Las mujeres del Levantamiento de Pascua.

 

El mediodía del 24 de abril de 1916 en el lunes de Pascua, un grupo de ciento cincuenta personas ocupan la Oficina General de Correos de Dublín, en el centro de la ciudad. De forma simultánea en otros lugares, otros grupos armados toman posesión de edificios estratégicos en distintos puntos.

Es lo que ha pasado a la historia como el Levantamiento de Pascua, un movimiento organizado durante mucho tiempo atrás contra el poder imperial británico.

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Proclama de la Constitución del gobierno provisional de Irlanda

En el edificio de correos, ondea la nueva bandera tricolor de la república irlandesa y Patrick Pearse, líder del movimiento independentista y nacionalista irlandés, lee una proclama de lo que será la Constitución de la nueva República de Irlanda, siendo dirigida, por primera vez a los irlandeses y las irlandesas.

 

La proclama incide en su cuarto párrafo en que “la república garantiza la libertad religiosa y civil e igualdad de derechos y oportunidades a todos sus ciudadanos y ciudadanas” y subraya que el nuevo gobierno será elegido tan pronto como sea posible por sufragio de todos sus hombres y mujeres.

Hoy quizá nos puede parecer muy normal y tal vez ni siquiera veamos qué tiene esto de especial, pero hay que recordar que estamos hablando de 1916 y que en aquel entonces solo seis países de todo el mundo tenían aprobado el voto femenino y restringido su derecho a ser representantes electas. En aquel momento fue algo rompedor porque muchas constituciones ni siquiera equiparaban a la mujer con el hombre en calidad de ciudadana.

No voy a profundizar en la sociedad irlandesa ni mucho menos en el conflicto casi milenario que a lo largo de la historia han tenido los británicos y los irlandeses, ni tampoco en el sempiterno imperialismo británico al que Irlanda estaba más sujeta que muchas de sus colonias.

Voy a fijarme en las llamadas Mujeres del Levantamiento de Pascua.

La sociedad victoriana británica, que relegaba a la mujer a un papel puramente ornamental, sumiso y modesto, chocaba de frente con la tradición celta en donde la mujer ejercía unos roles de liderazgo y en la que su tradición oral mantenía el testimonio de personajes femeninos llenos de determinación, coraje, astucia y orgullo.

Con el estallido de la I Guerra Mundial, las mujeres comenzaron a mostrar su desacuerdo con el alistamiento de sus familiares varones en un ejército y una guerra que ellas no veían como propia y con la que no se sentían en absoluto identificadas puesto que los hombres se veían obligados a luchar al lado de sus propios opresores en lugar de luchar por la independencia de su propio país.

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Cosntance Markiewicz, conocida como La condesa roja.

En las ciudades más importantes de Irlanda como Dublín, Cork, Belfast o Limmerick, las mujeres se manifiestan contra esa guerra en movimientos encabezados por las líderes femeninas más destacadas, como Hannah Sheehy-Skeffington, Constance Markiewicz, quienes apoyaron la huelga general de trabajadores de 1913.

 

El movimiento obrero irlandés aúna posturas abiertamente socialista y reconoce la discriminación de la mujer como uno de los defectos del sistema capitalista. Aunque existían varios sindicatos de mujeres irlandesas como el fundado por Maud Gonne en el año 1900, es el 1914 cuando Constance Markiewicz y Mary MacSwiney fundan la Liga de las Mujeres en las que se agrupan mujeres profesionales y obreras.

Ambos sindicatos femeninos convergen en la planificación del Levantamiento de Pascua, insurrección que se comenzó a planear realmente en 1914, tres años antes.

Tras un acalorado debate sobre las funciones que las mujeres del sindicato debían realizar en la insurrección, se les otorgó un papel puramente auxiliar y tradicional con el que, por supuesto, ellas no estuvieron de acuerdo.

Sin el beneplácito de sus compañeros, las mujeres comenzaron a organizarse por su cuenta; además de prepararse para las tareas asignadas, aprendieron a disparar y a recibir entrenamiento militar independiente en las montañas irlandesas.

Las mujeres, además, también realizaron una labor activa en el tráfico y distribución de armas.

nina peña - levantamiento de pascua - maud gonneEl concepto victoriano de la mujer que tenían los funcionarios británicos que no las reconocían como sujetos con pensamientos políticos y capaces de cometer actos de rebelión, les permitía pasar las armas escondidas sin temor a registros en aduanas y puestos fronterizos, llevando detonadores para bombas y carretes de metal debajo de las ropas, disimulados con los abrigos y en la parte interior de los sombreros.

El 24 de abril, la fecha señalada para el levantamiento, las mujeres se reunieron frente a Liberty Hall y desde ahí se dirigieron a las diferentes guarniciones sublevadas.

Obviamente, muchos se negaron a tener mujeres combatientes en sus filas, pero estas no aceptaron sus negativas y se fueron organizando de forma que en cada guarnición, de unos 120 ocupantes aproximadamente, 35 eran mujeres, y entre ellas Constance Markiewcz fue la segunda al mando, aunque terminó siendo la comandante, en Saint Stephen, s Green.

La fuerte respuesta de los militares británicos, que llegaron a destrozar Dublín con bombardeos desde el río, hizo que las mujeres, además de actuar como combatientes, enfermeras y cocineras, se arriesgaran a ser mensajeras y portadoras de las armas bajo el fuego enemigo.

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Margaret Skinnider

Para poder moverse con soltura entre las líneas y el fuego cruzado llevando mensajes o armas, las mujeres se cambiaban de ropa, como cuenta Margaret Skinnider, que asegura pasar por hombre ante los dos frentes pero cambiarse de vestuario retomando las ropas femeninas engañando a los dos bandos con su concepto tan arraigado del rol femenino que les impedía considerarla como enemigo en potencia y sí como un sujeto pasivo.

 

Gracias al trabajo de espionaje realizado por las mujeres como Helena Moloney y Rosie Hackett, que eficientemente informaron de los cambios de guardia y el posicionamiento de los soldados, se pudo tomar el inexpugnable Castillo de Dublín, en el cual ellas ocuparon posiciones estratégicas y esperaron la llegada de sus compañeros.

Esta situación fue algo realmente insólita y causó estupor en las filas británicas más o menos conservadoras. Los periódicos se hicieron eco de “mujeres corriendo bajo fuego enemigo sin sombrero” o “chicas irlandesas enfrentándose a un grupo de 200 hombres británicos”

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Helena Molony

Helena Moloney reconoció que hasta esa fecha, no se tiene noticias de hombres y mujeres combatiendo juntos en un mismo cuerpo militar.

 

La mujer que más escándalo causó fue Constance Markiewicz quién según explican los periódicos de entonces, “llevaba ropas de hombre, con dos revólveres en su cinturos y liderando el ataque de una tropa de hombres.”

Las guarniciones tuvieron que ir desplazándose a partir del miércoles por la ciudad tratando de rechazar el avance británico.

El jueves llega a Dublín procedente de Inglaterra Sir John Maxwell y coloca a Irlanda bajo la ley marcial teniendo plenos poderes en todo el país. Su misión; terminar con el alzamiento lo antes posible y sin reparar en modos.

En los días sucesivos Dublín es bombardeada sin miramientos y sin piedad por el buque Helga fondeado en el rio Liffey, además, los soldados disparan a toda persona que se cruce por delante esté o no involucrada en la insurrección, lo que convierte a Dublín en un infierno y al levantamiento en algo impopular para los ciudadanos de a pie.

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Winnifred Carney

El viernes Conolly, fundador del partido socialista irlandés y uno de los cabecillas de la rebelión, ordena a las mujeres que abandonen las posiciones los edificios y las guarniciones, pero tres de ellas se oponen a esa rendición femenina; ellas son Julia Greenan, Winifried Carney y Elizabeth O, Farrell quién jugara un papel fundamental, y al mismo tiempo una de las páginas más tristes de la historia del feminismo, de intermediaria entre las tropas británicas y las rebeldes llevando el documento de rendición a todas las guarniciones bajo el fuego cruzado para que estas lo suscribieran.

 

La última guarnición en rendirse fue la la de Constance Markiewicz , St. Stephen Green, quien convenció a sus mujeres diciéndoles que “aunque muchas de nosotras preferiríamos la alternativa de caer bajo las balas del enemigo, la obediencia es una virtud fundamental de un buen soldado”.

En un gesto que ha quedado para la historia, la condesa roja, como comandante de la guarnición, dio la mano a todos y cada uno de sus subordinados antes de rendirse al general Lowe y besó su revólver antes de entregarlo.

Muchas mujeres fueron detenidas o encarceladas y se les tuvo que aplicar un trato especial en las cárceles militares puesto que no existía el precedente de mujeres presas.

Muchas mujeres combatientes lograron escapar…vestidas de mujer.

Aunque fueron las primeras mujeres presas políticas de la historia del nacionalismo irlandés, las enviaron a la cárcel de Kilmainham donde recibieron un trato similar al de sus compañerospero con sentencias muy diferentes al ser juzgadas.

Maxwell, tras juicios sumarios, ordenó el fusilamiento de los siete cabecillas firmantes de la proclama republicana y el traslado de 3.500 presos a cárceles en Inglaterra.

La mayoría de mujeres fueron, sin embargo, liberadas y solo siete de ellas cumplieron condena en prisión y aunque Constance Markiewicz fue sentenciada a muerte, se le condonó la pena por ser mujer, algo por lo que ella protestó enérgicamente con otra frase que también ha pasado a la historia; “ustedes no han tenido ni siquiera la decencia de fusilarme”.

Con todos los miembros de la insurrección muertos, fusilado o en cárceles y tras la brutal represión política, las organizaciones femeninas se unieron para dar continuidad a sus ideales, dispuestas a seguir luchando por el logro de la independencia de Irlanda.

Recaudaron fondos para las viudas y huérfanos de los combatientes, organizaron la defensa de los presos, realizaron movilizaciones públicas, consiguieron volcar a la prensa a su favor y despertar la simpatía de la opinión pública a favor de la causa rebelde a pesar de que en el momento de acabar el levantamiento estuvieran la mayoría de ciudadanos en contra.

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Grace Gifford Plunket, viuda del poeta Joseph Plunket muerto durante el levantamiento.

Grace Gifford Plunket dirigió en Comité de Defensa de los Presos Políticos de tal forma que transformó la percepción de la mayoría de irlandeses en relación con el levantamiento de Pascua.

 

En 1917 enviaron delegadas a Estados Unidos para hablar sobre todo lo sucedido en la rebelión y lograron apoyo económico para los presos, llegando a crear la Asociación Americana por el Reconocimiento de la República Irlandesa.

Las mujeres que continuaron en Irlanda siguieron con las mismas actividades en la clandestinidad de forma que fueron continuamente arrestadas. Katleen Clarke, Constance Markiewcz, Maud Gonne y Hannah Sheehy, las cabezas más visibles, eran detenidas constantemente y liberadas tras comenzar huelgas de hambre.

Las estructuras femeninas fueron fundamentales para la organización de las futuras elecciones. Constance se convirtió en 1917 en la primera mujer elegida representante de la Cámara de los Comunes, aunque renunció a su cargo por no reconocer el gobierno de Reino Unido.

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Kathleen Clarke

Tras la denominada Guerra de la Independencia, 1919-1921 en que las mujeres actuaron como red de apoyo y agentes de inteligencia, cinco de ellas fueron elegidas miembros del Daíl Eireann; Constance Markiewicz, Kathleen Linch, Caíllin Bruga, Kathleen Clarke y Mary MacSwiney.

 

Sus diferencias en la aceptación del tratado que convertía a Irlanda en un estado asociado pero no independiente a cambio de la secesión de la isla y la permanencia del Ulster como posesión británica, les valió el nombre de Las furias.

Las mujeres irlandesas, herederas de una tradición celta en que la mujer posee la valentía, la determinación, el orgullo y el coraje, como rasgos fundamentales de su carácter y que se reflejan tanto en su historia como en su mitología, han sido imprescindibles en la historia de Irlanda, aunque, como suele ocurrir, sus nombres se han ido diluyendo a medida que la vida política ha avanzado con nuevos líderes masculinos.

Sin embargo, en los cientos de conflictos que Irlanda y Reino Unido han protagonizado a lo largo de su historia de enfrentamientos, las hijas de Irlanda han luchado ya no solo con las armas, algo quizá inaudito en hasta ese momento, sino también con el amor, con la perseverancia de sus ideas, con la continuidad de las tradiciones, la educación y la recuperación de su cultura celta, la continuidad de su idioma, el Gaélico irlandés, que fue prohibido durante generaciones, la tradición oral de sus leyendas y sus cuentos más sentidos y populares.

Mary MacAleese, presidenta de Irlanda en 1997 dijo de ellas: “Felicito a las mujeres de Irlanda porque además de ser la mano que mece la cuna han sacudido al sistema; esa es la fuerza del poder de la mujer.”

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Elizabeth O´ Farrell merece un apartado personal. Esta mujer pasará a la posteridad como la mujer que fue borrada de la historia. Como he contado anteriormente Elizabeth fue quien desafiando el fuego cruzado llevó el documento de rendición de una a otra guarnición hasta lograr el alto el fuego. Pues bien, en la fotografía de ese instante en que Pearse se rinde a Lowell, Elizabeth fue eliminada de la fotografía, borrada por completo porque no querían que una mujer apareciera en ella.

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De mujer a mujer: Emily Davidson

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Emily Davidson ha pasado a la historia como una de las mártires del movimiento sufragista. Su historia, que relato en el libro Las sufragistas, es desconocida, sin embargo, para muchas mujeres de la actualidad.

Emily no pudo terminar sus estudios al enviudar su madre y tener que ayudar a la penosa economía familiar en donde proliferaban los hermanos pequeños y verse así impedida a poder pagar las cuotas necesarias.

Pese a todo, consiguió ahorrar lo suficiente trabajando de maestra, para sufragarse los estudios de “Inglés, lengua y literatura” en el colegio St. Hugh´s perteneciente a la universidad de Oxford.

Se licenció con honores, pero ahí terminó toda la carrera que cualquier mujer pudiera realizar entonces, ya que no eran admitidas en ninguna universidad y no podían cursar estudios superiores y no les era permitido el acceso.

En 1906 Emily se afilia al partido sufragista de UPSM y se compromete con la lucha sufragista y la reivindicación de los derechos de la mujer. Producto de sus actos de protesta, fue detenida y encarcelada en numerosas ocasiones.

En la prisión de Holloway, como un acto más de protesta, se tiró por las escaleras de la prisión sufriendo graves daños en la espalda y la columna vertebral. Emily era sin duda una de las más apasionadas mujeres sufragistas, tal como años más tarde contarían en sus necrológicas.

(Abc, 6 de junio de 1913, pág. 14).
“Los diarios de esta capital [Londres] publican pormenores de la vida de la sufragista que ayer promovió tan grave incidente en el Hipódromo de Epsom. Tiene 35 años de edad, y desde 1906 hace de la política feminista su único ideal. Ella fue la que dirigió el movimiento sufragista hacia la acción violenta; ella la que entró por tres veces en la Cámara de los Comunes. La última vez se quedó escondida entre los aparatos de calefacción y poco le faltó para perecer abrasada. Además, tiene la manía de los incendios y ella ha sido la que prendió varias veces fuego en la oficina central de Correos y Telégrafos. (…) Esta temible sufragista ha sido detenida nueve veces; pero siempre ha tenido que ser puesta en libertad, porque acude cuando está en prisión al procedimiento de la huelga de hambre”

 

El 4 de junio de 1913 asistió al Derby de Epsom con varias sufragistas para realizar un acto de protesta. Sabían que este Derby iba a tener un importante seguimiento pues a él acudiría el rey de Inglaterra, Jorge V, y sus imágenes serían grabadas por las cámaras de cine Pathé, para ser emitidas en los documentales que emitían las salas de cine de aquella época.

La creencia más extendida es la de que Emily trató de ponerle una bandera sufragista al caballo del monarca, Anmer, como acto reivindicativo. Fue arrollada por el caballo que no se detuvo y la lanzó al suelo dejándola inconsciente.

Murió 4 días después en el hospital de Epsom por una fractura craneal.

En su lápida figura el lema feminista “Hechos, no palabras”

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Su entierro fue uno de los acontecimientos más importantes para el sufragismo británico en donde todas las compañeras desfilaron vestidas con uniforme blanco, con las insignias de sus partidos, las bandas que las acreditaban como sufragistas y portando coronas de flores mientras acompañaban su féretro.
Fue considerado un acto de reivindicación y lucha feminista.

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Curiosamente, su acto fue contraproducente para el movimiento sufragista ya que muchos se preguntaban que si una persona como Emily, ilustrada y con estudios era capaz de cometer semejante locura, qué no serían capaces de hacer otras mujeres menos preparadas y con menos educación.

Las personas que se hallaban en el Derby, se preocuparon mucho más, tal como se aprecia en las imágenes grabadas por Pathé, por la suerte que había corrido el jinete e incluso el caballo, que por los posibles daños sufridos por la sufragista.

Años más tarde, Herberth Jones, el joker, durante el entierro de Emmeline Pankhurst , le rindió homenaje depositando una corona de flores en sus tumbas como homenaje a dos de las protagonistas más importantes en la lucha por los derechos de la mujer.

 

 

 

 

 

 

 

 

Clara Campoamor. Discurso íntegro.

Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.

Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Qué cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿Quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?

¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis -fijaos bien- afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.

No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto -que en España existe- no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio -cosa dolorosa para un abogado-, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.

Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.

Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer.

A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.

Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.

Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.

No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.

Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.

Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española

De mujer a mujer: Eileen Gray

 

Photograph

Si se busca a Eileen Gray en, por ejemplo, Wikipedia, nos encontramos con un enunciado tan simple como que era una artista de la laca.

Luego ya especifican que fue diseñadora de interiores y de muebles y, en último lugar, que fue arquitecta.

En realidad Eileen Gray fue una de las primeras mujeres reconocidas internacionalmente en una actividad puramente masculina hasta entonces: la del diseño industrial.

Irlandesa de origen, vivió y estudió en Londres, fue conductora de ambulancias en la 1ª Guerra Mundial y se estableció en París donde desarrolló su trabajo.

En 1913 participó en su primera exposición pero n fue hasta 1922 que abrió la galería de Jean Desert donde comenzó a vender sus propios diseños en muebles y alfombras.

En 1926 se convirtió en colaboradora y amante de Jean Badovici comenzando una intermitente relación y al mismo tiempo, creando un vínculo con la arquitectura.

Su vida personal, marcada por una profunda timidez y por su condición de bisexual, aunque frecuentara los círculos lésbicos del París de aquellos años, hizo que muchas veces pasara desapercibida, hasta el punto de que ella misma negó alguna de sus obras y su trabajo para evitar el reconocimiento público.

Aunque su impronta, su estilo y su maestría en diseño de muebles y de interiores, es algo por lo que fue reconocida en su momento, hay un pasaje de su vida que sigue creando polémica tras tantos años, y es su enfrentamiento con uno de los más conocidos y aclamados arquitectos de todos los tiempos, Le Corbusier. Y en el centro de la polémica se halla la conocida casa E1027, considerada un icono dentro del Movimiento moderno de arquitectura.

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Eileen, amante de las formas puras, de la luz, el aire y la funcionalidad, edificó esta casa sobre una colina frente al mar en la Costa Azul francesa, con líneas rectas, espacios abiertos, muebles funcionales empotrados y espacios amplios, situando muebles de su propio diseño en lugares donde se podía apreciar el mar desde grandes ventanales.

Le Corbusier, que en principio se declaró admirador de Gray y era amigo de su amante, Badovici, se paseaba muchas veces por allí no solo admirando la obra, si no que “molesto por el hecho de que una mujer que ni siquiera tenía los estudios de arquitectura, pudiera crear una obra racionalista tan refinada” intentó comprarla varias veces a cualquier precio y sin éxito.

Cuando Badovici, años después y ya separado de Eileen, invitó a Le Corbusier a pasar unos días en la casa, este decidió pinar las paredes con murales que representaban escenas sáficas y además, se hizo fotografiar desnudo mientras los pintaba.

La crítica de la época, ante sus fotos, le acusó de “marcar territorio como los perros” en un acto de misógina venganza.

Para rematar la leyenda Le Corbusier murió ahogado mientras nadaba en las aguas azules del mar frente a la misma casa en 1965.

La mayoría de enseres fueron adquiridos por el Centro Pompidou, los muebles empotrados que se conservan son aún los originales de Gray y también se mantienen cinco de los ocho murales pintados por Le Corbusier.

Eileen Gray creó obras de tal belleza e intensidad que cuesta creer que esta mujer fuera tan ignorada en su momento y tan olvidada en nuestros días, aunque, bien es cierto que como arquitecta permaneció, como tantas mujeres a lo largo de la historia, bajo la sombra alargada de los hombres.

Eileen murió en Octubre de 1976 a la edad de noventa y dos años y con más de un proyecto inacabado.

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De mujer a mujer: Gertrud Stein

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Gertrud Stein nació en Pensilvania, Estados Unidos, en el año 1874 aunque de joven se mudó a París e hizo de la capital francesa su hogar durante toda su apasionante vida.

Para poder hablar de Gertrud, tenemos que remontarnos al París de 1903, antes de la 1ª Guerra Mundial y a todo el movimiento cultural y político que existía en aquel entonces y al no menos apasionante momento histórico que se vivió en la Europa de entreguerras.

Hija de una familia con buenos recursos económicos, recibió una muy buena instrucción académica si tenemos en cuenta la escasa preparación que se les otorgaba a las mujeres de aquella época. Tal vez esa educación de institutrices y tutores, con la que los Stein trataron de inculcar a sus hijos sensibilidad histórica y cultural de la vida europea, marcaron para siempre su inmenso amor al arte en todas sus variantes posibles.

En aquellos años previos a la primera gran guerra, un numeroso grupo de mujeres, principalmente británicas y estadounidenses, colonizaron la orilla izquierda del Sena formando una comunidad artística que fue comienzo de una gran actividad literaria.

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Ellas fundaron librerías, editoriales, salones artísticos y de tertulias literarias, exposiciones de arte…todo ello propagando los nuevos aires de una revolución artística que sería conocida como modernismo.

Sin Gertrud Stein tal vez hoy no conoceríamos a autores de la talla de Joyce, Beckett, o Proud. Su influencia fue clave en algunos de los artistas y escritores de la época.

Stein, catalogada como una mujer burguesa, elitista y de un fuerte carácter, fue también el motor de un cambio necesario que marcó una cultura alternativa y junto a los movimientos sufragistas en los que participaba, sentaron las bases del feminismo, de la transgresión de lo establecido y de alteridad cultural.

Al mismo tiempo que se instalaba en París y formaba ese círculo cultural, Gertrud comenzó a invertir en las obras de arte de los artistas jóvenes del momento, convirtiéndose así en una de las primeras coleccionistas y mecenas del recién nacido cubismo y fauvismo.

Fue considerada, por su apoyo incondicional, madre del modernismo y consejera de la denominada Lost Generation, y se dice que ella misma acuñó el término.

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Sylvia Beatch y James Joyce en The Shakespeare Company library

 

En 1919 fundó junto con sus amiga Sylvia Beach la famosa y legendaria librería Shakespeare & Company donde vendían y prestaban libros en inglés y editaban obras inéditas de jóvenes autores.

Prácticamente todos los escritores norteamericanos y británicos que llegaron a París por aquella época pasaron por su librería, que en 1921 y editada por Sylvia publicó una de las obras más importantes, el Ulises de Joyce.

Ambas fueron consideradas madrinas de autores como Hemingway, T.S. Eliot, Paul Valerie o Joyce.

Stein no destaca por su obra literaria pese a haber escrito bastantes libros y ensayos. Sus obras incluyen novelas, obras de teatro, cuentos, libretos y poemas escritos en un estilo muy peculiar, juguetón, repetitivo, y humorístico. Las frases típicas como “Rosa es una rosa es una rosa es una rosa”, “fuera de la bondad viene el enrojecimiento y fuera de la grosería viene rápido la misma pregunta, de un ojo viene la investigación, de la selección viene el ganado”; acerca de su casa de la infancia. “no hay ahí allí” y “el cambio de color es probable y una diferencia muy poca diferencia está preparada. El azúcar no es un vegetal.” fueron frases de sus libros que por su ambigüedad a la hora de comprender, se consideran una respuesta literaria al arte cubista.

nina peña - gertrud stein- picasso - de mujer a mujer
Gertrude Stein retratada por Picasso

Mantuvo una relación fraternal con Picasso pero sentía una admiración incondicional por Juan Gris, de tal forma que ambos llegaron a rivalizar también en ese aspecto. Con Joyce rivalizó literariamente de tal forma que le granjeo su enemistad con Sylvia, puesto que Gertrud apostaba por una renovación que decía que Joyce no poseía.

Stein también fue abanderada del movimiento cubista español y amante de la literatura e historia española, visitando España en varias ocasiones hasta el punto de llegar a escribir una ópera homenajeando a Santa Teresa de Ávila y su misticismo.

Sin duda la parte más controvertida es su lado político. Stein apoyó públicamente al general Franco durante la Guerra Civil española y admiró al mariscal Pétain. Si bien se identificaba con movimientos modernistas en el arte y la literatura, las afiliaciones políticas de Stein eran una mezcla de ideas reaccionarias y progresistas, de modernidad y conservadurismo tal vez clásico de su filiación burguesa. De ascendencia judía, Stein ha colaboró con la Francia de Vichy, un régimen que deportó a más de 75,000 Judíos a los campos de concentración nazis, de los cuales sólo el 3% sobrevivieron al Holocausto, aunque es difícil que ella supiera en ese instante el alcance de esos actos o que siquiera pudiera imaginarlos.

El 27 de julio de 1946, Stein fue operada de cáncer de estómago y falleció antes de despertar de la anestesia dejando un gran legado artístico y memoria de una época de máxima creatividad.

 

De mujer a mujer: Sylvia Pankhurst

de mujer a mujer - sylvia pankhurst -

Sylvia Pankhurst desciende de una estirpe de mujeres sufragistas británicas. Hija de Emmeline Pankhurst y hermana de Christabel y Adela Pankhurst, vivió desde muy pequeña en un ambiente familiar embebido de política en el que sus padres se desenvolvían con normalidad, en medio de reuniones e ideas socialistas que por aquel entonces eran consideradas subversivas, y conociendo de primera mano la lucha de sus progenitores por la igualdad de los derechos de la mujer y por la defensa de las clases sociales más bajas de la sociedad.

Cuando su padre, Richard Pankhurst murió, ella contaba con tan solo 16 años, y de todas sus hijas, podría decirse que fue la que más asumió sus ideales.

Estudió, como sus hermanas en el Manchester High School. Consiguió una beca para poder estudiar en el Royal College of Arts donde destacó como pintora y diseñadora, sin embargo, sus inclinaciones, pese a estar muy ligadas al mundo artístico, eran mucho más fuertes en el ámbito político.

Junto a su madre y sus hermanas fundaron en 1903 la Woman´s Social Political Union, WSPU, que junto con el UPSM, fueron los partidos sufragistas más importantes y activos, pese a que unos proponían medidas de protesta más enérgicas y mediáticas tales como la desobediencia civil y otro era de tinte mucho más conservador.

Sobre esa época Sylvia dejó por completo sus estudios de arte y se centro en lo que sería el eje principal de toda su vida; la política.

Comenzó a formar parte del núcleo duro del partido y el más activo, protagonizando huelgas de hambre, altercados de todo tipo, manifestaciones, o ataques a instituciones públicas. Sobra decir que fue detenida y encarcelada infinidad de veces por ello.

 

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Sylvia durante una de sus innumerables huelgas de hambre.

 

Con el paso del tiempo Sylvia fue distanciándose del partido que ella misma había fundado hasta abandonarlo y fundar en 1913, junto con su compañero Keir Hardie el East London Federation of Suffragettes.

A los pocos meses estallaba la 1º Guerra Mundial.

Sylvia se mostró pacifista y defensora del alto el fuego incondicional mientras que su madre y sus hermanas suspendieron las movilizaciones sufragistas para centrarse en la causa bélica. Con su firme acción pacifista se dedicó a establecer alianzas con el anarquismo, el comunismo, el antiimperialismo y el anticolonialismo y buscar salidas a la sinrazón que estaba siendo la contienda.

En 1917 esa “radicalización” de su pensamiento socialista la llevó a fundar el Partido Comunista Británico, según dicen, con el apoyo económico de Lenin.

En 1927 Sylvia dio a luz a su único hijo, Richard, y ante la negativa a casarse con el padre de su retoño, rompió relaciones con su madre, llegando al punto de no volver a hablarse nunca más.

Sylvia siguió su lucha por los derechos de las mujeres y de las madres trabajadoras y no se olvidó nunca de la lucha obrera en los barrios más humildes del East End de Londres.

Durante los años de la 2º Guerra Mundial, los artículos periodísticos de Sylvia llamaron tanto la atención que el MI5 comenzó a vigilarla muy de cerca y a seguirla.

Se sintió muy afectada por la invasión de Etiopia por parte de la Italia de Musolini y tomó parte por la población etíope hasta el punto en que, muchos años después, a la muerte de su compañero, se fue a vivir a Etiopía invitada por el gobierno donde formó parte de su política nacional.

Falleció el 27 de septiembre de 1960 a los 78 años en Etiopía.

En contra de la dicotomía de las sufragistas británicas, la mayor parte de ellas pertenecientes a la clase burguesa, que luchaban por los derechos de la mujer mientras que al mismo tiempo que erigían en protectoras del ambiente familiar y de su papel puramente reproductor como pilar básico de la sociedad, Sylvia rompió con esas premisas y luchó por la emancipación y los derechos de las mujeres de cualquier clase social en cualquier lugar del mundo.

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A la mujer sin nombre.

nina peña - de mujer a mujer - feminismo- igualdad

Hace unas semanas comencé una nueva categoría en mi blog que titulé “De mujer a mujer” y desde entonces me he preguntado qué mujer merece ser la primera en comenzar, en dar el pistoletazo de salida a la lista de nombres de muchas mujeres que han pasado a la historia por su trabajo, por sus logros, por ser grandes personajes de la literatura… y me he dado cuenta de que la mujer que merece comenzarlo es la mujer anónima, la que nunca saldrá en los libros de historia, la que no forma parte de las epopeyas, la que ha realizado una labor callada a lo largo de su vida y tal vez nunca se le ha reconocido su valor, su importancia.

Todas esas mujeres que con miles de gestos y palabras calladas han hecho del mundo un lugar mejor. Las que han abierto puertas a las futuras generaciones de mujeres, las que han trabajado de sol a sol para alimentar a su familia, las que han vivido bajo estrictas normas a lo largo de los siglos, las que han sufrido abusos, las que han sido ignoradas e incluso maltratadas, las que han tenido que prostituirse, las que han tenido que fregar suelos de rodillas, las que han sido solo objetos de deseo en vidas vacías, las que han tenido que callar y aguantar… y que aún así, han tenido el amor y el valor suficiente como para hacer gestos de cariño, para cantar canciones de cuna, para apretar los dientes y seguir adelante.

Miles de mujeres a lo largo de la historia de las que nunca sabremos sus nombres, pero que han dejado su impronta en las siguientes generaciones con miles de gestos silenciosos que era la única forma en la que podían hacerlo.

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Tal vez pueda sonar repetitivo, pero por la forma en que la sociedad patriarcal nos ha impuesto sus normas, las mujeres hemos sido muchas cosas, pero hasta hace muy poco tiempo ni siquiera teníamos la categoría de ciudadanas en la mayoría de constituciones europeas. Ni siquiera en la Revolución Francesa, aquellas mujeres que pelearon al lado de los hombres, que sirvieron para inspirar la imagen de la República con su gorro frigio y a las que les dejaron llevar pantalones para ir a la lucha, lograron ser consideradas como tal.

Nos tenemos que remontar a la Revolución de Pascua en Irlanda, para que una constitución nos diera el titulo de ciudadanas aunque fuera de un modo provisional.

Las guerras y leyes impuestas por hombres, nos abocado a ser secundarias en muchas ocasiones y solo se nos ha reconocido cierto valor cuando no han tenido más remedio ante la evidencia, como por ejemplo cuando las mujeres tuvieron que ocupar puestos en las fábricas ante la falta de mano de obra masculina durante la 1º Guerra Mundial.

Si miramos a tan solo unos años atrás, en este mismo país, una mujer no podía cobrar su propio sueldo, no podía firmar un contrato de trabajo, lo hacía su marido o su padre e incluso en plenos años 70 no podía poner ella misma una denuncia… obviamente tenía que hacerlo su marido o su padre.

El derecho a la educación, algo casi negado a la clase obrera, era aún más negado a la mujer. Un hombre, por pobre y obrero que fuera, tenía por lo menos que saber leer, escribir y hacer cuentas…a la mujer no le hacía falta. A ellas les enseñaban a coser y a hacer sus labores. A rezar. El índice de analfabetismo de la mujer fue siempre, en la mayoría de países, muy superior al del hombre y cuando se tenía acceso a la educación, esta era marcadamente religiosa y conservadora, guardando siempre una postura concreta hacía cómo tenían que ser y cómo debían comportarse las féminas.

Pero si todas esas mujeres que sufrieron todo eso, no hubieran luchado, no hubieran hecho la revolución callada que fueron haciendo a través de los siglos, hoy no seríamos quiénes somos.

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En mi vida hay muchas mujeres y a algunas las admiro profundamente.

Cuando tienes dos hijos, tienes tu propio negocio que llevas personalmente, te ocupas de tu casa, de tu familia, estás estudiando una carrera en la UNED y aún sacas tiempo para contar cuentos, para hacer pasteles y para sonreír antes las adversidades… eres una mujer muy fuerte, una mujer de hoy, y te voy a admirar por ello, por no rendirte, por no dejar de superarte, por no dejar de crecer.

Esas son las mujeres anónimas de hoy herederas de las mujeres anónimas de ayer.

Las que no dejan de pensar, de crecer, las que luchan por su vida, las que denuncian malos tratos, las que pelean, las que no se rinden, las que no pierden la esperanza por difícil que sea su vida, las que se levantan cada mañana y se lanzan a la calle, las que van a fregar escaleras, las que trabajan en almacenes, en el campo, las que levantan solas sus negocios, las que siguen estudiando a los 35 años, las que no se resignan ni pierden la sonrisa ante las adversidades, las que no renuncian a sus sueños, las que sacan cuentas para llegar a fin de mes, las que luchan para ser ellas mismas y tener, por encima de todo, su parcela de poder en su propia vida.

Esas mujeres sin nombre que en una sociedad que no les ha favorecido, siguen peleando día a día.

La próxima semana comenzaré a poner nombres propios y a relatar grandes logros o grandes historias, pero este primer post, tenía que ser para todas las mujeres de las que nunca sabremos sus nombres, pero de las que hemos ido heredando este mundo y que con su lucha diaria, lenta pero firme, han conseguido cambiarlo… y para todas las que siguen peleando por aquellos cambios que aún son necesarios.

“Debajo siempre se coloca el que es más sólido y resistente, porque quien está debajo sostiene el mundo.”

 

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Si quieres leer mis libros los puedes encontrar en:
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De mujer a mujer.

nina peña- de mujer a mujer articulo - biografía de mujeres

 

Cuando comencé a escribir, supe que quería escribir sobre mujeres de hoy en día, de nuestros pensamientos, nuestra forma de pensar, vivir, amar, y siempre de una forma que pudiera ser real, con la que yo o cualquiera que lo leyera pudiera sentirse identificada, pero, también es cierto, que no quería que mis libros no pudieran ser leídos por hombres, con lo cual, me he tenido que preguntar muchas veces cómo hablar de nosotras sin echar a ningún hombre para atrás, sin que leer mi libros pudiera ser algo de lo que ellos se sintieran excluidos.

El día de la presentación del libro, Ismael, el librero que hizo la presentación, un sol de persona, fue el primero en preguntarme si mi libro podía ser leído por un hombre, ya que la historia que cuenta es sobre cuatro mujeres y un viaje iniciático… yo le contesté que todos deberían leerlo, a ver si así lograban enterarse de una vez por todas cómo somos, qué pensamos, qué cosas no motivan, nos duelen, que cosas nos gustan y que cosas no nos gustan…

No he dejado de pensar en cómo enfocar nuestro universo femenino en mis libros.

He estado buscando, leyendo, informándome y he llegado a la conclusión de que simplemente, debo contar las cosas como yo creo que son, dejando una parte de mi identidad como mujer entre las líneas, sin mentir a nadie y sin mentirme a mí misma, intentando mantenerme dentro de una posición de honestidad y al mismo tiempo, reivindicar el lugar que nos corresponde y del que hemos sido apartadas durante siglos sin caer por ello en los tópicos del feminismo y machismo.

En mi primera novela, los hombres son consortes de las cuatro hermanas y en ellos hay distintos caracteres sobre los que ellas recapacitan.

Por cada forma de ser femenina, para cada historia o carácter, hay una forma de ser masculina y carácter que la complementa de una forma u otra, para bien o para mal. La mujer que huye de los malos tratos no pierde la fe en el amor y en los hombres, lo que le da fuerzas y el conocimiento necesario para reconocerlo cuando de verdad llega.

No podemos explicarnos unos sin otras o unas sin los otros, estamos tan condenados a entendernos, que cuanto antes lleguemos a ese entendimiento igualitario que sería ideal, será mucho mejor para todos y todas.

Los historiadores reconocen que en un principio, la vida religiosa y social de los hombres en los albores de la humanidad, estaba marcada por un sistema matriarcal y el culto a la Madre Naturaleza. Permanecían ajenos por completo a su papel dentro del proceso de la concepción y la maternidad así como a su papel productor de los frutos de la tierra.

Con la evolución y con la conciencia de que ellos sí formaban parte de ese don que era la reproducción y producción (sexo y trabajo) su concepción el mundo cambió por completo. El hombre pasó de ser un mero espectador de las maravillas naturales, a ser parte de ellas hasta el punto de que sin él, nada ocurría. Es más, su fuerza física y la necesidad de continuar la estirpe le hizo sentir poderoso, y el nacimiento de las religiones hizo el resto… La mujer pasó de ser equiparada con la madre naturaleza, a ser doblegada por los hombres, que además, adquirieron el conocimiento de cómo hacer que ambas le fueran favorables gracias a su dominio.

Tal vez eso sea una muy somera explicación de por qué las mujeres hemos estado discriminadas desde tanto tiempo atrás. Por qué se nos ha callado, se nos ha tenido relegadas, y se han llevado a cabo tantos actos de crueldad que aún hoy parece que sea de mal gusto reivindicar.

La historia de la literatura, tanto en sus figuras literarias como en sus personajes, es un claro reflejo de la evolución del hombre

En mi segundo libro, que verá la luz este otoño, Rosa de los vientos, los dos protagonistas tienen unas vivencias similares, sufren, aman, sueñan y se enamoran de la misma forma, salvo que en cada uno de ellos el proceso es diferente porque lo asocian a su forma de entender el mundo desde la perspectiva del sexo al que pertenecen. Así, Marcel, el protagonista masculino, ha sido dañado por una mujer que, hizo del feminismo una excusa para poner la libertad por encima de la fidelidad o de la honestidad, y ella, Lara, también es dañada por el machismo de un hombre que solo busca satisfacer sus necesidades más primarias.

Cuando logran superarlo, ambos pueden amarse en igualdad.

Ambos son víctimas del sistema patriarcal. Les afecta de distinto modo, pero les esclaviza por igual.

Las páginas más bellas de ese libro están escritas precisamente por el protagonista masculino, que es quien más recapacita sobre el amor, los sentimientos, la libertad, las relaciones, los miedos… no fue difícil ponerme en su piel porque de verdad creo que unos y otros sentimos igual aunque no lo expresemos de la misma forma.

Un compañero escritor, presentador y actor, un auténtico comunicador como es Antonio Arbeloa, me preguntó en una entrevista si me costaría mucho ponerme en la piel de un hombre para escribir, si quizá mi libro “¿Cómo que a qué huelen las nubes? podría haberlo escrito con cuatro hermanos, cuatro protagonistas masculinos. Ahora creo que sí, con Marcel lo hice, entré en la mente de un hombre e intenté plasmar lo que podía pensar o sentir y, creedme, no hay ninguna diferencia intrínseca entre nosotros, sino cultural.

Sin embargo, ellos no tienen que reivindicarse. Nosotras sí.

Por eso sigo buscando… sigo intentando encontrar mujeres en los libros y en la historia, aunque a veces sea difícil recuperar a más de una mujer silenciada por el peso de los siglos, de la cultura impuesta y del olvido.

Y así, de esa forma, ha nacido esta nueva sección en la que quiero recuperar la memoria y la vida de mujeres o de personajes femeninos. Porque darles voz, reconocer sus vidas, leer sus letras, y pretender situarlas en el lugar que la historia les ha negado, aunque sea desde mi modesto blog, me parece un acto de justicia que dicta mi conciencia.

Así que, “De mujer a mujer” es solo eso, mi homenaje particular a muchas mujeres que me han hecho disfrutar con sus letras, con sus historias, con sus vidas, con sus imágenes, con su voz y sus palabras. Con su trabajo.

Algo que creo que, para bien o para mal, todos les debemos.