Dónde estabas.

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Dónde estabas mientras yo alimentaba a mi prole.

Salias de las cavernas dando gritos y subías a los montes, probándote humano, buscando medir la fuerza de tu voz y de tu puño, compitiendo con los truenos de los cielos oscuros.

Dónde estabas mientras yo tejía los sueños.

Yacías dormido en las entretelas de la bruma, espantando pesadillas que tú mismo creabas y con las que te despertabas gritando, sacudido por la ambición y el poder.

Dónde estabas mientras yo sembraba los campos.

Te marchabas cada mañana con el alba y las manos ocupadas con las armas que la noche antes hiciste a la luz de las hogueras donde se doraban los rostros y se escuchaban los cuentos e historias que yo contaba.

Dónde estabas mientras yo hablaba con la madre tierra y sacaba de ella los frutos.

Tú mirabas el cielo, veías lunas de sangre y estrellas que te semejaban  triunfos que querías alcanzar porque estaban sobre tu propia cabeza.

Dónde estabas mientras tus hijos crecían.

Empeñado en labores que tú mismo te obligabas a hacer, en las que te erigías poderoso y fuerte, sagaz y confiado.

Dónde estabas mientras yo paría.

Recibiendo los parabienes de la tribu, sin medir el alcance de los gritos ni del dolor, atento solo al llanto.

Dónde estabas mientras los inviernos llegaban y cuando las nieves cubrían todo, cuando el frío se instalaba en el alma.

Dónde estabas cuando yo tenía que construir un hogar de la nada, cuando tenía que alimentar cuerpos y almas, cuando había que poner un techo sobre nuestras cabezas, donde estabas cuando el dolor no dejaba de doler y el cuerpo no alcanzaba para vivir.

Dónde estabas cuando yo callaba porque prefería vivir en paz , dónde cuando las lágrimas impedían la vida misma.

Gritando, midiendo el alcance de tu chorro de orina en el blanco de la nieve o en el polvo de los caminos, dando voces de mando y de orden, como si fueras tú quien ha construido el mundo y tuvieras que gobernarlo, como si todo tuviera que estar bajo el control de tu voz y tus manos.

Donde estabas tú el día en que se repartió la humanidad y el amor.

Gritando. Con un bastón de mando en la mano y vestido con las pieles del animal que habías matado meses atrás.

Dos mil años después sigues gritando, con las armas en la mano, y midiendo tu chorro de orina sobre el polvo de los caminos diezmados por la injusticia.

Déjame pasar.

Yo soy la que ha estado criando a los hijos, construyendo hogares, hablando con la madre tierra, pariendo con dolor y sangre, arrancando frutos y plantando semillas, tejiendo los hilos de la sociedad que llevas tantos años empeñado en destruir.

Llorando por la vida de los hijos que parí y de las hijas que siguieron mis pasos.

Déjame pasar. Mis armas no son las tuyas ni mis sueños son los tuyos. Mi chorro de orina no llega tan lejos pero no voy a empezar a competir por ello y menos contigo.

Déjame pasar. Tú ya has tenido tu tiempo y los frutos de tus gritos siguen sonando por toda la tierra. Yo solo grito para dar vida y tú gritas para quitarla.

Déjame pasar. Ya va siendo hora de que la vida se abra paso y de que dejes de gritar tanto.

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Celeste F. Reina. Rimas prematuras.

nina peña - celeste reina - poemas - rimas prematuras

Hoy en la sección de mi blog en la que comparto la obra de compañeras y amigas quiero presentaros a Celeste F Reina, la guapísima y jovencísima autora de Rimas prematuras, su ópera prima en la que ya se descubre a una mujer con inquietudes, ideas, profundidad y muy buen hacer.

Celeste F. Reina (1998 Sevilla) nació en el seno de una familia modesta y trabajadora. Iniciada en la lectura por la influencia de sus jóvenes padres, pronto sintió esas ansias por saber más y descubrir el mundo a través de las páginas de un libro.

Se interesó en la escritura a muy temprana edad, escribiendo breves relatos infantiles como proyecto de sus clases de Lengua y Literatura, en el colegio de su pueblo natal, Camas.

Descubrió su pasión por la poesía leyendo su primer libro de poemas, “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez, algo que a mí, personalmente me encanta porque también fue mi iniciación a la literatura de “mayores”.

En su adolescencia, continuó con lecturas como “Rimas y leyendas” de Gustavo Adolfo Bécquer o la “Antología de la Generación del 27”, donde encontró grandes maestros, como los sevillanos Cernuda y Vicente Aleixandre.

En su paso por el instituto, su poesía maduró y se hizo más compleja, lo que la llevó a ganar varios galardones como:

  • IV Concurso de Relatos Cortos por el Ayuntamiento de Camas.
  • Finalista en el II Certamen Sierra de Francia.
  • Seleccionada en el IV Concurso de Microrrelatos de Ojos Verdes Ediciones.
  • Finalista en el XII Concurso de Poemas Temáticos, “Dedicado a…”, de la Red Social de Poesía.

Dichos premios le otorgaron la confianza para recoger sus textos en una colección de poemas y, con ello, cumplir su gran sueño, publicar su primer libro de poemas, Rimas prematuras, que ya está en el mercado y a vuestro alcance en este enlace.

rimas-prematuras

 

http://editorialcirculorojo.com/rimas-prematuras/

Os dejo con un par de bellos poemas de su libro. Espero que os guste.

 

SE APAGA

Dime y solo dime; cómo es

posible vivir sin la persona amada,

a menos de un palmo de distancia.

 

Cómo es posible respirar un aire

en el que su ausencia se escapa,

y deja una estela parecida al viento,

frío e inhóspito, demasiado gélido.

 

Y cruel angustia se apodera de mis ojos

pues queriendo o sin querer, frágil lloro,

por la inexistencia de su presencia,

dejando en las entrañas un sentimiento roto.

 

Cuanto más tiempo pasa de su llegada,

la angustia que antes lenta prendía,

ahora la mecha efímera quemaba.

 

Y en infernal carrera las ansias

retan al tiempo, eterno y duro rival,

que siempre rememorando a la realidad

se convierte en fiel, vertiginoso compañero.

 

Es entonces cuando la locura,

paraliza mi mente, increpando mi alma

torturada por el reloj que lento avanza…

es entonces cuando la bomba estalla,

 

Cuando mi ser detona

y atrapado en el cosmos se apaga.

 

LIBERTAD

Nací en la cuna

del olvido,

y fui olvidada.

 

Nací desnuda;

inocente e ignorante,

ante las viles sombras

que en la oscuridad me acechaban.

 

Nací juzgada;

sin defensa, ni palabra,

quisieron hacerme esclava,

recluirme en una jaula.

 

Nací siendo presa;

de un mundo de etiquetas,

falsas sonrisas que cubren

sus miradas indiscretas.

 

Nací sin voz;

ante una sociedad que grita,

que decide de quién es

la sangre que se va a verter.

 

Nací coartada;

limitada por las reglas,

los márgenes de un libro

al que suelen llamar “Ley”.

 

Nací sofocada;

entre los gritos del pueblo,

luchando por derechos

que la élite no quería ver.

 

Nací voraz;

como pequeña llama,

ante un seco pastizal,

temeraria e insaciable.

 

Nací pronunciada;

entre los labios desesperados

de una triste muchedumbre,

esclava de una clase noble.

 

Nací como un deseo

que brinca en el corazón

y al miedo hace ajeno.

 

Nací en el alma y la mente

de los hombres,

en las entrañas del dolor.

 

Nací en tiempo extraño,

libertad me otorgó el mundo,

y libertad soy.

 

Maifa Rieseberg y el mar.

nina peña - maifa rieseberg - mar - poemaEl mar teje un velo de bruma en el horizonte donde navegan grandes albatros nubes hacia el infinito.

Y en una sinfonía de rosas nace el sol, brasa tímido detrás de su muselina gaseosa. Delicadamente pinta una tela puntillista de rosa tierno y cálido, mientras la plata blanquecina del mar va sonrojándose de susurrante enamoramiento.

Prepara un lecho suave y brillante en que el sol pueda recostar suavemente su mirada cálida.

El mar se mece y ondula su vientre como una hetaira, con lentitud calculada, con suavidad lasciva, cantando bajito eróticas pasiones por una mirada rosa y una caricia incendiaria de pasión efímera.

Cada amanecer es distinto, no hay dos iguales.

19732315_10207687004288046_2091684990748299566_nCada onda de luz, cada nube, cada brisa y fragancia cada detalle que puede ser visto, sentido.

Como cada día, como cada instante, nada es igual en la naturaleza. Madrugar y ver salir el sol, ir a buscar su nacimiento, en la ciudad, o fuera de ella, me ayuda a recordar que cada momento es único y singular, y que la vida es una sucesión de amaneceres y ocasos en todas las dimensiones de lo humano, permanentemente.

Detenernos aquí, ahora, en el instante presente a captar el amanecer de lo que sea: un saludo, un latido, la luz que entra por la ventana, el aire que nos alimenta en este momento, lo que sea que viene a decirnos hola.

Grises antracita, grises ratón, grises perla, grises blancos, blancos grises. Sinfonía gris. Aguas expectantes y mansas, de caricia cálida para pasear acompañada por una chica grande. Que extraño y precioso es ver crecer a las personas y adivinar un largo recorrido interno hacia un abanico de plenitud.

A salto de mata, ver cómo evoluciona con un alma cada vez más luminosa. Gris está el día que sonríe entre nubes y juega con la luz haciendo senderos, guiños, surcos, explosiones amarillas.

Grises que se vuelven blancos de sal y luminosidad, blancos de calor, blancos que conquistan el cielo en un alarde de poderío. Y en la arena dorada y sucia pasan las almas transeúntes mañaneras en busca de paz y de inconfesados objetivos

18557496_10207324471864962_2258776440410961104_nRoja bola entre seda de bruma sale del mar susurrante y tierno, lánguido y delicado. Líquida plata orlada de puntadas azuladas murmura la balada de los enamorados de la paz y el silencio.

Rosada mañana de luz tamizada por una muselina delicada donde vagan extraños pájaros de nubes mullidas e inciertas a ras de agua en la precaria raya del horizonte.

Baladas de agua cálida y mimosa surcan la brisa.

El mar ofrenda a la arena posidonias, rayas esmeraldas para que luzca joyas brillantes de perlas de sal. Pero la arena ya no mira las ofrendas, tiene la espalda erizada de cañas y de dolor de la soberbia del pescador. En la escollera conquistada, lucen picas, banderas y sombrilla en el contraluz de la mañana.

Sombras chinescas en el aire tenue y salado auscultando el mar que gluglutea entre piedras para solaz de pulpitos y cangrejos tímidos, mientras las rayas plateadas de algunos peces se burlan del pescador. Dos gaviotas pelean por unos despojos mientras empieza para la playa el sufrimiento del verano, pies y toallas, picadura de parasol y gritos de alborozo.

15202650_10206118366273076_8252149351764845466_nRumorea sin tregua con rabiosa constancia bajo un dosel de nubarrones grises que se pavonean en el agua ora de gris morado ora verde hosco. El mar le ha robado tanta arena a la playa que va empachado; se ha preparado una larga cama plana donde desenrollar sus encajes de espumajos chulescos. Está ufano el mar de sus hazañas de ayer, invadió la playa y dejo charcos que se bebe la arena con paciencia donde revientan burbujas salobres en un glup suave y estirado y las nubes se hacen selfies en sus espejos. Las olas suben en alardes de matón de verano con ímpetu de película mala dejando figuras de fieras antediluvianas que se escurren cobardes hacia su guarida eterna.

Entre nubes se asoma el sol haciendo poses, en estrella, en raya, en punto y coma, en exclamación.

El sol está jugando con las nubes, mientras el mar, en el horizonte humea, caliente de rabia, caliente de verano contra la brisa matutina.15179117_10206118364113022_2681530507568806355_n

PD. Muchas gracias Maifa por permitirme compartir tus escritos. Es un placer y un honor tenerte en mi blog.

 

A veces.

 

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A veces me gustaría ser tal como es el resto del mundo.

Ser como esos que nunca piensan antes de hablar y que dicen las cosas sin saber, sin afectarles el hecho de producir dolor. O ser de los que no lo sienten, de la gente a la que nunca le duele ni le importa nada.

Ser de los que no se sienten incómodos en los largos silencios.

De los que miran sin sonreír.

De los que guardan sus palabras pese a mostrar en su frente el oscuro mecanismo de sus pensamientos.

Ser de los que no miran los amaneceres ni los atardeceres ni cuentan las olas en el mar.

De los que siempre tienen un juicio justo e ineludible que emitir y una sospecha que confirmar.

De los que no dudan, de los que no se plantean nunca no tener la razón.

Ser de los que se quejan de las hojas caídas de los árboles sobre el cemento sin ver el otoño.

De los que se quejan de los pétalos de flores en las aceras sin ver las primaveras.

De los que se quejan de la lluvia sin escuchar la música de sus gotas sobre los cristales cerrados tras los que hay un calor de hogar que no existiría sin ella.

Ser de los que gritan en los semáforos porque son incapaces de reconocerse como peatones.

Ser como aquellos que siempre tienen una opinión para todo aunque se la guarden tras el oscuro túnel de los ojos.

De los que no se enfadan con las injusticias ni le gritan al presentador de los noticiarios.

De los que siempre encuentran algo, por pequeño que sea, con lo que pueden justificar un acto de maldad o un atropello.

De quienes saben buscar culpas a víctimas inocentes para que el culpable no lo sea tanto y el inocente lo sea menos.

De los que no lloran escuchando el Adagio de Albinoni o el Oblivion de Piazzola.

Ser de los que hablan como si conocieran el mundo entero, como si es perteneciera, como si no hubiera ningún lugar al que no hubieran viajado.

Como los que nombran menús y restaurantes, y aviones y tiendas y hoteles de ciudades lejanas pero que no han paseado por ningún parque de la ciudad en la que viven, ni se han perdido en ningún bosque ni en ninguna calle sin nombre.

De aquellos que no viven aventuras de las que puedan salir heridos.

De los que son capaces de reír en los entierros y no emborracharse en las bodas.

De los que cuelgan cd´s en las ventanas para que los pájaros no se acerquen a sus balcones.

De los que podan los rosales sin pincharse y de los que ponen las rosas en un jarrón sin pararse a oler su perfume.

De los que ordenan los libros en los estantes con gusto estético o de aquellos que no tienen libros porque no les parece decorativo.

Ser como esos que no conocen los nombres de los árboles ni la forma de sus hojas, pero devoran sus frutos.

De esa gente que no siente el aroma del viento ni el punto cardinal del que sopla, de esos que odian la Tramontana porque es fría y el Poniente porque es demasiado cálido.

Me gustaría tener el don de ver solo aquello que mis ojos ven, de reconocer y formar las imágenes exactas en un cerebro matemático ante las cuales no cabria ni un ápice de duda o incertidumbre. No ver nunca ese otro lado de las cosas.

Creo que, si fuera como ellos, sufriría menos.

Por eso, a veces, me gustaría ser como el resto del mundo.

Pero solo a veces.

Mairym Cruz Bernall. Acercamiento a su poesía.

nina peña - mairim cruz bernall - poemas - mujeres

Os traigo un regalo. Porque sí. Porque es domingo por la tarde y comenzamos a acusar el tedio del día, olvidada la belleza de la mañana, y porque hay que ir haciéndose a la idea de que mañana volvemos a lo de siempre… Porque soy generosa a veces, cuando reparto gratuitamente el arte de los demás.

Os dejo dos poemazos, atentos, no poemas, poemazos, de Mairyn Cruz Bernall a quién descubrí cuando buscaba poesía erótica de calidad, y feminista a poder ser, para mi libro Rosa de los vientos. Desde entonces se ha convertido en una de mis poetas favoritas.

Y hoy os traigo el poema que da pie a un bello capitulo en mi libro, “Mía” pero además os comparto también el “Poema de la silla” recitado por ella misma en un recital en Puerto Rico.

Disfrutad. Que la belleza es efímera y escasa… como las mañanas luminosas de los domingos.

3979854563_03c94dd0ba_bCruz-Bernall Mairym. Nota biográfica

Nació en San Juan, Puerto Rico (1963), poeta y ensayista. Dirigió desde 1993 al 1999 el Grupo Puertas, Movimiento artístico-literario de fin de siglo. Editora y traductora de la poesía de la cubana María Elena Cruz Varela. En en el 2001 viajó a la Patagonia Argentina donde representó a Puerto Rico, en el IV Encuentro Internacional de Escritoras, y donde le fue entregada la Sede para el V Encuentro en Puerto Rico en el año 2003.

Mairym Cruz-Bernall posee una Maestría en Escritura Creativa de Vermont College, Norwich University.

Actualmente trabaja como Ejecutiva de compras de títulos en español para la cadena de librerías multinacional Borders.

OBRA LITERARIA: Poemas para no morir (Ediciones Mairena,San Juan, 1995)

On Her Face The Light Of La Luna (Provincetown Arts Press, EU, 1997)

Cuando él es adiós (Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1997)

Soy dos mujeres en silencio que te miran (Ediciones Torremozas, Madrid, 1998),

Querida amiga querido amigo (coautoría con el cantante Danny Rivera (Isla Negra Editores, San

Juan, 1999), Encajes negros (Casa del Poeta Peruano, 1999): Poemario premiado por el Penn Club de Puerto Rico; y Alas de islas (Editorial

Oveja Negra, Bogotá, 2004). Tiene inédito: libro de ensayos en preparación titulado Todo por tu culpa niña, Ballad of the blood  (Baladade la sangre), y el poemario: Ensayo sobre las cosas simples.

 

 

Mia 

Qué excelso regalo me haces

ya empiezo a soñar con deslizar mi lengua tibia

a lo largo de tu espalda

hasta llegar al nacimiento de tus caderas

en donde se concentran tus mundos

y escucharte gemir en desconsuelo

estirada en mí como una flor recién abierta

desprendida en mí como lluvia de pétalos

sigue mi lengua el rumbo de tu desquicio

presiono y sostengo para hacerte

mía mía mía

en la abundancia de tus carnes

en tu lengua libre

en tus piernas firmes

mía mía mía

como jamás fuiste de nadie

mi lengua delínea los contornos nuevos

adivina los lugares intocados

venera tu vientre de trigo

tu boca abierta en pequeños gritos

tus ojos deseándome dentro

casi violencia

sigo las curvas y entro en tus olores

maná leche vino sangre

amarte con los ojos abiertos

morderte desesperado

animal indomable

mía en tu baile africano

mía en tu anchura de mares

mía en tu melena sudada de arrecifes

me pierdo en tu sustancia

y entro mi fiera en ti

me pierdo en tu fuerza de hembra

en tu vulva de amapola abierta

que dice sí tres veces ebria de fragancias

y canta para mí

y besa mi boca profunda

y beso tu boca hasta la asfixia

nos abrimos en busca de aire

somos un sólo ser con dos cuerpos

perdidos en los rincones ya besados

que toco otra vez para no olvidar

tus muslos

tu ingle izquierda que todavía tiembla

tus senos

el centro nacarado veo tu pupila en crecimiento

vuelta loca como un remolino de vientos

tu cara desesperada

no logra el sosiego

estás a punto de explotar pero no apareces

te he perdido en ti

en tu pequeña muerte de voces y gemidos

de malabarismos

donde también me pierdes

y somos el mundo en su gemir de muertes

en su grito primigenio de muchas veces nacer

pero estoy en ti

dentro de ti

perdidamente mía

quien te nombra soy yo

este hombre que no sabe como invocarte

por las cosas perdidas

este hombre de manos temblorosas

con las que invade tu cuerpo

y atenta contra ti misma y tu pequeña soledad

de siempre niña triste

mis manos que descubren tu hambre

y descienden para saberte intacta y desnuda

te nombro con otro nombre que no es tu nombre

y te penetro otra vez

sigo el consejo del poeta

invadirla hasta la muerte

y decirle que le amas mientras te deslizas por sus caderas

porque nada sabrás hacer sino cerrar tu voz para beber

imposible no caer en ti como la lluvia

no asirme a ti como la hiedra

bestias vistas desde cualquier ventana

soy tu otro

tu respiro

conjuro las aguas vivas de tu cuerpo

donde se ahogan los hijos perdidos de mi cuerpo

y será siempre triste el caer de la tarde

donde nada me llevo y te dejo repleta

no bastan dos miradas y jugar con la esperanza

llegar cuando llegue si llego

y ahí tus flores con el peso del viento

queda este sabor a ti en mi lengua

tu olor inconfundible de algas marinas

mi siempre hambre

mi pecho indómito

y tu último grito

como el opio que vino a calmarte

quien te nombra soy yo

que te sabe mía habitada

yo que beso la muerte

cuando se enreda en tu pelo

que con besos despierto

tus párpados dormidos.

 

Hacíamos el amor en una silla.
El tenía el pelo largo que me gustaba echar hacia atrás
el pelo largo que me gustaba oler
que me gustaba enredar.
Mientras me apretaba firme, sin movernos casi
en la silla -es difícil explicarlo-
fue algo más que sexo
era una silla y dos personas estando
sintiéndose
el uno entrando algo que se dejaba entrar en la una
y una simple silla de madera despintada
aguantando todo el peso de dos vidas de dos culpas, de dos grietas.
Un hombre que no poseía nada pero que tampoco servía a nadie.
Una criatura miserable y libre.
Fue difícil desenredar su pelo de mi vida
su pelo largo, salvaje
el velo que le cubría la mitad de la cara
y me gustaba echarlo hacia atrás
para contar las astillas que le rozaban la frente.
Un hombre de pelo largo, salvaje
una parte de mi pasado muerto.
A veces, mientras hago el amor legal,
actuando en el teatro íntimo de mi cuarto
miro la silla
y pienso en la delicia que se sienta en ella
y siento que es en esta cama donde soy infiel.

Usted es el culpable.

nina peña - libros - juan ramon jimenez

Usted es el culpable de miles de noches de insomnio, de mañanas en las que el sueño, aún entre brumas, no deja de desperezarse entre las líneas escritas en lápiz.

Es el culpable de un amor apasionado por los significados y por las palabras que siguen susurrándose en los folios blancos.

De los recuerdos de la luz sobre los lomos de libros antiguos, del amor al aroma de cola y papel, de la intensidad de los momentos quedos y el brillo en los ojos de las primeras lágrimas de amor.

Usted tiene la culpa de que yo me encuentre aquí, en esta encrucijada, en este momento de mi vida en el que la lucha se ha convertido en una parte más del amor.

El amarillo resplandor de la tarde sobre una mesa de madera oscura y en el silencio de un lugar sagrado, por donde amplios ventanales invitaban a volar hacia praderas inimaginables, hacia lugares a los que nunca fui ni todavía he ido, acunaban las palabras que llegaban como susurros y que se hundían como espadas.

Usted es el culpable de sembrar el desasosiego en mi alma, de abrir heridas que nunca serán cerradas, de provocar seísmos y de jugar con un corazón que aún era muy niño para defenderse de los embates de un amor que sería eterno.

Usted es el culpable de que en las noches de verano buscara el abrigo de las ramas de un sauce para escribir mis primeros e infantiles poemas.

Usted sembró mi vocación desde un libro que vuelve a mi cada vez que trato de recordar cómo empezó esta aventura, cada vez que trato de explicar cómo he llegado a este momento.

Llegaba a las tres de la tarde al colegio y recorría los pasillos blancos que me llevaban a la biblioteca. Un libro marcado en los estantes y voces de niñas que nunca sabían qué leer. A mi me esperaba usted. Y él.

Me sentaba frente a la ventana, dejando que el sol de abril diera de lleno en la mesa y observaba el vuelo de los pájaros posados en las jacarandas del patio. Aspiraba el aroma de la biblioteca, cálido, oloroso a la lejía de las tocas de las monjas y del papel de los libros, a las maderas de las estanterías y a la limpieza de los mármoles blancos del suelo.

Tomaba el libro y rebuscaba entre las páginas para encontrar la esquina doblada, la esquina marcada desde el viernes anterior. Sin embargo, a mi me gustaba empezar por el principio una y otra vez porque sabía que el final era triste y que me había hecho llorar la primera vez que lo terminé.

No recuerdo las veces que lo leí, pero si sé las veces que lo empecé. Y siempre comenzaba como más me gustaba.

“Platero es un burro pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Come de todo y los del pueblo dicen que tiene acero.”

 

 

Recuperando buenas costumbres: La virgulilla, tertulia literaria.

Hace unos meses, con la publicación de mi segundo libro Rosa de los vientos, conocí a un grupo de gente increíble; lectores, escritores, poetas, bohemios, librepensadores… ellos, desde hacía tiempo querían recuperar las tertulias literarias y llevaban años reuniéndose en una cafetería que ya es como la segunda casa de todos.

En una nueva etapa de las reuniones, hemos abierto un blog, estamos recuperando palabras obsoletas, apostamos por los relatos y ediciones en grupo, y vamos a tratar de movilizarnos y dinamizar los actos culturales de nuestra ciudad asistiendo a distintos eventos.

Os presento el blog de La virgulilla, tertulias literarias.

Espero que os guste la idea y nos honréis con vuestra virtual presencia además de participar en estas locuras nuestras.

Os dejo el enlace para que podáis conocernos personalmente en plena faena.

Origen: Quiénes somos

Ana María Rodas. Un acercamiento a su poesía.

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Reseña biográfica

Poeta, cuentista y periodista guatemalteca nacida en Ciudad de Guatemala en 1937. Es una figura destacada del panorama intelectual centroamericano. Inició su carrera poética con la publicación de «Poemas de la izquierda erótica» en 1973, seguida luego de «Cuatro esquinas del juego de una muñeca» en 1975, «El fin de los mitos y los sueños» en 1984 y «La insurrección de Mariana» en 1993. Ha sido distinguida con importantes galardones, entre los que se cuentan: Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” 2000,  Premio Libertad de Prensa 1974, otorgado por  la Asociación de periodistas de Guatemala, Primer Premio en el Certamen de Cuento de Juegos Florales México en 1990 y  Primer Premio de Poesía en el Certamen de Juegos Florales México, Centroamérica y el Caribe en 1990.

 

Emerjo

Emerjo  de las profundidades

Huelo a sangre y a sal Soy el océano que se mueve crujiendo arrastrando deseos  temores visiones entre los dedos

Soy un pantano humeante lleno de sensuales animales viscosos Soy el calor el agua el trueno  esta jungla prehistórica este bosque tropical Me hundo en lo desconocido

No sé  a dónde regreso Al resurgir sólo experimento La certeza triunfal de haber sobrevivido el viaje.

 

 

La luna, siempre

Redonda, hinchada de frotarse contra el cielo rasga mi piel con su delgada luz

Cae sobre mi pelo con la levedad de una sirena que no se hubiera dado cuenta que no posee piernas

Solivianta mi sangre me enciende de locura me regala una piel fosforescente y me convierte aceite hirviendo en fauna (cascos y cuernos y cabello desbocado bajo el lúbrico soplo de lo oscuro)

 

 

Amante nuevo:
quiero explicarte bien que entre tus ojos
y mis ojos
sólo hay deseo.
Que tu piel blanca a veces se oscurece
porque aquél que me marcó sigue aquí dentro.

Que quisiera decir tu nombre y no puedo
porque al abrir la boca yo recuerdo
una cama distinta
otros labios bebiéndose mis pechos

Y cuando lloro
y me prendo a ti con tanta fuerza
no es de alegría, amante.
Es de recuerdo

 

Seis poemas de Gloria Fuertes que no son para niños.

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En los bosques de Pennsylvania

Cuando un árbol gigante se suicida,

harto de estar ya seco y no dar pájaros,

sin esperar al hombre que le tale,

sin esperar al viento,

lanza su última música sin hojas

sinfónica explosión donde hubo nidos,

crujen todos sus huecos de madera,

caen dos gotas de savia todavía

cuando estalla su tallo por el aire,

ruedan sus toneladas por el monte,

lloran los lobos y los ciervos tiemblan,

van a su encuentro las ardillas todas,

presintiendo que es algo de belleza que muere.

 

Nací para poeta o para muerto.

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.

Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.

Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.

 

Al borde

Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.

He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

 

Amor que libera.

Ya no soy la niña amarga
que tenía un mar de llanto
y alta ortiga por el alma.

Ya no soy la niña enferma
que al oír risas lloraba,
ya salí del solitario
bosque que me acorralaba.

Ahora soy la niña verde,
porque floreció mi calma.
Ya no soy la loca triste,
ya no soy la niña blanca,
nuevo amor ha traspasado
con el nardo de su lanza
mi corazón, que ahora tiene
un nombre de menta y ámbar.

¡Ay cuánta sonrisa noto
que trepa por mis espaldas!
¡Qué brillo tienen mis ojos
viudos de siete mil lágrimas!
La vida me sabe a verso
y los besos a manzana.

El monte arregla sus pinos,
por las rocas el mar baila.
El amor danza en mi pecho.
¡Ya me quiere! ¡Ya me aguarda!

Ya no soy la loca triste,
que al oír risas gritaba,
ahora soy la niña dulce,
ya no soy mujer amarga.

 

Siempre con los colores a cuestas

No olvido cuando rojos y negros
Corríamos delante de los grises
Poniéndoles verdes.
Cuando rojos y verdes
Temblábamos bajo los azules (de camisa)
Bordada en rojo ayer.
Asco color marrón
Que siempre huele a pólvora.
Páginas amarillas leo hoy
Para encontrar a un fontanero
Que no me clave.
Siempre con los colores a cuestas.
Siempre con los colores en la cara
Por la vergüenza de ser honesta.
Siempre con los colores en danza.
Azul contra rojo
Negro contra marrón
Como si uno fuera Dalí o Miró.

 

 

Ya ves qué tontería,

me gusta escribir tu nombre,

llenar papeles con tu nombre,

llenar el aire con tu nombre;

decir a los niños tu nombre,

escribir a mi padre muerto y

y contarle que te llamas así.

Me creo que siempre que lo digo me oyes.

Me creo que da buena suerte:

voy por las calles tan contenta

y no llevo encima nada más que tu nombre.

 

 

Los cabellos de tu sexo,

los caballos de tu sexo galopando,

galopando por las ensortijadas crines del bosque.

Mis versos se perdieron en tu pelo,

entre tus dedos olvidé mi sortija,

entre tu espalda mí sonrisa

y mi ayer se extravió

en el laberinto de tu mañana.

Como un tigre-pájaro,

mañana de mañana saltaré del lecho,

y marcaré tu número

para decirte gracias, ven pronto y todo eso

Palabras que sanan. Cita.

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Según la teoría catártica de Aristóteles, el valor terapéutico de la poesía reside en su poder de estimular y descargar la fuerza emocional de una manera segura, a través de pasiones como el miedo, la piedad o el fervor religioso, con menos probabilidades de un desequilibrio de la razón.

A través de la poesía, muchas personas han logrado describir sus experiencias y sentimientos de una manera profunda. Consecuentemente, otras personas, al leer esos poemas pueden verse reflejados en ellos o relacionarse con el contendido creando un sentimiento de alivio, según establecen los expertos.

 

 “Una bien seleccionada antología es un dispensario completo de medicina contra los trastornos mentales más comunes, pudiendo emplearse lo mismo para prevenirlos que para curarlos”.

Robert Graves