Como pájaros en la cabeza.

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La sensación podría ser esa.

Un montón de pajaritos revoloteando por la cabeza sin parar, con distintos trinos y canciones, con esas conversaciones primaverales que a veces se escuchan al pasar por debajo de algún árbol.

Las ideas para escribir podrían ser descritas así.

En mi cabeza, ahora mismo, hay dos ideas distintas que piden ser escritas.

Las dos me parecen buenas ideas, los personajes me encantan, el trama todavía no está pulido pero me gusta hacia adonde apunta y creo que puedo sacarlas adelante con tesón y paciencia.

Por otro lado, al contrario de la última novela que escribí y que está pendiente de corrección, no necesito documentarme, es pura ficción lo que ahora tengo en mente, con lo cual siento que puedo explayarme, volar sobre el teclado sin las anclas de la historia real o de la política, sin tener que cuidar las palabras y los significados o matices.

El tema que me preocupa es decidirme por una de las dos historias

Ambas son muy distintas entre sí, una más costumbrista en la que los hombres son protagonistas y la otra es más bien lo que se llamaría una realidad distópica en la que la protagonista es femenina… y así estoy, sin decidirme, sin comenzarlas, sin atreverme a darle forma a ninguna de las dos, esperando que una señal del cielo o ese empuje natural que a veces sentimos los autores, esa necesidad de escribir, me lance sobre un tema o sobre otro.

Mientras los pájaros van haciendo nido en mi mente, ramita a ramita, se van aposentando para estar una temporada en mi cabeza trinando sin parar. Porque eso sí, no paran…

 

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Hermana Puta

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Dicen que todas las mujeres somos hermanas. Hijas de Eva o de Lilith, hijas de los mismos pecados, pero hermanas al fin y al cabo, sin embargo, como no sé tu nombre, me vas a permitir que te llame por tu oficio, ese que también dicen que es el más antiguo del mundo: puta.

Te veo muchas veces al pasar. sentada en banquitos viejos de madera, en sillas de playa desvencijadas, en las paredes de las acequias que forman el escenario de tus combates.

Te veo de pie, casi sin ropa pese al frío.

Te veo con tacones, caminando sobre la grava y el polvo de los caminos.

Miras los coches que pasan con una mezcla de inseguridad, curiosidad y desdén.

Por las noches enciendes hogueras para calentarte y bebes de termos en donde, quizá, los aromas de tés y cafés te retraen a otro lugar del mundo, a aquel rincón donde naciste.

Tu aspecto nórdico, tu pelo tan claro, tus ojos tan azules.

Tu piel morena, sus ojos oscuros, tu pelo ensortijado.

No importa de dónde ni importa quién. Eres la misma.

La misma mujer que va repitiéndose a lo largo de las veredas y de los polígonos industriales, de los cinturones urbanos, de los clubs y los anuncios.

Me pregunto qué te ha llevado hasta aquí.

Estoy segura de que no te educaron para hacer lo que haces.

Estoy segura de que esto no fue tu sueño jamás.

Estoy segura de que a vida te ha dado muy fuerte y también estoy segura de que los golpes no han hecho más que comenzar.

¿Qué sueños tenías al salir de tu pueblo, de tu aldea, de tu ciudad, allá en el otro lado del mundo?

¿Qué metas buscaste? ¿De qué huiste? ¿Acaso te hicieron soñar con principes azules a ti también?

Veo aparcar coches frente a ti, con el motor en marcha, emprendiendo un caminito apartado entre los huertos en donde huir de miradas y en donde vas a tener que trabajar, someterte.

No eran esas las oportunidades que te trajeron hasta mi ciudad. No era esto lo que te prometieron ni lo que tú buscabas. No era este el trabajo con el cual podrías mantener a tu hijo o ayudar a tu familia.

Hablas con ellos desde el locutorio o desde el teléfono del club por las mañanas, les envías mensajes con fotos del Mediterráneo, les dices que estás bien, pero ocultas en esas imágenes tu ropa de guerra, tus rodillas peladas, tus uñas pintadas, tus encajes y tus medias de redecilla.

Hermana puta, desheredada del mundo ¿cuál será tu futuro? ¿qué sientes o piensas? ¿dónde están las oportunidades? ¿dónde has dejado los sueños?

Aquí, en noches mágicas como estas, ninguna niña pide de mayor ser puta.

Tú tampoco lo pediste, pero aquí estás, en la noche de reyes, iluminándote con hogueras, ligera de ropa frente al frío y el corazón embotado para no sentir, con lo bello que era sentir, ¿recuerdas? con lo bello que era tener esperanza, tener fe, confiar en un futuro limpio al otro lado del mundo en donde la libertad parecía posible y la dignidad y la paz estaba asegurada.

Hermana puta, la libertad aquí tampoco existe aunque no la pagamos con la vida.

Te dirán que eres muy libre para ser lo que quieras, pero las cadenas son tan invisibles que ni siquiera estando atada te darás cuenta de ellas.

Es el mayor triunfo del mundo al que viniste a parar, disfrazar de elección propia aquello a lo que te abocan y te obligan, y sentarse después a esperar a que les des las gracias.

Es de noche hermana, y hace frío.

Mucho frío.

Y los reyes magos o los principes azules no existen.

 

 

 

Propuestas para el año nuevo.

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Yo no soy de creer en esas pretensiones de Año Nuevo.
Dejar de fumar, ir al gimnasio…de un día para otro no cambiamos tanto y aunque nuestras pretensiones sean buenas y nuevas, nosotros, y nuestras circunstancias, seguimos siendo los mismos de ayer.
Este 2017 ha sido un año raro para mí.
No acuso pérdidas pero sí decepciones.
No acumulo éxitos pero sí proyectos.
No tengo planes a largo plazo si no que voy a conformarme con vivir al día, en metas cortas, en pasos prudentes y palabras quedas.
Los años de experiencia me han enseñado a callar cuando no tengo nada que decir y a caminar despacio pero tratando de tener pasos firmes.
Reconozco cansancio, reconozco que han habido situaciones que me han superado, incluso reconozco que el sueño de escribir y publicar no es aquello que yo imaginaba, pero aun así hay que seguir soñando y viviendo y riendo y perdonando y sobre todo haciendo un ejercicio de introspección para conocerme mejor, para pararme de vez en cuando a pensar.
Este año nuevo no tengo planes, voy a contemplar la vida, a vivirla, a trabajarla y a tratar de seguir creciendo, que es más complicado que cualquier otro plan.
Feliz 2018 a todos.

Lo bueno de escribir.

 

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Hubo un tiempo en que creí que para escribir bastaba con una imaginación desbordante como la mía. En que el talento era el mayor bagaje y que las cosas irán saliendo, más que nada, por arte de magia.

Nadie me avisó de lo duro que puede ser esto de escribir. Nadie me avisó de correcciones, de documentación, de trabajos, de repasos ortotipográficos…

Lo bueno de escribir y que está por encima de “lo malo” es la forma en que uno crece a medida que escribe.

Creces como persona, como escritora, creces en sabiduría, en conocimientos, en humanidad.

Tener que plasmar ideas en un papel no te va a hacer mejor, pero defenderlas, dotarlas de realidad, de humanidad, lograr plasmar sentimientos y pensamientos en negro sobre blanco, es un ejercicio de introspección y de superación constante que difícilmente puedes realizar en el día a día, en la vorágine de vivir que todos llevamos a cuestas y en la que nos movemos.

Volver a estudiar, volver a las clases de literatura y ortografía, volver a la historia, a los análisis de textos y de ideas, darte una vuelta por tu propio pensamiento y salir reforzada o derrotada de él, recuperar la curiosidad, analizar qué es lo que quieres decir o contar y preguntarte por qué…

Lo bueno de escribir es que el mundo se abre ante las palabras que aún no están escritas y se rinde ante las ideas todavía no concebidas.

Lo bueno de escribir es que te hace mejor persona aunque tu mundo alrededor se hunda.

Tu mirada ya no será nunca la misma, ya nunca verá lo simple y lo fácil sino que verá aquello que está vedado, oculto ante la mayoría de ojos, aquel otro lado de las cosas… y si no es así cabe preguntarse qué escribes y por qué escribes.

 

Adelante.

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Cuando me vengo abajo, cuando la vida me da un golpe fuerte, cuando creo que las cosas no pueden ir más que a peor… suelo fijarme en todas aquellas personas que tengo tras de mí, aquellas para las que la vida puede ser una carga insoportable, para las que no hay paz sino treguas, aquellas que aún trabajan todavía más para conseguir la mitad, aquellas que sufren golpes serios e irreparables…

Luego pienso en todas mis metas, en mis hijos, en mi familia, en mis libros y en todos mis sueños que, aunque con mucho esfuerzo, sé que se irán cumpliendo porque no me rindo..
Y sé que no puedo quejarme, que no puedo pararme ni venirme abajo, que tengo que ser fuerte y tenaz, que el mañana está ahí al alcance de la mano, que habrán tiempos mejores y que todo esto solo sirve para hacerme mejor persona de lo que antes era.

Aprendo la lección, aprieto los dientes y tiro para adelante. Creo que llevo toda la vida luchando, por unas cosas u otras, así que.. sigo en la pelea del día a día, en la de superar no solo los obstáculos que la vida puede ponerme sino en superarme a mí misma. El mayor de todos los retos.