Elizabeth Barrett Browning

Elizabeth Barrett Browning

Elizabeth Barret Browning está considerada una de las grandes poetas en lengua inglesa. Sus poemas, íntimos, dulces pero de una gran profundidad, son muy apreciados por la sociedad victoriana de entonces, que pasó por alto el hecho de que ella fuera mujer.

Su débil salud, agravada con los años por una tuberculosis, hicieron que Elizabeth pudiera dedicarse más a su actividad intelectual en grandes momentos de soledad y recogimiento.

Escribió sus primeros poemas a los cuatro años y novelas a los seis. A los ocho tradujo a Homero y a los diez estudiaba griego. Con quince años leyó Vindicación de los derechos de la mujer, tomando conciencia de esos primeros movimientos feministas y del entramado social de aquella época. Fue abolicionista del la esclavitud y ayudó a redactar la conocida Ley de las diez horas, que reformó la legislación del trabajo infantil en la Inglaterra victoriana.

Virginia Woolf dice sobre Aurora Leigh que su velocidad y energía, además de una franqueza y seguridad absoluta mantienen cautivadas a las personas que leen el texto. Resalta, así mismo, que una de las impresiones más penetrantes cuando se lee esta obra es la sensación de la presencia de la autora, que “a través de la voz del personaje Aurora, resuenan en nuestros oídos el carácter, las circunstancias, las peculiaridades de Elisabeth Barrett”

 

¿De qué modo te amo?

¿De qué modo te amo? Deja que cuente las formas:
Te amo desde el hondo abismo hasta la región más alta
que mi alma pueda alcanzar, cuando persigo en vano
las fronteras del Ser y la Gracia.

Te amo en el calmo instante de cada día,
con el sol y la tenue luz de la lámpara.
Te amo en libertad, como se aspira al Bien;
Te amo con pureza, como se alcanza la Gloria.

Te amo con la pasión que antes puse
en mis viejos lamentos, con mi fe de niña.
Te amo con la ternura que creí perder
cuando mis santos se desvanecieron.

Te amo con cada frágil aliento,
con cada sonrisa y con cada lágrima de mi ser;
y si Dios así lo desea,
tras la muerte te amaré aun más.

 

Cuando nuestra dos almas se alzan

Cuando nuestras dos almas se alzan firmes,
cara a cara, silenciosas, dibujando intimidades,
hasta que la extensión de nuestras alas se quiebra,
lacerando cada recodo, quemando cada curva.
Entonces ¿qué amargura de la tierra puede opacarnos
sin que en el otro encontremos eterno consuelo?
Piensa que, escalando alto, los ángeles nos contemplan;
deseando derramar una dorada, una perfecta melodía
sobre nuestro abismal y querido silencio.
Demoremos nuestros pasos por el mundo, amado mío;
huyendo del humor inestable de la humanidad
que aísla cruelmente a los puros espíritus.
Hagamos juntos un sitio donde permanecer de pie,
donde la felicidad de las horas sea amarnos por un día,
rodeados por la Oscuridad como única compañía.

 

La primera vez que él me besó

La primera vez que él me besó,
Fue sobre estos dedos que ahora escriben;
Y desde entonces han crecido en pura palidez,
Lentos para estrechar otras manos,
Y lascivos para acariciar sus labios
Mientras los ángeles suspiran.
Aquel anillo de amatista
Permanece lejos de mi vista,
Desde que ese primer beso
Bendijo su antiguo hogar.
El segundo pasó más alto que su ancestro,
Y buscó la frente, fallando a medias,
Derramándose sobre mis cabellos,
Superando toda recompensa.
Esa fue la cima del dolor,
La corona misma del amor.
Con santificadas dulzuras
Procedió el tercero,
Sobre mis labios, presionándolos
En un púrpura suave, perfecto.
Desde entonces, ciertamente,
He dicho plena y orgullosa:
Mi Amor, sólo mío.

 

El rostro del mundo ha cambiado

El rostro del mundo ha cambiado
desde que oí los pasos de tu alma, leves
¡oh, muy leves!, junto a mí, deslizándose
entre mí y la terrible grieta de la muerte
donde pensaba hundirme, mas fui elevada
hacia el amor y conocí una nueva canción
para mecer las mareas de la vida.
Apuré sedienta la copa de las amarguras
que Dios, al nacer, nos regala,
A tu lado, mi amor, he loado su dulzura.
El nombre de las tierras y del cielo se mudan,
cambian según donde estés
o hayas de estar algún un día.
Antes adoraba este laúd y éste canto mío,
(los ángeles bien lo saben), aún los quiero,
sólo porque tu nombre se mezcla con su ritmo.

 

Aléjate de mí

Aléjate de mí, aunque sé que siempre,
he permanecer en tu sombra.
Y nunca, solitaria,
alzándome en los mismos umbrales de la vida
recóndita, podré gobernar los impulsos
de mi alma, ni levantar la mano como antaño,
hacia el sol, serenamente, sin que perciba en ella
lo que intenté hasta ahora apartar: el contacto
de tu mano en la mía.
Esta anchurosa tierra
con que quiso separarnos el destino, en el mío
deja tu corazón, con latir doble. En todo
lo que hiciere o soñare estás presente, como
en el vino el sabor de las uvas.
Y cuando
por mí rezo al Señor, en mis ruegos tu nombre
escucha y en mis ojos ve mezclarse nuestras lágrimas.

Mujeres escritoras. María Lorente

 

chica - pizarra - pared - muroMaría Lorente Becerra comenzó a escribir relatos y poesías desde muy joven así como obras de teatro y guiones cinematográficos que ella misma dirigió y produjo.

Con tan solo 17 años recibió numerosos premios por su cortometraje “Las heridas lilas” aunque comenzó a la edad de 11 años a rodar su primera película.

En 2019 publica su primer poemario “Magia es lo que ves” y está terminando su primera novela así como reparando el estreno de una nueva obra de teatro.

“La poesía, a diferencia del teatro, el cine o la novela, requiere una mirada y una forma de estar en el mundo diferente, incluso extraordinaria”

 

Llegó la hora, dicen que llegó la hora.

Los árboles sonaron a melodías oscuras, como nacidas de sus raíces. Musgo. Palabra en barro. Huracán callado que no encuentra cauce.

Llegó la hora en la que los ángeles se postraron ante ti, desnudos, indómitos, vagabundos por la única flor.

Llegó la hora en la que ningún espejo jamás volvió a girarse. En la que los caleidoscopios serían cacerolas frías. En la que volverías a cantar «Hallelujah» y qué desgracia por su ausencia.

Llegó la hora en la que te diste cuenta de quien no eras. Llegó la hora pesada. La hora que esperabas. La hora que se arrastraba por todos los suelos de esta ciudad.

Llegó la hora que te Cubría. El tiempo que te Cubría.
Llegó la hora del desierto, del destierro, donde las hojas caerían como piedras de metal. Llegó la hora del recuerdo.

En donde lo veías a él y te veías a ti. Y te veías a ti en él y a él en ti. Llegó la hora en la que ¡no supiste qué decir!
¡En donde no reconociste a nadie!

Llegó la hora en la que cantaste por las calles Leonard Cohen, Pink Floyd, ¡y qué suerte la nuestra! Llegó la hora en la que todo aquel ahora ya se iba. Se escurría como lava de sangre por las alcantarillas. Y tú llorabas y la recogías.

Llegó la hora en la que preferiste encontrar una moneda falsa, un recuerdo, una carta. Algo que te hiciera vibrar como antes, en la ficción de lo vivido. Preferías la ficción de lo vivido a lo real de tu vida.

Y escribías y leías a Virginia Woolf y declarabas tu amor por todas las cosas, por las sombras un día herejes de tu imperio de silencio.

¡Llegó la hora en la que todo eso y más se quebró!
Y el espacio y los orbes y tú declinando en ti y ella declinando en ella.

Llegó la hora en la que sangraste tu propia muerte.

O tal fuera un incendio, una lágrima en llamas, consumiéndose por el amor a la vida.

Puedes leer aquí un extracto de su poemario Es magia lo que ves

Desde la ventana

garcia rodero - nina peña

Desde la ventana el horizonte se extiende tan lejano
que parece pintado en acuarelas, diluido en aguas de color.
Se acumulan las casas, los tejados, las calles,
los gatos que maúllan
y las hierbas que crecen entre las grietas del cemento.
Las voces de la calle llegan cada día con las mismas palabras
pretendiendo significar algo.
El sol se acumula bajo persianas de soledad
Iluminando los resquicios del silencio.
Me cojo al hierro de los balcones para no caerme,
y desde esa cárcel, me asomo a la vida y la libertad.
Hay ventanas en el horizonte
clausuradas por el clima de las frías voces
que resuenan en los adoquines siempre mojados de lluvia.
Hay ventanas con rejas y macetas,
con flores y plantas trepadoras
que nos consuelan de los jardines que no poseemos.
Ventanas abiertas desde donde asoman armarios y cuadros,
lámparas y arañas escaladoras de rincones mudos,
y, alguna vez,
unos ojos buscan horizontes por los cuales ver un trocito del mundo
que nos es negado poseer.
Desde la ventana se vislumbra la acción, la vida,
la luz de los días que se repiten.
Sucesión de ausencias que jamás son ocupadas por nadie
y de presencias que no se van.
Entra la luz de los veranos en que fuimos niñas para iluminar las figuras
de los inviernos en que seremos viejas.
Desde la ventana siembro de sueños los amaneceres
y de música los vientos que mueven las cortinas de encaje y soledades
arañadas por el gato de la desesperanza y la rutina atroz.

Mujeres escritoras. Acercamiento a la poesía de Guisela López

guisela lopez - nina peña

Guisela López es una poeta guatemalteca licenciada en Ciencias de la Comunicación y especialista en Estudios de Género por la Universidad Autónoma de México. Fundadora y coordinadora de múltiples programas y seminarios sobre feminismo, investigadora, docente, y escritora incansable. Su compromiso queda patente en sus poemas y trabajos que versan sobre feminismo, cultura e identidades culturales como la indígena.

Bibliografía: En Busca del amanecer (1976), Canto Nuevo (1980), Brujas (2006), Postales de Ciudad (2010), Mujer de nueva cuenta, Nueva mirada, Versos del desamor, Erótica de mar (2011) y Voces urgentes (2012).

“Presentes”
Llegamos aquí presurosas…
Hemos venido,
convocadas por un sueño.
Las mujeres
recorremos las plazas del mundo
desplegando palabras.

Hemos llegado de todas partes
unas tristes,
otras alegres
algunas rotas.
Trazando arcoiris
con nuestros colores de piel,
constelaciones
con nuestras miradas.
Nos encontramos
proclamando la soberanía de nuestros cuerpos,
defendiendo la libertad de nuestros pasos.
Haciendo resonar nuestra voz.
de continente a continente.
Transgrediendo mandatos,
construyendo metáforas amables
con la fuerza de nuestros deseos.

Enlazándonos,
más allá de nuestra edad
y nuestras nacionalidades.
Acarreando esperanzas
en la desesperanza.
Tejiendo redes,
laboriosas arañas.
Construyendo ciudadanía
centímetro a centímetro.

Transformando la realidad
con nuestros caminares,
incursionando el viento
vestidas de cometas,
despeinadas de flores,
deliberadas,
presentes,
en esta marcha por la vida.

 

Es necesario

Es necesario
revertir el hechizo.

Ese
que borra a las mujeres
de los libros de historia,
de las esferas de poder,
de las antologías.

Ese
que las encierra
entre cuatro paredes
con solo
colocarles un anillo.

 

Tenemos que cambiar este tiempo

Tenemos que cambiar este tiempo
de inseguridad y pesadillas.
Este recuento de violencias.
Es urgente y necesario
clausurar los archivos del miedo.
Exigir que se respete en todas partes,
nuestro derecho a ser: Humanas.

 

“Ni una más”
I
Cuando roban
los sueños a la vida
el cielo se encapota,
los mares
se desbordan de sal
se resquebrajan,
amarga
suma de lágrimas.
II
No cabe tanto dolor en la palabra.
Desbordan el silencio
las sonrisas truncadas,
los besos sin florecer
las promesas…
barriletes sin hilo
derivando en el viento.
III
Cuántas historias rotas,
peces sobre el asfalto.
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Memorias
de mañanas con sol,
de vestidos de domingo y labiales rosa,
de zapatillas de baile y muñecas de trapo,
de corazones de San Valentín
y pasteles de cumpleaños.
IV
“Porque tus ojos son cielo de la tarde”
“Porque tus manos son pájaros ansiosos”
“Porque tu pelo es río
y tus pasos…
huellas de luna sobre el césped”
Lolita ili tina
Lety sole ana
Tere cesi ale
Sus nombres tapizando la ciudad con gritos
con margaritas pisoteadas
con poemas muertos
antes de extender las alas.
No podemos cerrar los ojos al terror
su laberinto podría devorarnos.
Para contener esta sombra que se cierne
sumemos nuestra voz a la palabra,
hagamos pactos de amor,
treguas de dudas,
que no falten rosas
ni versos,
ni canciones.
Seamos intolerantes al silencio,
para que
ni una más
sea despojada de abril,
del viento
y de la lluvia.

Mujeres escritoras. Cinco poemas de Alejandra Pizarnik.

alejandra pizarnik - nina peña - poemas - poetas

De nuevo quiero compartir unos poemas de Alejandra Pizarnik, una mujer que inspira.

Lee aquí más poemas de Alejandra Pizarnik

A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos

 

SALVACIÓN

Se fuga la isla
Y la muchacha vuelve a escalar el viento
y a descubrir la muerte del pájaro profeta
Ahora
es el fuego sometido
Ahora
es la carne
la hoja
la piedra
perdidos en la fuente del tormento
como el navegante en el horror de la civilización
que purifica la caída de la noche
Ahora
la muchacha halla la máscara del infinito
y rompe el muro de la poesía.

 

LA ÚLTIMA INOCENCIA

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más fila para morir.

He de partir

Pero arremete ¡viajera!

 

FORMAS

no sé si pájaro o jaula
mano asesina
o joven muerta jadeando en la gran garganta oscura
o silenciosa
pero tal vez oral como una fuente
tal vez juglar
o princesa en la torre más alta.

 

EL DESPERTAR

a León Ostrov

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay mounstros
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Còmo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo

 

Te ha gustado mucho, ¿verdad? pues aquí puedes adquirir su obra completa  

Mujeres escritoras. Ernestina de Champurcín

Esta es la segunda entrada que hago sobre esta poeta, pero creo que realmente vale la pena volverla a traer al blog, descubrir unos pocos poemas más y leer de nuevo sus poesía tranquila y triste, tan vital como la misma vida.  Creo que todo lo que hagamos por recuperar a estas poetas y escritoras que trataron de olvidar y que cubrieron con 40 años de ostracismo, es poco.

Os dejo aquí la entrada anterior con su biografía.

https://ninapenya.wordpress.com/2019/04/21/ernestina-de-champourcin/
ernestina champourcin - nina peña - poemas

Amor a cada instante

Amor de cada instante…
duro amor sin delicias: cadena cruz, cilicio,
gloria ausente, esperada,
gozo y tortura a un tiempo;
realidad de los siglos, gracias por ser y estar
en el nunca y el siempre.
Pues , mi ejercicio, ahora, es amarte en la ausencia,
y aferrarme a esta nada porque también es tuya
y beber ese polvo de soledad y vacío
que es Tu don del momento y Tu clara promesa.
Y por eso me obstino contra lo más cercano,
huyendo de lo fácil -metal a flor de agua-,
por Ti también me acojo a lo que nadie sabe.
Y así voy caminando por este desconcierto
oscuro y luminoso, por este amor amargo,
veteado de gloria…

 

Amor

Puliré mi belleza con los garfios del viento.
Seré tuya sin forma, hecha polvo de aire,
diluida en un cielo de planos invisibles.
Para ti quiero, amado, la posesión sin cuerpo,
el delirio gozoso de sentir que tu abrazo
solo ciñe rosales de pura eternidad.
Nunca podrás tenerme sin abrir tu deseo
sobre la desnudez que sella lo inefable,
ni encontrarás mis labios
mientras algo concreto enraíce tu amor…
¡Que tus manos inútiles acaricien estrellas!
No entorpezcan besándome la fuga de mi cuerpo.
¡Seré tuya en la piel hecha fuego de sol.

 

Ambición

¡Quisiera ser viento!
Ráfaga tendida
que arrastra en su beso
el polvo y la nube,
la rosa, el lucero…
-No brisa apacible
que finge despechos
y siembra caricias-.
Yo quiero ser fuego,
volcán de aire rojo
que incendie el secreto
de todas las ramas
y todos los pechos;
aquilón desnudo,
huracán de acero,
fragua donde forjan
su actitud los cuerpos.
¡Cuando voy a ti,
quisiera ser viento
para arrebatarte
más allá del cielo!

 

Huida

Inercia de la muerte. ¡Qué distancia
me aleja ya, segura, de lo humano!
Aquella rosa que murió en mi mano
será pronto recuerdo de fragancia.
Silencio de silencios. En mi estancia
diluye su perfil lo cotidiano
y retorna sin hieles a su arcano
esa amargura que la vida escancia.
Nada será de todo lo que ha sido.
Voy a ofrecer al sello del olvido
mis párpados febriles y mis labios
que inmoviliza el rictus de lo eterno.
¡Quiero escapar indemne del infierno
que arde en la trama de tus besos sabios!

 

Solo allí

Tú no sabes qué lejos.
¡Nadie sabe qué lejos!
Encima de las nubes, detrás de las estrellas,
al fondo del abismo en que se arroja el día,
sobre el monte invisible donde duerme la luz.
Sólo allí podrá ser. Sólo allí tocaremos
la verdad que tortura nuestras frentes selladas.
Sólo allí se abrirán como flores de aurora
aquellas lentas noches de amor en desvarío.
Nuestras manos lo piden tendidas al espacio
en un sordo anhelar que no engendra clamores,
nuestras plantas lo exigen tercamente aferradas
a las huellas que el viento indómito destroza.
El horizonte huye robando a cada hora
la secreta delicia que presagia el milagro.
Hay briznas de prodigio en todos los instantes
y el mundo, ciego, arde con vibración de altar.
Arrodilla tu fuerza. No hay glorias presentidas.
Palpita en certidumbre la carne de los sueños.
Si acunas la belleza que tu fervor concibe
florecerá en tu muerte su exacta encarnación.

 

Mujeres escritoras. Acercamiento a la poesía de Soledad Álvarez

soledad alvarez - nina peña - poemas - poetas

Soledad Álvarez  nació en Santo Domingo un 12 de noviembre de 1950. Es filóloga especializada en Literatura Hispanoamericana. También es editora de suplementos editoriales y ponente en distintos congresos literarios.

Es autora de varios libros como ” De tierra morena vengo”, “Vuelo posible”, “Complicidades” y “Autobiografía del agua”.

Su poesía es pasional, con tintes eróticos  y amorosos pero sobre todo femeninos. En su poemario el cuerpo es el centro de las sensaciones pero también el centro de lo femenino

 

POEMA

He tocado la muerte y era perfecta
Distante como todo lo distante
Cercana como todo lo que llega
dulcísima entregándose la espléndida
me dice muy despacio
–su voz es como lumbre
alumbrándole el filo a las palabras–
para qué la furia el odio
tanta ávida luz para tanta claridad
si bastaría con mirarse las cenizas
rodar tiempo arriba o tiempo abajo
por la lisura circular de las cosas
hasta perder lo que tuve
y no
breve lacerada ebriedad de los sentidos
la vida y su abismo desordenado
arrastrándome por asilos y cárceles exactamente iguales
por ceremonias que envejecen y se pudren y espantan
Mejor me arranco el corazón y lo tiro como moneda
Mejor me tiendo como todo lo infinito
igual a la tierra
con lo único que amé
la palabra cobijándome y la noche y el árbol
perfecta
hasta resplandecer de pura nada

 

DECLARACIÓN

Juro vivir mi vida
sin treguas
armada hasta la muerte
sin aflicciones ni miserias
con mis culpas y derrotas bien lavaditas
y aireadas vivir
sin torturadores o con ellos
pero sin pie para la traición
sin santos ni sobornos
sin traidores o con ellos
pero sin pie para la traición
vivir amor
aunque me rompa el alma
pasajera de desastres
ventrílocua de lo indecible
contrabandista de valijas rotas
de amores y contramores
aunque me toque la muerte
aunque me claven las uñas
vivir con lentitud o con demencia
con la luz o sus negruras
ahora y después
hasta ganar la batalla.

 

MOMENTO

Duele el gozo que propones
de quedarme quieta
sin respiros ni suspiros
sin delicias de desnudo
sufrirte llama cuando me quemas
pero qué alivio cuando me haces
agüita de yerbabuena
en el justo momento que tus manos
caen sobre mis senos
y se escapan buganvillas
y flamboyanes
relojes de mares y no de arena
turbados camafeos familiares
augurios y ceremonias
los mil y un nombres ilustres
que le han dado a esta franca unión
de cuerpo a cuerpo
de alma a cuerpo
de labio
que dolería más si resistiera
el dócil camino que le señalas.
Quedarme presa en esta furia
quiebra de todos los rompientes
presos en este prendiapaga
en el compás de la danza antiquísima
que seguimos
hasta la redondez de su misterio.

 

ITINERARIO I

La desnudez de la noche estremece la memoria
devora cuerpos
alrededor lo que tuve y no
playas hirvientes ciudades
muebles adulterios libros
Piedras como brasas laceran el alma
¿Hasta cuándo esta duermevela de ausencias?
sobre mi cabeza la noche de fantasmas
una niña quiere ser corista y canta
canciones tristes como lágrima
Salamandra domesticada todas las niñas que fui
toda la luz y la inocencia desnuda
en juego interminable de máscaras
de crímenes de ternura
de condenados adolescentes que han bebido
el filtro del escándalo y del amor
Mi adolescencia mi adolescencia
esta noche su cintura breve su pelo
el encuentro feliz los desencuentros
¿Alguien conoce el naufragio de que esta mujer es capaz?
Sus catástrofes son alegres
disfrazada de hechizos se viste y se desviste
como la corista que no fue y ha descubierto
un territorio nuevo para el suplicio
Este es el tiempo de la fiesta
de los amantes que llegan y se despiden con reverencias
la cabeza entre las piernas
las secretas esperanzas entre las piernas
¡erróneas y ebrias noches las del amor!
aquel saqueo del tiempo aquel tumulto de los sentidos
para llegar a ninguna parte
sino a este desteñido paisaje de nada
Pasan mis muertos y se alejan
no hay piedad para ellos
como no hay absolución para mí
Pero estoy viva
y sin tregua

 

ITINERARIO II

Este hombre no pasará a la historia morirá
y su voz de ciego se perderá en la luz
y sus palabras en la oscuridad más oscura de hormigas
y caracoles
Las mujeres que vendrán inventaron su domicilio de fruta
mordida
no conocen sus manos penetrando exasperando en oleada
deslumbrante
sábanas dientes saliva aliviando mi paladar perecerán
perecerá su tristeza de animal solitario
ese cerco costumbre de peinarse y salir calle o mar
(perdido sin saber si es la calle o el mar)
con su pelo derrotado con su lanza de guerrero
rota en trentidós pedazos
Amurado de mí este hombre morirá
su corazón será la tierra de un país que no verá nunca
cenizas sus huesos sus dientes granos con que daré de comer a
las palomas
Morirá y su lengua al revés no embriagará mi lengua
al revés sus brazos como un suplicante amortajado
hacia dentro escuchará el naufragio de la hoja el hormiguero
de sangre
el tumulto cuando fuimos todos los hombres y todas
las mujeres crepitando
Este hombre morirá sin encontrar su itinerario.

Mujeres escritoras. Ernestina de Champourcin

ernestina champourcin - nina peña - poemas

Ernestina de Champourcin es una de esas poetas casi olvidadas de la generación del 27, ocultas por la oscuridad de toda una época y que no ha tenido el reconocimiento merecido por parte de la sociedad lectora.

Su poesía es sencilla y bella, sosegada, natural. Esencialista y vital dentro de una especie de tristeza que lo envuelve todo. Además de poemas de amor, Ernestina, escribió poemas de contenido social en los que habla de la soledad, de la nostalgia y se acerca de esa forma a la cantidad de poetas que mueren o viven en el exilio. Su labor fue reconocida con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, pero los años de oscuridad e la dictadura, que ocultó a varias generaciones de mujeres ha hecho que su nombre y su obra no sea recordado de la forma que merece por la mayoría de lectores.

 

CARTA AL VACÍO

Es escribir a alguien
o lanzarse al silencio,
a nadar en lo oscuro,
a encender una llama
aunque ahoguen las dudas.
¿Carta a lo que no existe?
Hay buzones alados
que se disparan solos
y un correo sin pistas
ni trayecto seguro.

Eludir el camino
que todos conocemos.
Seguir hacia adelante
ruta de los que intentan
lo que nunca pensaron
y se sienten felices
porque hay algo distinto,
porque se desvanece
de pronto lo que sobra
y no existe el vacío
si queremos colmarlo.

 

AL FINAL DE LA TARDE

Al final de la tarde
dime tú ¿qué nos queda?
El zumo del recuerdo
y la sonrisa nueva
de algo que no fue
y hoy se nos entrega.

Al final de la tarde
las rosas siguen lentas
abriéndose y cerrándose
sin caer aún en tierra.

Al final de la tarde
no vale lo que queda
sino el impulso mágico
de la verdad completa.

 

LA VOZ DEL VIENTO

Búscame en ti. La flecha de mi vida
ha clavado sus rumbos en tu pecho
y esquivo entre tus brazos el acecho
de las cien rutas que mi paso olvida.

Despójame del ansia desmedida
que abrasaba mi espíritu en barbecho.
El roce de tus manos ha deshecho
la audacia de mi frente envanecida.

Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte
del silencio total. Ávida muerte
donde renacen, tuyos, mis sentidos.

Ahoga entre tus labios mi tristeza,
y esta inquietud punzante que ya empieza
a taladrar mi sien con sus latidos.

 

SERÉ TUYA SIN TI

Seré tuya sin ti el día que los sueños
alejen de mi senda tu mente creadora,
el día que tu sed
no pueda limitarse al hueco de mis manos.

¡Seré tuya aún sin ti! Dejaré de merecerte
en la cuna encendida que tejieron mis besos.
Se borrará en tus labios la forma de los míos,
y el cielo de tu vida
tendrá un color distinto al de mi corazón.

Pero sabré ser tuya sin nublar tu camino
con la huella indecisa de mi andar solitario.
Me ceñiré a tu sombra, y anudada por ella,
te iré dando en silencio lo más puro de mí.

¡Con qué amarga dulzura repetiré, ya sola,
esos gestos antiguos que pulió tu mirada!
Me seguirás teniendo igual que me quisiste
y acunaré en secreto tu amor eternizado.

 

SI DERRIBAS EL MURO

¡Si derribas el muro
qué gozo en todas partes!
¡Qué lazo de palabras
se sentirá en la tierra!
Y todo será nuevo,
como recién nacido…
Si derribas el muro
de todas las mentiras
¡Qué júbilo de amor
abierto sobre el mundo!
¡Qué horizonte sin nubes
en la curva del cielo!

Durante la guerra civil española  escribe:
“La noche se hizo carne en tus ojos heridos. ¡Carne de soledad! Qué angustia de caminos empañados en niebla, de sones desvaídos que a nada se refieren, de inútiles designios que tu pupila, inmóvil, no abarcará, vencidos. ¡Qué amanecer a oscuras en tierras sin sentido donde todo es volumen, donde el silencio mismo se hace duro y compacto, donde el roce más nimio desgarra y estremece como un inmenso grito de luz y primavera! –¡Qué sombra de martirio en tu mirar enhiesto que cercaba al destino rompiendo sus contornos, destrozando sus mitos, dejándolo desnudo, sin farsas ni egoísmos!…– La noche para siempre, la noche con su esquivo y vacilante rumbo. Nada puede ya el lino de mis manos abiertas ni su apoyo tendido en el rastro borroso de tu andar indeciso. Nada puede mi voz contra el áspero frío que inundando tus ojos te aísla de lo vivo y te roba la gracia del paisaje encendido del horizonte en fiesta donde todo es camino. ¡No te queda más ruta que la que va a ti mismo!”.

Todo cuanto hice

 

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Crecí hacia adentro
rebosando de aguas no potables
que empozoñan el alma de quien intenta beberlo.
Me enredé en los caminos polvorientos del estío,
que rompiendo y serpenteando
llevan de ninguna parte a ningún sitio.
Me inflé de velas llevadas por los vientos
arrastrando la humilde barcaza de mi cuerpo
por los mares truculentos y profundos de mi cerebro.
Crucé los caminos de pinos que tienen los cementerios
para enterrar allí los restos de cuanto me despojé en silencio.
Para dejarlos allí y que descansen
o que tal vez jamás descansen, pero dejarlos allí, como muertos.
Anduve por mis adentros sepultando cuanto creí bueno,
dejando salir de mi vida todo cuanto luego no pudiera echar de menos.
Crecí para adentro, porque afuera la oscuridad reinaba
y gritaba el silencio,
dolía con dolores propios y ajenos la luz de tantos tormentos que
maté y sepulté entre lágrimas,
mientras la vida mecía mis cabellos.

Mujeres escritoras. Alejandra Pizarnik. Acercamiento a su poesía.

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Alejandra Pizarnik fue una poetisa argentina con ascendencia rusa nacida en Buenos Aires el 29 de abril de 1936. Los orígenes de sus padres marcaron su vida desde el principio; su apellido original, Pizharnik, se perdió como tantos otros al entrar en su nuevo país, al cual llegaron sin hablar una palabra de castellano. Desde pequeña, la muerte la tocó de cerca y más tarde sería protagonista de sus obras, junto con el inconsciente; casi todos los familiares que permanecieron en su tierra natal fallecieron en manos del fascismo y el estalinismo. Como si el exilio de sus padres y la tragedia que la rodeaba no hubieran sido suficientes cargas para su tierna edad, su autoestima se vio minada por su fuerte acento al hablar, tartamudez y problemas de peso, entre otras cuestiones que probablemente ella sola conocía.
En su juventud cursó algunas materias de la carrera de Letras y también estudió pintura. Dados sus reincidentes cuadros de depresión, comenzó a hacer terapia, donde descubrió que padecía de Trastorno Límite de la Personalidad, lo cual vuelve más admirable su dedicación a la escritura y puede apreciarse en obras como “La jaula”.
Su primer libro, “La Tierra Más Ajena”, fue publicado en 1955 con el apoyo económico de su padre. Antes de quitarse la vida el 25 de septiembre de 1972, escribió cerca de 10 poemarios y comenzó a abordar la prosa.

Poemas del alma- https://www.poemas-del-alma.com/alejandra-pizarnik.htm

Lee aquí más poemas de Alejandra Pizarnik

 

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UN BOLETO OBJETIVO

1
entre los soplos de tantas arterias

hurgo agazapada en los bolsillos de mi

campera

tratando de hallar algo que haga flotar mi destripada

aurora

2

miro rostros busco rostros

hallo rostros

la imagen de su igualdad enfría la estética

desde la ventanilla

tranviaria

mi asiento es la cima del mundo

3

vuelan uñas brazos anillos peces

vienen sonidos azules rojos verdes

desfile que hierve en tremendos

borbotones

mas nada altera insinuante la seguridad

en mi asiento

 

YO SOY…

mis alas? dos pétalos podridos

mi razón? copitas de vino agrio

mi vida? vacío bien pensado

mi cuerpo? un tajo en la silla mi vaivén?

un gong infantil mi rostro?

un cero disimulado mis ojos?

ah! trozos de infinito.

 

 

ARTES INVISIBLES

Tú que cantas todas mis muertes. Tú que cantas lo que no confías al sueño del tiempo, descríbeme la casa del vacío háblame de esas palabras vestidas de féretros que habitan mi inocencia.

Con todas mis muertes yo me entrego a mi muerte, con puñados de infancia, con deseos ebrios que no anduvieron bajo el sol, y no hay una palabra madrugadora que le dé la razón a la muerte, y no hay un dios donde morir sin muecas.

 

LA CARENCIA

Yo no sé de pájaros, no conozco la historia del fuego.

Pero creo que mi soledad debería tener alas.

 

EL DESPERTAR

A León Ostrov

Señor La jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado y mi corazón está loco porque aúlla a la muerte y sonríe detrás del viento a mis delirios

Que haré con el miedo. Que haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa ni las estaciones quemasen palomas en mis ideas Mis manos se han desnudado y se han ido donde la muerte enseña a vivir a los muertos

Señor El aire me castiga el ser Detrás del aire hay monstruos que beben de mi sangre

Es el desastre Es la hora del vacío no vacío Es el instante de poner cerrojo a los labios oír a los condenados gritar contemplar a cada uno de mis nombres ahorcados en la nada

Señor tengo veinte años

También mis ojos tienen veinte años y sin embargo no dicen nada

Señor He consumado mi vida en un instante La última inocencia estalló Ahora es nunca o jamás o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo y desaparezco para reaparecer en el mar donde un gran barco esperaría con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas y hago con ellas una escala para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final Todo continuará igual Las sonrisas gastadas El interés interesado Las preguntas de piedra en piedra Las gesticulaciones que remedan amor Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde

Señor Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez cuando yo era una anciana Las flores morían en mis manos

porque la danza salvaje de la alegría les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol cuando era niña es decir ayer es decir hace siglos

Señor

La jaula se ha vuelto pájaro Qué haré con el miedo

 

Si quieres saber más sobre su vida, te dejo el enlace a su biografía en el libro Pizarnik: nueva correspondencia

Y si quieres leer más poemas, aquí puedes adquirir su obra