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La actitud de los cuerpos

nina peña - actitud - brazos - cuerpos

Es la actitud de tu cuerpo junto al mío lo que más amo de ti.

Somos como figuras de piedra unidas en lúbricos abrazos; los contornos borrados, las formas gastadas, pero aún unidas en la actitud que los define.

La actitud de tus piernas entre las mías.

La actitud de tus manos abriéndome.

La actitud con que golpeas, acaricias, gritas, inundas.

Tu voz, tu mirada o tus gestos.

No somos piedra, no estamos quietos ante el mundo, no nos rompemos al golpearnos piel con piel, carne con carne, y no cabemos en nuestras manos.

No nos resquebrajamos ni permanecemos imperturbables ante las mareas que corren por nuestra sangre. No me asfixia la pleamar con la que me inundas y de la que te desprendes con un jadeo que lleva mi nombre.

Morimos un poco pero resucitamos ante el milagro de la transubstantación, yo en ti, tú en mí, devorándonos con las bocas, creándonos con nuestros dedos, consumiéndonos en el fuego lento de nuestras pieles, preservándonos del olvido al que estamos condenados y del que no podemos salvarnos salvo en estos momentos en los que vencemos a la muerte.

Seríamos como aquellos amantes de los que el tiempo ha borrado los nombres y que reposan en lápidas abandonadas sin que en ellas se muestre nada de aquello que vivieron.

Como héroes recluidos en páginas doradas, borradas por los años y de los que ya nadie habla, como las hojas de todos los árboles que vuelan silenciosas en todos los otoños.

Seríamos parte de una historia que no contaría nuestra verdad, ni nuestro amor, ni nuestra pasión cegadora, ni nuestra locura de no ser por los momentos en que el mundo, recluido en nuestra cama, gira al compás de tus caderas marcando las estaciones del mundo, las eras en las que vamos a vivir cuando ya no estemos.

Seríamos solo huesos, piel, sangre, penetración y rendición si no fuera por las mareas que nos hacen amar y burlar la muerte.

¡Qué bello que no seamos piedras ni se borren nuestros contornos con el paso de los siglos! ¡Qué bello saber que, aunque nos tallaran en jade, nuestra actitud sería de amantes!

Es la actitud de tu cuerpo junto al mío, lo que más amo de ti.

La cualidad de amante que tiene tu corazón.

Es la actitud de los cuerpos quien define las almas.

nina peña - actitud - abrazos - cuerpos

Mirarte

Cuadros de Hombres Arte Hiperrealista

Oleo sobre lienzo de Eivar Moya

 

  Me gusta mirarte, así, desde la cama. Me gusta ver cómo te levantas sin pudor por tu desnudez, descarado, mostrando casi orgulloso  tu cuerpo, tu piel que toma reflejos de cera ante la luz de la tarde y que brilla con una tenue capa de sudor.

Me gusta ver tus músculos moverse mientras tus gestos revelan que vas a comenzar a vestirte.

Recorro con la vista tu espalda, la precisión de tus brazos entrando en la camiseta, tu pecho y tu abdomen reflejado en el espejo que poco a poco vas tapando con la ropa, tus piernas que se doblan para recoger el pantalón del pijama caído en el suelo, tu culo y tu sexo desapareciendo también tras unas rayas suaves de algodón.

Me estas mirando mientras yo te miro, me sonríes sin que yo te vea sonreír.

Has ido tapando de mi vista tu cuerpo tan poco a poco que la tentación es la misma que si te hubieras desnudado.

Me gusta verte caminar descalzo hacia el baño, oír el agua de la ducha y saber que está comenzando a resbalar sobre la piel que un instante antes tocaban mis manos.

Hasta la cama llega el olor del jabón que se mezcla con el aroma nuevo de sexo entre las sábanas, y recuerdo tu perfecta desnudez justo un minuto antes de que te levantaras.

Los brazos en mi cintura y yo aferrada a tu espalda. Mis piernas en tus caderas o sobre tus hombros o entre tus piernas.

Mirarte desnudo es como prolongar ese momento, acariciarte con los ojos donde han estado mis manos, besarte con la mente donde antes te beso mi sexo, no dejarte ir del todo aunque ya no estés en la cama.

Tiene algo de sueño y de irrealidad  la luz mortecina de la tarde sobre tu piel, algo de frescura y  bálsamo el ruido del agua al resbalar sobre tus caderas,  algo de intimidad compartida, de promesa, de secreto revelado entre susurros, como si tu piel fuera el lugar donde muere mi soledad y mi silencio.