Como pájaros en la cabeza.

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La sensación podría ser esa.

Un montón de pajaritos revoloteando por la cabeza sin parar, con distintos trinos y canciones, con esas conversaciones primaverales que a veces se escuchan al pasar por debajo de algún árbol.

Las ideas para escribir podrían ser descritas así.

En mi cabeza, ahora mismo, hay dos ideas distintas que piden ser escritas.

Las dos me parecen buenas ideas, los personajes me encantan, el trama todavía no está pulido pero me gusta hacia adonde apunta y creo que puedo sacarlas adelante con tesón y paciencia.

Por otro lado, al contrario de la última novela que escribí y que está pendiente de corrección, no necesito documentarme, es pura ficción lo que ahora tengo en mente, con lo cual siento que puedo explayarme, volar sobre el teclado sin las anclas de la historia real o de la política, sin tener que cuidar las palabras y los significados o matices.

El tema que me preocupa es decidirme por una de las dos historias

Ambas son muy distintas entre sí, una más costumbrista en la que los hombres son protagonistas y la otra es más bien lo que se llamaría una realidad distópica en la que la protagonista es femenina… y así estoy, sin decidirme, sin comenzarlas, sin atreverme a darle forma a ninguna de las dos, esperando que una señal del cielo o ese empuje natural que a veces sentimos los autores, esa necesidad de escribir, me lance sobre un tema o sobre otro.

Mientras los pájaros van haciendo nido en mi mente, ramita a ramita, se van aposentando para estar una temporada en mi cabeza trinando sin parar. Porque eso sí, no paran…

 

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Propuestas para el año nuevo.

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Yo no soy de creer en esas pretensiones de Año Nuevo.
Dejar de fumar, ir al gimnasio…de un día para otro no cambiamos tanto y aunque nuestras pretensiones sean buenas y nuevas, nosotros, y nuestras circunstancias, seguimos siendo los mismos de ayer.
Este 2017 ha sido un año raro para mí.
No acuso pérdidas pero sí decepciones.
No acumulo éxitos pero sí proyectos.
No tengo planes a largo plazo si no que voy a conformarme con vivir al día, en metas cortas, en pasos prudentes y palabras quedas.
Los años de experiencia me han enseñado a callar cuando no tengo nada que decir y a caminar despacio pero tratando de tener pasos firmes.
Reconozco cansancio, reconozco que han habido situaciones que me han superado, incluso reconozco que el sueño de escribir y publicar no es aquello que yo imaginaba, pero aun así hay que seguir soñando y viviendo y riendo y perdonando y sobre todo haciendo un ejercicio de introspección para conocerme mejor, para pararme de vez en cuando a pensar.
Este año nuevo no tengo planes, voy a contemplar la vida, a vivirla, a trabajarla y a tratar de seguir creciendo, que es más complicado que cualquier otro plan.
Feliz 2018 a todos.

Lo bueno de escribir.

 

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Hubo un tiempo en que creí que para escribir bastaba con una imaginación desbordante como la mía. En que el talento era el mayor bagaje y que las cosas irán saliendo, más que nada, por arte de magia.

Nadie me avisó de lo duro que puede ser esto de escribir. Nadie me avisó de correcciones, de documentación, de trabajos, de repasos ortotipográficos…

Lo bueno de escribir y que está por encima de “lo malo” es la forma en que uno crece a medida que escribe.

Creces como persona, como escritora, creces en sabiduría, en conocimientos, en humanidad.

Tener que plasmar ideas en un papel no te va a hacer mejor, pero defenderlas, dotarlas de realidad, de humanidad, lograr plasmar sentimientos y pensamientos en negro sobre blanco, es un ejercicio de introspección y de superación constante que difícilmente puedes realizar en el día a día, en la vorágine de vivir que todos llevamos a cuestas y en la que nos movemos.

Volver a estudiar, volver a las clases de literatura y ortografía, volver a la historia, a los análisis de textos y de ideas, darte una vuelta por tu propio pensamiento y salir reforzada o derrotada de él, recuperar la curiosidad, analizar qué es lo que quieres decir o contar y preguntarte por qué…

Lo bueno de escribir es que el mundo se abre ante las palabras que aún no están escritas y se rinde ante las ideas todavía no concebidas.

Lo bueno de escribir es que te hace mejor persona aunque tu mundo alrededor se hunda.

Tu mirada ya no será nunca la misma, ya nunca verá lo simple y lo fácil sino que verá aquello que está vedado, oculto ante la mayoría de ojos, aquel otro lado de las cosas… y si no es así cabe preguntarse qué escribes y por qué escribes.

 

Adelante.

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Cuando me vengo abajo, cuando la vida me da un golpe fuerte, cuando creo que las cosas no pueden ir más que a peor… suelo fijarme en todas aquellas personas que tengo tras de mí, aquellas para las que la vida puede ser una carga insoportable, para las que no hay paz sino treguas, aquellas que aún trabajan todavía más para conseguir la mitad, aquellas que sufren golpes serios e irreparables…

Luego pienso en todas mis metas, en mis hijos, en mi familia, en mis libros y en todos mis sueños que, aunque con mucho esfuerzo, sé que se irán cumpliendo porque no me rindo..
Y sé que no puedo quejarme, que no puedo pararme ni venirme abajo, que tengo que ser fuerte y tenaz, que el mañana está ahí al alcance de la mano, que habrán tiempos mejores y que todo esto solo sirve para hacerme mejor persona de lo que antes era.

Aprendo la lección, aprieto los dientes y tiro para adelante. Creo que llevo toda la vida luchando, por unas cosas u otras, así que.. sigo en la pelea del día a día, en la de superar no solo los obstáculos que la vida puede ponerme sino en superarme a mí misma. El mayor de todos los retos.

Os envidio.

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No puedo evitarlo, os tengo envidia.

Pero envidia de la buena, envidia cochina, como se suele decir.

Llevo desde mediados de agosto sin poder escribir ni una sola palabra, de hecho, esto es lo primero que publico en el blog desde hace quince días.

Y trato de hacerlo, de verdad; trato de escribir, de corregir, de meterme en materia, pero no puedo, me cuesta mucho, tanto, que no escribo nada.

Tal vez sea que mi incorporación al mercado laboral es inmediata y ello significa que las metas que me planteé para este verano se quedan sin cumplir, será que sé lo que me espera en un invierno crudo y de duro trabajo en el que he de aparcar los sueños para ir muriendo en realidades y sin querer he comenzado ya la etapa de duelo por adelantado.

Será que desde el atentado de Las Ramblas y con la vista puesta en el 1 de octubre, Cataluña me está doliendo en un rinconcito del alma, y el miedo al futuro, no de Cataluña, que también, sino al futuro de España sin esa parte de lo que yo siento tan cerca y tan mía, me esta comenzando a doler.

Puede que sea tener que estar constantemente en las RRSS leyendo barbaridades y tragando veneno lo que esté callando mi voz.

No lo sé.

Solo sé que me cuesta escribir, que no hay forma de acabar aquello que comencé dos años atrás aunque también es cierto que un libro como el que me ocupa no se escribe fácil ni rápidamente, aunque mientras digo esto me suene a excusa barata.

Me voy diluyendo poco a poco en realidades grotescas, en necesidades que me obligan a ir contra mí misma, en silencios que guardan palabras que necesitan ser gritadas.

No puedo evitar sentir envidia de los que seguís escribiendo, de los que manifestáis opiniones y sois leídos, de los que podéis conciliar vuestra vocación con vuestro trabajo, de los que vivís en esa paz de saber que estáis donde queréis estar haciendo lo que queréis hacer y lo que os hace felices.

Tengo envidia de esas vidas que no son renuncias.

De esas voces que o callan aunque sientan dolor. De quienes hacen de su dolor, voz.

Yo enmudezco como esos pequeños ríos a los que les cierran las presas y se quedan en riachuelos que, más que correr, se arrastran por entre las piedras, acumulando todo su caudal en algo material y útil, algo que solo sirve para generar bienes y servicios y no para fluir naturalmente tal como dicta su propia naturaleza.

No puedo evitarlo. Os envidio.

Pero seguid fluyendo, por favor…a ver si vuestro ruido rompe mis presas.

Autoedición, coedición y edición. ¿De qué va esto?

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Bueno, ya tienes tu libro terminado y ahora se abre ante ti un mundo infinito de formas de publicarlo.
Las editoriales florecen por doquier, nunca ha sido más fácil que ahora publicar un libro y la posibilidad de los eBooks te permiten llegar a lugares donde ni siquiera te habías imaginado… pero, realmente, ¿sabes qué hacer con tu libro?
Lo que haces es plantearte cómo lo quieres publicar, si en formato tradicional o en electrónico o quizá en ambos, pero te encuentras que, en todo caso, hay cientos de editoriales que, ¡oh sorpresa! están dispuestas a publicarlo, a correr el riesgo, a apostar por ti y por tu talento.
Bueno, voy a ponerte los pies en la tierra y a desentrañar cómo funcionan esas editoriales que se están pegando por publicar tu libro y esos métodos nuevos de publicación que están a tu alcance.
Primero que nada mira el nombre de la editorial. Si es Planeta adelante… si no es Planeta pero su sello está en todas las librerías que has visitado, está publicando con escritores que ya se han hecho un hueco y van adquiriendo prestigio, también adelante. Si no es así, probablemente, te conviene seguir leyendo.
Has de tener en cuenta de que el mundo editorial ha evolucionado y la versión romántica y bohemia del editor y del escritor es algo que se ha quedado en la literatura. Ahora las editoriales son negocios, son empresas que quieren obtener beneficios, algo que es obvio, y que aunque creas que apuestan por el arte, no publican por amor al arte.
Es lo que yo llamo vivir del cuento y no de la literatura.
Esas editoriales te proponen un modelo de publicación que, ante la disyuntiva de tener que hacerlo tú casi todo, comienzas a pensar si no sería mejor autopublicarse.
Por eso, porque posiblemente ante tanta información cruzada, tanta promesa y al mismo tiempo tantos comentarios como lees en redes sociales sobre casos “extraños” la autopublicación te parece un buen recurso.
Voy a desgranarte en qué consiste todo eso.

AUTOPUBLICACIÓN

Como su propio nombre indica, te lo vas a tener que publicar tú mismo. Buscar una imprenta, maquetar el libro, corregirlo, hacer la portada, revisar las pruebas de imprenta, hacerte cargo del IBSN y del DL, asumiendo los costes de todo.
Si has pedido presupuestos sabrás cuánto cuesta una buena corrección, una buena portada y maquetación, cuanto es el coste por libro en una imprenta. Si tienes cash, perfecto, adelante.
Pero antes piensa que cuando esté el libro impreso, ya en tus manos deberás asumir la distribución, el marketing, la promoción… ahí es donde puede que tengas dificultades si pretendes hacerlo tú todo y solito, porque posiblemente no tengas los contactos necesarios, no conozcas los canales de distribución ni sepas de marketing como para tener una buena estrategia. (No, tres spam en Facebook no es marketing)

 

COEDICIÓN

Bien, visto que autopublicar en formato tradicional no es tan fácil como lo pintan comienzas a barajar la posibilidad de la coedición.
La coedición consiste en publicar tu libro corriendo a medias con los gastos tu y la editorial maravillosa con la que te pusiste en contacto vía email una vez y te ha llamado trescientas veces para ver si cerráis el contrato.
La coedición te ofrece la impresión, el trámite de IBSN y DL, la promoción del libro, la distribución en librerías y la venta en su extenso catálogo de libros online. Ellos ponen una parte del dinero y tú la otra, en concreto tú pondrás un 50%, pero posiblemente en el contrato te ofrezcan un 45% de los beneficios, con lo cual las cifras comienzan a no cuadrarte.
Además, la portada, la maquetación y sobre todo la corrección te las van a querer cobrar aparte porque eso ya no pertenece propiamente a la parte editorial sino que debería llegar el libro ya corregido, bien maquetado y a poder ser con una portada fantástica en la que ellos se van a limitar a poner su sello.
Pero bueno, como te prometen una buena distribución, aún sopesas esa posibilidad. Te prometen también una cantidad increíble de libros, tal vez 500 en la primera edición.
Piensa. Si tienen tan gran distribución, si llegan a 300 librerías de forma presencial más su web… ¿cuántos libros van a dejar en ellas? ¿Dos ejemplares? Algo no concuerda.
Lo más posible es que no te impriman esos 500 libros o que no tengan esa inmensa red que dicen tener. Quizá ambas cosas.
La coedición es, para mí, la peor opción de todas, porque tú vas a poner no solo el libro del que eres autor sino un inmenso trabajo (recuerda que te vas a encontrar con 500 libros para vender) para tener que dividir las ganancias.

 

EDITORIALES

Aquí hay partes muy diferenciadas. Porque aunque sean editoriales no todas funcionan de la misa forma.
Ante todo, una editorial va a correr con todos los gastos del libro, va a apostar por ti pero no todas las que te dicen eso van a cumplirlo del todo, así que por experiencia propia, voy a darte las claves para que sepas con quien te puedes encontrar.
– Desconfía de aquellas que te pidan dinero, eso sería coedición aunque no te lo digan.
– Desconfía de aquellas que te dicen que vas a estar en toda España, en las mejores redes de librerías y en las más conocidas. No suele ser así.
– Desconfía si te ponen un número elevado de ejemplares para la primera edición y en el contrato te ponen clausulas como que tú has de hacer frente al pago de los ejemplares devueltos de depósito o del stock.
– Desconfía si te hacen firmar un contrato sin fecha de finalización en los derechos de autor.
– Desconfía si el pago de los derechos de autor no es en dinero contante y sonante y pretenden pagarte con ejemplares de tu propio libro del que, por cierto, no contemplan ofrecerte ningún ejemplar de cortesía.
– Desconfía si te están prometiendo todo aquello que soñaste alguna vez. Posiblemente no sea cierto y estén jugando con tus ilusiones.
– Desconfía si no te preparan presentaciones en tu ciudad o sí te exigen que estas no sean en ninguna librería de prestigio para poder tener más margen de beneficios.
Y a estas alturas te estarás preguntando en quién puedes confiar, y hasta tal vez comiences a mirar tu libro con rencor.
Confía en ti y en tu instinto. Si en una entrevista ves algo raro o detectas una adulación o grandilocuencia que no corresponde, posiblemente te están dorando la píldora.
Confía en una editorial que te desgrane punto por punto los gastos que ellos asumen y los porcentajes de beneficios para todas las partes, eso incluye la imprenta que se lleva ya un 30% del precio del libro y las librerías que se llevan otro 30%, lo cual deja apenas un 40% de beneficio para ti, para la editorial y al que hay que restar los gastos de editorial, tales como la obtención de IBSN y DL, maquetación, portada, una última corrección y edición. He dicho última corrección, el libro ha de estar corregidísimo cuando llegue o ningún editor lo leerá.
Puedes confiar en quien te hable de lo difícil que es vender, en quien te proponga un número concreto de ejemplares que como mucho serán 100, en quién te proponga librerías con nombre y dirección aunque sean pocas, y sobre todo, confía en quien te diga que va a trabajar contigo codo a codo, proponiéndote presentaciones, charlas, acciones concretas donde tú puedes ir con tus libros, quédate con quien te diga que vas a tener que mover el culo y promocionar tu propio libro, que vas a estar en las ferias del libro de tu ciudad y en los pueblos colindantes pero no en el Retiro ni en las Ramblas.
Todo eso es el mundo real y así están funcionando pequeñas editoriales que apuestan por autores noveles, casi desconocidos en sus propias ciudades, desconocidos por completo para el resto del mundo.
Es el primer paso para publicar, para darte a conocer y para tener tu libro en las manos.
Que vayas a más va a depender de ti, de tu talento y de tu trabajo, pero esa editorial, es el mejor trampolín que tienes para comenzar a publicar en papel y cumplir el sueño de ver tu nombre en las estanterías de tu librería favorita.

Articulo publicado en la web de la editorial Acen Editorial, desde la cual puedes adquirir mis libros en el formato tradicional de papel.

https://aceneditorial.es/autoedicion-coedicion-edicion-va/#.WXcwaqfk5Mg.facebook

https://aceneditorial.es/libro/rosa-los-vientos/

https://aceneditorial.es/libro/huelen-las-nubes/

 

El concurso Amazon y el sueño americano.

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Que los escritores, o autores, somos personas que vivimos en nuestro mundo peculiar en el que nos sumergimos constantemente, no es nada nuevo.

Al margen de peculiaridades y excentricidades que solo los grandes se pueden permitir porque para ellos es parte de su genialidad mientras que para el resto sería síntoma de enfermedad mental, hay algo que nos une a todos, o a casi todos: el ego.

Tenemos un ego exacerbado, nos encanta mirarnos el ombligo, acariciarlo, y ser nosotros mismos quienes se empeñen en sacar sus pelusitas, algo que si hacen los demás nos hace entrar en cólera o en pánico, dependiendo del tamaño del ego en cuestión.

Lo del concurso Amazon es una muestra de ego descomunal donde quién más y quién menos, está metido hasta las trancas por el simple hecho de opinar o de comprar determinado libro. En mi vida había visto zancadillas, groserías, maldades, pleitos, envidias, puñaladas traperas, comentarios malintencionados y mala baba como la que estoy viendo en el concurso de este año.

Hasta la misma plataforma Amazon está tocando las “webs” de sus autores quitando ediciones en papel, comentarios de compras verificadas, ha tardado más de 15 días en completar la lista de concursantes, anunciaba preventas que luego quedaban fuera de concurso…

Autores que no tienen en común ni siquiera el género, se enzarzan en disputas por un comentario, por una estrella, por una promo o por una portada.

Ni decir tiene que estoy tan ojipláctica que no me presento a ese concurso en mi vida.

Se puede ganar visibilidad, cierto, y me consta (de hecho lo sé cierto porque tengo a muchos amigos que llevan tiempo publicando, escriben de perlas y están concursando), que muchos autores lo hacen exclusivamente por eso, por visibilidad y ganar lectores, para que sus libros sean leídos, porque, como todos sabemos, los concursos son de todo menos justos y aunque su base sea tan frívola y objetiva como las ventas, ganar uno es harto difícil.

¿Y todo por qué? Porque priman las ventas, los números, las cifras.

Lo que está ocurriendo en este concurso obedece a un patrón de competitividad tan exacerbado que en nada beneficia a nadie salvo a Amazon, que este mes de julio y agosto, cuando ningún autor ni librero se come un colín, ellos siguen vendiendo más que nunca, así que como estrategia de marketing es perfecta.

De nuevo una editorial se aprovecha de la ilusión y del trabajo de los autores y aunque reporte pingües comisiones a estos en derechos de autor y les permita publicar, no hay que perder de vista que al fin y al cabo, están cumpliendo con algo tan simple como es la consecución de beneficios empresariales en un sector y en un momento concreto de año en que apenas se venden libros. No, no es casual que el concurso Amazon sea en julio y agosto.

En ningún momento se tiene en cuenta la calidad de los trabajos, ni hay un jurado que lea los libros y que puntúe, ni se valora la calidad artística, la originalidad, el mensaje, el lenguaje o la intención de comunicar que todo libro que se precie tendría que tener.

Pero además este patrón comercial obliga a vender para tener visibilidad en el concurso, a escalar posiciones, ya que, como todos los autores auto-publicados sabemos, si estás mejor situado vendes más porque, simplemente, se te ve antes. Nadie se espera a la página 60 de Amazon para comprar, la compra por impulso en internet es otra de las bazas fundamentales con las que juegan, y saben que te matarías (y matarías) por vender más y estar en esas posiciones que te permiten seguir vendiendo más.

¿Y qué es lo que realmente hace que todo esto ocurra? El ego del escritor.

Una carrera editorial no se hace en un año ni en cuatro, y ¡ostras! Si ganas este concurso te coronas, te evitas pasar por lo que han pasado todos los autores, te evitas la crítica veraz, te evitas tener que leer y leer para aprender, evitas pasar por los trámites de crecimiento personal que te da el escribir y tener que reescribir, el escribir y borrar, el volver a empezar.

De pronto, se te ofrece la posibilidad de vivir de la escritura, algo de lo que nos podría hablar mucho Juan Goytisolo si aún viviera, de tener regalías y, coño, ¡si te estás viendo ya como ponente y contertulio en los talleres de auto-publicación que monta Amazon cada verano, con tu imagen en el fondo de pantalla gigante y siendo entrevistado por El país cultural…!

Te has pasado por alto unas pocas cosas.

Las pocas personas que viven de sus libros desde plataformas como Amazon, no llevan ni uno ni dos ni cinco años escribiendo y publicando sino como mínimo diez, y han trabajado por ello todos y cada uno de los días de su vida compaginándolo con otros trabajos que les permitieran pagar las facturas como a todo hijo de vecino.

En ese empeño estamos, yo incluida, muchos compañeros que participan y para los cuales este concurso es solo uno más de los medios, pero no el fin en sí mismo.

Este concurso, su finalidad, no es más que una revisión del sueño americano llevado al mundo editorial, donde todo es posible y donde triunfar es algo que siempre está a la vuelta de la esquina, pero Sunset Boulevard también tiene muchas esquinas, así que quizá sea mejor ponerse a trabajar de verdad, no mirarnos tanto el ombligo y menos aún prostituir la literatura de esta forma.

Ojo, no quiero decir con ello que no sea lícito presentarse o que los libros presentados no sean buenos y tengan calidad, pero sí hay que darnos cuenta de que una vez más nos están utilizando, de que otros están ganando dinero con nuestras ilusiones y sueños, nos están vendiendo ellos a nosotros para reportarse beneficios de los que tú vas a ver tan solo un porcentaje y vas a ser un número en una larga lista.

Este concurso es nefasto y deja un sabor de boca negativo a todos aquellos que, apostando por la literatura independiente, lectores que siguen buscando calidad en los libros no convencionales, se convierten de repente en simples compradores de objetos de consumo en cuyas cinco estrellitas hay un poder exacerbado, además de aumentar la mala fama de los libros y autores que, de por sí, ya tenemos los auto-publicados.

A ver, no somos genios (sí, ya sé que tú sí). Si una editorial nos rechaza un manuscrito puede que debamos revisarlo, analizarlo, buscar opiniones, tratar de encontrar en qué hemos fallado o si de verdad es que no encajamos en la línea editorial de la empresa concreta a la que lo enviamos.

Si tenemos en cuenta que la gran mayoría de editoriales también se guían por criterios comerciales puede ser que nuestro libro, aún con calidad, no sea vendible.

Hay muchas razones por las cuales recurrir a Amazon, incluso la legítima razón de no querer estar en las editoriales tradicionales, y es cierto que esta plataforma ha democratizado la literatura que siempre ha sido muy elitista y “amiguista”, pero el escalar posiciones, el conseguir altos objetivos sin antes haber currado y estudiado como un auténtico cabrón, es tratar de construir la casa por el tejado.

La calidad es lo que de verdad va a garantizar poder publicar dentro y fuera de Amazon, pero requiere su tiempo y sus plazos, y es ahí donde tienen que ir todos nuestros esfuerzos, sin importarte las ventas porque, una cosa te voy a decir, si de verdad eres escritor, lo que menos te va a importar es vender, lo que sí quieres es que te lean.

Cuando en el pasado se empezaron a publicar libros de forma independiente, cuando autores hoy legendarios comenzaron a auto-publicarse, lo que primaba era la rebeldía contra el sistema establecido, la visión de una obra, el tener que decir lo que nadie había dicho hasta entonces, ser independiente era mantener la fe en uno mismo y luchar contra el mundo, creer en valores por los que nadie apostaba, alejarse del orden impuesto, saltarse las reglas de lo convencional.

Ese es el espíritu que tendría que tener Amazon y el que tendríamos que tener todos los escritores independientes, y no dejarlo todo a un lado por la consecución de un número determinado de ejemplares vendidos y pasarnos la vida contando más de lo mismo porque es lo que más se vende.

 

(Y digo esto sin haber leído aún ningún libro, con lo cual estoy lejos de saber la calidad que pueden o no tener, pero si Amazon valora solo las cifras de ventas eso es un criterio tan claro y válido como el mío.

Por supuesto voy a comparar libros del concurso, ya llevo dos y tengo pendientes varios más, y con ello trato de apoyar a mis compañer@s, pero me voy a abstener de hacer cualquier comentario y de decir ni una sola palabra. Priman las cifras y mi apoyo se va a basar en ayudar a que esas cifras sean buenas para los autores a los que aprecio.

Y sí, una vez también se me pasó por la mente sacar un libro a concurso en Amazon, pero una buena y sabia amiga me dijo, “Che boluda, olvidálo”)

 

 

 

 

Los desafios del feminismo ante el siglo XXI. Amelia Valcárcel y Rosalia Romero

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Amelia Valcárcel (Madrid, 1950) es catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, miembro del Consejo de Estado, vicepresidenta del Real Patronato del Museo del Prado y patrona de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

 

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Rosario Romero es odontóloga y especialista en Gerencia en Salud de la Universidad de Cartagena; también especialista en Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad de los Andes; sumado a lo anterior, es candidata a magister en Conflicto Social y Construcción de Paz de la Universidad de Cartagena.

EL PRESENTE Y LOS RETOS DE FUTURO

Del mismo modo que a la obtención de las conquistas sufragistas le siguió la mística de la feminidad, los ochenta vieron aparecer una formación conservadora reactiva que intentó volver a poner las cosas en su lugar a fin de deflactar las vías abiertas por los nuevos espacios legales. Se produjo durante la vigencia del conservadurismo Regan-Thacher. Ha sido perfecta y admirablemente descrita por S. Faludi en su libro Reacción. De nuevo la maniobra fue orquestada en sinergia por los poderes públicos la industria de los medios y la moda y la red asociativa conservadora de la sociedad civil. Sin embargo tuvo mucha menos capacidad que su predecesora. Por una parte el panorama internacional no era homogéneo y por otra el feminismo en los ochenta se estaba transformando en una masa de acciones individuales no dirigidas.

Mientras que en algunos países se intentó suprimir o reconducir a los organismos de igualdad a fin de que contribuyeran a positivar un modelo femenino conservador, en otros, por su distinto signo político, el pequeño feminismo presente en los poderes públicos reclamó la visibilidad mediante el sistema de cuotas y la paridad por medio de la discriminación positiva. Internacionalmente el feminismo, que de suyo siempre ha sido un internacionalismo, llegó a lugares antes impensables, las sociedades en vías de desarrollo, y se encarnó en prácticas “de género” que nunca habían existido, reclamando su entrada en la construcción de las democracias. El feminismo de los últimos años ochenta y la década del noventa encontró en el sistema de cuotas el útil que permitía a las mujeres adquirir visibilidad en el seno de lo público y, previamente, había diagnosticado que la visibilidad social estaba interrumpida precisamente porque sus nuevas habilidades y posiciones no tenían reflejo en los poderes explícitos y legítimos. En los hechos esto significaba el fin de la dinámica de las excepciones.

Los repasos cuantitativos se afirmaron como perentorios. Cuántas mujeres había en cada sector relevante y encontrar el porqué de su escaso número fue la tarea de conteo que se emprendió. El diagnóstico fue que existía un “techo de cristal” en todas las escalas jerárquicas y organizacionales, puesto que, a medida que se subía de nivel, con formación equivalente, la presencia de las mujeres iba reduciéndose. Avanzaba el convencimiento de que los mecanismos de selección sólo eran aparentemente neutrales. Entonces comenzó a pensarse en la conveniencia de promover medidas que aseguraran la presencia y visibilidad femeninas en todos los tramos: discriminación positiva y cuotas.

En este terreno los mejores resultados se han obtenido por ahora en el seno de los poderes públicos, pero queda el reto de trasladar este tipo de acciones al mercado, lo que exigiría acuerdos políticos y sindicales bastante amplios. Ambos mecanismos, discriminación positiva y cuotas, pertenecen de suyo a las democracias cuando éstas prefieren incrementar los saldos igualitarios; por lo mismo suelen quedar fuera de los contextos liberales o ultraliberales. Son instrumentos, en el caso de las cuotas, para asegurar la llegada a los lugares seleccionados de aquellos colectivos que son sistemáticamente preteridos; es decir, imponen por cuota el cumplimiento de la meritocracia cuando la cooptación pura y simple no la asegura. La discriminación positiva, a su vez, intenta la imparcialidad en el punto de salida en lugar de en el de llegada; individuos afines pueden no ser tratados de modo afín para asegurarles un pequeño margen a favor en el inicio de la competición.

El feminismo de los noventa se ve abocado a estudiar la dinámica organizacional, lo que no quiere decir que abandone los temas de filosofía política general, sino que tiene la necesidad de iluminar, cada vez con instrumentos más finos, la micro política sexual. Nódulos y puntos de los poderes efectivamente existentes, formas económicas y relacionales, auto presentaciones y capacidad de expresar autoridad, etc, se convierten en parte de sus análisis, lo que da origen a trabajos minuciosos y sumamente informativos. Por este expediente el feminismo consolida su complejidad, al continuar siendo en esencia un igualitarismo doblado de una teoría de las élites. Por lo mismo, continúa siendo un resorte agitativo global que al mismo tiempo se está convirtiendo en una teoría política experta.

LOS RETOS DEL DOS MIL

Para dar entrada a las demandas de paridad planteadas parece claro que el marco teórico actual, todavía a grandes rasgos naturalista, debe cambiar. El naturalismo presente en la escena ideática de fin de siglo lo hemos heredado sin duda del pensamiento ilustrado como reacción al espiritualismo previo. Pero ha sufrido suficientes avatares como para haber cambiado varias veces de rostro: positivismo, eugenismo, sociobiologismo, etc. Sin embargo no es el paisaje corriente de las ideas globales y las concepciones del mundo de la Modernidad porque dé mejores explicaciones de algunos fenómenos que las explicaciones espiritualistas anteriores a él. El naturalismo corriente es sobre todo fundamento y resultado de las prácticas sociales corrientes, como ha demostrado cumplidamente M. Douglas. Si sobre tales prácticas -como ejemplo sobresaliente las que aseguran la jerarquía sexual- existe el disenso suficiente, tenemos al menos una buena razón para confiar en la decadencia futura del reduccionismo naturalista. Con todo, es tal su peso en la cosmogonía moderna que se necesitará un gran esfuerzo conceptual para cambiar de fondo y dejarlo atrás. Si el marco global continúa su iniciado giro hacia el dialogismo y la hermenéutica las posibilidades ya abiertas se ampliarán.

Por lo que toca a las sociedades políticas dentro del mismo marco de globalización, es evidente que las oportunidades y libertades de las mujeres aumentan allí donde las libertades generales estén aseguradas y un estado previsor garantice unos mínimos adecuados. El feminismo, que es en origen un democratismo, depende para alcanzar sus objetivos del afianzamiento de las democracias. Aunque en situaciones extremas la participación activa de algunas mujeres en los conflictos civiles parezca hacer adelantar posiciones, lo cierto es que éstas sólo se consolidan en situaciones libres y estables. Bastantes mujeres han descubierto en su propia carne que el hecho de arriesgar su seguridad o sus vidas para derrocar una tiranía no las pone a salvo de padecer las consecuencias de su victoria si el régimen que tras ella se instala es otra tiranía. Cualquier totalitarismo y cualquier fundamentalismo refuerza el control social y, desgraciadamente, eso significa sobre todo el control normativo del colectivo femenino. Por eso las medidas de decoro que toma una insurrección triunfante, -vestimentarias, de reforma de costumbres, de protección de la familia, de “limpieza moral”- siempre son significativas y nunca deber ser consideradas meros detalles accidentales. Montesquieu escribió que la medida de la libertad que tenga una sociedad depende de la libertad de que disfruten las mujeres de esa sociedad. Sólo la democracia, y más cuanto más profunda y participativa sea, asegura el ejercicio de las libertades y el disfrute de los derechos adquiridos. Por imperfecta que pueda ser, siempre es mejor que una dictadura de cualquier tipo, social, religiosa, carismática. En una democracia los cauces para la resolución de las demandas han de estar abiertos y por ello su presentación pública -aunque ello no signifique inmediato acuerdo- es condición previa de viabilidad y consenso. Los derechos adquiridos incluso en una situación tiránica se pierden, lo que indica el escaso consenso que habían logrado suscitar. Precisamente porque ninguna ley histórica necesaria rige los acontecimientos sociales, las involuciones siempre son posibles y nada queda asegurado definitivamente, la democracia es un tipo político que exige su constante defensa y perfeccionamiento, lo que puede hacerse desde las más variadas instancias, individuales o asociativas. Incrementar los flujos de participación -lo que supone favorecer la contrastación, el debate y el afinamiento argumental- siempre favorece la presentación en la esfera pública de los excluidos y sus demandas. Feminismo, democracia y desarrollo económico industrial funcionan en sinergia, de modo que incluso la comparecencia de feminismo explícito en sociedades que no lo habían tenido con anterioridad, es un índice de que están emprendiendo el camino hacia el desarrollo. El feminismo está comprometido con el fortalecimiento de las democracias y a su vez contribuye a fortalecerlas.

La entrada en las instancias de poder explícito sigue siendo una tarea en curso. Los sistemas de cuotas -formales en unas fuerzas políticas e informales en otras- han contribuido a que todas las listas presenten un número mayor de mujeres que el que habría producido una cooptación sesgada. A pesar de sus defectos, y los tienen evidentes deben seguir aplicándose precisamente porque hasta el momento presente no se puede asegurar la imparcialidad en los mecanismos de la cooptación.

No existen para colocar mujeres donde no las hay -eso sería discriminación positiva- sino para evitar que la cooptación sesgue en función del sexo. El poder explícito y legítimo, cuyo primer analogado es el poder político dentro de las democracias, sirve sobre todo al objetivo de la visibilidad. Hace visible la calidad real de los logros curriculares alcanzados. El sufragismo, en su empeño por los derechos educativos, cubrió el tramo más fuerte y decisivo del camino a la paridad. La visibilidad sólo intenta que ese hecho antes impensable, la educación igual y los resultados con medida meritocrática de las mujeres, sea sistemáticamente obliterado u ocultado “como si todo siguiera igual”. Las cuotas sirven para atajar dos conductas recurrentes por las cuales el privilegio masculino se reproduce: la invisibilización de logros y la discriminación de élites.

El feminismo es también un internacionalismo y también lo ha sido desde sus orígenes, como aplicador que es de la universalidad ilustrada en su doble vertiente, como panmovimiento y como universalismo político-moral. Esto requiere al menos tres instancias de acción dentro del progreso hacia un mundo globalizado. Debe entrar en el debate del multiculturalismo. Debe buscar presencia en los organismos internacionales. Y debe apoyar la posibilidad de una buena rápida acción internacional.

El multiculturalismo, que se acoge fundamentalmente al concepto de diferencia y al derecho a exigir el respeto por esa diferencia, cuando se alía con el comunitarismo puede pretender hacer legítimos y argumentables rasgos sociales de opresión y exclusión contra los que el feminismo se ha visto obligado a luchar en el pasado. Para prestar asentimiento a las posiciones multiculturalistas el feminismo puede y debe cerciorase del respeto de éstos a la tabla de mínimos constituida por la Declaración Universal de Derechos Humanos, a poder ser complementada por las declaraciones actualmente en curso de derechos de las mujeres.

Del mismo modo la presencia y visibilidad de las mujeres en los organismos internacionales debe aumentarse, así como la capacidad de acción de las propias instancias internacionales de mujeres, ya sean partidarias o foros generales. Las experiencias habidas en conferencias internacionales, declaraciones y foros indican la voluntad de presencia en el complejo proceso de globalización, así como la capacidad de marcarle objetivos generales ético, políticos y poblacionales. Por otra parte la presencia del feminismo en las mismas instituciones internacionales asegura también la adecuación de los programas de ayuda en función del género, así como su eficacia. En un momento en que los estados nacionales no son ya el marco adecuado para resolver gran parte de los problemas porque éstos se plantean a nivel mundial por encima de su capacidad de acción individual, el contribuir a la capacitación, mejora y empoderamiento de las instituciones internacionales contribuye a la causa general de la libertad femenina.

El asunto de la buena y rápida acción internacional se vincula, además, con el escabroso tema de la violencia. Las mujeres no están esencialmente comprometidas con la paz. Aunque hasta una filósofa tan crítica e ilustrada como Beauvoir haya llamado al varonil el sexo que mata y al femenino el sexo que da la vida, eso no pasan de ser apelaciones retóricas que sólo cierta mística diferencialista puede tomar como si fueran conceptos. Pero, aunque no sean esencialmente pacíficas ni tampoco lo sean funcionalmente en un sistema jerárquico patriarcal -porque cada mujer usa su capacidad de violencia con quienes sean débiles aunque de su mismo sexo y porque la disposición atomizada hace que cada una, con independencia de su voluntad, apoye la violencia de los varones propios- en una sociedad imparcial las mujeres nada tienen que ganar con la violencia. La democracia, que es ella misma una manera de evitar la violencia y remitir al principio de mayorías éticamente guiado las decisiones, que en ocasiones puede y debe ser violenta hacia el exterior, tiene que deflactar al máximo la violencia interna. Y no termina su acción cuando evita la violencia política y civil, sino que está obligada a preservar a sus ciudadanos lo más posible de su capacidad de violencia mutua. Esto es, tiene el deber de ser segura. Por otra parte, el florecimiento de formas suaves de vida es sólo esperable allí donde la violencia externa e interna del estado no ocupe demasiado lugar en el imaginario colectivo. La paz vuelve “femeninos” a los pueblos, decían ya los historiadores romanos conservadores, Y esto que ellos escribían como una severa crítica, podemos afirmarlo como una firme convicción de las democracias avanzadas. Los valores que la paz promueve, la convivencia, el cuidado, los placeres..no son esencialmente femeninos, sino que son apetencia común en sociedades que pueden permitírselos. Dejo para mejor ocasión profundizar este tema porque, por su enjundia, no cabe despacharlo sin más. Pero adelanto que el feminismo puede constituirse en garantía de paz, del mismo modo que está absolutamente empeñado en la desaparición de la violencia de género y las violencias individuales. Pueden las mujeres libremente reclamar las armas dentro de los ejércitos y puede el feminismo colectivamente exigir una sociedad pacífica e internamente desarmada. Allí donde la capacidad de ejercer violencia es todavía un valor, las mujeres tienen muy poco y son sus víctimas.

Gran parte de los tramos de acción presente y futura hasta ahora enumerados se dejan resumir en tres: variación de marco conceptual, aumento de la capacidad de acción y reparación de los déficits cuantitativos. Quisiera, por último, señalar algunos objetivos inmediatos que despejen en efecto el camino a la paridad. Enumeraré al menos tres de ellos. El primero es solventar también el déficit cualitativo. No podemos pensar que la discriminación de élites no forma parte de los déficits cuantitativos, aunque de suyo es un déficit cualitativo. Y en este momento en particular fortísimo. Dado el actual nivel de formación y preparación curricular de la población femenina, su fracaso masivo -y en esto los números que se comenzaron a hacer en la década anterior son rotundos- no puede producirse sin voluntad expresa de que ocurra ni sin voluntades operativas que lo persigan. El techo de cristal se sigue produciendo y reproduciendo en el conjunto completo de los sectores profesionales.

El segundo iluminar la ginofobia del mercado y desactivarla. Las mujeres resultan ser los sujetos peor parados en el sistema del mercado -en apariencia indiferente- con menores posibilidades de empleo, con peores empleos y con tareas a menudo muy por debajo de su capacidad individual. Ajustar el mercado a la meritocracia para el caso de las mujeres es una tarea primordial. La actual generación de mujeres de treinta años soporta, como ninguna en el pasado, una discriminación continua que, además, tiene muy poco de sutil. Esa generación, la de mayores logros y mejores tasas educativas que hayamos tenidos nunca, está sufriendo, por el momento, un auténtico desastre.

Y, en tercer lugar, hay todavía un grave déficit de voluntad común. El feminismo no es sólo una teoría ni tampoco un movimiento, ni siquiera una política experta. Siendo todo eso, ha sido y es también, lo digo a riesgo de repetirme, una masa de acciones, a veces en apariencia pequeñas o poco significativas. Cada vez que una mujer individualmente se ha opuesto a una pauta jerárquica heredada o ha aumentado sus expectativas de libertad en contra de la costumbre común, se ha producido y se produce lo que podríamos llamar un “infinitésimo moral” de novedad. El feminismo ha sido y es esa suma de acciones contra corriente, rebeldías y afirmaciones, que tantas mujeres han hecho y hacen sin tener para nada la conciencia de ser feministas. Esto es, tales acciones se realizan sin la conciencia de una voluntad común.

Creo que en este momento y en esta tercera ola del feminismo al que pertenecemos , que es la que da paso a un tercer milenio, las mujeres pueden ser ya capaces de forjar una voluntad común relativamente homogénea en su fines generales: conservar lo ya hecho y seguir avanzando en sus libertades. Pertenezcan a la parte del espectro político que pertenezcan, las mujeres presentes en lo público tienen el deber y la capacidad de elaborar una agenda de mínimos consensuados. Si se esfuerzan por lograr fraguar esa voluntad común, todas las mujeres lograremos nuestros fines con mucho menor esfuerzo -aunque sólo sea emocional- del que hasta ahora a nuestras predecesoras les costó conseguir lo que nosotras tenemos.

Pienso que cada tiempo cubre su etapa y nosotras, que vivimos de lo que otras y otros nos consiguieron, tenemos que cubrir la nuestra. Tenemos por delante el reto general de la paridad que implica resolver varios desafíos parciales: La formación de una voluntad común bien articulada que sabe de sí, de su memoria y de los fines que persigue. La iluminación de los mecanismos sexistas -cuando no ginófobos- de la sociedad civil, el mercado y la política. La elaboración común de una agenda de mínimos que evite pérdidas de lo ya conseguido y refuerce el asentamiento de logros. Y la resolución del déficit cualitativo que, en el momento presente, es una vergüenza para la razón.

Para tal resolución los mecanismos de paridad son condición necesaria, pero no suficiente. El salto cualitativo, tan habitual en el discurso dialéctico de los setenta, necesita de los acúmulos cuantitativos, que ahora suelen llamarse “masa crítica”, pero no se resume en ellos. Finalizada la dinámica de las excepciones, sería una trampa caer en patentizaciones exclusivamente cuantitativas. Estas dejan incólume el principio de excelencia que es, bien al contrario, un valor del que hay que apropiarse.

*Este Artículo forma parte del libro Los desafios del feminismo ante el siglo XXI (Amelia Valcárcel y Rosalia Romero (eds.), col. Hypatia, Instituto Andaluz de la mujer, Sevilla, 2000,pags.19-54). Fuente: PoliticasNet

 

Verano sin vacaciones.

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Habitualmente el verano es una época de vacaciones, de relax y de tratar de descansar de aquellos trabajos que llevamos meses desempeñando y de los que ya necesitamos tomar distancia y recargar las pilas.

Yo, por el contrario, es cuando más trabajo me impongo.

Este mes de julio ni siquiera había hecho una entrada en el blog… y eso es algo muy pero que muy raro en mí.

Por mis circunstancias personales, en verano no trabajo fuera del hogar, lo cual me debería permitir tener tiempo libre, pero ocurre que es cuando más tiempo tengo para escribir y estudiar, algo que durante el resto de año tengo que ir compaginando con ese otro trabajo menos creativo y que me ayuda a pagar las facturas como a todo hijo de vecino.

Para estos meses me he impuesto dos cursillos online que aún no he podido terminar, sigo de lleno metida en la redacción de mi novela y además estoy metida de lleno en un ensayo el cual, si todo va bien, quiero presentar a concurso, con lo que, me urge terminar su estudio, su redacción y corrección antes de que el tiempo se me eche encima y no llegue a los plazos estipulados.

No es que tenga el blog abandonado…sino que tooooda mi persona esta abandonada, soy una maquinita de escribir y de pensar y creedme que aunque es agotador, también es muy gratificante. Diría que proporcionalmente gratificante.

Prometo tratar de hacer nuevas entradas en cuanto tenga un poquito de tiempo… el problema es que el tiempo es algo tan relativo….

 

Charlas de feminismo y literatura. Parte I Protofeminismo

Cuando hablamos de feminismo y literatura, lo primero que hay que tener en cuenta es el hecho de que la mujer ha permanecido apartada de la cultura y ha sido invisibilizada socialmente durante siglos, incluso en ciertos momentos históricos, les ha sido negada la educación superior o cualquier tipo de alternativa cultural.

El posicionamiento dentro de la literatura universal de las mujeres es relativamente reciente y obedece a cambios sociales y a la evolución lógica del pensamiento, eso sí, auspiciada por movimientos feministas que tratando de dar respuestas concretas a los problemas sociales fueron abriendo puertas.

Para comprender la evolución de la mujer dentro de la literatura hay que revisar los movimientos feministas en cada momento de la historia.

Los estudios de las mujeres han de cubrir, necesariamente, una información que complete la historia de la humanidad ya que la mujer siempre ha quedado fuera del discurso histórico y ha estado subordinada legal e ideológicamente al hombre o bien, ha sido constantemente omitida.

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Agatha Christie, quien, obviamente, no necesita presentación.

 

 

 

 

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Danielle Steel, con cientos de novelas románticas que además son Best Sellers.
nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - stephanie meyer
Stephanie Meyer autora de la saga Crepúsculo
nina peña - literatura - feminista - mujeres - e l james
E. L- James, autora de la famosísima saga “50 sombras de Grey”

Incluso hoy en día, en que las mujeres tienen mucha más presencia literaria siguen existiendo casos de cierta discriminación considerando que el discurso femenino no forma parte de las  grandes obras y sí de aquellos géneros narrativos que pueden ser considerados menores como es el caso del policiaco donde siempre ha reinado Agatha Christie, el fantástico como Crepúsculo que lo escribió Stephanie Meyer, erótico como las famosísimas 50 sombras de Grey escrito por E. L. James, o romántico como Danielle Steele .

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - j k rowlingTomando como ejemplo uno muy conocido, J. K Rowlling, hay que destacar que en primer lugar, la escritora firmó con sus iníciales para que el hecho de ser mujer no lastrara el libro, en segundo, que el género es considerado un género menor, fantástico y juvenil, y tercero que incluso siendo Best Seller, cuando se habla de su enorme éxito se hace desde una perspectiva de excepcionalidad. Cuando hablamos de Best Sellers escritos por hombres suena muy normal mientras que si está escrito por una mujer se recalca que lo ha escrito una mujer, como si eso no fuera algo reglamentario y posible.

Dentro de la literatura escrita por mujeres se dan dos casos concretos y diferenciados. Uno es que la mujer adopte un discurso femenino y otro es que no se posicione en absoluto y escriba desde la misma perspectiva que pueda hacerlo un hombre y que cultive un género literario que no busque ninguna voz femenina, como podría ser Agatha Christie o J.K Rowling creando una literatura universal y un lenguaje ya utilizado por los hombres desde siempre.

Sin embargo, en otros géneros, las escritoras tratan de encontrar una voz propia, un discurso para el que no siempre vale el vocabulario ni la voz prestada, que no trata de aunar o igualar algo que ya hicieron otros sino posicionarse como mujer, legitimar una propia voz y un discurso propio que aborde las experiencias, los aspectos psicológicos, sociales, espirituales o políticos que nos importan realmente.

La estrategia literaria de esas mujeres es revisar los conceptos comúnmente aceptados, destruir y reconstruir imágenes o estereotipos que hemos ido heredando de la literatura masculina.

La voz propia de muchas escritoras actuales no sería posible sin la voz de sus predecesoras, de otras mujeres que en distintas oleadas de pensamiento, fueron a su vez escribiendo. Formando en un millón de gestos y palabras, las corrientes de pensamiento que en una revolución lenta pero constante nos han llevado hasta nuestros días.

Según Samara de las Heras, “el feminismo es toda teoría, pensamiento y práctica social o jurídica que tiene por objetivo hacer evidente y terminar con la situación de opresión que soportan las mujeres y lograr así, una sociedad más justa que reconozca y garantice la igualdad plena y efectiva para todos los seres humanos”.

 

Antes del feminismo. Empezamos por el principio.

Incluso antes de que el feminismo existiera como tal, hubo escritoras que manifestaron su malestar por la situación de la mujer en la sociedad y trataron de denunciar su discriminación, si bien, casi todas ellas fueron casos excepcionales y pertenecieron a los dos únicos grupos sociales que tenían cierta oportunidad de acceder a la cultura; las religiosas y las aristócratas.

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - hildegrandaSanta Hildebranda de Bigen cultivó casi todas las artes además de la literatura sacra y se considera protofeminista al escribir allá por el año 1100 sobre su visión y actitud práctica del papel de la mujer en la sociedad. Como curiosidad hay que recordar que fue la inventora del esperanto y se considera la primera persona que describió un orgasmo al hablar de sus visiones místicas.

Hacía 1405, es publicada La ciudad de las damas, de Cristina de Pizán que dio pie a los conocidos debates de la querella de las mujeres.

 

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - teresa de jesus

En el s. XVI tenemos a nuestra más célebre santa, Teresa de Jesús, que es considerada la primera feminista de la historia de la iglesia, aunque esta imagen fue tapada durante siglos por la curia. Teresa fue una mujer libre, independiente, fuerte y emprendedora de reformas eclesiásticas, crítica con la posición de la mujer desde afirmaciones en sus libros como “el mundo nos tiene acorraladas”. Fundó 17 conventos con sus reglas particulares y 2 escuelas para niñas, las carmelitas descalzas.

 

 

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - maria de zayasEn pleno siglo de oro, compañera de Quevedo, Góngora y Lope, María de Zayas fue una célebre dramaturga de la que hoy pocos hablan.

Cultivó la picaresca y en sus obras hay un claro componente de denuncia social, una desenvoltura muy liberal de sus personajes femeninos.

Crítica con la moral y la virtud impuesta, denunció la falta de estudios en las mujeres de la época. Cabe decir que sus escritos fueron condenados por la inquisición.

nina peña - libros - literatura - feminismo - mujeres - juana ines de la cruzUna de las protofeministas más reconocidas es Sor Juana Inés de la cruz, nacida en México y de familia aristocrática formó parte de la corte del virrey de México hasta que al no poder estudiar en la universidad como ella pretendía, le propusieron tomar los hábitos, la única alternativa posible al matrimonio. Cultivó el teatro, la comedia, poesía, compuso villancicos, y autos sacramentales. Algunos estudiosos dicen que no es posible hablar de feminismo en su obra y que la monja, simplemente, trataba de defenderse en sus versos, otros hablan de que utilizó una voz neutra que le permitiera expresarse pero la mayoría de estudiosos, sabiendo que el feminismo es más que lo que decimos, sino también lo que hacemos y lo que pensamos, ven en Juana las pinceladas de feminismo necesarias. En la obra lírica de Sor Juana, por primera vez, la mujer deja de ser el elemento pasivo de la relación amorosa y recupera su derecho, usurpado por los hombres. Habló levemente de la menstruación y de la lactancia recalcando el papel de la mujer en el proceso del ciclo de la vida que consideraba un bien divino, rompe con los cánones establecidos para la literatura femenina y logra crear un universo literario y filosófico donde la mujer adquiere mayor protagonismo y donde ella puede disertar sobre el rol social de las mujeres, aunque siempre pegada al momento histórico en el que vive. Según Octavio Paz, “gracias a su inteligencia, usando las mismas armas que sus detractores, acusa a los hombres de los mismos vicios que ellos achacan a las mujeres”.

Sus versos feministas más famosos:

Hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón/ sin ver que sois la acción/ de lo mismo que culpáis.