Archivo de la etiqueta: pensamientos

Escribir

 

nina peña - mujer escribiendo

Escribo para poner mis pensamientos en limpio, para poder verlos a la luz blanca de un papel, inocente todavía, sin pretensiones de ser leído.

Escribo porque de pequeña era una forma de evadirme, de soñar, de imaginar otras vidas y otros lugares. De mayor es una forma distinta de ver la realidad, de querer cambiarla, de imaginar otro mundo y contarlo para tratar de que, no sé cómo, cambie.

Escribo porque es uno de los esfuerzos que vale la pena realizar; cruzar palabras, unirlas, abarcar significados distintos, encontrar matices, perlas entre las letras, diamantes entre los borrones oscuros de tinta sin pulir.

Escribo porque quiero explicar mi mundo, exterior e interior. Conocerlo mejor.

Escribo porque mi cabeza no deja de dictarme letras, porque veo personajes en cualquier parte,  veo argumentos en cualquier rincón, historias en cada historia. Porque veo el otro lado de las cosas y de las personas.

Escribo porque no puedo evitarlo. Porque una voz me dicta palabras y tengo la necesidad de sentarme a transcribirlas, transformarlas en textos coherentes.

Escribo porque es una forma de aprender, de crecer, de buscar y encontrar, de hallar vida en la propia vida.

Simplemente escribo. Sin papel a veces. Solo escribo.

Anuncios

Mañana

nina peña - piernas - manos - mujer

Mañana empieza Octubre.

Mañana, dicen, empieza de verdad el otoño.

Mañana empiezo a trabajar de nuevo.

Mañana empiezo la dieta.

Creo que a veces comenzamos las cosas  solo para seguir en el mismo sitio.

A eso se le podría llamar sobrevivir.

Don Quijote cabalga de nuevo

don quijote - nina peña - libros - autores
Cervantes ha cumplido este mes 471 añitos de nada. Y sigue tan fresco.

Anoche, en un episodio de CSI Las Vegas, uno de los actores regalaba una preciosa edición de Don Quijote de la Mancha a uno de los personajes que había luchado encarecidamente contra una injusticia. Leía en voz alta el primer párrafo, acariciaba el lomo del libro y el investigador le decía que había luchado contra ogros de verdad, no contra los molinos.

Hace unas semanas, en un capítulo de Bonnes, la doctora nombraba a Baltasar Gracián en una de sus frases del El criticón  dando una lección de humildad a su compañero que sonreía ante lo acertado de la frase.

Auster tiene la sana costumbre de nombrar a algunos autores españoles, a Lorca por supuesto, pero me quedé alucinada cuando nombró en uno de sus libros  a Calderón.

Os preguntaréis a qué santo os cuento esto. Muy simple, cuando ocurren cosas así me emociono un poquito. Soy un poco boba, pero me gusta ver que hay gente, allende nuestras fronteras, que valora la literatura española.

Aquí parece que nos da un poco de vergüencita.

A mi me encanta.

No sé, me da que somos un país que no valoramos lo que tenemos, que creemos que la cultura es la que hacen unos pocos ahora, en este momento, y no sabemos apreciar todo aquello que hicieron otros. Quizá tengamos mal aprendida la lección de valorar escritores por la época convulsa a la que pertenecieron o todavía nos quedan rémoras de aquellos autos de fe del franquismo cuando los libros de las bibliotecas se quemaban en piras infames y donde nos decían qué era lo que se podía o no se podía leer. Otros han sido usados para fines políticos y propagandísticos hasta tal punto que creemos que leerlos es pasarnos a un bando que queremos olvidar que existió.

Autores que han pasado por la historia sin que ya nadie los recuerde, sin que casi nadie compre sus libros, sin saber lo importantes que fueron para la mentalidad de las personas en su momento histórico y en su entorno.

Yo soy de las que reivindica La regenta como una obra cumbre de naturalismo y de las que piensa que, de no haber sido por los cuarenta años de censura que sufrió, podría estar al lado de novelas en la que la protagonista femenina se reivindica a través de su drama. Quizá al ladito de Ana Karenina o de Madame Bobary. Pero no, eso será algo que nunca pasará porque la hemos ocultado durante demasiado tiempo.

Creo que el deber de todo amante de los libros y de la literatura en castellano, debería ser releer sin complejos ni prejuicios a todos estos autores que salen en letra pequeñita en los libros de texto, a los que ni siquiera salen. Reivindico a Gracián y a Blasco Ibáñez. A Quevedo o Valle Inclán. A Calderón de la Barca y Laforet. A Unamuno, a Zambrano o Baroja. A Chacel o a Pérez Galdós.

Parece que ya no se leen estos autores, como si ya no se pudiera leer la narrativa de la misma forma. Pero hay que volver a ellos, valorarlos, muchas veces no somos conscientes del valor de nuestros paisanos hasta que no sale su nombre en un libro o en una serie norteamericana, hasta que no nos lo dicen los demás.

 

La llamada de la palabra

 

mujer escribiendo - nina peña - libros - escritora

Se le llamaba profesión sacramental.
Era un sacramento, la vida entera dedicada a una vocación, una llamada  de la conciencia, del alma. Ser escritor era algo casi sagrado que modificaba toda una vida. Algo más que una afición o una querencia, mucho más que un oficio. Era una disposición personal, un don que desarrollar, una aptitud que no todos lograban tener y que debía desarrollarse continuamente.
Su carácter solitario, secreto, de comunión con las palabras, silencios y recogimiento, le daba ese aire místico e intelectual que todavía se conserva en el aura de viejos literatos. Malditos o benditos, los escritores dedicaban su vida a escribir, y ese oficio de juntar letras y dar vida a personajes e historias, modificaba de tal forma la vida de cada uno que hacía imposible que un autor se dedicara a cualquier otra cosa que no fuera en mismo oficio de escribir.
Vargas Llosa dice en su libro “Cartas a un joven novelista” que escritor es aquel que hasta sus más íntimos pensamientos necesita ponerlos por escrito, independientemente de que sean publicados o leídos por alguien. Hoy, todavía leo a compañeros que escriben por el hecho de que no podrían vivir sin ello, no se imaginan haciendo otras cosas o simplemente “colgando la pluma”.
Cuando preguntas a un autor por qué escribe la respuesta suele ser la misma: porque no puedo hacer otra cosa, porque lo necesito, porque no sé vivir sin escribir. La semilla está dentro de cada uno esperando crecer y desarrollarse, y no siempre ha de hacerlo en tierra abonada y fértil. A veces escribimos desde páramos lejanos y estériles, desde llanuras desérticas y planicies áridas en donde nada fructifica. A veces sabemos que estamos tirando simientes en terrenos baldíos y no por ello abandonamos la manía de seguir escribiendo.

paul auster - nina peña - libros - literatura
No todo termina en libro, en novela, en poemario. Hay miles de letras escritas que permanecerán siempre ocultas. Cuartillas que comenzamos a rellenar cuando contábamos nueve años y el mundo era un lugar bueno e inocente que, sin embargo, ya resultaba tan incomprensible como para tratar de explicarlo.
En los blogs de autores, languidecen historias que en otros tiempos hubiesen sido llamadas a no ver nunca la luz. Mueren palabras recién nacidas de los dedos rápidos que etiquetan fotos, adjuntan enlaces, y buscan bibliografías con las que ampliar horizontes. Tenemos el mundo al alcance de la mano y accedemos a él con un clic rápido en el ratón. Diccionarios de sinónimos, correctores y herramientas imposibles de imaginar por aquellos que nos precedieron. Podríamos considerarnos afortunados. Pero seguimos escribiendo y buscando explicaciones, tratando de entender el mundo. Al final estamos solos frente a la pantalla del ordenador, atacando un teclado, mirando un procesador de textos. Con la misma inquietud que tenían aquellos que rasgaban cuartillas enteras, que emborronaban con tinta los márgenes de las hojas, que afilaban plumines, los que tenían que modificar textos tachando palabras, que arreglaban y explicaban el mundo mientras corregían las galeradas de una rudimentaria imprenta.
La vocación sigue ahí. Intacta. Sigue modificando la vida de quienes sentimos la llamada de la palabra. Los letraheridos, que nos llaman ahora. Nos seguimos desvelando en los mismos temas y tratamos de encontrar nuestra propia forma de contarlos, nuestra propia voz, tan escurridiza, tan propensa a confundirse con otras voces y con otros afanes. Sigue modificando nuestra vida, seguimos sintiendo que queremos dedicarnos a esto en cuerpo y alma y sufrimos por no lograrlo, por tener que seguir viviendo el día a día cuando querríamos estar escondidos en nuestra cueva, sentados ante el folio blanco.
Profesión sacramental. Pura vocación. Una estela que necesitamos seguir, una llamada que necesitamos responder, una disposición para soñar que nos urge a seguir despiertos.

Citas

nina peña - citas - dumas

“No hay felicidad o infelicidad en este mundo; solo hay comparación de un estado con otro. Solo un hombre que ha sentido la máxima desesperación es capaz de sentir la máxima felicidad. Es necesario haber deseado morir para saber lo bueno que es vivir.”

-El conde de Monte Cristo de Alexandre Dumas.

Escritor o emprendedor

nina peña - escritor - palabras - libros

Hoy en día publicar un libro en una gran editorial es casi como jugar a la lotería. Te puede tocar o no, pero lo cierto es que hay que comprar boletos para ello.

Tienes el libro acabado, en mente ves tu nombre en las páginas centrales de un periódico anunciando su venta o su presentación, el Word te quema: necesitas sacarlo al mundo, hacerlo público. Mentalmente esperas que guste pero te preparas para las críticas. Creo que en ese momento acariciamos todos el mismo sueño: ser como esos escritores que admiramos, que se pueden dedicar a escribir, a documentarse, a estar frente al papel en blanco y hacer de su amor no solo un arte, sino un trabajo.

La realidad es brutal.

Las grandes editoriales, esas que llenan las estanterías de nuestras bibliotecas, han hecho limpieza de autores, títulos y depurado catálogos. Ya no aceptan manuscritos. Al contrario. Han puesto en marcha un sello independiente de auto-publicación que viene a ser lo mismo que todos los que se anuncian te pueden ofrecer porque, seamos sinceros, si se anuncian o te piden manuscritos son editoriales de auto-publicación…

El autor ya no es ese escritor que se sentaba a pensar, a reflexionar sobre lo humano y lo divino, el que se volvía loco buscando expresiones y palabras con las que expresar un mundo interior o unos pensamientos. Ya no busca la crítica social a través de sus páginas, ya no es el romántico que se sienta a mirar el compás de las olas buscando inspiración. Ya no es el maldito que necesita emborracharse para sacar toda la mierda que lleva dentro depurada en líneas con sentido.

El escritor ha de ser un emprendedor. Ese es el boleto que te puede tocar si lo juegas.

Y puedes sentarte en una terraza frente a un café mirando el pasar de la gente tratando de ver en su comportamiento personalidades dignas de ser reflejadas en tu libro. Puedes mirar el vuelo rasante de las palomas sobre las mesas y sillas vacías de estas mañanas de lluvia en terrazas solitarias. Puedes quedarte mirando el mar y contar los vaivenes de sus aguas o los barquitos pesqueros que se divisan a lo lejos. Puedes ser el último romántico sobre la faz de la tierra… y puede que no te sirva de nada.

Puedes romperte la cabeza buscando la palabra justa, el término exacto, el sinónimo necesario para decir lo que de verdad quieres decir. Puedes creer de verdad que todo está escrito ya y que solo cambia la forma de contarlo, esa forma que buscas con ahínco y sin descanso.

Puedes sentarte a escribir cientos de palabras en una tarde o puedes volverte loco porque no hay forma de escribir ni una.

Nada de eso importa. No has de ser escritor solamente, has de ser emprendedor.

Saber corregirte los textos, saber editarlos, maquetarlos, hacer las portadas, trazar estrategias de marketing, publicidad, hacer carátulas perfectas para que se vea bien tu libro en cada red social, machacar las redes, organizar concursos, escribir en tu blog, hacer entrevistas, críticas, reseñas de otros libros, publicar en grupos de lectura, llevar bien la contabilidad de los libros que vendes, de los que no, de los que tiene cada librería con la que previamente has contactado…ser escritor, hoy en día es llevar un negocio, no escribir solamente.

Miras hacia atrás y ves a los otros, a los anteriores escritores que solo tenían que escribir y dejar hacer a la editorial. Has llegado tarde. Quizá eso ya no vuelva a hacerse jamás pero es lo que siempre has soñado. Escribir. Qué lástima que uno llegue tarde a sus propios sueños.