aire de la habitación se junta con el mío, un grito de conmoción provocado por la sacudida interior que intento disimular para no perder el control de mí mismo.

Me deslizo en ti muy suavemente y no es suficiente.

Hay algo de victoria y rendición en la forma en que me muevo sobre ti, como si hubiera vencido mis miedos y mis presagios de ruina, como si tú los hubieras hecho desaparecer con una frase que no sé de dónde has sacado, con un gemido que me ha aceptado de nuevo, con el simple hecho de haberme nombrado y haberme besado mientras abrías las piernas para mí convirtiéndote toda tú en certeza y fe, como si despejaras todas mis dudas y mis incertidumbres con la realidad y la autenticidad del deseo que me muestras, con la lúbrica codicia de mí que revelas tan impunemente.

Hay algo de victoria y rendición pero eres tú quien gana, quien ha ganado, yo quien se rinde. Mis miedos siguen agazapados en mí, en lo más profundo, y ahora parecen calmados ante la furia, pero no he sido yo quien ha librado la batalla y los ha vencido, sino tú.

Aún no amanece siquiera y ya estamos despiertos del todo, completamente conscientes y desvelados para lo que pueda quedar de noche, recuperando con movimientos las poquísimas horas de quietud que hemos tenido esta noche.

Sigue sin ser suficiente ahora, cuando estoy aún dentro de ti, “imposible no caer en ti como la lluvia, no asirme a ti como la hiedra”, imposible no morir un poco entre tus brazos y tus piernas, imposible no observarte con un detenimiento que tiene algo de asombro, de vértigo, imposible no querer ver la respuesta que me das con un leve asomo de satisfacción íntima que en el fondo me recrimino mentalmente y que me sume en una vergüenza un tanto pueril, imposible que sea suficiente, sé a ciencia cierta que nunca voy a tener suficiente de ti, imposible que tanto amor quepa en una sola noche y en un solo cuerpo, imposible que pueda amarte de esta forma de la que nunca me creí capaz, imposible que esto esté sucediendo, imposible que tú aún tengas más para darme y más capacidad para recibirme, imposible pensar que hemos estado a un solo paso, a una sola decisión de que esto jamás hubiera ocurrido.

Mañana seguirá sin ser suficiente.

Mañana, hoy, dentro de unas escasas horas o tal vez minutos, cuando el sol nos sorprenda aún en esta cama, cuando no vayamos a tomar el café de costumbre, cuando mi padre se levante y vea que no he dormido en mi casa, sino en la tuya, cuando permanezcamos abrazados hasta que el sueño reparador renueve nuestras fuerzas y podamos vernos con claridad.

Déjame que siga durmiendo un instante más, no te levantes antes que yo ni prepares el desayuno ni te vayas de mi lado un segundo para hacer café o para ir al baño, quédate conmigo sin repetir los gestos que hiciste con él.

        No me permitas tampoco que sea yo quien lo haga, quien me levante para agradecerte esta noche con un gesto de cortesía tan infame como un desayuno para dos y muestre una familiaridad impertinente de colonizador de territorios que toma posesión de lo que no es suyo, impídeme que repita los gestos que hice con ella, impídeme que caiga en los mismos errores del pasado, deja que me invente para ti en ese preciso instante, déjame aparecer nuevo ante tus ojos, renacido de entre tus manos, ungido de entre tus piernas.

Solo mírame y dime que no te arrepientes de nada, mírame y sonríe como has hecho hace tan solo un instante, di mi nombre y sabré que me aceptas en tu vida, sabré que todo mi miedo no era más que miedo a perderte.

 

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Cuando el tamaño, de verdad, no importa.

La novela corta, sobre todo a los que nos gustan los grandes tochos, nos a la equivocada impresión de que es poco menos que insuficiente, que con unas pocas páginas no se puede concentrar el buen hacer de un gran autor o todo el argumento de las novelas grandes.

Nada más lejos de la realidad. En la literatura, como en otros casos, el tamaño no importa.

Lo importante es saber qué hacer con el material del que dispones en tu mente, en tu pluma o en donde lo tengas.

La novela corta es un género a veces olvidado que va a caballo entre el cuento, el relato y la novela. Se podría decir que es un poco de todos ellos y que por su extensión siempre será más largo que un cuento o que un relato pero más corto que una novela.

Tiene las mismas características principales, la trama los personajes, la acción, pero tal vez no se pueda profundizar o tienda a estar más simplificada, a ir al grano.

Voy a dejaros cinco títulos con los que queda más que demostrado que las novelas cortitas no tienen nada que envidiar a las grandes novelas.

 

nina peña - kafka - novela - librosMetamorfosis. Franz Kafka

Publicada en 1912, La metamorfosis está incluida en plena época del expresionismo aunque por su contexto, de sobra conocido, se adelantó en muchos años al género que mejor parece designarla, el surrealismo.

Es un libro que solo comenzar ya produce una sensación de desasosiego en el lector como muy pocos libros han conseguido, y aunque está llena de simbolismos y no son pocos los críticos filósofos que han tratado de desentrañar todo su significado es bastante poco preciso tratar de desenmarañarla por completo. Hay quien dice que esta obra es impensable comprenderla sin conocer la vida privada de Kafka porque es un reflejo interior suyo. Yo la leí hace muchos años, cuando quizá ni siquiera tenía edad para ella o para sacarle una buena lectura, pero desde la inopia, se puede leer perfectamente, aunque eso sí, creo que va siendo hora de darle un releído urgente.

 

nina peña - John steinbeck - novela - librosDe ratones y hombres. John Steinbeck

Vaya por delante decir que Steinbeck es mi autor norteamericano favorito de todos los tiempos desde que a los 13 años leí Al este del edén empujada por una película que no le hace justicia en absoluto a tan magnífica obra.

De ratones y hombres es una novela realmente corta, apenas cien páginas de puro realismo en el que nos plasma unos hechos que transcurren en una época y un lugar concreto. La historia nos habla del sueño americano… oh sí, ese sueño que casi nadie consigue pero con el que todos sueñan mientras se tropiezan con el quehacer diario, la realidad y la inercia de la vida.

La historia refleja la soledad, la pobreza, los sueños rotos, la amistad entre hombres rudos, sencillos, humildes, sin recursos pero con diversiones poco “edificantes” que los van conduciendo al desenlace final.

Un final duro, pero necesario para completar un cuadro real y sórdido como era aquel entonces.

 

nina peña - orwell - novela - librosRebelión en la granja. George Orwell

Publicada en 1945 está considerada una de las obras más influyentes del s.XX.

Seamos sinceros: que los animalitos de una granja tomen el poder, se rebelen contra granjero formando un gobierno que a su vez terminará convirtiéndose en una tiranía es completamente extrapolable al género humano.

Se considera que esta obra de Orwell, imprescindible en el pensamiento crítico de su siglo y padre también del Gran hermano, es una crítica a la revolución rusa y a la corrupción del gobierno de Stalin, aunque hoy en día se le podría aplicar a más de un gobierno que presume de esa misma ideología.

Su tema principal es el abuso del poder y la corrupción que este genera en todos quienes lo ostentan.

En realidad su carácter universal nos sirve para poder aplicarla al gobierno de casi cualquier país en donde la corrupción y el abuso de poder junto con la pérdida de derechos, el desamparo por parte de los gobiernos y el retroceso económico y social de las clases más humildes haya hecho más mella. No me voy a ir muy lejos, España sería un buen ejemplo de cómo el poder corrompe.

 

nina peña - marguerite duras - novela - librosEl amante. Marguerite Durás.

El libro nos habla de la relación sentimental ente una chica blanca de quince años y un comerciante chino mayor que ella.

Aunque podríamos incluirla en el género erótico, esta obra va mucho más lejos y nos lleva a un lugar fuera de la moral, donde los cuerpos y el deseo reclaman todos sus derechos y a un momento histórico concreto de colonialismo, racismo, corrupción y sobre todo de rebeldía y liberación personal.

Es una historia de amor y pasión que surge en un mundo del que los protagonistas se sienten aparte y que además profundiza en una realidad social en la que se abarca la colectividad desde la individualidad de los personajes.

 

nina peña - garcia marquez - novela - librosEl coronel no tiene quien le escriba. Gabriel García Márquez.

La historia narra tres meses de la vida del coronel y de su esposa que viven, sumidos en la pobreza y la miseria, en un pueblecito tropical de Colombia.

El coronel lleva quince años esperando su pensión como veterano de guerra por parte del gobierno. Algo que le prometieron al terminar la guerra.

La carta, que nunca llega, nos habla de la corrupción, del estado y de los gobiernos que abandonan a quienes lucharon y a quienes se sacrificaron por su país.

Es un libro lleno de significados ocultos y de símbolos, como la lluvia o el gallo, con los que García Márquez se apoya para desarrollar la acción.