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Victoria Woodhull. La primera mujer candidata al presidenta en Estados Unidos.

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Woodhull nació en 1838 en Homer, Ohio, en el seno de una familia de clase baja. Su madre era vidente y su padre se dedicaba a la venta itinerante de medicinas milagrosas. A los 15 años contrajo matrimonio con el médico Canning Woodhull, con el que tuvo dos hijos.

Acabó divorciándose en 1864. A raíz de esta experiencia se convirtió en firme defensora del amor libre, y comenzó a interesarse por las ideas del pensador socialista francés Charles Fourier, que pregonaba la libertad en materia sexual. Woodhull no sólo defendió las relaciones libres entre hombres y mujeres sino que escandalizó a la sociedad de su tiempo con su propio comportamiento -el divorcio no estaba penado legalmente, pero sí socialmente-, hasta el punto de algunas malas lenguas llegaron a asegurar que ejercía la prostitución.
En 1866 volvía a casarse, esta vez con el coronel James Harvey Blood, quien también se había divorciado de su primera esposa. Este segundo matrimonio duró oficialmente diez años, aunque Victoria tuvo entre medias una relación con el anarquista Benjamin Tucker. Tras casarse con Blood, la pareja se mudó a Nueva York, donde Victoria y su hermana, Tennessee Claflin, conocieron al magnate de los negocios Cornelius Vanderbilt, que las respaldó para que fundaran Woodhull, Claflin and Company. Se convirtieron así en las primeras mujeres corredoras de bolsa de Wall Street. El New York Herald las apodó “las reinas de las finanzas”.
Con las ganancias que obtuvieron, las hermanas fundaron en 1870 el semanario Woodhull and Claflin’s Weekly, convirtiéndose también en las primeras mujeres editoras de un periódico.

Utilizaron la publicación para defender los derechos de la mujer. Victoria Woodhull predicó que “la libertad sexual es para todos, la libertad de los monógamos de practicar la monogamia, y la de los que eligen múltiples parejas de tenerlas”. No solo abogaron por la libertad sexual, también dejaron claras sus ideas en materia política al publicar la primera traducción al inglés del ‘Manifiesto Comunista’ de Marx.

Su papel como representante de los movimientos sociales por los derechos de la mujer fue muy potente, y a principios de la década de 1870, Victoria asistió en Washington a un encuentro de la ‘Asociación para el Sufragio Femenino’ (NWSA). Allí pronunció un discurso en favor del derecho al voto femenino. Al año siguiente fue elegida candidata a la presidencia por el Partido por la Igualdad de Derechos. Compitió contra el general Ulysses S. Grant, candidato republicano, y el demócrata Horace Greeley.

La candidatura de Woodhull fue duramente criticada y los medios la apodaron Señora Satán por su apoyo a la libertad sexual y el amor libre pero se convirtió, de esa manera en la primera mujer candidata a las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

07/11/2016 • Marina Segovia

Podéis leer la entrada completa en la web Mujeres a seguir:  http://www.mujeresaseguir.com/social/noticia/1101944048615/hillary-no-es-la-primera-victoria-woodhull-ya-fue-candidata-a-la-presidencia-hace-mas-de-un-siglo.1.html

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Alice Guy, la primera cineasta de la historia

En primer lugar quiero hablaros de un blog recién descubierto para mí, pero que ya tiene una larga andadura y muy buenos artículos en su haber, se trata de Mamitech, un blog especializado en mujeres y tecnología, dedicado especialmente a madres, y que todos los meses dedica un espacio a los logros científicos o tecnológicos de una mujer, dirigido por Ángela S. Aragón y perteneciente a la empresa blogs family de Maria José Cayuela,

Ella me ha dado permiso para que pueda compartir este artículo sobre Alice Guy, la primera mujer cineasta de la historia.

Os dejo un enlace para que podáis leer el contenido íntegro y leer más artículos, todos tan interesantes como este.

http://mamitech.com/mujeres-y-cine-alice-guy-la-primera-cineasta-de-la-historia/

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Alice nació en Francia en 1873, pero vivió también en Chile y Suiza. Sus padres eran editores, y no tenían miedo a viajar por el mundo. Así, los libros y la ficción era parte esencial de su entorno, tan natural como comer, beber, hablar o abrazar. Con todo ese bagaje en las entrañas, hizo un curso de secretariado que la llevó a la Compañía General de Fotografía.
Su jefe, Léon Gaumont, le pidió que lo acompañase a una de las proyecciones privadas que los Lumière organizaban. Estos querían que las personalidades más influyentes supieran lo que era capaz de hacer su cinematógrafo: inmortalizar la vida real.

Como diríamos hoy, el evento fue todo un éxito. Gaumont se quedó estupefacto ante la máquina, peo la reacción de Alice Guy fue diferente. Esta se dio cuenta de que el aparato podía convertirse en algo mucho más importante. Lo vio al instante: gracias al cinematógrafo, podrían contarse un sinfín de historias de ficción.

No dudó en hablar de sus conclusiones. La misma noche y en el mismo recinto, se lo contó a su jefe. Incluso, y lo que es más importante, le pidió que se hiciera con uno para que ella pudiera demostrarle el potencial de la máquina. Tras la insistencia de Alice Guy, Gaumont aceptó, a condición de que aquella intuición no la distrajera de su palabra.
Alice Guy: de secretaria a cineasta
Tan insistente fue con su jefe como con el compromiso adquirido.

Tardo todo un año, pero lo consiguió. Alice Guy fue la primera cineasta de la historia, gracias a El hada de los repollos. Una película de un minuto, donde se recreaba la creencia tradicional francesa, en la que se explica el origen de los niños y las niñas. Según esta, los niños salen de los repollos y las niñas de las rosas.
La experiencia le pareció tan apasionantes que no se quedó aquí, sino que se dedicó de lleno a la creación cinematográfica. Tanto es así que se habla de que filmó alrededor de mil obras, aunque el porcentaje que ha llegado a nosotros es muy pequeño, pero ¿creéis que se conformó con la modesta historia de un minuto?
Aquello no había hecho más que empezar. Experimentó con la toda la tecnología que iba saliendo, para hacer trucos que mejoraran sus películas y sus montajes. Todo ello llegó a su máximo esplendor con La vida de Cristo, ya en 1906. Este filme contó con un gran plantel de actores, incluyendo extras, pero, además, supo crear expectación sobre la misma. Convocó a los principales medios de comunicación, y convirtió la proyección en todo un acontecimiento. Así, no solo se fue la primera persona que supo crear ficciones. También fue la iniciadora de una industria.
De hecho, su éxito la llevó a mudarse a EEUU, junto con su marido, Herbert Blanché. Allí, fundaron Solax, una de las productoras más importantes de la época. Los dos hacían sus propias películas. Pero el carácter innovador de Guy seguía brillando, como demuestra que fuera la primera en incluir protagonistas negros en las cintas.
Lamentablemente, su carrera se frenó con su divorcio. Sin estar ligada ya un hombre, la confianza en la empresa se desplomó y, por tanto, sus ingresos.

Los proyectos se iban cayendo y su nombre comenzó a perderse, hasta que prácticamente se olvidó.

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Las mujeres del Levantamiento de Pascua.

 

El mediodía del 24 de abril de 1916 en el lunes de Pascua, un grupo de ciento cincuenta personas ocupan la Oficina General de Correos de Dublín, en el centro de la ciudad. De forma simultánea en otros lugares, otros grupos armados toman posesión de edificios estratégicos en distintos puntos.

Es lo que ha pasado a la historia como el Levantamiento de Pascua, un movimiento organizado durante mucho tiempo atrás contra el poder imperial británico.

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Proclama de la Constitución del gobierno provisional de Irlanda

En el edificio de correos, ondea la nueva bandera tricolor de la república irlandesa y Patrick Pearse, líder del movimiento independentista y nacionalista irlandés, lee una proclama de lo que será la Constitución de la nueva República de Irlanda, siendo dirigida, por primera vez a los irlandeses y las irlandesas.

 

La proclama incide en su cuarto párrafo en que “la república garantiza la libertad religiosa y civil e igualdad de derechos y oportunidades a todos sus ciudadanos y ciudadanas” y subraya que el nuevo gobierno será elegido tan pronto como sea posible por sufragio de todos sus hombres y mujeres.

Hoy quizá nos puede parecer muy normal y tal vez ni siquiera veamos qué tiene esto de especial, pero hay que recordar que estamos hablando de 1916 y que en aquel entonces solo seis países de todo el mundo tenían aprobado el voto femenino y restringido su derecho a ser representantes electas. En aquel momento fue algo rompedor porque muchas constituciones ni siquiera equiparaban a la mujer con el hombre en calidad de ciudadana.

No voy a profundizar en la sociedad irlandesa ni mucho menos en el conflicto casi milenario que a lo largo de la historia han tenido los británicos y los irlandeses, ni tampoco en el sempiterno imperialismo británico al que Irlanda estaba más sujeta que muchas de sus colonias.

Voy a fijarme en las llamadas Mujeres del Levantamiento de Pascua.

La sociedad victoriana británica, que relegaba a la mujer a un papel puramente ornamental, sumiso y modesto, chocaba de frente con la tradición celta en donde la mujer ejercía unos roles de liderazgo y en la que su tradición oral mantenía el testimonio de personajes femeninos llenos de determinación, coraje, astucia y orgullo.

Con el estallido de la I Guerra Mundial, las mujeres comenzaron a mostrar su desacuerdo con el alistamiento de sus familiares varones en un ejército y una guerra que ellas no veían como propia y con la que no se sentían en absoluto identificadas puesto que los hombres se veían obligados a luchar al lado de sus propios opresores en lugar de luchar por la independencia de su propio país.

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Cosntance Markiewicz, conocida como La condesa roja.

En las ciudades más importantes de Irlanda como Dublín, Cork, Belfast o Limmerick, las mujeres se manifiestan contra esa guerra en movimientos encabezados por las líderes femeninas más destacadas, como Hannah Sheehy-Skeffington, Constance Markiewicz, quienes apoyaron la huelga general de trabajadores de 1913.

 

El movimiento obrero irlandés aúna posturas abiertamente socialista y reconoce la discriminación de la mujer como uno de los defectos del sistema capitalista. Aunque existían varios sindicatos de mujeres irlandesas como el fundado por Maud Gonne en el año 1900, es el 1914 cuando Constance Markiewicz y Mary MacSwiney fundan la Liga de las Mujeres en las que se agrupan mujeres profesionales y obreras.

Ambos sindicatos femeninos convergen en la planificación del Levantamiento de Pascua, insurrección que se comenzó a planear realmente en 1914, tres años antes.

Tras un acalorado debate sobre las funciones que las mujeres del sindicato debían realizar en la insurrección, se les otorgó un papel puramente auxiliar y tradicional con el que, por supuesto, ellas no estuvieron de acuerdo.

Sin el beneplácito de sus compañeros, las mujeres comenzaron a organizarse por su cuenta; además de prepararse para las tareas asignadas, aprendieron a disparar y a recibir entrenamiento militar independiente en las montañas irlandesas.

Las mujeres, además, también realizaron una labor activa en el tráfico y distribución de armas.

nina peña - levantamiento de pascua - maud gonneEl concepto victoriano de la mujer que tenían los funcionarios británicos que no las reconocían como sujetos con pensamientos políticos y capaces de cometer actos de rebelión, les permitía pasar las armas escondidas sin temor a registros en aduanas y puestos fronterizos, llevando detonadores para bombas y carretes de metal debajo de las ropas, disimulados con los abrigos y en la parte interior de los sombreros.

El 24 de abril, la fecha señalada para el levantamiento, las mujeres se reunieron frente a Liberty Hall y desde ahí se dirigieron a las diferentes guarniciones sublevadas.

Obviamente, muchos se negaron a tener mujeres combatientes en sus filas, pero estas no aceptaron sus negativas y se fueron organizando de forma que en cada guarnición, de unos 120 ocupantes aproximadamente, 35 eran mujeres, y entre ellas Constance Markiewcz fue la segunda al mando, aunque terminó siendo la comandante, en Saint Stephen, s Green.

La fuerte respuesta de los militares británicos, que llegaron a destrozar Dublín con bombardeos desde el río, hizo que las mujeres, además de actuar como combatientes, enfermeras y cocineras, se arriesgaran a ser mensajeras y portadoras de las armas bajo el fuego enemigo.

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Margaret Skinnider

Para poder moverse con soltura entre las líneas y el fuego cruzado llevando mensajes o armas, las mujeres se cambiaban de ropa, como cuenta Margaret Skinnider, que asegura pasar por hombre ante los dos frentes pero cambiarse de vestuario retomando las ropas femeninas engañando a los dos bandos con su concepto tan arraigado del rol femenino que les impedía considerarla como enemigo en potencia y sí como un sujeto pasivo.

 

Gracias al trabajo de espionaje realizado por las mujeres como Helena Moloney y Rosie Hackett, que eficientemente informaron de los cambios de guardia y el posicionamiento de los soldados, se pudo tomar el inexpugnable Castillo de Dublín, en el cual ellas ocuparon posiciones estratégicas y esperaron la llegada de sus compañeros.

Esta situación fue algo realmente insólita y causó estupor en las filas británicas más o menos conservadoras. Los periódicos se hicieron eco de “mujeres corriendo bajo fuego enemigo sin sombrero” o “chicas irlandesas enfrentándose a un grupo de 200 hombres británicos”

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Helena Molony

Helena Moloney reconoció que hasta esa fecha, no se tiene noticias de hombres y mujeres combatiendo juntos en un mismo cuerpo militar.

 

La mujer que más escándalo causó fue Constance Markiewicz quién según explican los periódicos de entonces, “llevaba ropas de hombre, con dos revólveres en su cinturos y liderando el ataque de una tropa de hombres.”

Las guarniciones tuvieron que ir desplazándose a partir del miércoles por la ciudad tratando de rechazar el avance británico.

El jueves llega a Dublín procedente de Inglaterra Sir John Maxwell y coloca a Irlanda bajo la ley marcial teniendo plenos poderes en todo el país. Su misión; terminar con el alzamiento lo antes posible y sin reparar en modos.

En los días sucesivos Dublín es bombardeada sin miramientos y sin piedad por el buque Helga fondeado en el rio Liffey, además, los soldados disparan a toda persona que se cruce por delante esté o no involucrada en la insurrección, lo que convierte a Dublín en un infierno y al levantamiento en algo impopular para los ciudadanos de a pie.

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Winnifred Carney

El viernes Conolly, fundador del partido socialista irlandés y uno de los cabecillas de la rebelión, ordena a las mujeres que abandonen las posiciones los edificios y las guarniciones, pero tres de ellas se oponen a esa rendición femenina; ellas son Julia Greenan, Winifried Carney y Elizabeth O, Farrell quién jugara un papel fundamental, y al mismo tiempo una de las páginas más tristes de la historia del feminismo, de intermediaria entre las tropas británicas y las rebeldes llevando el documento de rendición a todas las guarniciones bajo el fuego cruzado para que estas lo suscribieran.

 

La última guarnición en rendirse fue la la de Constance Markiewicz , St. Stephen Green, quien convenció a sus mujeres diciéndoles que “aunque muchas de nosotras preferiríamos la alternativa de caer bajo las balas del enemigo, la obediencia es una virtud fundamental de un buen soldado”.

En un gesto que ha quedado para la historia, la condesa roja, como comandante de la guarnición, dio la mano a todos y cada uno de sus subordinados antes de rendirse al general Lowe y besó su revólver antes de entregarlo.

Muchas mujeres fueron detenidas o encarceladas y se les tuvo que aplicar un trato especial en las cárceles militares puesto que no existía el precedente de mujeres presas.

Muchas mujeres combatientes lograron escapar…vestidas de mujer.

Aunque fueron las primeras mujeres presas políticas de la historia del nacionalismo irlandés, las enviaron a la cárcel de Kilmainham donde recibieron un trato similar al de sus compañerospero con sentencias muy diferentes al ser juzgadas.

Maxwell, tras juicios sumarios, ordenó el fusilamiento de los siete cabecillas firmantes de la proclama republicana y el traslado de 3.500 presos a cárceles en Inglaterra.

La mayoría de mujeres fueron, sin embargo, liberadas y solo siete de ellas cumplieron condena en prisión y aunque Constance Markiewicz fue sentenciada a muerte, se le condonó la pena por ser mujer, algo por lo que ella protestó enérgicamente con otra frase que también ha pasado a la historia; “ustedes no han tenido ni siquiera la decencia de fusilarme”.

Con todos los miembros de la insurrección muertos, fusilado o en cárceles y tras la brutal represión política, las organizaciones femeninas se unieron para dar continuidad a sus ideales, dispuestas a seguir luchando por el logro de la independencia de Irlanda.

Recaudaron fondos para las viudas y huérfanos de los combatientes, organizaron la defensa de los presos, realizaron movilizaciones públicas, consiguieron volcar a la prensa a su favor y despertar la simpatía de la opinión pública a favor de la causa rebelde a pesar de que en el momento de acabar el levantamiento estuvieran la mayoría de ciudadanos en contra.

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Grace Gifford Plunket, viuda del poeta Joseph Plunket muerto durante el levantamiento.

Grace Gifford Plunket dirigió en Comité de Defensa de los Presos Políticos de tal forma que transformó la percepción de la mayoría de irlandeses en relación con el levantamiento de Pascua.

 

En 1917 enviaron delegadas a Estados Unidos para hablar sobre todo lo sucedido en la rebelión y lograron apoyo económico para los presos, llegando a crear la Asociación Americana por el Reconocimiento de la República Irlandesa.

Las mujeres que continuaron en Irlanda siguieron con las mismas actividades en la clandestinidad de forma que fueron continuamente arrestadas. Katleen Clarke, Constance Markiewcz, Maud Gonne y Hannah Sheehy, las cabezas más visibles, eran detenidas constantemente y liberadas tras comenzar huelgas de hambre.

Las estructuras femeninas fueron fundamentales para la organización de las futuras elecciones. Constance se convirtió en 1917 en la primera mujer elegida representante de la Cámara de los Comunes, aunque renunció a su cargo por no reconocer el gobierno de Reino Unido.

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Kathleen Clarke

Tras la denominada Guerra de la Independencia, 1919-1921 en que las mujeres actuaron como red de apoyo y agentes de inteligencia, cinco de ellas fueron elegidas miembros del Daíl Eireann; Constance Markiewicz, Kathleen Linch, Caíllin Bruga, Kathleen Clarke y Mary MacSwiney.

 

Sus diferencias en la aceptación del tratado que convertía a Irlanda en un estado asociado pero no independiente a cambio de la secesión de la isla y la permanencia del Ulster como posesión británica, les valió el nombre de Las furias.

Las mujeres irlandesas, herederas de una tradición celta en que la mujer posee la valentía, la determinación, el orgullo y el coraje, como rasgos fundamentales de su carácter y que se reflejan tanto en su historia como en su mitología, han sido imprescindibles en la historia de Irlanda, aunque, como suele ocurrir, sus nombres se han ido diluyendo a medida que la vida política ha avanzado con nuevos líderes masculinos.

Sin embargo, en los cientos de conflictos que Irlanda y Reino Unido han protagonizado a lo largo de su historia de enfrentamientos, las hijas de Irlanda han luchado ya no solo con las armas, algo quizá inaudito en hasta ese momento, sino también con el amor, con la perseverancia de sus ideas, con la continuidad de las tradiciones, la educación y la recuperación de su cultura celta, la continuidad de su idioma, el Gaélico irlandés, que fue prohibido durante generaciones, la tradición oral de sus leyendas y sus cuentos más sentidos y populares.

Mary MacAleese, presidenta de Irlanda en 1997 dijo de ellas: “Felicito a las mujeres de Irlanda porque además de ser la mano que mece la cuna han sacudido al sistema; esa es la fuerza del poder de la mujer.”

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Elizabeth O´ Farrell merece un apartado personal. Esta mujer pasará a la posteridad como la mujer que fue borrada de la historia. Como he contado anteriormente Elizabeth fue quien desafiando el fuego cruzado llevó el documento de rendición de una a otra guarnición hasta lograr el alto el fuego. Pues bien, en la fotografía de ese instante en que Pearse se rinde a Lowell, Elizabeth fue eliminada de la fotografía, borrada por completo porque no querían que una mujer apareciera en ella.

original

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De mujer a mujer: Emily Davidson

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Emily Davidson ha pasado a la historia como una de las mártires del movimiento sufragista. Su historia, que relato en el libro Las sufragistas, es desconocida, sin embargo, para muchas mujeres de la actualidad.

Emily no pudo terminar sus estudios al enviudar su madre y tener que ayudar a la penosa economía familiar en donde proliferaban los hermanos pequeños y verse así impedida a poder pagar las cuotas necesarias.

Pese a todo, consiguió ahorrar lo suficiente trabajando de maestra, para sufragarse los estudios de “Inglés, lengua y literatura” en el colegio St. Hugh´s perteneciente a la universidad de Oxford.

Se licenció con honores, pero ahí terminó toda la carrera que cualquier mujer pudiera realizar entonces, ya que no eran admitidas en ninguna universidad y no podían cursar estudios superiores y no les era permitido el acceso.

En 1906 Emily se afilia al partido sufragista de UPSM y se compromete con la lucha sufragista y la reivindicación de los derechos de la mujer. Producto de sus actos de protesta, fue detenida y encarcelada en numerosas ocasiones.

En la prisión de Holloway, como un acto más de protesta, se tiró por las escaleras de la prisión sufriendo graves daños en la espalda y la columna vertebral. Emily era sin duda una de las más apasionadas mujeres sufragistas, tal como años más tarde contarían en sus necrológicas.

(Abc, 6 de junio de 1913, pág. 14).
“Los diarios de esta capital [Londres] publican pormenores de la vida de la sufragista que ayer promovió tan grave incidente en el Hipódromo de Epsom. Tiene 35 años de edad, y desde 1906 hace de la política feminista su único ideal. Ella fue la que dirigió el movimiento sufragista hacia la acción violenta; ella la que entró por tres veces en la Cámara de los Comunes. La última vez se quedó escondida entre los aparatos de calefacción y poco le faltó para perecer abrasada. Además, tiene la manía de los incendios y ella ha sido la que prendió varias veces fuego en la oficina central de Correos y Telégrafos. (…) Esta temible sufragista ha sido detenida nueve veces; pero siempre ha tenido que ser puesta en libertad, porque acude cuando está en prisión al procedimiento de la huelga de hambre”

 

El 4 de junio de 1913 asistió al Derby de Epsom con varias sufragistas para realizar un acto de protesta. Sabían que este Derby iba a tener un importante seguimiento pues a él acudiría el rey de Inglaterra, Jorge V, y sus imágenes serían grabadas por las cámaras de cine Pathé, para ser emitidas en los documentales que emitían las salas de cine de aquella época.

La creencia más extendida es la de que Emily trató de ponerle una bandera sufragista al caballo del monarca, Anmer, como acto reivindicativo. Fue arrollada por el caballo que no se detuvo y la lanzó al suelo dejándola inconsciente.

Murió 4 días después en el hospital de Epsom por una fractura craneal.

En su lápida figura el lema feminista “Hechos, no palabras”

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Su entierro fue uno de los acontecimientos más importantes para el sufragismo británico en donde todas las compañeras desfilaron vestidas con uniforme blanco, con las insignias de sus partidos, las bandas que las acreditaban como sufragistas y portando coronas de flores mientras acompañaban su féretro.
Fue considerado un acto de reivindicación y lucha feminista.

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Curiosamente, su acto fue contraproducente para el movimiento sufragista ya que muchos se preguntaban que si una persona como Emily, ilustrada y con estudios era capaz de cometer semejante locura, qué no serían capaces de hacer otras mujeres menos preparadas y con menos educación.

Las personas que se hallaban en el Derby, se preocuparon mucho más, tal como se aprecia en las imágenes grabadas por Pathé, por la suerte que había corrido el jinete e incluso el caballo, que por los posibles daños sufridos por la sufragista.

Años más tarde, Herberth Jones, el joker, durante el entierro de Emmeline Pankhurst , le rindió homenaje depositando una corona de flores en sus tumbas como homenaje a dos de las protagonistas más importantes en la lucha por los derechos de la mujer.

 

 

 

 

 

 

 

 

Clara Campoamor. Discurso íntegro.

Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.

Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Qué cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿Quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?

¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis -fijaos bien- afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.

No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto -que en España existe- no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio -cosa dolorosa para un abogado-, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.

Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.

Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer.

A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.

Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.

Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.

No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.

Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.

Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española

De mujer a mujer: Eileen Gray

 

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Si se busca a Eileen Gray en, por ejemplo, Wikipedia, nos encontramos con un enunciado tan simple como que era una artista de la laca.

Luego ya especifican que fue diseñadora de interiores y de muebles y, en último lugar, que fue arquitecta.

En realidad Eileen Gray fue una de las primeras mujeres reconocidas internacionalmente en una actividad puramente masculina hasta entonces: la del diseño industrial.

Irlandesa de origen, vivió y estudió en Londres, fue conductora de ambulancias en la 1ª Guerra Mundial y se estableció en París donde desarrolló su trabajo.

En 1913 participó en su primera exposición pero n fue hasta 1922 que abrió la galería de Jean Desert donde comenzó a vender sus propios diseños en muebles y alfombras.

En 1926 se convirtió en colaboradora y amante de Jean Badovici comenzando una intermitente relación y al mismo tiempo, creando un vínculo con la arquitectura.

Su vida personal, marcada por una profunda timidez y por su condición de bisexual, aunque frecuentara los círculos lésbicos del París de aquellos años, hizo que muchas veces pasara desapercibida, hasta el punto de que ella misma negó alguna de sus obras y su trabajo para evitar el reconocimiento público.

Aunque su impronta, su estilo y su maestría en diseño de muebles y de interiores, es algo por lo que fue reconocida en su momento, hay un pasaje de su vida que sigue creando polémica tras tantos años, y es su enfrentamiento con uno de los más conocidos y aclamados arquitectos de todos los tiempos, Le Corbusier. Y en el centro de la polémica se halla la conocida casa E1027, considerada un icono dentro del Movimiento moderno de arquitectura.

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Eileen, amante de las formas puras, de la luz, el aire y la funcionalidad, edificó esta casa sobre una colina frente al mar en la Costa Azul francesa, con líneas rectas, espacios abiertos, muebles funcionales empotrados y espacios amplios, situando muebles de su propio diseño en lugares donde se podía apreciar el mar desde grandes ventanales.

Le Corbusier, que en principio se declaró admirador de Gray y era amigo de su amante, Badovici, se paseaba muchas veces por allí no solo admirando la obra, si no que “molesto por el hecho de que una mujer que ni siquiera tenía los estudios de arquitectura, pudiera crear una obra racionalista tan refinada” intentó comprarla varias veces a cualquier precio y sin éxito.

Cuando Badovici, años después y ya separado de Eileen, invitó a Le Corbusier a pasar unos días en la casa, este decidió pinar las paredes con murales que representaban escenas sáficas y además, se hizo fotografiar desnudo mientras los pintaba.

La crítica de la época, ante sus fotos, le acusó de “marcar territorio como los perros” en un acto de misógina venganza.

Para rematar la leyenda Le Corbusier murió ahogado mientras nadaba en las aguas azules del mar frente a la misma casa en 1965.

La mayoría de enseres fueron adquiridos por el Centro Pompidou, los muebles empotrados que se conservan son aún los originales de Gray y también se mantienen cinco de los ocho murales pintados por Le Corbusier.

Eileen Gray creó obras de tal belleza e intensidad que cuesta creer que esta mujer fuera tan ignorada en su momento y tan olvidada en nuestros días, aunque, bien es cierto que como arquitecta permaneció, como tantas mujeres a lo largo de la historia, bajo la sombra alargada de los hombres.

Eileen murió en Octubre de 1976 a la edad de noventa y dos años y con más de un proyecto inacabado.

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De mujer a mujer: Gertrud Stein

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Gertrud Stein nació en Pensilvania, Estados Unidos, en el año 1874 aunque de joven se mudó a París e hizo de la capital francesa su hogar durante toda su apasionante vida.

Para poder hablar de Gertrud, tenemos que remontarnos al París de 1903, antes de la 1ª Guerra Mundial y a todo el movimiento cultural y político que existía en aquel entonces y al no menos apasionante momento histórico que se vivió en la Europa de entreguerras.

Hija de una familia con buenos recursos económicos, recibió una muy buena instrucción académica si tenemos en cuenta la escasa preparación que se les otorgaba a las mujeres de aquella época. Tal vez esa educación de institutrices y tutores, con la que los Stein trataron de inculcar a sus hijos sensibilidad histórica y cultural de la vida europea, marcaron para siempre su inmenso amor al arte en todas sus variantes posibles.

En aquellos años previos a la primera gran guerra, un numeroso grupo de mujeres, principalmente británicas y estadounidenses, colonizaron la orilla izquierda del Sena formando una comunidad artística que fue comienzo de una gran actividad literaria.

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Ellas fundaron librerías, editoriales, salones artísticos y de tertulias literarias, exposiciones de arte…todo ello propagando los nuevos aires de una revolución artística que sería conocida como modernismo.

Sin Gertrud Stein tal vez hoy no conoceríamos a autores de la talla de Joyce, Beckett, o Proud. Su influencia fue clave en algunos de los artistas y escritores de la época.

Stein, catalogada como una mujer burguesa, elitista y de un fuerte carácter, fue también el motor de un cambio necesario que marcó una cultura alternativa y junto a los movimientos sufragistas en los que participaba, sentaron las bases del feminismo, de la transgresión de lo establecido y de alteridad cultural.

Al mismo tiempo que se instalaba en París y formaba ese círculo cultural, Gertrud comenzó a invertir en las obras de arte de los artistas jóvenes del momento, convirtiéndose así en una de las primeras coleccionistas y mecenas del recién nacido cubismo y fauvismo.

Fue considerada, por su apoyo incondicional, madre del modernismo y consejera de la denominada Lost Generation, y se dice que ella misma acuñó el término.

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Sylvia Beatch y James Joyce en The Shakespeare Company library

 

En 1919 fundó junto con sus amiga Sylvia Beach la famosa y legendaria librería Shakespeare & Company donde vendían y prestaban libros en inglés y editaban obras inéditas de jóvenes autores.

Prácticamente todos los escritores norteamericanos y británicos que llegaron a París por aquella época pasaron por su librería, que en 1921 y editada por Sylvia publicó una de las obras más importantes, el Ulises de Joyce.

Ambas fueron consideradas madrinas de autores como Hemingway, T.S. Eliot, Paul Valerie o Joyce.

Stein no destaca por su obra literaria pese a haber escrito bastantes libros y ensayos. Sus obras incluyen novelas, obras de teatro, cuentos, libretos y poemas escritos en un estilo muy peculiar, juguetón, repetitivo, y humorístico. Las frases típicas como “Rosa es una rosa es una rosa es una rosa”, “fuera de la bondad viene el enrojecimiento y fuera de la grosería viene rápido la misma pregunta, de un ojo viene la investigación, de la selección viene el ganado”; acerca de su casa de la infancia. “no hay ahí allí” y “el cambio de color es probable y una diferencia muy poca diferencia está preparada. El azúcar no es un vegetal.” fueron frases de sus libros que por su ambigüedad a la hora de comprender, se consideran una respuesta literaria al arte cubista.

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Gertrude Stein retratada por Picasso

Mantuvo una relación fraternal con Picasso pero sentía una admiración incondicional por Juan Gris, de tal forma que ambos llegaron a rivalizar también en ese aspecto. Con Joyce rivalizó literariamente de tal forma que le granjeo su enemistad con Sylvia, puesto que Gertrud apostaba por una renovación que decía que Joyce no poseía.

Stein también fue abanderada del movimiento cubista español y amante de la literatura e historia española, visitando España en varias ocasiones hasta el punto de llegar a escribir una ópera homenajeando a Santa Teresa de Ávila y su misticismo.

Sin duda la parte más controvertida es su lado político. Stein apoyó públicamente al general Franco durante la Guerra Civil española y admiró al mariscal Pétain. Si bien se identificaba con movimientos modernistas en el arte y la literatura, las afiliaciones políticas de Stein eran una mezcla de ideas reaccionarias y progresistas, de modernidad y conservadurismo tal vez clásico de su filiación burguesa. De ascendencia judía, Stein ha colaboró con la Francia de Vichy, un régimen que deportó a más de 75,000 Judíos a los campos de concentración nazis, de los cuales sólo el 3% sobrevivieron al Holocausto, aunque es difícil que ella supiera en ese instante el alcance de esos actos o que siquiera pudiera imaginarlos.

El 27 de julio de 1946, Stein fue operada de cáncer de estómago y falleció antes de despertar de la anestesia dejando un gran legado artístico y memoria de una época de máxima creatividad.