Archivo de la etiqueta: presentación

Bernice Xanthe VS Oscar Quiroga. Una conversación entre amigos.

nina peña - entrevista - oscar quiroga - bernice xanthéoscar

Tenía especial interés en realizar esta entrevista a este autor; aunque no se ajusta a lo que suelo publicar normalmente.

Y no es un autor de erotismo pero si un autor que habla sobre el amor, relaciones y amistad como pocos que conozco.

Así que decidí guardar este espacio para él en mi blog. Y más después de leer su libro “Las palabras que lleva el viento”. En el cual me zambullí sintiéndome parte de sus personajes y enamorándome de sus historias; algunas haciendo que me estremeciera hasta hacerme soltar alguna que otra lagrima.

Así que ni corta ni perezosa organizo una cita para poder hablar con Óscar y que así lo conozcáis un poco más y, como los dos vivimos en Murcia, fue fácil poder conocer en persona a este maravilloso autor.

Deje de lado mi pose de autora de erótico (látigo incluido) y fui a Murcia a encontrarme con el poeta.

Cabe decir que si ya es agradable hablar con él por las redes aún lo es más en persona.

Detrás de ese aspecto serio me encontré con un “Granaino” afincado en Murcia de lo más simpático que me atendió amigablemente.

Y sin más preámbulos vamos a la entrevista;

Bernice:¿Qué fue lo que te llevo a escribir?

Óscar:Esa es una magnífica pregunta. Porque no sabría concretar exactamente cuando fue la primera vez. Posiblemente fuera con cinco o seis años, en uno de esos concursos del colegio. Recuerdo que conseguí ser finalista y eso fue como si hubiera obtenido una condecoración exorbitante.

 

Bernice:A eso le llamo yo; escritor precoz… (Risas)¿Podrías decir que te consideras un autor independiente?

Óscar:Tal vez me dejo llevar por el concepto que todo el mundo tiene de lo que puede ser un autor independiente. Es cierto que no voy de la mano de ninguna editorial al uso, por lo que voy un poco a mi aire.

 

Bernice:Como muchos de nosotros. ¿Qué ventajas y desventajas le ves a auto-publicarse?

Óscar:Pienso que las mismas que puede tener un autor que es publicado por una editorial. En ambos caminos se encuentran problemáticas similares. Por supuesto que la principal ventaja de auto-publicarse es que es el autor el que maneja los hilos de todo.

 

Bernice:Y dime; ¿A través de qué medios podemos encontrar tus novelas?

Óscar: Como muchos de los denominados autores indies o independientes, es Amazon el escaparate para encontrar la única obra entera personal que ha visto la luz, tanto en formato digital como escrito.

Pero también tengo una colaboración con una editora que se puso en contacto conmigo pues conocía lo que escribo por mi blog. Me envió un mensaje donde decía que estaba preparando un proyecto y que le gustaba como escribía. A partir de ahí nos pusimos de acuerdo en que quería de mí, y me fue presentando al resto de participantes, todos ellos latinoamericanos, siendo yo el único español.

En ese libro hay un relato corto mío y poesía y también escribí el prólogo

 

Bernice:La pregunta del millón y la que más trabajo nos da. ¿En qué medios te promocionas?

Óscar:A través del “boca a boca” diario, y por supuesto, a través de las RRSS (Twitter, Facebook, Instagram, Google+…)

 

Bernice:¿Tienes alguna metodología (rutina) a la hora de escribir?Yo ya te digo que no tengo ninguna…JAJAJA.

Óscar:Ya me gustaría a mí contar con el respaldo de un buen método de creación, que posiblemente, sería la panacea para cualquier persona que se adentra en el mundo de la escritura. Sin embargo, no es así. Y pidiendo disculpas de antemano, no revelaré ese secreto.

 

Bernice: Tranquilo no es necesario que me reveles nada que no quieras que sea descubierto; pero te aviso que la próxima saco la fusta. (Risas). Seguimos…Una vez acabados tus libros, ¿Quién es el primero en leerlos?

Óscar: Este primero y único hasta el momento surgió de la petición de varios de los lectores del blog literario que tengo el placer de compartir. Así que fue sencillo dar el salto con el beneplácito de las personas que de alguna u otra forma han sentido suyas aquellas letras escritas por un servidor.

 

Bernice: Como os podéis dar cuenta habla igual de bien que escribe…¿Qué escritores tienes como referentes a la hora de escribir?

Óscar: Esa es un magnifica pregunta con una complicada respuesta. Porque al tener tan clara mi pasión por las letras “bebo” de todo el mundo. Aunque si es cierto que la tierra me tira. Federico García Lorca, por Granada, mi lugar de nacimiento; y Arturo Pérez-Reverte, por Murcia, la ciudad en la que vivo, podrían ser fieles estandartes. Y aunque me considero  más creador de versos sueltos que otra cosa, sí que te puedo decir que mi obra favorita es la versión original de Drácula, del genial escritor BramStocker. Y en poesía, los Sonetos del Amor Oscuro de García Lorca, es mi noble fascinación.

 

Bernice:¿Qué géneros te gusta leer?

Óscar:Principalmente, poesía. Sobre todo, los clásicos. Porque no es fácil encontrar autores de poesía que me lleguen al alma. Y de otros géneros, lo que vaya surgiendo. Me gusta mezclar estilos y nombres.

 

Bernice:¿Qué libro recomendarías?

ÓscarPara no molestar a ningún autor que pudiera quedarse en el tintero, siempre me gusta recomendar a los autores clásicos.

 

Bernice ¿Alguno de un autor auto-editado?

Óscar. Por la misma razón anteriormente citada, prefiero no citar ninguno. Aunque empiezan a ver la luz grandes historias de nombres desconocidos que pronto ocuparán el lugar que les corresponde.

 

Bernice: ¿Cuál es el género en el que te encuentras más a gusto como escritor?

Óscar.Sin duda alguna, la poesía. He vivido y amado los versos desde pequeño y eso me ha hecho siempre feliz. Aunque algunos lectores del blog me comentan que los relatos cortos que han leído les han llegado por la similitud con la realidad, Tal vez en algún momento pueda plantearme dar ese paso de gigante para escribir un relato más extenso. ¿Qué te hace diferente al resto? Esa es una pregunta que no puedo responder. Habría que preguntar a los lectores que podría hacerme diferente al resto. Pasión e implicación no me falta jamás.

 

Bernice:Bueno en ese caso como lectora tuya te puedo contestar yo misma.Y para mí lo que te hace diferente al resto, es claramente la pasión que destilan tus textos. Creo que reconocería algo escrito por ti en cualquier lugar. (Lógicamente se sonroja y me da las gracias). Bueno seguimos… (Risas) ¿De entre todas tus obras cual es la más representativa para ti?

Óscar:Al tener “solo” una obra publicada, la respuesta es sencilla. Estoy feliz por haber logrado sacar a la luz aquello que siempre llevé dentro.

 

Bernice: De recomendar alguna, ¿cuál es la obra en la que se refleja más tu esencia?Háblame un poco de tu obra.

Óscar: Las Palabras Que Lleva El Viento, toma el nombre del título del blog literario que escribo. Se trata de un conjunto de relatos cortos de diversa trama. Eso sí, en casi todos ellos a historia que intenta transmitir se vislumbra a través del prisma de una mujer. El lado femenino de las cosas, de las situaciones, de los sentimientos siempre me llamó la atención. Y es por ese camino por el que me gustaría continuar.

 

Bernice: ¿Ahora cuéntame, tienes proyectos inmediatos? ¿Algo jugoso que decir?

Óscar: Siempre tienes en mente hacer muchas cosas y al final se quedan en agua de borraja. Pero si es cierto que tengo un par de colaboraciones a la vista en las que me gustaría implicarme al ciento por ciento, y que deseo y espero que puedan salir a luz cuando estén listas.

 

Bernice:Y no me vas avanzar nada de nada de ese proyecto… (PUCHERO) (Risas) Y nada que decir; Tendremos que esperar. ¿Crees que cualquier persona puede escribir?

Óscar:Puesto que cada persona es única y su visión de la vida es tan personal como ella misma, podría decirse que todos llevamos a un escritor o escritora dentro. Ahora bien, no es menos cierto que sin una base gramatical y ortográfica mínima o esencial, el resultado puede ser espantoso.

 

Bernice:¿Unas palabras de ánimo para alguien que está empezando?

Óscar. Dejarse llevar y hacer suyo lo que esté escribiendo. Yo siempre invito a potenciales seguidores del blog que vengan a ese lugar donde el viento susurra palabras. Pues por qué no, a ellos el viento también puede ayudarles en sus propósitos.

 

Bernice:¿Tu próxima presentación o firma de libros?

Óscar:No hay nada previsto. Si surge la oportunidad, se publicará a los cuatro vientos. MUCHAS GRACIAS.

Óscar quiero agradecerte que me hayas concedido esta entrevista.Espero saber pronto de ti y de tus proyectos, creo que has dejado a la gente un poco intrigada…

Muchas gracias a ti, Bernice por la oportunidad que me has brindado para darme un poquito a conocer. Me he sentido muy cómodo conversando contigo. Y por supuesto, en cuanto haya novedades, serás de las primeras en saber de ellas.

Hasta aquí llega la entrevista a Óscar Quiroga. Espero que os pique un poco la curiosidad este maravilloso autor y leáis su obra, tengo claro que no va defraudar ni con lo que ya tiene escrito ni con sus próximos proyectos que os aseguro que seré la primera en saber y comunicarlo

 

 

 

Puedes ver mis libros en mi página de autora en Amazon.
https://www.amazon.com/Nina-Pe%C3%B1a/e/B01LBU4P5S/ref=ntt_dp_epwbk_0
Anuncios

Amor América en 8 cuentos perdidos

nina peña - cuentos - amazon - mariposas
8 Relatos sobre distintos lugares, sobre el amor y la fantasía. Sobre sentimientos.

 

 

Como seguramente sabréis, hoy ha salido a la venta mi segundo libro, 8 Cuentos perdidos.

Este libro es para mí algo entrañable ya que fue escrito hace mucho, mucho tiempo, en concreto hará unos veinte años y trae a mi memoria momentos muy lejanos pero íntimos y familiares.

Por aquel entonces era una chica de veintitantos que soñaba con poder publicar un libro y mis hijos eran unos niños que jugaban sobre la alfombra a media tarde después de la merienda y el cole, antes de que llegara la hora de bañarlos y prepararles la cena. Yo aprovechaba esos momentos de paz para escribir en una moderna máquina de escribir Olivetti con las teclas de colores y con un café o un té delante. Quizá la única costumbre que he mantenido desde entonces.

Ahora esos relatos que entonces creía que eran como ejercicios para aprender a escribir, han sido revisados, corregidos, vueltos a revisar y pasados de los folios mecanografiados a hojas de Word y finalmente a una plataforma digital que me permite poder publicarlos en un formato fácil y cómodo para que puedan llegar hasta todos vosotros, algo que debido a su reducido volumen y a su forma de relatos creía que no sería posible hacer nunca.

Por aquel entonces leía, lo recuerdo bien, Amor América de Maruja Torres, Te di la vida entera de Zoe Valdés y cómo no a Los cuentos de Eva Luna de mi admirada Isabel Allende a la que releo en muchas ocasiones. Comenzaba a estar de moda todas las músicas latinas y escuchaba por las noches un programa de Cadena Dial llamado Océano Pacífico donde además de música leían textos y poemas de los oyentes y donde una vez tuve el inmenso placer de escuchar a María Quirós leer un poema mío.

Esa era más o menos la vida sencillita y sin prisas de una madre joven, aspirante a escritora, romántica empedernida y soñadora profesional como suelo definirme.

Mi amor por América siempre estuvo ahí al igual que mi amor por los cuentos y por las narraciones, y, esas lecturas así como la paz de esos días, hicieron fluir estos relatos cortos que ahora podéis leer.

Cada relato está inspirado en un país distinto, aunque no están todos los países de América, y cada uno tiene un tema completamente diferente.

Así, voy desde México hasta Chile, del Madrid de los Austrias hasta Cuba o Puerto Rico intentando captar la esencia de esos lugares en los que no he estado pero que adoro, y la forma en que los percibo desde aquí, desde este otro lado del gran charco.

Los personajes son todos ficticios y sus historias inventadas pero algunas de ellas, desgraciadamente, podrían ser ciertas, como La alcantarilla o El mar.

Otras son pura magia, como El viejo y la sirena y otras que, aunque en Madrid, han sido inspiradas por melodías de canciones que me han traído el sabor de ultramar, como por ejemplo Alfonsina inspirada en un señor Argentino que tocaba Alfonsina y el mar con su violín al lado del Palacio Real.

Lo que todas tienen, sin duda, es un trocito de mi corazón que vive en aquellas tierras lejanas pero muy queridas por mí. Un tributo al amor, como en principio pensé titularlas, porque creo que hasta la historia más dura, destila amor y esperanza.

Ahora ya están en vuestras manos. Ahora ya no soy aquella chica de veintitantos años que soñaba con publicar un libro, y aquellos relatos que creí que jamás verían la luz, llegan a vosotros como un puente entre mi primera y mi segunda novela.

Y eso espero que sean, un puente tendido entre vosotros y yo, una forma de que me conozcáis mejor, de poder comunicarnos y acercarnos en algo que tenemos en común: nuestro amor por los libros y por la literatura.

Solo me queda desear que os guste mi cuaderno de relatos… así, que poneros cómodos, calentaros una buena taza de café, arremolinaos en el sofá… y vamos a contar cuentos…

Ya  a la venta en Amazon       https://www.amazon.com/Cuentos-perdidos-Spanish-Nina-Pitarch-ebook/dp/B01JILPK7O/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1470209508&sr=8-1&keywords=8+cuentos+perdidos

 

¿Cómo que a qué huelen las nubes? Cap. 1

nina peña - como que a qué huelen las nubes - libro

Esperanza. ¿A qué huelen las nubes?

¿A quién narices se le podía ocurrir una pregunta semejante?

Es una de esas preguntas tipo incontestable que suenan bien en según qué contexto y que todo el mundo termina por utilizar en plan cachondeo para no decir absolutamente nada.

El quid de la cuestión no es si alguien en realidad sabe a qué huelen, sino el porqué y con qué intención han hecho esa pregunta en un anuncio de compresas.

Se supone que es una forma de decir que si usas esa marca determinada de compresas, la regla pasa odoríferamente desapercibida para propios y extraños, sobre todo para extraños, y comparar la suavidad de la compresa o la de un sexo femenino con una nube hasta parece acogedor y delicado, pero la cuestión sigue siendo la misma: ¿Qué intenciones se esconden tras algo tan inocente como una nubecilla?

Me imagino al señor ejecutivo de publicidad de una gran multinacional, que nunca ha tenido la regla, intentando ponerse en el lugar de cientos de miles de millones de mujeres con regla en uno de esos días, y sacando toda su imaginación para llegar a entender tan solo una ínfima parte de lo que durante años ha estado evitando tomar en serio cuando era su mujer la que tenía una de aquellas noches de dolor de ovarios, de sed insaciable, de cambios de humor, de falta de líbido, de dolor de cabeza o riñones, de depresión, de síndrome premenstrual y él se daba la vuelta en la cama o se iba al baño a aliviarse solito.

Doy por sentado que la persona a la que se le ocurrió la frase es hombre.

Una mujer con dos ovarios nunca hubiera escrito una frase semejante.

Me pregunto si el tipo hizo como Mel Gibson en aquella peli donde era publicista y se calzaba unas medias, se pintaba las uñas y se bañaba en perlas de sales perfumadas para probar el producto.

No me imagino a un tipo poniéndose una compresa, pero quién sabe… igual tras ver la película decidió valorar los productos por él mismo, aunque lo dudo porque entonces el eslogan no sería tan jodidamente absurdo, la verdad.

Lo que más me preocupa es la intención, lo que quiso decir con la frasecilla.

No sé si es el reflejo de la tontería que los hombres presuponen en las mujeres de cualquier época y edad o que tal vez quisiera dárselas de profundo, lo que me da aún más asco.

No sé.

Hay frases que parecen profundas pero que esconden un gran desconocimiento, incluso tal vez fue alguien célebre quien las dijo por primera vez y si levantara la cabeza se cortaría las venas al verse convertido en un eslogan para ejecutivos pseudo metafísicos que intentan hacernos creer que hay una profundidad inexpugnable en su trabajo y no solo una estrategia de marketing.

Es como la famosa frase del árbol en medio del bosque.

Si un árbol cae en medio del bosque y no hay nadie que lo oiga, ¿hace ruido al caer? Joder, yo diría que ruido, lo que es ruido, hace el mismo, pero si ese ruido no lo oye nadie, ¿no es como si no lo hiciera?

Frases que ya se usan en cualquier contexto y de cualquier manera posible… hasta en las puertas de los baños públicos hay frases que en su momento fueron la ostia.

“Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo”

“El algodón no engaña”

Frases y más frases.

Palabras y más palabras.

No dejo de preguntarme si de verdad la publicidad nos cree absolutamente gilipollas.

A las mujeres digo.

Solo hay que ver los anuncios…

Compresas, tampones, detergentes, suavizantes, míster proper, quitamanchas, fregasuelos, anticales y la madre que lo parió todo.

No me vale que ahora salgan macizorros fregando los platos o pasando la fregona porque ni siquiera lo hacen de forma natural.

O sea, en vez de enfocar una actitud ecuánime, los tíos buenorros de las propagandas o bien nos están haciendo un favor o bien nos toman el pelo, pero nunca se les ve hacer algo con la misma naturalidad con la que nosotras llevamos años haciéndolas.

Como ese chico universitario que vive con dos jovencitas y que de pronto recibe la visita de su madre. Las dos chicas, despavoridas, huyen a limpiar el cuarto de baño para que la madre del chico lo encuentre limpio y fragante, pero resulta que son unas guarras que no saben ni con qué limpiarlo y es el chaval quien acaba recomendando el producto antical ante el regocijo de la mami.

O ese mayordomo buenorro que hace la prueba del algodón a unas baldosas tan brillantes que no parecen de este planeta mientras la tipa, desde una chaise longe, contempla su esfuerzo o lo exhibe delante de sus amigas con pinta de ricachonas y cara de estar a punto de comérselo enterito y follárselo entre azulejos y algodones.

Me llama la atención uno de un complejo vitamínico para niños. “El niño no me come”, y la madre, desesperadita, descubre un producto que no sé si es para abrir el apetito o para suplir carencias vitamínicas, la cuestión es que cuando la madre, arrodillada delante de ese niño con cara de Dolorosa, le da una chuche con tal de que la criaturita le coma algo, el niño coge la chuche y se la pira corriendo, sin hacer ni puñetero caso a su madre que, de rodillas, lo mira alejarse con una cara de pena y preocupación digna de un Oscar.

Cómo un crío de cinco años logra doblegar a una mujer adulta hecha y derecha, cómo muestra semejante poder ante esa madre arrodillada en el suelo y cómo, una vez más, se muestra a las mujeres como abnegadas madres en un rol tan antiguo, trasnochado y patriarcal, es algo que me saca de las casillas.

Joder, una cosa es preocuparse y otra perder la vida y hasta la dignidad.

Por no hablar de los anuncios de desodorantes.

Los desodorantes femeninos nos convierten en seres angelicales, frescos, llenos de luz y vitalidad… y los desodorantes masculinos nos convierten en tontas estúpidas que caemos del cielo para follarnos al tío más enclenque de la tierra que, sin embargo, usa Axe, un olor que ni los ángeles pueden resistir. “Hasta los ángeles caerán” es el eslogan.

Y a nosotras nos preguntan a qué huelen las nubes.

¿Se puede saber a quién se le ocurrió semejante estupidez?

No me imagino esa pregunta en otro contexto.

No puedo imaginarme una propaganda de cuchillas de afeitar que diga: ¿Qué tacto tienen las nubes?

Los afeitados se comparan con carreras de coches, con velocidades, con deslizamientos y van ligados siempre al limpio color azul.

Nosotras nos vemos arrastradas en un baile ridículo de color rojo, perseguidas por la mujer de rojo con un carrito lleno de compresas y neceseres de lunares.

Ellos corren.

Nosotras huimos.

Me pregunto de qué.

nina peña - como que a que huelen las nubes - marcapaginas - libro       nina peña - como que a qué huelen las nubes- marcapaginas - libro

Mi jefe acaba de entrar en la oficina pulcramente vestido y afeitado, con un café en la mano y el maletín del ordenador portátil en la otra.

Me pregunto, si a los tíos les dolieran los testículos una vez al mes tal como a mí me duelen los ovarios, tendrían ese aspecto siempre tan inmaculado y fuerte y esa actitud tan espontánea.

Es mi teoría de la patada en los huevos.

Una vez al mes, cada veintiocho días más o menos, un pie invisible pero divino, les da una patada a los tíos en sus partes, de tal forma que estén un par de días con dolorcillo de testículos.

Serían ellos los que nos dirían por la noche en la cama “ahora no, que me duelen los testículos”, serían ellos los que preguntarían si alguien lleva espidifen y se disculparían con la frase de “es que me ha bajado la patada en los huevos”, o se sentirían tristes, súper hormonados, hinchados, poco atractivos y nos sorprenderían con un “es que me tiene que bajar la patada y estoy más depre…”

Me pregunto si existirían las guerras si ellos tuvieran que cambiarse las compresas en las trincheras.

Andrés parece ideal: joven, emprendedor, ejecutivo, guapo, simpático e inteligente.

Pero es hombre, que se le va a hacer, nadie es perfecto, como en la peli.

Con esto de la crisis el pobre se pasa el rato viendo cosas por internet, pero no me quejo porque yo hago lo mismo.

Yo me cuelgo de Facebook, la secretaria de Twitter y la otra comercial se descargan películas para poder verlas a la hora de la comida.

Y todo con cargo a la empresa. ¡Venga el mega, la giga y el megagiga!

¡Qué les den!

Nos merecemos ese plus.

Nosotras no vamos a restaurantes caros ni de putas cuando tenemos una convención, así que al menos nos queda el derecho a la pataleta y a la descarga libre.

La pataleta la montaremos esta tarde cuando nos vayamos a tomar el té de las cinco fingiendo un peritaje inexistente, y la descarga libre imagino que será, con el buen criterio de Lola, una peli del festival de Sundance.

Algo hay que hacer para matar las dos horas y media de comida en las que nos encerramos a cal y canto en la oficina.

No vale la pena ir a casa porque solo en el autobús se pierde una hora para ir y una hora para volver, así que recurrimos al túper o a la tapa en el bar de la esquina si estamos a primeros de mes.

A veces nos vamos a comer a algún sitio baratito.

Un menú de 7 euros con verduras a la plancha y salmón asado con patatitas redondas y fritas, pero caseras.

A veces un wok japonés o un kebab, según el estado de nuestra depresión anticrisis, pero siempre barato y siempre a principios de mes. A partir de día 10 como que ya va doliendo y seguimos con el túper de toda la vida.

El contento dura del día 1 al día 10

Yo hoy llevo ensalada.

Como siempre.

Es increíble la cantidad y variedad de mis ensaladas.

De pasta, de frutas, de atún, de verduras de colores, de legumbres, de cuscús… imaginación al poder.

Cualquier tipo de ensalada que no lleve carne porque me he dado cuenta de que la carne me engorda y me estriñe, así que he renunciado a la pechuga de pollo y al filete de ternera asado que le daba cierta armonía a las ensaladas de lechuga, esas de toda la vida, aunque reconozco que lo de la ternera puede ser otro daño colateral de la crisis y no de mi estreñimiento.

De todas formas, solo como verdura y algo de pescado y ni por esas pierdo un puto gramo.

Miro a Lola y a Lolita, no es coña, se llaman Dolores las dos, las veo comer más o menos como yo y alucino porque están muchísimo más delgadas.

Cierto que mientras yo me quedo con algo de hambre ellas se sienten saciadas, pero eso no es excusa para que yo no pierda nada de peso comiendo casi igual que ellas.

Esta tarde me compraré tortitas de maíz para matar el gusanillo y ahora soportaré no almorzar un trozo de pastel de verdura, aunque desde la hora que me levanto, 7 de la mañana, hasta la hora de comer, 2 del mediodía, el hambre me haga tener vahídos y un cortado resulte a todas luces insuficiente para mi estómago.

Al menos la cafeína me aguanta la tensión como para no caerme redonda al suelo.

¡Joder qué hambre!

Ya he probado los cereales, esos que anuncian en la tele, las barritas para picar entre horas, las de fibra, las de muesli, las de cereales y fruta, las de fruta y chocolate, las tortitas de arroz, las integrales… y me sigo muriendo de hambre.

Tal vez sea porque compro las baratas.

A lo mejor si me gastara 4 euros en unas barritas de esas de marca se me cerraba el estómago de una puta vez, pero prefiero guardarme ese dinero para tabaco, la verdad, así que de momento, y si no me toca la lotería, cortado y cigarrillo a media mañana va a ser lo único que tome.

Y gracias.

Ya estamos pensando decirles a los jefazos de Barcelona que nos cambien la máquina de agua y nos pongan una con agua caliente para poder hacernos los cafés sin salir de aquí.

Pero, como no está el horno para bollos, de momento nos callamos por si acaso.

En un momento seguro que hay reunión con Andrés, el jefe, así que me salgo a la calle para fumarme un cigarro.

Antes, pese a la ley antitabaco, fumábamos escondidos los cuatro en el despacho pero ahora ya no tengo cojones para hacerlo, sobre todo porque todos han dejado de fumar excepto yo, y aunque me digan que no pasa nada, que a ellos no les molesta, como me molesta a mí que ellos no fumen, pues me voy fuera exiliada a drogarme y a alimentar mi cáncer.

Solo me faltaría dejar de fumar. Sí hombre, para engordar más.

¿A qué huelen las nubes?

Hay que joderse con la puta preguntita esa.

Hace años que dejaron de hacer el anuncio y a mí me ha dado hoy por pensar en eso.

Pero es que esas cosas, esas frases y eslóganes son como perennes.

La gilipollez no muere nunca. Se transforma.

Y encima deja secuelas.

Hemos pasado del “me gusta ser mujer” al olor de las nubes y a la mujer de rojo.

Recuerdo cuando yo era jovencita que anunciaban los primeros tampones como si fueran casi un milagro de la ciencia, aparte de que te permitían hacer cosas que jamás habías pensado que tú pudieras hacer, sobre todo montar a caballo.

También aquello se hizo célebre.

Hasta tal punto que se inventó un chiste en el que un niño pedía unos tampones a los reyes magos porque así podía hacer de todo, a cada cosa más divertida e impensable.

Otra muestra de cómo esa publicidad original e irreal cuela en el inconsciente colectivo de la gente.

Cuando llegan a hacer chistes con tu frase, macho, te has coronado.

Por machista o retrograda que sea la publicidad, si hacen un chiste con tu frase, has triunfado como la coca-cola.

Cuando yo era una cría había frases que intentaban ser modernas y políticamente correctas a la par que feministas.

A mí me encantaba Carmen Maura diciendo eso de “Nena, tú vales mucho” aunque hoy le quitaría de delante el “nena”.

No cabe duda que hoy en día las mujeres estamos mejor valoradas que antes y no solo “porque nosotras lo valemos” sino porque tenemos un poder adquisitivo y una independencia económica que hace 40 años no tenían nuestras madres, pero me pregunto si eso también es real o es un truco más del marketing.

¿Somos un sector de población que interesa a ciertos fabricantes o somos mujeres?

La liberación femenina en el año 2000, ¿es de verdad liberación? ¿Nos hemos liberado e independizado y por eso les interesamos o tan solo queremos ser el reflejo de lo que ellos suponen que somos?

¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?

En los 70 ponerse pantalones, comenzar a trabajar, votar y fumar como carreteros ya era ser una mujer liberada y moderna, y a la vista está que en los 70 las mujeres no estaban liberadas ni mucho menos.

Ahora en el 2010, ¿estamos más liberadas que antes?

nina peña - como que a que huelen las nubes- libro

Ayer, cuando salí de la oficina decidí pasar por Mercadona para comprar un par de cosas que me hacían falta en la cocina.

Cuando subí al autobús para volver a casa después de doce horas fuera, salgo a las 8.30 y regreso a las 20.30, llevaba encima: la agenda, la carpeta de los peritajes, el bolso, la mochilita de la comida, la bolsa del portátil y las dos bolsas de Mercadona.

A esa hora de la noche el autobús estaba lleno de mujeres que como yo volvían a casa.

Secretarias, comerciales de seguros, comerciales de inmobiliarias, asistentas, estudiantes de peluquería, cuatro niños con carpetas de academias y dos con libros de autoescuela.

Me tocó quedarme de pie, aguantando las bolsas de la compra entre las piernas y sujetando todo lo demás con una sola mano mientras con la otra intentaba agarrarme a cualquier cosa que impidiera mi caída en el primer frenazo.

De pronto sonó mi móvil.

Puto invento.

Me faltaba llevar móvil. Para que puedan joderme en cualquier parte.

Casi ni recuerdo qué trucos de prestidigitación tuve que hacer para localizar mi móvil dentro del enorme bolso, y cuando me lo puse en la oreja resultó que era mi marido quejándose de que el niño había hecho no sé qué trastada.

Exploté.

¡Me cago en la puta liberación femenina!

Ese es el derecho a la pataleta, poder cagarte con todo en un momento dado y que los demás te miren como si te comprendieran porque, coño, tienes toda la razón del mundo.

Y esa es la frase que más me ha liberado hasta hoy.

Vamos, ni un grito orgásmico me ha hecho sentir más libre.

Saber, vamos, tener cristalinamente claro que la liberación femenina no existe por más que seamos un sector de población a tener en cuenta en las estrategias de marketing de las multinacionales.

Esas mujeres liberadas, delgadas y bien vestidas para las que siempre es primavera en el Corte inglés, esas mujeres ejecutivas que después de estar al mando de una oficina con cinco tíos llegan a casa y aún les da tiempo de hacer champiñones rellenos mientras sus maridos bañan a los niños, esas mujeres que se van al gimnasio antes de ir al trabajo y lucen tan frescas, esas mujeres que siempre huelen a perfume lujoso, que usan cremas tan caras como mi compra de fin de semana, esas mujeres liberales y liberadas, esas mujeres que cenan con alargadas copas de vino y tienen uno o dos orgasmos diarios, esas mujeres que nunca tienen dolor de ovarios ni de cabeza, que no tienen que lavar calzoncillos ni cambiar pañales, esas mujeres que quieren que seamos, no son las mujeres que somos, pero tal vez sí son las que muchas querrían ser, y eso también vende.

No nos hemos liberado de nada, sino que además hemos asumido todos los roles masculinos que también los esclavizan a ellos.

Triunfadoras, folladoras, guapas, perfectas, agresivas, seguras de sí mismas, independientes, activas, realizadas… hace 100 años nos hubieran tildado de lesbianas por tener esas cualidades que eran exclusivamente masculinas entonces, pero que, sin embargo, ahora nos pertenecen.

Lo curioso es que al mismo tiempo se exige de nosotras que sigamos siendo madres, esposas, hijas, que seamos delicadas, afectivas, sumisas, emotivas y se nos sigue agrupando en dos tipos, o putas o santas, sin término medio.

Si te cabreas, estas mal follada.

Si estás deprimida, eres una sentimental.

Si eres dura, eres una zorra.

Si tienes un mal día, una inútil.

Si triunfas, a saber a quién se la has chupado.

Si no triunfas, pero lo intentas, eres una trepa.

Si eres agresiva, eres tortillera.

Si eres segura de ti misma, una zorra orgullosa.

Si no estás segura de ti misma, te falta agresividad para ese trabajo.

Si eres activa, estás histérica.

Si no eres demasiado activa sino de temperamento tranquilo, te falta iniciativa.

Si eres afectiva, pareces débil, y si no lo eres, es porque no tienes corazón.

Si te follas al jefe o a un compañero, eres un putón y si no lo haces, eres una reprimida.

Ya vale, ¿no?

Desde luego la publicidad no es el mundo real.

Aunque se empeñen en hacernos creer que sí, que hay gente que vive así, de esa forma… pues qué suerte.

Yo de momento voy a terminarme el cigarrito y entraré en el baño a cambiarme el tampax.

 

Éxito moderado

20160522_170809.jpg - Madrid - viajes- libros mas recomendados en castellano - nina peña - descargar -

 

Madrid era un caos ese fin de semana. Había dos conciertos multitudinarios y una final de fútbol además de varias manifestaciones y caía un sol de justicia que expulsaba a los madrileños a buscar descanso y solaz en la sierra cercana. Si la capital nos parece caótica siempre a nuestros provincianos ojos, en días así, realmente puede llegar a asustarnos. Iba contando los coches policiales, las furgonetas y miembros de la policía mientras volvía de la presentación de mi libro en una Gran Vía y una Plaza de España atestada de gente.

Gente en los restaurantes, en la cola de los teatros, en los bares, en los locales de comida rápida, en los semáforos, en las tiendas de ropa que permanecen abiertas a las 10 de la noche. Gente y más gente por todas partes, sentada en los bancos, en la hierba de las plazas, en los escalones de la plazoleta de la calle Princesa. Despedidas de soltera con gorros de colores que simplemente estaban paradas interrumpiendo el paso y haciendo un repaso logístico de sus siguientes recorridos de fiesta o grupos de cabezas rapadas enfundados en ropas negras que se habían manifestado horas antes y ahora estaban en una esquina haciendo frente a la policía como monolitos, así de grandes y rocosos me parecieron. Mirada desafiante, piernas abiertas, brazos cruzados, bocas silenciosas de labios apretados.

La presentación no había sido un éxito. No al menos el éxito que había tenido en las anteriores en donde había vendido todos los libros y volvía a mi ciudad con una gran sonrisa en la boca y con la sensación del trabajo bien hecho. Aunque siempre se han juntado dos sensaciones, una la literaria y otra la personal, y en ambas, consideraba que me había ido de perlas.

En Madrid fue de otro modo y todos los miedos y las desconfianzas que a veces nos vienen a la cabeza ante eventos así, se fueron materializando poco a poco. Días antes se lo avisé al librero, a mi editora, a mis amigas, a mi familia y a todos los que me preguntaba por Madrid: “Allí, a mí, no me conoce ni dios”

Si el éxito se midiera sólo por las ventas, dijéramos que mi éxito en la capital había sido moderado.

Pero yo creo que el éxito tiene distintos varemos que es necesario analizar y no vale eso de que depende de las expectativas, es algo más personal y complicado. Algunos lo achacan también a la buena suerte.

Si hace unos años, mientras escribía mi libro en la mesa de la cocina de mi casa, me hubieran dicho que lo publicaría y que estaría vendiéndose en Madrid y en Barcelona puede que no lo hubiera creído, así que no es por expectativas puesto que nunca las tuve tan altas.

Y suerte nunca tuve demasiada.

Hay algo más íntimo en todo ello.

Para mí el éxito está en poder sentarme a hablar de mi libro y terminar hablando de perros, reír y escuchar historias de otras personas que acabo de conocer, salir a ver el mundo, abrir horizontes, subir otro peldaño en esta escalera angosta que es la escritura, empaparme de una ciudad y pasearla hasta el agotamiento, adquirir experiencia, poder recapacitar con todo lo que me está pasando, conocer a toda la gente que voy conociendo, enriquecerme en el intercambio con otros escritores, alucinar con la sensación de que uno de mis libros tal vez este volando hacia Nueva York en una maleta, no perder la capacidad de ilusionarme y de seguir trabajando… son muchas cosas las que valoro, y en todo esto considero que estoy teniendo éxito.

Otra cosa son los reconocimientos y las ventas. Es otro tipo de éxito.

Ante todo, creo que esto es una lucha constante, un aprendizaje que nunca termina, un afán de superación de mí misma, una forma de medir mis fuerzas, de saber quién soy, de conseguir expresar mis ideas o de simplemente contar historias en el papel.

Acabo de llegar a este mundo de los libros como autora aunque siempre he estado como lectora así que la aventura no ha hecho más que empezar. Es mi primer libro y tengo otros dos esperando ser publicados, y lo que es más importante, sigo con la ilusión y con las ganas de trabajar que siempre he tenido porque escribir, para mí, es algo demasiado importante como para perder ese empeño.

Encontrar el hueco, vislumbrar el camino, poder sentarme a escribir, seguir teniendo la mente llena de ideas y de pensamientos que a veces se van escribiendo solos en mi cabeza antes de ser plasmados al papel, seguir aprendiendo, seguir documentándome, buscar y hallar, seguir creciendo como persona y tal vez también como escritora, tener la sensación de que estoy partiendo de cero y que tan sólo he comenzado a caminar por esta senda que me puede llevar a todas partes o a ninguna dependiendo de mis propios pasos.

Estoy en el kilómetro 0 pero he comenzado a andar afianzando mis pasos, sin tener prisa, sin correr, disfrutando del paisaje, hablando con los compañeros de viaje, siendo feliz, sabiendo que quizá lo mejor está por llegar. Dicen que lo importante no es sólo llegar a la meta, si no disfrutar el camino.

Esa es mi meta personal.

Eso es para mí el éxito.

PD. Sigo sin creer en la suerte. Alguien dijo que la suerte no es más que el trabajo constante, así que con vuestro permiso, voy a seguir trabajando.

 

De gárgolas y hombres bajo la lluvia

 

20160508_082207

Muchos podrían decir que era verdadera mala suerte que estuviera lloviendo sobre la bella ciudad en el único día en que podía tener unas horas para pasearla y conocerla, para poder hacerla mía un poco más como cada vez que la he visitado y solo he visto un poco de todo lo mucho que en realidad podía ofrecer.

Muchos dirían que era realmente mala suerte que la lluvia fuera racheada, que cayera en cortinas débiles y oblicuas sobre los sillares de las catedrales, sobre sus campanarios y cúpulas, sobre el empedrado de sus calles, sobre mi ropa por debajo del paraguas y que una especie de nube, de niebla blanquecina, cubriera casi todo el paseo marítimo que podía ver desde la plaza donde he hecho un alto en el camino comprar cigarrillos.

Sin embargo, me he despertado escuchando las campanas en la Catedral de Santa María del Mar, tan cerca que, desde la pequeñísima terraza de mi apartamento, podía ver sus torres. Tan cerca que apenas tenía que girar dos calles para plantarme frente a ella y admirarla con la cabeza y el alma inclinadas, dejando que las finísimas gotas de lluvia mojaran mi cara sin remedio, y eso… eso era cualquier cosa menos mala suerte.

Las piedras parecían humedecerse en melancolía, el gris del cielo las oscurecía haciéndolas parecer aún más viejas, más solemnes. Los sillares de piedra escurrían añoranza de otras épocas, el enlosado del suelo, que las pisadas de generaciones y generaciones habían ido puliendo, brillaba con una pátina de lluvia dejando un color similar al oro. Las gárgolas vomitaban chorros de agua desde sus bocas abiertas que caían directamente sobre el paraguas de algún viandante desprevenido, como si tras tantos siglos aún conservaran el humor y la maldad necesarios para reírse de los simples mortales que durante siglos desfilan bajo ellas con casi los mismos afanes.

Unas gaviotas atrevidas y unas palomas animosas sobrevolaban las torres más altas en círculos casi perfectos.

Imaginé la cantidad de gente que a lo largo de los siglos habría pasado por las mismas losas, la misma plaza y mirado las mismas cúpulas. Imaginé el esfuerzo de la construcción, los cuerpos de hace siglos devastados por el trabajo hercúleo de mover sillares y piedras, de subir materiales hasta el cielo, de tallar en piedra cada una de las formas, estatuas, plintos, gárgolas, celosías y arcos. Imaginé a los animales cargando carros imposibles entre el ruido de una multitud afanosa mientras a lo lejos se podría ver todavía el mar.

Por algo es la Catedral de los marineros y de la gente del mar.

Aquel lugar habla mucho más que de una fe o que de un momento histórico. Aquel lugar, rodeado de calles que conservan los nombres de los gremios y oficios a los que pertenecían las personas que allí vivían y allí laboraban, estaría lleno de vida de una forma muy similar a la de hoy. Comercios y tabernas, tiendas y pensiones, gente comerciando con distintas monedas y hablando en distintos idiomas en una ciudad abierta al mar y al mundo. Los pobres y los tullidos se apoyan en los mismos sillares para pedir sus limosnas y los cantantes se disputan las esquinas de mejor sonoridad para cantar juglerías y tangos, ópera y teatrillos de picaresca.

Los camareros limpian las mesas de las gotas de lluvia tras abrir los enormes parasoles y pérgolas, tras encender las estufas de un fuego eléctrico en el que acomodar a los clientes en el mismo lugar donde siglos atrás los mesoneros servirían jarras de vino especiado y encenderían lumbres que permitieran no ya calentarse si no verse en la oscuridad.

En la noche, las antorchas iluminarían apenas una calle lo suficiente como para poder orientarse. En las tabernas se jugarían juegos de seducción con mujeres de moral dudosa tal como ahora hacen las personas que se sientan en las terrazas a beber cerveza Guinness, en los rincones oscuros se sembrarían los besos mientras otros buscarían el resguardo para su descanso en construcciones piadosas.

En el otro lado de la ciudad están inmersos en una construcción similar a la que yo contemplo. A su alrededor, en la plaza llena de árboles, se comercia con productos de este siglo XXI entre el asombro de turistas que sacan fotos con su móvil. Se venden recuerdos de la Basílica inacabada tal como siglos atrás se venderían quizá tallas de madera u alfarería de la Catedral del Mar. Pocos de los que cruzan aquellas calles para acceder al interior recuerdan que en una de ellas fue atropellado por la modernidad el Maestro Arquitecto y que murió en un hospital de indigentes manchado y sucio del trabajo antes de que comenzaran a echarlo de menos y buscarlo por todo el lugar. Son los guías locales quienes cuentan la historia como modernos juglares a peregrinos que se admiran con las buenas anécdotas, restaurando en ese acto su memoria.

Las personas se agolpan en una aglomeración multicolor que la lluvia convertirá en una especie de infierno. Será arriesgado poder pasar entre paraguas chorreantes y afilados por las calles asfaltadas de la Basílica tal como podía ser un riesgo pasar por los barrizales de lodo que aquellas aguas formaron en las explanas de esta catedral.

Somos gente de muchos siglos después realizando casi los mismos actos de muchos siglos atrás tal vez porque la naturaleza humana esta movida por los mismos afanes y los mismos sentimientos, porque seguimos queriendo mirar al cielo, porque seguimos buscando la luz.

No hemos cambiado tanto pese a que hayan transcurrido siglos entre ambas construcciones, pese a que ahora yo disponga de los medios necesarios para poder contarlo desde aquí o pese a que la tecnología haya evolucionado tanto como para que lo lean ustedes desde allí un segundo más tarde.

La esencia vital que nos mueve, las visiones que nos conmueven siguen siendo las mismas. La evolución sigue su curso.

La camarera con acento de Colombia me confiesa, al ver mi cara mirando la lluvia sobre la Catedral mientras mordisqueo un cruasán y sorbo un café por no inyectármelo en vena, que lo mejor de su trabajo son las vistas. Sin duda. Un auténtico privilegio.

Ver cada mañana esa belleza, el actuar de esas fuerzas opuestas que mantienen la enorme construcción en pie es una merced laboral que pocos alcanzamos.

Me pregunta si estoy de turismo y le confieso con un punto de arrobo que he venido a presentar mi primer libro entregándole como propina (ahí peco de españolismo) unos marcapáginas para ella y sus compañeros. La bohemia de la ciudad hace que algo que a mí me parece extraordinario para ella sea habitual y me da la enhorabuena. No soy la única que llega a Barcelona con un libro bajo el brazo o con partituras o dibujos o lienzos o sueños.

Pienso cuantas personas a lo largo de los años habrán ido con mis mismas quimeras. Es como un ciclo que se va repitiendo y que tal vez nunca llegará a su fin porque nos seguirán moviendo también las mismas motivaciones.

Te irá bien me dice. Ojalá me atrevo a contestarle.

Y sigue lloviendo mientras termino de desayunar y me dirijo a pasear la lluvia por Barcelona a las 8 de la mañana bajo un cielo gris y una ciudad sin transeúntes.

La cabeza va escribiendo mientras mis pies me llevan al paseo marítimo. Mi alma de autora sabe que hay una especie de lección en mis pensamientos que tengo que absorber tal como los árboles de la Llotja absorben la lluvia. Solo hay que estar atenta y mirar.

La lluvia permite ver cosas que el sol oculta, solo hay que aprender a mirarlas.

 

20160508_084941

 

 

 

 

 

Principio de comunicación

12993531_1571940016450562_7529168751471885008_n

 

Ayer fue un día importante, muy importante de hecho.

Era la presentación de mi primer libro de forma oficial se podría decir.

Hay que tener en cuenta mi inexperiencia en estas lides… las primeras veces  suelen ser bastante caóticas y en ciertas ocasiones traumáticas. Así que cuando eran las 11.50 y solo estaba mi familia mi corazón comenzó a latir al borde del colapso.

Y luego, de pronto, comenzaron a aparecer personas, gente invitada desde las redes sociales, amigas que hacía años que no veía… llenamos tooodas las sillas y eso es bueno, muy bueno, porque si algo intentaba era poder comunicarme con la gente que lleva meses siguiendo mi página, las entradas de mi blog,  la que ha leído el libro y me ha dicho que le ha gustado, las personas que me van enviando su apoyo… Imagino que la editorial y la librería buscaban también vender ejemplares y sondear qué tal podían ir las ventas, pero ese es su trabajo y lo hacen perfectamente bien, así que yo, simplemente, cuando vi las sillas llenas de personas me relaje… y disfruté.

Disfruté enormemente para ser exactos.

Mi cometido, mi afán, es escribir, expresar, hablar de lo que siento, de lo que pienso… y no puedo hacerlo sin una fase mercantil,  sin esas personas que hacen que sea posible llegar a los lectores, pero hay instantes en que eres  comercial de tu propio trabajo y tienes que venderlo  y otros en que eres la creadora y tienes que explicarlo, defenderlo ante las personas que quieren saber qué has escrito y por qué, por qué tienen que gastarse 15€ en tu libro y porque les estás pidiendo por favor que pierdan horas de su vida leyendo lo que tú has tardado noches en escribir,  por qué han de creer en ti y mostrar un acto de fe como es comprar ese libro de una autora novel que solo conocen de internet.

Expliqué mi libro, lo defendí con los argumentos que desde dentro me habían llevado a escribirlo, creo que fue una charla amigable y que pude disimular mis nervios de principiante…

Con lo que yo me quedo para mí de todo cuanto aconteció en aquella presentación fue el final, con las preguntas que me hicieron, con las cosas que aquellas personas me iban contando mientras firmaba ejemplares, me di cuenta de que tenía muchas cosas en común con ellas y eso me gustó muchísimo.

Me quedo  con las palabras de aliento, con sus historias, con las sonrisas.

Algo que me había estado preocupando mucho esos días eran las dedicatorias. No quería poner el típico “con cariño” y el clásico “espero que te guste”. Quería dedicar palabras sinceras y honestas a personas que no conocía y eso creí que me iba a resultar difícil. Quería dedicar palabras sinceras a personas que sí conocía y que eso también me iba a resultar complicado.

Todo lo contrario.

Cuando veía la cara de alguien que había estado en mi vida desde siempre sabía exactamente qué decirle.

A medida que la gente me iba hablando sabía qué poner en esa primera página blanca que siempre es un reto para cualquier autor.

Esas pequeñas cosas que nos acercan, algunos sueños en común, algún acontecimiento personal, un regalo para una persona especial… no repetí ninguna dedicatoria aunque todas las comencé con las mismas palabras, “con todo mi cariño” y no es una frase hecha tal como yo creía si no una de las más sinceras porque el recuerdo de ayer, de aquellas personas, de aquellas historias que me iban contando antes de que firmara su ejemplar, sus sonrisas y sus palabras es algo que voy a guardar para siempre en un rinconcito de mi corazón como uno de los momentos más entrañables que he vivido.

Cuando alguna vez puse “espero que te guste” tampoco fue una frase hecha porque supe que realmente necesito que mi libro les guste, que mis personajes tengan su cariño, que su lectura y su opinión son muy importantes para mi.

No porque sean mis primeros ejemplares vendidos y firmados, si no porque me di cuenta de que escribo, entre otras muchas cosas, para poder tener esa especie de comunicación.

A veces seré emisora al escribir pero ayer fui receptora en una comunicación reciproca, con lo cual, el principio de comunicación está perfectamente construido entre nosotros.

De lo que no estoy segura es de si les he podido expresar todo ese cariño y de si el poso de felicidad que han dejado en mi les ha llegado también a ellas. Espero que sí.

El nacimiento de un libro

nina peña palabras que sanan - poesia - terapias alternativas - palabras

No sé explicar por qué comencé a escribir.

Se puede decir que desde niña me encantó sentarme en un lugar apartado, escondida de las miradas de los adultos, un lugar que me resultara íntimo y dejarme llevar por la imaginación, escribir todo aquello que se me ocurría, copiar poemas hasta tener una colección muy extensa, recrear músicas en mi mente que me trajeran palabras, tener una especie de secreto que ocultar a los ojos de los demás, porque, aunque ahora ya haya publicado mis libros, hubo un tiempo que escribir era una especie de secreto.

No creo que haya un motivo exacto para escribir, y mucho menos que ninguno puede que sea el vivir de la literatura, algo bastante difícil en este país y puede que en todos. Pero si no hay un motivo concreto lo que sí hay es una necesidad, un impulso, algo que me lleva a tomar un lápiz e intentar llenar de palabras un folio blanco, un estímulo que no sé de dónde llega ni hacia dónde me va a llevar, pero sí puedo sentir como una urgencia el poner por escrito aquello que me pasa por la cabeza, como si por dentro las palabras y las ideas se agolparan y se empujaran unas a otras en un intento de salir casi a presión.

Cualquier idea, por descabellada que parezca, cualquier cosa o situación, cualquier paisaje, canción, cualquier calle o cualquier persona desconocida a la que solo he visto durante un segundo, puede ser quien comience la frase que dé el banderazo de salida a todo aquello que he ido acumulando durante años en mi cabeza y que ni me acordaba que tenía ahí, guardadito, quietecito, acechando, más que esperando, el instante en que pueda tomar forma y convertirse en algo. No sé aún en qué, pero en algo.

Los protagonistas van tomando forma sin que me dé cuenta, las situaciones van surgiendo, la acción comienza a desarrollarse, incluso a veces sin mi intervención. Mientras todo va tomando forma, me doy cuenta de que los personajes tienen vida propia y que estoy escribiendo todo lo contrario de lo que pensaba escribir, han cobrado vida porque al fin y al cabo yo no mando en esto, yo solo soy el medio del que ellos se valen para ser, para existir, para expresarse.

Todo en él va surgiendo poco a poco, viviendo en mí, alimentándose de mis ideas y mis vivencias, de mis reflexiones, de mi día a día. Vive en mi cada uno de los personajes y de los momentos sobre los que escribo o incluso los que voy no a escribir. En la almohada están también los sueños y las preocupaciones de esos seres de papel y pluma que  parecen reales y que cuando cierro los ojos casi casi que puedo ver, visualizar. Cómo si existieran de verdad, como si su carácter o su historia estuviera siendo vivida en ese preciso instante.

Cuando nació mi primer libro casi no me di ni cuenta, no es tan de golpe, no es tan de repente… escribir es algo que me ha costado tantos años y aún me va a costar tantos esfuerzos que hasta que no llevo varios capítulos no sé que esta ahí, que lo he estado gestando muy poco a poco y ahora ya solo queda echarlo al mundo.

Al ser publicado, mi libro ha dejado de ser mío y ya es de aquel que lo lee, ya no me pertenece a mi, si no a sus lectores.

Como quien echa un hijo al mundo, intentaré cuidarlo, hacer que crezca, le acompañaré durante tan arduo y largo camino, pero ya no será nunca más parte de mí, sino que será algo autónomo y soberano, con una especie de lugar en el mundo que le dará el privilegio de ser juzgado por él mismo.

Si lo leéis, espero que seáis benévolos con algo tan pequeño aún y no lo juzguéis con demasiado rigor… todavía hay tanto que madurar y contar…