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El teatro de la vida

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No es posible saber las razones que hay detrás de una lágrima.

Ni hace falta saber las que se esconden tras una sonrisa.

No hay tristeza tan absoluta que no permita respirar ni felicidad tan grande que impida el suspiro del alma.

La vida y la muerte.  Sombras y luces entre las que estamos nosotros, figuras oscuras o claras entre niveles de grises, moviéndonos agitados en un teatro mundano y real, sin voces para gritar lo que no merece ser callado, callando lo que merece ser gritado.

Cielos e infiernos. Ángeles, plumas que se elevan en el viento. Hojas secas que vuelan y se posan a nuestros pies, cansados de caminar desconociendo el camino. Ausencias. Instantes. Fugacidad. Levedad.

La vida moviéndose entre las sombras chinescas de un teatro en el que somos espectadores de nuestra propia vida, protagonistas exclusivos tras bambalinas cuando ya parece que nos hayamos ido. Cuando el destino ha cortado los hilos.

Una lágrima o una sonrisa. Una alma se va y otra llega. La esperanza abriéndose paso en medio de la oscuridad para abrir los ojos a un mundo en que lo único cierto que existe es la muerte.

 

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Daisy Zamora y tres poemas imprescindibles.

 

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Daisy Zamora es una de las voces más importantes de la poesía latinoamericana contemporánea; nació el 20 de junio de 1950 en Managua, en el seno de una familia adinerada e implicada en la política. Se recibió de psicóloga en la Universidad Centroamericana de Nicaragua; por otro lado, estudió bellas artes. Estuvo involucrada en la lucha contra la dictadura de Somoza, en los años 70, y se unió al Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1973. Su participación en la revolución la llevó a exiliarse a Honduras, Panamá y Costa Rica. Durante este difícil período, tuvo a cargo la conducción y dirección de un programa de radio clandestino; finalmente, el nuevo gobierno la nombró vice Ministra de Cultura. Ha sido siempre una férrea defensora de los derechos humanos y promotora del arte en general.
Entre sus libros de poesía en español, encontramos “En limpio se escribe la vida”, “La violenta espuma” y “A cada quien la vida”. Su obra, que también incluye ensayos y artículos periodísticos, ha sido traducida a más de 15 idiomas y le ha merecido premios como el Mariano Fiallos Gil y menciones honoríficas como Escritora del Año, de parte de la Asociación de Artistas de su país.

Fuente: Poemas del alma.

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Cuando las veo pasar

Cuando las veo pasar alguna vez me digo: qué sentirán
ellas, las que decidieron ser perfectas conservar a toda costa
sus matrimonios no importa cómo les haya resultado el marido
(parrandero mujeriego jugador pendenciero
gritón violento penqueador lunático raro algo anormal
neurótico temático de plano insoportable
dundeco mortalmente aburrido bruto insensible desaseado
ególatra ambicioso desleal politiquero ladrón traidor mentiroso
violador de las hijas verdugo de los hijos emperador de la casa
tirano en todas partes) pero ellas se aguantaron
y sólo Dios que está allá arriba sabe lo que sufrieron.

Cuando las veo pasar tan dignas y envejecidas,
los hijos las hijas ya se han ido en la casa sólo ellas han quedado
con ese hombre que alguna vez quisieron (tal vez ya se calmó
no bebe apenas habla se mantiene sentado frente al televisor
anda en chancletas bosteza se duerme ronca se levanta temprano
está achacoso cegato inofensivo casi niño) me pregunto:
¿Se atreverán a imaginarse viudas, a soñar alguna noche
que son libres
y que vuelven por fin sin culpas a la vida?

 

Mensaje urgente a mi madre

Fuimos educadas para la perfección:
para que nada fallara y se cumpliera
nuestra suerte de princesa-de-cuentos
infantiles.
¡Cómo nos esforzamos, ansiosas por demostrar
que eran ciertas las esperanzas tanto tiempo
atesoradas!
Pero envejecieron los vestidos de novia
y nuestros corazones, exhaustos,
últimos sobrevivientes de la contienda.
Hemos tirado al fondo de vetustos armarios
velos amarillentos, azahares marchitos
ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.
Perdón, madre, por las impertinencias
de gallinas viejas y copetudas
que sólo saben cacarearte bellezas
de hijas dóciles y anodinas.
Perdón, por no habernos quedado
donde nos obligaban la tradición
y el buen gusto.
Por atrevernos a ser nosotras mismas
al precio de destrozar
todos tus sueños.

 

Vuelvo a ser yo misma

Cuando entro con mis hijos a su casa, vuelvo
a ser yo misma.
Desde su mecedora ella
nos siente llegar y alza la cabeza.
La conversación no es como antes.
Ella está a punto de irse.
Pero llego a esconder mi cabeza
en su regazo, a sentarme a sus pies. Y ella me contempla
desde mi paraíso perdido
donde mi rostro era otro, que sólo ella conoce.
Rostro por instantes recuperado
cada vez más débilmente
en su iris celeste desvaído
y en sus pupilas que lo guardan ciegamente.

Una despedida.

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No te vayas sin despedirte.

No te vayas sin que me dé tiempo a contarte mis planes, a que hablemos de alguna película o a que tratemos de arreglar el mundo por enésima vez.

No te vayas sin decir adiós porque, ¿sabes? los inviernos son tristes y las primaveras que no vas a ver, están durmiendo con la esperanza de despertar aunque falten ojos que las contemplen.

Porque en la vida necesitamos cómplices y tú eres uno de ellos.

Porque necesitamos sueños, y palabras, y mentes y almas.

Respuestas.

Y tú vas a tenerlas todas, mientras que yo seguiré preguntándome las razones de casi todo.

Es cruel no saber del tiempo del que disponemos porque creemos ser eternos, y no lo somos.

Es difícil entender razones porque el corazón no piensa, ¿sabes?

Y no quiero quedarme en el limbo de las palabras no dichas pero tampoco encuentro los términos en los que expresarme.

Solo sé que no quiero que te vayas sin despedirte, porque los adioses no son siempre tristes, porque quizá haya que celebrar la vida, porque tal vez tú ves luz donde yo veo tinieblas, porque tal vez algún día volveremos a hacer planes, porque te vas a quedar siempre joven en mi mente, porque tendremos que seguir tratando de arreglar el mundo, aunque este no nos haya pertenecido nunca.

Porque la tierra nunca es leve, ¿sabes?

Nunca fue leve.

 

Un acercamiento a la poesía de María Emilia Cornejo.

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María Emilia Cornejo podría ser incluida en ese círculo de poetas “malditas”, de poetas y escritoras que acabaron quitándose la vida y dando comienzo a una pequeña gran historia en la que no sé si es bueno indagar o no porque, a veces, el mito tampoco necesita explicaciones.

Licenciada en literatura por la Universidad de Lima, participó en los talleres de escritura del claustro y publicó diversos poemas aunque pocos eran los que conocían su labor, hasta el punto de que sus poemas solo vieron la luz luego de fallecer.

“Cornejo es considerada la iniciadora de la nueva corriente del erotismo de la poesía en el Perú. Ella se atrevió a presentar una voz femenina como yo poético que desnuda su pudor y condición de mujer para plasmar las contradicciones entre la vivencia del cuerpo y las consecuencias de sentir, amar y sufrir por ser el complemento del varón y ser ella misma. También, a través de su poesía, aunque en algunos poemas específicos, se puede valorar su preocupación social producto del momento histórico y contextual que le tocó vivir.”

Mario Huanambal.

En su poesía, María Emilia, nos habla de la experiencia amorosa y erótica de la mujer como sujeto activo en una atmósfera intimista que además logra a través de un lenguaje directo y sin eufemismos de ningún tipo.

La vivencia del cuerpo, de sus contradicciones, de sus deseos y sus íntimas afirmaciones o negaciones, así como su implicación en temas sociales, abren una nueva temática en la poesía peruana.

Sú único libro, En la mitad del camino recorrido, fue publicado póstumamente diecisiete años después de su muerte.

Os dejo con algunos de sus poemas más célebres.

 

TERRIBLEMENTE TUYA

Terriblemente tuya

acudo noche a noche a la inquietud de tu cama,

bric-a-brac, bric-a-brac, bric-a-brac,

los grillos nos espían

un torrente de mariposas

cubre la desnudez de nuestros cuerpos

y celosamente conservan las ondulaciones de tu talle.

Yo guardo en mi memoria.

tus labios explorando mi cuerpo.

 

SOY LA MUCHACHA MALA DE LA HISTORIA
Soy
la muchacha mala de la historia
la que fornicó con tres hombres
y le sacó cuernos a su marido,

Soy la mujer
que lo engañó cotidianamente
por un miserable plato de lentejas,
la que le quitó lentamente su ropaje de bondad
hasta convertirlo en una piedra
negra y estéril,
soy la mujer que lo castró
con infinitos gestos de ternura
y gemidos falsos en la cama.

Soy
La muchacha mala de la historia.

 

COMO TÚ LO ESTABLECISTE.

Sola,

descubro que mi vida transcurrió perfectamente

como tú lo estableciste.

 

ahora

cuando la sensación de algo inacabado,

Inacabado y ajeno

invade de escrúpulo mis buenas intenciones,

sólo ahora

cuando me siento en la mitad de todos mis caminos

atada a frases hechas

a cosas que se hacen por haberlas aprendido

como se aprende una lección de historia,

puedo pensar

que de nada sirvieron los consejos

ni las interminables conversaciones con tu madre,

y esas largas horas de mi vida

perdidas

en aprendizajes extraños sobre pesas y medidas,

colores

y

sabores

y

en el vano intento de ir tras el sol

tras el vuelo de los pájaros,

de repente quiero acabar

con mi baño de todas las mañanas,

con el café pasado,

con mi agenda cuidadosamente estructurada

de citas y visitas

a las que asisto puntualmente;

pero es tarde

hace frío

y estoy sola.

 

 

 

TÍMIDA Y AVERGONZADA
Tímida y avergonzada
dejé que quitaras lentamente mis vestidos,
desnuda
sin saber qué hacer y muerta de frío
me acomodé entre tus piernas
¿es la primera vez?
preguntaste,
sólo pude llorar.
oí que me decías que todo iba a salir bien
que no me preocupara,
yo recordaba las largas discusiones de mis padres,
el desesperado llanto de mi madre
y su voz diciéndome:
“nunca confíes en los hombres”.
Comprendiste mi dolor
y con infinita ternura
cubriste mi cuerpo con tu cuerpo,
tienes que abrir las piernas, murmuraste,
y yo me sentí torpe y desolada.

 

Dónde estabas.

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Dónde estabas mientras yo alimentaba a mi prole.

Salias de las cavernas dando gritos y subías a los montes, probándote humano, buscando medir la fuerza de tu voz y de tu puño, compitiendo con los truenos de los cielos oscuros.

Dónde estabas mientras yo tejía los sueños.

Yacías dormido en las entretelas de la bruma, espantando pesadillas que tú mismo creabas y con las que te despertabas gritando, sacudido por la ambición y el poder.

Dónde estabas mientras yo sembraba los campos.

Te marchabas cada mañana con el alba y las manos ocupadas con las armas que la noche antes hiciste a la luz de las hogueras donde se doraban los rostros y se escuchaban los cuentos e historias que yo contaba.

Dónde estabas mientras yo hablaba con la madre tierra y sacaba de ella los frutos.

Tú mirabas el cielo, veías lunas de sangre y estrellas que te semejaban  triunfos que querías alcanzar porque estaban sobre tu propia cabeza.

Dónde estabas mientras tus hijos crecían.

Empeñado en labores que tú mismo te obligabas a hacer, en las que te erigías poderoso y fuerte, sagaz y confiado.

Dónde estabas mientras yo paría.

Recibiendo los parabienes de la tribu, sin medir el alcance de los gritos ni del dolor, atento solo al llanto.

Dónde estabas mientras los inviernos llegaban y cuando las nieves cubrían todo, cuando el frío se instalaba en el alma.

Dónde estabas cuando yo tenía que construir un hogar de la nada, cuando tenía que alimentar cuerpos y almas, cuando había que poner un techo sobre nuestras cabezas, donde estabas cuando el dolor no dejaba de doler y el cuerpo no alcanzaba para vivir.

Dónde estabas cuando yo callaba porque prefería vivir en paz , dónde cuando las lágrimas impedían la vida misma.

Gritando, midiendo el alcance de tu chorro de orina en el blanco de la nieve o en el polvo de los caminos, dando voces de mando y de orden, como si fueras tú quien ha construido el mundo y tuvieras que gobernarlo, como si todo tuviera que estar bajo el control de tu voz y tus manos.

Donde estabas tú el día en que se repartió la humanidad y el amor.

Gritando. Con un bastón de mando en la mano y vestido con las pieles del animal que habías matado meses atrás.

Dos mil años después sigues gritando, con las armas en la mano, y midiendo tu chorro de orina sobre el polvo de los caminos diezmados por la injusticia.

Déjame pasar.

Yo soy la que ha estado criando a los hijos, construyendo hogares, hablando con la madre tierra, pariendo con dolor y sangre, arrancando frutos y plantando semillas, tejiendo los hilos de la sociedad que llevas tantos años empeñado en destruir.

Llorando por la vida de los hijos que parí y de las hijas que siguieron mis pasos.

Déjame pasar. Mis armas no son las tuyas ni mis sueños son los tuyos. Mi chorro de orina no llega tan lejos pero no voy a empezar a competir por ello y menos contigo.

Déjame pasar. Tú ya has tenido tu tiempo y los frutos de tus gritos siguen sonando por toda la tierra. Yo solo grito para dar vida y tú gritas para quitarla.

Déjame pasar. Ya va siendo hora de que la vida se abra paso y de que dejes de gritar tanto.

Celeste F. Reina. Rimas prematuras.

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Hoy en la sección de mi blog en la que comparto la obra de compañeras y amigas quiero presentaros a Celeste F Reina, la guapísima y jovencísima autora de Rimas prematuras, su ópera prima en la que ya se descubre a una mujer con inquietudes, ideas, profundidad y muy buen hacer.

Celeste F. Reina (1998 Sevilla) nació en el seno de una familia modesta y trabajadora. Iniciada en la lectura por la influencia de sus jóvenes padres, pronto sintió esas ansias por saber más y descubrir el mundo a través de las páginas de un libro.

Se interesó en la escritura a muy temprana edad, escribiendo breves relatos infantiles como proyecto de sus clases de Lengua y Literatura, en el colegio de su pueblo natal, Camas.

Descubrió su pasión por la poesía leyendo su primer libro de poemas, “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez, algo que a mí, personalmente me encanta porque también fue mi iniciación a la literatura de “mayores”.

En su adolescencia, continuó con lecturas como “Rimas y leyendas” de Gustavo Adolfo Bécquer o la “Antología de la Generación del 27”, donde encontró grandes maestros, como los sevillanos Cernuda y Vicente Aleixandre.

En su paso por el instituto, su poesía maduró y se hizo más compleja, lo que la llevó a ganar varios galardones como:

  • IV Concurso de Relatos Cortos por el Ayuntamiento de Camas.
  • Finalista en el II Certamen Sierra de Francia.
  • Seleccionada en el IV Concurso de Microrrelatos de Ojos Verdes Ediciones.
  • Finalista en el XII Concurso de Poemas Temáticos, “Dedicado a…”, de la Red Social de Poesía.

Dichos premios le otorgaron la confianza para recoger sus textos en una colección de poemas y, con ello, cumplir su gran sueño, publicar su primer libro de poemas, Rimas prematuras, que ya está en el mercado y a vuestro alcance en este enlace.

rimas-prematuras

 

http://editorialcirculorojo.com/rimas-prematuras/

Os dejo con un par de bellos poemas de su libro. Espero que os guste.

 

SE APAGA

Dime y solo dime; cómo es

posible vivir sin la persona amada,

a menos de un palmo de distancia.

 

Cómo es posible respirar un aire

en el que su ausencia se escapa,

y deja una estela parecida al viento,

frío e inhóspito, demasiado gélido.

 

Y cruel angustia se apodera de mis ojos

pues queriendo o sin querer, frágil lloro,

por la inexistencia de su presencia,

dejando en las entrañas un sentimiento roto.

 

Cuanto más tiempo pasa de su llegada,

la angustia que antes lenta prendía,

ahora la mecha efímera quemaba.

 

Y en infernal carrera las ansias

retan al tiempo, eterno y duro rival,

que siempre rememorando a la realidad

se convierte en fiel, vertiginoso compañero.

 

Es entonces cuando la locura,

paraliza mi mente, increpando mi alma

torturada por el reloj que lento avanza…

es entonces cuando la bomba estalla,

 

Cuando mi ser detona

y atrapado en el cosmos se apaga.

 

LIBERTAD

Nací en la cuna

del olvido,

y fui olvidada.

 

Nací desnuda;

inocente e ignorante,

ante las viles sombras

que en la oscuridad me acechaban.

 

Nací juzgada;

sin defensa, ni palabra,

quisieron hacerme esclava,

recluirme en una jaula.

 

Nací siendo presa;

de un mundo de etiquetas,

falsas sonrisas que cubren

sus miradas indiscretas.

 

Nací sin voz;

ante una sociedad que grita,

que decide de quién es

la sangre que se va a verter.

 

Nací coartada;

limitada por las reglas,

los márgenes de un libro

al que suelen llamar “Ley”.

 

Nací sofocada;

entre los gritos del pueblo,

luchando por derechos

que la élite no quería ver.

 

Nací voraz;

como pequeña llama,

ante un seco pastizal,

temeraria e insaciable.

 

Nací pronunciada;

entre los labios desesperados

de una triste muchedumbre,

esclava de una clase noble.

 

Nací como un deseo

que brinca en el corazón

y al miedo hace ajeno.

 

Nací en el alma y la mente

de los hombres,

en las entrañas del dolor.

 

Nací en tiempo extraño,

libertad me otorgó el mundo,

y libertad soy.

 

Maifa Rieseberg y el mar.

nina peña - maifa rieseberg - mar - poemaEl mar teje un velo de bruma en el horizonte donde navegan grandes albatros nubes hacia el infinito.

Y en una sinfonía de rosas nace el sol, brasa tímido detrás de su muselina gaseosa. Delicadamente pinta una tela puntillista de rosa tierno y cálido, mientras la plata blanquecina del mar va sonrojándose de susurrante enamoramiento.

Prepara un lecho suave y brillante en que el sol pueda recostar suavemente su mirada cálida.

El mar se mece y ondula su vientre como una hetaira, con lentitud calculada, con suavidad lasciva, cantando bajito eróticas pasiones por una mirada rosa y una caricia incendiaria de pasión efímera.

Cada amanecer es distinto, no hay dos iguales.

19732315_10207687004288046_2091684990748299566_nCada onda de luz, cada nube, cada brisa y fragancia cada detalle que puede ser visto, sentido.

Como cada día, como cada instante, nada es igual en la naturaleza. Madrugar y ver salir el sol, ir a buscar su nacimiento, en la ciudad, o fuera de ella, me ayuda a recordar que cada momento es único y singular, y que la vida es una sucesión de amaneceres y ocasos en todas las dimensiones de lo humano, permanentemente.

Detenernos aquí, ahora, en el instante presente a captar el amanecer de lo que sea: un saludo, un latido, la luz que entra por la ventana, el aire que nos alimenta en este momento, lo que sea que viene a decirnos hola.

Grises antracita, grises ratón, grises perla, grises blancos, blancos grises. Sinfonía gris. Aguas expectantes y mansas, de caricia cálida para pasear acompañada por una chica grande. Que extraño y precioso es ver crecer a las personas y adivinar un largo recorrido interno hacia un abanico de plenitud.

A salto de mata, ver cómo evoluciona con un alma cada vez más luminosa. Gris está el día que sonríe entre nubes y juega con la luz haciendo senderos, guiños, surcos, explosiones amarillas.

Grises que se vuelven blancos de sal y luminosidad, blancos de calor, blancos que conquistan el cielo en un alarde de poderío. Y en la arena dorada y sucia pasan las almas transeúntes mañaneras en busca de paz y de inconfesados objetivos

18557496_10207324471864962_2258776440410961104_nRoja bola entre seda de bruma sale del mar susurrante y tierno, lánguido y delicado. Líquida plata orlada de puntadas azuladas murmura la balada de los enamorados de la paz y el silencio.

Rosada mañana de luz tamizada por una muselina delicada donde vagan extraños pájaros de nubes mullidas e inciertas a ras de agua en la precaria raya del horizonte.

Baladas de agua cálida y mimosa surcan la brisa.

El mar ofrenda a la arena posidonias, rayas esmeraldas para que luzca joyas brillantes de perlas de sal. Pero la arena ya no mira las ofrendas, tiene la espalda erizada de cañas y de dolor de la soberbia del pescador. En la escollera conquistada, lucen picas, banderas y sombrilla en el contraluz de la mañana.

Sombras chinescas en el aire tenue y salado auscultando el mar que gluglutea entre piedras para solaz de pulpitos y cangrejos tímidos, mientras las rayas plateadas de algunos peces se burlan del pescador. Dos gaviotas pelean por unos despojos mientras empieza para la playa el sufrimiento del verano, pies y toallas, picadura de parasol y gritos de alborozo.

15202650_10206118366273076_8252149351764845466_nRumorea sin tregua con rabiosa constancia bajo un dosel de nubarrones grises que se pavonean en el agua ora de gris morado ora verde hosco. El mar le ha robado tanta arena a la playa que va empachado; se ha preparado una larga cama plana donde desenrollar sus encajes de espumajos chulescos. Está ufano el mar de sus hazañas de ayer, invadió la playa y dejo charcos que se bebe la arena con paciencia donde revientan burbujas salobres en un glup suave y estirado y las nubes se hacen selfies en sus espejos. Las olas suben en alardes de matón de verano con ímpetu de película mala dejando figuras de fieras antediluvianas que se escurren cobardes hacia su guarida eterna.

Entre nubes se asoma el sol haciendo poses, en estrella, en raya, en punto y coma, en exclamación.

El sol está jugando con las nubes, mientras el mar, en el horizonte humea, caliente de rabia, caliente de verano contra la brisa matutina.15179117_10206118364113022_2681530507568806355_n

PD. Muchas gracias Maifa por permitirme compartir tus escritos. Es un placer y un honor tenerte en mi blog.