COMO AMAN LOS POBRES. Un poema de Gata cATTANA

No aman de igual forma
los ricos y los pobres.

Los pobres aman con las manos.
Los pobres aman en la carne y con gula,
en las peores estampas,
en condiciones famélicas y con
todo en su contra.

Los pobres aman sin bonitos decorados.
Entienden de lunes y de tedios domingueros
y de gastos imprevistos
de facturas y de angustias
que embisten
mes a mes
a quemarropa.

El amor de los pobres
no sale por la ventana
aunque el dinero entre
por la puerta,
(que nunca entra),
(aunque no haya ventanas).

Los pobres han aprendido
a amarse a oscuras por eso mismo.
Han aprendido a amarse malalimentados
malvestidos, malqueridos,
porque el hambre agudiza el ingenio
y en sus jardines también crecen las flores
(aunque no haya jardines).

Los pobres han aprendido a aprovechar
los vis a vis, entre jornada y jornada
de trabajo,
(aunque no haya trabajo)
y saben darse placeres nunca tasados
de valor incalculable
y han aprendido a disfrutar las circunstancias
y la sopa de sobre,
el viejo colchón y la cuesta de enero.

Y parece que su amor se yergue
indestructible a pesar de,
a pesar de las miles de plagas,
de los sueños frustrados y fracasos andantes,
de las crisis cíclicas y de hambrunas y de guerras,
más valiente que Heracles,
más Odiseo que Odiseo.

Y parece que su amor se extiende y se multiplica
al ritmo que se multiplican los pobres,
al ritmo que se multiplican los infortunios
y los desastres naturales que golpean
siempre en las casas de los pobres.

Y ese amor está a la altura de Urano,
a la altura de Urano y de Gea juntos,
y es la única arma
que tienen los pobres
para defenderse.

Por eso han aprendido a cultivar flores
y a cantar bien sus penas
y han inventado las mejores obras
y los mejores instrumentos.
Por eso entienden de arte y saben
encontrarlo donde lo haya,
aunque no lo haya,
(que siempre lo hay).

Y han aprendido a aprovechar el carisma
y la jerga,
y a escribir poemas inmortales
sobre amores complicados,
y saben de cosquillas,
y saben de boleros
y saben de desnudos
y de darlo todo,
que no es más que lo puesto,
las manos y la lengua
la forma de otear al horizonte
y los cánticos en contra del patrón.

Yo siempre he amado de esta manera.

Yo te amo como aman los pobres
y me temo
que durante mucho mucho tiempo
esto seguirá siendo así.

Pareja de Pobres de Pablo Picasso (1881-1973, France) | | WahooArt.com

Poemas como este, de Gata Cattana, han sido retirados de las aulas por una jueza de Castellón. Quizá es que los abogados cristianos, que son quienes han interpuesto la denuncia, no quieren que nuestros hijos lean esto: suena a rojo, a feminista y a irreverente.

Momento de reivindicarlo, entonces.

Siempre es momento de reivindicar poemas.

Tu luz en la oscuridad

Capítulo primero

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Aquella no podía ser su voz y el aroma que percibía no podía ser su perfume.

El color oscuro de la cabeza que estaba reclinada frente a ella no podía ser el color oscuro de su pelo y los labios que se habían posado imperceptiblemente sobre su guante durante un segundo no podían ser sus labios, aunque de la misma forma le había llegado su calidez, su aroma a café y le habían acelerado su corazón marchito.

No alcanzó a ver bien los rasgos de su cara porque se retiró a un lado casi en el mismo momento en que levantó la cabeza después de la escueta presentación, y apenas pudo retener su nombre en la memoria como constatación de que en efecto no era él.

No. Aquel hombre no era él.

Él había muerto.

Y sin embargo tras tantos años creyó que lo había encontrado de nuevo entre la multitud de gente que ocupaba la iglesia como si en lugar de venir del más allá hubiera llegado por sorpresa de algún viaje de negocios.

Ocupó su lugar de siempre junto a  su madre y fijó su mirada vacía en el púlpito, donde el sacerdote comenzaba a oficiar la misa de todos los domingos.

Se sabía de memoria las frases, los cánticos, las oraciones y la liturgia no solo por las veces que la había visto repetirse una y otra vez, si no porque absorbía esa información en los silenciosos rumores de las personas que, junto a ella, presenciaban el servicio dominical y que le servía de guía para no perderse en medio de tanta y tanta ceremonia sagrada que no podía ver bien.

Notó la fila de bancos frente a ella más llena que de costumbre y se preguntó quién era la persona desconocida y a la vez familiar que ocupaba la fila de la familia Court, pero no solicitó a nadie una respuesta ni dejó que su pensamiento la distrajera, como si hubiera corrido un velo a lo largo de su recién nacida curiosidad, aunque luego cayó en la cuenta de que era la persona a la que había saludado al llegar y que le había causado tan caprichosa sensación de regresión.

Estudió al extraño que estaba delante de ella con una curiosidad excepcional.

Su pelo oscuro, su espalda ancha, su traje negro y su altura casi pecaminosa.

Sus formas masculinas.

No podía distinguir nada más que su figura oscura y algo amenazante en su virilidad.

Por un segundo recordó su aroma a café y perfume,  la calidez de su mano y sus labios sobre su guante.

Sus ojos ya no se levantaron del libro de salmos.

Le producía una extraña sensación pensar que estaba examinando, intentando ver a un hombre que no era su marido.

Era  inmoral.

Hizo a un lado sus pensamientos y dejó que las palabras del sacerdote resbalaran en su mente sin dar ni una sola vuelta a su posible significado. Efectúo los ritos de todos los domingos y de todas las misas, repitió las mismas frases de siempre y se resignó a vivir un día más entre aquellos que la miraban, murmuraban y la hacían sentir como si cada día que pasaba fuera un día robado, un día que a ella no le pertenecía vivir.

Y ni una sola de las veces pudo dejar de notar aquella presencia que parecía ocuparla por entero en sus cavilaciones.

Se  estaba ahogando.

Deseaba volver a casa y encerrarse en su habitación hasta la hora de comer, quitarse el corsé que la apretaba, el sombrero con tul negro que le impedía ver todavía  menos de lo habitual y descalzarse sobre la alfombra.

Tal vez destapara la botella de perfume guardada en el baño y dejara a su imaginación volar al pasado perfecto que había sido su vida.

Una absoluta y poderosa necesidad de calor humano se enroscó en su vientre hasta casi hacerla gemir, pero se obligó a contenerse y a dejar que el dolor acuciado por ella fuera imperceptible para todos.

Nada se filtró al exterior.

Nada resquebrajaba su rostro pétreo.

Nada daba de sí al mundo salvo su sombra.

Y poco o nada le aportaba el mundo a ella salvo miradas de escarnio y culpabilidad que cada vez le era más difícil tolerar.

Como era costumbre cada domingo, se despidieron de sus amistades frente al pórtico de la iglesia al finalizar los oficios y comenzaron a caminar a ritmo de paseo.

Si se habían entretenido un poco más de lo habitual hablando con la familia Court no le dio demasiada importancia.

Su madre siempre se entretenía demasiado cuando había un buen motivo para el parloteo incesante y las novedades sociales que ella desoía a propósito solo para enfrentarla calladamente.

Ella se había querido acercar a Violet Court, su única amiga verdadera, pero la imagen intimidante de aquel hombre a su lado se lo impidió. Se marchó tomada del brazo de su progenitora sin haber dicho ni una sola palabra en toda la mañana.

— Es encantadoramente escandaloso— oyó que decía su madre y, como siempre, ni siquiera mostró interés en saber que era tan absolutamente desvergonzado a aquellos ojos que creían saberlo todo.

—No es lógico que un hombre vuelva a la ciudad donde vive su familia y no se instale en casa de los padres, sobre todo si se supone que ha regresado para cuidar del patrimonio familiar y de la salud de su hermano, aunque sea alguien como Gerard Court.

Al oír ese nombre levantó la cabeza.

Ese era el nombre que le habían dicho en la iglesia.

El del hombre de pelo oscuro y labios cálidos que le habían presentado al entrar.

El hermano de Violet. Creía recordarlo muy brevemente.

Su cabeza era un caos que sus ojos no podían ayudarle a desvelar.

—Aunque tal vez sea precisamente él, por ser quién es, quien tenga que dar que hablar más que nadie…

La vida de aquel hombre era conocida hasta el último detalle.

O hasta el último escándalo.

—Y ahora, después del todo vuelve aquí para hacerse cargo del patrimonio familiar. ¿Te he contado lo del escándalo?

Elizabeth negó con la cabeza y se negó a seguir escuchando la voz de su madre más tiempo mientras desentrañaba la serie de enredos que se supone que el hombre arrastraba.

No le importaba, como todo.

Era la voz de él la que la perseguía por encima de su oído.

Su perfume lo llevaba clavado en su nariz como si él estuviera delante de ella en ese instante y su cabeza inclinada, su aroma, su saludo cortés y ardiente, volvía una y otra vez a su memoria.

Su figura imponente y oscura frente a ella en el tabernáculo y junto a su amiga en el pórtico… no podía dejar de ver aquello que en realidad sus ojos no habían visto.

No podía dejar de pensar en que esa mirada, que no llegaba hasta ella con claridad, era mucho más significativa de lo que había parecido.

Estaba comenzando a creer que sus sentidos comenzaban a desarrollarse a la par y de forma inversa a la pérdida de visión. Esa mirada le había quemado y le había puesto alerta, pero el cómo pudo percibir algo que no veía y de lo que ni siquiera su madre, con su mirada perfecta y avispada no se había percatado antes que ella, era un completo misterio.

— Por eso te decía que no es lógico que se haya puesto a vivir solo, y tan cerca.

—A veces uno desea estar solo y alejado de la familia—  contestó Elizabeth sacando la voz por primera vez en todo el día. Su madre no cayó en la cuenta de que había expresado una opinión, ni siquiera de que había dejado su mudez dominical de forma repentina.

—No digas tonterías.

Agachó la cabeza y siguió paseando tomada del brazo de su madre.

Solían aprovechar los domingos después de misa, cuando hacia buen tiempo, para pasear y estirar las piernas. La vuelta a casa solía ser una triste peregrinación por los asuntos ajenos.

Asuntos que no le importaban ni lo más mínimo.

Tan apartada estaba de la vida social de aquel lugar.

—El viernes se celebra el primer baile de la temporada. Está claro que esto no es la capital y nunca será igual, pero creo que deberíamos ir. Tienes que incorporarte a la esfera social a la que perteneces, salir, divertirte, olvidar esos trajes negros, eres aún tan joven…  ya hemos recibido las invitaciones.

— Yo no voy a ir madre— volvió a usar su voz por segunda vez ese mismo día. Una proeza que su madre tampoco notó.

— Tonterías. Claro que irás. Ya ha pasado mucho tiempo, mucho más de lo habitual y la gente habla, ¿sabes querida? Tu ausencia comienza a ser un poco… ¿cómo decir? demasiado notoria, sobre todo si dejas que tu pobre madre acuda sola a todas partes tal como has hecho hasta ahora. Además me han insistido fervientemente en tu presencia, hija.

Ya había pasado mucho tiempo pero no el suficiente. Nunca sería suficiente.

¿Y quién había insistido en que ella fuera a un baile?

— A ti no te molesta ir sola y a mí no me importa quedarme sola. De hecho agradezco tener ciertos momentos de intimidad.

Se asombró a sí misma volviendo a hablar por tercera vez.

— Tonterías. ¿Para qué vas a estar sola tanto tiempo? ¿Para seguir llorando?

 Ya no volvió a hablar el resto de trayecto y dejó que su madre siguiera llevando el peso de la conversación sobre lo que convenía o no convenía hacer, sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre lo divino y lo humano y sobre las fuerzas que escapaban a su control como al de cualquier otro ser.

— Tú no tuviste la culpa. Fue un accidente. Aunque si no hubieras pretendido hacerte la dama moderna, como esas que viven en la capital, y no hubieras insistido en aprender a manejar esa máquina del infierno, tu marido y tu hijo estarían aquí. Pero no te puedes pasar la vida culpándote, ¿no es cierto?

— Sabes que yo no quería aprender a manejar ese auto, madre…

No lograba saber si esa frase la había dicho en voz alta ni si ella había llegado a escucharla.

Elizabeth dejó a su madre en la puerta de casa y se dio la vuelta caminando muy lentamente hacia la parte trasera del jardín en dirección al bosque, repitiéndose mentalmente que ella no quería,  nunca había querido conducir un coche moderno. Jamás lo hubiera hecho si él no hubiera insistido, si él no hubiera comprado esa máquina diabólica importada, si él no hubiera sido un apasionado de los inventos y de los lujos, si él no hubiera buscado la notoriedad social, si él…

Su rostro y sus hombros estaban desafiantemente alzados.

Era la primera vez en siete años que no se echaba la culpa a sí misma del accidente, pero ¿a quién pretendía engañar?

Solo ella era la culpable de todo lo ocurrido.

Aún se preguntaba por qué su madre utilizaba ese sentimiento de culpabilidad contra ella a la más mínima oportunidad. Por qué no le daba una tregua y la dejaba recuperarse a su manera.

Y sobre todo se preguntaba por qué ahora, desde unos meses atrás, su presencia le resultaba intolerable. De dónde había salido esa rebeldía y esas ganas de huir que sentía en momentos como este.

El luto por su padre había finalizado hacía meses.

Tal vez era hora de que su madre volviera a su casa, pero nunca sacaría el valor necesario para decírselo, sobre todo sabiendo que, cuando la oscuridad la ocupara por entero, sería una persona completamente dependiente de la buena voluntad de los demás y seguramente de la única que podía depender era de ella, como si lo suyo en lugar de una ceguera fuera una vuelta a la niñez.

El bosque estaba húmedo y frío pese al buen día de sol. Las sombras espesas de los árboles se alargaban frente a ella y tapaban los rayos cálidos que ambicionaba sentir en su piel.

Cerró los ojos y levantó la cara al cielo para intentar retener cada una de las suaves caricias que se desprendían de un cielo limpio y claro, un viento suave y perfumado que olía a primavera por primera vez. No sabía cuando sucedería, pero llegaría un día en que el mundo se reduciría a esas simples y, al mismo tiempo, complicadas sensaciones.

Adivinaría la hora del día por la caricia del sol y la estación por el aroma del viento, sabría si es tarde o mañana por la humedad que se podía desprender de las plantas y los arbustos de su jardín, y tendría que comenzar a indagar en el tacto para poder reconocer aquellas cosas que eran palpables y no tan etéreas como el aire o el perfume de un bosque. Reconocería las plantas por las nervaduras de sus hojas, las flores por la suavidad de sus pétalos o la forma de sus pistilos y no solo por el aroma embriagador de cientos de flores que sin duda comenzaría  a poder distinguir una a una en poco espacio de tiempo aunque florecieran todas a la vez en los parterres y los tiestos; sabría cuando era otoño por la humedad y el olor del polen de los cipreses; reconocería la llegada de la primavera por las rosas y el polen de los cerezos, el invierno no solo por el frío si no por el olor incisivo de los cítricos y el verano por el olor a calor.

Tal vez hasta podría distinguir el aroma de las personas y conocerlas o escucharlas llegar mucho antes de verlas, pero sus sentidos aún no se habían desarrollado tanto.

No vio al hombre hasta que se cruzó con él.

La hierba estaba alta por las lluvias caídas en del invierno y las sombras oscuras de los árboles se alargaban a través del camino provocándole visiones de figuras sin definir.

Había creído oír el susurro de pasos y sobre todo, había creído oler el aroma de aquel perfume pero con un matiz distinto que no acertaba a adivinar.

Se engañó a sí misma diciendo que ,tal vez, la noche anterior una gota de perfume había resbalado por el frasco que guardaba como recuerdo dejando huella en su nariz y por eso no podía dejar de olerle, sin embargo, la realidad es que aquel hombre y su halo perfumado estaban frente a ella en ese preciso instante.

Tenía que dejar de ver las cosas con los ojos y comenzar a creer que sus otros instintos se estaban desplegando de forma más precisa ya que, si se dejaba guiar solo por la vista, decididamente ésta comenzaba a engañarla.

— Buenos días—. El saludo fue escueto y simple.

Ella no contesto. Agudizó la vista entrecerrando los ojos para intentar ver algún rasgo, pero el hombre estaba demasiado lejos.

Pensaría que era una maleducada o que estaba un poco ida, como pensaban todos los que una vez la conocieron antes, pero no le importaba.

Solo quería ver su cara de cerca y saber por qué esa voz la había hecho tener un escalofrío por la espalda en ese preciso instante y porque no se había podido librar de pensar en él desde que los presentaran en misa.

Entornó más los ojos y frenó su paso para centrar la imagen. Seguía estando demasiado lejos. Quería que se acercara más, pero jamás se lo pediría.

Sin embargo, él se acercó.

Se acercó hasta quedar justo en frente de ella.

— Buenos días— repitió.

No apreció ninguna inflexión en su voz, ni una sonrisa, pero el saludo era cortés y correcto entre dos personas que se encontraban.

Entre un hombre y una mujer. A solas. En medio de un bosque.

Su mano se levantó lentamente y él, igual que hizo en la iglesia, la tomó entre sus dedos y acercó sus labios al guante negro de raso. Sus labios le quemaron de nuevo con un roce tan liviano como el batir de las alas de una mariposa.

Siguió sintiendo el calor de sus dedos y de su boca aún después de poner su mano entre los pliegues de la falda. Tal vez para evitar que se enfriara tan pronto.

Hubiera seguido caminando tras saludarlo pero en lugar de hacerlo,  entornó más los ojos y levantó la cabeza para tratar de verle un poco mejor.

Sus rasgos se le escapaban  pero podía apreciar el conjunto. El pelo  oscuro, la línea recta y fuerte de su mandíbula, la forma ovalada de su rostro, la profundidad de unos ojos en los que no podía distinguir un color concreto, el  surco formado por los labios que imaginó plenos.

Armonioso. Tal vez bello.

Definitivamente olía a cítricos y a agua fresca, pero el sándalo de su fragancia había sido sustituido por otra cosa distinta. Nuez moscada tal vez.

Se acercó otro paso. Un paso que ya no era correcto ni cortés.

Solo entonces apreció el verde oscuro de sus ojos y la burlona sonrisa de unos labios que en verdad estaban llenos y se ladeaban suavemente hacia un lado.

Si de verdad  lo estaba viendo y no imaginando,  su rostro estaría demasiado cerca, tan pegado a su cara como el espejo que ella usaba para poder verse.

— ¿Me ve mejor ahora?— Su aliento  húmedo y caliente olía de nuevo a café como si acabara de desayunar en ese momento.

Sabía su secreto.

Tal vez Violet le había hablado a él de su enfermedad tal como hablaba con ella de la enfermedad de su hermano mayor…

El vaho aromático de su respiración le rozó la parte superior de su frente.

— ¿Qué hace vagando por mi propiedad?—  El tono de su voz no era amistoso ni cordial y supo que esta vez no podría quedarse callada sin decir nada. No sabía por qué pero le preocupaba lo que él pudiera pensar de ella.

No mucho tampoco. Pero lo suficiente.

— Disculpe—. Y lo dejó plantado en medio del bosque mientras se daba la vuelta para intentar encontrar el camino por el que había llegado hasta ese punto. Sus pasos se volvieron vacilantes al segundo y supo que no encontraría la senda de vuelta fácilmente.

Su madre, pese a todo, tenía razón. Era completamente inútil para moverse por sí sola sobre todo si una persona la ponía tan nerviosa y, sin embargo, siguió caminando.

Podía salir sola de allí sin problema aunque sus pasos fueran terriblemente lentos e indecisos.

Escuchaba las pisadas del hombre que tenia detrás y sentía sus ojos encima de ella.

Saldría del bosque en línea recta tal como había llegado y buscaría la referencia del enorme árbol que limitaba su propiedad, lejos aún de su jardín.

Desde allí vería la casa sin problemas.

Los pasos se acercaron apresuradamente y una mano la tomó por el codo parándola con suave firmeza.

— Permítame que la acompañe. No querría que corriera ningún riesgo o que se accidentara dentro de mi finca.

—No será necesario, gracias. Podré llegar yo sola.

— No correré ningún riesgo—. Sonrió encantadoramente pero ella no lo vio bien, solo lo sintió—. No querrá que las lenguas viperinas comenten que el libertino más famoso de estos lugares ha intentado seducir a la viuda más bella y triste de la ciudad y que esta se accidentó intentando proteger su virtud.

Impertinente.

Por un segundo se arrepintió de no haber escuchado los escándalos que su madre le había ido contando sobre él durante el trayecto de vuelta.

La sonrisa que creyó ver en sus labios no llegaba ni a la expresión de los ojos ni hizo mella en la inflexión de su voz.

— No soy la viuda más bella de la ciudad, no necesito que sea compasivo conmigo ni se esfuerce en otorgar una amabilidad que está lejos de sentir.

— No es compasión ni amabilidad. Es cuestión de vida o muerte—. Su cabeza señaló al suelo justo a su lado —.  Tiene el pie a un solo paso de una zanja. Un movimiento más y hubiera caído en ella.

Su voz esta vez sonó con una firmeza que no admitía réplica y sus dedos sobre su codo apretaron un poco más su contacto. Acercó de nuevo su cara a la suya. Su cabeza inclinada se quedó a pocos centímetros de la suya.

— Vamos, deje que la acompañe. 

Pudo notar como arrugaba levemente la frente y fruncía imperceptiblemente las cejas cambiando su expresión de amabilidad  a otra completamente distinta. La sonrisa ladeada e irónica en su boca tampoco llegó a sus ojos y su voz sonaba como si ella se estuviera comportando como una niña estúpida.

Le ofreció su brazo en un gesto impersonal y ella apoyó su mano enguantada en el  interior del codo.

— ¿Ve que fácil? Casi parece que la este invitando a un baile.

Caminaron largo rato bajo la sombra fría de los árboles en un silencio espeso e incómodo.

Podía notar la tensión creciendo en su interior y la rigidez embarazosa en el brazo de aquel hombre.

A cada paso era consciente de su contacto, de las largas piernas enredándose en un lado de su falda que se movía con el viento y del calor que despedía su leve proximidad.

Al final fue él quien rompió el silencio con una pregunta inquisitiva por la que ni siquiera se molestó en girar la cabeza.

— Dígame, ¿es necesario  seguir llevando un luto tan riguroso tras siete años?

Impertinente, molesto… y muy masculino. Su proximidad la intimidaba.

Nunca había sentido esa especie de poder emanando de alguien de una forma tan estentórea y marcada. Nunca nadie la había intimidado de esa forma y mucho menos le había hecho preguntas tan personales siendo prácticamente un desconocido.

— No es de su incumbencia si sigo llevando luto riguroso tras tantos años, pero ya que lo pregunta, no, no es necesario.

Él no se disculpó por haber sido tan brusco. Ella tampoco se disculpó por su contestación grosera.

— ¿Tanto lo echa de menos? A su marido, me refiero, no a su padre o a su suegro.

Ella no había dudado ni por un instante que solo se refería a él.

— Eso aún es menos de su incumbencia.

Sin duda su hermana le había puesto en antecedentes sobre su vida tras la salida de misa. ¿Cómo explicar que ese hombre conociera tantos detalles sobre ella si no era por medio de Violet?

— ¿De verdad lo cree así?— No fingía enfadarse por su desdén, al contrario, parecía disfrutar viéndola nerviosa.

— No entiendo porque debería ser de otra forma.

— Tal vez comience a serlo—. Su voz era un arañazo ronco— Me pregunto si de verdad llegó a conocer al hombre por quien lleva ese horrible vestido negro.

La rabia fue creciendo y atornillándose en su interior. No era suficiente que en un solo día hubiera roto su paz, que hubiera traído recuerdos antiguos como si fueran nuevos, sino que además se atrevía  a poner en tela de juicio todo lo que hasta ahora habían sido los pilares fundamentales de su vida.

— ¿Quién se cree que es usted?— Se reveló por completo a su impertinencia—. No voy a hablar con usted sobre mi vida matrimonial, Lord Court.

— Tal vez no ahora, no en este momento, pero estoy seguro que será así en un futuro no muy lejano, Lady Brockett.

La utilización de su titulo sonó como una bofetada y sus modales refinados como una máscara para cubrir intenciones ocultas. Se sintió atrapada.

Tenía ganas de gritar. Su rabia iba en aumento.

— De hecho— prosiguió sin esperar respuesta— estoy seguro de que le encantaría conocer esa parte de su matrimonio que por lo visto desconoce, aunque eso suponga darse cuenta de cómo ha malgastado su tiempo y su lealtad. Tal vez  debería comenzar a dejar de demostrar tanta devoción por alguien que no la merecía.

— ¿Está usted insultando a mi difunto esposo deliberadamente, milord? — Su enfado creció hasta ocuparla casi por entero.

Esperaba una disculpa.

¿Quién era ese hombre y porque le hablaba así?

— Sí. Estoy insultando a su esposo deliberadamente, pero eso no será nada comparado con lo que usted llegará a pensar de él cuando sepa toda la verdad.

La disculpa no llegó ni llegaría jamás de esos labios sacrílegos.

Sus pasos pararon en seco dejándola clavada sobre la yerba. Se giró en seco y hundió sus ojos en él como si de verdad pudiera ver cada uno de sus rasgos.

— Esta conversación ha ido demasiado lejos.

— Estoy dispuesto a que llegue mucho más lejos aún, pero la cuestión es hasta donde está usted dispuesta a llegar.

Acercó su rostro al suyo para que pudiera verlo bien y volvió a hablarle en un tono pausado lleno de rabia contenida.

— He venido por usted, lady Brockett. Me pregunto si está dispuesta a llegar tan lejos como llegó su marido.

— ¿Me está usted amenazando?

— No exactamente.

— Pero, ¿qué quiere usted de mí?— Había un tono de pánico en su voz.

Soltó su mano suavemente de su codo y volvió a poner sus labios sobre el guante como si aquella conversación nunca hubiera ocurrido entre ellos. Luego, aún más lentamente,  apoyó el raso negro de su mano en el gran árbol que lindaba con su propiedad.

— Volveremos a vernos, Lady Brockett.

— No. Creo que no volveremos a vernos milord.

Volvió a acercar su cara a la suya y esta vez sí sonrió. Pudo ver claramente la línea perfecta de sus dientes entre los labios.

Era bello. Su sonrisa era perfecta y arrebatadora, su voz un susurro hecho para algo más que amenazar y sus manos grandes, firmes y fuertes para mucho más que para solamente tomar las suyas… lo odiaba.

— Claro que sí. Nos veremos mucho antes de lo que usted se imagina.

Y ella no supo decir si se trataba de una amenaza o de una promesa.

Gerard la miró caminar casi a ciegas huyendo de él y de sus palabras. 

De repente sintió que tenía ganas de encerrarse en su nueva biblioteca y relajarse por primera vez en toda la mañana.

Cuando llegó a su casa fue lo primero que hizo. Miró fijamente la mesa donde se acumulaban los papeles, las facturas, los títulos de propiedad y tantas otras cosas que necesitaban una revisión y desde la enfermedad de su hermano habían estado medio abandonadas.

Le encantaba esa parte de la casa,  esa estancia en concreto, y no entendía como su familia había preferido vivir  en la otra parte de la ciudad cuando era mucho más cómodo y tranquilo vivir cerca del campo, en una vivienda mucho más hermosa aunque no tan señorial. Bueno sí lo sabía: el salón de baile y la sala de recibir eran mucho más grandes.

Sobre su mesa estaban las facturas que daban fe de la amplitud de la sala.

No pudo evitar preguntarse si Elizabeth acudiría a su primer baile tras siete años.

La trampa ya estaba preparada, había espoleado su espíritu,  despertado su curiosidad, las invitaciones estaban enviadas y las lejanas noticias del escándalo que rodeaba su vida eran motivo suficiente para crear la expectación necesaria que aseguraría un lleno completo.

La primera fiesta de Elizabeth. La última fiesta de Julián.

Tal vez.

La vida y la muerte enroscándose a ritmo de vals.

Le habían sentado bien los años a Elizabeth. Aún era tan bella como recordaba.

Pero sus ojos eran tristes.

Su piel ya no era rosada y fragante.

Ya no tenía quince ni dieciséis años.

¿Cómo había sido su vida desde que él dejó la ciudad?

Su matrimonio, su viudez…

¿Cómo había sido estar casada con el hombre que él más odiaba?

Compartir su cama, despertarse junto a él, dormir a su lado…

¿Se habría dado cuenta de quién era realmente o su fachada de viuda inconsolable era tan sólo eso, una fachada que le permitía huir de las habladurías?

Había perdido parte del encanto que él recordaba cuando la veía junto a su hermana quince años atrás. La lozanía de su piel, el brillo de sus ojos, la sonrisa que la iluminaba y que solía espiar entre las cortinas del despacho de su padre.

Habría esperado por ella si su marido no la hubiera apartado de él hasta conseguir llevarla al altar unos pocos años después.

No era la primera vez que le robaba algo que él quería… ni la última.

¿Cómo habría sido su futuro si él se hubiera atrevido a demostrarle su interés, a pedirle permiso para visitarla, a cortejarla según los dictados de las buenas costumbres?

¿Acaso lo recordaba siquiera? Ella ni se acordaría del hermano mayor de Violet.

El que pasaba tan solo unos pocos meses al año en la casa familiar con la excusa de sus estudios.  El que quería huir. Huir de la sociedad provinciana que lo observaba siempre con detenimiento y curiosidad. Huir de ese  halo de bastardo que se interponía entre él y todo lo que le pudiera importar realmente, que lo hacía despreciable, indigno  de nada que proviniera de la impecable e inocente persona que tanto admiraba entonces.

El Lord bastardo. El casi Lord medio bastardo.

Sin embargo, Elizabeth seguía siendo la mujer más bella que había conocido.

Había sustituido su frescura por una aureola de tristeza y nostalgia en sus ojos casi ciegos, y la viveza de sus expresiones con una distancia imposible de cubrir por nadie. Una profundidad insondable la ponía más lejos de lo que había estado nunca para él.

Más lejos que hace quince años, cuando él tenía unos poco más y aún se permitía soñar.

Con ella.

Más lejos que cuando supo en la Universidad el anuncio de su compromiso en la carta que su hermana le enviaba todas las semanas.

Ahora los dos estaban solos. Ahora ya no quería lo mismo de antes.  Ya no soñaba con ella de la misma forma.  El destino había jugado con ellos y, de un modo que no lograba entender, los había unido en lugar de separarlos definitivamente.

Solo que ella no sabía.

Pero él sí.

Y estaba dispuesto a mostrarle todo.

Cruel y perversamente.

Armand entró en la habitación silenciosamente y cerró la puerta tras él.

En los todos los años que estaba a su servicio aún no había podido escuchar sus pasos advirtiéndole de su llegada. Tal vez aún seguía vivo gracias a esa virtud silenciosa.

—Ah, Armand… como siempre no te he oído llegar. ¿Pudiste hablar con el gestor de Elizabeth Brockett?

— Por supuesto. Ya está todo arreglado tal como ordenó. Dejé los papeles de la ejecución de las hipotecas sobre su mesa.

— Perfecto, Armand. Gracias.

Notó la pequeña incertidumbre en él antes de que llegara a moverse. Se giró para mirarlo y en su expresión no había ni el menor rastro de simpatía.

— ¿Está seguro de lo que va a hacer, milord?— Era la primera vez que dudaba de una orden o de un solo deseo de su señor.

Gerard le dio la espalda y tomó los papeles para dejarlos en la caja fuerte junto con las cartas del esposo de Elizabeth.

Aquellas cartas que ella debía conocer de una vez por todas.

— Nunca he estado tan seguro de nada en toda mi vida.

La nueva novela romántica

La nueva novela romántica goza de una excelente salud literaria siendo uno de los géneros que más se vende y más se lee en la actualidad 

Aunque su concepto actual ha evolucionado mucho, se mantienen un par de condicionantes o parámetros que deben cumplirse sí o sí para que sea considerada como tal, a saber: que exista una historia de amor en el argumento principal y que éste tenga un final feliz  

Si no es así se puede configurar dentro de lo que se considera drama romántico, como por ejemplo mi libro “Rosa de los vientos” o el libro superventas de Jojo Moyes, “Yo, después de ti “en el que suele haber un desenlace menos feliz y habitualmente doloroso. 

También es cierto que en la novela romántica actual aparecen tramas paralelas o sub tramas que poco tienen que ver con la historia de amor principal y menos con una historia de amor romántico al uso.  Los diferentes escenarios, protagonistas y temas que subyacen en el trasfondo de la novela pueden ser los que den forma al conflicto de los propios personajes centrales. Como si el nudo de la acción ya no tuviera la propia historia de amor sino algo que ellos deben resolver y que es independiente de sus sentimientos o sus vivencias, algo paralelo. El conflicto ya no está solo en el amor sino en todo aquello que socialmente puede afectarle no como pareja, que también, sino como personas independientes y soberanas una de la otra 

Los subgéneros de la novela romántica nacen precisamente de ese fondo desea trama que rodea la historia de amor y se establece precisamente en función de esas características comunes. 

Realmente existen muchos subgéneros en la novela romántica así que voy a dar un repaso de algunos de ellos 

Novela romántica histórica 

Este es uno de los subgéneros de novela romántica más leídos entre los que, además, están divididos por distintas épocas y hasta lugares: libros sobre la Escocia de los Highlanders, sobre la época de la regencia, época victoriana, medievales, de piratas, vikingos, en el salvaje oeste… la lista es infinita. 

Lo que sí es cierto es que hay épocas que son mucho más reclamadas qué otras por ejemplo las novelas de la Regencia, como los Bridgestone de Julia London, o las de Highlanders entre las que destacan sagas completas de aventuras en las tierras altas de Escocia. Entre las autoras españolas que recomiendo están Joana Arteaga, con su saga Danvers, Tessa C. Martín, Emma G. Fraser o Mariah Stone.

Suspense romántico 

Estas novelas se caracterizan por tener una trama de suspense tras la historia de amor principal. Más leídas en otros países, en España no termina de arrancar pero aun así podemos encontrar autoras como Lorraine Cocó, María José tirado o Maribel Escrig, con varios libros en su haber. 

New adult 

Este subgénero de novelas románticas se caracteriza por la juventud de sus personajes rondando los 20 años hasta los 30 no muchos más que se enfrentan a situaciones y vivencias de esa edad es decir a problemas de adultos que de una forma u otra deben resolver. 

Sus argumentos se basan mucho en experiencias cotidianas en unas fases de aprendizaje de la nueva vida adulta y de adaptación a una forma de estar en el mundo. Su enfoque es fresco y juvenil y el sexo suele estar bastante presente siendo uno de los temas a abordar. 

Novela romántica contemporánea 

Estas novelas románticas están ambientadas en la actualidad y se caracteriza por los nudos y tramas actuales en donde la mujer tiene un enfoque actual de la vida y cumple con un rol definitivamente apartado del rol clásico de novelas románticas de otras épocas. 

Las relaciones entre los personajes principales son más igualitarias, sanas, con mujeres empoderadas y masculinidades mucho menos tóxicas 

Entre las autoras destacadas podemos encontrar a Leonor Basallote, Elisabeth Benavent o Susana Herrero. 

Chick lit 

El ChicK lit es un género en alta ya que representa muy bien a la mujer actual. en términos anglosajones podemos referirnos a novelas como el diario de Bridget Jones para poner un claro ejemplo en el lugar exacto. y es que este subgénero de novela romántica realza la figura de la mujer en la sociedad enfrentándola a las experiencias y vivencias que esta impone. La protagonista se enfrenta a los estereotipos de género al sexo al amor a la realización personal y a la superación intima de problemas comunes. 

Puede tener tintes de humor sin ser comedia romántica, más bien como ironía o como una forma de actitud ante los problemas a los que debe enfrentarse la protagonista. 13 horas como Elisabeth Benavent, Carmen Sereno, ganadora del premio Chick de Principal Libros, Mimi Kass o Noe Casado son representantes de su género Chick lit en España. 

Romance paranormal o fantasía 

En este apartado hay cabida para a su vez otro puñado de géneros ya que la imaginación del autor o autora nos puede llevar a mundos muy distintos donde no hay límites. 

Desde romances vampíricos mitología o viajes en el tiempo la trama gira en torno a todo lo imaginable donde el amor se mezcla con la fantasía y ofrece historias muy variadas y emocionantes desde desdibujando las fronteras entre fantasía y realidad. Autoras como Lola P. Nieva o Ana González Duque representan bien este subgénero entre las autoras españolas. Un aparte merecen  los libros de Diana Gavaldón, todo un fenómeno tanto literario como televisivo con su saga Outlander.  

La evolución de la novela romántica

La novela romántica es uno de los géneros más vendidos y leídos en todo el mundo y, sin embargo, más denostados. Quizás porque tradicionalmente s un género más leído por mujeres y, como casi todo lo que hacemos, suele parecer menos importante.

Actualmente hay un enorme boom de novela romántica que si bien tiene como fondo una historia de amor, en muchas ocasiones no es ni el tema central ni la única trama.

La evolución de la novela romántica ha sido, precisamente, uno de los baluartes que ha hecho que el género se revitalice y sea leído por millones de lectores y lectoras en todo el mundo.

Aunque las relaciones personales y amorosas de los protagonistas son importantes, la novela romántica ha sabido hacerse con un amplio sector de lectores que buscan más que una historia de amor entre sus protagonistas.

Esta evolución de la novela romántica hace que los géneros y subgéneros se mezclen hasta crear nuevos subgéneros: New Adult, Clean Romance, Chic Lit, Romance histórico, Romace contemporáneo, Paranormal o fantasía, incluso Noir…

Todos estos subgéneros pueden ser, y son, una nueva forma de entender la novela romántica que ha evolucionado con la nueva forma de entender las relaciones, mucho más de igual a igual, entre sus protagonistas, sus conflictos y el mundo que los rodea.

cuatro novelas románticas… (o no)

Bajo el cielo de Berlín. Carmen Sereno

Sinopsis: Berlín, año 2015. El inspector Jamal Birkan se enfrenta al caso que cambiará su vida. Durante la investigación de unos asesinatos a ciudadanos turcos en la capital alemana, conoce por casualidad a Nina, una bella enfermera de rasgos angelicales por la que se siente poderosamente atraído. Sin embargo, la joven está relacionada con el caso, y Jamal deberá luchar con todas sus fuerzas contra esa atracción prohibida.

Puedes adquirirla en este mismo enlace

En este libro Carmen nos enfrenta a una realidad brutal: el problema de la inmigración, de la discriminación en Alemania, marcado por la tradición de los inmigrantes de segunda generación llegados desde Turquía muchos años atrás. Carmen incide en el problema desde la resolución de un caso policial, pero al mismo tiempo, nos adentra en las costumbres y problemas de muchas generaciones en toda Europa en donde los hijos de aquellos primeros inmigrantes todavía no son vistos como ciudadanos de primera. Algo que se puede extrapolar a casi cualquier país: basta con recordar las medallas de plata conseguidas en las Olimpiadas por medallistas españoles y que mucha gente criticó.

Un tema de rabiosa actualidad porque en ella están vivos los prejuicios de todavía demasiadas personas.

Una novela muy bien documentada, tanto políticamente como “geográficamente” por a forma en que nos muestra Un Berlín que parece conocer al dedillo, con lugares que, tras leer el libro, te mueres por visitar.

Y sí, te quiero. Tessa C. Martín

tessa c martin - novela romántica -

Sinopsis: Carmen tiene miedo.
Víctor no teme a nada.
Carmen sufre todos los días por ese miedo que habita en su interior y lucha contra él.
Víctor es un policía adicto a la adrenalina que disfruta en su tiempo libre poniendo al límite su cuerpo y su mente.
Carmen no tiene nada en común con él, de hecho, la mayoría de las veces no lo soporta.
Pero Víctor no piensa igual.
Una tensa relación desde niños, diferentes maneras de vivir la vida y las casualidades del destino serán los ingredientes de esta historia que habla de superación, comprensión, pero sobre todo, de amor.

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Tessa es una de las autoras que más elegancia tiene en su forma de escribir, con un lenguaje ágil y fluido que al mismo tiempo puede ser intimista y personal.

En este libro Tessa toca un tema bastante desconocido: los ataques de pánico, la ansiedad crónica, el miedo crónico. Un tema que es preocupante, como la salud mental, pero sin dramas, sin lágrimas ni grandes aspavientos, sino desde una realidad cotidiana y de una lucha constante.

La protagonista es una luchadora incansable, valiente, que debe superar sus miedos, que tiene sus días malos, buenos y peores, pero dentro de una normalidad que se hace casi real, no literaria. La crees en todo momento porque su dolencia no es exagerada ni dramática al estilo de los clásicos “dramones” en donde se presentan a mujeres frágiles y hombres rescatadores. No, ella es valiente y luchadora, enfrenta a sus dragones cada vez que se presentan y eso marca el tiempo de la narración. Y él… es un amor, un digno representante de la nueva masculinidad donde ello son capaces de querer, cuidar, sentir. Un hombre completo.

Detrás del cristal. Mayte Esteban

mayte esteban - novela romántica .

Sinopsis: Andrés Gálvez, un joven ejecutivo, lleva meses preparando unas vacaciones con su novia en el Caribe para escapar de los compromisos de la Navidad, sin sospechar que su vida está a punto de trastocarse por completo.

La situación económica de Ana Iriarte es límite. Ha buscado con quién dejar a su bebé esa noche para acudir a un trabajo eventual, pero ni su única amiga, Raquel, puede ofrecerle ayuda pues también tiene un grave problema: pasa por un mal momento con su marido como consecuencia de los e-mails que está recibiendo de un desconocido.

La desesperación empuja a Ana a hacer una locura que, esta vez, puede costarle muy cara.

Ana ha aprendido a sobrevivir sola pero esta vez, cuando su vida se tuerza y su camino se cruce con el de Andrés, ¿se atreverá a vivir?

Puedes adquirir el libro en este enlace

Mayte Esteban es de las autoras más reputadas en estos medios digitales aunque también ha publicado en editoriales de renombre. Es una mujer que conoce perfectamente el mundo literario desde dentro y ama profundamente las letras, de hecho, bucea en ellas siempre que puede y las acerca a su publico a través de sus libros.

En este libro Mayte nos acerca de forma natural y sencilla al mundo de los malos tratos, a la lucha por salir de relaciones tóxicas y a lo difícil que es rehacer una vida a solas, con un hijo, con un mundo tan complicado y con una historia tan dolorosa detrás.

Todo ello sin dramas. Sin grandes aspavientos. Con los pies en el suelo. Al mismo tiempo se permite dejarnos apuntes sobre lo humano y lo divino, sobre el poder del destino, de las segundas oportunidades, de la fe en la vida misma. Temas delicados, pero escritos con delicadeza y con corazón.

Como dice la propia autora, “solo es una novela romántica si estás dispuesta a verla así”

Las sufragistas. Nina Peña Pitarch

Sinopsis: Grace, una activista perteneciente al grupo de las Suffragettes londinenses, y en un momento histórico en la lucha por los derechos de la mujer, sufre una grave crisis de identidad tras conocer a James y a Ingrid, las dos personas que cambiarán su mundo para siempre.

Conocerles a ellos y sus ideas, así como la revolución ideológica que está a punto de sacudir al mundo previo a la 1º guerra mundial, hace que Grace se plantee temas profundos que desde su posición acomodada nunca antes siquiera llegó a pensar. Los ideales de sufragio para las mujeres, que es algo que por lo que lleva años luchando, comienzan a parecerle efímeros frente a novedosas ideas promulgadas por las feministas europeas. El amor libre, las opciones de identidad sexual, la elección libre de la maternidad o el socialismo, irrumpen fuerte en su vida volcando todo lo que una vez creyó.

Con Ingrid y James, Grace comienza un cambio drástico en su vida, asumiendo su verdadera identidad sexual, cambiando los valores en los que la habían educado y comienza a ser una mujer libre. Basado en hechos históricos y con personajes reales, como Emmeline o Sylvia Pankhurst, Emily Davidson, Ethel Smyth o Madame Pelletier, que se entremezclan en la narración, Grace comienza un viaje interior del que saldrá una mujer nueva, quizá el precedente de cómo somos muchas mujeres actuales

Puedes adquirirlo haciendo clic en este enlace

Las sufragistas es una novela erótica con capítulos de sexo explícito entre sus protagonistas, pero ver solo eso sería una forma muy superficial de leerla. Tiene un fondo político, filosófico y social incuestionable en el que la protagonista va evolucionando a nivel personal e íntimo.

Sus momentos de intimidad no son gratuitos, sino que forman parte de la propia evolución personal de Grace, sin la cual, el libro no podría explicarse.

Con un lenguaje muy cuidado y una documentación basada en hechos históricos reales, la premisa del libro es encontrar la libertad personal de la mujer a través del propio conocimiento, a través de la liberación del cuerpo y de la mente.

Simplemente

Recuerda, mientras se mantiene aferrada al pecho de Bran, uno de los Diez Mandamientos que le enseñaron de niña. No pronunciarás en nombre de Dios en vano. Pero sabe que no es en vano cada vez que se aclama a cielo. Por eso cree que no está tan condenada por ese pecado como por el de la lujuria. 

Lo abraza, dejando caer su cabeza en el triángulo que forma su brazo, su hombro y su pecho. Siente su piel en el rostro y oye los latidos de su corazón. Se abandona a su mano, que pasea sin prisas por encima de la piel dormida de su hombro y por la cascada de su pelo. Lo abraza, notando que le falta el aire y debe suspirar de puro placer. Simplemente lo abraza. Y suspira. Y sin querer se le escapa un “Dios” muy humano, susurrado casi sin darse cuenta. 

Bran lo escucha y la aprieta contra sí en un gesto de complicidad compartida, como si ella hubiera expresado lo que, a él, como hombre, no le está permitido expresar.  

Se acoge a sagrado, como hacían las personas perseguidas al entrar en una iglesia en la época medieval. Se refugia, se guarda, se cobija en él. Y se queda quieta notado su presencia, sin más. La luna cruza el cielo sin que ellos lo noten, abandonados, envueltos en sábanas de paz. 

Ahí, entre sus brazos, en el único lugar del mundo donde quiere estar, deja transcurrir la noche, que tiene algo de muerte y de olvido. Se queda quieta sintiendo su respiración y su calma, la dureza de sus músculos, la suavidad de su piel, la rotundidad de su cuerpo, como la tierra, orgánico y tan real que puede dejarse caer sobre él y abrazarle sin llegar nunca a abarcar todo cuanto es. Un hombre. 

Su cuerpo, como una utopía, un lugar fuera de todos los lugares que ella puede imaginar y sentir, un cuerpo sin cuerpo cuando lo sueña, cuando lo piensa, lo imagina, lo siente. Un fragmento de cielo limpio, bello, luminoso. 

Su cuerpo y la forma en que ella le habla, como en un lenguaje nuevo donde se revela a sí misma, silenciosa, carnal y etérea a la vez, en cada gesto, en cada postura, en la forma en que sus dedos acarician la porción de piel que nace debajo de ellos, en el simple gesto de tocar, levemente y despacio, su cara con los nudillos o de dejar que su pierna se desplace muy poco a poco hasta encontrar un hueco entre las suyas. 

Le habla constantemente al cielo de sus ojos aun cuando él los tiene cerrados en un sueño indolente, insultante casi para ella, que no logra conciliarlo. Le habla en silencio mientras el día se despereza tras la ventana, y le propone nuevos deseos con los que remontar el vuelo, con los que traspasar las propias fronteras del cuerpo, con los que sentirse libres y soberanos, continuados tras morir un poco uno en brazos del otro. Le propone la eternidad. 

Ha parado de llover y no sale el sol. La lluvia está dando una tregua de varios días, aunque el jardín sigue mojado y con charcos. La luz que entra por la habitación es leve y difumina las sombras de la noche. Todavía no puede ver su rostro con claridad. Todavía está todo envuelto en sombras, en claroscuros, en perfiles sin rasgos. Y la sensación es de estar flotando en un limbo donde se ha parado el tiempo y donde no existe el espacio.  

Bran abre los ojos a la nueva mañana y ella lo siente despertar sin moverse todavía. Nota como vuelve su alma de donde estuviera y lo ocupa poco a poco, retornando a la vida, al día, a ella. Como en un acto reflejo la acaricia apenas en el hombro y nota cómo ha variado su respiración. No puede evitar levantar la cabeza para mirarlo entre las brumas del sueño y el alba. Y él le sonríe. Simplemente. 

Tu luz en la oscuridad

Podrás encontrar mi nuevo libro en la página de autora de Amazon

Nueva novela, participante en el Concuerso literario de Amazon

No tenía muy claro si este era en mejor momento para publicar mi nueva novela después de tres años sin hacerlo, pero la tentación de participar en el Premio Literario Amazon, con la visibilidad que se supone que da este premio aunque no lo ganes ni qudes finalista, hizo que me atreviera a vivir la experiencia.

Lo cierto es que por el momento, la experiencia es exactamente la misma que en las dos anteriores novelas publicadas por este medio, no noto que haya una diferencia ta brutal en cuanto a la participación: sigue siendo complicado, arduo y la visibilidad que te dicen que existe por el mero hecho de poner la etiqueta de participante en el concurso no se nota en absolutamente nada.

Así que… seguimos en la brecha, publicando, escribiendo y promocionando, lo que ya es una aventura por sí sola.

Tu luz en la oscuridad

Tu luz en la oscuridad, creo que es mi primer libro romántico como tal. Es decir: tiene un final feliz, lo que es imperativo en las novelas del género romántico. Las otras novelas románticas y eróticas han sido finales abiertos, finales no clasicamente felices aunque ya sabéis que son los finales que siempre me han gustado: o dejarlos abiertos a la imaginación del lector o con ese sabor a drama que me encanta y que en ocasiones es el único final que el argumento permite.

Aquí he cambiado el registro y bueno, me he sentido cómoda, aunque mi vena de Queen Drama me dé patadas y clame por un libro de final lacrimógeno.

Elizabeth y Gerard son dos personajes firmes, a mi modo de ver, dos personas torturadas por el pasado y por dos respectivos matrimonios desgraciados que les siguen marcando la vida años después. La forma en que afrontan la verdad de lo que creyeron perfecto y su historia de amor, aplazada por la vida en otro momento, es el argumento de la novela.

Los bloques eroticos para mi siguen teniendo mucha importancia y, aunque en esta novela romántica dude mucho, muchísimo si poner o no todos los capítulos de sexo explícito que escribí (estuve a punto de quitar dos y al no hacerlo sube la teperatura del libro) al final me he lanzado a dejarlo porque forma parte de la manera en que ellos van desarrollando su historia. Quiero pensar que las “escenas eróticas” entre los protagonistas no son gratuitas, sino que muestran cómo es su relación personal e íntima y parte de su carácter y su historia.

Concurso Literario Amazon

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Adrianne Rich: cuando el poema es un arma

Adrianne Rich - poeta - poesía

Adrianne Rich es una poeta estadounidense nacida en Baltimore en 1929. Fue una activista intelectual, feminista y lesbiana que plasmó en sus poemas el pensamiento cultural y político de los años 70.

En su poesía, parte de su activismo, Adrianne cuestiona los roles sociales y su interacción con el mundo, logrando poner voz, en forma de poema, a la ola feminista de aquel momento histórico.

Adrianne escribe contra el machismo imperante en cada poro de la sociedad, sobre el daño “invisible! que causa en las mujeres. Critica la representación de la maternidad como sistema de producción social y reflexiona sobre el control social de las mujeres mediante las herramientas utilizadas por el patriarcado.

Su lesbianismo es más que una orientación sexual. Es la forma en que se sitúa en el mundo y lucha, sin esquivar la carga política que tienen el movimiento.

Su poesía es resistencia, valentía y compromiso, y sus ensayos, todavía de actualidad, proponen una emancipación de las construcciones sociales históricas que hemos asimilado mentalmente las mujeres.

Os dejo con varios de sus poemas que he podido localizar en castellano, traducidos por María Soledad, Sanchez Gómez. Adrienne Rich (amediavoz.com)

Veintiún poemas de amor III

Porque ya no somos jóvenes, las semanas han de bastar
por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva
del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada, a los veinte,
con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno?
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad
atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada?
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí.
Son eternos tus ojos, verde destello
de hierba salvaje refrescada por la vertiente.
Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.

1974-76

Instantáneas de una nuera

1
Tú, antaño una beldad en Shreveport,
con cabellos teñidos de henna,
la piel como un capullo de melocotón,
aún te haces vestidos copiados de aquella época,
y tocas un preludio de Chopin
del que Cortot dijo: «Deliciosos recuerdos
fluyen como perfume a través de la memoria.»


Tu mente ahora,
desmoronándose como una tarta nupcial,
cargada de experiencias inútiles, rica
en sospechas, rumores, fantasías,
rompiéndose bajo el filo del cuchillo
de la realidad. En la plenitud de tu vida.

Excitada, colérica, tu hija
seca las cucharas, crece de otra forma.

2
Golpeando la cafetera en el fregadero
oye a los ángeles recriminándola, y mira hacia fuera
más allá de los jardines rastrillados, al sucio cielo.
Hace sólo una semana le dijeron: No seas paciente.

La vez siguiente fue: Sé insaciable.
Luego: Sálvate a ti misma; no puedes salvar a otros.
A veces deja que el agua del grifo le escalde el brazo
que una cerilla arda hasta quemarle la uña del pulgar,
o mantiene la mano sobre el escape de la tetera
justo sobre el denso vapor. Son ángeles probablemente,
ya que a ella ya nada le duele, excepto
la arenilla que cada mañana se le mete en los ojos.

3.
Una mujer que piensa duerme con monstruos.
Se convierte en el pico que la agarra. Y la Naturaleza,
ese arcón de tempora y mores,
con tapas alabeadas, todavía útil,
se atiborra con todo ello:    las mohosas flores de naranjo,
las píldoras femeninas, los tremendos senos
de Boadicea bajo lisas cabezas de zorro y orquídeas.

A través del cristal tallado y la mayólica
oigo gritar a dos atractivas mujeres, enzarzadas en una discusi6n,
las dos orgullosas, agudas, sutiles,
como Furias arrinconadas lejos de su presa:
el discurso ad feminam, te clavo
todos los viejos cuchillos que se han oxidado en mi espalda,
ma semblable, ma soeur! °

° Irónicamente Rich varía el célebre apóstrofe que aparece en el poema «Au Lecteur»
de Charles Baudelaire:  «Hypocrite lecteur!-mon semblable, -mon frère»!

4.
Reconociéndose demasiado bien la una en la otra:
sus cualidades no sólo deleite, sino una espina,
la punzada afilada contra el menor signo de desprecio…
Leyendo, mientras espera
que la plancha se caliente,
escribiendo, My Life had stood -a Loaded Gun- °
en esa despensa de Amherst mientras las confituras hierven y se pudren,
o más a menudo,
con ojos férreos y pico y resuelta como un pájaro,
limpiándolo todo en el trastero cotidiano de la vida.

°Poema número 754 de Emily Dickinson.

5.
Dulce ridens, dulce loquens,
se depila las piernas hasta que relucen
Como colmillo de mamut petrificado.

6.
Cuando con su laúd canta Corina °1
ni las palabras ni la música son suyas;
sólo el largo pelo que le roza
la mejilla, sólo la canción
de seda en sus rodillas
y éstas
se acomodan en un parpadeo.

Suspendida, temblando e insatisfecha, frente
a.una puerta abierta, esa jaula de jaulas,
dinos, tú, pájaro, tú, trágica máquina-
¿es éste un fertilisante douleur? Inmovilizada
por el amor, para ti el único acto natural,
¿están tus filos más preparados
para penetrar los secretos de la cripta? ¿Te ha enseñado la Naturaleza
sus libros de cuenta a ti, nuera,
que sus hijos nunca vieron?

Corina °1
    Primer verso de un poema de Thomas Campio

7.
«Contar en este mundo incierto con algún refugio
que no pueda ser destruido, es
de primordial importancia.» °1

                                          
                                                       Así escribió
una mujer, en parte valiente y en parte buena,
que luchó contra lo que apenas comprendía.
Pocos hombres en su entorno harían o podrían hacer más,
de ahí que la llamaran arpía, fiera y puta.

°1 Frase de Mary Wollstonecraft (1759-1797), escritora inglesa y apasionada defensora
de la igualdad social  y educativa para las mujeres. La cita se ha tomado
de “Thoughts on the Education of Daughters”.

8.
«Todas morís a los quince», dijo Diderot,
y se convirtió en parte en leyenda y convenci6n.
Sin embargo, ojos sueñan de manera imprecisa
tras cerradas ventanas brumosas por el vapor.
Deliciosamente, todo lo que podríamos haber sido,
todo lo que fuimos -fuego, lágrimas,
ingenio, gusto, ambición martirizada-
agita como el recuerdo de un adulterio no consumado
el exhausto y fláccido pecho de nuestra madurez.

9.
¿No que se hagan bien las cosas, sino
que se hagan siquiera? °3 Cierto, ¡piensa
en la posibilidad! U olvídala para siempre.
Este lujo de la criatura precoz,
preciada inválida cr6nica del Tiempo-
¿renunciaríamos a él, queridas, si pudiéramos?
Nuestra ruina ha sido nuestra ventaja:

el simple ingenio nos bastaba-
brillo en fragmentos y borradores.

No suspiréis más, señoras.
                                              El tiempo es hombre
y en sus copas brinda por la belleza.
Desconcertadas por las galanterías, oímos
alabar nuestras mediocridades,
considerar abnegación la indolencia,
elegante intuición el pensamiento desordenado,
cada desliz se perdona, nuestro crimen
es sólo hacer marcada sombra
o romper el molde sin vacilar.

Para eso, celdas de aislamiento,
gases lacrimógenos, bombardeos de dolor.
Pocas son las aspirantes a tal honor.

°3   Frase misógena atribuida a Samuel Johnson: «Una mujer que predica es como un perro
que camina sobre sus patas traseras: no es que lo haga bien, lo que te sorprende es
que lo haga siquiera».

10.
                                                                   Bien,
le ha llevado mucho tiempo llegar, a ella que debe ser
más despiadada consigo misma que la historia.
Mente al viento, la veo zambullirse
desafiante, moviéndose por las corrientes,
bañada por la luz
Can bella, al menos, como cualquier muchacho
o helicóptero,
                        firme, acercándose todavía,
sus finas hélices estremeciendo el aire
                        pero su carga
                        no será una promesa entonces:
                        entregada
                        palpable
                        nuestra.

Versión de María Soledad Sánchez Gómez

Planetarium 

                                 Inspirado en Caroline Herschel (1750-1848),
                               astrónoma, hermana de William, y en otras…


Una mujer con forma de monstruo
un monstruo con forma de mujer
abundan en los cielos

una mujer            «en la nieve
entre los Relojes e instrumentos
o midiendo el suelo con pértigas»

capaz de descubrir a sus 98 años
8 cometas

aquella sobre quien la luna gobernó
como en nosotras
levita hacia el nocturno cielo
surca distancias en los lentes pulidos

Galaxias de mujeres, cumpliendo ahí
penitencia por impulsivas
congelados nervios
en aquellos espacios           de la mente

Un ojo
              «viril, exacto y absolutamente seguro»
              desde las confusas telarañas de Uranusbor
           

                         encuentra la NOVA

cada impulso de luz estalla
desde el centro
como se descarga nuestra vida

                        Tycho susurra al fin
                        «Que no parezca que he vivido en vano»

Lo que vemos, lo vemos
y ver es cambiar

la luz que marchita una montaña
y le permite a un hombre vivir

Los latidos del pulsar
el corazón exudando por mi cuerpo

El impulso de radio
que fluye desde Taurus

                          Estoy bombardeada             aun así me yergo

Me he mantenido de pie toda la vida en medio
del curso directo de una batería de señales
el más fielmente transmitido el más
intraducible lenguaje en el universo
Soy una nube galáctica tan profunda              tan intrincada
que una onda de luz demoraría 15
años viajando por mí               Y ha ocurrido
Soy un instrumento con forma
de mujer intentando traducir pulsaciones
a imágenes                para aliviar el cuerpo
y reconstruir la mente.

1968-Versión de Myriam Díaz-Diocaretz

Delta

Si has creído que este escombro es mi pasado
hurgando en él para vender fragmentos
entérate de que ya hace tiempo me mudé
más hondo al centro de la cuestión

Si crees que puedes agarrarme, piensa otra vez:
mi historia fluye en más de una dirección
un delta que surge del cauce
con sus cinco dedos extendidos

Versión de María Soledad Sánchez Gómez

En un concierto de Bach

Atravesando la ciudad en una noche de invierno
Dijimos que el arte y la vida son polos opuestos.
Aquí nos acercamos a un amor que no conoce la lástima.

Esta anciana disciplina, severamente tierna,
Renueva la creencia en el amor y sin embargo controla el sentimiento,
Convirtiendo lo que soportamos en una bendición.

La forma es la ofrenda más grande que el amor puede ofrecer –
La unión vital de la necesidad
Con todo lo que deseamos, todo lo que sufrimos.

Un arte demasiado compasivo es apenas un arte a medias.
Sólo tan altiva y comedida pureza
Restaura el demasiado traicionado corazón humano.

Versión de Jaime Manrique Ardila

Ámbar Past

ambar past - mujer - poeta

DEDICATORIAS
Dedico este poema a los hombres que nunca 
se acostaron conmigo
a los hijos que no tuve
a los poemas que nadie escribió…

Dedico este poema a las madres
que no amaron a sus hijos
A las que murieron en hoteles
sin que nadie las acompañara 
Lo dedico al autor 
de las pintas en los muros
Al hombre y a la mujer
Al torturado anónimo
Al que nunca dijo ni su nombre
Dedico este poema a los que gritan de dolor
y también a las parturientas
A los que gritan en la terminal de autobuses
en los portales del mercado
Lo dedico a los suicidas
A los poetas
que viven olvidados en alguna antología
Al que lava cadáveres
A las mujeres que se acuestan con todos
A los que siempre duermen solos
Dedico este poema a las 
comadres y a los compadres
que hacen el amor y se convierten en piedra
A los que se bañan con jícara
en Viernes Santo y se vuelven peces
Al hombre que quiso ser zopilote
y a los que sueñan que pueden volar

Dedico este poema 
al Señor de la Noche Estrellada
A la Guacamaya de Fuego
Al Llanto de las Moscas
A la Lluvia Verde
Al que Guarda la Miel
A la Hermandad de los 
Hermanos Menores
Al de la Máscara que Llora
Al Rugoso Caracol de Tierra
Al Vertedor de los Cuatro Rincones
A los Juntadores de Corteza para 
Preparar el Vino Ceremonial.

Lo dedico al que toca la flauta y el tambor 
cuando van a lavar
[los paños en el ojo de agua
A la que chapotea en las cascadas 
y se moja el pelo con agua de lirios
A la que da el pecho a su hijo en el cañaveral
A los que buscan el arco iris 
en el aceite de los charcos
A los remeros que inventan 
el canto con sus brazos
A los que lavan el nixtamal bajo la lluvia
A las que acarrean el agua en cántaros
y caminan por la carretera

A la niña viendo luciérnagas
A la niña con el candil en la mano
A los chamacos que saltan 
con el rastrojo en llamas
A los que corren sobre el fuego
entierran a sus muertos en la cocina
y cantan entre los escombros
Al que engaña a su muerte 
en las camas de los moribundos
Al que baja de los cerros 
para no quemarse con las estrellas
Al que agarra la mano de la muerte 
y baila con ella

A las que tienen muchas nueras 
y cargan iguanas en sus cabezas
A los colochos que venden nieve 
en tierra caliente
A los camaroneros divisando 
el cometa de madrugada
Al que arremanga su camisa 
y pide un hacha
A la que vende tamal de bola, 
de mumu y chipilln
A los que cortan elote tierno 
para comerlo crudo
y amarran la pata del perro que roba pollo
A los que hacen las maracas
y matan por amor
A los que se avientan al hoyo 
en el entierro de un amigo
Al poeta que no puede bajar 
del techo por estar tan enamorado
Al que hace lo que puede
Dedico este poema a los que no frecuentan cafés
ni piscinas ni saben hablar por teléfono
A los que no entran en los bancos
ni salen en la tele
A las de la primaria vespertina
que reciben declaraciones de amor 
con faltas de ortografía
A los poetas que nunca empiezan a escribir
A los meseros que tragan su dignidad
A las viejas que lavan ajeno
A las que no se atreven a opinar
ni a levantar la voz
A las que no pueden estar felices 
sin el consentimiento del macho
A los que se tiran al suelo y tragan 
su lengua entre la multitud
A las que duermen con sus delantales puestos
y piensan en el quehacer mientras 
sus maridos eyaculan prematuramente
A las que se levantan a oscuras 
en galeras de palma
A las que tortean en jacales
A la que se quemó su pelo
y manchó  de tizne su falda
A los que asolean chilacayotes en su tejado
y no tienen sillones
A los que arrullan a sus hijos en tzotzil
y traen mugre bajo las uñas
A los pepenadores
A los que chaporrean
A los que siembran nopales 
y comen tortilla con sal
Al sereno que también trabaja de día
A la de la chancla rota que tiende 
cien camas cada mañana
Al viejo sin dientes que merca chicle en la playa
A los que viajan parados a la tierra del cacao
A las que traen las caras negras
y la cicatriz del llanto en su sordera
 Dedico este poema al hombre encadenado
A los niños golpeados
A los hijos de alcohólicos
A las que cuidan a las criaturas de otros 
y ven a las suyas cada quincena
A la que trapea en el colegio 
y no sabe firmar su nombre
A las que comen en la mesa del hospicio
A los tullidos que se acurrucan 
junto al horno en alguna panadería
A los que atienden los baños públicos
y barren las calles al amanecer
A las que bailan en cabaretes
y están hartas

Dedico este poema al amasador 
de adobes que muere en la casa
que construyé  para otro
Al poeta en su velorio con la boca 
cerrada para siempre
A los que se escaparon de noche cuando el
volcán sepultó  su iglesia
A los vecinos que ya enterraron a sus hijos
uno tras otro como los años que pasan
A los que han tenido que vender a sus hijos
su sangre y su sexo
A los que nada tienen que perder
 Dedico este poema a los peones acasillados que
invaden las tierras del patrón
A los que cavan túneles debajo del dinero
A los que prenden lumbre al ingenio
A los que no echan sombra y sin luna
contemplan los puentes
A los niños de trece años que se alzan a
la guerrilla
y conocen mujer por primera vez en la
montaña
Para los dos heridos
Para Las Pelonas
Al tacuazín de Olga
A los chuchos apaleados
A niños que nacen en países donde la
verdad está  prohibida por ley
A los que han adoptado otro nombre
y llevan años sin saludar a la familia
A los que nunca durmieron en la misma cama
y comparten la fosa común

Dedico este poema a la madre que busca a
su hijo en el anfiteatro
entre otros poemas decapitados
A la que no puede decir cuál cadáver es el suyo
y se despide de cada uno con un abrazo.

NOCTURNO PARA LEÑATEROS

I
Como no encuentra mujer,
el hombre sale a cortar leña;
así ya no siente frío
y la lumbre no le hace falta.

*
Había un hombre que se enamoró de una mujer en el bosque
Él tenía que irse y decidió dejarla embarazada,
para acordarse de que la quería.
Cuando regresó, había muchas mujeres y todas estaban
[embarazadas.
Ya no supo cuál era la suya.

*
Un hombre y una mujer hacían el amor en el bosque.
La mujer tenía frío; no había leña y el hombre fue a traer su
[machete.
Cuando regresó, todas las mujeres estaban en el bosque,
todas desnudas, todas embarazadas.
El hombre empezó a echar filo a su machete.

*
Un leñatero hace el amor con su mujer en el monte.
La mujer quiere prender una fogata pero no trae con qué
[cortar leña.
Él va a conseguir hacha y se olvida de su mujer.
Cuando la encuentra por casualidad ya no la reconoce
y se enamora de ella.

*
Un hombre fue a casa con su carga de leña.
No estaba la mujer, entonces no estuvo seguro de si era su
[casa o no.
Y salió a cortar más leña.

*
Un hombre va a casa de noche y decide cortar camino por
[el monte.
Una mujer lo espera bajo un árbol.
Él la abraza, la besa, engendra hijos con ella y luego se da
[cuenta
de que es un tronco podrido lo que tiene entre sus brazos.

*
El hombre vio una mujer en el bosque y quiso tenerla.
La mujer corrió y él corrió tras ella.

*
Ya no la alcanzó
y se dio cuenta de que estaba perdido.
Empezó a cortar árboles para salir de ahí.

*
Una mujer se escondió dentro de un árbol
y el hombre tuvo que cortar
todo el bosque para hallarla.
La encontró preñada.

*
La mujer fue con otro.
Así la leña nunca le faltaba
y jamás se apagó su fogón.

*
El hombre pegó a la mujer y ella regresó a su casa.
Los hijos se convirtieron en tuzas
y empezaron a roer las raíces de los árboles.
*
Ella era ciega y él sordo.
Ninguno de los dos se dio cuenta cuando el otro se fue.

*
Un hombre vive en el bosque perseguido por soldados.
Tiene un solo brazo y visita a su prometida
sólo cuando el camino está libre
de la nieve que muestra sus pasos.

*
El hombre no quería acostarse con todas las mujeres.
Pero no dejó en pie ni un solo pino
y ya no tiene dónde esconder su sombra.

*
Amarró un tercio de mujeres a su mecapal,
y apenas si llegó a casa.

*
Las mujeres prenden lumbre con el mango de su hacha.
–Aquí no hay árboles –dicen–,
ya no hace falta cortarlos.

*
La mujer no tiene hijos.
Siembra pinos y espera
la llegada de los leñateros.

*
Las mujeres vivían en el bosque.
Los leñateros iban allá y hacían el amor con ellas sobre la
[juncia.
Cuando acabaron con todos los árboles, las mujeres no
[tuvieron
ni en dónde hacer el amor ni leña para echar tortilla.
Los leñateros partieron hacia otros bosques.

*
Era de noche y la mujer fue a orinar al bosque.
Se asustó mucho cuando se asomó un hombre cargando
[machete.
El hombre se asustó más todavía que ella.
Cuando se dio cuenta de que el hombre estaba temblando,
[mirándola
bajo la luna con el pelo suelto, ella le dijo que se fuera.
Y el hombre huyó de ahí para contar que se le había
[aparecido una virgen.

*
El hombre iba de noche a solas.
Encontró una casa y una mujer que le reclamaba por haber
[llegado tan tarde.
Él no sabía de quién era la casa.
La mujer tampoco sabía.

*
Todavía era de noche
y encontró a su mujer en el camino.
–Vente –le decía ella,
y él la siguió hasta cansarse.
Cuando abrió los ojos,
ya era de día y estaba en su cama
con una mujer que jamás había visto antes.

*
Cuando despertó, había caído la noche
y estaba todavía en el bosque.
Lo llamaba una mujer y él la siguió por el monte.
Hasta que amaneció pudo ver bien su cara y era su mujer.
Ella también había pensado que él era otro.

*
Para ella, él era uno de los que cortaba su bosque.
Uno que dejaba hijos en todas las tierras.
Las hijas van a dar a luz.
Bajo las ceibas siembran sus placentas.

*
La mujer tejía al pie de una ceiba.
El leñatero estaba ciego y no sabía cuál árbol cortar.
—Déjame siquiera la ceiba –le pidió la mujer–,
porque a ella ato mi telar.
Le quitó el machete y se fue a parir.

*
Con machete partió el cordón.
Y con lana de ceiba vistió a sus hijas.

*
Arrullan al niño en su canoa
Lo entierran en el río
cuando deja de llorar
El niño ya no vuelve
porque jamás pisó la tierra
y no podemos volver
a donde nunca hemos caminado.

*
Las mujeres vivían en el bosque a solas,
porque no tenían hijos
ni hombres para engendrarlos.
Con el tiempo se acabó toda su ropa
y así estaban desnudas.
Prendieron lumbre al bosque para calentarse.

*
Se embarraron de hollín y bailaron sobre las brasas.

*
Sólo el humo quedó. No había leña,
ni siquiera una astilla de roble
para la cuña del hacha.

*
Las mujeres llenaron sus ollas de ceniza.
Se acostaban con hambre
entre las piedras del arroyo seco.
Dejaron de soñar.

*
Había un leñatero
que se enamoró de todas las mujeres del bosque.
Debajo de cualquier palo
abrazaba a la que se le ponía enfrente.
Ni un ratito le quedaba para hacer leña.

*
Un hombre se perdió en una arboleda de floripondios.
Había muchas mujeres y él se enamoró de todas.
Tumbaba las matas hasta que quedó sin filo su hacha.

*
Entonces las mujeres le hicieron leña
y prendieron fuego a él y a todos los árboles.
¿Tiendo esta noche nuestra cama?,
pregunta ella después de morir.
Él dice que quiere tener una culebra
con piernas de mujer.

*
El amatero se prendó de la piel de un árbol.
Se la llevó a casa.
Se tendió sobre ella para soñar.
La culebra del cuento se estiró,
tan lejos como la memoria,
tan largo como la espera.
Con gises del río trazó para sus dioses:
encantamientos,
plegarias.

*
Escribió en la corteza los nombres de su amada:
canoa de sabino que sigue el curso del agua.
Batea de ceiba donde se enjuaga los hilos.
Palo de los caminos.
Palo dulce del olvido.
Tan cerca como la muerte.
Tan corto como el último día.

*
El leñatero tardó en regresar.
Mientras le esperaba,
la mujer tejió canastas de juncia
y las llenaba con hojas que soltaba el madrón.
Cayeron todas las hojas antes de que llegara el hombre.

*
Cuando regresó el bienamado, ya era otoño.
Les traía paja y liquen a sus hijos
y canciones de la pradera.

*
A la mujer ya no la reconoció.
La confundía con todas sus hijas
y ninguna estaba embarazada.

*
No había espinas.
No nos preocupábamos del final
ni por los nombres de las cosas / la alegría,
el olor de quienes nos acarician.
No nos acordábamos de nada.

Olga Novo. Premio nacional de poesía 2020

Olga Novo - mujer - poeta - premio de poesía

Leer en gallego no debería ser un obstáculo insalvable para ningún lector culto, sino más bien un gusto para la curiosidad el oído, y la oportunidad de descubrir una poesía que, teniendo, desde luego, algunos vasos comunicantes con la de las otras lenguas de la península (sin olvidar el muy cercano portugués) está llena de nombres que aportan un acento propio, una visión del mundo única y reveladora: la mirada es única, pero la vida que descubren es la de todos nosotros.

(El cultural, https://elcultural.com/olga-novo-escucha-las-voces-de-la-diosa-campesina)

SALVAXE MENTE

Será que naceu para que a devore o ar
e entre en transo
cando se che acerca
abaneando o seu ciclón de arterias
e é toda ela a filosofía espasmódica da dozura
rendida/ salvaxe mente.
Será que xa morreron dez homes en Borneo
e un tigre en Sumatra expira
e o espazo absorbe a asma da alma que te mira Será
que as súas terminacións nerviosas
son furias con lazos de cobre
que a atan á total entrega
e vai a cegas ao abismo por ver
quizais se talvez hai unha rosa no fondo
e a pode cortar
e darcha.
E despois marcha en carne viva por carreiros
que xa cerraron as silvas hai séculos
que pouco lle importa
que as espiñas a piquen coma unha saeta a gorxa
que se derrete e se desangra sen se dar conta sequera
enriba dun altar de Pérgamo
coma unha taquicardia indefensa ante o seu propio ritmo.
Será que busca o mimo da luz que nunca tivo
e as placas tectónicas das palmas das túas mans
se se lle aproximan fana tremer e caer desde o subsolo ao ar
Será que naceu para que a devore
e non quede nada dela
agás o pico da bubela que come o corazón do figo
e digo
que existiu con tal tenrura que quedou durmida entre os calcetíns
da cesta da túa roupa e tres pinzas e a curva do universo
e digo
tamén
que pode respirar co osíxeno que a ti che sobra
que vai ao alén bicar as mans da túa mai morta
e que che fabrica os suspiros cunha flor de fariña infinita
que quedou o seu riso coma un fume flotando entre chemineas modernistas
que todo aquel que o ve ascende de si mesmo
ao nó da combustión eterna.
Será que ela é ella
entre brasas e neve con furacáns formigas e o sexo sinfónico
dos eixos da terra
Será
que ela é ela.

Vesubio

Na memória das trabalhadoras dos lupanares de Pompeia

Se entro em erupción

ninguén está a salvo.

Desde neniña sei

que no fondo estou feita

de lava prófuga.

A miña columna de fume

ascende vértebra por vértebra

á estratosfera.

Abrázote.

Abrásote.

Cousas que sei

Estase movendo a industria da miña intuición:

a nena que fun vai feliz tres metros diante de min

tanguendo cunha vara a miña alma.

Estase precipitando a lentitude:

sobrevoo con paciencia

unha ave rapaz

ata que descendo e

estáseme acabando de fabricar

seda artesanal

no ventre.

Están os meus soños organizando o comité da noite

Están as criaturas movendo as poleas do cometa

que pasa por onda nós cada mil anos.

Está a xeometría acomodándose para durmir

no teu último ángulo

todo o mundo sabe xa

que o me u corazón está feito polo patrón da maquinaria agrícola.

E podo

arrancarme de min

tan suavemente

que apenas oirías que me marcho.

As miñas cicatrices falan

coma un furacán mudo.

Saio ó perigo como á chuvia

escoltada polos meus órganos.

Todo isto sei

e sen embargo…

MEDITH MARÁ


Amanecer hasta por los muslos
mostrarte la sangre a pulso a borbotones
que no me llegará al río porque desemboco en el mar.
ancestral por las areneras
caliente
niño como si comieras astros
como si hablaras de música de birimbau a medida que naces
vuelve a rogarle a un dios para que venga aroma torrencial
al descubrir la imagen inaugural del día
para que el tiempo sea propicio para hincarme el arado.
prometo material simiente
para conquistar formas de caballos
hasta anegarte los párpados:
revelación de las hierbas
la tensión natural de ir contigo al límite
como un orgasmo a mano entre el centeno.

Tus ojos anuncian la huelga indefinida de los obreros
cuando me dices amor que yo soy exactamente igual a mis poemas.
me sientes como la losa para lavar en el río
rural como las casas de piedra como paredes de molino marina como bateas
las mayores proclamas contienen un rumor de besos más profundos
duro invierno.
la tuya era sin duda la tierra más antigua de la vieja Europa.
popular como un arte tocarte es reventar dulces palabras
como cuerdas de arpa:
y tienes orgasmos que llegan arrastrándose como bestias nocturnas.
con todo soy como contigo
hablo desde dentro de un cuero de ballena
mis labios rompen en los acantilados igual que barcos cargados
de salitre
me abres la carne
como un mar partido por la mitad
para que pases
y sabes
que cuando metes la mano acumulas espuma
y una especie de viento huracanado
por dentro
sabes
toda por dentro estoy como a la intemperie.


Dentro


Dentro del tonel de madera comienza a hervir el bagazo y tengo los pies
allí
las rodillas y los muslos el pubis el vientre las nalgas el ombligo inundados
por la piel de las uvas.
remuevo con los tobillos todos mis argumentos para ser feliz
presiono con el talón el desengaño de los hombre que no me amaron nunca
golpeo con la tibia en los bordes del tonel me hiero siento la conversión
de mi sangre de septiembre
golpeo con la tibia en los clavos de hierro después de atravesar los tres mil quilos
de uva negra aprieto y se abren cada una de ellas en la palma del pie
como un pequeño gemido en el silencio
y agarro entre los dedos las grandes pepitas del mundo
y sudo
mi amor
como nunca
dentro del tonel de madera sumerjo mi inteligencia de la cintura
hacia abajo
y sola hablo sólo desde ah dentro.

Cuatro poemas de Anne Carson

anne carson - mujer - poeta

Ella 

Vive sola en un brezal al norte.
Ella vive sola.
La primavera se abre como una cuchilla allí.

Yo viajo en trenes todo el día y llevo muchos libros –
unos para mi madre, algunos para mí
que incluyen Las obras completas de Emily Brontë.
Es mi autora favorita.

También mi principal temor, al que trato de enfrentarme.
Cada vez que visito a mi madre
siento que me convierto en Emily Brontë,
mi vida solitaria a mi alrededor como un páramo,
mi torpe cuerpo recortándose sobre los barrizales con una apariencia de transformación
que muere cuando atravieso la puerta de la cocina.

¿Qué cuerpo es ese, Emily, que nosotras necesitamos?

Yo 

Oigo pequeños chasquidos dentro de mi sueño.

La noche gotea su taconeo de plata

espalda abajo.

A las cuatro. Me despierto. Pensando

en el hombre que

se marchó en septiembre.

Se llamaba Law.

Mi rostro en el espejo del baño

tiene manchas blancas en la parte baja.

Me enjuago la cara y vuelvo a la cama.

Mañana voy a ver a mi madre.

Tres

Tres mujeres silenciosas en la mesa de la cocina.
La cocina de mi madre es oscura y pequeña pero del otro lado de la ventana
está el páramo, paralizado con hielo.
Se extiende hasta donde alcanza la vista

a lo largo de kilómetros planos hasta un cielo blanco sólido no iluminado.
Mamá y yo estamos masticando lechuga cuidadosamente.
El reloj de la pared de la cocina emite un bajo zumbido irregular que salta

una vez en el minuto justo de las doce.
Tengo a Emily pág. 216 abierta y apoyada sobre la azucarera
pero furtivamente estoy observando a mi madre.

Miles de preguntas chocan contra mis ojos desde adentro.
Mi madre está estudiando su lechuga.
Paso a la pág. 217.

“En mi fuga a través de la cocina tropecé con Hareton
quien ahorcaba una camada de cachorros
desde el respaldo de una silla en la puerta. . .”

Es como si a todas nos hubieran bajado dentro de una atmósfera de vidrio.
De tanto en tanto un comentario atraviesa el vidrio.
Impuestos en el lote de atrás. No es un buen melón,

falta para los melones.
La peluquera del pueblo encontró a Dios, cierra la tienda cada martes.
De nuevo hay ratones en el cajón de los repasadores.
Pequeñas bolitas. Mordieron

los bordes de las servilletas, si supieran
lo que cuestan las servilletas de papel hoy en día.
Esta noche llueve.

Mañana llueve.
Ese volcán en las Filipinas otra vez activo. Esa que no me acuerdo el nombre
Anderson se murió no Shirley no

la cantante de ópera. Negra.
Cáncer.
No estás comiendo tu guarnición, ¿no te gustan los pimientos?

Por la ventana puedo ver hojas muertas que atraviesan las tierras planas
y residuos de nieve herida por la mugre de los pinos.
En el centro del páramo

donde la tierra desciende hacia una depresión,
el hielo ha comenzado a abrirse.
Llegan aguas abiertas y negras

cuajadas como la ira. Mi madre habla repentinamente.
Esa psicoterapia no te está ayudando tanto, me parece.
No lo estás superando.

Mi madre tiene esa manera de resumir las cosas.
A ella nunca le había gustado Law
pero le gustaba la idea de que yo tuviera un hombre y que continuara con mi vida.

Pues él es de los que toman y tú de las que dan espero que funcione,
era todo lo que dijo después de haberlo conocido.
Dar y tomar eran sólo palabras para mí

en ese momento. Nunca antes había estado enamorada.
Era como una rueda que bajaba rodando una colina.
Pero temprano esta mañana mientras mamá dormía

y yo estaba abajo leyendo la parte de Cumbres Borrascosas
donde Heathcliff se aferra a la celosía durante la tormenta sollozando
¡Entra! ¡Entra! al fantasma del tesoro de su corazón,

caí de rodillas sobre la alfombra y también sollocé.
Ella sabe cómo ahorcar cachorros,
esa Emily.

No es como tomarse una aspirina, sabes, le respondo débilmente.
La Dra. Haw dice que el duelo es un proceso prolongado.
Ella frunce el ceño. ¿Y qué se logra

con todo ese remover el pasado?
Oh —extiendo las manos—
¡Yo me impongo! La miro directamente a los ojos.
Ella sonríe. Sí lo haces.

Podrías

Si no eres la persona libre que quieres ser, busca un lugar donde puedas contar la verdad sobre ello. Contar cómo te va con todo. La franqueza es como una madeja que se produce a diario en el vientre, tiene que desenrollarse en algún lado.

Podrías susurrar de cara a un pozo. Podrías escribir una carta y mantenerla guardada en la gaveta. Podrías escribir una maldición en una cinta de plomo y enterrarla para que nadie la lea por mil años. No se trata de encontrar un lector, se trata de contar.

Piensa en una persona de pie, sola en un cuarto. La casa está en silencio. La persona lee un pedazo de papel. No existe nada más. Todas sus venas se pasan al papel. Toma la pluma y escribe en él unos signos que nadie más va a ver, le confiere así como una plusvalía,

y todo lo remata con un gesto
tan privado y preciso como su propio nombre.