El fluir de los libros

nina peña - libros - aventuras

Muy a menudo me ocurre que veo listas de libros y hay algunos que sigo teniendo en pendientes, que llevan ahí desde hace mucho tiempo, que llevo quizá años pensando en ellos y sé que, sí o sí, me los tengo que leer alguna vez.

Yo, que no es que sea supersticiosa, pero que hago caso de las señales del universo, los dejo correr, dejo que fluyan y sé que llegarán a mí algún día, cuando esté preparada para ellos, porque no nos equivoquemos, por más que nos hayan recomendado libros y autores, por más que una sepa que los hay imprescindibles y más si pretendes ser escritora, el libro también nos elige a nosotros.

Hoy tenía preparada una lista de diez libros imprescindibles, pero lo que son las cosas, con los textos que escribimos pasa como con los libros, nos eligen ellos.

Os voy a contar una anécdota.

Corría el año 1984,  mis papis eran socios de Círculo de lectores y yo era una pitufa que miraba con avidez las páginas de su catálogo y copiaba las listas de éxitos de la súper-pop porque soñaba con ser escritora.

Sí, un sueño largamente acariciado, como veis.

Entre las páginas de aquellos catálogos había un libro que me llamaba poderosamente la atención: “El tambor de hojalata” de Günter Grass.

Por supuesto se me quedó clavado en algún sitio de la memoria, pero como no tenía por aquel entonces ni derecho a opinar sobre libros ni claras las prioridades, estuvo años en el catálogo sin que me decidiera a comprarlo ni a leerlo.

Pasó el tiempo. El libro siguió en el limbo de los libros nunca comprados pero siempre queridos, me alejé y me acerqué a mi sueño un millón de veces, dejé que el destino marcara mis influencias lectoras y tras muchos años, por fin pude escribir y publicar mi primer libro.

Lo curioso es que siempre lo tuve en la memoria, siempre se quedó ahí dentro.

Luego comenzó lo extraño.

Lo buscaba y no lo encontraba. Os vais a reír, pero es cierto.

Entraba en librerías y no lo veía, aunque tampoco se me ocurrió pedirlo para que me lo trajeran, soy así de trasto.

En el catálogo de Círculo de lectores, del que ahora soy socia yo, ha dejado de salir hace tiempo.

Hasta hace bien poco en mi ciudad no había ni una sola librería de libros de segunda mano en la que localizar algún ejemplar perdido.

El libro se esfumó, simplemente. Me huía.

Y de repente un día me voy con mi primer libro publicado debajo del brazo a hacer los madriles, casi ná.

Iba a presentar mi primer libro en la capital. Yo, una desconocida, solita por Madrid, con una bolsa de piel roja en la que llevaba todos mis sueños en formato papel y que pesaban como una cruz.

Fui, presenté mi libro, del que vendí tres ejemplares, con un público reducido a tres personas en una mesa tomando una copa de vino y charlando de gatos y sin perder la sonrisa, porque a positiva a mí no me gana nadie y la verdad es que lo pasé muy bien, me volví arrastrando la bolsa casi tan pesada como lo había sido en la caminata de ida.

Por el camino, la provinciana que llevo dentro y que siempre aflora cuando estoy en grandes ciudades, divisó, oh maravilla, una librería de segunda mano en la calle Princesa y ante mí, en primera línea de exposición callejera estaba él.

“El tambor de hojalata” de Günter Grass y a un módico precio de tres euros.

Por supuesto entré y lo compré.

Lo tomé como una buena señal, de esas que a veces nos da el universo cuando “conspira para que nuestros sueños se hagan realidad”.

No podía ser casualidad encontrarlo en ese momento, a esas alturas de mi vida, después de la primera bofetada que el mundo literario me daba en toda la cara.

Ya os he dicho que a positiva no me gana ni Dios.

Ahora sé que el libro me eligió a mí porque desde luego no habría estado preparada para él si lo hubiera leído antes, si lo hubiera comprado con 14 años o con 25.

Hay cosas para las que una solo está preparada cuando le han llovido bastantes ostias y puede tomarse la vida con ironía, reírse del dolor y empatizar con los seres más extraños porque sientes que hay algo, no sabes el qué, que te une a ellos.

Creo que no hubiera podido ni siquiera entenderlo antes y la narrativa de Grass, que sigue siendo complicada, me hubiera espantado para siempre mi sueño de escribir.

Hay autores que tienen tal maestría, que resulta imposible no darte cuenta de que nunca llegarás hasta ahí. Que te muestran tus propias limitaciones y que te hunden en la mediocridad, en saberte mediocre, en aceptar que vaya, nunca te van a dar el Nobel.

Pero al mismo tiempo, te influyen para ser mejor, para superarte, para estudiar, investigar, leer, crecer. Escribir, romper y seguir escribiendo. Tratar de salir de esa imperfección que te han mostrado que posees, mejorar, tratar de excederte a ti misma, no dejarte vencer ni sentirte derrotada.

Y no porque a base de superarte logres grandes metas, tengas éxito y hagas realidad tus sueños, que pueden ser muy locos e improbables, sino porque el mayor éxito que puedes tener, es superarte, mejorarte, aprender a vencer los obstáculos que la vida ha ido poniendo entre tú y tus sueños, y que de esa forma, aunque no se obtenga un reconocimiento público, el éxito personal y con él la felicidad, está asegurado.

Este verano leí “El rodaballo” y me convenzo que nunca estaré a esas alturas, pero todo lo que aprendo y todo lo que disfruto es ya, para mí, un exitazo.

Bueno, el artículo con los diez  libros imprescindibles, tendrá que esperar. Los textos, como los libros, no tienen dueño y fluyen, para aparecer en el momento menos pensado… y quizá el más necesario.

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Os envidio.

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No puedo evitarlo, os tengo envidia.

Pero envidia de la buena, envidia cochina, como se suele decir.

Llevo desde mediados de agosto sin poder escribir ni una sola palabra, de hecho, esto es lo primero que publico en el blog desde hace quince días.

Y trato de hacerlo, de verdad; trato de escribir, de corregir, de meterme en materia, pero no puedo, me cuesta mucho, tanto, que no escribo nada.

Tal vez sea que mi incorporación al mercado laboral es inmediata y ello significa que las metas que me planteé para este verano se quedan sin cumplir, será que sé lo que me espera en un invierno crudo y de duro trabajo en el que he de aparcar los sueños para ir muriendo en realidades y sin querer he comenzado ya la etapa de duelo por adelantado.

Será que desde el atentado de Las Ramblas y con la vista puesta en el 1 de octubre, Cataluña me está doliendo en un rinconcito del alma, y el miedo al futuro, no de Cataluña, que también, sino al futuro de España sin esa parte de lo que yo siento tan cerca y tan mía, me esta comenzando a doler.

Puede que sea tener que estar constantemente en las RRSS leyendo barbaridades y tragando veneno lo que esté callando mi voz.

No lo sé.

Solo sé que me cuesta escribir, que no hay forma de acabar aquello que comencé dos años atrás aunque también es cierto que un libro como el que me ocupa no se escribe fácil ni rápidamente, aunque mientras digo esto me suene a excusa barata.

Me voy diluyendo poco a poco en realidades grotescas, en necesidades que me obligan a ir contra mí misma, en silencios que guardan palabras que necesitan ser gritadas.

No puedo evitar sentir envidia de los que seguís escribiendo, de los que manifestáis opiniones y sois leídos, de los que podéis conciliar vuestra vocación con vuestro trabajo, de los que vivís en esa paz de saber que estáis donde queréis estar haciendo lo que queréis hacer y lo que os hace felices.

Tengo envidia de esas vidas que no son renuncias.

De esas voces que o callan aunque sientan dolor. De quienes hacen de su dolor, voz.

Yo enmudezco como esos pequeños ríos a los que les cierran las presas y se quedan en riachuelos que, más que correr, se arrastran por entre las piedras, acumulando todo su caudal en algo material y útil, algo que solo sirve para generar bienes y servicios y no para fluir naturalmente tal como dicta su propia naturaleza.

No puedo evitarlo. Os envidio.

Pero seguid fluyendo, por favor…a ver si vuestro ruido rompe mis presas.

¿Soñamos?

nina peña - libros - escribir - personajes

Ay sí. Conozco la sensación.

Sea el primer libro, el segundo o el décimo que escribes, cuando pones la palabra “fin”, ante ti se despliega un mundo de posibilidades, de sueños, de planes. Comienza la ilusión, el ensueño…

Si es del décimo posiblemente te permitas soñar un instante y luego te pongas manos a la obra, que aquí hay que trabajar mucho y muy duro, y lo primero que harás será dejarlo reposar unas semanas antes de comenzar a pasar la primera corrección. Sí primero que nada hay que corregirlo. Tú un par de veces, luego tu amigo el que es licenciado en letras, y tu otro amigo que es un lector empedernido, y si tienes suerte aún tendrás otro amigo que te lo corrija por cuarta vez antes de mandarlo a cualquier lado.

¿No te lo habían dicho? Pues ve tomando nota. La corrección es imprescindible y aunque sea cara, es la mejor inversión que puedes hacer por tu libro si de verdad quieres hacer algo con él. Si no puedes acudir a un corrector profesional, HE DICHO PROFESIONAL, trata de que haya como mínimo cinco filtros de corrección, lo que son diez ojazos que ven más que dos.

Mientras el libro está en proceso de corrección, si es el décimo libro como ya tienes el “culo pelado” o bien hablas con tu editora de confianza o bien comienzas a currar en la portada, en la pre-promoción en redes sociales, en sinopsis, estrategias de marketing que no te funcionan posiblemente pero que igual haces, notas de prensa para blogs…

Pero si es el primero, incluso el segundo o tercer libro y no estás muy seguro de cómo editarlo porque hasta ahora has tenido un éxito moderado, ante ti se abre la tentación de buscar editorial.

¡Dios! ¡Y hay tantas!

Y muchas de ellas te prometen tiradas de 500 ejemplares, libros en FNAC, Casa del libro, presentaciones en El corte inglés…

Voy a ser muy sincera, tanto que nos va a doler, a ti y a mí.

No somos nadie, no somos nada. No vamos a ganar el Planeta, no vamos a ir al retiro a firmar ejemplares y si vamos, posiblemente, no firmemos ni uno a no ser que paremos al lado del Rubius y nos toque algo así de pasada, como la estela de un cometa que va dejando polvo estelar.

No nos conoce nadie más allá de nuestra ciudad, de nuestros amigos y lectores con los que hemos podido tener contacto, de los libreros que se mojan y echan un cable a nuevos autores, los últimos románticos de este país…

Y de repente… ¡zas! una editorial te propone editar tu libro.

En medio del solar abandonado, solitario y en ruinas que es la literatura de este país una editorial, pequeñita pero con visibilidad en el ciberespacio, te quiere publicar.

Y vuelven los sueños, las quimeras, el Planeta o el Nadal ¡qué coño! Te ves firmando libros a porrillo, siendo entrevistado por la Milá y saliendo en las páginas centrales del suplemento de cultura de El País.

Bueno… quizá esté exagerando un poco… quizá te conformes con un premio literario en tu comunidad o provincia y las páginas, en blanco y negro, del periódico local.

Plantéate para qué escribes.

Soñar es bello y ¿por qué no se puede soñar?

Los sueños no son imposibles. No es imposible que un sueño se haga realidad, pero es bastante improbable, en eso estarás de acuerdo conmigo.

Y a mí no me ganas a soñar, que conste, pero la realidad es la que es y eso no lo podemos cambiar ni tú ni yo.

Llevo dos libros publicados en papel y cuatro en Ebook y si algo he aprendido es a trabajar, estudiar, no soñar más que en lo que sé que está en mis manos alcanzar y disfrutar del viaje.

Publicar un libro es una aventura increíble, pero sólo si disfrutas el presente, si te diviertes en los intentos, si te das cuenta de que estás encontrando nuevos compañeros que te hacen mejorar, si aprovechas bien el camino, si sumas, si aportas, si valoras lo positivo por pequeño que sea como un éxito personal e íntimo y tienes claro para qué estás escribiendo.

Si tus metas son tan altas que no tienes o pierdes perspectiva de la realidad, posiblemente no las alcances nunca.

Plantéate si lo que buscas es éxito o reconocimiento público porque son dos cosas distintas.

Plantéate si de verdad quieres publicar y trabajar como un burro para lograr menos de la cuarta parte de lo que estás soñando.

Plantéate si estás aportando algo a este mundo literario y qué es lo que quieres aportar.

Plantéate si estás dispuesto a caer 100 veces y a levantarte 101.

Plantéate si quieres seguir estudiando y estás dispuesto a reconocer tus carencias, tus limitaciones y a ponerles remedio cueste lo que cueste.

Plantéate si estás dispuesto a ofrecer tu obra al escrutinio público y a aceptar críticas que te van a doler. Sí, el mundo está lleno de genios incomprendidos.

Plantéate si podrás soportar que tus compañeros de taller o de fábrica (vas a tardar mucho en vivir de esto) se burlen de ti llamándote escritor y te den nuevos argumentos absurdos para tus novelas.

Plantéate si quieres correr el riesgo de descubrir que quiénes creías tus mejores amigos no van a ir a tus presentaciones y además no te van a comprar ni un solo ejemplar. No, los que Amazon 0´99€ tampoco.

Si tu respuesta es sí, adelante.

Si has dudado, piénsalo mejor, valora tu obra, lo que haces y reevalúa tu escala de prioridades.

Si de verdad eres escritor no habrás dicho que no a nada.

Así que… a trabajar. Ponte manos a la obra que esto es un arduo camino que vamos a tener que recorrer y si es en buena compañía, mucho mejor.

Pero eso sí… nunca dejes de soñar.

 

 

 

 

 

Mes del libro; feria y fiestas

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Bueno…. ya terminó Abril que es el mes del libro, lleno de ferias en los pueblos, en las librerías y con un siempre extraordinario y entrañable Sant Jordi que es, por excelencia, el día más bonito del año para los amantes de la lectura y la escritura.

Llamadme romántica, pero es un día que a mi me emociona….

Quizá por aquello de ser una lectora voraz que siempre ha visto estas fechas desde el lado de la lectura, estar ahora al otro lado de las mesas, firmando libros, es algo que me hace sentir que vivo algo especial.

Recuerdo pasar por escaparates, visitar librerías, casetas  y tenderetes y pensar “ojalá algún día pueda estar yo aquí” mientras mis libros aún dormitaban en cajones oscuros, esos en los que guardamos los sueños sin cumplir y los deseos más pudorosos.

No es fácil. La imagen que guardamos de estos días en la retina son autores firmando libros mientras una larga cola espera pacientemente. Vemos las sonrisas en televisión, las firmas, las bellas portadas, la multitud de gente en las casetas y cuando somos recién llegados a esto, nos da la impresión de que va a ser así.

Es una doble sensación extraña porque aunque sabes que tú eres una recién aparecida en este mundillo, donde no te conoce nadie y donde casi nadie te ha leído y por tanto, no te esperas precisamente una larga cola pidiendo tu firma, crees que los autores cercanos sí la van a tener… y tampoco es así.

Ayer mismo, Pere Cervantes, con quién pude compartir mesa en Benicasim, me comentaba que en Barcelona, para Sant Jordi, había autores buenísimos, que venden y son leídos y que, sin embargo, firmaban pocos ejemplares, por no hablar de aquellos que se iban sin haber firmado ni uno.

La batalla de muchos escritores se pierde ante los “no escritores” pero con poder mediático y comercial como para convertir cualquier cosa en Best Seller, que publican sus libros justo para esta fecha en un intrusismo laboral del que no nos queda a muchos más desahogo y remedio que aguantarnos y ejercer nuestro derecho a la pataleta.

Si, la apuesta de las grandes firmas editoriales por la cultura y no por los beneficios es abrumadora….

Nosotros coincidimos con un festival de flamenco que nos amenizó la tarde y comprobamos que, cervecita en mano, el festival de flamenquito lo petaba mientras en las paradas de libros pasaba la gente de largo o se acercaban unos pocos. La diferencia era brutal.

Si, en este país se lee poco y mira que nos hace falta…..

De todas formas los que amamos los libros, convertimos la feria en una fiesta porque para nosotros lo es. Una fiesta de la lectura, de los libros y las letras. No es una fiesta tan concurrida como debería; el fútbol, los toros, los conciertos…ya era mala suerte que hasta el Madrid-Barça coincidiera con el día del libro…

Yo, personalmente, me quedo con los ratos buenos que son muchos, con la experiencia de los compañeros de los que siempre aprendo, con el apoyo de los libreros que están ahí al quite, y sobre todo con la oportunidad de hablar con los lectores, de poder presentarles mi libro y explicarles cuáles fueron mis motivaciones al escribirlo.

Para mi, estar en la Feria del libro de cualquier pueblo o ciudad es un sueño hecho realidad y solo puedo tener sentimientos de agradecimiento a todos aquellos que han comprado mi libro y a todos aquellos con los que he podido amenizar las tardes de feria y fiestas.

PD. Y conste que no se me han dado mal las ventas, jajaja y que aunque parezca un paisaje oscuro el que describo es muy luminoso… pero debería serlo todavía más.

 

 

Entrevista con Rosa Ochoa; una charla entre amigas.

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Hacer entrevistas la verdad no es mi fuerte, soy algo tímida aunque cuando la entrevistadora o la persona que tengo delante es alguien tan sumamente encantador como Rosa Ochoa, puedo charlar largo rato sin darme cuenta.

Os dejo esta entrevista que me hizo Rosa para la plataforma Wishars donde hablamos no solo de mis libros si no de la escritura, de mis sueños, de mis metas, de parte de mi pasado… vamos, un poquito de todo. Espero que os guste.

 

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Taller de palabras.

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Os comenté que este libro, Palabras que sanan, era un libro vivo, que seguía expandiéndose y creciendo… bueno, pues os presento una nueva forma de crecer.

He abierto la inscripción a unos talleres donde la palabra es terapia. En ellos pondremos en práctica todas las pautas marcadas en grafología, viajaremos a nuestro lado inconsciente haciendo aflorar esas imágenes que vamos guardando en modo de palabras, y aprenderemos a escribir desde un punto de vista holístico, teniendo en cuenta no solo aquello que somos y queremos expresar, sino también todo cuanto nos rodea, todo cuanto pensamos o sentimos, a estar en armonía con nuestro medio.

De momento las inscripciones estás abiertas en Castellón y Villarreal, pero si estás interesado en venir o en promover un taller solo tienes que escribirme un correo.

 

Concavo y convexo

nina peña - concavo y convexo - poema -mujer

 

En la niñez, ocho esquinas eran frontera entre sueño y vigilia, entre ayuno y satisfacción.

Cuatro esquinas de una mesa, de una cama.

Emergí mujer de las profundidades, de aquellos cantos que eran frontera entre imaginación y realidad.

La mesa se hizo redonda y la cama grande.

No hay margen entre el hambre insaciable y el ayuno improbable de ti, hombre que limas mis aristas, que redondeas mis cantos y repasas con tus manos mis márgenes.

Borrando formas, cóncavo y convexo es una actitud, es nombrarnos en planos horizontales, cuando jugamos, como en la niñez, a encajar piezas de puzles.

 

 

 

La La Land o la nostalgia hecha cine.

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Hacía mucho, muchísimo tiempo, que tras ver una película en el cine, se me quedaba esa grandiosa sensación de no poder dejar de pensar en ella. Esa dulce sensación de dormirme arropada por las imágenes y por la historia… y en este caso también por la música.

Anoche fui al cine. Una sana costumbre que tengo de vez en cuando, sobre todo cuando está recién ingresada la nómina y puedo deshacerme de unos cuantos euros que cubran toda la parafernalia de los que somos amantes del cine. Ir al cine en familia es lo que tiene… que suele salir caro.

Ante nosotros la cartelera, con un montón de películas. Nuestro propósito era ver Asassins Creed en 3D, pero a veces los planetas se alinean, hay constelaciones que te favorecen y quiso el destino que el 3D solo estuviera la semana del estreno, así que ante la expectativa de ver una película de videojuegos más, por mucho que me tentara Fassbender, mis ojos se fueron directamente a La La Land.

Críticas excelentes, 7 Globos de Oro y records de audiencia la avalaban. Además es un musical… con eso ya me tienen en el bolsillo, lo reconozco.

La primera pieza musical, esa preciosa canción con baile sobre los coches en un atasco monumental ya me preparó para lo que iba a venir. Recuerdo que pensé que retrataba muy bien la multiculturalidad imperante en USA, incluida la bailarina de flamenco.

Pero lo bueno estaba por venir…

El guion, chico que quiere ser músico de Jazz y chica que quiere ser actriz, parece el más manido de la historia, pero a medida que avanza la película te das cuenta de que eso no es lo que se pretende contar, ni mucho menos.

La escena en que Ryan Gosling le habla a Emma Stone de cómo se ha de vivir el Jazz me puso los pelos como escarpias. No hay que oírlo ni escucharlo… hay que sentirlo. Pura pasión.

La escena en que el compañero de orquesta le habla de cómo tiene que evolucionar el Jazz para llegar a las nuevas generaciones es apabullante.

La letra de la canción de Emma Stone, Audiction, es realmente un canto al romanticismo de todos aquellos que perseguimos nuestros sueños, y sí, me humedeció los ojos.

La La Land podría parecer una historia de amor más, pero no lo es.

Es una historia sobre los sueños, sobre el esfuerzo, sobre cómo ha cambiado el mundo en el que los valores ya no son los mismos que antes. Me viene a la cabeza aquello de la sociedad líquida en la que se habla de cuanto nos cuesta comprometernos, en la que se echa de menos algo en lo que creer y por lo que luchar, ideales que nos ayuden a crecer como personas y como sociedad.

Es una historia que destila nostalgia de otros tiempos, de otro cine, de otra música. Que habla de que los sueños se pueden llegar a cumplir siempre que nos esforcemos y seamos constantes. Habla de algo tan complicado como compatibilizar los sueños con la vida real, dejar que aquello que quieres ser no te impida vivir el momento en que ya estás siendo.

El musical, con una preciosa banda sonora llena guiños al más puro musical de siempre y al Jazz, recuerda momentos y lugares clásicos de Hollywwod. El planetario de Rebelde sin causa donde tiene lugar un precioso baile en las estrellas, es la excusa perfecta para mostrarnos no solo ese regusto por el cine clásico contemporáneo, sino para darnos a entender que, (esto lo entenderéis cuando veáis la peli) las salas de cine Rialto de todo el mundo, las que hacían pases de ese tipo de cine han cerrado y se han convertido en algo del pasado. Y también los lugares con el sabor de los clubes de música en directo, esos clubes que ya han pasado a mejor vida y en los que ahora o bien hay un karaoke o se sirven tapas o se escucha reggaetón.

Es un lamento a aquel sabor, a aquellos momentos, a las matinés, a poder ver un día cualquiera una bella y gran película. Es un lamento del cine y de la música, del arte, de la profundidad del arte. Un canto de cisne. Un canto a los años  dorados de Hollywood y a la música.

Un canto a la nostalgia.

Hace muchos años, en concreto el 29 de Noviembre de 1981, el mismo día que murió Natalie Wood, cuando en las noticias anunciaron su muerte, mi padre, como homenaje, nos llevó al cine Rialto de Castellón en donde había, casualmente, un pase nocturno de West Side Story.

Ahora ya no hay cines Rialto donde ver películas que se estrenaron veinte años atrás, y menos aún musicales. Esta película es un homenaje a todo aquello que hemos ido perdiendo.

Así que.. con nostalgia, brindemos por los rebeldes, por los pintores, por los poetas,  por los locos que tienen un sueño…aunque, como diría John Steinbeck, “LAS FRESAS NUNCA TENDRÁN EL SABOR DE ANTAÑO”

 

 

 

Puedes ver mis libros en mi página de autora en Amazon.
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Firma invitada: Dolors Lopez.

Tuve el placer de conocer personalmente a Dolors hace unos meses en la presentación de un libro, y si algo me llamo la atención de ella es su dulce voz, su etérea presencia, la inteligencia y curiosidad de sus preguntas y su dulce  sonrisa.
Dolors, que atesora este blog como algo más que un lugar donde hablar de libros, posee una fuerza interior que ella no cree o no sabe que posee, pero que está ahí, entre las líneas de sus relatos y en la forma en que defiende cada libro y  a cada autor desde una perspectiva interior que pocos bloggers poseen y que ella, con su sensibilidad y empatía, ha convertido en bandera de su éxito en las redes sociales.
Una mujer sensible y apasionada que deja en las entrelineas trocitos de su alma, que se despoja de artificios para mostrarnos su yo más íntimo sin aspavientos o pudores, y que refleja en sus escritos su sentir, su pensar, sus mejores y peores momentos con una transparencia y delicadeza, que transmite su verdadera esencia personal, tal vez hasta íntima, y en la que, la imaginación, es tan solo una nueva forma de revelar lo que de verdad quiere expresar.
Adelante… Puedes entrar en su blog, Dolors siempre deja las puertas abiertas para que puedas adentrarte un poco más lejos de lo que entrarías en un blog literario.
https://laprincesayaseve.wordpress.com/

                      nina péña - dolors lopez - martina - relato                                              Microrrelato:MARTINA.

Como cada mañana, desde hacía un mes, sobre las 9 H Martina se sentaba frente aquella ventana, único contacto al exterior. El paisaje no era en sí agradable a la vista, pues desde la tercera planta del psiquiátrico solo se observaba el ruido de la ciudad, el ajetreo de las personas, las idas y venidas de multitud de coches batallando contra el tiempo y un cielo grisáceo envenenado por los humos de la civilización.

Pero a pesar de ello, Martina pierde su mirada durante horas en aquella ventana. Una mirada distante, sin rumbo, ajena a todo y todos, pupilas dilatadas, por el diazepán y el orfidal, ojeras profundas en aquellos ojos almendrados y oscuros, ahora faltos de la perspicacia de su inteligencia y la chispa de la vida. Mantiene apenas en equilibrio su cabeza respecto al cuerpo, cuanto le costaba –¡Ay Dios!– claro que nadie sabe lo que cuesta mantenerla alzada bajo los efectos de 16 pastillas diarias; pastillas para la ansiedad, pastillas para la depresión, pastillas para dormir, pastillas para las alucinaciones…pastillas y más pastillas. Su barbilla toca el inicio de su pecho, y de ella chorrea las babas que inconscientemente descienden y que tanto asco le dan. Claro que nadie sabe que ello es un efecto secundario de las píldoras milagrosas, esas que salvan al mundo de la demencia. Paradójicamente la sequedad en su boca, el mal aliento y las ganas de beberse un mar provocan en Martina arcadas de asco continuo. Ella que tanto había cuidado su imagen, tan mona ella, vestida siempre a la última, maquillada, tan impoluta. Pero ahora eso ya no le importa a Martina.

Aquella ventana era su único mundo. Contempla en duermevelas constantes, ensoñaciones incontroladas. Ruidos en la lejanía, sombras que se difuminan… Apenas puede distinguir la realidad del sueño que le mantiene adherida al sillón cutre, de escay e incómodo, pero el único que es fiel al cuerpo de Martina. Y Martina sigue viendo pasar el transcurrir de los minutos, de las horas interminables. En la soledad del vacío en su interior, de la congoja de no poder pensar, en la asfixia de no recordar la edad que tiene.

El ruido en su cabeza ha desaparecido, las voces que le acompañaban en los últimos tiempos no las escucha. Y ello incrementa por segundos su soledad aún rodeada de semejantes que como ella, balbucean palabras inconexas, frases sin sentidos, sonidos inteligibles…¡claro! efectos de las famosas pastillas.

Un dolor intenso, provoca en Martina sentirse rota por dentro. Un dolor que parte su cuerpo en dos, un dolor que agujerea su estómago hasta su espalda. Y es en ese hueco donde un hombre con bata blanca y un cartelito en su solapa, clava el dedo en la yaga.

–Martina, me oyes, soy el doctor Guzmán tu psiquiatra—

Pero Martina no escucha, no oye, sumida en el duermevela, lucha contra la niebla en su mente, esa que le impide distinguir lo real de lo imaginario. Intenta erguirse en el sillón cutre para mantener cierta dignidad, pero vaya, la orina se escapa por sus piernas hasta formar un charco en el suelo. Y la enfermera de turno huraña y antipática le grita:

–Martina, Martina, que has hecho mujer, ¿¡no sabes que el pipí se hace en el wáter!? Ahora te quedas mojada, no tengo tiempo de cambiarte—

Martina desea llorar, gritar, huir; pero no puede, sufre tanto vértigo y a la vez tal parálisis que le es imposible levantarse del cutre sillón. Con la cabeza más caída, mirando ya no a la ventana, sino a un punto concreto del suelo que se desplaza en proporción al parpadeo discontinuo, retardado de sus ojos.

En la lejanía voces en murmullos que aceleran los segundos, hora de visitas, algunos de aquellos “locos” tienen visitas de padres, hijos, esposos ¡vete a saber! Pero Martina no, ella no tiene visitas que aceleren los segundos.

Martina desaparece en su soledad, cabizbaja, mojada de meados, babeando, cansada y ausente de la realidad. Y en una convulsión, espasmos que temblequean su cuerpo se deja ir.

 

 

Soy.

 

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Soy mujer.

Soy madre, hija, nieta, hermana, prima, amiga…

Soy amante de noche, esposa de día, compañera siempre.

Soy soñadora, por eso escribo libros

Soy realista, por eso sigo escribiendo.

Soy una persona que no se rinde, aunque pierda.

Soy una persona que cae en mil batallas, aunque las gane.

Soy la que sabe escuchar y la que a veces, necesita ser escuchada.

Soy la que le quita horas al sueño, para realizar sus sueños.

Soy la que  sonríe aunque por dentro esté llorando.

Soy la que llora cuando todos están riendo.

Soy cada día la misma, y siempre distinta.

Soy la que quiso cambiar el mundo y, el mundo, no me cambió a mí.

Soy fuerte, aunque me rompa.

Soy frágil, aunque resista.

Soy viento, palabra, trabajo, fe, fruto madurado al sol, pensamiento, lucha, quimera, lluvia en las ramas y arena en los zapatos.

Soy alma y soy cuerpo.

Soy persona.

Soy mujer.