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La narrativa contemporánea

nina peña - soledad - literatura contemporanea - libros
La narrativa contemporánea es una rama de la literatura que aborda diversas temáticas como resultado de un proceso histórico, y como tal sus comienzos se sitúan en una etapa determinada, siendo ésta, la época posterior a las guerras mundiales, sobre todo la segunda guerra mundial, ya que éstas modificaron la manera de pensar, costumbres y modo de expresarse que difiere de la narrativa tradicional tanto en sus características como en su finalidad.
En medio de este escenario, la humanidad se percató de que la vida tomó un nuevo significado después de la cantidad de muertes y la capacidad del hombre de causar tanto sufrimiento, así es como se dio cuenta de que debía dar un nuevo sentido a su existencia con nuevas ideas, pensamientos y actitudes que contribuyesen a mejorar al mundo, así como también surgieron autores hasta cierto punto más pesimistas que daban a entender lo salvaje y destructivo del hombre con su entorno y consigo mismo, además de su poco autocontrol.
Lo anterior se manifiesta tanto en los temas como en las características de este tipo de literatura, tales como:
El tipo de narrador, que en las obras tradicionales era principalmente omnisciente, conocedor de todos los sucesos acaecidos en el relato, en cambio, en la actualidad el narrador es protagonista, con un menor grado de conocimiento, lo cual otorga suspenso e importancia a lo inesperado y desconocido, esto se relaciona con las guerras mundiales ya que las personas toman conciencia de la fugacidad de la vida y lo importante de aprovechar el día a día. Así como también encontramos un narrador colectivo que nos relata su propia visión de la realidad para poder tener un sentido más amplio de lo que acontece, la subjetividad y contrariedad a través de la polifonía que se entiende por una multiplicidad de voces o narradores.
Antiguamente la narración tenía un orden cronológico, es decir, se presentaba en los acontecimientos en una estructura lineal, mientras que en la narrativa actual surgen rupturas dentro del tiempo del relato donde se distinguen diversas técnicas narrativas tales como: analepsis y prolepsis, las cuales nos dan una visión del pasado y el futuro respectivamente.
La narrativa de hoy en día es más obscura, busca confundir al lector y hacerlo parte activa del entendimiento del relato obligándolo a organizar los acontecimientos del texto debido al uso de técnicas narrativas tales como la intertextualidad (el uso de elementos de otras obras para contextualizar), montaje (nos permite mostrar dos o mas planos ya sean temporales y/o espaciales de manera simultánea), entre otras que el lector debe reconocer para ser capaz de descifrar la obra, lo cual le otorga una multiplicidad de interpretaciones.
La narrativa contemporánea abarca diversos temas de la actualidad, podemos darnos cuenta que forman parte de este tipo de literatura por sus características además de su relación con el contexto en que se da, por ejemplo:
La ilogicidad o irracionalidad, producto de la subjetividad de los mundos presentados los cuales son caóticos y oníricos nos muestran la complejidad más allá de la realidad.
La soledad e incomunicación es el resultado de la búsqueda en el interior de las personas ya que no encuentran respuesta a sus inquietudes en el mundo real, de modo que se aísla apartándose de la cotidianeidad y las consecuencias de la globalización, principalmente porque, debido a esta, se pierde la individualidad.
La literatura como tema de sí misma, de modo que el relato cambia de tal forma que la narración deja de ser una mera historia ficticia pasando a trastocar la realidad, dando la impresión de que la obra se revela al autor, el cual pierde el control de ésta.
Como conclusión, la narrativa en sí no puede ser definida debido a sus múltiples características y diversas perspectivas, en cuanto a los modos que se abordan los temas y las técnicas empleadas anteriormente explicadas.

Fuente: Andrea Ramírez y Marcelo Retamal https://sites.google.com/site/vuestrarealidad/home

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Imagina

angel - nina peña - poema - imagina

Imagina que nunca nos hubiéramos conocido.

Imagina que, en esta vida, nuestros caminos no se hubieran cruzado.

Imagina que jamás hubiéramos reído juntos, que nunca compartiéramos un poema, una idea, una canción.

Imagina que no supiéramos nuestros nombres.

Que no nos hubiéramos bañado en la misma orilla, caminado por el mismo sendero, descansado bajo el mismo árbol, tropezado con la misma piedra.

Imagina que nunca hubiéramos comentado un libro, recitado un verso. Escrito un sueño.

Que no nos hubiera mojado la misma lluvia e iluminado el mismo sol.

Que jamás hubiéramos contado estrellas.

Que no hubiéramos creado recuerdos suficientes como para echarnos de menos.

Imagina, por un momento, que no hubiéramos llegado a conocernos.

Que no supiéramos nada el uno del otro.

Que nunca hubiéramos tratado de arreglar el mundo en conversaciones infinitas, revolucionarias. Con ideas subversivas.

Imagina que no hubiéramos llevado la misma dirección en nuestros pasos. Qué cruce podría alejarnos. Qué atajos, desde direcciones contrarias, tomaríamos para llegar hasta aquí, del punto A al punto B, al punto C…

Imagina que no hubiéramos sido padre, madre, hermano, hermana, amigo, amiga.

Imagina que, entre todas las posibilidades de coincidir en esta vida, la nuestra fuera la más remota e imposible, la más difícil y larga.

Imagina como sería, como hubiera sido… imagina como será cuando volvamos a coincidir y tengamos que volver a conocernos poco a poco, desde niños, desde locos, desde el alma.

 

Por las que seguimos tratando de entender  la vida y la muerte. Porque nosotras seguimos adelante, llorando y riendo, escribiendo, soñando. Porque los ángeles pasan y nos rozan con su alas, pero sabemos que son eso, ángeles, y que ya no van a estar.

Qué suerte tuvimos al tenerlos en nuestras vidas. Nada hubiera sido igual sin ellos.

El teatro de la vida

nina peña - poemas - sombras - hojas

No es posible saber las razones que hay detrás de una lágrima.

Ni hace falta saber las que se esconden tras una sonrisa.

No hay tristeza tan absoluta que no permita respirar ni felicidad tan grande que impida el suspiro del alma.

La vida y la muerte.  Sombras y luces entre las que estamos nosotros, figuras oscuras o claras entre niveles de grises, moviéndonos agitados en un teatro mundano y real, sin voces para gritar lo que no merece ser callado, callando lo que merece ser gritado.

Cielos e infiernos. Ángeles, plumas que se elevan en el viento. Hojas secas que vuelan y se posan a nuestros pies, cansados de caminar desconociendo el camino. Ausencias. Instantes. Fugacidad. Levedad.

La vida moviéndose entre las sombras chinescas de un teatro en el que somos espectadores de nuestra propia vida, protagonistas exclusivos tras bambalinas cuando ya parece que nos hayamos ido. Cuando el destino ha cortado los hilos.

Una lágrima o una sonrisa. Una alma se va y otra llega. La esperanza abriéndose paso en medio de la oscuridad para abrir los ojos a un mundo en que lo único cierto que existe es la muerte.

 

Leyendo a Faulkner.

 

nina peña - faulkner - novelas - libros

Es complicado. Lo reconozco. Y que la mayoría de grandes autores lo presenten como una de las mejores y más influyentes plumas de la literatura del s.XX me deja en una situación compleja.

Tengo ante mi un grueso volumen antiguo sacado de la biblioteca en el que se han recopilado cuatro de sus libros; “La paga de los soldados” “Mosquitos” “El villorrio” y “¡Desciende, Moisés!”. En total casi mil páginas de Faulkner que seguramente no serán ni las más afamadas ni las más ideales para comenzar a conocer al autor.

Quizá por mi manía de comenzar siempre la casa por el tejado mi primer libro de este autor fue uno tan aclamado como difícil, “El ruido y la furia” y sí, reconozco haberlo dejado aparcado para más adelante sin que esto me suponga ningún resquemor. Estaba avisada. Gente mucho más lectora y mucho más literaria que yo me había puesto sobre aviso y sabía que rendirme en un punto concreto de la lectura no iba a ser sinónimo de cobardía ni de falta de interés siempre y cuando prometiera volver a él en un plazo razonable de tiempo. Ya sabéis, a veces los libros nos eligen a nosotros y no al revés.

Ahora comienzo este libro y apenas llevo tres capítulos, pero me echa hacia atrás. La primera novela que me encuentro en este volumen de “Obras completas” (incompleto en la biblioteca) es “La paga de los soldados” y no es que no me atraiga e estilo y la narrativa de Faulkner, sobre todo porque soy consciente de lo mucho que hay que aprender, pero la primera impresión, tres soldados borrachos en un tren, en esa atmósfera decadente de final de guerra, esos diálogos constantes con frases que cualquier editor nos recortaría a los demás, y sobre todo el carácter que deja vislumbrar tras las palabras, me repelen.

Busco por internet más información del autor, quiero ver opiniones, reseñas y encontrar los motivos por los cuales Faulkner es una lectura absolutamente necesaria para mí.

Para Ana María Matute es el mejor escritor que ha sabido imbricar una atmósfera especial con los odios y amores familiares, sentimientos anudados cuyo influjo contamina todo a su alrededor. “Describe como nadie el lado oscuro del ser humano, lo turbio e inquietante que puede haber en él”, arrostrado con un lenguaje “inconfundible por su fuerza y con un torrente que parece que no se acaba nunca”.

Para Marcos Giralt “su pasado o el grupo social al que pertenecen dictan su futuro, pero, como la mayoría ni siquiera es conscientes de ello, la aparente pasividad con que lo aceptan no es elegida, sino apenas una huida hacia adelante (una huida solo de vida) que resulta especialmente fértil a la hora de poner en un primer plano las aristas de la condición humana”. De los personajes Giralt dice: “Su pasado o el grupo social al que pertenecen dictan su futuro, pero, como la mayoría ni siquiera es conscientes de ello, la aparente pasividad con que lo aceptan no es elegida, sino apenas una huida hacia adelante (una huida solo de vida) que resulta especialmente fértil a la hora de poner en un primer plano las aristas de la condición humana”.

Para Javier Marías la fuerza extraordinaria de Faulkner está en su estilo. Un estilo que lo emparenta con Proust,  una de sus influencias, y con Henry James. Lo que lo distingue de ambos “son sus párrafos largos, como si surgiera a borbotones hasta el punto de que es menos respetuoso con la sintaxis que ellos; como si a veces dijera: ‘la sintaxis no me importa’.

Párrafos largos, algo de lo que yo estoy intentando huir en mi narrativa.

Pero hay que aprender, leer, investigar, explorar por tanto voy a segur adelante con ello, no sé si como obligación o como parte del aprendizaje. Sobre todo para descubrir esa maravilla narrativa de la que todos hablan y que tanto aprecian. Porque no puedo sentarme a leer sólo lo que me resulta cómodo o fácil, lo que me gusta ya de antemano.

Y quizá esa sea la mejor  de las lecciones.

He dado unos detalles de lo que me han echado atrás en los primeros capítulos y son esas sensaciones precisamente las que me  empujan a seguir. Si en solo unas páginas ya me ha incomodado, ya me ha asfixiado, me han puesto nerviosa esos personajes borrachos armando gresca en un vagón, si ya los he encontrado decadentes, sucumbiendo a su propio destino de soldados tras una guerra a los que nadie les agradece el favor, si ya he detectado sus miserias, su carácter y su pensamiento de superioridad/inferioridad con respecto a sus conciudadanos y compañeros de trayecto, si ya me ha logrado poner esas imágenes y esa especie de antipatía que ellos perciben y que los demás muestran…. eso es porque sin duda es un grandísimo escritor.

Así que aquí estoy, leyendo a Faulkner… tragándome esos caracteres y conversaciones extrañas en un tren porque percibo que esa es la lección a aprender como escritora y como lectora. Quizá también como persona.

 

 

 

nina peña - faulkner - novelas - libros
El estadounidense William Faulkner (1897-1962) es uno de los autores capitales de la literatura del siglo XX. Fue mucho más valorado como novelista en Francia antes que en su propio país, fascinación europea que le facilitó la obtención del Premio Nobel de literatura en 1949. Intentó combatir sin éxito en la Primera Guerra Mundial y buscó establecerse como poeta (su primer libro, El fauno de mármol, es de versos), pero pronto se vería absorbido por una febril actividad como novelista. Nativo de Mississippi, la monumental obra de Faulkner suele ser tildada de regionalista, aunque de ser así se trata de un regionalismo signado por la técnica modernista de James Joyce. Escritor sureño, su literatura está marcada por el tránsito de esa sociedad arcaica a una moderna y por temas como las distinciones de clase y raza, el mundo rural, el retraso económico y la violencia. Para dar forma a su mundo literario inventó un condado imaginario, Yoknapatawpha, que algunos consideran antecedente de Comala y Macondo.

 

Capítulo eliminado de “La memoria de las palabras”. Lugares comunes de Castellón

 

 

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La foto es mía, hecha el día de Sant Jordi, en un receso del día del libro en Argot durante el cual volví, como la protagonista, a la calle donde siempre viví, la Calle Virgen del Lidón en Castellón.

 

Corregir es a veces una carga que pesa más sobre el alma que sobre la propia narración. Eliminar lo superfluo, lo que resta dinamismo a la lectura, los capítulos que pueden lastrar el libro, hacerlo pesado, aquello que en realidad no afecta a la narración a la acción o a los personajes, es una ardua labor.

He tenido que eliminar un capítulo entero de mi próximo libro en el que la protagonista hace un recorrido por la ciudad, reconociéndola y recordándola. Buscando los vestigios de un pasado remoto.

Como me resisto a dejarlo morir os lo dejo en mi apartado de “Galeradas”.

 

He necesitado salir de allí para respirar aire puro, para dejar que la memoria de los años, condensada en aquella casa donde están velando a un muerto insepulto y donde se escuchan palabras que yo no quiero oír, salga de mi mente aunque sea por un instante.
Necesito soledad.
Por momentos preferiría no pensar en nada de todo lo que está ocurriendo estos días y por otro lado no puedo evitar querer pensar en todo. Más aún en lo que no he podido hasta ahora. Aquello que estoy empezando a ver y entender ahora que he dejado el rencor y la rebeldía atrás, ahora que ya no me siento en deuda con nadie, que me he reconciliado con el pasado del que un día renegué y del que no he dejado de huir durante todo este tiempo, recorriendo lugares en los que no quise estar, con personas que no me importaron y haciendo cosas que no quise hacer solo para ser quien en realidad no era.
La carga de mi sangre, aquello que llevo marcado en mi ADN y que no he podido cambiar por más que lo he intentado, ha vuelto a mí y ya es un hecho irrevocable.
Giro por la calle que recorrí tantas veces de niña, el cruce angosto de dos calles que da a la plaza Rey don Jaime y a una olivera centenaria enclavada en medio de una isleta por dónde antes solo había un trozo de tierra abrupta y que ahora es una especie de rotonda, una revuelta de la larga plaza en donde no se puede apenas circular.
En la esquina donde estaba la tienda del señor Pepe hay ahora una gestoría e inmobiliaria, el Traveling sigue en la misma esquina tras tantísimos años y los bares cercanos, donde de una forma u otra siempre había parroquianos acodados en barras infames y oscuras, son ahora modernas cafeterías, como el bar Urbano en la esquina de la plaza Clavé que tiene forma de autobús inglés de dos pisos y que no se parece en nada a la oscura taberna de treinta años atrás donde se vendían caliqueños, se fumaba en el interior y se servían sol y sombra a los obreros y recolectores de naranjas que vivían en aquel entonces por esa zona, la más labradora y de las más antiguas de Castellón.
Las tiendas de ultramarinos han desaparecido, algunas de las boutiques de ropa que yo conocí de niña se han transformado y las franquicias van ocupando poco a poco el terreno al igual que ocurre en todos los centros de todas las ciudades del país.
— Cualquier día nos ponen un Starbucks – me decía mi sobrina ayer mismo.
Camino por la avenida sin tener un lugar fijo al que ir. Sin prisa. Recordando lugares por donde hace tanto que no paso, que ya casi los he borrado de mi memoria.
Camino por delante de la heladería de Ricardo donde comprábamos jarritas de horchata siempre recién traída de Alboraya, por la papelería de Plácido Gómez que ahora es una librería que da a dos calles pero cuyo aroma, ya desde la puerta, me transporta en el tiempo y me recuerda épocas de colegio, a aquel primer diario con llave que me regalaron en un cumpleaños junto a un estuche de dos pisos con cremalleras y tela vaquera que perdí el primer día, olvidado junto a un columpio porque se me hacía tarde para entrar en clase.
El edificio de Correos sigue exactamente igual que en mi memoria, pero la plaza Tetuán, que sigue situada a sus espaldas, tampoco es la misma. Han quitado el templete del centro y su cafetería donde se hacían unos bocadillos legendarios de calamares, pero sigue estando lleno de sillas y de mesas, solo que estas pertenecen a los gastrobares y cafés que están situados en las casas de enfrente, viviendas antiguas de dos plantas, reformadas para un nuevo uso, alejadas de la utilidad para la que fueron construidas casi cien años atrás.
Paso fijándome en los detalles, en los cambios, en las mejoras y en aquello que no sé si puede llamarse así pero que en todo caso está cambiado.
.Al asomarme a la plaza Huerto Sogueros que se abre en un lateral, veo a lo lejos una escultura multicolor de Ripollés y el correr del agua entre objetos pequeños que la rodean, pero ni siquiera me acerco para verla bien, los colores ya de por sí me repelen y la forma no me resulta atractiva, al contrario de la que hay en la carretera de Almazora, cuyos colores y forma, tres manos unidas, me dio, al verla, sensación de hermandad.
Los salones y el edificio del Círculo Mercantil me siguen pareciendo tan señoriales como me parecían entonces, aunque ya con el sabor de los edificios antiguos que guardan la reminiscencia de otras épocas de mayor esplendor.
La cafetería Monterey ya no existe tal como la recordaba y en la calle San Vicente, en la esquina, sigue la misma agencia de viajes cuyos pósters en el escaparate me hacían soñar con los lugares que luego he visitado. La pastelería que había entonces ha cerrado y el kiosco de prensa es ahora una tienda de ropa.
Una librería me llama la atención porque no recuerdo que hubiera ninguna en esa calle. Cuando entro en Argot noto el aroma de libros y café que he encontrado en lugares similares, pero que no esperaba encontrar en Castellón. Sus dos plantas llenas de libros me encandilan, como siempre me ha pasado en todas las librería, y tengo que hacer un esfuerzo para no comenzar a comprar compulsivamente, como también me ha ocurrido siempre.
Hay un Castellón nuevo que yo no recuerdo, que se ha ido formando en todos los años que he estado fuera y al que le he dado la espalda en una huida hacia adelante que ahora me ha vuelto a traer aquí.
Quiero encontrar la librería de Salvador, el local donde me dijeron que estaba. De repente quiero volver a aquella época de la que he huido un instante antes al salir de casa.
Desando mis pasos y vuelvo a salir por la avenida Rey don Jaime y esta vez tuerzo hacia la izquierda para adentrarme en pleno centro, saltando por entre el carril pintado de rojo del tranvía, y las zonas peatonales. Poniendo atención a las perfumerías que ya no están, a las tiendas que son muy distintas a las de entonces. Sigue en el mismo sitio la ya clásica tienda de arte Comas Aldea, donde una vez compré una gigantesca carpeta negra para proyectos de diseño que nunca realicé y que sigue teniendo ese aire artístico en el escaparate, con pinturas, lienzos y todo aquello necesario para de dar rienda suelta a un talento que los años me han demostrado que yo no poseo pero que siempre envidié en los demás.
La librería de Salvador tuvo que estar por aquí, en el centro, pero no logro saber qué local o qué casa es. Paso por delante de lo que fue la librería de Armengot, donde cada septiembre comprábamos nuestros libros de texto y cuyo olor a papel, tinta y libros sigo teniendo pegado a la nariz como si no hubieran pasado los años. Armengot, sus libros y el aroma de aquella vuelta al cole, eran una promesa. Vuelve la imagen de las cartillas escolares de Palau, de los cuadernillos Rubio y de aquel ejemplar de lenguaje, Senda y la sensación intima de sentirme maravillada al descubrir sus poemas y sus lecturas; salvo que ya no es una librería sino una tienda de ropa de la que sale una cortina de aire frío y el ruido de una música machacona y electrónica.
Cruzo más calles y el recuerdo me golpea de nuevo con los sabores, el de las rosquilletas legendarias de aquella mujer que todos llamábamos “la mustia” y el de los helados de vainilla que vendían en la puerta de Simago ; los recuerdos de sabores de entonces son tan dolorosos como los mismos recuerdos en sí.
Hay lugares que he perdido para siempre, que solo viven ya en mi memoria y a los que me es imposible regresar. Sé que si quiero recuperar la ciudad voy a tener que caminar mucho, recorrer lugares que han permanecido intactos en mi recuerdo y que el paso del tiempo ha transformado hasta no ser los mismos, e incluso puede que algunos ni siquiera los reconozca o existan. No somos las mismas, ni la ciudad ni yo. Ambas estamos hechas de un material invisible que se va despedazando con el paso del tiempo, con el correr de los años, y que se transforma en melancolía por aquello que hemos perdido sin saber que lo tuviéramos, sin darnos cuenta de cómo ni dónde lo dejamos atrás. Estamos hechas de un material que se va desmenuzando con los vientos y las lluvias y los soles de todos los inviernos y veranos, deshaciéndose en recuerdos. Convirtiéndose en pasado a medida que avanzamos hacia un futuro que no podemos ver o imaginar. Transformándose en nostalgias que no podemos permitirnos el lujo de sentir porque el vivir nos empuja en direcciones imprevistas y nuevas a las que tenemos que ir acostumbrándonos.
Nos quedan los sabores y los olores de entonces. La atmosfera en que nos movimos. Los gestos que hicieron quienes nos han ido habitando, cientos y miles de personas o la persona que fui, en la que me he ido convirtiendo, la que seré cuando todo esto termine y la que algún día se borrará del todo, diluida por el olvido y por la tierra que me tape. Nos queda el mar en la lejanía, el aroma de salitre, la luz del Mediterráneo. El viento de tramontana que trae el olor de la montaña y de los campos. El aroma de azahar que se repite en cada noche de Magdalena y se mezcla con el de la pólvora de los castillos de fuegos artificiales, los latidos de corazones que suenan al ritmo de las mascletás de cada medio día de fiestas, y las costumbres que llevamos tan metidas en la sangre que aunque viviéramos mil vidas en mil países distintos, seguirían siendo parte de nosotros como el material genético que hemos ido heredando. He tenido que irme y volver para descubrir quién soy, y aunque mi paso por aquí sea de tan solo unos días, me reconozco en los lugares de los que quise tomar distancia y que ahora, con la edad, estoy comenzando a añorar y sentir como míos por primera vez en mi vida.
Me siento en una terraza y pido un café con hielo para tardar un poco más en volver, para retrasar todo lo posible el reencuentro con familiares a los que ya no conozco. Sigo siendo la rara de la familia, la extraña y taciturna, la que más se parece a mi padre, según me decía mi abuela que quizás imaginaba quién fue. Con ese aire entristecido y raro que llevo en los ojos marrones, inéditos en toda mi familia salvo en mí. Como mi actitud o mi silencio. Mi forma de ver las cosas, tan distinta a la de los demás que me llevó a desertar de mí misma y de ellos para, al cabo de treinta años, darme cuenta de que han estado conmigo todo este tiempo. De que nunca se han ido y de que no ha habido ni un solo día de mi existencia en que no haya pensado qué hubieran hecho ellas si hubieran tenido las oportunidades que a mí me dieron.

 

#Manual de feminismo para cuñad@s

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En primer lugar perdón por el mal uso de la arroba en el título, pero es una forma de inclusión que habitualmente se usa en las redes sociales y que yo he querido aprovechar para ponerla en el título y que de esa forma tod@s se dieran por aludidos.

Este ensayo, que verá la luz el próximo 1 de marzo, es la recopilación de un año de tweets rabiosos por parte de diez personas a las que hice un seguimiento en redes. Tras ese seguimiento pude sacar, a groso modo, los temas principales de los que se habla y que giran alrededor del feminismo, o quizá sea mejor decir del machismo, porque en realidad son tweets machistas sobre temas feministas a los que, bien por falta de espacio o bien porque sabes que hablar con esa ente es como lavarle la cabeza a un burro, que pierdes el jabón y la paciencia, es imposible responder.

En este ensayo doy respuestas razonadas a temas que han salido a la palestra los últimos tiempos; lenguaje sexista, violencia machista, el victimismo del que creen que hacemos gala, la brecha salarial, el techo de cristal, la discriminación en la literatura, los distintos tipos de feminismo…

Creo que es un libro que permite dar respuestas y sobre todo entender qué es el feminismo actual y tratar de prever a qué nos enfrentamos en los próximos años.

Espero que el libro os guste, que las respuestas, esta vez razonadas y no en 144 caracteres, sean comprensibles para todos, y sobre todo, espero que esto abra algunas mentes reacias a entender el problema de fondo, a entender que el feminismo es más que un movimiento femenino, es una filosofía de vida que nos repercute a toda la sociedad y que nos obliga a deconstruirnos constantemente para no quedarnos atrás.

 

 

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Día internacional del holocausto.

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Hoy es el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.
Y es necesario recordarlas a todas, recordar aquellos hechos, pero si me permitís un inciso, quiero recordar especialmente a las victimas españolas de ese holocausto.

A las personas que tras luchar contra el fascismo en España en una cruenta Guerra Civil, aún tuvieron arrestos para seguir combatiéndolo en Europa, a los republicanos que lucharon por la democracia en su país y están enterrados en fosas comunes de campos de concentración europeos y que dieron su vida por la libertad, la democracia y contra el fascismo.

A ellos estas palabras de Primo Levi.

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.”

Si esto es un hombre.
Primo Levi