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Acercamiento a la poesía de Concha Méndez

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Concha Méndez nació el 27 de julio de 1898 en España.  Es una de las voces femeninas más importantes de la llamada Generación del 27 y amiga personal de poetas como Lorca, Cernuda o Alberti. Editora fundadora de la editorial La Verónica, con la que publicó a Unamuno o  Juan Ramón Jiménez, tuvo que exiliarse al terminar la guerra civil y tras estar en distintos países como Reino Unido o Argentina, falleció en México en diciembre de 1986. Su estilo es claro y natural pero al mismo tiempo rebelde e intenso, con un carácter muy personal.

Cómo galopa la sangre

¡Cómo galopa la sangre!
¡Qué difícil detenerla
para que nos vaya al paso
cuando vive con tal fuerza!

Le he puesto duros bocados;
la he sujetado las riendas;
hay un viento que me puede
y la clava mil espuelas.
¡Yo no sé con este empuje,
yo no sé a dónde me lleva!

 

Malva y rosa

De este sueño malva y rosa
que sueña el agua del río,
se van rosando en la tarde
las velas de mi navío.

De las lejanías vengo.
Cruzo frente al espigón.
Una canción marinera
se rosa en mi corazón…

Atardecer. En el Plata.
Sueño, frente a la ciudad.
Izadas llevo las velas,
velas de mi soledad.

Y se me van con el día
-no sé adonde se me irán-
las luces de mi alegría.

 

Balada

Agua pura corría
por el piano.
Dulcemente salía
del cauce de sus manos.

La nostalgia dormía.
Y dormía el Ocaso.
La Música bebía
el agua de su vaso.

 

Se desprendió mi sangre

Se desprendió mi sangre para formar tu cuerpo.
Se repartió mi alma para formar tu alma.
Y fueron nueve lunas y fue toda una angustia
de días sin reposo y noches desveladas.

Y fue en la hora de verte que te perdí sin verte.
¿De qué color tus ojos, tu cabello, tu sombra?
Mi corazón que es cuna que en secreto te guarda,
porque sabe que fuiste y te llevó en la vida,
te seguirá meciendo hasta el fin de mis horas.

 

Me gusta andar de noche

Me gusta andar de noche las ciudades desiertas,
cuando los propios pasos se oyen en el silencio.
Sentirse andar, a solas, por entre lo dormido,
es sentir que se pasa por entre un mundo inmenso.

Todo cobra relieve: una ventana abierta,
una luz, una pausa, un suspiro, una sombra…
Las calles son más largas, el tiempo también crece.

¡Yo alcancé a vivir siglos andando algunas horas!

Alejandra Pizarnik. Acercamiento a su poesía.

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Alejandra Pizarnik fue una poetisa argentina con ascendencia rusa nacida en Buenos Aires el 29 de abril de 1936. Los orígenes de sus padres marcaron su vida desde el principio; su apellido original, Pizharnik, se perdió como tantos otros al entrar en su nuevo país, al cual llegaron sin hablar una palabra de castellano. Desde pequeña, la muerte la tocó de cerca y más tarde sería protagonista de sus obras, junto con el inconsciente; casi todos los familiares que permanecieron en su tierra natal fallecieron en manos del fascismo y el estalinismo. Como si el exilio de sus padres y la tragedia que la rodeaba no hubieran sido suficientes cargas para su tierna edad, su autoestima se vio minada por su fuerte acento al hablar, tartamudez y problemas de peso, entre otras cuestiones que probablemente ella sola conocía.
En su juventud cursó algunas materias de la carrera de Letras y también estudió pintura. Dados sus reincidentes cuadros de depresión, comenzó a hacer terapia, donde descubrió que padecía de Trastorno Límite de la Personalidad, lo cual vuelve más admirable su dedicación a la escritura y puede apreciarse en obras como “La jaula”.
Su primer libro, “La Tierra Más Ajena”, fue publicado en 1955 con el apoyo económico de su padre. Antes de quitarse la vida el 25 de septiembre de 1972, escribió cerca de 10 poemarios y comenzó a abordar la prosa.

Poemas del alma- https://www.poemas-del-alma.com/alejandra-pizarnik.htm

 

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UN BOLETO OBJETIVO

1
entre los soplos de tantas arterias

hurgo agazapada en los bolsillos de mi

campera

tratando de hallar algo que haga flotar mi destripada

aurora

2

miro rostros busco rostros

hallo rostros

la imagen de su igualdad enfría la estética

desde la ventanilla

tranviaria

mi asiento es la cima del mundo

3

vuelan uñas brazos anillos peces

vienen sonidos azules rojos verdes

desfile que hierve en tremendos

borbotones

mas nada altera insinuante la seguridad

en mi asiento

 

YO SOY…

mis alas? dos pétalos podridos

mi razón? copitas de vino agrio

mi vida? vacío bien pensado

mi cuerpo? un tajo en la silla mi vaivén?

un gong infantil mi rostro?

un cero disimulado mis ojos?

ah! trozos de infinito.

 

 

ARTES INVISIBLES

Tú que cantas todas mis muertes. Tú que cantas lo que no confías al sueño del tiempo, descríbeme la casa del vacío háblame de esas palabras vestidas de féretros que habitan mi inocencia.

Con todas mis muertes yo me entrego a mi muerte, con puñados de infancia, con deseos ebrios que no anduvieron bajo el sol, y no hay una palabra madrugadora que le dé la razón a la muerte, y no hay un dios donde morir sin muecas.

 

LA CARENCIA

Yo no sé de pájaros, no conozco la historia del fuego.

Pero creo que mi soledad debería tener alas.

 

EL DESPERTAR

A León Ostrov

Señor La jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado y mi corazón está loco porque aúlla a la muerte y sonríe detrás del viento a mis delirios

Que haré con el miedo. Que haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa ni las estaciones quemasen palomas en mis ideas Mis manos se han desnudado y se han ido donde la muerte enseña a vivir a los muertos

Señor El aire me castiga el ser Detrás del aire hay monstruos que beben de mi sangre

Es el desastre Es la hora del vacío no vacío Es el instante de poner cerrojo a los labios oír a los condenados gritar contemplar a cada uno de mis nombres ahorcados en la nada

Señor tengo veinte años

También mis ojos tienen veinte años y sin embargo no dicen nada

Señor He consumado mi vida en un instante La última inocencia estalló Ahora es nunca o jamás o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo y desaparezco para reaparecer en el mar donde un gran barco esperaría con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas y hago con ellas una escala para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final Todo continuará igual Las sonrisas gastadas El interés interesado Las preguntas de piedra en piedra Las gesticulaciones que remedan amor Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde

Señor Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez cuando yo era una anciana Las flores morían en mis manos

porque la danza salvaje de la alegría les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol cuando era niña es decir ayer es decir hace siglos

Señor

La jaula se ha vuelto pájaro Qué haré con el miedo

No fue el mar

 

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No fue el mar
con su monotonía y sus lamentos
ni con sus espumas doradas
ni con su salitre de cemento.
No fue el mar
con sus largos días parados,
ni con sus ausencias nocturnas
ni con su caminar eterno.
No fue el mar
con su estela de espuma blanca
ni con su canto de sirenas al viento,
ni con la bravura de sus aguas
ni con su, a veces, eterno silencio.
No fue el mar
con ese azul infinito
rompiendo en verde marino,
ni con su aroma a pez, brea o estío.
No fue el mar
con su lento caminar tardío,
ni el crepúsculo sobre sus aguas
ni el amanecer en su ombligo.
No fue el mar, créeme,
quien me trajo tu olvido,
quien me susurró palabras nuevas
y con acento dulce en mí oído.
No fue el mar
quien dio a mi vida este giro
ni quien me convenció para hacer
lo que siempre soñé y he querido.
No fue el mar
quien me lanzó a la playa del hastío,
quien me tomó en sus brazos
quien durmió conmigo.
No fue este mar
quien meció los sueños
ni quien provocó este cataclismo,
quien rompió en pedazos las verdades en que creímos.
No fue el mar,
aunque lleve su fuerza en la sangre
y su aliento cálido tenga su aroma
y en su piel se reflejen los mares.
No es este mar
el que lo vio nacer, crecer, formarse,
pero tiene algo de él, es cierto,
algo de su mar, el que lo posee,
y que ya corre por mi sangre.

Elena Medel en cinco poemas

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Elena Medel es una joven escritora española de origen cordobés, nacida en el año 1985. Su primer acercamiento a la literatura lo tuvo a través de la narrativa, género que comenzó a cultivar desde pequeña. Más tarde, aunque con tan sólo 11 años, conocer la obra de Federico García Lorca la inspiró a escribir poesía, y así comenzó a transitar un exitoso camino, que la llevó a ganar el premio Andalucía Joven cinco años más tarde. Actualmente trabaja como redactora en El País de Madrid y colabora en otras publicaciones, tanto en papel como digitales, en el área de crítica literaria. También ejerce la coordinación de las actividades realizadas en La Bella Varsovia, un colectivo cultural cordobés que promueve a jóvenes creadores y que se difunde a través de Internet.
El hilo conductor de todas sus historias y sus poemas es el miedo al cambio, a que se termine aquello que resulta familiar para dar lugar a la destrucción, a la ruina. Algunas de sus obras publicadas son “Mi primer bikini”, “Vacaciones” y “Soplo en el corazón”. Entre sus poemas, que han sido traducidos a más de cinco idiomas, encontramos “Bellum jeans”, “Tu dejaste inhabitada”, “Irène Némirovsky”. Es también de su autoría el relato titulado “Matar en Barcelona”.

Fuente: Poemas del alma
Candy

Rota sobre el arcoiris,
descubro que la lluvia
es mi única coraza.
De noche se me forman
piscinas en el hombro,
mientras cuento mis pecas.

De mañana, imagino
que buceo en ellas:
que mi nuez es esponja,
que escribo mis poemas
con la ruina de nadie.
En el fondo de todo
-cuyo cielo es trapecio-
mi cuello de botella
se empequeñece y ríe,
con un mensaje dentro:
salir jamás de aquí,
hormiga a pata coja.

O tumbada en añil:
mi barbilla es cruel
y araña el imperdible
que sujeta mis botas,
o me arranco de cuajo
el punzón que me aferra
al balcón, y me asomo.
He estado ahí abajo.
Golpeo el techo y llueve.
Diluvia mi cabello:
la lluvia es mi defensa;
éste, mi himno acuático.

He estado ahí abajo.
Abajo, más profunda.
Donde puedo estar sola.
Incluso más abajo,
incrustada en el fondo
del agua o de la tierra.
Trenzas destartaladas:
soy muñeca de sucio
trapo, pisoteada,
rota sobre el arcoiris.

 

 

Escribiré quinientas veces el nombre de mi madre…
Escribiré quinientas veces el nombre de mi madre.
Con un vestido blanco trazaré cada una de sus letras por las
paredes de mi dormitorio, por el suelo del patio del
colegio, por el pasillo de la casa más antigua. Para
recordar mi origen cada vez que yo viva.
En todos los lugares podré besar sus mejillas limpias de
cristal, aunque ella duerma lejos:
sus mejillas cercanas que me dolerán allá donde acaricie
su nombre escrito.
Tantos días, tantas noches habrá de alimentarme
amorosamente con su parábola descalza;
vendrá mi madre a arroparme, mujer de humo, con los ojos
tiritando de suerte,
y en cada sueño mis apellidos dolerán como un cartel de
bienvenida a un hogar diferente.
Sobre mi cabello, rubio como el de mi madre, la corona que
me ciño como hija primogénita de Dinamarca.
Me llamaré Vacía, en honor a mis muertos; miraré cómo
retozan de acrílico las palmas de mis manos, sangrará
mi lengua a disposici6n de mis muertos.
Gritaré quinientas veces el nombre de mi madre para quien
quiera escucharlo, y escribiré que bendigo este medio
corazón en huelga mío, pues no olvido:
nací para llorar la muerte de otros.

 

Tú dejaste inhabitada

Tú dejaste inhabitada la isla que me flota entre los muslos:
hoy mi
propio
mástil
carnívoro me destroza por dentro. Ha comenzado el banquete
se retuerce
órbita azul
y en llamas
descubro famélicos los astros. Sé que soy el centro del mundo
y mi diadema besa el suelo, mientras yo imagino que mi útero estalla,
que las paredes de mi entraña se envuelven con pequeñas gelatinas
qué desgracia mía o regocijo tuyo me abocan a esta urgencia
tan convulsa
de palabras estándar.

 

Madurar

Madurar era esto:
no caer al suelo, chocar contra el suelo, contemplar el pudrirse de la piel
igual que un fruto antiguo.
Colchón justo para los dos; años que chocan la lengua contra los dientes una y otra vez que se tambalean en la boca
años
del sentido incorrecto.
Con tres hilos de cabeza he tejido mi tiempo:
piensa en vosotros a mi edad, piensa en tres hilos de cabeza, qué te falta, qué te queda;
piensa en tres hilos.

Quizá eso, madurar:
quizá Ulises boca abajo, quizá la orilla boca arriba,
eso que queréis me esperará diez años. Pensad en diez caídas; pensad en
diez hilos de cabeza. ¿Aquello? ¿La madurez? ¿Márchate, olor a lavavajillas, déjame con mi sueño?
¿O quizá en la boca uvas para el postre del color
de la rodilla que cae al suelo,
de la rodilla que choca contra el suelo? Me tambaleo. Y era yo el zumo en la garganta, y era yo el frío, era yo
las uñas y el estómago, quién era yo en mis años
con tres, en mi tiempo con diez hilos de cabeza. Hasta mi habitación
por la escalera de incendios un hombre
y su sentido contrario. Diez hilos de cabeza, veinte hilos de su pecho atados a mi pecho,
juro que amé
los golpes de sus piernas.

Digo que
madurar era esto: que no pude negarme, digo que mis tres hilos de nada entre los dedos, y juré chocar y el suelo
lo juré. Pensé al suelo la caída
y el choque contra el suelo. Pensé el aliento pensé dije
tres hilos de cabeza: tambaleo.
Pensé en mi edad y pensé en vosotros y pensé
que nadie me avisó de madurar así, junto a la vida y el frío en el cajón
de la fruta que se pudre.

 

Pelecanus
Una mujer entra en mi casa. Camina con pesadez, formando tras de sí un camino de arena, vestíbulo de baldosas amarillas. Se sienta frente a mi escritorio. El contacto con el respaldo de la silla transforma a la mujer en una catarata: de sus brazos, de sus piernas, mana el agua con olor a estancado, quién sabe si venida de la orilla del mar. Mi espía: uñas como lunas menguantes, quiero saber qué estás buscando en mí. Durante un rato observo sus rasgos conocidos, juego a trasladarlos a mí misma, me fijo en su vestido blanco manchado de rojo a la altura del pecho. Golpe. Sé lo que buscas en mí. Y ella responde: soy el pelícano, te beberás mi sangre, te comerás mi carne cuando no tengas nada.

Nuestro tío el poeta

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Hace poco compartía una cita de Oscar Wilde aquí en este medio y al poner el enlace en las redes sociales, casi sin querer, me salía, en la frase principal, llamarle coloquialmente tío Wilde. Es una costumbre contagiada de la película “El club de los poetas muertos”, en donde Robin Williams llamaba “tío Withman”, así, con cariño y con confianza, a uno de los mejores poetas estadounidenses de la historia y que además marcó el resto de la poesía internacional; Whalt Withman.

Siempre me ha hecho gracia. Era un gesto de complicidad y camaradería entre los alumnos y el maestro sin perder el respeto por su admirado poeta pero dejándolo cerca, muy cerca de ellos, para que en cualquier momento su halo sirviera de cobijo, reflejo o enseñanza.

Me he permitido buscar en el diccionario la definición de tío. Sé que en muchos lugares se le puede llamar tío a hombres de edad avanzada o que a pesar de no compartir parentesco, si tienen cierto grado de jerarquía, como por ejemplo un suegro o un concuñado… y estas son las definiciones que sí han casado con lo que yo tenía en mente:

  • En algunos lugares, tratamiento que se da a la persona casada o entrada ya en edad.
  • Arg. Tratamiento afectuoso que se daba a los negros viejos.
  • Coloq. Para potenciar las cualidades del adjetivo o del nombre a que antecede.
  • Coloq. Como apelativo para designar a un amigo o compañero.

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Así que, a partir de ahora, voy a llamar a los escritores y escritoras, a los poetas y poetisas con este amable apelativo. Sin ningún pudor.

Es como si hablara de una persona de forma afectuosa, a un compañero o a un amigo y además, todos suelen estar entrados en años. Me gusta. Es como tener una guía que seguir, un ejemplo casero y cercano, amable. Nada de poetas lejanos ni de esas largas y tremendas epopeyas. De ese respeto desmesurado que tenía de niña por autores que no lograba entender, esa lejanía y esa distancia. Esas poetisas tan desconocidas hasta que crecí, las busqué y me hablaron… nada, nada; tío Whitman, tío Wilde, tío Benedetti, tío Machado, tío Miguel, tío Lorca, tía Gloria, tía Alfonsina, tía Rosalía, tía Gabriela, tía Dickinson, tía Dulce… uff, ¡como ha crecido la familia!

 

Acercamiento a la poesía de Lluïsa Lladó

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“Ser poeta ya no es una pose, es una necesidad de oficio y muy importante. Y las generaciones nuevas son conscientes de su misión altavoz en la sociedad para las injusticias o el amor.”

Lluïsa es de las poetas que lee en voz alta, que sabe de la condición maldita y al mismo tiempo bendita de quien tiene alma de poeta: gritar verdades incómodas; denunciar injusticias;  poner voz a los que no la tienen; amar a gritos y de forma apasionada, vehemente, como solo aman aquellos que de verdad aman.

lluisa llado - nina peña - poesia

El próximo día 21 Lluïsa presenta su poemario “El arca de Wislawa”  en Jaén, un poemario que ha nacido entre aguas y versos, entre Polonia y Castellón, y para que podáis conocerla un poco mejor, me he tomado la libertad de transcribir un par de versos suyos, unas pinceladas nada más, de su buen hacer literario.

Espero que os guste. Seguro que os gusta.

 

Cachemira y mohair

La diferencia del paralelo,
entre tú y yo, sentarnos uno frente al otro,
como dos extraños en Siberia.

La incongruencia,
haber estado enredados sin ropa,
escasa una tregua.

Igual que dos hebras de lana
de anudada demencia.

La mía es color esperanza.
¿De qué color es la tuya?
Bitácora de Pallares

I.
Lilian me dijo con serenidad de las que heredamos
el don de la clarividencia:
– Luisa, tú viviste en otra vida en Polonia.
Estás conectada a Wislawa.

II.
Subida a la copa del árbol
el salitre cuelga
en las paredes
con formas fotógrafas.
Qué mejor encuentro de playa con vino blanco
y un pan de viajes.

Los nómadas vestimos de salitre
hacemos olas en la bañera
con la espuma depilatoria
que busca caladeros.

Vamos a cazar estrellas polares,
tienen letras jibias
y mucha
vida
de mar.

 

El teatro de la vida

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No es posible saber las razones que hay detrás de una lágrima.

Ni hace falta saber las que se esconden tras una sonrisa.

No hay tristeza tan absoluta que no permita respirar ni felicidad tan grande que impida el suspiro del alma.

La vida y la muerte.  Sombras y luces entre las que estamos nosotros, figuras oscuras o claras entre niveles de grises, moviéndonos agitados en un teatro mundano y real, sin voces para gritar lo que no merece ser callado, callando lo que merece ser gritado.

Cielos e infiernos. Ángeles, plumas que se elevan en el viento. Hojas secas que vuelan y se posan a nuestros pies, cansados de caminar desconociendo el camino. Ausencias. Instantes. Fugacidad. Levedad.

La vida moviéndose entre las sombras chinescas de un teatro en el que somos espectadores de nuestra propia vida, protagonistas exclusivos tras bambalinas cuando ya parece que nos hayamos ido. Cuando el destino ha cortado los hilos.

Una lágrima o una sonrisa. Una alma se va y otra llega. La esperanza abriéndose paso en medio de la oscuridad para abrir los ojos a un mundo en que lo único cierto que existe es la muerte.