Usted es el culpable.

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Usted es el culpable de miles de noches de insomnio, de mañanas en las que el sueño, aún entre brumas, no deja de desperezarse entre las líneas escritas en lápiz.

Es el culpable de un amor apasionado por los significados y por las palabras que siguen susurrándose en los folios blancos.

De los recuerdos de la luz sobre los lomos de libros antiguos, del amor al aroma de cola y papel, de la intensidad de los momentos quedos y el brillo en los ojos de las primeras lágrimas de amor.

Usted tiene la culpa de que yo me encuentre aquí, en esta encrucijada, en este momento de mi vida en el que la lucha se ha convertido en una parte más del amor.

El amarillo resplandor de la tarde sobre una mesa de madera oscura y en el silencio de un lugar sagrado, por donde amplios ventanales invitaban a volar hacia praderas inimaginables, hacia lugares a los que nunca fui ni todavía he ido, acunaban las palabras que llegaban como susurros y que se hundían como espadas.

Usted es el culpable de sembrar el desasosiego en mi alma, de abrir heridas que nunca serán cerradas, de provocar seísmos y de jugar con un corazón que aún era muy niño para defenderse de los embates de un amor que sería eterno.

Usted es el culpable de que en las noches de verano buscara el abrigo de las ramas de un sauce para escribir mis primeros e infantiles poemas.

Usted sembró mi vocación desde un libro que vuelve a mi cada vez que trato de recordar cómo empezó esta aventura, cada vez que trato de explicar cómo he llegado a este momento.

Llegaba a las tres de la tarde al colegio y recorría los pasillos blancos que me llevaban a la biblioteca. Un libro marcado en los estantes y voces de niñas que nunca sabían qué leer. A mi me esperaba usted. Y él.

Me sentaba frente a la ventana, dejando que el sol de abril diera de lleno en la mesa y observaba el vuelo de los pájaros posados en las jacarandas del patio. Aspiraba el aroma de la biblioteca, cálido, oloroso a la lejía de las tocas de las monjas y del papel de los libros, a las maderas de las estanterías y a la limpieza de los mármoles blancos del suelo.

Tomaba el libro y rebuscaba entre las páginas para encontrar la esquina doblada, la esquina marcada desde el viernes anterior. Sin embargo, a mi me gustaba empezar por el principio una y otra vez porque sabía que el final era triste y que me había hecho llorar la primera vez que lo terminé.

No recuerdo las veces que lo leí, pero si sé las veces que lo empecé. Y siempre comenzaba como más me gustaba.

“Platero es un burro pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Come de todo y los del pueblo dicen que tiene acero.”

 

 

La creación de un personaje a partir de la asociación de ideas.

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Hace unos días os comentaba mi dificultad para crear un personaje que, a todas luces y por el argumento del libro, debía ser el malo de la novela.

Los personajes malos, los villanos, son quizás para muchos, los más jugosos, los más carismáticos, aquellos que se pueden permitir ser malos de verdad y ofrecerse al juicio público sabiendo que van a ser exonerados de sus maldades porque estas son necesarias para que, al final, triunfe la virtud, la bondad o cualquier sentimiento considerado correcto socialmente.

Es la contraposición de aquello que nos obligan a ser cuando, tal vez, tendríamos ganas de ponernos el mundo por montera y, por unas cuantas veces, ser los malos.

El malo, para ser carismático ha de poseer dos virtudes, a saber; no sentirse malo sino creerse en posesión de la verdad y de la virtud, y tener una filosofía de vida coherente con sus acciones, que pueda explicarlas.

No tener esas dos cosas lo convertiría en malo de todas formas, sí, pero no tendría esas dimensiones necesarias para ser un malo, muy malo de verdad.

Dos ejemplos de lo que es ser malo, pero con un carisma, una personalidad clara y coherente que se me ocurren a bote pronto, podrían ser el inspector Javert de Los miserables o Mr. Heathcliff en Cumbres borrascosas.

Es innegable que ambos son los personajes “malos” de esas novelas… pero conociendo sus pensamientos, su pasado, su filosofía, su vida, ¿quién puede juzgarlos con la simple palabra malo?

Malo, a secas, sin ninguna doblez en la expresión, serían aquellos personajes de las novelas de Marcial La fuente en que el pistolero era malo de por sí, por naturaleza, sin ningún atisbo de redención posible, sin remordimientos y sin un “live motive” que justifique sus acciones.

Así que, tras pensar en los malos épicos de varios libros, quise que ese personaje que tanto se me resistía tuviera una parte de humanidad, y que esa humanidad, mal entendida o llevada hasta las últimas consecuencias de una forma severa, fuera la que marcara sus malas acciones.

Los personajes son hijos de su tiempo también, y la coyuntura social que los envuelve nos puede marcar qué tipo de maldad es la que estos pueden realizar.

La asociación de ideas me surgió casi sin querer.

Mi personaje ha de ser un fascista militante en una España de postguerra.

Mi cabeza se fue a buscar ejemplos visuales que me parecieran ajustados a esa imagen mental que tengo del miliar fascista y fanático e irremediablemente me vino a la cabeza el papel de Sergi Lopez en El laberinto del fauno. Ahí esta el malo, malo, muy malo.

Con la facilidad de las redes sociales busqué hasta encontrar una crítica que me hizo ver que no todos los malos deben ser tan claramente malos, tan crueles y provocar tanta repulsión en el espectador/lector.

La primera asociación de ideas, que fue Sergi Lopez, me llevó a buscar la filosofía, la ideología de su personaje.

Me metí de lleno en política. Fascismo, nacismo, nacionalsocialismo, nacionalcatolicismo.

Lo sé, tengo un estómago a prueba de bombas.

Necesitaba comprender de dónde viene esa forma de pensar.

Al mismo tiempo, con la cabeza bullendo de información, había estado buscando una parte humana con la cual dotarle de algún refinamiento, de alguna característica que le diera contraste a la crueldad necesaria de la que va a hacer gala el personaje, algo que pudiera conmoverle y que por un momento mostrara su lado más amable y sentimental.

Y, para mi, si hay algo humano que muestra a sensibilidad de cualquier persona, son las artes. La expresión más refinada de nuestro ser, la que más dice de nosotros mismos, la que nos puede hacer sentir y nos puede provocar emociones.

La música era lo ideal.

¿Y qué tipo de música escucharía un militar fascista? Mira, de verdad que a veces me superan estas cosas… pero yo juraría que no a Puccini precisamente.

Una persona con esa fuerza intrínseca, con rango abolengo,con esos valores tan marcados escucharía música culta pero fuerte, una música rotunda; Wagner.

La suma de Wagner y la filosofía fascista, me llevó a Alemania.

Posiblemente, como hijo de su época, mi militar tendría cierta germanofilia. (Los amos del cotarro en aquel momento que tenían a las potencias europeas tan asustaditas que ni se atrevieron a ayudar a la república electa en España y transigieron con las primeras anexiones territoriales de la expansión que Hitler soñaba, en pos de evitar un conflicto que de todas formas acabó estallando)

Y si hay que buscar en el fascismo alemán, en la filosofía alemana de aquel momento, podría haberme hundido en un montón de mierda, con perdón de la expresión y haberme quedado en la forma sin llegar al fondo.

Una ideología tan brutal, inhumana y cruel como el fascismo, el nacionalsocialismo, para mi tiene la base en la falta de cultura de las personas que la ostentaban, en los prejuicios y en los rencores históricos. Eso ya es una marca a seguir.

Pero, ¿cómo puedo llamar “incultos” a personas que han escrito libros, que han montado todo un movimiento social alrededor de una idea o que, yendo más allá, han sido creadores de toda una filosofía que llegó a tener y sigue teniendo miles de adeptos en el mundo? Esas personas se formaron en universidades, tenían sus títulos académicos, pertenecían de nacimiento a círculos de poder y círculos de pensamiento, por tanto incultos no eran, pero sí hacen gala de unas premisas políticas populistas que son las que, aquellas personas con menos nivel cultural, siguieron y siguen.

Por tanto hay un fondo que buscar.

Recapitulando: tenemos a Alemania, tenemos una filosofía fascista y un militar español.

Necesitamos enlazar todo eso de alguna forma para que el resultado sea armonioso y el personaje tenga una psique, una ideología y que esta pueda tener coherencia con sus actos.

Me fui a dos grandes pensadores alemanes; Nietzsche y Schopenhauer.

De verdad que lo mío es vicio.

La filosofía de ambos es completamente contraria a cualquier fascismo. Hay que ser muy retorcido para creer que el súper hombre que menciona Nietzsche signifique la supremacía de la raza aria, pero así fue. Además era ateo y culpaba a la religión de muchos de los males que asolan al hombre (adoro a Nietzsche) y yo lo que necesitaba era una filosofía dentro del fascismo que casara con el catolicismo español imperante en el bando nacional.

Descubro que Nietzsche es de los filósofos más mal interpretados gracias en parte a su propia hermana, Elizabeth Forster Nietzsche que, antisemita de vocación, manipuló su obra cuando este sufrió un colapso que lo dejo convertido en vegetal durante doce largos años. Quién haya leído sus teorías sobre la eutanasia no podrá menos que notar la broma del destino.

La idea reprobable de Nietzsche sobre las clases sociales y la primacía de la clase aristocrática sin embargo me va a venir muy bien.

Todas esas pesquisas me llevan a un tal Alfred Beaumuler, filosofo alemán fascista que publicó un libro titulado Nietzsche, el filosofo y político y que manipuló a su gusto algunas teorías para adaptarlas a la filosofía nazi que por lo visto era necesaria. Obviamente no pienso leerme ese libro, pero los datos me llevan a ese fondo que yo buscaba, a esa filosofía de vida interior que necesita un malo muy malo para no ser un personaje plano y poseer, sino alma, al menos un cerebro que justifique sus actos.

Lo siguiente era unir todo eso con la religión católica , y sabemos que el fascismo era ateo…

Para unirlo lo que he hecho es separarlo.

He separado Dios de religión. Espiritualidad de Iglesia.

Si tenemos en cuenta que el fascismo español, basado muchas veces en el catolicismo tradicional se apoya  en dogmas y leyes dictadas más por la iglesia que por la propia biblia, si tenemos en cuenta de que todo nace de una filosofía judeo-cristiana que ha imperado durante miles de años en el sentimiento y pensamiento sobre la culpa, el pecado, el bien y el mal o en los juicios finales, al separar ambas cosas, si la mente de mi personaje separa ambas cosas, obtenemos a un militar que cree en Dios pero que repele la imagen del sacerdote como modelo político y su influencia en las leyes civiles del momento, que a su parecer han de ser dictadas por poderes terrenales y no divinos.

Et voilá! Ahí tenemos a mi malo malísimo.

Un personaje refinado, culto, que lee libros filosóficos, que escucha a Wagner, que cree de forma íntima en todo lo que hace porque para él no es hacer o no hacer, sino vivir o no vivir de la forma adecuada. Sus actos van a tener una justificación porque ya sé como piensa, sus maldades van a tener una veta de bondad porque creerá estar haciendo lo correcto y lo moralmente necesario aun cuando esto sea reprobable. Un personaje que tratará de destruir todo aquello que él crea necesario destruir en pos de una sociedad correcta  y tradicional.

Y ahora viene lo más difícil; escribir.

Deseadme suerte.

 

Recuperando buenas costumbres: La virgulilla, tertulia literaria.

Hace unos meses, con la publicación de mi segundo libro Rosa de los vientos, conocí a un grupo de gente increíble; lectores, escritores, poetas, bohemios, librepensadores… ellos, desde hacía tiempo querían recuperar las tertulias literarias y llevaban años reuniéndose en una cafetería que ya es como la segunda casa de todos.

En una nueva etapa de las reuniones, hemos abierto un blog, estamos recuperando palabras obsoletas, apostamos por los relatos y ediciones en grupo, y vamos a tratar de movilizarnos y dinamizar los actos culturales de nuestra ciudad asistiendo a distintos eventos.

Os presento el blog de La virgulilla, tertulias literarias.

Espero que os guste la idea y nos honréis con vuestra virtual presencia además de participar en estas locuras nuestras.

Os dejo el enlace para que podáis conocernos personalmente en plena faena.

Origen: Quiénes somos

Reseña de Las sufragistas.

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Allá por el mes de septiembre, antes de cambiar la portada por esta que conocéis ahora y con el libro recién publicado en Amazon, mi querida amiga Conchi hizo una reseña en su blog.

Conchi es, aparte de una buena amiga, la correctora ortotipográfica y de estilo de este libro, o sea, la madrina de la criatura. En aquel momento el libro estaba bajo seudónimo y no pude publicar aquí su reseña, pero me ha parecido oportuno publicarla en este momento. Espero que os guste y que os anime a leerlo.

http://cosasmias-cosesmeues.blogspot.com.es/2016/09/las-sufragistas.html
Podéis leer la entrada completa en su propio blog, Cosas mías.

 

Sinopsis:
¿Puede una mujer amar a dos personas a la vez? 
Grace, una activista perteneciente al grupo de las Suffragettes londinenses, y en un momento histórico en la lucha por los derechos de la mujer, sufre una grave crisis de identidad tras conocer a James y a Ingrid, las dos personas que cambiarán su mundo para siempre. 
Conocerles a ellos y sus ideas, así como la revolución ideológica que está a punto de sacudir al mundo previo a la 1º guerra mundial, hace que Grace se plantee temas profundos que desde su posición acomodada nunca antes siquiera llegó a pensar. Los ideales de sufragio para las mujeres, que es algo que por lo que lleva años luchando, comienzan a parecerle efímeros frente a novedosas ideas promulgadas por las feministas europeas. El amor libre, las opciones de identidad sexual, la elección libre de la maternidad o el socialismo, irrumpen fuerte en su vida volcando todo lo que una vez creyó. 
Con Ingrid y James, Grace comienza un cambio drástico en su vida, asumiendo su verdadera identidad sexual, cambiando los valores en los que la habían educado y comienza a ser una mujer libre. 
Basado en hechos históricos y con personajes reales, como Emmeline o Sylvia Pankhurst, Emily Davidson, Ethel Smyth o Madame Pelletier, que se entremezclan en la narración, Grace comienza un viaje interior del que saldrá una mujer nueva, quizá el precedente de cómo somos muchas mujeres actuales. 

Quizá hayáis notado la escasez de lecturas de este verano. Os aseguro que he leído, y mucho. Pasé varias semanas leyendo y retocando en las formas (nunca en el fondo, que para mí la creatividad del autor es sagrada) esta novela de mi amiga Erin Greene de quien ya os puse una poesía.

Dos temas principales vertebran esta novela, intrincados ambos en la esencia de ser mujer. Por un lado, la lucha de la protagonista, junto a un grupo de pioneras sufragistas, por conseguir el voto para las mujeres además de unas leyes menos discriminatorias. Los derechos que quizá hoy damos por sentados se cobraron la sangre de valientes mujeres que sacrificaron su estabilidad, su posición, su salud física y mental por intentar lograrlos. Nunca les estaremos lo bastante agradecidas. Por otro lado, la liberación del yugo legal masculino debía ir acompañada del descubrimiento de su sexualidad, hasta entonces mayoritariamente reprimida. Por ambos procesos transita Grace, la protagonista en principio, aunque más tarde veremos que es el vértice de un triángulo de pasiones y de ideologías.

Hay que agradecer a la autora el repaso histórico de la época convulsa que precede la Primera Guerra Mundial y que nos recuerde los sacrificios de aquellas mujeres, en efecto, aunque no quiero obviar su talento para la narración erótica. Las escenas de sexo están impecable y elegantemente descritas sin que ello les haga perder efectividad. Que me hayan recordado la mejor novela erótica de Robin Schone, El tutor, ha de interpretarse como un halago por mi parte. De hecho, me he quedado con las ganas de leer más episodios de ese cariz. Como me conocéis, ya no os escandalizan mis preferencias de lecturas sicalípticas. Y, amigas mías, ese James os va a volver locas. Puede que tenga una idea de en quién ha pensado la autora para describirlo pero no pienso revelarlo. La imaginación al poder, chicas, y vuestras parejas (o vosotras mismas, qué caray) lo agradecerán.

Sea por un tema o por el otro, os recomiendo su lectura. De momento, solo está disponible en formato digital y lo podéis adquirir baratito en Amazon.

Crítica a “Las sufragistas”, de Nina Peña

La primera reseña de LAS SUFRAGISTAS, no podía ser de otra persona más que de Miriam. Gracias Miriam, tomo nota de todo lo que me dices para mejorarla en el futuro, de cara a otra edición en formato tradicional. Saber nuestros errores, esos que no vemos porque estamos muy metidas en la narración,  es siempre una gran ayuda no solo para el libro que nos ocupa sino para seguir mejorando. Y gracias también por tus palabras, y sí, disfruté como una enana escribiendo sobre el feminismo más real y más de base, ese feminismo que ahora parece desvirtuado. Un beso y de nuevo gracias.

 

 

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Título: Las sufragistas
Autor: Nina Peña Pitarch
Género: Biografía – Histórica
Fecha de su composición: 2016
Edición: Digital
Editorial: Autopublicado
Número de páginas: 684 páginas

Lo cierto es que lo que a mí me resulta sarcástico es ver cómo mujeres de una posición social elevada se inflaman en discursos épicos sobre sufragios y sobre los derechos de la mujer pero no hacen nada por mejorar las condiciones de trabajo de sus compañeras de sexo. ¿Sabe usted que en este país las mujeres cobran mucho menos que los hombres por realizar exactamente la misma labor?

Nina Peña me ofreció leer y reseñar alguna de sus obras. Y, dado que no puedo rechazar la oportunidad de sumergirme en una novela histórica con aires feministas, el título elegido es el que ocupa esta crítica. Con la presión que siempre es leer y hablar de una amiga, a ello voy.

La protagonista

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Un reto.

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Sin duda escribir sobre algo que no conoces en profundidad o sobre épocas que no has vivido y sobre las que tienes que documentarte hasta que llegas a soñar con ellas es un reto.

Y es un reto al que me estoy enfrentando en estos momentos.

No solo he salido de mi zona de confort al escribir con personajes masculinos que tienen un peso específico en la trama sino que además, he de ponerme en la piel de ellos para tratar de explicar una filosofía, un carácter y una ideología política que es completamente contraria a la mía.

Hay cientos de ensayos, documentales, testimonios y libros que hablan de ello, y me he leído y visto bastantes porque de una forma u otra todos me van a ayudar a sumergirme en esa coyuntura, pero tratar de meterme en una piel, en unos sentimientos o tratar de interiorizar en pensamientos toda esa carga política que, además, transforma por completo el modo de vida de las personas que siguen su filosofía, es un arduo trabajo no de imaginación sino de una empatía que no sé si voy a lograr.

Un reto. Salir de mi zona confortable y hablar de cosas que no son ni cómodas ni agradables, pero sí son necesarias para el argumento de mi libro y que por tanto voy a tener que enfrentar.

Es algo que va mucho más allá de describir un físico o una imagen aunque estas sean también necesarias. Es toda una forma de moverse, de mirar, de hablar, de ser, de estar en los lugares lo que han de marcar esa personalidad y ese carácter que además tiene que ir en consonancia con su forma de entender la vida, con las reglas por las cuales se rige su comportamiento.

Y… ¿Cómo lo hago si ese tipo de persona me produce repulsión? ¿Cómo describo a un personaje de forma que sea coherente y no quede patente mi opinión personal al respecto de su ideología y de sus prácticas? ¿Cómo me mantengo al margen de los hechos para simplemente relatarlos, contarlos?

Es un reto del que no sé como voy a salir…ya me lo diréis cuando leáis el libro…que a este paso será dentro de mucho tiempo. (Ains)

 

Radclyffe Hall. El pozo de la soledad.

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El pozo de la soledad es un libro publicado en el año 1928 que trata el tema de las relaciones lésbicas y que ya fue controvertido en su época por escandaloso y ahora por insuficiente, y cuya autora Radclyffe Hall, sigue siendo un icono para quién ha tratado de encontrar en la literatura seria un referente como modelo de vida, como ejemplo aspiracional a seguir o a no imitar.

La novela trata la vida de una mujer cuya “inversión sexual” se manifiesta desde su más tierna infancia y en cuyos datos, desgranados poco a poco en capítulos donde trata la relación con sus padres o con el medio que la rodea, van dejando un dialogo íntimo en el que muchas mujeres pueden verse reflejadas.

Desde el principio ya nos enfrentamos a una paradoja: los padres, pertenecientes a la clase aristocrática inglesa, querían y deseaban tener un varón, un heredero, pero en su lugar llega ella tras lo cual, deciden ponerle el mismo nombre que le pondrían a un varón; Stephen.“Una criatura de hombros anchos y caderas estrechas que parecía un renacuajo”

Es chocante para mí como lectora, comprobar que Hall hace hincapié en la masculinidad de su padre y en la belleza y fragilidad femenina de su madre, ante la cual ella se muestra completamente indefensa y apartada, tanto de uno como de otro ya que no puede verse reflejada en ninguno de ellos. En uno por no pertenecer a su mismo género y de la otra por no ser sexualmente “mujer” a pesar de sí pertenecer a ese mismo género.

La contradicción, la falta de identificación sexual que entra en disputa directa con la construcción de su propia sexualidad, es una constante en la primera parte del libro.

Pese a ello, Stephen adora a sus progenitores, identificándose con su padre en casi todo su comportamiento y teniendo una relación bucólica pero distante con su madre.

La paradoja es que en el libro, Lady Ana, depositaria de todo lo femenino de la belleza, de la delicadeza y la moral victoriana y femenina de la época, incumple precisamente en lo más intrínsecamente femenino, en el instinto más achacado a nuestro género; rechaza a su propia hija, a la que ve como una “reproducción imperfecta, indigna, defectuosa” de sir Phillip.

A lo largo de la narración Stephen pasa por distintas fases de enamoramiento. La primera de ellas con una criada, Collins por la que siente un platónico amor cuando es tan solo una niña. La segunda, Angela Crosby, es la esposa americana de un adinerado y noble vecino que la utiliza como un mero entretenimiento para pasar las noches en la aburrida campiña inglesa, y por último Mery Llewellyn, con quien Stephen tiene una relación madura y duradera, con un final predecible, en su etapa de escritora en Paris.

 

Lady Anna, en uno de los capítulos, refiriéndose a su relación con Ángela acusa a Stephen de tener “el descaro de usar la palabra amor para describir esta… estas ansias repulsivas y antinaturales de tu mente desequilibrada y de tu indisciplinado cuerpo”. Stephen responde: “como mi padre te amó, así he amado yo… Y ha sido un sentimiento puro, puro y bueno; mil veces hubiera dado gustosa la vida por Ángela Crossby.

 

La novela, tildada por algunos como de poca calidad literaria y por otros indiscutiblemente buena, es importante por las implicaciones sociales que realmente tuvo en su momento.

Hall tuvo que enfrentarse a la censura y a varios juicios por su publicación tanto en su país, Reino Unido, como en Estados Unidos, lo que solo consiguió darle más fama y mayor controversia.

Lo más escandaloso y por lo que fue censurada en su momento es una sola frase: “Y esa noche no durmieron separadas”.

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Implicaciones.

Socialmente el libro de Hall aportó visibilidad al colectivo lésbico de aquel entonces donde muchas mujeres pudieron leer algo con lo cual sentirse identificadas y que además había trascendido como una realidad social gracias a los escándalos que tuvo desde su publicación, forzando así un debate que hasta entonces había permanecido oculto.

En las artes, Hall nos habla de una realidad cultural que trataba de hacerse ver mediante distintos aportes. El llamado círculo de París que nombro yo en mi libro Las sufragistas, era un circulo de pintoras, escritoras, poetas y editoras británicas que refugiadas en el Paris de entreguerras hicieron una aportación valiosísima a la cultura de aquel momento. Stephen, parece pertenecer a este círculo aunque Hall no lo nombra directamente.

Desde el punto de vista filosófico Hall entra de lleno en la construcción de género que muchos años después ha tratado la filosofa norteamericana Judith Butler. La lucha de un género siempre en disputa entre la realidad física a la que pertenecemos y la realidad de la sexualidad que elegimos.

Cuando Stephen comienza a usar ropa masculina, cuando conduce ambulancias en el frente de la 1ª Guerra Mundial o cuando adopta un rol protector sobre sus amantes, hasta el punto de forzar la ruptura por lo que ella cree que es un bien, nos habla de esos conceptos, de los intercambios de poder, de los roles de género implantados en la mente colectiva, de los conflictos a los que se enfrenta para construir su propia forma de ser.

Es en materia religiosa donde más disconforme estoy con la autora.

Desde el principio Hall muestra a Stephen como arrepentida de ser como es, dolida ante lo que parece ser un sufrimiento constante, sobre todo en la primera parte del libro en que es una niña o una adolescente y no comprende esa dualidad existente en ella.

La teoría abierta de que cualquier sexualidad no normativa es pecado, está de fondo y ella trata, en su inocente niñez, de hacerse perdonar. Pide clemencia a un Dios que no la escucha y que la ha dejado abandonada en un mundo que no la acepta por ser como es, aunque por otra parte cree ser parte de su obra. “Concédenos también  el derecho a existir” es una de las frases más tristes del libro.

El sacrificio, el perdón, la abnegación a un destino injusto y por tanto a una vida de expiación y dolor es algo que sobrevuela el libro completo y me lleva a la teoría de que muchas personas, en ciertos momentos de represión moral como pueda ser aquella época victoriana o como pudo ser los años del franquismo en España, se acercaban a la iglesia buscando un perdón que esta nunca les daba, y sacrificaban una vida plena a cambio de la inmolación y privación de su sexualidad.

Me parece terrible.

Hoy en día esta novela puede verse tal vez trasnochada, puesto que muchos de los conflictos que narra Hall están ya más que superados. Ya nadie se rasga las vestiduras porque las mujeres llevemos pantalones por ejemplo y la visibilidad del colectivo LGTBI es patente en cada rincón. Los retos a los que nos enfrentamos ahora pasan por la aceptación social completa y por el reconocimiento de ciertos derechos que poco a poco vamos consiguiendo, como el matrimonio entre personas del miso sexo o la adopción.

El tono pesimista y triste, rozando lo depresivo de esta novela contrasta ahora con la alegría y visibilidad de las manifestaciones LGTBI y el descaro jubiloso propio de quien trata de hacerse ver y oír.

En su vida privada Radclyffe Hall, vestía como un hombre, fumaba en público, convivió con Mabel Baltten durante toda su vida y además tuvo un sinnúmero de amantes, algo que nos parece normal hoy en día pero que entonces resultaba de lo más escandaloso.  Lo más que se le puede achacar a Hall en el ámbito privado es que no exigiera un mayor reconocimiento para el colectivo al que pertenecía y que en su obra siempre acabara, de una forma u otra, pidiendo perdón por el simple hecho de existir

Lo que es indiscutible es su importancia en la historia de la literatura LGTBI, la repercusión que tuvo para miles de mujeres que pudieron leerla y sentirse identificadas, arropadas por esa voz que se alzaba y la implicación emocional de todo aquel que la lee, pertenezca o no a ese colectivo.

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Judith Butler y la filosofía Queer.

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Judith Butler es una filósofa post-estructuralista que actualmente ocupa la cátedra Maxine Elliot de Retórica, Literatura comparada y Estudios de la mujer, en la Universidad de California, Berkeley, tras haber sido profesora en la Universidad de Wesleyan de Ohio y Johns Hopkins.

Esta teórica ha realizado importantes aportaciones en el campo del feminismo, la Teoría Queer, la filosofía política y la ética.

Es autora de dos de los libros más influyentes del s.XX “El Género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad” (1990) y “ Cuerpos que importan. El límite discursivo del sexo” (1993). Traducida a 20 idiomas, ambos libros describen lo que hoy se conoce como Teoría Queer y son básicos en el pensamiento moderno y las nuevas teorías sobre género y sexualidad.

En estos libros Butler pone en tela de juicio la idea de que el sexo es algo natural mientras que el género se construye socialmente más allá de una anatomía. Así como el sexo nunca se cuestiona puesto que todos nacemos con unos atributos sexuales definidos (sistema binario hombre –mujer) el género es un concepto subjetivo que se da dentro de un sistema social ya marcado con unas pautas y normas y que por tanto está siempre en creación o construcción continua, y al tener que ser aceptado por el resto de sociedad, en disputa.

Este pensamiento obliga a replantearse la perspectiva feminista y sus teorías y así entender que las mujeres es más que un colectivo físico adquiriendo un significado político.

Esta teoría será abrazada entonces por colectivos denominados como “minorías” y que son discriminados por la norma social binaria suponiendo un gran empuje al denominado Movimiento Queer.

El género, por tanto, esta siempre expresándose, mostrándose y construyéndose en un contexto social en el que puede aceptar o transgredir las normas impuestas y hacer legible a la persona socialmente. Es una negociación constante con esa normativa o bien una transgresión de esas leyes aceptadas y consideradas como políticamente correctas.

Estos ideales o normas o leyes sociales de masculinidad y feminidad han sido configurados desde la heterosexualidad. Se parte de una idea en que la identificación con un género se opone y excluye el deseo hacia ése mismo género y por tanto implica que debe orientarse hacia el sexo contrario. Idea a mi parecer un tanto religiosa en la que el sexo entre personas está encaminado exclusivamente hacia la procreación y en ningún caso hacia el crecimiento personal, relaciones afectivas o simplemente búsqueda del placer.

Desde el punto de vista de Butler, deseo e identificación no tienen porque ser excluyentes mutuamente ni existe ninguna razón por la cual una persona deba orientar su deseo hacia un género u otro completa y totalmente.

Para la filósofa, no hay encarnaciones de feminidad o masculinidad que sean más auténticas unas que otras, puesto que todas parten de la subjetividad del individuo. Lo que sí existe es una continua negociación de los ideales de acuerdo a una normativa social que los vuelve “respetables” de acuerdo a un imaginario social plenamente aceptado que continua siendo mayoritariamente heterocéntrico.

Conocer las teorías de Judith Butler me ha ayudado muchísimo a la hora de amueblar la mente de cara a escribir mi libro, puesto que me he planteado cuestiones que nunca antes me había planteado, como puedan ser la construcción y asunción del género, la identidad o el concepto “mujer”.

La protagonista asume su identidad, construye su género a través de unas vivencias que le abren la mente y le obligan a aceptarse, rehacerse a sí misma en un proceso que dura varios años y en el que mantiene una relación bisexual que está en constante tela de juicio por ser algo que transgrede esas leyes aceptadas socialmente, así como en una lucha constante de poder entre ella y su pareja masculina.

Judith

Judith Butler entrevistada por Milagros Belgrano Rawson

La invención de la palabra

¿Cómo ve el devenir de la potencia de lo que usted llamó la “matriz heterosexual” en las últimas cinco décadas? ¿Qué cambios han ocurrido y a qué cree que se deben?

–Pienso que tenemos que asumir que “la matriz heterosexual” es una manera de intentar describir las cambiantes operaciones de la heterosexualidad hegemónica y obligatoria, y que esta “matriz” no tiene una única formulación. A veces, una construcción teórica como “matriz heterosexual” actúa como punto de partida para un análisis pero no es en sí misma descriptiva. Podríamos hablar sobre cambios producidos en las últimas cinco décadas dentro de ciertos contextos geopolíticos y seguramente notaremos que hay más espacio para otros modos de la sexualidad –gay, lesbiana, bisexual–, pero también tendríamos que advertir los nuevos métodos de normalización que emergieron en las mismas décadas. Lo que podría ser importante de considerar es la manera en que la separación entre reproducción y sexualidad es evidente para gente de cualquier orientación sexual. Aunque también habría que recordar que el funcionamiento de la matriz heterosexual no sólo impone heterosexualidad sino que también controla los términos del género. Por lo tanto, es importante también hacer un seguimiento de cómo los modos de presentación de las cuestiones de género ya no están vinculadas con la orientación sexual de manera clara o previsible. Hay, por supuesto, lugares en el globo donde es más difícil seguir el “progreso”, así que probablemente necesitemos desarrollar un mapa dinámico y complejo para ensayar y pensar más cuidadosamente cuándo y dónde opera la matriz heterosexual.

¿Cómo imagina un futuro donde la norma binaria se haya diluido?

–No es necesario imaginarse un futuro en este sentido porque la impugnación del sistema binario de géneros ya ha sucedido. De alguna manera, ha sucedido. El desafío es encontrar un mejor vocabulario para las maneras de vivir el género y la sexualidad que no encaje tan fácilmente en la norma binaria. De esta manera, el futuro está en el pasado y en el presente, pero necesitamos producir la palabra en la que la complejidad existente pueda ser reconocida y en donde el miedo a la marginación, patologización y la violencia sea radicalmente eliminado. Tal vez nuestra lucha sea menos para producir nuevas formulaciones del género que para construir un mundo en el que la gente pueda vivir y respirar dentro de la sexualidad y el género que ya viven.

¿Qué consecuencias políticas traen aparejadas estas nuevas perspectivas?

–Algunas son claras: la oposición en la calle a la violencia médica y policial contra la gente transgénero, la conformación de nuevas alianzas entre feministas, lesbianas, gays y bisexuales, queer, genderqueer, transgéneros, intersex; la despatoligización de la homosexualidad y la transexualidad dentro de los manuales y prácticas médicas, la producción de espacios culturales donde a través del arte es posible explorar las luchas y los placeres de estas vidas particulares, el desarrollo de formas de activismo basadas menos en una identidad estricta que en una forma de afiliación donde la diferencia tenga más valor que la superación de ésta.

¿Es posible adaptar su trabajo teórico, sobre todo el vinculado con los temas de género, a la vida cotidiana?

–Hay varias formas de responder esa pregunta. Mi primera respuesta es decir que el trabajo y el amor están relacionados, y con eso quiero decir que amo mi trabajo y que mi trabajo proviene en parte de reflexiones sobre las condiciones del amor. Pero más que eso, creo que el género tiene mucho que ver con las relaciones que mantenemos en la vida. No siempre es el aspecto más importante de toda relación, pero el género es una forma de relacionarse. Pienso que la gente, en todo el mundo, está confundida con el género, incluso cuando lo están disfrutando, así que miran los recursos culturales que tienen a su disposición para que estas cuestiones tengan sentido. La teoría académica es sólo un recurso entre otros.

Pero dado que usted teoriza sobre el amor, la sexualidad, el deseo y el género, ¿hay alguna forma de aplicar algunos de sus postulados?

–No pienso que la teoría deba ser aplicada. No se trata de un conjunto de prescripciones abstractas aplicables a la vida práctica. La teoría no te dice cómo hacer las cosas, pero abre posibilidades. En un mundo que constantemente cierra posibilidades, es importante abrirlas. Una vez, Nancy Fraser (filósofa feminista norteamericana) me preguntó cómo se podía distinguir entre las posibilidades que había que valorar y las que no. Ella quería una forma de medir normas. Pero yo creo que se trata de maximizar las posibilidades de vivir la vida, aunque ésta sea precaria. De todos modos, cuando la gente toma una teoría y luego hace su propio análisis sobre una práctica social determinada –algo que yo no podría hacer– es algo maravilloso. Porque esa teoría sale del contexto en el que fue creada y entra en otro y se convierte en algo diferente. Para mí, la teoría es un gesto insuficiente. Hay que retomarla en distintos contextos para que se convierta en algo diferente. Y recién cuando esto ocurre la teoría es exitosa.

¿Y entonces es posible dejar una marca en el mundo?

–Cuando estaba en la facultad, yo formaba parte de un emergente movimiento gay y lésbico (por entonces no existía lo “queer”) y era una feminista comprometida. Lo que no entendía era cómo iba a poder juntar todos estos mundos diferentes. Parecían separados y que habría riesgos si intentaba unirlos. Pero, de a poco, de alguna forma se unieron, y yo me encontré en una posición afortunada. No estoy segura de que, como persona, yo pueda hacer una diferencia. Pero formo parte de un movimiento de pensamiento más grande que ha hecho y hace una diferencia.

Usted apoyó a Obama antes de su elección. Hasta ahora, ¿está satisfecha con sus primeros meses en el gobierno?

–Es verdad que voté a Obama en las primarias demócratas y en la elección final, pero tenía algunas dudas sobre sus posiciones. Es un demócrata centrista y es importante saber que la “izquierda” consiste en movimientos sociales radicales que no siempre están bien representados por Obama o sus funcionarios. Mi esperanza es que surja una práctica de la crítica en la izquierda. Por supuesto que estamos aliviados ahora que Bush se fue y que Obama está en el poder. Pero hay que recordar que Obama nunca apoyó el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo y que tenía el poder para influenciar en la votación de California que anuló el matrimonio gay. Pero, por razones tácticas, eligió no hacer nada. Y estuvo dolorosamente callado durante el ataque a Gaza, incluso cuando debería ser claro para él que los judíos progresistas ahora están preparados para criticar la violencia del Estado israelí. También eligió en su gabinete a gente que es muy conocida por su misoginia y racismo, como Lawrence Summers (N. de la R: profesor en Harvard y director del Consejo Nacional Económico). Así que veamos cuán lejos está dispuesto a ir con respecto a las decisiones más difíciles. Debo decir que luego de sus primeros tres meses en el gobierno estoy más contenta de lo que había pensado. Cuando fue electo, me preocupaba que tanta gente estuviera enamorada de él y lo idealizara y que luego se decepcionara por completo o que “disculpara” sus numerosos compromisos con fuerzas más conservadoras. Pero creo que Obama hizo un buen trabajo al asegurarse de que la gente no lo viera como un Mesías. Ofrece esperanza, pero no redención, lo que para mí es un alivio. Ya veremos qué posición tomará su gobierno en cuanto al aborto. En mi opinión, ésta es una pregunta abierta.

¿Le resulta llamativo que en este momento se discuta en distintos lugares del mundo –con el apoyo de múltiples personalidades públicas– la legalización del matrimonio gay y que el aborto, a su vez, siga siendo un tema tabú o defendido sólo por grupos de mujeres militantes?

–Es importante considerar cómo el movimiento “pro-matrimonio” ha limpiado las relaciones homosexuales y neutralizando el radicalismo sexual. Ahora gira alrededor de imágenes de monogamia y propiedad. Y, sin embargo, la práctica del aborto es muchas veces presentada como una opción socialmente condenable o estigmatizada por la pérdida de status de clase. Así que me parece que necesitamos repensar el feminismo y los movimientos sexuales radicales para tomar en cuenta formas de filiación que no son conyugales y que no siempre se basan en derechos de propiedad. Y también habría que volver a aliar al movimiento gay y lésbico (y a los bisexuales) con el feminismo y la crítica de la opresión de clase. Mi temor es que en los Estados Unidos estemos aceptando los términos de la democracia liberal participativa en el sentido amplio del compromiso político. Por supuesto, quiero esa democracia, pero quiero que sigamos preguntándonos qué es lo que la democracia radical nos pide ahora.

¿Cómo ingresa el concepto de familia en esta historia? ¿Cree que se ha modificado?

–Creo que tenemos que distinguir “familia” de “parentesco”, pensando parentesco como ese grupo de personas de las que dependemos y que dependen de nosotros, una comunidad que participa de las mayores celebraciones y pérdidas de nuestras vidas. Creo que es un error restringir la idea de parentesco a la familia nuclear. Creo que todos necesitamos producir y sostener este tipo de comunidades. Demasiado peso emocional se deposita sobre la familia y la pareja, y encima estas instituciones deben abrirse a mundos más amplios. No es necesario estar unidos por la sangre o por el matrimonio para convertirse en esenciales unos para los otros. No solamente tenemos que imaginarnos más allá de estas maneras de relacionarnos sino también cómo podríamos vivir en ellas.

 

 

Libros

  • ‘’Sujetos de deseo: Reflexiones Hegelianas en la Francia del siglo XX”(1987)
  • ‘’El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad”(1990)
  • ‘’Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del sexo” (1993)
  • ‘’Lenguaje poder e identidad” (1977)
  • ‘’Mecanismos psíquicos del poder: teorías sobre la sujeción” (1997)
  • ‘’El grito de Antígona” (2000)

.         Artículos

  • ‘’El marxismo y lo meramente cultural”
  • ‘Variaciones sobre sexo y género”
  • 2012: ‘’Afirmo un judaísmo no asociado a la violencia del Estado”
  • 2011: La alianza de los cuerpos y las políticas de la calle”
  • 2011: ‘’ Informe Amicus Curiae’’
  • 2009: ‘’Performatividad, precariedad y políticas sexuales’’
  • 2008: Euforia acrítica”
  • 2006: Relaciones género”
  • 2003: Violencia, luto y política’’
  • 1998: Merely Cultural’’
  • 1995: ‘’Los usos de igualdad’’
  • 1988: Actos performativos y constitución del género: un ensayo en fenomenología y la teoría feminista

 

 

Ana María Rodas. Un acercamiento a su poesía.

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Reseña biográfica

Poeta, cuentista y periodista guatemalteca nacida en Ciudad de Guatemala en 1937. Es una figura destacada del panorama intelectual centroamericano. Inició su carrera poética con la publicación de «Poemas de la izquierda erótica» en 1973, seguida luego de «Cuatro esquinas del juego de una muñeca» en 1975, «El fin de los mitos y los sueños» en 1984 y «La insurrección de Mariana» en 1993. Ha sido distinguida con importantes galardones, entre los que se cuentan: Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” 2000,  Premio Libertad de Prensa 1974, otorgado por  la Asociación de periodistas de Guatemala, Primer Premio en el Certamen de Cuento de Juegos Florales México en 1990 y  Primer Premio de Poesía en el Certamen de Juegos Florales México, Centroamérica y el Caribe en 1990.

 

Emerjo

Emerjo  de las profundidades

Huelo a sangre y a sal Soy el océano que se mueve crujiendo arrastrando deseos  temores visiones entre los dedos

Soy un pantano humeante lleno de sensuales animales viscosos Soy el calor el agua el trueno  esta jungla prehistórica este bosque tropical Me hundo en lo desconocido

No sé  a dónde regreso Al resurgir sólo experimento La certeza triunfal de haber sobrevivido el viaje.

 

 

La luna, siempre

Redonda, hinchada de frotarse contra el cielo rasga mi piel con su delgada luz

Cae sobre mi pelo con la levedad de una sirena que no se hubiera dado cuenta que no posee piernas

Solivianta mi sangre me enciende de locura me regala una piel fosforescente y me convierte aceite hirviendo en fauna (cascos y cuernos y cabello desbocado bajo el lúbrico soplo de lo oscuro)

 

 

Amante nuevo:
quiero explicarte bien que entre tus ojos
y mis ojos
sólo hay deseo.
Que tu piel blanca a veces se oscurece
porque aquél que me marcó sigue aquí dentro.

Que quisiera decir tu nombre y no puedo
porque al abrir la boca yo recuerdo
una cama distinta
otros labios bebiéndose mis pechos

Y cuando lloro
y me prendo a ti con tanta fuerza
no es de alegría, amante.
Es de recuerdo

 

Fin de feria (del libro)

Hoy ha sido la última presentación de todas las que llevo este mes y el anterior que son los meses de los libros por excelencia.

Comencé la andadura de mi nuevo libro el 31 de marzo y hoy creo que es el día en que termino de ferias, de entrevistas, de firmas y todas esas cositas que nos ocupan (y preocupan) a los autores.

El balance no puede ser mejor. Creo que con mi segundo libro he llegado a más lectores, he estado con más librerías y he conocido a mucha gente interesante que estoy segura de que han llegado a mi vida para quedarse. Más o menos cerca, pero para quedarse al fin y al cabo.

Ahora, sin perder de vista las ventas ni las promociones, me vuelvo a sentar a escribir, a seguir con mi siguiente libro y con el plazo de cuatro meses para volcar lo que son dos años de documentación y estudio.. a ver qué tal se me da….

Os dejo con la entrevista de esta misma tarde en la feria del libro de Castellón.

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